'^< p^^^ ^^^O ^S!^^wl ^^^^mí ^^^^^s ef^^^^ ^^^ ^&^ R M ^^^ ^^P ^^^ ^^^ ^^^^^^ ^^í^^ ^^^^ ^^^ « ^^^ ^^¡^ afe^^P TpS^ •l^^^fcj^^ :^*^,Mi v^ í ^ « ÍT ^ cf! .f?^ La Ciudad de Dios AfloXXXVUI.-Núm. 1.107. LA Ciudad de Dios REVISTA QUINCENAL RELIGIOSA, CIENTÍFICA Y LITERARIA DEDICADA AL GRAN PADRE SAN AGUSTÍN PUBLICADA POR LOS PP. AfiUSTIÍÍOS DE BL ESCORIAL 6011 aprobación eclesiástica. ^ VOLUMEN eXYIlI REDACCIÓN Y ADMINISTRACIÓN REAL MONASTERIO DE SAN LORENZO DE EL ESCORIAL (mADRID) 1919 AV Cs V118 Imprenta Helénica.— Pasaje de la Alhambra, 3. Madrid. n EL VEROIIDERO ADTOR DEL lÜM DE LAS LEIIGOAr (i) (CONTESTACIÓN AL ACADÉMICO SR. COTARELO) SEGUNDA PARTE Semblanza de López de Velasco. (CONTINUACIÓN) López de Velasco, hacendista.— Siendo ya Velasco Secretario del Consejo de Hacienda, surgió en toda España y nuestro reino de Ña- póles un magno conflicto sobre la carestía y falta de subsistencias, más grave aún que el de los tiempos actuales. Hubo alborotos y mo- tines hasta en varios puntos, tratando de impedir que viniesen trigos a España. Felipe II, hondamente preocupado y queriendo remediar las necesidades apremiantes de los pueblos, mandó reunir en Madrid el año 15Q3 una Junta de hacendistas para estudiar el asunto y poner algunos aunque tardíos y débiles puntales al ruinoso edificio de la hacienda española. Fueron esos hacendistas Francisco de Salablanca, Pedro Luis de Torregrosa, Pedro Ortiz del Río, Mateo Ferro y Gaspar de Pons. López de Velasco fungía de Secretario. Suya es la letra de los seten- ta folios en que se discute ese negocio, y de otros varios del mismo Códice (2), confrontados con autógrafos que llevan su firma de casi idénticas fechas. Esa junta examinó las causas y remedios de la carestía de las sub- (1) Véase la página 441 del volumen CXVII. (2) Cf. B. Esc, L-M2. folios 4-70. Faltan las primeras hojas. Se analiza ex- tensamente ese Códice en el tomo 2.^ de los Códices españoles del Escorial, 6 SOBRE EL VERDADERO AUTOR DEL «DIÁLOGO DE LAS LENGUAS» sistencias, la mendicidad pública, los latifundios, los derroches de los nobles y hacendados en el vestir y comer, la falta de cultivo de las tierras, las pragmáticas anteriores sobre la agricultura, la econo- mía que debía introducirse en los gastos de guerra, la falta de equi- dad en las contribuciones de algunas provincias y reinos, la emigra- ción y... ¡lo que cada año ingresaba de América en España, así para el Rey como para los particulares! Cuando este último punto sea co- nocido de la Historia, acabará de ser derribada la leyenda del mí- tico becerro de oro americano. Con decir que sólo del reino de Ña- póles había mayores ingresos que de todas las Américas juntas, está dicho bastante. El cómputo se hizo año por año y por quinquenios, desde 1574 a 1594. Felipe II, con una alteza de miras y una probidad que le honran, mandó a su tesorero que presentase a la Junta los libros de ingresos y gastos de su Real Casa, para cercenar lo que fuese preci- so. Por ellos sabemos hasta las limosnas que daba el Rey, y las can- tidades mensuales remitidas para la obra del Escorial. En el mismo Códice se hallan unas advertencias de Velasco a cierta pragmática de Felipe II sobre la agricultura, de las cuales me- rece copiarse este párrafo por la valentía que revela en decir la ver- dad al Rey: «... La pragmática es injusta y desigual respecto de años y de tierras diferentes, en que se coge más o menos; y más respecto de los labradores que no pueden hacer de sus haciendas y trabajo lo que los otros. Y así parece que conviene luego quitar la premática y dejar en su libertad la labranza de la tierra para que crezca y se en- riquezca, y que los labradores crezcan y multipliquen; que cuando llegasen a ser muchos, entonces será el reino poderoso y abundado de todo; y ellos de suyo, sin leyes ni premios, se aplicarán a la ocu- pación y trabajo que más sea menester para el reino. Y para hacer que los mantenimientos y mercaderías sean baratas, el medio y re- medio más eficaz es dar orden que haya muchas, y sobre todo que haya mucha gente y rica, que es lo que enriquecen los reinos y los reyes; porque el reino sin gente no es reino; y si los hombres faltan^ todo ha de faltar forzosamente. > Como Velasco murió siendo Secretario de Hacienda de Felipe II, antes de considerarle desde otros puntos de vista, convendrá hacer SOBRE EL VERDADERO AUTOR DEL «DIÁLOGO DE LAS LENGUAS» 7 un extracto de su testamento que aclara notablemente la autentici- dad del Diálogo de las lenguas. No lo publicamos ahora íntegro por no alargar demasiado este estudio. Su testamento.— AniQ todo es preciso fijarse en dos personajes que figuran en él, y cuyos apellidos son los mismos que intervienen en el Diálogo de las lenguas: Torres y Valdés. ¿Quiénes eran estos dos personajes, tras de los cuales se escondió el autor del Diálogo? Las fantasías inventadas acerca de ellos, quedarán desvanecidas ante la siguiente realidad: Torres y Valdés fueron dos amigos de Juan Ló- pez de Velasco. El primero, llamado Francisco de Torres, fué el es- cribano ante quien otorgó testamento; y el segundo, Juan de Valdés (muy distinto del heresiarca) es uno de los albaceas; era licenciado en Derecho y vivía en la calle de Atocha, cerca de la iglesia de San Sebastián, de Madrid. Velasco otorgó testamento cerrado el L® de Mayo de 1598 ante Francisco de Torres. Murió el 3 de Mayo del mismo año en la Corte. Se abrió su testamento el día 13 ante Gonzalo Fernández, entre cuyos protocolos se halla el referido testamento con la firma autógrafa de Velasco. Nombró albaceas y testamentarios al Rvdo. P. Juan García, su confesor y rector del Colegio de los Padres Jesuítas de la calle de Toledo (hoy San Isidro); al doctor Miguel de Mena, al licenciado Juan de Valdés, abogado de Madrid, y a Francisco de Tébar, para que dos de ellos, o los tres, o los cuatro lo hagan cumplir. Fué célibe, y no teniendo herederos forzosos, dejó por principal heredera a su propia alma, con algunos sufragios y memorias pías que luego se indicarán. Establece un memorial de la hacienda y deudas que tenía, y sobre la forma de cumplir las mandas. Con ha- ber muerto siendo Secretario de Hacienda de Felipe II, puede decirse que murió pobre. Dice que 300 ducados aproximadamente le pertenecían de una procuración de que se le había hecho merced en Lima a él y al contador Alonso Juárez, casado con D.a Juana de Torres, que parece ser hermana del escribano Francisco de To- rres. Añade que tiene 3.500 ducados en poder de Juan Pascual, parte de los cuales son quinientos ducados de juro de por vida, «cuyo privilegio se despachó a disposición de Bobadilla, y me lo renunció, y el privilegio y renunciación está en mi escritorio pe- 8 SOBRE EL VERDADERO AUTOR DEL «DIÁLOGO DE LAS LENGUAS» queño; y este dinero procedió: los mili y quatrocientos ducados, de lo que su Magestad me ha pagado de mi salario, y de los mili de que me hizo recompensa por haber servido todo el oficio, con salario de uno, de los dos Secretarios (1); y los dos mili ducados, de lo que vino de las Indias procedido del oficio del sello y registro del nuevo reino de Granada; y vino ocho meses antes que me qui- tasen el de la hacienda, proveyéndolo Dios assi, porque sino quedara sin un real para com2r y cargado de deudas. Y sabe esto el Sr. Luis Gaitán de Ayala que me lo cobró en Sevilla y me lo invió. Háse de hacer la quenta con Juan Pascual, y acabarle de pagar el pre- cio de este juro, con los réditos corridos dello, con otros mili duca- dos de que agora su Magestad me ha hecho merced, o como a mis testamentarios pareciere». (2). Deja e! importe nominal de «lo que valieren las Escribanías de los Guardas Mayores de los montes de Madrid, Escalona y Guada- lajara, de que se trata pleito ante el Sr. León en el Consejo Real.» ídem: < unas casas y dos huertos que tengo en Vinuesa, que val- drán como 300 ducados. Mis libros, alhajas y aderezo de caza y el caballo, que será mucho si todo vale quatrocientos ducados, que querría se vendiese sin hacer almoneda dello, porque no es para visto en casa ni en la plaza.» Felipe II le había nombrado administrador de los bienes de don Diego de Mendoza que éste había dejado al morir (1575) para el Rey. López de Velasco, cuya conciencia debía de ser delicadísima, con haber servido sin sueldo tal administración durante catorce años, todavía señala entre sus deudas «450 ducados, poco más o me- nos, en que soy alcanzado en la dicha administración de los bienes de Don Diego de Mendoza, y tiene la cuenta y finiquito el Sr. An- tonio Boto (3), y su Magestad debe mandármelo soltar por haber servido aquella administración 14 o 15 años sin salario ni recom- pensa^. (1) Se refiere, naturalmente, a los dos oficios de Secretario del Consejo de Indias y del Consejo de Hacienda. Y esto confirma el documento antes inserto. (2) Sumadas las cifras de su haber, son 5.300 ducados, y no se sabe qué significa la frase de «antes que me quitasen el de la hacienda», pues murió siendo Secretario como se dice en la partida de defunción. (3) Era Guarda joyas del Rey. SOBRE EL VERDADERO AUTOR DEL «DIÁLOGO DE LAS LENGUAS» 9 Entre sus deudas enumera las siguentes: «Al Sr. Horatio Doria, lo que él dixere que le debo en conformidad de una carta suya que tengO; que son sesenta y tantos mili maravedís». «Al Sr. Agustin de Cetina debo cien ducados, los cinquenta por un mal caballo que compró para mi, y los otros cinquenta por cuen- tas entre los dos; y si quisiere, que sean 50 más... «Al descargo del alma de Francisco López de Velasco, mi herma- no, que murió en el nuevo reino de Granada, 100 ducados y más lo que allí me deben de la renta o derechos del Sello, que serán como otros setenta ducados que debe Juan Párraga, del tiempo que lo sirvió»... Mandas. — «Viva y posea Catalina López, mi hermana, las casas y huertos que yo tengo en Vinussa, por su vida; y después della sean del Beneficiado de la Iglesia de Vinuesa, si se quisiere encargar de decir cada año doce misas por mi y por mis defunctos...; y si el Be- neficiado no se quisiere encargar, dé las misas al Cura, y si éste no aceptare, al sacristán con el mismo encargo». «De lo que quedare de mi hacienda... se den a mi hermana Ca- talina López por su vida 100 ducados cada año para su sustento... y 50 ducados cada año a Juan Fernandez, su hijo, para vestirse mien- tras no se fuere a las Indias... y 50 ducados a P.o Fernandez, su her- mano, por una vez para amarre a las Indias, si ya no fuere ido (1)»..* «Lo que más quedare de la renta del juro, y lo que vacare des- tas mandas, se reparta cada año entre los más pobres de Vinuesa, por la orden y forma que tengo tratado con los tres testamentarios pri- meros». (Siguen otras mandas para dote de las hijas de su hermana Ca- talina, y otras para los criados del testador). Restituciones de libros (al margen). «Los libros que se han traído para la corrección de las obras de San Isidoro, que estuvieren en mi poder, y los que (1) Estos dos sobrinos de Velasco nacieron también en Vinuesa; Pedro, el 18 de Agosto de 1577; y Juan ei 24 de Enero de 1581. Cf. Arch. Parroquial de Vinuesa, lib. 2.», fol. 29. 10 SOBRE EL VERDADERO AUTOR DEL «DIÁLOGO DE LAS LENGUAS» hubiere el Sr. Qrial (1) que se han de cobrar de él, y un Fue- ro Juzgo del Secretario Zurita, que tiene el señor licenciado Ramirez, se han de restituir a sus dueños» (2). «Al Guardajoyas de su Magestad [Antonio Boto] se han de restituir los libros de Juan Paez (3) y otros tocantes a In- dias que se me dieron prestados». «Hánse de entregar [¿también al Guardajoyas?] los pape- les de don Diego de Mendoza todos, salvo las obras de poe- sía que son mias y la Historia de la guerra de Granada que está en unos cuadernos de letra de Juan Vázquez» (4). «Los libros de mathematicas que pareciere haber sido del buen Antonio Gracian, se vuelvan a su hermano Thomas Gracian»... «Hase de suplicar a su Magestad que por lo que serví en los officios de Indias, en que hice dos libros de mucha im- portancia, y la Recopilación de las cosas proveídas hasta (1) Ya se ha visto anteriormente que /uan Grial fué el impresor y prolo- guista de las obras de S. Isidoro, y que hace un gran elogio de López de Ve- lasco. (2) Esto prueba que López de Velasco había sido amigo de Jerónimo Zuri- ta fallecido el año 1580; y no sería extraño que el ejemplar del Diálogo de las lenguas que se halló entre los papeles de Zurita le hubiera sido enviado por Juan López de Velasco, pues entre aquellos eruditos solía haber préstamos frecuentes y consultas de libros. (3) Esos libros de Páez de Castro se hallan en el Escorial. Véase mi Catá- logo de los Códices españoles del Escorial. Madrid, 1917. (4) Ese Códice de la Guerra de Granada, de letra de Juan Vázquez del Mar- mol, se halla en el Escorial (h-IIl-7); coincide exactamente con la letra de otro Códice autógrafo del mismo Vázquez del Mármol (L-III-24), con las observacio- nes al libro de Velasco Ortographia y pronunciación castellana existentes en el Códice k-III-8, donde se halla el ms. del Diálogo de las lenguas y también con la letra de algunos pliegos del ejemplar del Diálogo del Museo de Londres. Prueba evidente de que Juan López de Velasco se sirvió con frecuencia de la letra primorosa de su amigo Vázquez del Mármol. La Guerra de Granada fué impresa en Madrid el año 1610, y en Lisboa el año 1617 por Luis Tribaldos de Toledo. Algunos han dudado que fuese escri- ta por D. Diego de Mendoza. Hay motivos para dudar. El ms. de las Poesías no se halla en el Escorial. Hay un ejemplar ms. en la Librería de Florencia. Clase 8, n.» 354. También exite otro ejemplar ms. en París, según dice Ochoa en sus Manuscritos españoles de la B. Real de París; pág. 532. Se publicaron el 1610 en Madrid por Díaz Hidalgo con muchos de- fectos, según testimonio de los colectores del Parnaso Español; Madrid, 1770; T. IV, pág. XIX. SOBRE EL VERDADERO AUTOR DEL «DIÁLOGO DE LAS LENGÜAS> 1 1 el fin de la visita de Juan de Ovando, de lo qual todo no es- toy gratificado, que su Majestad se sirva de liacerme merced de mandar proveer a estos dos sobrinos en algunos offícios de Indias, o como fuere servido, en especial al mayor, para que vivan y sirvan, ya que yo, por hacer el deber, no adquirí qué poderles dexar; y assi mismo se le suplique haga mer- ced a los demás mis deudos, representándole mis servicios, y que dexo una hermana muy pobre con muchos hijos y so- brinos de otra hermana defuncta, y la merced que S. M. hi- ciere se reparta entre todos» (1). «Doscientos ducados a la Compañía de Jesús de esta Villa de Madrid, a que suplico me den sepultura en su Iglesia; y si no me la quisieren dar, sea mi cuerpo sepultado en el mo- nasterio de la Concepción Francisca de esta Villa, quedando en qualquier suceso los doscientos ducados para la Compa- ñía de Jesús»... «A un hermano que tengo en Quito, se le envíen los dos- cientos ducados que tengo en poder de Pedro Villamor, que son suyos, de que hay escritura en mi poder». «Restituyase un Vocabulario Latino-Aragonés a D. Miguel Gort, hijo del Secretario Gort>... «Dése la Biblia de Vatablo pequeña al P. Juan Qarcia, mi confesor y testamentario» (2). «Los Señores Doctor Mena y Licenciado ytíarz de Valdes, mis testamentarios, escoxan entre mis libros cada dos los que les pareciere». (1) De todas las cláusulas del testamento, quizás sea ésta la más importan- te para la Historia; porque confirma y ratifica lo que anteriormente se ha ex- puesto: que Juan López de Velasco fué quien hizo la recopilación de las fa- mosas Leyes de Indias, y acompañó a Ovando en la visita que por orden del Rey hizo a América. En efecto, entre los papeles de Velasco existentes en el Escorial y aun en el mismo Códice donde está el Diálogo de las lenguas, hay algunas Relaciones sobre América que llevan este título de López de Velasco: Papeles del tiempo de la Visita. Y ya queda demostrado que Velasco fué el encargado de Felipe II de recoger las Relaciones sobre Indias, lo mismo que las de España. (2) Este Padre jesuíta fué Rector del Colegio de Madrid, Provincial de la de Toledo, y murió en Alcalá el año 1607. Siendo Rector del Colegio, desem- peñó el cargo de Consultor del Consejo Supremo de la Inquisición, según tes- timonio del P. Cristóbal de Castro en su Historia ms. del Colegio de Alcalá. — «Nota que me remite el ilustre jesuíta P. Federico Cervós». 12 SOBRE EL VERDADERO AUTOR DEL «DIÁLOGO DE LAS LENGUAS» «Hágase Memoria de mis papeles de curiosidad, y mués- trese a SU Magestad para que se sirva de los que quisiere...» [Firma autógrafa de Juan López de Velasco.] Tal es el breve extracto del testamento de este insigne y casi desconocido escritor clásico. La cláusula última, presta no pequeña luz para nuevas investigaciones. Porque, si bien es cierto que hasta el presente no se ha podido hallar ese Memorial o Catálogo de los papeles que dejó al morir, y que debieron inventariar sus albaceas y testamentarios para entregarlo a Felipe II y que éste «se sirviese de los que quisiere», no es menos cierto que la inmensa mayoría de esos papeles de curiosidad, donde indudablemente se incluiría el Diálogo de las lenguas, se hallan en esta Biblioteca Escurialense. En varios Códices, y con letra suya, se lee con frecuencia esa misma frase de su testamento: Según el tenor de esta partida y del testamento, se ve que el no- tario o escribano de López de Velasco se llamaba Francisco de To- rres, y uno de sus testamentarios Juan de Valdés, que aún vivían cuando murió Velasco. Como los dos principales personajes espa- ñoles que figuran en el Diálogo de las lenguas se apellidan Valdés y Torres... se deja al discreto lector que deduzca las consecuencias que estime convenientes. Por de pronto, parece que caen por tierra todas las fantasías inventadas por algunos críticos, para hacer coinci- dir y encajar los apellidos Valdés y Torres en personajes del primer tercio del siglo XVI, en que suponían haberse escrito el Diálogo. ¡Cuánto tiempo se ha gastado, y cuánta tinta se ha vertido con tales suposiciones, que han pasado por eruditas e ingeniosas! Pero no es esto solo, sino que ahora empiezan otras pruebas más directas en demostración de la tesis afirmativa. Pedagogo.— Qul^n haya leído, o siquiera hojeado, el libro que Juan López de Velasco publicó en Burgos el año 1582 sobre la Or- tografía y pronunciación castellana, habrá notado desde el prólogo y dedicatoria a Felipe II, que el fin principal de él fué dar unidad al lenguaje español con las reglas que establece para escribirlo y pro- nunciarlo. El mismo objeto se nota, aunque en forma distinta, en la parte que a la ortografía se dedica en el Diálogo de las lenguas. Am- (1) Véase Libro de difuntos de la Parroquia de San Justo y Pastor; desde el año 1597 a 1608. No está foliado; pero corresponde al fol. 25 v. En la hoja si- guiente se halla la breve Memoria pía de que trata en su testamento, y consis- te en que las casas y huertos que tenia en Vinuesa pasasen a poder de su her- mana Catalina, viuda de Fernández, y a la muerte de ésta a la Parroquia de Vinuesa, con la obligación de celebrar doce misas al año por los difuntos del testador. La Parroquia de los Santos Justo y Pastor se hallaba entonces en la que es hoy Iglesia Pontificia de San Miguel, contigua al Palacio Episcopal. 14 ¡SOBRE EL VERDADERO AUTOR DEL «DIÁLOGO DE LAS LENGUAS» bos libros son completamente didácticos, y ambos suponen una gran preparación y vanados conocimientos etimológicos sobre los orígenes y desarrollos de la lengua española; porque obras de esa índole no se improvisan. Parecía natural que su autor tuviese apuntes previos sobre esas materias; y que se confirmase lo que en el Diálogo de las len- guas (fol. 10 V.) se dice de su autor: «le tengo por tal, que ninguna cosa escribe sin fundamento, y apostaría que tiene en sus papeles notadas algunas cosillas sobre esta materia de que le queremos hablar. Esto creo assi, porque no vi en mi vida hombre más amigo de escribir; siempre en su casa está hecho un scriptor de poyo, la péñola en la mano; tanto, que creo escribe de noche lo que hace de día. y de día lo que sueña de noche.» Así resulta, efectivamente, registrando uno de los Códices de esta Biblioteca que le pertenecieron, y donde se ve varias veces con su letra, su firma (1). En este Códice, no sólo se leen algunas cosillas sobre las mismas materias de que trata en la Ortografía y en el Diá- logo, sino apuntes importantísimos de cuestiones pedagógicas y filo- lógicas del mismo autor. Cuando éste fué encargado de ordenar y recoger las Relaciones histórico -geográficas de los pueblos de España y América, debió de quedar sorprendido y como avergonzado de la incultura popular, ante los detestables caracteres de letras que hoy mismo cuesta ím- probo trabajo descifrar a los más peritos paleógrafos. Los mismos hombres doctos, en su inmensa mayoría, tampoco se preocupaban mucho de dar fíjaza al modo de escribir y pronunciar el español, cosa que, con razón, nos reprochaban los extranjeros. López de Ve- lasco se lamenta de ello en el prólogo de su Ortografía y pronun- ciación castellana, libro aprobado para los reinos de Castilla, Aragón y Portugal. Pero la rutina y el capricho de seguir escribiendo cada cual según su talante, hizo comprender a Velasco que la reforma pe- dagógica resultaría estéril si no se empezaba por someter a examen previo a los maestros de escuela. El abandono de éstos era imper- donable. Los niños salían de las escuelas tan ignorantes como sus improvisados maestros de pane lucrando. La enseñanza era dema- (1) Cf. B. Esc, L.-I-13.— Folio may. 289 hojas. SOBRE EL VERDADERO AUTOR DEL «DIÁLOGO DE LAS LENGUAS» 15 siado libre, tan libre que bien podía asegurarse que no existía tal en- señanza elemental. Cualquier remendón, como dice Velasco con cier- ta gracia, podía abrir escuela donde quisiera, para cobrar sin ense- ñar. El Estado no se inmiscuía en esos menesteres. Los padres de familia pagaban a los maestros cuando querían pagarles. Y los maes- tros se vengaban, enseñando poco y mal a los que poco y mal pagaban. Ante ese estado de cosas, Velasco propuso en 1587 a Felipe II, por conducto de García de Loaisa, maestro del Príncipe, un proyec- to o memorial de reformación para someter a examen a los maestros de escuela, principalmente en Madrid, donde, según el informe, ape- nas podrían hallarse doce muchachos que supieran escribir y leer co- rrectamente. Es tan grave ese documento, que merece se copien al- gunas cláusulas para la triste historia de nuestra pedagogía: «Si para enseñar un caballo, con ser un animal, se busca el me- jor picador que se halla, justo es que se considere cuánto más im- porta la enseñanza y crianza de los niños en su tierna edad... Res- pecto de lo dicho, y de no haber tenido las Justicias destos Reynos, a cuyo cargo ha sido el poder poner remedio en esto, el cuidado que convenía, hay en Madrid las peores escuelas de España. Lo uno, por- que cualquier remendón pone escuela cuando y como le parece, sin tener letras, ni habilidad, ni examen, ni licencia: Y lo otro porque como aquí hay tanta variedad de gentes y tanta suma de muchachos, no ha habido nadie que haya reparado en esto, ni se atiende a más de que cada uno embía sus hijos a la escuela más cercana, sea buen maestro o malo. De que ha resultado salir todos remendones... Y en tanto es esto verdad, que no se hallará en todas las escuelas de Ma- drid una docena de muchachos que se pueda decir que escriban bien, ni que puedan sus padres sacarles dellas y ponerlos en un offi- cio de papeles honrrado, donde puedan pasar adelante.» «Y menos se hallará que ningún muchacho sepa leer perfecta- mente romance ni tirado; aunque ande muchos años a la escuela, respeto de que no les toman liciones los maestros, no les enseñan con la puntualidad y curiosidad que debían, ni asisten en sus oficios las horas y tiempo que se requiere. Antes, por descargarse y relevarse de trabajo, los someten a unos mozos que tienen, que llaman ayu- dantes, los cuales vienen asimismo a deprender a sus escuelas y sa- ben tan poco como los demás... etc., etc., etc.» 16 SOBRE EL VERDADERO AUTOR DEL «DIÁLOGO DE LAS LENGUAS» Felipe II; después de reflexionar sobre tan grave y magna cues- tión que afectaba a las entrañas vivas del reino, mandó reunir el Con- sejo de Estado en Agosto de 1587, acordando que López de Velas- co, que había señalado la llaga, propusiese los remedios para cu- rarla. Ni corto ni perezoso, como en todos los asuntos en que intervi- no, escribió una * Instrucción para examinar los Maestros de escuela de la lengna castellana y enseñar a leer y escrevir los niños>. Los ar- tículos principales de esa instrucción, están tomados casi al pie de la letra de su libro sobre la Ortografía y pronunciación castellana, según he podido comprobar por un minucioso cotejo. Pero, además, por orden del Consejo, extendió la minuta de la Pragmática que acerca del particular había de suscribir el Rey para reforma tan ne- cesaria. En esa minuta proponía Velasco que todos los aspirantes a maes- tros viniesen a Madrid para ser examinados por el Tribunal que se nombrase. Pero tal centralismo pedagógico no satisfizo al Consejo ni al Rey, y se acordó el término medio de que fueran examinados en cada diócesis y vinieran a la corte los que quisieran ser en ella examinados. Tal resolución fué comunicada a López de Velasco el 29 de Agosto de 1587 por conducto del Secretario Mateo Váz- quez y por Juan Vázquez del Mármol, añadiendo que aquél se en- tendiese para tal fin con D. Pedro Portocarrero, Presidente del Consejo. En el borrador que López de Velasco dejó sobre este asunto, añade él mismo esta nota: «Remitióse el 2Q de Agosto 1587 al Conde de Barajas, de mano del Secretario Matheo Vázquez. Su Ma- gestad dice que esto es de consideración para mirar lo que conven- drá proveer. | Y habiéndome llamado el Presidente, se vio el me- morial en el Consejo y se decretó: «Juan López de Velasco acuda al Sr. Don Pedro Portocarrero con este memorial | . Mármol | .> Habiéndole hablado y conferido el negocio, le di el parecer desta otra hoja en limpio de letra de Gaspar, criado del Licenciado Lagu- na, y el memorial juntamente... de Junio 1588.> (1). (1) Cf. B. Esc, L-I-13, fols. 249-267. En la cubierta de guarda de este cua- derno, pone López de Velasco este título de su mano: ^Papeles de curiosidad, SOBRE BL YBRDADEBO AUTOR DEL «DIÁLOGO DE LAB LENGUAS» 17 Filólogo. — Si López de Velasco trabajó tanto por la reforma de los fundamentos de la lengua castellana, mucho más hizo todavía por su desarrollo y perfección como filólogo. Es este un punto que merecería mayor amplitud de exposición y análisis. En el Diálogo de las lenguas se observa el empeño del autor en buscar el origen de muchos vocablos castellanos. Puede decirse que es el primer libro que tenemos de filología comparada, donde se trata (con mayor o menor fortuna) de palabras procedentes del grie- go, hebreo, árabe, latín, italiano y francés. Pues en ese mismo Có- dice que perteneció a Velasco, existe variedad de apuntes sobre la misma materia, y además una lista de libros italianos que versan acerca del origen de la lengua vulgar, entre ellos el Cortesano de Castiglione, y la Prosa del Cardenal Rembo, en las cuales sin duda se inspiró Velasco. Un ejemplo, de los muchos que pudieran citarse. En el Diálo- go (pág. 92, edic. de 1873) se dice: (1). Siguen las Etimologías comparadas, en número considerable. En el mismo Códice (fol. 182 al 186) hay un Catálogo de *Libros de romance para la Librería de San Lorenzo.* Firma ese Catálogo Juan López de Velasco. Y entre esos libros que había adquirido por con lo de los maestros de escuela.» Por la nota anteriormente copiada, se ve que otro de los amanuenses de López de Velasco era un tal Gaspar, criado del Licenciado Laguna. La misma clase de letra abunda en otros Códices que per- tenecieron a Velasco, incluso en el K-III-8, donde se halla el Diálogo, (1) Cf. B. Esc, L-I-13, fol. 230 al 243. 18 SOBRE EL VERDADERO AUTOR DEL «DIÁLOGO DE LAS LENGUAS» orden del Rey para El Escorial, suele dar preferencia a los italianos. Cosa rara. Entre esos libros se hallan: « — El Cortesano, traduzido por Boscan, año 1549. En 4.o y perg.» « — Prose, di monsignor Bembo. Venecia, 1540. 8.o y perg.» <—Fondamenti del parlar Thoscano, di Rinaldo Corso (s. a.). 8.0 y perg.» €—Oservatione, di Lodovico Dolce, a la Lingua volgare. Vene- cia, 1560. 8.° y perg.> <—UOsetvatione de la Lingua Volgare, di diversi homini. Vene- (jia, 1565, 8.®, perg.» * —La richesse della Lingua Volgare, di Fran.co alumno en Vene- cia, 1555. Folio, perg.» €'—Ortographía della Lingua Volgare.,. Venecia, 1568, 8.°, perg.» Entre esos libros hay también varios diálogos en italiano, como el de Gabriel Simeone, florentino, Guillermo Bobillo, y el médico León Hebreo. Sólo falta el de Benedicto Varchi, Dialogo delle Lin- gue, donde más directamente ya se ha visto que se inspiró López de Velasco. Pero ya se cuidaría éste de reservarse para sí ese libro, cuya sinonimia podría delatar el suyo. Cuándo y dónde adquirió Velasco esos libros que tratan de filo- logía comparada para remitirlos a El Escorial, no es fácil averiguar- lo, porque el Catálogo no tiene fecha. El libro más moderno es del año 1576. Si Velasco trajo en varias ocasiones libros para esta Biblioteca, también sacaba algunos cuando los necesitaba, con permiso del Rey. Al final de la anterior lista mencionada hay ocho libros fran- ceses, que Velasco dice haber tomado prestados de El Escorial. V es curioso que el primer libro de esa lista es . Merece llamarse la atención sobre que en el mismo Códice (fols. 189 a 213) existe un Vocabulario trilingüe (español, árabe, lati- no), y que en el margen derecho y transversal de la primera hoja vuelta se lee: « Yo Juan López de Velasco.^ Siguen dos rúbricas del mismo y estas palabras: «Puerto de mar.» El Vocabulario no está completo. Son algunos centenares de palabras curiosas y raras, con sus correspondientes arábigas y. latinas. No parece formado con la SOBRE EL VERDADERO AUTOR DEL «DIÁLOGO DE LAS LENGUAS» IQ idea de un Diccionario, sino para esclarecimiento de algún libro, a guisa de apuntes. A veces, tras las palabras españolas suprime las arábigas o latinas, y pone su equivalencia griega. Otras veces, des- pués de la significación árabe y griega, explica la palabra castellana y hace historia de ella, como en el caso siguiente: ^Estoraque líquido,.. Estas maneras de estoraque nazen en cierta parte de las Indias, en la ciudad Balachsa, en especial lo que dicen calamita; y es tan fino antes que lo falseen, que si lo ponen a las na- rizes, o si echan cantidad de una lenteja dello en el fuego, es un olor tan penetrativo, que no ay quien lo pueda sufrir, a estar en la pieza donde se quema; y tura por muchos días alli aquel olor, que nunca se pierde de aquel lugar donde lo enzendieron.» (Fol. 192.) Con la particularidad de que, siempre que tiene ocasión de lo que ha visto en las indias, lo introduce explicando esas palabras, como al tratar de los ^Clavos de giroflé que nazen en las Indias»; y añade que los mejores son los de las Malucas y otras islas que van alrede- dor de ellas. «El árbol en que el dicho clavo naze es propio como el árbol de boj, y son las hojas como las del árbol de la canela. Cuando los dichos clavos comienzan a madurar, tienden aquellos indios unas mantas debaxo del árbol, y varean con cañas el dicho árbol, y alli lo coxen...» Ese Vocabulario llega hasta la letra n inclu- sive. Siguen varios folios en blanco, y hasta el final de Códice se hallan diversidad de apuntes sobre etimologías castellanas proce- dentes del griego, hebreo, árabe, latín, italiano, etc. En la portada de guarda hay este título: Etimológico castellano. Debe notarse que en esas etimologías existen también muchas palabras de las que se citan y comentan en el Diálogo, como equívo- cas o de doble sentido. Entre ellas la palabra lonja, que sirvió al autor para escribir una anécdota sobre cierto caballero y otro que parecía judío. «Lonja— dice (1) — llama el español a algún cierto lu- gar diputado para pasear, y dice también lonja de tocino. — Marcio. Pues se hace mención de tocino, no puede ser malo el dicho. — Val- dés. Estábase una vez un mancebo paseándose delante de la casa de una señora adonde un caballero, por estar enamorado de la se- (1) Cf. Diálogo f págs. 98 y 99. Por cierto que los impresos citan mal ese pasaje, como tantos otros. Hacemos la cita por el Ms., fol. 82. 20 SOBRE EL VERDADERO AUTOR DEL «DIÁLOGO DB LAS LENGUAS» ñora, se solía continuamente pasear; el cual, viendo allí al mancebo, le dijo: «—Gentil-hombre, ¿no dejareis estar mi lonja?* El otro, queriendo hacer del palaciano, le respondió: «—¿Cómo lonja? Se que no es de tocino.* El otro a la hora le replicó: «—Si de tocino fuera, segura estaría por vuestra parte.» — Marcio. Eso fué jugar muy a la descubierta.» Pues en el Etimológico castellano, que empieza con la palabra Aleve, explica López de Velasco las diferentes significaciones del vocablo lonja, incluso el de «lonja de tocino y otras cosas», etc. La mismo puede decirse de la palabra guisa, tan usada en el Diálogo, y explicada ampliamente en estos apuntes (fol. 232 v.) en todas sus acepciones y con estas coplas antiguas que Velasco dice se escribie- ron sobre un aderezo de guerra: «El espada tengo en Pisa Las correas en Guinea, Vna espuela de la guisa, Y Otra de la gineta. Mas tengo unos borceguíes Entramos del pie derecho, El uno está allá en París, El otro está en Alanís; Vno ancho, el otro estrecho.» Entre esos apuntes de filología comparada hay una carta del Bró- cense respondiendo a cierta consulta que se le había hecho, sin duda para la edición de las Etimologías de San Isidoro (fol. 244). Pero lo más interesante de todo el códice es quizá ese tratado que ya hemos dicho se intitula Etymologico Castellano (1). Todo él es autógrafo de López de Velasco, aunque no tiene firma. Son 586 palabras españolas procedentes del griego y latín, y además del italiano y francés, cuan- do tienen relación con estas dos últimas lenguas. No están por rigu- roso orden alfabético. Parecen meros apuntes de Velasco para ilustrar las Etimologías de San Isidoro. La erudición es inmensa. Merecen pu- blicarse. Y no se contenta el autor con indagar las raíces de tales pa- labras, sino que a veces las ameniza con algunas anécdotas curiosas (l) Cf. Bib. Esc, L-I-13; fol. 270-285. SOBRE EL VERDADERO AUTOR DEL «DIÁLOGO DE LAS LENGUAS» 21 sobre el empleo que el vulgo las da, según la costumbre arraigada del mismo López de Velasco en el Diálogo de las lenguas. Como nota curiosa de tales apuntes filológicos, en la cubierta de ese cuaderno, añade de su puño y letra un pequeño catálogo de autores que habían escrito sobre la misma materia así en Italia como en Francia y en Es* paña. Entre los españoles menciona al «Doctor Pedro Enríquez médi- co en Valladolid | Fray Alonso Chacón, dominico en Roma, amigo de Ambrosio de Morales | el Docto Ortega, cura de Romaneos, amigo de Juan Díaz | , el Maestro Vanegas en el libro de las Differencías, véanse | , el maestro Francisco Sánchez (Brócense) en Salamanca ha tratado desto | , el fofiori, etymologico arábigo (que) está en el Es- corial I , véase también el de Monte Casino q se ha de traer | y las etymologias de Santo Isidoro | ...> Todos los papeles de este Códice tan interesante tienen íntima relación, porque revelan la misma procedencia, con los del Códi- ce K-III 8 donde se halla el Diálogo, y donde López de Velasco puso notas marginales al cuaderno de Etimologías Españolas de Francis- co Sánchez de las Brozas, amigo suyo, y también de otros autores con los cuales se comunicaba, como Vázquez del Mármol, de cuya letra son las Advertencias de la Ortografía castellana (fol. 202) al libro de Velasco, impreso, como ya hemos visto, en Burgos el año 1582. Si ambos códices se completan en varios puntos y en ellos se ad- vierten rastros evidentes y auténticos de López de Velasco sobre idénticas materias, es una razón más para atribuirle sin vacilaciones la paternidad indiscutible del Diálogo, con las notas marginales del mismo autor y las tachaduras y enmiendas que contiene dentro del texto. La circunstancia de hallarse, a continuación de él, varias Re- ^aciones de Indias y de España, confirma y ratifica la creencia de que el Códice le perteneció por completo, y que fué uno de los que, a la muerte de Velasco, se trajeron al Escorial para enriquecimiento de cuya Biblioteca tanto había trabajado por orden de Felipe II. Como que en lo sucesivo no podrá escribirse la historia de la Librería es- curialense sin acudir a los papeles de López de Velasco. Y vamos a tratar ahora, aunque sea brevemente, del famoso cua- derno de refranes, de que tanto habla el Diálogo de las lenguas, y que tanto ha preocupado a los críticos creyendo que se había perdido, 22 SOBRE EL VERDADERO AUTOR DEL «DIÁLOGO DE LAS LENGUAS» sin duda porque nadie se había tomado la molestia de buscarlo. Esos refranes existen igualmente en el Escorial, en un cuadernito de trece hojas, ni más ni menos, y de letra auténtica del mismo López de Ve- lasco, y son iguales a muchos de los que se citan en el Diálogo de las lenguas, según se verá por el cotejo. P. MlGUÉLEZ. (Coníinuará,) EL CÓDICE OVETENSE DE LOS EVANGELIOS Y LA BIBLIA DE VALV AÑERA (CONTINUACIÓN) El texto bíblico contenido en el cod. Ov. era el de la Vulgata de San Jerónimo. Los fragmentos escurialenses podrían servirnos de base para reconstruirle en toda su integridad si supiéramos que el P. Castillo había colacionado todos los lugares en que el citado có- dice se apartaba de la edición de Venecia de 1478; pero como esto no consta con certeza, nos abstenemos de todo ensayo de recons- trucción. Las variantes que nos ha conservado el P. Castillo represen- tan un texto bastante interpolado con lecciones de la Veiits latí- na, carácter que distingue los manuscritos de familia española, a la cual parece pertenecer el cod. Ov. Los críticos dividen las Biblias latinas españolas en tres grupos; es, a saber: el primitivo, que está representado por el cod. Toletanus, del cual se derivan los otros dos; el leonés, al cual pertenecen el cod. Goihicus Legionensis, el j^milia- nus, etc., y el castellano, que comprende la Biblia primera de Alcalá y la del mariscal de Noailles. Nuestro códice no puede, a nuestro juicio, ser clasificado, ni en el grupo leonés, ni en el castellano, por la sencilla razón de que antes que nacieran estas recensiones, existía ya el cod. Ov.; ni encontramos razones para admitir una mutua y direc- ta dependencia entre éste y el cod. ToL, pues son bastante numero- sas las variantes que hay entre ellos (1). Hemos colacionado también (1) Las lecciones del cod. Ov., que nos ha conservado el P. Castillo, con- cuerdan con el cod. 7o/. solamente en 40 pasajes, con el j^m. en 38 y con el Compr. en 46. 24 EL CÓDICE OVETENSE DE LOS EVANGELIOS nuestro códice con el antiquísimo Liber Cómicas sen Lectionarias Missae (1) de la Iglesia Toledana, y hemos advertido notables con- cordancias al lado de no leves discrepancias. Todo esto parece pro- bar que el cod. Ov. representa un texto español, pero de una recen- sión algo distinta de las conocidas; lo cual puede indirectamente verse confirmado por el prólogo al Evang. de San Mateo, de que hablamos en el artículo anterior, que es tan singular que no se en- cuentra parecido en ninguno de los numerosos manuscritos consul- tados por S. Berger (2). En bastantes lugares (en 81, si no hemos contado mal), las lec- ciones del cod. Ov. están de acuerdo con el texto de la edición de Worsdworth-White, que está basado, como es sabido, principal- mente, sobre los manuscritos nortumbrianos AASY los más fieles representantes, según los autores citados, de la Vulgata de San Jerónimo. Cuando no concuerdan ni con los mss. españoles, ni con los nortumbrianos, convienen de ordinario con el Colbertino, el Corbeyense, el Sangermanense I y II y otros mss. de la Vetas latina, No faltan, finalmente, en el cod. Ov. algunas variantes, o nuevas, o por lo menos bastante raras. Tales son las siguientes: Mt. IV, 25 et curavií omnes; XIII, 40 colligant; XXI, 23 docentes; XXXIII, 18 de- bitorem; XXVÍI, 9 Zachariam; la omisión de parte de los versillos 55 y 56 del cap. IX de San Lucas (3), etc. Del valor crítico de cada una de estas lecciones no hay por qué hablar, pues algunas están ya definitivamente juzgadas por los críticos, y de otras, que son dudosas, sería temeridad emitir nuestro parecer, distando mucho de ser maes- tros en el difícil arte de la crítica textual. Narrada pues la historia, y señalado ya el carácter e importancia del cod Ov., que es lo único que nos proponíamos, damos remate a Huestro breve estudio con la publicación de los pequeños fragmentos que de él se conservan en la Biblia Escurialense, omitiendo solamen- te, por considerarlas de poca o ninguna utilidad, las lecciones que (1) Liber Cómicas seu Lectionarius Missae, quo Toletana Ecclesia ante an- nos miíle et ducentos utebatur. Edidit D. Germanus Morin. Maredsoli, 1893. (2) Les Préfaces jointes aux livres de la Bible dans les manascrits de la Vál- gate. Mémoire posthume de M. Samuel Berger. París, 1902. (3) Esta omisión se advierte también en el cod. Sargem. / y en bastan- tes mss. griegos. KL CÓDICE OVETENSE DE LOS EVANGELIOS 25 se apartan de la edición de Venecia de 1478 (que sirvió de base a la colación del P. Castillo), pero que concuerdan con la Vulgata Clementina. Adveríencia: Indicamos las adiciones con el signo -f (= addit) y las omisiones con el signo — (— omitíit). Las demás variantes no llevan signo ninguno especial; a veces, sin embargo, para mayor cla- ridad, citamos entre paréntesis la lección correspondiente de la Vul- gata Clementina, precedida de la sigla / (== loco). ANNOTATIUNCÜLAE ET VARIANTES LECTIONES COD. OVETENSIS EVANOELIORUM EVANQELIUM SEC. MATHAEUM 1.® Sicut Lucas euágelista per Nathan marie originé ducit: ita et Matheus euágelista per Salomoné Joseph originé demóstrauit idest, ex tribu Juda: vt appareat eos de vna tribu exire, et sic ad xpm secüdü carné peruenire, vt cópleatur quod scriptü est: vicit Leo de tribu Juda radix Dauid. Leo ex Salomone: radix ex Nathan. 2.® Sunt in hoc libro curati. 23. signa quinqué, exceptis his quae. 12. discipuli a dño missi in locis fecere diuersis. 3.° Nomina Magorum Bater, Tagarma et Melchi (1). :ap. i. 3 ex Thamar Cap. V. 46 diiigatis 15 qui dicitur VI. 11 quotidianum 17 omnes ergo 17 4- oleo {post cap. 22 per IsaYam prophetam tuum) ÍI. 6 nunquid min. 7 occulte... exquisiuit 22 timuit illuc 23 per prophetam 19 exterminat 20 exterminat 30 minime fídei? 31 quid operiemur ÍII. 7 — suum 33 quaerite autem 9 quoniam potest VIL 6 — suis IV. 9 si procidens 25 H- et curauit omnes {post trans Jordanem) 10 datei 11 — data » pater vester coeles V. 18 — quippe 22 -f- sime causa {post irascitur fratri suo) tis 13 — est 14 — est (1) Cf. Dictionnaire de la Bible, publié par F. Vigouroux, tom. IV, pág. 547. 26 EL CÓDICE OVETENSE DE LOS EVANGELIOS Cap. VIII. 20 4" ubi requiescant {post Cap. XVIII. 23 cui asimilatum est nidos) regnum coelo- 25 — ad eum discipuli rum? eius 24 — ei (post debebat) 27 homines autem illi 25 — eius (post domi- 28 4- homines {post dúo) nus) 29 exclamauerunt 31 nunciauerunt (/. na- IX, 15 + et ieiunare (post lu- rraverunt) gere) XIX. 4 — hominem 18 ~ tuam 6 iunxit (/. conjunxit) 23 -f cuiusdam(pos/prin- 7 librum repudii cipis) 11 -iliis » -j- ibi {post vidisset) 12 eunuchizauerunt (/. X. 14 ~ receperit vos, ñeque castraverunt) 29 sine volúntate patris XIX. 27 dimisimus omnia vestri 29 qui relinquit 30 vos autem et capilli ca- XX. 1 -+- enim {post simile pitis vestri est) XI. 25 — et prudentibus 4 — meam XII. 10 interrogauerunt 27 erit omnium seruus 13 + et (pos^ sicut) 31 + magis {post ma- 25 desolatur gis) 26 — ergo XXI. 3 dimittet vos XIII. 14 ut impleatur 9 qui venturus est 17 — quippe 23 ad eum docentes 26 giganiae 26 habent 33 in farinam 41 — suam 35 eructabo absconsa XXII. 4 - sunt 36 dissere nobis 5 — vero 40 sicut ergo colligunt 18 cognouit autem Je- 42 mittens (/. et mittet) sús nequitiam 44 vendet eorum et ait » emet 30 sed sunt 48 4- sua {post vasa) 36 mandatum primum XIV. 3 Heredes autem 37 — et in tota mente 6 + triclinio {post in me- tua dio) XXIII. 13 vos autem 8 + dixit(pos/ matre sua) 14 — totum Vírsum 12 — eius {post Corpus) 18 debitorem (/. debet) 17 — hic XXIV . 1 —Jesús 19 + suis {post discipulis) 13 qui autem perman- 22 iussit (/. compulit) serit 28 venire ad te 36 + ñeque filius {post XVI. 4 — prophetae coelorum) 18 iníerorum XXV. 10 praeparatae (/. para- 27 sec. opus eius tae) XVII. 5 complacuit 14 — peregre XVIII. 13 quia gaudebit 22 superiucratus EL CÓDICE OVETENSE DE L.OS EVANGEIJOS 27 Cap. XXVI. 32 + ibi me videbitis {post Galilaeam) 39 4- vis (post tu) 53 + mil lia (post duo- decim) 58 -f- rei (post fínem) 67 caeciderunt XXVII. 6 corban. 9 per Zachariam (/. per Jeremiam) Cap. XXVII. 9 quod appretiauerunt filii Isr. 32 -}- venientemobuiam sibi (post Simo- nem) 40 — Dei (post tem plum) 45 — uniuersam 46 lamasabatchani 47 — et audientes. EVANGELIUM SEC. MARCUM In hoc libro sunt curati 18. Signa quinqué ex ea quae missi a dno discipuli in diuersis locis fecerunt. Cap. I. 35 + est et (post egressus) 22 mittit vinum nouellum 4 — an male. 12 -f viui (post Dei) 25 poterit 26 potest 29 habet 19 efficiuntur 35 transffretemus 7 Dei summi 23 manus 42 máximo 2 + ista (post quae est) 35 -h secreto (post discipu- li eius) VIII. 33 — sunt (post sed quae) 34 post me I. II. III. IV. V. VI. Cap. IX. 24 — Domine 28 — eum (post eiicere) 49 - sale X. 6 +etdixit(po5/Deus] 9 iunxit 15 introibit IX. 4 soluerunt XIV. 2 fíeret populi 16 praeparauerunt 19 sigilatim 44 — caute XV. 35 — ecce XVI. 1 ungerent eum 4 vident 18 egrotos 19 —Jesús. EVANGELIUM SEC. LUCAM In hoc libro sunt curati. 23. signa tria ex ea quae a domino mis- si discipuli eius seu duodecim in locis fecere diuersis: Cap. I. II. 17 incredibiles 45 creditiit... ei (/. credidis- ti... tibi) 66 quid putas 68 — Dominus 7 — eis Cap. II. 14 in hominibus 21 dominus (/. puer) 46 — eos IV. 6 voluero 18 — sanare contritos corde 28 EL CÓDICE OVETENSE DE LOS EVANGELIOS Cap. V. 7 — pene VI. 45 — thesauro (post malo) 49 audiuit et non fecit... concidit (/. audit et non facit... cecidit Vil. 24 moueri (/. agitatam) 31 — ait auteni Dominus 47 remittentur VIII. 18 quomodo audistis 23 navigantibus autem 52 — puella IX. 55 — dicens: nescitis cuius spiritus estis 56 — Filius hominis non ye- nít animas perderé sed salvare X. 2 -- suam XI. 8 et si ille perseveraverit pulsans] XII. 35 — in manibusfvestris 38 et si venerit vespertina vigilia et ita eos inue- nerit beati sunt, quoniam iubebit illos discumbere: et transiens ministra- bit eis. Cap. XIII. 4 syloan 35 — deserta XV. 21 -f íac me sicut vnum de mercenariis tuis (post filius tuus) XVI. 21 — et nemo illi dabat XVIII. 16 prohibere (/. vetare) XIX. 22 non quod seminavi 26 — et abundavit 29 et venisset Belhaniam XXII. 20 quod pro vobis fundi- tur 26 iunior (/. minor) XXÍV. 11 credebant 18 Cleopas 24 non viderunt (/. non invenerunt) EVANQELIUM SEC. JOANNEM In hoc libro sunt virtutes quatuor signa quatuor. Cap. i. 4 in ipso vita est 15 clamabat 26 stat 29 — ecce (post Dei) II. 2 4- ibi (post autem) 10 — autem 13 Hierosolyma Jesús) 20 — in III. 5 — sancto 33 accipit V. 2 bethzetha VIII. 10 — qui te accusabant IX. 4 veniet XI. 4 pereum 16 + suos {post condiscípu- los) (Continuará.) Cap. XI. 37 — nati XII. 47 — non (ante custodie - rit) XVIII. 36 — utique XIX. 3 palmas (/. alapas) 6 — eum (post crucii- ge) 15 + nos (ante non) 20 +Rex Judaeorum (post latine) XX. 19 — congregati 29 — Thoma XXI. 23 moreretur... mofle - tur (/. moritur... mori- tur) P. Mariano Revilla. MOVIMIENTOS DE LA TIERRA (O (CONFERENCIAS SOBRE ASTRONOMÍA VULGAR) A menos de querer cerrar los ojos y negar el testimonio de los sentidos, no hay más remedio que admitir uno de estos dos extre- mos: o es la Tierra, y con ella nosotros, la que se mueve en el espa- cio o es el resto del mundo sensible el que gira realmente en torno nuestro. Las apariencias favorecen a la segunda hipótesis; pero los hechos reales demuestran la primera. En enumerarlos brevemente, para que no quede la menor duda acerca de esta verdad, vamos a pasar este rato. El argumento fundado en un principio muy conocido, que dice: la parte mayor arrastra consigo a la menor, tiene aquí aplicación oportuna; porque, según os decía entonces, es imposible que un cuerpo tan pequeño, como relativamente lo es la Tierra, haga girar en torno suyo, no sólo al Sol, que es millares de veces más grande, sino a toda la esfera celeste con los millones de soles y demás astros que contiene. Y de no girar la Tierra, habrá que admitir esa imposi- bilidad físico mecánica. También hice notar el hecho de la inmensa distancia de la ma- yor parte de las astros, respecto de nosotros; y que, de girar en torno nuestro, hasta completar una circunferencia en el corto espacio de veinticuatro horas, suponía una velocidad incomprensible. Añádase a esto la simplicidad que resplandece como nota común en todas las leyes naturales, y que la Naturaleza, mejor dicho, su autor, por medio de ella, no realiza sus obras por procedimientos complicados, cuando esas obras pueden ser realizadas por medios más sencillos. (1) Véase la página 378 del vol. CXVII. 30 MOVIMIENTOS DE LA TIERRA Y aquí, en este caso, la explicación científica de los fenómenos astro- nómicos, resulta incomparablemente más sencilla con el movim.en- to de la Tierra qne en cualquiera otra hipótesis que quieran expli- carse. Dicho esto en general como pruebas o argumentos de congruen- cia, examinemos los hechos positivos que positivamente demues- tran el movimienta de nuestro globo: l.o, diurno , sobre sí mismo en torno al eje polar; 2.®, antiüo^ alrededor del sol; después otros mo- vimientos menos notables, pero no menos curiosos y dignos de estudio. Si desde una altura considerable, suficientemente elevada para que el fenómeno aparezca sensible, se deja caer un cuerpo, una es- fera de plomo, por ejemplo, ésta, al dar en el suelo, no cae en el punto por donde pasa la vertical del punto superior, desde donde el cuerpo se ha desprendido, sino que cae siempre hacia el lado del Este. Se supone, claro es, que el ambiente está tranquilo, que no hay corrientes de aire, ni ninguna otra causa distinta de la gravedad que modifique la trayectoria que el cuerpo describe al caer. ¿Cómo se explica este hecho notable? Sencillísimamente, con la rotación terrestre. En todo movimiento circular o de rotación de cualquier cuerpo, el volante de una máquina, si os place, es evidente que las partes o moléculas de la periferia llevan mayor velocidad que las más próximas al eje de rotación. Apliquemos esto a los dos puntos; el superior, de donde cae el cuerpo, y el inferior, que es el pie de la plomada suspendida del primero. Claro es que el punto más alto correrá más que el que está en el suelo durante el mismo tiempo para ambos. Al soltar desde arriba la esferita supuesta y comen- zar el descenso, sigue animada de la fuerza tangencial con la que giraba; no puede, por tanto, seguir en la caída la línea vertical. Des- cribe más bien una rama de parábola. Necesariamente debe caer ha- cia el lado de cuya dirección se realizad movimiento rotatorio: aquí hacia el Este, porque tal es la marcha del movimiento de rotación del globo, contraria, como no puede menos de ser, al movimiento aparente diurno de la esfera celeste. La experiencia descrita se ha repetido muchas veces, siendo entre ellas célebre la realizada en 1833 por Reech en un pozo de minas que medía 158 metros de profun- didad. Las condiciones eran excelentes, porque la columna de aire MOVIMIENTOS DE LA TIERRA 31 no podía ser agitada por corrientes inoportunas. Aquí (1) podíamos repetir ese experimento clásico, desde el centro de la cúpula al pavi- mento de la Basílica; y aún mejor otro, de que os hablaré luego con t\ nombre de experimento del péndulo de Foucault. Hay multitud de hechos muy curiosos que cualquiera podrá ob- servar en la primera ocasión que se le presente. Si desde la ven- tanilla de un tren, puesto en marcha, desde la plataforma de un tranvía, desde la cubierta de un buque, que surca las aguas, se deja caer verticalmente un objeto cualquiera, éste no cae según la línea vertical del punto correspondiente al momento de soltarlo, sino más adelante, frente por frente del que haga la experiencia, habiendo re- corrido dicho objeto pesado una diagonal tanto más inclinada, cuan- to la velocidad del vehículo sea mayor. En cambio, si éste se parara en seco, en el momento de soltar el cuerpo pesado, éste continuaría corriendo diagonalmente unos cuantos metros más, hasta llegar al suelo. El hecho es tan sencillo, que una parada instantánea de un móvil cualquiera basta para lanzar fuera de él a los objetos y a las personas que no se agarren bien. Por esto es peligroso apearse de los tranvías cuando van en marcha, y más si se toma una dirección opuesta a la que aquéllos llevan, porque entonces los pies se escapan hacia adelante y la caída es casi inevitable. Se explica esto porque todos los objetos van animados de la velocidad misma del vehículo y marchan o tienden a marchar según el impulso comunicado por esa fuerza. Suponed que un día cualquiera el aviador Martínez u otro tiene el capricho de lanzarse desde el alto de San Benito para pasar vo- lando a 300 metros sobre la aguja de la cúpula (2), y que al hallarse en la línea vertical de ésta deja caer un saco de lastre por la satisfac- ción de clavarlo en la punta del pararrayos. Pues sencillameute se ve- ría chasqueado, porque el saco iría a caer lo menos en los Terreros, según la velocidad con que marchara el aeroplano y a la altura que hiciese el vuelo. Es bien seguro que se han de tener en cuenta todas estas cosas para no errar en la puntería, antes de llegar a la vertical del blanco. (1) En El Escorial. (2) Se supone realizada esta experiencia en El Escorial. 32 MOVIMIENTOS DE LA TIERRA Todos los cuerpos en la superficie de la tierra y en la atmósfera que la rodea, menos en los puntos polares, en la hipótesis de la ro- tación terrestre, marchan animados de una velocidad angular, tanto mayor cuanto más lejos se hallen del eje de rotación. Sólo así puede explicarse de un modo análogo a cómo se explican los hechos que acabo de citar, el que los cuerpos dejados caer libremente desde mu- cha altura y sin velocidad inicial, se inclinen hacia el Este, tanta más cuanto mayor sea la altura de donde caen y menor sea la lati- tud geográfica. La desviación medida en el suelo es, teóricamente, la diferencia entre la velocidad rotatoria del punto más bajo y la que corresponde al punto más alto de donde se desprende el cuerpo. Supongamos ahora que de abajo a arriba y según la vertical se l2inza un proyectil ¿en dónde volverá a caer? Teóricamente en ia misma boca del cañón; porque al subir con menor velocidad de ro- tación, se retrasa hacia Occidente el mismo espacio que al bajar se adelanta hacia Oriente. Lo difícil aquí seria que el primer impulso fuera exactamente según la vertical. A esto obedece el que cuando el P. Mersenne y Petit en el siglo XVII, trataron de hacer la experien- cia, no volvieran a ver ninguno de los proyectiles, que con tal obje- to, y mediante un cañón de plaza, lanzaron a las alturas, exponién- dose a ser aplastados por alguno de ellos, si la verticalidad hubiera sido más exacta. No insistiré sobre la prueba del movimiento de rotación, dedu- cida de la pérdida del peso de los cuerpos y de las variaciones en la oscilación del péndulo, causadas, no sólo por lo dicho acerca de la gravedad relacionada con la forma del elipsoide terrestre, sino tam- bién por los efectos de la fuerza centrífuga; porque me parece que os sería difícil comprender con claridad las reflexiones y cálculos que habría que hacer para dilucidar este punto. Pero sí recordaré el experimento con el péndulo de Foucault, porque es clásico y no deja la menor duda acerca del movimiento de rotación terrestre. Supo- ned que aquí mismo, del techo de esta habitación, colgamos, con un alambre, una esfera pesada de metal, como si fuese una plomada. Es evidente que dejándola en quietud, señalará la dirección de la línea vertical; y también es claro que mientras alguna fuerza extraña no impulse a ese péndulo, quieto se estará, solicitado por una sola fuerza: la de su propio peso, que es la misma de la gravedad, con- Movimientos db la tierra 33 trarrestada por la resistencia del punto de suspensión. Si ahora, fijan- do un hilo en la esfera, tiramos hacia un lado y atamos el hilo a un punto de la pared próxima, observaréis que la línea vertical, el alam- bre de suspensión y el hilo son tres líneas que están en un mismo plano que pasa por el centro de esa esfera y por el centro de atrac- ción terrestre. Ni por un lado ni por otro hay fuerza alguna que so- licite a ese cuerpo. Sólo la gravedad tira de él hacia abajo, y no se marcha porque el hilo y el alambre lo sostienen. Cortamos el hilo y la bola comienza a oscilar a un lado y al otro de la vertical, como si tuviera empeño en abrazarse con ella, y seguir el camino que la misma le señale. No olvidéis que no hay fuerza ninguna que obligue al centro de gravedad a salirse de ese plano de oscilación. He dicho mal, hay una fuerza cuyos efectos veréis cuando prácticamente ha- gamos el experimento, y es la resistencia del aire que a las pocas oscilaciones hace describir a ese centro una elipse alargada; pero cuyo eje mayor está en el plano dicho. Sin embargo, antes de un cuarto de hora notaremos que la di- rección del plano de oscilación ya no es la misma que al principio; luego la posición relativa entre ese plano de oscilación y los objetos restantes, los ángulos de la sala, nosotros mismos, han cambiado ne- cesariamente. Y una de dos, o es el plano el que se mueve o se mue- ven las demás cosas; o el plano gira de izquierda a derecha o toda la estancia gira de derecha a izquierda. Y puesto que el plano con- serva su orientación en el espacio, según lo dicho, el edificio es el que se mueve; y conservando éste su puesto -sobre el suelo, necesa- riamente ha de ser la Tierra la que lo lleva. No hay que acudir a más pruebas para demostrar su movimiento. La deducida de la forma elipsoidal, es también decisiva; pero de menos valor, porque se funda en la hipótesis del estado de fluidez primitiva de nuestro globo. Es cierto que, sólo admitiendo esa hipó- tesis y el movimiento de rotación, puede explicarse la forma terres- tre de un esferoide achatado por los polos y ensanchado por el ecua- dor. De otro modo, nuestro globo, sin movimiento, tendría necesa- riamente la forma esférica geométrica; porque en cualquier estado que se suponga, fluido o no, la fuerza atractiva central hubiera sido siempre la misma en la dirección de todos los radios. En la misma 34 MOVIMIENTOS DE LA TIERRA hipótesis, el experimento con el vaso de Plateau explica perfecta- mente cuanto en este punto pueda desearse. La amplitud angular de la rotación, demostrada con el péndulo de Foucault, es proporcional al grado de latitud geográfica en que el experimento se realice. En el ecuador la desviación es nula, así como es máxima en los polos. En éstos la rotación aparente del pla- no de oscilación del péndulo es la circunferencia completa durante las veinticuatro horas; así como sólo una parte de la circunferencia en las latitudes intermedias, pudiendo calcularse para cada punto el ángulo correspondiente a una hora, un minuto, un segundo, etc. Supongo que con lo dicho quedaréis convencidos de que el mo- vimiento de rotación terrestre es un hecho plena y científicamente demostrado; y que sabréis a qué ateneros cuando oigáis decir que El Escorial, por ejemplo, lleva aquí más de tres siglos, sin haberse movido de su puesto; o lo que decía allá el otro, según expresión del P. Rodríguez: que si la tierra girase, los pájaros, y sobre todo las tórtolas, no podrían abandonar sus nidos, porque se expondrían a no volver a encontrarlos. Y recordando lo dicho acerca del movimiento diurno de la esfe- ra celeste, de los ortos y ocasos de los astros, de su amplitud ortiva y occidua, etc., os daréis cuenta exacta de tales fenómenos aparentes reconociendo la realidad de los mismos, su causa inmediata, en el movimiento real de nuestro globo alrededor del eje polar, que con relación a la esfera celeste y al movimiento en cuestión, hemos lla- mado también eje del mundo. Estas mismas ideas se presentarán más y más claras cuando ha- yamos demostrado el otro de los dos principales movimientos de la Tierra: el de traslación de la misma durante el año en torno del Sol, En volumen es" el astro del día 1.283.744 veces más grande que la Tierra y en masa equivale a 324.439 veces la masa terrestre, siendo este número último el que expresa la fuerza atractiva del Sol sobre nuestro globo; mientras que éste sólo ejerce sobre aquél una atrac- ción equivalente a la unidad que mide a ese número 324.439. La ley de la atracción mutua entre los cuerpos se traduce en un hecho cons- tante en todos los fenómenos naturales, existe entre los astros más lejanos, lo mismo que entre las moléculas más próximas. Desde el momento en que se suponga inmóvil uno cualquiera de los dos as- koVlÜIENtOS DK LA TIIÍRKÁ 35 tros, la Tierra o el Sol, y sin una fuerza contraria a la fuerza de atrac- ción que los mantenga separados, necesariamente el uno se precipi- taría cayendo sobre el otro; con la diferencia, en este caso concreto, de que, mientras la Tierra salvara, dirigiéndose al Sol, la distancia de 324.439 kilómetros, por ejemplo, el Sol habríase corrido un solo kilómetro hacia la Tierra. ¿Por qué ésta no cae sobre aquél? Preci- samente por la fuerza centrífuga y tangencial, que determina y con- serva el movimiento de nuestro globo en torno al Sol. La hipótesis de que el Sol cayeses sobre la Tierra y que aquél girase en torno de ésta, es tan absurdo como el suponer que, en el mismo orden de energías, lo menos pueda con lo más, que lo más ligero arrastre con- sigo lo más pesado. Las pruebas directas de este movimiento de traslación, sin ser por ello menos demostrativas que las aducidas en confirmación del movimiento diurno, se presentan, sin embargo, de comprensión más difícil para los pocos versados en estudios astronómicos. Lo cual no reza con vosotros tan empapados en ellos; así que los comprenderéis sin dificultad alguna. Sea la primera de esas pruebas la que se funda en lo que se llama aberración de ¡a luz; fenómeno que consiste en ver las estrellas según una dirección distinta de la que realmente señala el lugar que ocu- pan en el espacio; desviación de los rayos luminosos causada por la combinación de dos velocidades; a saber la de la luz y la del obser- vador. Sucede aquí el mismo fenómeno que acaso habréis observado más de una vez. Os halláis en la lonja, con aire tranquilo; comienza a llover y las gotas de agua caen verticalmente. Para no mojaros echáis a correr, comenzando por inclinar la cabeza para que las go- tas de agua no os den en la cara, adonde vienen a parar no vertical, sino oblicuamente, según la diagonal del paralelogramo que podría construirse con la dirección y velocidad que traen las gotas de las nu- bes por un lado, y con la dirección y velocidad que lleva el que huye por el otro. Si tenéis paraguas en la mano no lo echáis hacia atrás, sino que lo inclináis hacia adelante para no mojaros; en un tren en marcha, en un coche, cuando llueve, se observa el mismo fenómeno. Un proyectil lanzado perpendicularmente a la dirección que lleva un tren, por ejemplo, y en el supuesto de que penetre y traspase de parte a parte a uno de los coches, no sigue en éste la dirección per- 36 iíOVlMlENTOS DE L\ TIERRA pendicular, sino una dirección oblicua, como resultante de las dos velocidades, la del proyectil y la del tren. La aberración de la luz es un fenómeno del mismo género. El proyectil aquí es cada una de las vibraciones etéreas que producen la luz, y hacen falta dos movi- mientos, dos velocidades, la de los rayos luminosos y la del obser- vador, que estando en reposo personal es llevado por la Tierra. Una, cualquiera de las dos condiciones que faltara, bastaría para que el fenómeno de la aberración no existiese. Si la Tierra no se moviera, desde ella se verían los astros en la dirección hacia donde se hallan (prescindimos aquí de otras causas, como la refracción atmosférica, que también desvía el camino de los rayos luminosos). Del mismo modo, si la velocidad de la luz fuese tanta que no necesitase tiempo para ir de una parte a otra, tampoco abría aberración lumínica. La Tierra corre por su órbita con la velocidad de 30 kilómetros por se- gundo, mientras que la luz marcha por el espacio con la velocidad de 300.000 kilómetros. De estos datos se deduce como valor cons- tante de la aberración para todas las estrellas 20",5 de arco. Sólo admitiendo el movimiento de traslación terrestre puede explicarse el fenómeno experimentalmente demostrado, de la aberración, des- cubierto por el astrónomo Bradley en 1848. Otra prueba no menos convincente del movimiento de traslación, la suministran las llamadas paralajes de las estrellas. Cuando se mira un objeto fijo desde puntos diversos, la posición aparente y relativa de dicho objeto cambia con relación a los demás objetos que rodean el primero, no porque éste se haya movido, sino porque el observa- dor ocupa posiciones diversas. Las estrellas del firmamento en su ma- yor parte hállanse, respecto de la Tierra, a una distancia no infinita porque distancias infinitas no existen, pero sí a distancias inconmen- surables, en tanto grado que la posición de las unas con relación a las otras no se modificaría aun cuando un observador se trasladase des- de aquí al lado opuesto del Sol, duplicando la distancia. Pero tam- bién es un hecho que no todas las estrellas se encuentran a esas dis- tancias inconmensurables. Hay algunas que están mucho más cerca de nosotros; su distancia puede medirse, y puede medirse, precisa- mente, porque su posición relativa cambia al observarlas desde pun- tos diferentes del espacio. Puntos que tampoco podríamos elegir, ni MOVIMIENTOS DE LA TIERRA 37 realizar por lo mismo la observación, si la Tierra se estuviese quieta y no nos llevara de una parte a otra. Observemos, pues, esta noche misma, hipotéticamente se entien- de, una de esas estrellas cuya distancia es medible; calculemos con la exactitud posible su verdadera posición en el firmamento aquila- tando y corrigiendo y eliminando todos los errores posibles. Des- pués de todo esto nos quedaremos, al fin, con el apunte exacto de la posición de la estrella en el cielo y la dirección de la visual desde el punto de observación hasta el astro observado. Seis meses después, repetiremos la misma observación de la misma estrella, con el mismo esmero y las mismas correcciones. La dirección de la nueva visual nos dirá si coincide o no con la dirección de la primera. Si no coinciden, como no deben coincidir, pues procedemos en el supuesto de que la distancia es considerable, las dos visuales formarán un ángulo cuyo vértice estará en la misma estrella, y cuyos lados, las mismas dos vi- suales, van a parar cada una al punto de observación correspondien- te. Y me parece que no hace falta más para demostrar que ese punto de observación, en una y en ctra época, ocupa distinto lugar en el espacio. Luego es evidente que la Tierra nos habrá trasladado del uno al otro. Ese ángulo es lo que se llama, ni más ni menos, la pa- ralaje déla estrella. Y basta conocerlo para poder determinar la dis- tancia que del astro nos separa, ya que con las dos visuales, el ángulo que forman y la distancia entre los dos observatorios, en cuyos ex- tremos hay otros dos ángulos que pueden medirse directamente, se forma un triángulo, con los elementos bastantes conocidos, para que su resolución se reduzca al caso más sencillo de la Trigonometría. En las observaciones y medidas y cálculos que imaginariamente aca- bamos de hacer, hay que tomar nota de un detalle importantísimo en esta cuestión; y es que la posición del Sol, con referencia a una estrella o constelación determinada, que podemos suponerla en al- guna de las regiones cruzadas por la eclíptica, aparece, después de los seis meses, en dirección opuesta a la que tenía al realizar la ob- servación primera. Es decir, que las dos visuales dirigidas al Sol en una y en otra época se confunden en una sola, pero en dirección contraria. Lo que quiere decir que la Tierra nos ha trasladado al lado opuesto del astro del día. Y como la experiencia puede repetir- se cuantas veces se quiera durante el año y en los puntos correspon- 38 MOVIMIENTOS DE LA TIERRA dientes de seis en seis meses, obteniendo siempre el mismo resulta- do, se demuestra, sin más, que la Tierra describe en torno al Sol una curva cerrada, que se llama, como sabéis, eclíptica, y que tiene la forma de una elipse, en uno de cuyos focos se encuentra el Sol. Ocasión tendremos de estudiar las propiedades de esa curva; el re- cordarlas ahora nos detendría demasiado, sin dejarnos tiempo para recordar otras pruebas del movimiento de traslación de nuestro glo- bo; asunto que al presente tenemos entre las manos. Conocéis todos el metéoro luminoso que se llama de las estrellas cadentes, fugaces, fuegos y lágrimas de San Lorenzo, porque en la noche del 10 al 11 de Agosto se reproduce con más intensidad. Obe- dece este fenómeno a que dentro del sistema solar hay zonas o fajas o anillos en que flotan multitud de cuerpos pequeños, cuyo origen puede atribuirse a varias causas. Esas zonas, fajas o anillos, como quieran llamarse, giran, como los demás planetas, en torno del Sol. La órbita de la Tierra corta o se aproxima mucho, por lo menos, a la órbita de esos corpúsculos, de tal manera, que llegan a penetrar y se mezclan con nuestra atmósfera. Dotados ellos también de una velocidad notable, la resistencia y el roce que encuentran en el aire se transforma en calor, tan intenso, que los quema, volatiliza o los reduce a mil pedazos. Los núcleos, enjambres, puntos radiantes, que con todos estos nombres se conocen también, son muchos, y la Tie- rra llega o se aproxima a ellos, determinándose así las diversas llu- vias de estrellas que se han observado muchas veces, periódicas unas, esporádicas otras, según los casos. Lo que importa hacer notar aquí es que la velocidad de esos fugaces metéoros es muy diferente en unas y en otras ocasiones. Para comprender mejor todo esto y la consecuencia que de ello hemos de deducir, en confirmación de la traslación de la Tierra, conviene tener en cuenta que el Sol con todos los planetas y demás cuerpos del sistema solar se dirige constantemente hacia un punto del cielo que se llama apex, y se aleja de otro punto opuesto que se denomina aniiapex. Los planetas, y entre ellos la Tierra, lo mismo que los enjambres dichos, sin dejar de participar de ese movimien- to general de todo el sistema, con el movimiento propio de trasla- ción en derredor del Sol, unas veces caminan hacia el apex, unién- dose las dos velocidades, y otras marchan en dirección contraria, MOVIMIENTOS DE LA TIERRA 3Q restándose las mismas. Así resulta que cuando uno de esos enjam- bres o puntos radiantes tocando en la atmósfera, lleva la misma di- rección o dirección paralela a la ruta que sigue la Tierra con su at- mósfera, el roce de aquellos corpúscolos con el aire es menor, el brillo del metéoro menos intenso, la velocidad de la estrella fugaz disminuye aparentemente. En cambio, cuando las direcciones son más o menos opuestas, la velocidad, el brillo del metéoro son más grandes. En la hipótesis de la inmovilidad de la Tierra esos cam- bios de intensidad no tendrían explicación. He aquí la consecuen- cia: la Tierra corre por el espacio en torno al Sol y el fenómeno es análogo a lo que sigue. oqn ' Seguramente que no todos habéis visto el mar; pero eso no im- pide el que podáis formaros una idea aproximada de lo que son sus ondas Cuando una lancha, un bote, un buque surcan las aguas en la misma dirección de las olas, éstas van como siguiéndolo y lo al- canzan sucesivamente, unas después de otras; pero con velocidad menor que si el navio estuviese quieto. Mas si éste se mueve en dirección contraria a la de las olas, entonces éstas llegan más inten- sas y más de prisa y se rompen en la proa. No hay para qué más in- sistir en la explicación de este hecho, ni en el recuento de otros muchos parecidos. Figuraos los resultados tan diferentes que trae- rían consigo el choque de dos trenes que corren el uno a encontrar- se con el otro que se le echa encima, y el de otros dos cuando el que va delante escapa del que va detrás. En Física y en Astronomía se estudia un fenómeno que corrobora lo mismo. Me refiero al hecho, tan curioso como importante, de- mostrado por la espectrografía y manifestado por las rayas del espec- tro de la luz. Sintetizándolo en pocas palabras, consiste en lo si- guiente: en que la longitud de las ondas luminosas reflejada en la mayor a menor desviación de las rayas espectrales, y por lo mismo, la rapidez con que se suceden dichas ondas,. Jes , ni uy distinta cuando el foco luminoso se acerca, de cuando se aleja de los prismas anali- zadores del aparato. Si éste y el foco se aproximan, la sucesión de las ondas es má srápida; si se alejan, lo es menos. Luego al observar- se este fenómeno en la luz de las estrellas fijas o que por la inmensa distancia a que se hallan, como fijas pueden considerarse, se deduce 40 MOVIMIENTOS DE LA TIERRA lógicamente que la Tierra es ia. que se aproxima o se aleja de las estrellas. r?n 0( n . Después de todo, nos hubiera bastado una sencilla reflexión so- bre los fenómenos astronómicos del resto del sistema solar, para sin más pruebas, admitir como hecho indiscutible la traslación de nues- tro globo en torno del Sol. En efecto: la observación constante de- muestra que todos los planetas desde Mercurio, el más próximo al centro, hasta Neptuno, el más lejano de los conocidos, giran y todos recorren su propia órbita en derredor del astro central. ¿Por qué la Tierra había de ser una excepción en una ley tan general y al mis- mo tiempo tan sencilla? Tanto más cuanto que sin esa excepción todo se explica facilísimamente: con ella todo resulta un laberinto indescifrable. El trabajo resulta largo y es de necesidad prescindir, por ahora, de los demás movimientos con que la Tierra se balancea en el espa- cio. No haré más que citarlos. Suele decirse que el eje terrestre se conserva paralelo a sí mismo: esto no es cierto, sino cuando se con- sidera un corto intervalo de tiempo; pues, a la larga, cambia esta posición. Tan a la larga, que en unos veinticinco mil setecientos años dicho eje describe un cono en torno a los polos de la eclíptica, re- sultando un balanceo pausado y regular del esferoide terrestre y del plano ecuatorial. La precesión de los equinoccios es su consecuencia inmediata. Otro movimiento es el que resulta del sistema doble que, con respecto al Sol, forman la Tierra y la Luna. El centro de gravedad del sistema no coincide con el centro de la Tierra. Aquél es variable según las posiciones del satélite y por esta razón el centro de la Tierra no puede seguir en su marcha annua la línea de la eclíptica con exactitud rigurosa. La eclíptica misma, ya se ha dicho, no conserva siempre una in- clinación constante sobre el plano del ecuador; de lo cual resulta otra oscilación para la Tierra. Ya se ha indicado que todo el sistema solarse traslada en el espacio: la Tierra toma parte en este movi- miento: y otros hay menos regulares que se manifiestan por ciertas oscilaciones, cuyas causas no están bien estudiadas todavía, que pa- rece hacen cambiar accidentalmente la posición del polo del mundo y dan por resultado variaciones parecidas, aunque pequeñísimas, de MOVIMIENTOS DE LA TIERRA 41 las latitudes terrestres. Nada diré de las perturbaciones planetarias de cuya influencia participa también la Tierra; pues todos los astros están relacionados entre sí de tal manera, que las energías y movi- mientos de los unos se reflejan más o menos en los movimientos de los otros. La materia es abundante y el problema que aquí aparece es complicado. Razón de más para que aplacemos todo para mejor ocasión. P. Ángel Rodríguez de Prada. Vjb JUñ h LA LIBRERÍA DE FELIPE II (DATOS PARA SU RECONSTITUCIÓN) (continuación) Libros que tenia Felipe II en su habitación del Escorial, Historia de la Santa Casa de Loreto. 8.° Madrid, 1588, por D. Francis- co de Padilla. Officium Beatae Mariae Virginis jussu Pii V. Antuerpiae, Plantinus, 1573.4.** Vita Christi Ludolphi Sax. Carthusiani. Parisiis, 1580. Breviarum Romanum Pii V. Antuerpiae, apud Plantinum, 1573. Dos ejemplares. Acta ecclesiae Mediolanensis. Mediolani, apud Pontium, 1582. En fol. Missale Romanum restitutum decreto Concilii Tridentini. Parisiis, apud Kerver, 1571. En fol. Historia de Nuestra Señora de Guadalupe, por D. Fr. Gabriel de Tala- vera. Toledo, 1597. Compendio breve de ejercicios espirituales, por el P. Fr. García de Cisneros, Abad de Monserrat. Barcelona, 1580. 8.** Officium proprium SS. Ordinis S. Hieronymi. Salmanticae, 1590. Fol. Pontificale. Lugduni, 1542. Fol. máx. Missale Romanum. Antuerpiae, apud Plantinum, 1573. En 4.® Kalendarium perpetuum, Petro Ruysio presbytero Toletano auctore. Toleti, 1577. En 4.° Officium et caeremoniale ad dedicationem seu consecrationem eccle- siae et altarum hujus regalis Monasterii S. Laurentii. Matriti, 1595. Prado espiritual de Basilio de Sanctoio. Burgos 1588. Historia y milagros hechos a invocación de Nuestra Señora de Monse- rrat. Barcelona, 1594. 8.® LA LIBRERÍA DE FELIPE H 43 Martirologio Romano, traducido por Vázquez. Valladolid, 1586. En 4.** Arte de servir a Dios de Fr. Rodrigo de Solis. Alcalá, 1594. Fr. Luis de Granada. Opera omnia. Antuerpiae, 1592. En 8.° Devotionarium. Oficio de Nuestra Señora que fué de los Reyes de Por- tugal, pergamino, iluminado, tiene unas hojas escritas con los días del na- cimiento de personas reales. O'fícium diurnum. Antuerpiae, 1570. Obras de Santa Teresa de Jesús. Sacrarum caeremoniarum seu rituum ecclesiasticorum S. R. E. libri tres. Venetiis, 1582. Ordinarium Carthusiense in 8.** Nova collectio statutorum Ordinis Carthusiensis. Parisiis, 1582. En 4.* Agricultura de Herrera. Medina del Campo, 1584. Descritione del Sacro Monte di Várale de Valdesissia in rima. Várale, 1595. En 8.° Missale Romanum Pii V. Salmanticae, apud Foquel, 1586. En 4.° Kalendarium perpetuum secundum institutum Fratrum Praedicatorum, per Fr. Didacum Giménez. Salmanticae, 1563. En 8.° Officium majoris Hebdomadae. Compluti, 1573. En 8.** OfficiumSti. Didaci Complutense. Compluti, 1549. En 8.° Flos Sanctorum, traducido por Villegas. Madrid, 1589 y 1594. Cartuxanoen romance. Sevilla, 1551; 4 tomos. Árbol genealógico por Garibay. Biblia Políglota. Obras de Ludovico Blosio, traducidas del latín al español. Cinco libros de pliego común, scriptos de mano, en pergamino ilumi- nado a partes, que contienen los oficios de todo el año... La relación de los libros que siguen aunque está ya publicada en la Colección de documentos inéditos la reproduzco aquí para tener reunidos todos los materiales que se conocen y sirven para reconstituir la librería de Felipe II. Libros de diversas facultades de la testamentaría de Felipe II. En Madrid a 27 de Junio de 1600, tasados por P. de Bosque, librero de S. M. Los libros de este género que dicen en la margen San Lorenzo, desde la primera partida hasta la última, que está a folio 29, consta haberse en- tregado en virtud de cédula Real al Monasterio, como consta del entrego fecho al Monasterio desde el folio 10 basta el folio 19 ante Juan Ruiz. Los 44 LA LIBRERÍA DE FELIPE U entregados a Hernando de Espejo para la almoneda, se señalarán en el margen con una E. Un cuaderno de ocho hojas, en pergamino, en folio mayor, en las cinco delias el árbol de la geneologia de los Reyes de España, los escudos ilu- minados y retocados de oro; encuadernado en becerro bayo. Núm. 1.— No se tasa. (S. L.) Lo rescibió Hernando de Espejo en 29 de Junio de 1613, y lo tiene se- ñalado por rescibido en el libro de Antonio Voto. Aunque se sacó resulta contra el dicho Hernando de Espejo de la partida, después mostró una cé- dula de S. M., fecha en San Lorenzo a 20 de Agosto de 1600, en que parece que S. M., por cláusula, mandó al dicho Monasterio de San Lorenzo este libro, cuya copia de la cédula y entrego está en el libro de las dichas resultas. Un volumen grande, escrito de mano, folio mayor, que trata del prin- cipio y subcesión de los reinos y Reyes y otros estados y señorios de la cristiandad, con las insignias de ellos, en lengua latina y tudesca; historia- do con figuras y escudos iluminados y retocados de oro; encuadernado en tablas, cubierto de terciopelo negro, con cantoneras y manos de latón do- rado. Núm. 2.— Tasado en 200 ducados. (4 Enero 1608. E.) Otro volumen como el precedente, escrito de mano, en papel, folio mayor, en lengua latina y tudesca, del principio y origen de los Imperios que ha habido desde Adán, con los Emperadores del Romano hasta el Rey D. Fernando, con los oficiales del Imperio; es historiado con figuras iluminadas de oro, plata y colores; encuadernado en tablas cubiertas de terciopelo negro, con cantoneras de latón y una mano de latón dorada.— Tasado en 200 ducados. (E.) Otro volumen en todo como los dos precedentes, en latin y tudesco, de la nobleza y origen de las insignias de armas, y de los torneos y escu- dos de armas de los Principes y señores de Allemana y de otras naciones, con una manezuela.— Tasado en 200 ducados. (S. L.) La Historia de Froysart.— Choronica de Francia, Flandes e Inglaterra, en cuatro volúmenes grandes, escritos de mano, en pergamino, en len- guaje francés, folio mayor, con algunas márgenes retocadas de oro y las letras capitales; encuadernados en tablas cubiertas de terciopelo carmesí, con cantoneras y tachones de latón dorado. — Tasados en 55 reales cada uno, que son 20 ducados. (E.) La Choronica del Rey Perce-Forest, en francés, en seis volúmenes, es- crito de mano; historiado de iluminación, con las letras mayúsculas de oro, en pergamino, en folio; encuadernados cada uno en tablas cubiertas de ter- ciopelo carmesí, con cantoneras, tachones y correones de latón dorado.— Tasado en 4 ducados cada uno, que son 24 ducados. (E.) LA LIBRERÍA DE FELIPE II 45 Un libro de figuras de aves, y algunos animales, y frutas, y yerbas, pin- tados de colores al natural, que tiene ciento y tres hojas de papel, folio mayor, sin escrito ninguno mas de los nombres de algunas figuras; encua- dernado en pergamino. — Tasado en 20 ducados. (S. L.) Boecio: De Consolation, escrito en francés, en folio, en pergamino; en- cuadernado en cartones y terciopelo carmesí.— En 20 reales. (E.) Un libro de caza, escrito de mano, en lengua francesa, en pergamino, en folio; historiado de figuras iluminadas; encuadernado en tablas y cuero colorado dorado. — En 50 reales. (E.) Un libro de hechos de armas y de caballería, en lengua francesa; his- toriado de iluminaciones y letras mayúsculas doradas, escrito de mano, en pergamino en folio; encuadernado en tablas cubiertas de terciopelo negro, guarnecido con tachones y manos de latón. — En 12 reales. (E.) Las Coronicas de Olanda y Gelanda y Frissia, en lengua francesa, de mano, en papel, en folio; encuadernado en tablas y cuero negro. — No tiene valor. Libro de la guerra y paz en tiempo del Duque Philipo, en lengua fran- cesa, de mano, en papel, en folio; encuadernado en tablas y cuero negro.— No es de valor. La Genealogía de los Condes de Aynnao; en lengua francesa, de mano, en papel, en folio; encuadernado en cartón y cuero blanco. — No es de valor. El Caballero Determinado, en francés, de mano; historiado de figuras iluminadas; encuadernado en cartón cubierto de terciopelo carmesí.— En 8 reales. (E.) Un libro de instrumentos y machinas bélicas, en lengua latina, escrito en papel, en folio; encuadernado en tablas y cuero negro.— En 8 rea- les. (S. L.) Un cartapacio de tratados diferentes, en lengua francesa, de mano y uno de molde pegado a él; encuadernado en papelón cubierto de cuero negro. — No es de valor. (E.) El fallecimiento y obsequias de la madre del Rey Francisco de Francia, en francés, de mano; historiado de iluminaciones y las letras capitales do- radas, en pergamino; encuadernado en tablas y terciopelo verde. — En 12 reales. (S. L.) Receptas de cosas medicinales, en francés, de mano, en folio pequeño, encuadernadas en papelón y cuero negro. — En 12 reales. (S. L.) Libro de las scripturas de la vida y milagros del sancto fray Diego de Alcalá, en pergamino, de mano; encuadernado en tablas y cuero negro.— En 8 reales. (S. L.) 46 LA LIBRERÍA DE FELIPÉJ tí Fuero de los hijos dalgo de Castilla, en pergamino, de mano, en folio, encuadernado en papelón y cuero negro. Es en papel. — En 8 reales. (S. L.) Processo entre la Reina Maria y el Emperador D. Fernando sobre cier- tos bienes doctales, de mano, en papel; encuadernado en papelón y cuero negro.— En 8 reales. (S. L.) Hordenamiento y regimiento de los Oficiales de la casa Real de Aragón; en catalán, escrito en papel, de mano, en folio; encuadernado en papelón y cuero colorado, dorado.— En 8 reales. (S. L) Otras hordenaciones de la misma casa Real de Aragón, en romance; encuadernado como el precedente.— En 8 reales. (S. L) Comedia de Nicolao Seco, en italiano, de mano, en papel; encuaderna- do en pergamino. — En 2 reales. (S. L.) Capitulaciones de los matrimonios entre el Archiduque Phelipe y Reina Doña Juana, y Principe D. Juan y madama Margarita, de mano, en folio; encuadernado en pergamino.— En 8 reales. (E.) Levantamiento de las entradas aduanas y gabellas del reino de Ñapó- les; encuadernado en pergamino.— En 2 reales. (S. L.) Hordenanzas del Duque de Borgaña, en francés, de mano, las márge- nes iluminadas, en cuarto; encuadernadas en tablas y terciopelo azul.— En 6 reales. (E.) El Caballero Determinado, de mano, escrito en pergamino, en cuarto; historiado de iluminación; encuadernado en papelón y cuero colorado, do- rado y labrado.— En 16 reales. (E.) Dos oraciones de Hierónimo Olungano, una de la preheminencia de la Corona de Castilla respecto de la Corona de Francia, y otra de la victoria naval contra el turco, de mano, en pergamino, en cuarto; encuadernado en terciopelo carmesi.— En 4 reales. (3. L.) Prognosticon del Rey D. Phelipe, nuestro señor, de su nascimiento, hecho por el doctor Mathiahaco, con cubiertas de terciopelo negro, en cuarto, escrito de mano en papel.— En 2 reales. (S. L.) La vida y hechos del Emperador D. Carlos, en italiano, de mano, en papel, de a cuarto, con algunas iluminaciones; encuadernado en cartones y cuero dorado y colorado.— En 2 reales. (S. L.) Tratado de Artillería, de Juan Bautista Antonelo, en italiano, de mano, en papel, de a cuarto; encuadernado en cuero azul dorado.— En 4 rea- les. (S. L.) Versos de devoción de Jaques Boulchier, en francés, de mano, en pa- pel, de a cuarto, pequeño.— En 2 reales. (E.) Comedia llamada Alexandra, en italiano, de mano, en papel, de a cuar- to; encuadernada en cartones y raso carmesi.— En 2 reales. (S. L.) LA LIBUERÍA Í)ÉJ FBlLIPÍ; íl 47 Un tratadillo de cosas de Indias de la ciudad de México y la isla de Santo Domingo, en papel, de a cuarto, de mano; en papelón y cuero ne- gro.—En 2 reales. (S. L.) Otro tratadillo de ardides de guerra, de siete hojas, escrito de mano, en papel, de a cuarto; encuadernado en cartones y raso blanco, labrado. — En 2 reales. (S. L.) Los establecimientos de la horden Tusson, en romance, de mano, en papel de a cuarto; encuadernado en pergamino.— En 2 reales. (S. L.) Un cathalogo de libros para la Cámara de S. M. escrito de mano.— No es de valor. Un cuaderno viejo, en francés, de la proposición que hicieron los Em- bajadores de Francia al Duque de Borgoña.— No es de valor. Josepho: De Bello ludayco, impresso en francés, en folio mayor; encua- dernado en tablas y cuero bayo.— En 2 reales. (E.) De la Religión de los antiguos romanos, de Guillermo Choul, impreso en León por Guillaume Roville, año de mil y quinientos y cincuenta y seis; encuadernado en pergamino, en folio.— En 2 reales. (E.) Choronica del Rey D. Alonso el Honzeno, en romance, impresa en Valladolid, mil y quinientos y cincuenta y uno, encuadernado en papelón y cuero colorado, en folio.— En 12 reales. (S. L.) Memorial de cosas notables, compuesto por D. Iñigo López, Duque quarto del Infantado, impreso en Quadalajara por Pedro de Robles y Fran- cisco de Cormellas, mil y quinientos y setenta y cuatro, en romance; en- cuadernado en papelón y cuero negro, en folio.— Tasado en 6 reales. (S. L.) Poligraphia de Trictemio, impreso año de mil y quinientos y diez y ocho, en folio; encuadernado en tablas y cuero negro y manezuelas.- En 4 reales. (E.) Discursos del asiento del exército, de la disciplina militar, impreso en francés, en León por Guillermo Rovillo, año de mil y quinientos y cin- cuenta y cinco, con estampas, de molde, en folio; encuadernado en perga- mino.—En 2 reales. (E.) Aserción e información del derecho del Emperador nuestro señor, Carlos V, en el ducado de Xeldria y otros condados, año de mil y qui- nientos y treinta y nueve, impreso en Norin Vergue por Juan Petreyo, en latin, en folio; con cubierta de cuero negro.— En un real. (S. L.) La conquista de México, de Gomara, impresa año de mil y quinientos y cincuenta y dos; en cuero negro.— En 2 reales. (E.) Choronica del santo Rey D. Fernando que ganó a Sevilla, en folio pe- queño, impresa año de mil y quinientos y cuarenta; encuadernada en cuero negro.— En un real (E.) 48 LA LIBRERÍA DE FELIPE lí Historia de Perce-Forest, impresa en Paris, año de mil y quinientos y treinta y uno, en cuatro cuerpos; encuadernados en cartones y cuero negro, en folio.— En 8 reales. (E.) Vegecio de re militari, en francés, ano de mil y quinientos y treinta y seis; en folio; encuadernado en papelón y cuero negro.— En 2 reales. (E.) Apiano Alexandrino, en francés, impreso año de mil y quinientos y cuarenta y cuatro, en León, encuadernado en cartones y cuero colorado.— En 4 reales. (E.) El Consulado, en catalán, impreso año de mil y quinientos y diez y ocho, en folio; encuadernado en pergamino.— En 2 reales. (S. L.) Las honras que se hicieron en Bruselas del Rey D. Fernando, impreso en pergamino con las primeras hojas iluminadas, en folio.— En 2 reales. (S. L.) El viaje del Principe D. Felipe, recopilado por Estrella, impreso año de mil y quinientos y cincuenta y dos; encuadernado en cartones dorados, en folio.— Tasado en 12 reales. (E.) En cuarto. Ovidio Metamorphossios, de Ludovico Dolce, en italiano, impreso año de mil y quinientos y cincuenta y tres, en cuarto mayor; encuadernado en cartones dorados. — En 12 reales. (E.) Comentarios de Albar Nuñez Cabeza de Vaca; con cubierta carmesi, impreso año de mil y quinientos y cincuenta y cinco.— En 2 reales. (E.) Libro de los títulos y descendencia del Rey D. Phelipe, nuestro señor, hecho por Jacobo Maynoldo, impreso en pergamino año de mil y quinien- tos y setenta y tres; encuadernado en pergamino, iluminado.— En 4 rea- les. (S. L.) Canciones en alabanza del Rey D. Felipe, nuestro señor, en francés; en- cuadernado en cartón y cuero colorado: autor Christobal Plantino, dupli- cado, el uno encuadernado en terciopelo carmesi labrado, y el otro en cuero colorado retocado. — En 4 reales. (S. L.) Tratado de la manera de fortificar las ciudades, de Juan Baptista de Zanchi, en italiano, impreso año de mil y quinientos y cincuenta y cuatro; encuadernado en pergamino.— En un real. (S. L.) Un libro intitulado ínterin, en tudesco; encuadernado en cuero negro, en cuarto.— No es de valor. (S. L.) Recopilación de cartas entre el Emperador Carlos V y Francisco, Rey de Francia, en francés; encuadernado en cartones y cuero negro. — No es de valor. LA LIBRERÍA DE FELIPE U 49 Historia de los corporales de Daroca, impresa año de mil y quinientos y cincuenta y tres; encuadernado en cartones, cubierta de cuero colorado. — No es de valor. Libro Dechado de labores, impreso año de mil y quinientos y cuarenta y tres; encuadernado en pergamino. — No es de valor. Libro de cifras en intaliano, de Pico Comino Fedili; encuadernado en cartones cubiertos de tafetán, en cuarto.— En un real. Un libro de los breves y sentencia en favor de la Reina Dona Catalina de Inglaterra; encuadernado en pergamino.— No es de valor. En ocho, impresos. Primera, tercera, cuarta y quinta Décadas de Tito Livio, en latín, con las anotaciones de Enrico Qlareano, en cinco cuerpos, impresos año de cuarenta y dos, del Grifo; encuadernados en cartones cubiertos de cuero negro.— En 24 reales. (E.) Polibio, historiador, del Grifo, impreso año del cuarenta y dos; encua- dernado en papelón y cuero negro. — En 4 reales. (E.) Historia romana de Utropio, en latín, impreso año de mil y quinientos y cuarenta tres, en cartones y cuero negro. — En un real. (E.) Historias de Paulo Emilio de los Reyes de Francia, en latín, impreso ano de mil y quinientos y cuarenta y ocho; encuadernado en papelón y cuero negro.- En 3 reales. (E.) Comentarios de César, en latín, impreso año de cuarenta y tres; encua- dernado en papelón y cuero colorado, plateado. -En 2 reales. (E.) Pomponio Mela, Julio Solino y el Itinerario de Antonino y Víctor, de Urbe romana, y Dionisio Afer, De situ orbis, en latín, impreso año de mil y quinientos y veinte y seis; encuadernados en cartones y cuero negro.— En un real. (E.) Suetonio Tranquilo, en latín, del año de treinta y cuatro; encuaderna- do en papelón y cuero verde, dorado.— En 3 reales. (E.) Los comentarios de la guerra de Allemaña, de D. Luis de Avila, en la- tín, Imperial, año de mil y quinientos y cincuenta; encuadernado en pape- lón y cuero colorado, dorado.— En 2 reales. (S. L.) P. Guillermo Antolín. (Continuará.) o. s. a. REVISTA CANÓNICA Sagrada Congregación de Ritos. I Urbis et Orbis. DE MISSA VOTIVA SOLÉMNI SSMI. SACRAMENTI, VEL DE PACE, OMITTENDA IN ORATIONE XL HORARUM, DIE COMMEMORATIONIS OMNIUM FIDELIUM DEFUNC- TORUM Ex Constitutione Apostólica Incraentam Altaris Sacriflciam Ssmi. Dni. nostri Benedicti Papae XV diei 10 augusti 1915 permittitur Expositio Ssmi. Sacramenti pro Oratione XL Horarum etiam die Commemorationis om- nium fideli um defunctorum. Attamen Misae de Requie cum vestibus sacer- dotalibus colorís violacei non sunt celebrandae ad Altare Expositionis. Per eandem Constitutionem et subsequentem S. R. C. declarationem seu Decretum Urbis et Orbis, diei 28 februarii 1917, Commemoratio om- nium fidelium defunctorum Festis solemnioribus primaiiis ritus duplicis primae classis aequiparatur. Hisce praemissis, quaeritur: Licebitne adhuc celebrare unicam Missam solemnem de Ssmo. Sacramento, vel de Pace, de qua sermo est in Instruc- tione Clementina et in Decreto geneali S. R. C, n. 3864, diei 9 iulii 1895, ad 4, pro Oratione XL Horarum, quando dies expositionis vel repositionis, aut medius, incidit in diem Commemorationis omnium fidelium defun- ctorum? Sacra Rituum Congregatio, audito specialis Commissionis suffragio, praepositae questioni, ómnibus sedulo perpensis, respondendum censuit: Negative, et ad mentem. Mens autem est: «In Ecclesiis ubi die Commemorationis omnium fide- »lium defunctorum fíat Oratio XL Horarum cum Ssmo. Sacramento solem- REVISTA CANÓNICA 51 »niter expósito, huiusmodi expositio sequatur, repositio vero cum pro- >cessione praecedat Missam cantatam de die Commemorationis omnium »fídelium defunctorum.» Et Sacra eadem Congregatio, approbante Ssmo. Domino nostro Benedicto Papa XV, ita rescripsit, declaravit et servari mandavit. Die 26 februarii 1919. >í< A. Card. Vico, Ep. Portuen. et S. Ru- finae, S. /?. C. Praefectas. II Dubiuin. Rmus Ordinarius Albinganensis Dioecesis a Sacra Rituum Congrega- tione sequentis dubii solutionem bumiliter expostulavit, nimirum; Utrum, attenta Constitutione Apostólica Incruentum Altaris sacrifi- ciam, diei 10 augusti 1915, in Commemoratione Omnium Fidelium defun- ctorum, liceat canere Missam pro defuncto, praesente cadavere? Et Sacra Rituum Congregatio, audito specialis Commissionis voto, ómnibus sedulo perpensis, rescribendum censuit: Affirmative, iuxta Rubricas et Decreta. Missa autem sit una ex tribus Missis quae dicuntur in Commemoratione Omnium Fidelium defuncto- rum: et Orationi Missae addatur Oratio pro defuncto, sub única conciu- sione. Atque ita rescripsit et declaravit, die 10 ianuarii 1919. >í< A. Card. Vico, Ep. Portuen. et S. Rufínae, S, R. C. Praef acias. III DE BENEDICTIONIBUS ET SACRAMENTALIBUS PRO CATECHUMENIS Rmus Dñus Ludovicus Martrou, e Congregatione Spiritus Sancti, epi- scopus titu!. Corycen. et vicarius apostolicus Gabonen., a S. Rituum Con- gregatione reverenter expostulavit: «An benedictiones imprimis impertiendae catholicis quae, iuxta can. > 1.149 Codicis luris Canonici, dari queque possunt catechumenis, intelli- »gi debeant etiam de sacramentalibus publicis ac proinde admitti possint »catechumeni ad impositionem cinerum, traditionem candelarum et pal- >marum? Et Sacra eadem Congregatio, audito specialis Commissionis suffragio, ómnibus perpensis, respondemdum censuit: affirmative, Atque ita rescripsit ac declaravit, die 8 martii 1919. >í< A. Card. Vico, Ep. Portuen. et S. Rufínae, S. R. C. Praefecíus. 52 REVISTA CANÓNICA IV Dnbium. DE NOMINE ANTISTITIS EXPRIMENDO IN CANONE MISSAE Ex canone 294 Codicis luris Canonici, ubi legitur «Vicarii et Praefecti »Apostolici iisdem iuribus et facultatibus iti suo territorio gaudent, quae >in propriis dioeccsibus competunt Episcopis residentialibus, nisi quid » Apostólica Sedes reservaverit», exortum est et Sacrae Rituum Congrega- tioni propositum, pro opportuna declaratione, sequens dubium, nimirum: «An Vicariis et Praefectis Apostolicis de novo iure competat, in proprio territorio, ut nominentur in Canone Missae?» Et Sacra eadem Congregatio, audito specialis Commissionis voto, atten- to etiam can. 2et altero 308 Codicis luris Canonici omnibusque perpensis, respondendum censuit Negativa iuxta rubricas et decreta; quia de iure adhuc vigente, in Canone Missae, post verba Antisiiíe nostro exprimen- dum est tantum nomen Patriarchae, Archiepiscopi et Episcopi qui sint Or- dinarii loci, et in propria Dioecesi. Atque ita rescripsit et declaravit, die 8 martii 1919. ^ A. Card. Vico, Ep. Portuen. et S. Rufinae. 5. R. C. Praefectus. L. >í< S. Alexandre Verde, Secretarias. bibliografía Les cathoUques franjáis et l'Aprés-Guerre, par l'Abbé Beaupain.— Un vol., de 157 págs., en 8.».— Bloud et Gay, éditeurs.— París-Barcelone, 1918. Mucho se ha ilustrado en el vecino país el tema de las orientaciones que deben seguirse como fruto de las enseñanzas de la guerra. Unos estu- dios han versado sobre la dirección intelectual, tan descaminada en toda la edad moderna, y otros sobre el porvenir económico, que tantos proble- mas entraña. El libro que tenemos a la vista, no es nada de eso; se refiere, principalmente, pudiéramos decir exclusivamente, a los problemas de ac- ción religiosa y moral, en cuya solución deben emplear su actividad los católicos, para que el resurgimiento de la patria sea más eficaz y más com- pleto. En cinco capítulos desarrolla su pensamiento el autor. Después de al- gunas reflexiones muy generales sobre el actual estado religioso de Fran- cia, en que tanto han influido las enseñanzas del conflicto mundial, habla el autor, con alto sentido patriótico, de la reforma y progreso de la vida cristiana en las diferentes clases sociales y expone la orientación de salud que debe darse al problema de la educación por parte de los católicos. En uno y otro punto señala el autor las deficiencias habidas, las faltas notadas que deben enmendarse para mejor prosperidad moral y religiosa del país. Dedica otro capítulo muy interesante a las relaciones mutuas entre los ca- tólicos franceses, indicando las condiciones de la unión que han de mos- trar en su conducta y en sus sentimientos, así como las condiciones en que deben desarrollar su acción social para mayor eficacia de su apostolado en el bien de la patria. La exposición de los deberes de los católicos con rela- ción a los que no comparten las mismas creencias llena el último de los capítulos y completa el tratado de una materia que encierra verdadero in- terés, y cuyo estudio se recomienda con su sola enunciación: La importancia del libro no está solamente en los asuntos que se dilu- cidan en cada uno de sus capítulos, sino también, y muy especialmente, en la forma de exposición, animada toda ella por reflexiones del orden sobre- 54 BIBLIOGRAFÍA natural que vienen a reforzar los argumentos de la ética natural dándole los atractivos de un divino apostolado.— -fí. R. La emperatriz Isabel, por el limo. Sr. D. Javier Vales Failde, rector de la Universidad Católica. Correspondiente de la Real Academia de la Histo- ria.—Madrid.— Tip. de la Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos, Olóza- ga, 1.— 1917. Ya nos cuenta en el prólogo el ilustrado Sr. Vales Failde el origen y las causas que motivaron la publicación de la presente obra: el origen es una serie de conferencias dadas a las señoras en la Universidad Católica a raíz del nombramiento del autor de este libro para rector de la misma y para desempeñar la cátedra de Estudios sociales femeninos, cargos que vino a ocupar al cesar en los mismos el que fué elevado a la Sede episcopal de Barcelona, Sr. Reig Casanova. Ante las lecciones del sabio autor, las se- ñoras asistentes a las conferencias se entusiasmaron con la excelsa figura de la emperatriz Isabel y rogaron al ilustre conferenciante que las publica- ra en forma de libro; así lo hizo, «cambiando únicamente la forma, que es la de un libro, para que haya más unidad». El carácter, pues, de la obra no es (ya lo dice también el autor) un libro empedrado de citas, ni una novela histórica, sino una semblanza de la emperatriz y reina Isabel, una vulgarización de la vida de tan alta señora^ modelo de madres, de esposas, de hermanas y de reinas. Para dibujar esta figura en toda la plenitud de su majestad y grandeza ha utilizado el sabio autor multitud de documentos con los que nos pre- senta a la Emperatriz en su verdadero retrato, descartando cuidadosamente todo aspecto legendario o novelesco, con lo cual consigue sembrar y di- fundir las virtudes cívicas de que tan necesitada se halla la sociedad con- temporánea, y de que tan alto ejemplo dio la amantísima esposa del invicto cesar español. — P. Gutiérrez. Cours de Psychologie et de Philosophie.— I. Psychologie, par T. Baudin, pro- íesseur au CoUége Stanislas. Paris, ancienne librairie Poussielgue. J. de Gigor, éditeur. 15, rué Cassette. 1917.— Un vol., en 4.^, de V-618 págs. Forma el presente tomo el primer volumen del curso de Filosofía aco- modado a los programas por lo que está regulado su enseñanza en la veci- na República. Esta circunstancia nos explica la elección y distribución de material y el método seguido por el autor en la exposición de las mismas. No es un tratado de Psicología empírica, de esa Psicología meramente po- BIBLIOGRAFÍA 55 sitiva, que estudia el conjunto de sentimientos, pasiones, inclinaciones y há- bitos, que constituye la fisonomía moral de un hombre, su carácter y su personalidad; no es tampoco una Psicología metafísica del principio subs- tancial e inmaterial, raíz y causa última de todos los estados de conciencia. Es una Psicología científica, como se complace en llamarla el autor, una investigación de los diferentes grupos de fenómenos psíquicos, análisis de los mismos y su explicación por medio de las leyes a que están sujetos. Trazado el plan, el autor lo va desarrollando con maestría verdadera- mente singular, que delata al profesor, que durante muchos años ha procu- rado asimilarse bien la asignatura a fin de poderla comunicar con toda claridad y no falta de interés a sus discípulos. En veinte y siete capítulos está dividida toda la materia. Todas las cuestiones están admirablemente enfocadas y desarrolladas; y si acaso se echa de menos la erudición de que se suele alardear hoy en toda clase de textos, y en especial en los de Filo- sofía, esta misma supresión, intencionada por otra parte, de las innumera- bles opiniones y teorías en alguna cuestión determinada, resulta una ven- taja indiscutible para aquellos a quienes va dedicada la obra. La claridad en la exposición y el complacerse el autor en multiplicar los símiles y las comparaciones con el fin de llamar más eficazmente la atención de los lectores sobre alguna doctrina importante o consecuencia práctica, son adornos que hacen muy agradable la lectura de las doctrinas algunas veces un tanto abstrusas por la misma índole del asunto. Nos atre- veríamos a augurar a este primer volumen de M. Baudin una gran difusión entre nuestros jóvenes estudiosos, si hubiera alguno que lo vertiese a nuestro idioma en lenguaje claro y elegante, como lo es, sin duda alguna, el del original. — P. V. Burgos. Episodios de la Guerra Europea.— Casa editorial de Alberto Martín.— Conse- jo de Ciento, 140.— Barcelona. Hemos recibido los cuadernos Q7, 98, 99 y 100 de la notabilísima obra que viene publicando la Casa editorial arriba citada y que está escrita por el reputado periodista Sr. Pérez Carrasco con información muy documen- tada sobre la historia de la conflagración europea. Los cuadernos que tenemos a la vista, de 20 a 30 páginas cada uno, se refieren a los episodios que tuvieron lugar en Gallípoli y a las circunstan- cias de la entrada de Italia en la Guerra. Varias ilustraciones companan al texto y algunas láminas realzan el valor de la empresa, contribuyendo todo ello al acrecentamiento del interés que inspira su lectura.— P. B. 56 BIBLIOGRAFÍA EsUmpas serie «Alfa». —Librería Católica Internacional.— Claris, 82. -Bar- celona. De muy buen gusto es la colección de estampas de la serie «Alfa» con que la Casa editorial de Luis Gili, de Barcelona, inaugura las series que tiene en proyecto y en vías de ejecución. Son notables, no sólo por la no- vedad de su presentación material, sino, lo que las hace aún más recomen- dables, por su valor piadoso y artístico. Consta actualmente la serie «Alfa» de 44 modelos (tamaño, 55 X 105 milímetros). También ha publicado un bello recordatorio de Primera Comunión, que representa a Jesús Eucarístico, y está impreso en papel couchéf con artística orla dorada que acrecienta la riqueza del conjunto. Este recordatorio se ha impreso con texto castellano, catalán y portu- gués. Derecho Sacramental y Penal especial. Con arreglo al novísimo Código de Pío X promulgado por Benedicto XV, a las declaraciones subsiguientes de la Santa Sede y a las prescripciones de la disciplina española y de la América Latina, por el P. Juan B. Ferreres, S. J. Un vol., de 550 páginas, en 4.*— E. Subirana, editor, Puertaferrisa, 14, Barcelona. Cuantos conocen las Instituciones Canónicas^ del P. Ferreres, editadas ya por segunda vez desde la promulgación del nuevo Código de Derecho canónico, se felicitarán con seguridad al tener en sus manos esta obra im- portantísima, que es una adición feliz y muy necesaria para que resulte completo el comentario de la nueva legislación canónica. Son dos los tratados que encierra: el Derecho Sacramental^ con aten- ción preferente a los Sacramentos del Orden y del Matrimonio, y el Dere- cho Penal especial, en que se expone todo lo legislado acerca de la mate- ria hasta los momentos actuales. Añádese un tercer tratado a manera de complemento con la exposición de los títulos XVIIl y XXX-XXXII de libro IV, por su conexión con el Derecho Penal especial. Como destinada la obra para profesores de Derecho canónico y alum- nos en Seminarios y Universidades, abogados y sacerdotes con cura de almas, los tratados ofrecen la conveniente extensión, particularmente el del Sacramento del Matrimonio, que abarca más de doscientas páginas, con una exposición muy completa de cuantas cuestiones, así canónicas como morales, a esa materia se refieren, incluyendo, además, para mayor ilustración de los estudiosos, gran parte de la disciplina ya fenecida, cuyo conocimiento tanto contribuye, aunque por modo indirecto, a esclarecer BIBLIOGRAFÍA 57 la legislación en vigor. Citar algunos de los puntos que se dilucidan en la obra sería empequeñecerla, a menos de dedicarle varias páginas, de que nos dispensa el nombre del autor, tan acreditado entre los doctos por su mucha competencia en estas materias y por las condiciones didácticas in- superables de que sabe revestir todas sus sobras. Muy sinceramente le felicitamos por este su nuevo acierto de tratadista meritísimo de la ciencia moral y canónica, como felicitamos también al ilustre editor Sr. Subirana, digno de todos los encomios por su coopera- ción en una obra que tan felizmente responde a las necesidades de la cien- cia eclesiástica.— fí. R. G, Anuario Eclesiástico 1919. (Edición española.)— Año V.— Un vol., de 974 pági- nas, en 4.o~Subirana, editor y librero pontifício.-Puertaferrisa, 14. -Bar- celona. Es el presente Anuario de los pocos libros que dan a conocer una parte del movimiento intelectual en nuestra nación y reflejan el cuadro eclesiás- tico con detalles de información sumamente útil para el conocimiento de un país. Trabajos de esta índole son comunes en otras naciones, y por lo mismo no hay palabras para alabar bastante la nobilísima empresa de la Casa editora. Contiene este volumen, entre otras materias de carácter doctrinal e in- formativo: Resena arqueológica, histórica y artística de las basílicas romanas se- gún el orden del ano litúrgico, a la que acompaña una espléndida infor- mación gráfica de los grandes templos. Relación de los 22.000 parroquias y tenencias de toda España, dividi- das en obispados, con datos estadísticos de cada población y 58 mapas sin relación ninguna con los publicados en años anteriores. Homilías sobre las epístolas del año con notas exegéticas y reflexiones morales, a las que sigue un resumen de las disposiciones canónicas ema- nadas de las Sagradas Congregaciones en ese lapso de tiempo; las efeméri- des del año eclesiástico y civil y un repertorio ideológico de lo publicado en periódicos y revistas católicas de España desde Octubre del año 1917 al de 1918. Ya hemos dicho la utilidad de esta publicación que desde hace cinco años viene dando a la luz el Sr. Subirana, cada vez con datos nuevos muy interesantes y de cuya bondad es garantía la aceptación que han obtenido las ediciones anteriores entre el clero secular y regular en España y en América.~P. B. 58 BIBLIOGRAFÍA LIBROS RECIBIDOS Instituciones del Derecho Eclesiástico con arreglo al novísimo Código de Derecho Canónico y según la Teología, la Apologética y la Filosofía e Historia del Derecho eclesiástico, con inclusión de la Disciplina Eclesiás- tica Española. Obra redactada para el uso de las cátedras y curias y de conformidad con el decreto de la Sagrada Congregación de Estudios del 7 de Agosto de 1917, por D. Dalmacio Iglesias.— Fascículo 2.°— Un volumen, de 730 págs., en 4.°— Hijos de J. Espasa, editores.—Cortes, 579. Barcelona. — Ricardo del Arco, cronista de Huesca y su provincia.- Dos ^ra/zc/es coleccionistas aragoneses de antaño (Lastanosa y Carderera).— Folleto, de 11 págs., en 4.° mayor. — Madrid.— Imprenta Moderna.— 1919. —Los amigos de Lastanosa. -Cartas interesantes de varios eruditos del siglo XVII.— Folleto, de 55 págs., en 4.^— «Revista Histórica*.— Valla- dolid.-19I8. —La inédita Iglesia de Santiago en Agüero.— FoW tío, de 28 páginas, en 4.°— Madrid.— Establecimiento Tipográfico Fortanet.— 1919. —Discursos leídos ante la Real Academia Hispano- Americana de Ciencias y Artes en la recepción pública del R. P. Tomás Lahorra, O. S. A. —Folleto, de 58 págs., en 8.<*— Cádiz.- Tipografía Comercial.— 1919. —J. V. Bainvel: La Divozione al S. Cuor^.— Storia e Dottrina.— Un volumen, de 500 págs., en 4.°— Milano.— Societá editrice «Vita e Pensie- ro».— 1919. — Cuestionario Teológico. Tomo W.—De Gracia y Virtudes, por el M. I. Sr. D. Francisco Salvador Ramón, Canónigo de la S. I. C. de Qua- dix.— Un vol., de 294 págs., en 8.°— Guadix.— Imprenta de la «Divina In- fantita».— 1919. — Dott. N. Casacca.— // Papa e L'Italia.-Vn vol., en 4.°, de 59 pági- nas.-Boiogna.—MCMXIX. CRÓNICA GENERAL Madrid-Escorial, 30 de Junio de 1919. ROMA Muchos periódicos han reproducido en compendio la carta encíclica que Su Santidad Benedicto XV ha dirigido al Episcopado alemán con mo- tivó de celebrarse este año el centenario duodécimo de la fecha en que San Bonifacio, mártir, comenzó su obra de la evangelización de los países ger- mánicos, prolongada durante cuarenta años de incesantes fatigas, y por último sellada con la sangre del martirio. El documento de nuestro Santí- simo Padre, que lleva la fecha de 14 de Mayo, al enaltecer la grandiosa ^g\x- xdi áú Apóstol de las tierras germánicas, constituye una lamentación de las calamidades que se agravan sobre el mundo, y en especial sobre los pueblos que San Bonifacio conquistó para la fe, y es un llamamiento deli- cado y paternal a las naciones para que abran paso a la benevolencia mu- tua y al afianzamiento de la unidad religiosa por los vínculos de la caridad. Aquel sentimiento de pacificación que inspiró todos los actos del Padre Santo durante la guerra, brilla con nuevos resplandores en este documen- to, donde se ve al Padre común de la cristiandad, elevado por cima de to- dos los odios, rivalidades y pasiones, compadeciendo a sus hijos que su- fren y suspirando por su bien. — Es ya oficial la erección de la Nunciatura Apostólica en la República de Polonia, y que Su Santidad ha nombrado para el cargo de Nuncio a monseñor Aquiles Ratti, Prefecto de la Biblioteca Vaticana, asignándole el título de Arzobispo de Lepanto. Antes, el Gobierno polaco había designa- do representante suyo cerca de la Santa Sede al profesor Kovalski. Desde Mayo de 1918 se hallaba en Polonia Mons. Ratti, a quien Su San- tidad envió como Visitador apostólico, y que encontró grata acogida entre los polacos. El Papa, que en su nota de paz a los jefes de los pueblos beli- gerantes hizo alusión al antiguo reino de Polonia, quiso manifestar su gozo por la independencia de aquel país y lo demostró en carta al Arzobispo de 60 CRÓNICA GENERAL Varsovia elevándole a la dignidad cardenalicia, como signo de sus predi- lecciones hacia la nación católica que de nuevo resurgía a la vida indepen- diente. Todo ello ha constituido el antecedente de este fausto suceso, que ha tenido por fin el establecimiento de las relaciones diplomáticas entre Polonia y el Vaticano. —En los días 2 al 5 de Junio se celebró en Roma el primer Congreso eucarístico diocesano, verificándose las sesiones en la iglesia de San Apo- linar, bajo la presidencia de Mons. Palica, y asistiendo en sitios de prefe- rencia el Cardenal Pompili, Vicario de Su Santidad, con otros Emmos. Car- denales y prelados de la Iglesia romana. En una de las sesiones intervinie- ron solamente los eclesiásticos, que discutieron los temas «Vida eucarística sacerdotal» y «El Apostolado del sacerdocio en las obras eucarísticas». En las otras sesiones intervinieron seglares también, discutiéndose temas muy interesantes. Se cerró el Congreso con una Vigilia de la Adoración Noc- turna en la iglesia de los Capuchinos, y al homenaje de los miembros del Congreso al Sacramento siguió el dedicado al Vicario de Cristo en el Vati- cano, pues todos fueron recibidos en audiencia por Su Santidad, que en la sala del Consistorio les dirigió un discurso de alientos para el Apostolado eucarístico. —UOsservatore Romano ha publicado el texto de la respuesta de Su Santidad al mensaje de los sacerdotes de la diócesis de Budweis (Bo- hemia) y de los miembros de la Congregación Marial, fundada por los re- dentoristas, haciendo un acto de adhesión a la Santa Sede y desautorizan- do y deplorando la aberración de los eclesiásticos — si bien en número muy reducido— que han intentado hacerse los promotores de inadmisibles reformas. El Papa expresa en dicha respuesta el consuelo que le ha proporcio- nado el mensaje, cuyos signatarios se declaran prestos, más que a mante- ner, a sacrificarse por la santidad de los deberes sacerdotales. Alaba asimismo los generosos sentimientos que demuestran, y que se- guramente serán ios de todo el clero de Bohemia: «Nos estamos seguros de la fe y de la devoción que ha brillado siem- pre en dicho clero, y Nos esperamos en que bajo el patronato de San Juan Nepomuceno, mártir incomparable de las virtudes, el clero de Bohemia, despreciando la temeridad de un pequeño número, permanecerá en sus deberes.» —Todos los prelados belgas han dirigido a Su Santidad un mensaje de adhesión, al cual ha contestado el Padre Santo en los siguientes tér- minos: «Con la más viva complacencia Nos hemos leído el mensaje que nos CRÓNICA GENERAL 61 habéis enviado el mismo día en que por vez primera habéis podido re- uniros, después de cuatro años de dolorosa separación. Vuestra carta recuerda la larga serie de calamidades que cayeron sobre vuestro país, cuyas consecuencias aun sufrís. Con gran delicadeza de corazón nos recordáis también nuestras so- lemnes protestas contra las injusticias y violaciones del Derecho cometi- das con Bélgica, así como nuestros esfuerzos por dulcificar tantos sufri- mientos, poniendo particularmente de manifiesto vuestra confianza inde- fectible en nuestra acción. Y en verdad que esta confianza no está desprovista de fundamento. De hecho, el estar animado de esta caridad universal que nos liga a todos nuestros hijos abrumados por el dolor y por la aflicción— caridad que tiene su origen en el Corazón de Nuestro Señor Jesucristo— , Nos no tenemos más remedio que mirar a vuestro pueblo con especial simpatía y sentir por él una particular conmiseración. Mientras que nos ocupamos con todo nuestro poder en llevar algún alivio a los sufrimientos de tantos hijos infortunados, no hemos cesado de trabajar jamás para restituir a vuestro querido país su plena independen- cia política, militar, económica, y para que sean reparados los daños que ha sufrido, Nos tenemos la plena conciencia de haber hecho por Bélgica y por su pueblo todo lo que nos era posible, todo lo que podía sugerirnos la radiante caridad de Cristo y la afección paternal más tierna. Por eso, venerables hermanos, nos es consolador oiros repetir que jamás habéis dudado de vuestro Padre, ni aun en los momentos más críti- cos; como también nos es muy dulce pensar que toméis parte hoy en una alegría que es la Nuestra, brindándonos la ocasión de ofrendar al Dios de las Misericordias un himno de acción de gracias. Y habéis querido igualmente recordarnos la invocación: «Que el Sa- grado Corazón de Jesús salve a Bélgica, que Él la eleve, que la vuelva des- pués de sus terribles pruebas más fuerte y más bella que antes.> Seguramente el Sagrado Corazón de Jesús lo mismo que la ha salvado, la ensalzará, y bajo el cetro de su valeroso Soberano, la volverá más bella y más fuerte, porque el pueblo belga, de ello estamos seguros, no dejará de cooperar a esta grandiosa obra, poniendo su confianza en este adora- ble Corazón, para merecer así su especial confianza. En prenda de esta resurrección, os concedemos con todo el alma la apostólica bendición a vos, a vuestros venerables hermanos, como también a vuestro clero y a todos los fieles confiados a vuestra solicitud,— Bene- dicto Papa XV.» 62 CRÓNICA GENERAL EXTRANJERO El día 28 de Junio se firmó la paz entre Alemania y sus adversarios, en la célebre Galería de los Espejos, del Trianón, de Versalles, produciendo el hecho gran alegría en pueblos y naciones sometidos durante cinco años a la presión más terrible que se conoció en la Historia. Por toda la Prensa se ha derramado, con profusión, el sentimiento admirativo y piadoso ha- cia las víctimas que cayeron en el horrendo choque. Con la firma del Tratado de Versalles, ha dado por terminada su la- bor el Consejo de los Cuatro. Wilson, embarcó al día siguiente, en Brest, con dirección a su país, y Lloyd George, deja, a lord Balfour, la represen- tación del Gobierno inglés en el Consejo interaliado, que habrá de seguir la obra de imposición a austríacos, turcos y búlgaros. Desgraciadamente, el vino de la paz tiene mucha agua. La Delegación china no ha querido firmar el tratado, como protesta contra las solucio- nes sobre sus territorios de Kiao-Tcheo y Chan-Tung; el Ministerio italia- no, presidido por Orlando, sucumbió sin arreglar la cuestión del Adriáti- co; en el Este de Europa sigue la amenaza bolcheviquista, y por todas par- tes el socialismo se desata en invectivas contra el tratado impuesto en Versalles. Continuará, durante anos, la ocupación de los territorios del Rhin, por los ejércitos anglofrancoamericanos, y esto demuestra hasta qué punto puede confiarse en la paz elaborada en París. Digamos los princi- pales acontecimientos de la quincena. Las modificaciones del tratado de paz,— k las contraproposiciones alemanas entregadas al Consejo de los Cuatro por Brockdorff Rantzau, el día 29 de Mayo, dieron aquéllos respuesta el 16 de Junio, que consignare- mos, cotejándola con el primer proyecto aliado y con el contraproyecto alemán, según estudio que de unos y otros documentos hace La Época: Cuestiones de principio.— En el documento alemán se establece que el tratado está en oposición con los catorce puntos de Wilson y con las de- claraciones de los estadistas aliados acerca del derecho de los pueblos y de la paz del derecho, citándose a tal efecto muchos textos. La respuesta de los aliados dice que no admite otra interpretación de la doctrina wíisoníana que la hecha por el propio Wilson, y recuerda a CRÓNICA GENERAL 61 Alemania su situación de país que ha fracasado en una formidable tenta- tiva de agresión amenazadora contra el mundo entero. Liga de Naciones: Proyecto aliado.— Cons'xáersi la Sociedad de Nacio- nes como la prolongación universal de una coalición victoriosa, mantenida para garantir la ejecución del tratado de paz e impedir toda tentativa de desquite de los vencidos. Contraproyecto alemán. — Considera la Sociedad de Naciones como el órgano de una reconciliación inmediata de los antiguos enemigos, que se aproximarían trabajando en común para la reparación de las ruinas. En estas condiciones, Alemania aceptaría reducir su ejército a 100.000 hom- bres y suprimir su flota de guerra, bien entendido que todas las potencias seguirían el ejemplo del desarme. Proyecto definitivo.— Ldi concepción inicial de la Sociedad de Nacio- nes es mantenida, pero se deja entrever la admisión de Alemania en un próximo porvenir t si se conforma a las obligaciones internacionales. La reducción del ejército alemán a 100.000 hombres se aplaza hasta el 31 de Marzo de 1920, fecha de la expiración del último septenado militar de 1913. La disminución se hará progresivamente partiendo tres meses después de la firma de la paz de un efectivo de 200.000 hombres. Cuestiones territoriales: Proyecto aliado. —Los aliados reclamaban el abandono puro y simple de la Alsacia-Lorena de 1870, de Posnania, de Alta Silesia y una parte de Prusia occidental, con una faja conducente al Dantzig. Este gran puerto del Vístula, y el puerto secundario de Memel eran internacionalizados. Se preveían, además, plebiscitos en la regencia de Allenstein (Prusia oriental), en tres zonas del Slesvig, en los distritos de Eupen y de Malmedy, cedidos a Bélgica; y en la cuenca del Sarre, in- ternacionalizada en un período de quince años, y cuyas minas de carbón pasan inmediatamente a ser propiedad de Francia. Contraproyecto a/ema/z.— Alemania consiente en abandonar, bajo re- serva de la garantía de derecho, a las minoridades alemanas, los territorios indiscutiblemente extranjeros (Posnania). Recíprocamente, se niega a toda discusión sobre los territorios que considera precisamente alemanes (Alta Silesia, Prusia occidental, Slesvig meridional, Eupen y Malmedy). Las sali- das marítimas de Polonia sólo se asegurarían por zonas francas. Para casos dudosos, Alemania reclama un plebiscito, insertando entre ellos la Alsacia-Lorena. Proyecto definitivo.— Lb. respuesta de los aliados admite la demanda alemana en lo que concierne a la garantía de las minorías. Se verificará un plebiscito en la Alta Silesia, en un plazo de seis a diez y ocho meses. El plebiscito es abandonado en el Slesvig meridional. Por el contrarío, 64 CRÓNICA GENERAL se mantienen íntegramente las decisiones adoptadas para la Prusia orien- tal (regencia de Allenstein), para Prusia occidental, Dantzig y Memel. Tam- bién se rechazan de plano las proposiciones alemanas sobre Alsacia-Lore- na y los distritos belgas. Colonias: Proyecto fl//aí/í).— Abandono puro y simple de las colonias alemanas y de Kiao-Tcheo. Contraproyecto alemán.— Las colonias alemanas se colocarán bajo la intervención de la Sociedad de Naciones, con mandato de administración reservado a Alemania. Indemnización por las pérdidas que supone el aban- dono de Kiao-Tcheo. Proyecto definitivo. — Se mantienen las decisiones primitivas. Política mundial: Proyecto de los aliados.— Ktnuncia. pura y simple de Alemania a todos sus derechos e intereses en el exterior. Liquidación total de todos los bienes públicos y privados. Aceptación de antemano de todos los reglamentos ulteriores de la cuestión internacional. Entrega de toda la Marina mercante y de una parte de la flotilla fluvial y de pesca. In- ternacionalización del Oder y del Elba. Confiscación de cables telegráficos. Contraproyecto fl/emárz.— Alemania reclama el reslablecimiento de los derechos privados tan pronto como cesen las hostilidades. Rechaza toda traba comercial, colocándose en el terreno de la libertad económica. Re- clama sus cables y sus buques. Todo lo que acepta es gravar sus barcos en una combinación internacional reguladora del flete. Proyecto definitivo.— E\ proyecto inicial se mantiene bajo reserva de que la admisión de Alemania en la Sociedad de Naciones provoque una revisión. Reparaciones: Proyecto aliado.— -Alemanm debe comprometerse a re- parar todos los daños causados por la guerra a todos los aliados. Los barcos destruidos serán reemplazados, tonelada por tonelada, cons- truyendo los astilleros alemanes 500.000 toneladas por cuenta de los ven- cedores. Las pensiones de las víctimas de la guerra y los gastos de ocupa- ción militar durante quince años serán de cuenta de Alemania. El total de indemnización se fijará antes del 31 de Mayo de 1921. Alemania pagará 100.000 millones de marcos mientras el total se fija, y de ellos 20.000 an- tes de fin de 1920. Una Comisión de reparaciones compuesta exclusivamente de aliados, fijará las contribuciones anuales, e intervendrá los recursos de los alemanes. Contraproyecto alemán.— A\tman\a no se estima obligada a reparar más que las pérdidas sufridas por los particulares en Bélgica y en el nor- te de Francia, y por los marinos aliados en actos de violación del Derecho de gentes. CRÓNICA GENERAL 65 Pide que se fije inmediatamente la indemnización, sin que pueda exce- der de 100.000 millones de los cuales pagará 20.000 millones antes de fin de 1926. Se rechaza la Comisión de reparaciones como atentatoria a la so- beranía alemana. No se admite el pago de los gastos de ocupación militar. Sólo se quiere entregar el 10 por 100 del tonelaje fluvial. Proyecto definitivo.— A\tman\si dispondrá de un plazo de cuatro meses para hacer proposiciones financieras firmes, y los aliados las discutirán. Mientras se mantiene el proyecto inicial. Responsabilidades: Proyecto de los aliados.— Gu'iWermo II será juz- gado por un Tribunal internacional, y los alemanes culpables de violacio- nes de las leyes de la guerra serán conducidos ante Tribunales milita- res aliados. Contraproyecto alemán. — Ningún alemán puede ser entregado a ex- tranjeros.—Investigación internacional sobre los orígenes de la guerra. Proyecto definitivo. — Se mantienen las conclusiones primitivas. Crisis alemana. — La respuesta definitiva aliada llevada en persona por Brockdorff Rantzau a Berlín, más la carta de M. Clemenceau, verdadero amasijo de todas las recriminaciones odiosas, produjeron en Alemania terrible impresión. El Vorwaerts, órgano del socialismo mayoritario, decía en uno de sus artículos de fondo que «la respuesta de los aliados parece más a una nue- va declaración de guerra que a la paz. El sentido común no participó en la redacción de este tratado, que respira odio irreconciliable. Continúa siendo la paz de violencia. Es la primera vez que en la Historia se insulta de tal modo a un pueblo que quiere hacer la paz. Si la Entente llama a la guerra el crimen más gran Je de la Humanidad, no otra cosa es esta paz. Dentro de los cuatro próximos días si va a tomar la más grande decisión de la Historia. Sin embargo, no sería una decisión definitiva, porque el pueblo alemán no abandonará la lucha por la justicia y la existencia. ¡Ojalá pueda ahora tener la fuerza de continuar la lucha, declarando: no!» Otros periódicos hablaron de las consecuencias que se seguirían de no firmar las condiciones de paz. «El bloqueo — decía la Gaceta de Voss— no excluye los movimientos de tropa*?. Todos los puertos del Rhin, Essen y las minas de carbón de la cuenca del Rhur serían requisados. No se pue- de oponer ninguna resistencia. También es seguro que los polacos ataca- rían en el fíente Este. El Gobierno de Scheidemann y de Noske podría provisionalmente mantenerse contra la agitación espartaquista; pero ¿qué será del pueblo alemán, falto de carbón? Los ferrocarriles tendrían que paralizarse; no po- 66 CRÓNICA GENERAL drían hacerse las cosechas; las ciudades estarían sin víveres, sin gas, sin electricidad; las industrias sin primeras materias. La imaginación no puede concebir lo que pasaría ni el dolor y la vergüenza que provocarían nuevas condiciones. El enemigo ocupará, sobre todo, los territorios que creyera poder se- parar del resto del Imperio. Se tenderá un cordón entre el Norte y e! Sur; y el Sur, privado de todo, deberá entregarse al vencedor. Hannover será ocupado, y la misma suerte correrán las provincias marítimas. Por todas partes se proclamará la República, y los aliados considerarán con tranqui- lidad el avance hacia una República sovietistaen Berlín, República que no les molestará más que la República sovietista de Budapest. Alemania que- daría hecha astillas como antes de Bismarck y de Federico. La gravedad del momento determinó inmediatamente discrepancias en el seno del Gobierno alemán presidido por Scheidemann, mostrándose partidarios de la firma los ministros Erzberger, Bell, Wissel y Schmidt, con- tra el parecer de otros que, con Brockdoff-Rantzau, opinaban que no debía firmarse. La cuestión se llevó a la asamblea de Weimar, donde los partidos nacionales, demócrata y popular alemán se manifestaron contrarios a la firma, siendo de opinión favorable los socialistas mayoritarios. A éstos se unían los socialistas minoritarios independientes, que optaban por firmar para luego no cumplir, y además la mayoría del partido católico del centro, que se inclinaba por la firma del tratado, pero con la salvedad de las cláu- sulas referentes a la responsabilidad única de Alemania en la guerra y a la entrega de los jefes militares. En conjunto, de 421 miembros de la Asam- blea de Weimar, eran 275 los partidarios de la firma. En consecuencia de la división de opiniones entre los miembros del Gabinete y de que la mayoría de la Asamblea Nacional era contraria a la opinión del jefe del Gobierno, Scheidemann, se vio éste en la precisión de dimitir, y entonces se formó el Ministerio siguiente: Presidencia, Bauer; Negocios Extranjeros, Wermann Mueller; Interior, David; Hacienda y suplente de la Presidencia, Erzberger; Obras Públicas, Scklicke; Comunicaciones, Giesberts; Economía pública, Wilssel; Tesoro, Ayer Kaufbeuren; Transportes y ministro encargado de las colonias, Bell; Defensa nacional, Noske; Abastecimientos, Schinidt. Al presentarse en la Asamblea de Weimar el nuevo Gobierno, su pre- sidente, Bauer, hizo la siguiente declaración: «Reconozco que es infinitamente penoso para mí entrar en este nuevo Gobierno, cuyo primero y postrero deber ha de'ser el de concertar una paz injusta. La maldita obligación que pesa sobre nosotros hoy es salvar aquello CRÓNICA GENERAL 67 que aun podemos salvar. Lamento que los demócratas no formen parte del nuevo Gobierno, cuyo programa no es otro que el del Gabinete an- terior. En nombre del nuevo Gobierno me asocio a la indignación que en todos los países alemanes han producido las condiciones de paz que se nos imponen; pero he de suplicar a los señores diputados, en nombre de los intereses del pueblo alemán, no hagan cuestión de partido la acepta- ción o negativa de la firma. No creáis que aquellos que os inducen a no firmar son verdaderos amigos del pueblo; no creáis tampoco que aquellos que, obligados por la necesidad, se han decidido por la aceptación del tratado, sean gentes que no poseen ningún sentimiento de derecho nacional.» Hace la condenación severa de un tratado al que debe dar asentimien- to bajo una imposición inaudita. «El Gobierno debe tener en cuenta que no puede poner al pueblo frente a una crisis al cabo de cuarenta y ocho horas, porque la negativa a firmar no significaría ninguna modificación del tratado. Sólo sería un corto aplazamiento. Estando rota nuestra fuer- za de resistencia, no nos queda otra solución.» Se dio por mayoría un voto de confianza al Gobierno, y entonces el presidente, Bauer, hizo entregar en nombre del Gobierno nacional, por me- diación del embajador von Haniel, en Versalles, la siguiente nota, acom- pañada del resultado del voto de confiauza por la Asamblea nacional al Gobierno: «Desde el momento que supo las condiciones de paz de los Gobiernos aliados y asociados, el Gobierno de la República alemana no dejó duda al- guna de que tenía que considerarlas como contrarias a las bases que antes del concierto del armisticio habían sido aceptadas por los aliados y asocia- dos por una parte y Alemania por la otra, como condiciones para una paz. El pueblo alemán entero comparte este criterio. Fundándose en esta base jurídica y exponiendo claramente la situación de Alemania, al Gobierno alemán no ha dejado nada sin probar, a fin de llegara deliberaciones verbales para mitigar las condiciones insoportable- mente duras hasta el grado que permitiese a Alemania firmar sin reparos ^ei Convenio de Paz y garantizar su cumplimiento. Estos esfuerzos realizados en interés de! mundo entero por el Gobier- no de la República alemana, resultaron estériles ante la intransigencia ad- versaria. Las muy amplias proposiciones de la Delegación alemana sólo encon- traron buena disposición en muy pocos puntos; las concesiones hechas aminoran en medida muy reducida la gravedad de las condiciones. 68 CRÓNICA GENERAL En un ultimátum que caduca el 23 del actual, los Gobiernos aliados y asociados han colocado a la República alemana entre el dilema de firmar el proyecto de paz entregado o denegar la firma. En este último caso, un pueblo indefenso por completo tendría que soportar cargas aumentadas y obligado, además, a cumplir por la fuerza, y perdiendo, al mismo tiempo, el derecho a la vida que tienen todos los pueblos. Dada la aplicación de la violencia por parte de los Gobiernos aliados y asociados, el de la República alemana no puede defender ahora este sa- grado derecho de su pueblo; pero las potencias enemigas no pueden es- perar que un pueblo firme por convicción un instrumento de paz que arrebata miembros vitales de la nación alemana e impone cargas financie- ras y económicas insoportables al pueblo germano. El Gobierno alemán ha recibido desde los territorios que tiene que ceder en Oriente manifestaciones apasionadas del vecindario, diciendo que se opondrá por todos los medios a la separación de estos territorios, alemanes desde hace muchos siglos en su mayor parte. El Gobierno ale- mán se ve, pues, obligado a rechazar toda responsabilidad respecto a difi- cultades que pudieran surgir de una resistencia por parte de la población ante su separación de Alemania. De esto resulta desde luego que Alemania tiene que rechazar todas las cargas que resulten de esta insinuación hecha injustamente. Tampoco puede aceptar, por herir su decoro y honor, los artículos 227 al 230, que exigen la entrega de personas culpadas por los Gobiernos aliados y aso- ciados de haber faltado a las leyes internacionales y realizado actos con- trarios a las costumbres de la guerra, para ser juzgadas. Por lo demás, protesta el Gobierno de la República alemana enérgica- mente contra el despojo de todas sus colonias y de su justificación, que niega a Alemania la capacidad de colonizar para siempre, no obstante ocurrir en realidad lo contrario,como está comprobado irrefutablemente en las observaciones hechas por la Delegación sobre las condiciones de paz. El Gobierno de la República alemana supone que los Gobiernos alia- dos y asociados desean que Alemania hable claramente, tanto respecto a su buena voluntad como referente a sus reparos. Cree, pues, tener dere- cho a dirigir la siguiente justa pelición a los aliados y asociados, en vista de la siuiación violenta en que el pueblo alemán está a causa de las exi- gencias enemigas, situación que en grado tan transcendental y abruma- dor jamás fué impuesta a un pueblo, y apelando a las promesas hechas por los Gobiernos aliados y asociados en su memorándum de 16 de Junio de 1919, espera que considerarán la petición como parte esencial del con- venio. CRÓNICA GENERAL 69 Dentro de un plazo de dos años desde el día de la firma del convenio, los Gobiernos aliados y asociados entregarán el tratado actual para su examen al Consejo Supremo de las potencias, tal come sea creado por la Liga de los Pueblos, según el artículo 4.° Ante este Consejo Supremo, los plenipotenciarios alemanes gozarán de ios mismos derechos y privilegios que los representantes de las demás potencias contratantes del actual tratado. Al desear el Gobierno alemán firmar las exigencias de los aliados con la reserva citada, no lo hace voluntariamente. Declara solemnemente que su actitud debiera interpretarse en el sentido de que cede ante la violencia, decidido a evitar al pueblo alemán, que sufre inauditamente, una nueva guerra, la destrucción de su unidad nacional a causa de la ocupación de más territorio alemán, el hambre espantosa que mata a mujeres y niños, y la prolongación de la retención inhumana de los prisioneros de guerra. En vista de las formidables cargas que pesan sobre el pueblo alemán, éste espera que todos los prisioneros de guerra y civiles sean repatriados desde el 1.® de Julio en el plazo más breve. Alemania devolvió los prisioneros de guerra enemigos en dos meses. El Gobierno de la República alemana se compromete a cumplir las condiciones de paz que le fueron impuestas. Quiere, sin embargo, expre- sarse en este solemne momento con toda claridad, para rechazar desde un principio todo reproche de insinceridad que pudiera hacerse a Alemania ahora o más adelante. Las condiciones impuestos rebasan todo lo que Alemania es realmente capaz de cumplir, por lo cual el Gobierno de la República germana se cree obligado a manifestar que formula toda clase- de reservas y rechaza toda responsabilidad frente a las consecuencias que pudiesen recaer sobre Alemania, caso de que salga a la evidencia la impo- sibilidad de cumplir las condiciones, aunque la capacidad del pueblo fuera aprovechada hasta el último límite. Alemania concede, además, la mayor importancia a declarar que no puede aceptar ni cubrir por su firma el ar- tículo 231 del convenio de paz, que exige el que Alemania reconozca ser la única causante de la guerra. El mencionado Consejo pronunciará su fallo sobre todas las condicio- nes que mermen el derecho del pueblo alemán a regir sus destinos o que dificulten un desarrollo económico libre de Alemania, con igualdad de derechos. El Gobierno de la República alemana hace, pues, la manifesta- ción de su aprobación del tratado, exigida en la carta del 16 de Junio de 191Q, en la siguiente forma: El Gobierno alemán está dispuesto a fír-' mar el convenio de paz, sin reconocer, no obstante, que el pueblo alemán 70 CRÓNICA GENERAL sea el causante de la guerra, y sin el compromiso de entregar personas^ según los artículos 227 y 230 de! tratado. > A esta nota del Gobierno alemán contestó M.Clemenceau con la siguien- te carta al presidente de la Delegación alemana en Versalles: «Señor presidente: Las potencias aliadas y asociadas han examinado la nota de la Delegación alemana con fecha de hoy, y, debido al escaso tiem- po que queda, estiman su deber dar cuenta inmediatamente a aquélla. En efecto, el plazo de tiempo dentro del cual el Gobierno alemán ha de tomar la decisión definitiva sobre la firma del tratado no excede de veinti- cuatro horas. Los Gobiernos aliados y asociados han examinado con detenidísima atención cuantas observaciones fueron presentadas por el Gobierno ale- mán respecto al tratado de paz. Han contestado a ellas con entera franque- za y han hecho cuantas concesiones parecióles justo hacer. La última nota de la Delegación alemana no contiene ningún docu- mento ni ninguna observación que no haya sido ya sujeto a examen. Las potencias aliadas y asociadas se consideran, pues, obligadas a decla- rar que el momento de la discusión ha pasado y que no pueden avenirse a reconocer ninguna modificación o reserva, y se ven en la imprescindible obligación de exigir de los representantes alemanes una declaración inequí- voca de su voluntad de firmar y aceptar íntegramente o de negarse a ello en forma definitiva. Una vez haya sido firmado el tratado, las potencias aliadas y asociadas considerarán a Alemania responsable de la ejecución del mismo en todas cuantas estipulaciones le integran. Sírvase recibir, señor presidente, el testimonio de mi mayor considera- ción.—Firmado, Clemenceau.* La protesta alemana, — Ha sido el acontecimiento más ruidoso la des- trucción de la escuadra alemana por sus propias tripulaciones en el puerto inglés de Scapa Flow, donde había sido internada en los primeros días del armisticio. Las tripulaciones alemanas seguían en los buques bajo la vigi- lancia inglesa. Se recordarán las discusiones que hubo entre los aliados respecto de la suerte de la hermosa escuadra, la siguiente en poder a la inglesa, entre todas las del mundo. Franceses y norteamericanos eran partidarios de la repartición, pero los ingleses defendieron que no convenían a Francia ta- les buques y que procedía hundirlos. Así se hallaba la cuestión, cuando el día 21 de Junio apareció la noticia del hundimiento por los mismos ale- manes. CRÓNICA GENERAL 71 Entre los principales navios destruidos, se citan los siguientes: dread- noughís, Friedrich der Grosse, Koenig Alberi, Kaiser, Kronprinz Wilhem, Kaiserin, Bayern, Morghgraff, Prinz Regent Luitpold y Grosser Kur- fursi; cruceros de batalla Seydlifs, Derflinger, Yon der Tann, Hindenburg y Moltke; con otros muchos cruceros ligeros, sumando en total 400.000 toneladas con 100 cañones gruesos y 200 cañones de mediano calibre. Las tripulaciones quedaron prisioneras en los navios ingleses, habién- dose ahogado un número considerable de marinos. El hecho hizo estallar a los aliados en recriminaciones terribles, y mon- sieur Clemenceau lo apuntó como otra falta de honor de los alemanes. — Dentro de Alemania también se ha manifestado la protesta con ca- racteres violentos. Un telegrama de Berlín decía que cierto número de sol- dados pertenecientes a la llamada Guardia negra entró en el Arsenal de Berlín y se apoderó de las banderas capturadas a los franceses en 1870, y que según las condiciones de paz debían ser devueltas a Francia. Desfila- ron por la Unter der Linden y quemaron las banderas ante el monumento de Federico el Grande, en presencia de millares de personas. Por su parte la Prensa se hace eco de la indignación general. El perió- dico Breazzeitung úixildi su artículo «Finis Germaniae», y dice: «La revo- lución, que debía proporcionar la libertad del pueblo, le ha conducido a la esclavitud.» El Vorwaerts declara que la coacción ejercida por los enemigos para hacer firmar a Alemania desvaloriza a la firma alemana. La paz de Versa- lles— agrega— descansa sobre la violencia, y sólo tiene validez mientras dure la violencia. La firma misma es un acto de pura forma y sin valor, y al realizarlo, Alemania debiera dar expresión al desprecio que siente por esta paz ver- gonzosa para los adversarios. Seguramente vendrá para Alemania el día del renacimiento. Los acuerdos tomados en Weimar no representan la última página en la historia del pueblo germano.» — En cuanto a la protesta por el desacato al ex emperador alemán, la Liga de Oficiales Alemanes publicó un manifiesto lamentando no poder de- fender a su antiguo «Señor de guerra», y declarando que el Gobierno ale* man no debe consentir la extradición del Kaiser. La nota comenta las noticias procedentes de la Entente, según las cua- les los aliados siguen en su empeño de juzgar al K La Deutsche Allgemeine Zeitung escribe: «La retirada definitiva del mariscal del servicio militar pone un sello personal al término de la gran época militar de Alemania, tan estrechamente ligada con el nombre del caudillo. Con una energía inquebrantable, y cumpliendo su deber sin descanso, el generalísimo ha sido siempre fiel a la patria, siendo para todos un ejem- plo de heroísmo recto y sencillo, que será imperecedero. La firma de la paz es un hecho, y con ello desaparece para el generalí- simo de nuestro ejército gigantesco, desmovilizado tiempo ha y convertido entretanto en instrumento de la defensa nacional, todo motivo para seguir en su puesto, al que fué llamado hace casi cinco años, cuando estaba ya retirado del servicio. En el momento de su dimisión, Hindenburg da todavía un ejemplo de nobleza, pues aconseja encarecidamente al ejército que olvide en estos tiem- pos tan graves para la historia alemana las opiniones individuales, diri- giendo todos sus esfuerzos hacia el mantenimiento de la firmeza de nues- tra fuerza armada. Grande en las victorias, grande a la hora de la despedida; así quedará la figura de nuestro mariscal von Hindenburg grabada en los corazones del pueblo alemán.» La firma del tratado de Versalles. — Muy laboriosa resultó en Berlín la designación de los delegados que habían de trasladarse a Versalles, por negarse todos los candidatos a figurar en un momento de tan grave trans- cendencia para su patria. Hubo una conminación de los aliados al Go- 76 CRÓNICA GENERAL. bierno de Berlín, y entonces fueron designados los ministros Hermana Muller, de Asuntos Extranjeros, y Bell, de Vías y Comunicaciones, los cuales llegfaron a Versalles el mismo día 28 de Junio a las tres de la ma- drugada. La ceremonia, que estaba señalada para las tres de la tarde, revistió gran solemnidad. Desde la mañana salieron los trenes de París repletos de público para Versalles, donde muchos regimientos de infantería y caballería formaron inmediatamente la carrera que habían de recorrer los automóviles de los plenipotenciarios. El servicio en el interior del Pa- lacio de Trianón lo prestaban dragones armados con lanzas. Ha llegado la hora, y los plenipotenciarios toman asiento. «El espec- táculo— dice un corresponsal— es imponente. En el techo de la galería que representa la historia alegórica de Luis XIV, se ven escudos y pasajes, donde están escritas sentencias que en su mayoría tienen un sentido que conservan hoy. Se ven varias escenas en las que Francia, victoriosa, dicta la paz a sus enemigos vencidos. Encima del lugar donde se sienta Clemen- ceau, letras de oro sobre fondo blanco proclaman: «El Rey gobierna por sí solo.» Se invierten los ratos de espera en cambiar impresiones. Wilson, como muchos delegados, lleva un álbum de autógrafos. El presidente se muestra muy atento, y nadie deja de firmar en su álbum. Williams Mardn, director del Protocolo, acompañado de M. Fouquié- res Arnabon, advierte a M. Clemenceau que los delegados alemanes han llegado. En la sala se hace un silencio profundo. No se oye más que el vibrar de las armas y el lejano murmullo de la multitud. En el umbral de la galería de las Batallas aparecen, al fin, dos maceros del Ministerio de Negocios Extranjeros. Los delegados alemanes no son anunciados; entran en fila uno detrás de otro, discretamente, calladamente, en medio de un silencio glacial... Nadie se levanta de su asiento. Los plenipotenciarios alemanes se dirigen inmediatamente a las butacas de la izquierda del pre- sidente de la Conferencia; en el momento de tomar asiento se inclinaH ligeramente. Muller y Bell parece que no dejan de estar emocionados. Lanzan una rápida ojeada circular sobre la concurrencia, y después parecen sumirse en el estudio absorto de los programas de la sesión, que tienen colocados sobre los pupitres. Antes de la entrada de los plenipotenciarios alemanes, la Guardia republicana había envainado los sables, Monsieur Clemenceau, que presidía, teniendo a Wilson a su derecha y a Lloyd Qeorge a su izquierda, declaró abierta la sesión y pronunció h siguiente alocución: CRÓNICA GENERAL 77 «Señores: Se abre la sesión para firmar las condiciones del tratado de paz entre las potencias aliadas y asociadas y el Imperio alemán. El acuerdo está hecho y el texto redactado. El presidente de la Conferencia certifica por escrito que el texto que iba a ser firmado estaba conforme con el texto de los ejemplares entrega- dos a los delegados alemanes. Las firmas se van a poner en el texto original. Esas firmas valdrán como un compromiso irrevocable, que será cumplido y ejecutado en su integridad en todas las condiciones fijadas. En esas condiciones, tengo el honor de invitar a los plenipotenciarios alemanes a que se sirvan poner sus firmas.» Los plenipotenciarios de Alemania se levantan y, automáticamente, como entraron, se dirigen a la mesita Luis XV. Muller es el primero que coge la pluma, e inclinándose ligeramente sobre el pergamino, con mano nerviosa, que agita ligero temblor, pone su firma. Al levantar la cabeza, una lívida palidez cubre su rostro. Sin hablar una palabra, pasa la pluma a Bell. Este lo hace, después de firmar, a los restantes delegados. Cuando esta formalidad está terminada, los plenipotenciarios vuelven a sus puestos y la ceremonia de la firma continúa por la Delegación americana. Wilson se dirige rápidamente a la mesa, firma sonriente, limpiando previamente su anteojo, y vuelve a su sitio. Clemenceau lo hace con más calma: firma lentamente, con mano segura, y después que lo ha hecho dirige a los pe- ludos una mirada, donde brilla un relámpago de orgullo y de alegría, les dedica una sonrisa y vuelve a su sillón. Lloyd Qeorge y la Delegación británica firman; les sigue la Delegación italiana, formada por los señores Sonnino, Imperiali y Crespi. La Delegación japonesa cierra la firma de las grandes potencias, y co- mienzan a firmar las potencias de intereses limitados. Comienza la Delegación de Bélgica, y detrás de ella, Bolivia, Brasil, Grecia, etc. La última firma es la de los representantes del Uruguay, a las tres y cuarenta minutos de la tarde. Monsieur Clemenceau se levanta y dice: «Las condiciones de paz entre los aliados y asociados y Alemania están firmadas. Se levanta la sesión.» —A la firma del tratado ha seguido gran explosión de entusiasmo, sobre todo en Inglaterra y Francia. El presidente de la República francesa dio un banquete de gala en el Elíseo en honor de Mr. Wilson, que iba a salir para su país, y en ese banquete, al que asistieron individuos de todas las naciones representadas en la Conferencia, y de las neutrales, sólo Es- paña, por excepción, el presidente norteamericano hizo en un bi indis en- tre otras declaraciones: 78 CRÓNICA GENERAL «Al separarnos, dejamos terminado parte del trabajo; fijada dejamos la fórmula de la paz; pero queda apenas esbozado el plan de cooperación; éste se irá ensanchando y afianzando en los años venideros. Quedaremos siendo amigos, cooperaremos en labores que despertarán en nosotros comunes ideas sobre los deberes y derechos de los hombres en cada raza y en cada pueblo; logrado esto, habremos alcanzado impor- tantísimo resultado. Antaño firmaban las naciones contratos y pactos por tiempos definidos; pero jamás tuvieron esos pactos ni contratos la forma y concepto de asociación permanente como el tratado que acabamos de dejar redactado. La guerra actual ha sido declarada con evidente injusticia; deben, pues, las naciones coligarse para que en lo sucesivo resulte imposible a ninguna de ellas desencadenar tanta calamidad como la que hemos estado presen- ciando y padeciendo durante estos cinco años.» Terminó diciendo Mr. Wilson que ai dar el adiós a Francia lo hace tan sólo con los labios, por cuanto permanece de corazón en este noble y hos- pitalario país. «Levanto mi copa— dijo al final — en honor de la amistad francoamericana, por la prosperidad de Francia y por la comunión de los pueblos libres, en bien de la Humanidad.» Desconfianzas e impugnaciones del tratado.— E\ Journal dice que en cuanto terminó la ceremonia oficial de la firma del tratado de paz, los se- ñores Ciemenceau, Lloyd George y Wilson se encerraron en una sala del palacio con objeto de deliberar. Ciemenceau expresó primeramente que se trataba de determinar las medidas relativas a la ratificación del tratado; pero que Inglaterra y los Estados Unidos tenían que garantizar su ayuda a Francia en el caso de que se produjera un ataque no provocado. El texto de este documento no ha sido aun hecho público; pero es de desear que las potencias contratantes lo hagan cuanto antes. Este convenio no tiene menos importancia que el mismo tratado de Versalles. El 6 de Mayo, víspera del día en que las condiciones de los aliados de- bían ser sometidas a los alemanes, se anunció en una nota que Inglaterra y los Estados Unidos habían decidido garantizar a Francia contra toda agresión por parte de Alemania. Tanto al Parlamento británico como al Congreso americano deben ser sometidos los respectivos proyectos de ley autorizando a los Gobiernos de Londres y Washington para intervenir automáticamente a fin de defender a Francia contra todo ataque injustificado de sus adversarios de ayer. De este modo se salvarán de antemano los artículos constitucionales CRÓNICA GENKRAI. 7Q que subordinan en América lo mismo que en Inglaterra todo acto de gue- rra a una previa decisión del Parlamento. El sábado, poco antes de las doce, el presidente Wilson, Lloyd George y Clemenceau se han reunido en el Elíseo, en el gabinete de Poincaré para firmar el protocolo del compromiso de garantía. Se ha querido de propósito que coincida la firma de este documento con la del tratado de Versalles, que constituye, hasta que la Sociedad de las Naciones haya demostrado su eficacia, la garantía más fuerte de ejecu- ción del tratado. La coincidencia, pues, quiere claramente subrayar el espíritu de unión y la firme resolución de los Estados asociados en la discusión, así como en las decisiones. —Respecto de las impugnaciones del tratado para el socialismo, se ha hecho pública la determinación del Consejo federal socialista del Sena de impugnarlo en el Parlamento francés. Según Le Matin, después de varios discursos de tonos levantados, acordóse, por 6.800 votos y 10 abstenciones, hacer pública la siguiente mo- ción, que expresa el sentido del Consejo: «Los diputados socialistas deberán votar en contra del tratado de paz.» Después fué presentada otra proposición, por la cual se pide a los so- cialistas que se abstengan de tomar parte en las fiestas de la Victoria, que se han de celebrar el próximo día 14, por entender— dice la moción— que ese día es un día de luto para el proletariado. Uno de los delegados pronunció un discurso en apoyo de la anterior moción, diciendo que no sólo debe limitarse a tal acuerdo la actitud de los socialistas, sino que, además, todos ellos deben rechazar cuantas tarje- tas se les entreguen para distribuirlas entre el público. Otro diputado pidió la expulsión inmediata del partido de 20 diputados socialistas que votaron a favor de créditos militares en la Cámara. Comentando los resultados de esta votación, Le Matin pone de mani- fiesto cómo las teorías extremistas parecen haber ganado terreno. El diputado Longuet exhortó después a los delegados socialistas a dar muestras de sangre fría, para afrontar la situación, recordando que el par- lido socialista se había pronunciado ya categóricamente contra toda adhe- sión a la tercera Internacional, y que elía significaba que en sus decisiones no debe mostrar arrebato el elemento obrero. 80 CRÓNICA GENERAL Cambio de Gobierno en Italia,— E\ disgusto producido en Italia por las gestiones del jefe del Gobierno, Sr. Orlando, en la Conferencia de Pa- rís, se exteriorizó en el Parlamento, dando origen a la dimisión del Gabi- nete, que fué substituido por otro compuesto en la siguiente forma: Presidencia del Consejo e Interior, Nitti; Negocios Extranjeros, Titto- ni; Colonias, Luigi Possi; Gracia y Justicia, Mortara; Hacienda, Tedesco; Tesoro, Schanze; Marina e interinamente Guerra, contraalmirante Sachi; Instrucción pública, Baccelli; Obras públicas, Pantano; Transportes, De- vito; Agricultura, Visocchi; Industria, Comercio, Trabajo, Aprovisiona- miento y consumo de materias alimenticias, ingeniero Danti Ferrari; Co- rreos, Chimienti; Asistencia militar y prisiones, Dacomo; Territorios libe- rados, Cesare Navar. El ministro de Negocios Extranjeros, Sr. Tittoni, ha pronunciado un discurso en el Senado, en el que ha dicho, entre otras cosas, que el formar parte de la Delegación de la paz le obligaba a salir precipitadamente para París. Mientras todas las potencias han asegurado el reconocimiento de sus aspiraciones, para Italia queda en pie una dolorosa incertidumbre; pero nosotros defenderemos enérgicamente los intereses nacionales. Yo creo— dice— poder resumir brevemente la situación en los términos siguientes: los qonfines con la República austríaca y el Estado definido, como nosotros lo queríamos, en lo que toca al Adriático, después de la si- tuación creada por el mensaje del presidente Wilson y la tentativa de la transación del Sr. Tardieu, quedaron en pie nuestra petición del pacto de Londres, que Wilson nos reconocía y que los aliados admitían en su inte- gridad; esto es, con la cláusula que asigna Fiume a la Croacia. Enumera las decisiones adoptadas respecto a los diversos países y en cuanto se refiere a las colonias alemanas de África. Italia ha dado ya su adhesión a cuanto pedían Inglaterra y Francia; pero estas potencias no han correspondido con nosotros. Por lo tanto, ellos po- drán encauzar su vida en la paz, mientras que nosotros ninguna ventaja obtendremos si no se nos conceden nuestras reivindicaciones. Nosotros expondremos nuestros derechos como los de los demás paí- ses aliados, ya que nuestros sacrificios han sido los mismos. Al regresar diremos al país toda la verdad. No puede retrasarse por más tiempo que el pueblo italiano conozca el pacto de Londres.» Aludiendo a un discurso que pronunció en Niza en 1916, dice que en- tonces afirmó enérgicamente que las aspiraciones de Italia debían ser rá- pidamente aseguradas antes del término de la guerra. Recuerda el párrafo de otro discurso, en el que dice: CRÓNICA GENERAL 81 «Nosotros no podremos considerar una paz satisfactoria a aquella en la que no se dé la posibilidad de tratados de comercio equitativos, que no asegure el refuerzo y condiciones de materias primas; en la que no se tu- telen nuestras emigraciones, que no asegure nuestras posiciones en el Adriático y en el Mediterráneo, y en el que no se den elementos para hacer vivir nuestras colonias y se permita su desarrollo.» «La Delegación y yo — terminó el Sr. Tittoni — declaramos que nuestro programa se reduce a estas palabras: ¡Italianos, siempre! ¡Italianos, sobre todo!» ESPAÑA Del júbilo nacional por el advenimiento de la paz se ha hecho intér- prete en primer lugar S. M. el Rey D. Alfonso XIII y el Gobierno, que en calurosos telegramas han felicitado a todos los Gobiernos interesados principalmente en ella, concediendo al mismo tiempo en España un in- dulto general. Tampoco han faltado las felicitaciones del Parlamento, así como en toda la Prensa se han dado notas del regocijo por el éxito de nuestra neutralidad que de tantos males nos ha preservado y que con tanto tesón defendieron especialmente las clases conservadoras. — Con gran solemnidad se verificó el día 24 la apertura de las Cortes, produciendo gran interés la lectura del Mensaje por Su Majestad el Rey. En las sesiones que hasta la fecha se han celebrado, se ha visto el propó- sito de las izquierdas de dificultar la constitución del Congreso, siguiendo el acuerdo tomado en reuniones anteriores. Es el mal crónico en la políti- ca española y por cuya extirpación suspiran todas las gentes de orden. Mientras tanto el Gobierno ha suprimido la censura y prorrogado por de- creto los presupuestos para un mes. —De verdadera transcendencia fué la manifestación hecha el día 21 por los ingenieros civiles españoles ante S. M. el Rey. Desprovistos de toda mira política y atentos sólo al bien y al progreso de España, le en- tregaron un mensaje, por mediación del ministro de Fomento, en el que declaraban la necesidad de emprender una obra grande de reconstitución nacional. Dos motivos principales tenía la fiesta celebrada en la Escuela de Ca- minos: el homenaje que había de rendirse al ilustre ingeniero D. Juan Ma- nuel de Zafra, profesor de puertos y señales marítimas de la Escuela de Caminos, con ocasión de la entrega e imposición de las insignias de la gran cruz de Alfonso XII, otorgada por sus relevantes méritos, y el descu- brimiento de la lápida dedicada en la misma Escuela a la memoria del in- geniero D. Eduardo Escalona, como prueba de gratitud hacia el varón in- 82 CRÓNICA GENERAL signe que legó parte de su patrimonio al Cuerpo de Caminos, para que, convertida su renta en premio anual a los alumnos, sirviera a éstos de es- tímulo en el estudio de su carrera. A ambos actos quiso asistir el Monarca, dando soberano realce a la pa- triótica y nobilísima aspiración de la ingeniería española. «Los ingenieros españoles — decía el mensaje—quisiéramos que nuestra Patria realizara en plazo breve una completa transformación de la economía nacional, que, al propio tiempo que la engrandeciera, enalteciese los prestigios de su histo- ria; y como nuestra misión es aplicar la ciencia al desenvolvimiento de la riqueza, recabamos el puesto de honor que en esta empresa nos corres- ponde, sin más finalidad que la de aportar a ella un trabajo abnegado en beneficio de la prosperidad general. No desconocemos, señor, que la evo- lución de los tiempos va cambiando los timbres de grandeza de las nacio- nes, y nos consideramos obligados a proclamar que creemos que la hege- monía moderna está reservada a los pueblos que más produzcan y que mejor desarrollen sus industrias y su comercio exterior.» — Hemos de hacer mención también del homenaje rendido por la So- ciedad Española de Excursiones a la memoria del insigne escritor mallor- quín D. José María Cuadrado, con motivo del centenario de su naci- miento. En la sesión presidida por el Rey, en la Real Academia Española, se leyeron trabajos de gran gusto literario, enalteciendo los méritos del ilus- tre publicista en los diversos aspectos de su eminente personalidad. Con- tribuyeron con sus trabajos las figuras más salientes de la Academia y otros legítimos representantes de las letras españolas, poniendo digno remate a la corona de alabanzas el presidente de la Real Academia Española, señor Maura, que recabó para sí el honor de asociarse al homenaje, no sólo como admirador, sino como paisano. «Fué Cuadrado — terminó diciendo — un escritor de pensamiento profundo y original y un patriota ardoroso, cuya memoria será siempre una honra para Mallorca y para España.» —En todas las diócesis de la nación se ha celebrado con gran entu- siasmo la Fiesta de la Buena Prensa, no cediendo en nada a la manifesta- ción religiosa de años anteriores, ni en el número de comuniones ni en la recaudación. Muchos Prelados y Juntas diocesanas habían publicado cir- culares llenas de estímulos, y el éxito ha coronado sus esfuerzos. B. R. MISCELÁNEA Alocución pastoral del Eminentísimo Señor Cardenal Arzobispo de Toledo a las mujeres cristianas. «La delicadeza del asunto que motiva este escrito lo ha retrasado con exceso: nos referimos a la moda del vestido en la mujer. Hemos hablado de esto diferentes veces; pero jamás creímos vernos obligados a reprobar el daño que se está produciendo en esta forma más autorizada y solemne. Al escribir, la amargura inunda nuestro corazón como ante una desgracia irreparable e inmensa; porque de nuestras meditaciones sobre la materia hemos sacado la conclusión de que en el fondo hay una inconsciencia aterradora por parte de la mujer de los males que está causando. ¿Y cómo se remediará un daño que no se siente, un mal que no se conoce, un vicio que a sus atractivos une las apariencias de lo lícito y lo honesto? Única- mente así podremos explicarnos que la mujer española, a quien es con- natural la piedad cristiana, para quien ha sido siempre santa y amable la moral del Cristianismo, se vea expuesta a perder en pocos días el rico te- soro de pudor, de modestia y de recato que constituye desde largos siglos el principal ornamento de su excelsa dignidad dentro de nuestra santa Religión. La mujer, fuente perenne de vida humana, es manantial purísimo e inextinguible de vida sobrenatural por obra de María nuestra Madre In- maculada, en la Redención de Cristo. Desde que en los días de su niñez se consagra a la Santísima Virgen como hija suya, hasta los días postreros en que las nuevas generaciones oyen de sus labios trémulos las leyendas de nuestros Santos, hemos visto siempre a la mujer católica dedicada a la misión sublime de edificar a Cristo en las almas, en todas las obras de celo, en el hogar, en la enseñanza, en la Prensa, en las asociaciones de caridad, en el culto esplendoroso, mediante sus ejemplos de virtud, de ab- 84 MISCELÁNEA negación y sacrificio. Ellas son el consuelo de los que trabajan por la salud de las almas; de ellas hemos recibido todos, en momentos difíciles, ejem- plos de fortaleza y alientos; y siendo toda esta nobleza espiritual de la mu- jer en medio del mundo pálido reflejo de una realidad cien veces más gloriosa, de suerte que con razón podemos decir que está asociada a la obra redentora de Cristo y de su Iglesia, ¿cómo pensar, ni por un mo- mento, que ella quisiera convertirse por una servidumbre degradante a la moda en embajadora y emisaria de Satanás? Por eso llamamos la atención de nuestras amadas hijas, las que por na- tural instinto comprenden lo que manda en cada caso la austera moral que profesan, para que ellas sean heraldos de nuestra voz paternal y dolorida cerca de las que se muestran más o menos indulgentes con la ola de sen- sualismos y provocaciones indecorosas que amenaza invadirlo todo, sin respetar la misma santidad del templo. Las que por finura de tempera- mento o de educación conocen los peligros del mal deben formar una cruzada, como un bloque, diríamos, de la modestia cristiana, y tomar oca- sión de este mal que combatimos para purificar el ambiente de tantas pro- cacidades e inmundicias que le corrompen en el teatro, en la novela, en el cine, en el trato social, de donde se las quiere trasladar a la calle, y a la plaza pública, y a la vida corriente mediante vestidos exóticos, por lo ex- travagantes e impúdicos, que son la apoteosis de la carne y el renacimien- to de un paganismo mayor y más execrable que el primero en pueblos cristianos. A la mujer católica Nos entregamos la predicación de la moral cristia- na en este punto tan delicado, que sólo sus manos pueden tocar, pues el natural respeto que nos merece la mujer obliga muchas veces al silencio. Considerada la inmodestia en el vestir como un hecho social, es altamente reprobable con independencia de la intención y el propósito de la persona que así se conduce, salvo aquellos excesos que la natural honestidad pro- hibe ya ios que, por desgracia, hemos llegado por tolerancias culpables, porque en este caso tal conducta es totalmente condenable y no puede ale- garse en su favor rectitud de intención, ignorancia o sencillez incompren- sibles. Con este proceder la dignidad de la mujer, preciosa conquista del Cristianismo, viene por los suelos; porque, ¿cómo mantener la propia dig- nidad sin el respeto de sí misma, fundamento del que deben guardarle los demás? En su lugar reciben un homenaje que mancha, el de las miradas MISCELÁNEA 85 lascivas y los sentimientos inconfesables, frutos del culto de la carne, que rebajan por igual al ídolo y a sus idólatras. ¡Si al menos quedara aquí circunscrito el mal!... Pero, ¿quién tendrá palabras de dolor y energía bas- tantes para condenar la rapidez con que la relajación se dilata a todas las clases sociales, a la juventud de uno y otro sexo, arrancando, al brotar, en las niñas las flores del pudor y la modestia, despertando en los adolescen- tes prematuras pasiones, excitando en las muchedumbres ignaras emula- ciones torpes, instintos que se manifiestan sin disfraz y a gritos como au- llidos de fieras salvajes?... Así, por estos pasos, va descendiendo cada día más el nivel moral de las costumbres públicas; se ahogan en olas de cieno los nobles ideales; se apaga el espíritu en la sociedad; se enervan y disipan las energías de la raza y se prepara la sociedad del porvenir, corrompida y decadente, incapaz de mantener y propulsar los bienes que recibimos de generaciones austeras, virtuosas, castas. Es necesario que la mujer advierta la transcendencia decisiva de sus actos en la batalla que se está librando entre el bien y el mal. Hay una gran multitud que cifra todas sus aspiraciones en los goces sensibles, en los bienes materiales: salud, placer y riquezas; son la concepción material de la vida de los que no creen en Dios ni esperan una vida de ultratumba. Si la mujer sé inclina del lado de estas bajas aspiraciones, si no las corrige, si de ellas reciben estímulo, el orden moral, superior a la materia, la vida espi- ritual se extinguirá, y asistiremos a la formación de una civilización muer- ta al nacer, porque le faltarán nobleza y dignidad, los principios de vida en las obras humanas, que no se derivan de la carne, sino del espíritu, hasta que sucumba rápidamente, víctima de la ceguera de la carne, y envuelta en la ira de Dios, que abrasó y consumió a los pueblos que caminaron en pos de semejantes abominaciones. ^ Eso no puede ser, amadas hijas nuestras: a eso ni debierais ni que- rríais prestaros jamás, pues sería aceptar el desgraciado papel de instru- mentos ciegos de destrucción y de piedra de escándalo para el prójimo; antes, oponiéndoos resuelta y denodadamente a esa invasión de la ola ce- nagosa de deshonestidad que intenta arrollar y envilecer vuestro honor y decoro, absteneos, pero con empeño firme e incontrastable, de condescen- der con las corrientes de esas extrañas y deshonribles novedades, tan con- trarias a la gentileza y dignidad proverbiales de la cristiana mujer espa- ñola, como ofensivas de la decencia propia y necesaria para el convivir social. Pero, sobre todo, sería merecedor de la execración más terminante 86 MISCELÁNEA y absoluta el que la impudicia descocada o encubierta os acompañara a la casa de Dios y a los actos más excelsos y augustos de nuestra santa Reli- gión... Vigilad, pues, vosotras mismas para que así no sea, porque Dios tam- bién nos ha de pedir a todos estrecha cuenta de los pecados ajenos a los que dimos ocasión o que no evitamos pudiendo. Abatid con vuestro ejem- plo y vuestras exhortaciones esa muralla de inconsciencia o de vituperable tolerancia tras la que se escudan muchas personas buenas y hasta piado- sas, que justamente se creerían ofendidas si se dudaba de su honestidad; y, sobre todo, mírense en el clarísimo y divino espejo de modestia y pure- za, en el que el mismo Dios se miró complacido, la Santísima Virgen Ma- ría, fuente de santidad. Ella es la Mujer de quien se deriva a todas las mu- jeres la gracia, la belleza moral y el honor que las constituye reinas dentro de la universal familia cristiana. Miradla como vuestro modelo, y Ella os enseñará y hablará a vuestro corazón. Nos ponemos en sus manos purísimas todos nuestros cuidados, que hondamente amargan nuestra alma, y por Ella esperamos que la sociedad sanará pronto de esa llaga, que amenaza gangrenar sus mismas entrañas. Merézcanlo de su corazón maternal las oraciones de todas sus hijas, a quienes bendecimos afectuosamente en el nombre del Padre f y del Hijo t y del Espíritu Santo f Amén. En Toledo, a 15 de Junio, fiesta de la Santísima Trinidad, de 1919. — t Victoriano, Card. Gaisasola, Arzobispo de Toledo. > A los católicos.— Una súplica. El Instituto Geográfico y Estadístico, benemérita oficina, viene desde hace cuatro años sacando a la luz, con toda regularidad, un voluminoso y magnífico libro, profusamente ilustrado, con el título de Anuario Estadis- tico de España. En esta obra magistral sintetiza todas las informaciones, desde las elecciones políticas hasta la economía social, y desde el territorio, la población y la cultura hasta la producción, el consumo, el cambio, la vida tnunicipal y administrativa, la beneficencia, la higiene y la sanidad, no sólo de nuestra nación, sino, en cuanto es posible, del mundo entero. Es, por lo tanto, una verdadera enciclopedia estadística, y ha conseguido el Instituto ir igualando a las más famosas y similares del Extranjero. El Negociado encargado del servicio del Anuario y la Dirección del MISCELÁNEA 87 Instituto, interpretando los deseos de todo el personal del ramo, tiene vivas ansias de llegar al ináximo de perfeccionamientos. A este fin, no cesan de demandar informaciones, en forma de cuadros estadísticos, a todos los cen- tros y oficinas de orden oficial y a las demás entidades y personas que creen pueden y deben coadyuvar a la obra nacional. Por regla general, las súpli- cas son escuchadas, aunque no por todos. Este año, una vez más, la Dirección del Instituto ha solicitado diversos cuadros, respectivamente, de entidades católicas, rogando a todas ellas los envíen a su domicilio social, situado en el paseo de Atocha, núm. 1, Madrid. Tal petición especial está justificada en extremo, porque mientras en la edición del Anuario de 1917 pudo dedicar el Instituto seis grandes páginas a las instituciones sociales creadas por el partido socialista, respecto a las católicas alcanzó tan escaso material que, con dificultad, pudo llenar una página, y ésta, por cierto, muy endeble, en el orden técnico. Quiso también el Instituto Geográfico y Estadístico conceder el mere- cido espacio a las Bolsas del Trabajo. De todas las católicas de la nación únicamente respondieron cinco de ellas, y con brevísimas cifras. Las^ insti- tuciones en favor de las mujeres católicas apenas se conocen. El Instituto no sabe a qué recurso apelar ni a quién dirigirse, después de haber circulado centenares de cartas, oficios y súplicas, incluso ver- bales. Ha utilizado todas las formas de cortesía al dirigirse a numerosas per- sonalidades católicas de relieve y cuantos organismos conoce. El firmante de estas líneas, con su habitual desinterés, pero con su en- tusiasmo de siempre por la estadística, ha procurado y procura ayudar al jefe del Negociado del Anuario, el ingeniero D. José de Mera, indicándole los nombres de las entidades de las cuales tiene noticia y recomendando a sus amigos presten el auxilio solicitado, dado el noble y patriótico fin que guía al Instituto. Esta modesta labor, que yo he realizado y realizo, ha dado frutos; pero como la Dirección no alcanza con la rapidez que necesita las informacio- nes de los católicos, y deseamos evitar que este año vuelva a ser escasa en cantidad y pobre en datos, me ha parecido ser conveniente exponer la si- tuación públicamente en esta revista católica y en los demás compañeros de toda España que quieran hacerse eco de ella. Si en el año pasado se circularon millares de ejemplares del Anuario a 88 MISCELÁNEA todas las oficinas y centros nacionales, así como del Extranjero, la próxima edición será más amplia y tendrá aún mayor difusión, dentro y fuera de nuestro hogar patrio. Si se perpetuasen las lamentables ausencias de los católicos, creerán muchos, aunque sea erróneo, que los creyentes de nuestro país no aman el progreso ni la cultura y que no les importa testimoniar sus triunfos. Todos tienen ahora ocasión de evitar un sonrojo a los que tenemos fe en el patriotismo, laboriosidad y celo de nuestros hermanos españoles; pero que, con su pasividad y abandono, hasta el momento presente aparen- tan demostrar lo contrario que sienten. Experimentaremos verdadera satisfacción en hacer público, en breve fecha, que los católicos españoles, todos sin excepción, han rivalizado en remitir a la Dirección general del Instituto Geográfico y Estadístico am- plias e inmejorables informaciones estadísticas, en todos los aspectos co- nocidos. La Dirección hará que queden realzados como merecerán, sin duda, tan importantes y útilísimos ir aA)a]os.— Eduardo Navarro Salvador. H EL VERDflDEBO MiR DEL "DttO DE LIIS LEIfliOr "> (CONTESTACIÓN AL ACADÉMICO SR. COTARELO) SEGUNDA PARTE Semblanza de López de Velasco. (CONTINUACIÓN) Los refranes.— Uno de los interlocutores del Diálogo de las len- guas, para persuadir a su autor a que escribiese sobre la lengua caste- llana, le dice que si bien no tiene a mano libros en romance con cuya autoridad y razones satisficiese a las preguntas que le harían, se po- dría servir para muchas cosas (2). A continuación, y hallándose ya solos tres de los interlocutores, dice Torres: «Pues habemos cogido y prendado a Valdés, no lo de- jemos en ninguna manera, sin que primero lo examinemos hast^ el postrer pelo; porque yo le tengo por tal, que ninguna cosa escribe sin fundamento; y apostaría que tiene en sus papeles notadas algunas co- sillas sobre esta materia de que le queremos hablar.* Ya hemos visto que esos papeles sobre la misma materia, existen y se conforman con las materias literarias del Diálogo. Veamos si se acomodan también los Refranes. Y lo mejor será poner frente a frente, y a dos columnas, algunos tomados de los impresos en el Diálogo, y compararlos con los del cuaderno manuscrito: Refranes del Diálogo. Pág. 15: «Donde fuerza viene, derecho se pierde.» ídem 31: «Dijo la sartén a la caldera, tira allá cul negra.» ídem 31: «Dijo el asno al burro, arre allá orejudo.» Refranes del cuaderno. Fol. 168: «Do fuerza viene derecho se pier- de.» ídem 167: «Dixo la sartén a la caldera, tira allá cul negra.» ídem 167 ^r «Dice el asno al mulo, quita allá orejudo.» (1) Cf. Diálogo... pág. 15. (2) Cf. B. Esc. úf-IV-S. Códice en 8.°, de 160 x 210 mm. Cant. dor. 245 ho- jas, num. antig., let. ult. s. XVI. Desde el folio 161 al 173 v: Refranes casteUa- nos.—VoX. 175 al 222: Catálogos de varias librerías de Flandes y Alemania, con los precios de cada libro al margen. Parecen listas de los libros que se iban comprando para El Escorial. Entre ellos figuran muchos libros españoles, como las Obras de Boscan, el Amadis de Gaula, la Celestina, el Cancionero General, el Cortesano, las obras del Duque de Gandia, varias historias de las indias, como las del Perú, de Cieza, gramáticas griegas y hebreas, etc., etc. -SOBRE EL VERDADERO AUTOR DEL «DIALOGO DE LAS LENGUAS» 91 Refranes del Diálogo, ?ig. 31: «De lo contado come el lobo.» Ídem 33: «Al ruin, dadle un palmo, y to- marse ha cua- tro.» ídem 36: «La mujer y la gallina, por an- dar se pierden ayna.» ídem 84: «A río vuelto, ga- nancia de pes- cadores.» Ídem 89: «Cierra tu puerta, y loa tu veci- no.» ídem 142: «Malo verná que a mi bueno me hará.» ídem 93: «Quien bien quie- re a Beltran, bien quiere a su can» Ídem 101: «Malo es Pascual, mas nunca le falta mal.» ídem 95: «En cas del mez- quino, más manda la mu- jer que el ma- rido.» ídem 95: «Alia van leyes do quieren re- yes.» ídem 93: Agua vertida, no toda cogida.» ídem 92: «Huésped que se convida, rece es de hartar.» ídem 142: «Mudar costum- bre, es a par de muerte.» Refranes del cuaderno. Pág. 166 V: «De lo contado come el lobo.» Ídem 162: «Al ruin, dadle y un palmo y to- mará cuatro.» ídem 169: «La mujer y la gallina, por an- dar se pierden ayna.» ídem 163: «A río vuelto, ga- nancia de pesca- dores.» ídem 165 ^: «Cierra tu puerta, y alaba tu vezi- no.» ídem 170 "': «Malo verná, que bueno te hará.» ídem 172 v; «Quien bien quie- re a Beltran, quiere a su can.» ídem 170 v; «Malo es Pascual, y nunca le falta quien le haga mal.» ídem 168: «En casa del mez- quino, más man- da la mujer que el marido.» ídem 163: «Allá van leyes, do quieren reyes.» ídem 163 "'-. «Agua vertida, no toda cogida.» ídem 169: «Huésped que se convida, ligero es de hartar.» ídem 170 V: «Mudar costum- bre, es a par de muerte.» 92 SOBRE EL VERDADERO AUTOR DEL «DIÁLOGO DE LAS LENGUAS» La lista podía prolongarse, aunque lo creemos innecesario. Es de suponer que el ilustre 5r. Cotarelo no caerá en la tentación de atri- buir también este Cuaderno de refranes al heresiarca Juan de Valdés^ porque eso ya sería el colmo de la pseudocrítica. El haber examina- do y compulsado más de veinte autógrafos de Juan López de Velas- co me da alguna autoridad para decir que la letra del cuaderno es de él. Pero si tal conocimiento y autoridad me negase el docto aca- démico, a lo menos tendría que concederme que la letra de los Re- franes es del último tercio del siglo XVI, lo mismo exactamente que el carácter de letras de los tres códices del Diálogo de las lenguas, de que luego hablaremos. Y esto ya constituye un doble argumento: negativo y positivo. Negativo contra el protestante Juan de Valdés, que jamás escribió de refranes ni de esas materias literarias análogas. Positivo a favor de dos cosas: que el Diálogo y los Refranes fueron escritos en pleno reinado de Felipe II, y que durante ese período, por las razones ex- puestas, López de Velasco fué hombre muy preparado y documen- tado para escribir ese famoso libro y otros de mayor importancia, como ya se ha visto. Complemento' de esos Refranes, hay en otro códice que también perteneció a Velasco, un cuaderno en folio mayor conteniendo unos Proverbios o adagios que llenan 27 capítulos a dos columnas por or- den de materias. La letra no es suya, sino de alguno de sus amanuen- ses, que los puso en limpio como si estuvieran destinados para la imprenta. Antes de esos Proverbios, y a continuación de ellos, exis- ten varios papeles auténticos, ya del mismo Velasco, ya de amigos suyos, como el cosmógrafo Juan Bautista Jesio, dándole noticia de algunas Relaciones de Indias, enviadas del Perú, de un mapa ilumi- nado por Sebastián Gabotto, que se había encontrado entre los libros del difunto Juan de Ovando, Presidente del Consejo de Indias, etc. Tales Proverbios van mezclados con muchos refranes, apoyándo- se mutuamente, de manera que a veces no se acierta a distinguir cuál es el refrán nacido de la entraña del lenguaje vulgar, y cuál la sentencia o proverbio que ha brotado de la mente del sabio, aunque para el autor del Diálogo, refranes y proverbios venían a ser casi una misma cosa (1). (1) Cf. «Prouerbios o sentencias breues spirituales y morales». Códc. info- SOBRE EL VERDADERO AUTOR DEL «DIÁLOGO DE LAS LENGUAS» 93 Véase una pequeña muestra: «Con el mando se suelen empeorar las personas.» -Cuando tomes el mando, olvida las injurias; porque no te dieron el poder para que te vengues.» «El reino sin justicia pronto se asuela.t «jAy del Reino donde destierran a los pacíficos y amparan a los revoltosos!...» «Jamás hubo Príncipe bueno teniendo consejero malo, ni Príncipe malo teniendo consejero bueno.» «El demonio, a quien le sirve, da jarrete por pulpa, con- trapeso por peso, y burlas por veras.» «Dios quiere que hagamos lo que debemos, y el demonio todo lo que queremos...» Cómo fué formando Velasco esos Proverbios se colige de varios de sus apuntes sobre lecturas que iba haciendo del Eclesiastés, de San Agustín, San Bernardo, Kempis y otros sabios. Juntamente con los Refranes deberían publicarse los Proverbios en la primera edi- ción crítica que se hiciera del Diálogo de las lenguas, por la íntima relación que tienen. López de Velasco parecía abrigar también el propósito de hacer una edición corregida y aumentada del Cancionero General. Sabido es que en el Diálogo cita con frecuencia el Cancionero; pues entre los papeles que le pertenecieron existe un cuaderno titulado «Varias lecciones del Cancionero general impresso en An veres por Martín Nució año de 1557, en 8.°, cotejado con la impresión de Cromberger en Sevilla año de 1540 en folio» (1). Es un análisis minucioso en que se notan las variantes de ambas ediciones y las poesías que deberían añadirse, entre éstas algunas de D. Antonio de Velasco, tan citado en el Diálogo. Hacia el final del cuaderno se reseña undi Justa literaria habida en Sevilla, en la que tomaron parte Polo de Grimaldo, Juan de Silva de Guzmán, Bartolomé de Torres Naharro, etc., etc. Y a la vuelta otras Varias Lecciones sobre Jorge Manrique en su célebre canción: Recuerde el alma dormida. lio, L-M2, fol. 208-218. Se halla entre los papeles que López de Velasco titu- ló de curiosidad. (1) Cf. Bib. Esc. L-I-15; fol. 204-218. La letra es de Vázquez del Mármol, enviado tai vez a Velasco, entre cuyos papeles se halla. 94 SOBRE EL VERDADERO AUTOR DEL «DIÁLOGO DE LAS LENGUAS» Si cada una de estas circunstancias da a entender el verdadero origen y paternidad del Diálogo, todas juntas muestran a las claras que el autor no pudo ser otro que Juan López de Velasen, varón eminentísimo por cualquier aspecto que se le considere. Expongamos otras pruebas para terminar esta cuestión. Etimologías arábigas.— E\ Diálogo (pág. 35) pone muchas pala- bras que según él tienen sus raíces en el árabe. «Sabed— dice— que cuasi siempre son arábigos los vocablos que empiezan en al, .'como almohada, alhambra, almohaza, alhareme; y las que comienzan en az, como azagüán, azahar, azagaya; y las que comienzan en co, como colcha, colgajo, cohecho; y las que comienzan en za, como zaherir, zaquizamí, zafio; y las que comienzan en ha, como haja, haragán^ harón; y las que comienzan en cha, chi, chj, cha, como chapín, chi- nela, choza, chueca, etc., etc. Va el curioso lector a consultar algunos códices donde se con- tienen apuntes de López de Velasco, y se encuentra con que esos mismos vocablos y muchos otros están explicados en el códi- ce K-III-8, a continuación del Diálogo de las lenguas, y en el códi- ce L-I-13, donde ya se ha visto que se hallan también papeles de López de Velasco con explicaciones etimológicas suyas, del Brócen- se y Mármol, a quienes parece que consultaba sus dudas, y de cu- yas observaciones y advertencias a menudo Velasco se sirvió, como el Brócense había igualmente utilizado las etimologías de Ve- negas, ampliándolas. Aquellos filólogos y humanistas solían prestar- se mutuos auxilios con desprendimiento y generosidad, y para ellos el plagio literario carecía de culpa. Existía un comunismo delicioso. Los códices del Diálogo. — Son tres realmente, y no dos como se había creído^antes. En ese punto, tiene razón el Sr. Cotarelo. Porque a los dos conocidos de la Nacional y El Escorial, hay que añadir el de Londres, que no es la copia de Mayáns, sino un códice también del último tercio del siglo XVI, con el mismo aire de familia de los dos anteriormente mencionados. Para afirmarlo así, además del tes- timonio de Gayangos, tengo a la vista algunas fotocopias que lo evidencian. La letra de ese manuscrito de Londres, en algunos plie- gos, es hermana gemela de la de otros pliegos del Códice escuria- SOBRE EL VERDADERO AUTOR DEL € DIÁLOGO DE LAS LENGUAS» 95 lense. Y ambas parecea de Vázquez del Mármol, gran pendolista y amigo de Velasco. El de Londres es mayor de caja que el de El Es- corial, más esmerado y perfecto en cuanto a caligrafía. Empieza.con la cruz característica de todos los papeles de Velasco, y luego este título en plural: Diálogo de las lenguas (1). Afirmé en mi primer estudio sobre este asunto que el manus- crito de la Biblioteca Nacional era como el borrador autógrafo de López de Velasco. Hoy puedo asegurarlo con mayor certeza. Basta confrontarlo con el manuscrito antes inscrito del Archivo Históri- co (2), en que Velasco se dirige al Rey pidiéndole permiso para re- tener algunos libros que había comprado para El Escorial. El carác- ter de esa letra coincide exactamente con los varios manuscritos de Velasco, que también existen en esta Biblioteca, principalmente con los del códice L-I-12. Y es curioso observar que la marca de papel de tales manuscritos coincide con la marca del papel del códice del Museo Británico, y la letra de éste con la clase de letra que tanto abunda entre los papeles que a Velasco pertenecieron. Por lo cual puede repetirse aquí la sentencia escolástica: Téngase también en cuenta que el carácter de letra de López de Velasco varía no poco, según se ve por sus numerosas firmas autó- grafas existentes en El Escorial, Simancas, Biblioteca Nacional, Ar- chivo Histórico, Archivo de Indias, de Protocolos, etc., etc. Unas veces hacía la letra redondilla, otras algo ligada. Era un gran pen- dolista, y solía poner en práctica lo que decía en su Ortografía y pronunciación castellana, de que debe acomodarse la letra al tamaño (1) Cf., Mus. Brit. Add. ms. 9.939, fol. 40. Cod. en 4-^ m. de 210 -f 145 mm. y 30 líneas de caja.— Según referencias de Mr. Gilson, jefe de la sección de Ms., la marca del papel es un corazón, dentro del cual hay una cruz y abajo estas dos letras: B. F. Pero no en todos los pliegos existe la misma marca. Lo propio exactamente acontece con la marca del papel en que se halla escrito el manuscrito escurialense, donde se ve también la cruz dentro de un corazón, y abajo las iniciales B-F. Es marca legítima española. Cf . Briquet. Les Filigra- /2¿5, n.»» 5.682. -Las mismas marcas aparecen en otros códices ya señalados como de López de Velasco, especialmente en el cuaderno de Proverbios, y en casi todo el códice L-I-12, donde se tratan las cuestiones de la Hacienda espa- ñola y el valor de las monedas de Ñapóles, relacionadas con las de España. (2) Cf. Arch. Hist. Núm. 4.426 (int. 51). % SOBRE EL VERDADERO AUTOR DEL «DIÁX.OGO DE LAS LENGUAS» de! papel. Así se nota que escribiendo en folio hacía la letra grande; mediana, en cuarto, y pequeña en octavo. Sus firmas y rúbricas va- rían igualmente. En algunas se ven el nombre y ambos apellidos, en otras el anagrama del nombre y primer apellido con la continuación del Velasco, y en pocas, las iniciales /. L. V. Lo mismo hacía con las reglas de ortografía que había dado para los demás, y que él no siempre tenía en cuenta al escribir; pues en algunos de sus muchos autógrafos que llevan su firma, y hasta en una misma plana, escribe agora^ ahora y haora. Estos defectos y otros ya se los reprobó uno de sus amigables censores, a quien Ve- lasco parece que había enviado manuscrito el libro de Ortografía y pronunciación castellana (1). Pero, en medio de esa disconformidad, cualquier perito calígrafo hallará un fondo común inconfundible si examina los rasgos característicos de muchas letras mayúsculas, como las AA, las DD, las PP, las TT, etc., y las minúsculas^, /, r, /, z, y, etc., etc. Juzgarle, pues, por un solo autógrafo, o por una sola fotocopia, como ha hecho el Sr. Cotarelo, es exponerse a manifiesto error. Si el docto académico desea noblemente persuadirse de la tesis que sustento, tómese el trabajo de examinar las fuentes indicadas. Si no quiere tener esa molestia, dígnese hacer un viajecito por El Escorial, donde con gusto le exhibiré todos los elementos de información apetecibles y satisfactorios para cualquier investigador y crítico des- apasionado. Pero si sus ocupaciones académicas tampoco le permi- ten tal esparcimiento erudito, yo no tengo inconveniente en enviarle algunas de las fotocopias sacadas de los Archivos para confrontación de los originales escurialenses, ya que publicarlas ahora no cabe en los actuales presupuestos económicos. Y pasemos a examinar brevemente la famosa edición de Mayáns, punto de partida de todos los errores. Mayáns y su edición del Diálogo,— Todos los críticos, sin excep- ción, habían creído hasta el presente que D. Gregorio Mayáns, para imprimir el Diálogo, se había servido del códice que hoy existe en la Biblioteca Nacional, sacando de él la copia mendosa que fué a (l) Cf. Bib. Esc, L-I-IS; fol. 247. SOBRE EL VERDADERO AUTOR DEL «DIÁLOGO DE LAS LENGUAS» Q7 parar a Londres con otros manuscritos suyos; y que, cotejada esa copia con el manuscrito de la Nacional y aun con el escurialense, pasaban de mil las variantes, resultando una edición poco digna de crédito. Con lo cual la fama de Mayáns había quedado mal parada. El Sr. Cotarelo, queriendo volver por la honra del eximio eru- dito valenciano, asegura que éste «ni publicó ni conoció siquiera el texto de la Nacional», sino «el antiguo manuscrito de letra del siglo XVI >, existente en Londres». Y para probarlo, repite el testi- monio tan conocido de Gayangos en su Catálogo de manuscritos españoles del Museo Británico, donde dice que, habiéndolo cotejado, lo halló 101 ter propio de Biblioteca Real abierta al público. Fué su primer Di- rector el jesuíta P. Guillermo Daubenton, y su primer Bibliotecario (pues ambos cargos estaban separados), el bañezano D. Juan de Pe- rreras, autor de la Historia de España. Fué colocada en una parte del Convento de la Encarnación, cuyas monjas no cesaban de abru- mar, con sus reclamaciones por el local, al Bibliotecario D. Blas Antonio Nassarre, que lo era en 1737 cuando el Diálogo de las len- guas fué traído, con otros libros, de Aragón a Madrid. En todo el siglo XVín y gran parte del siglo XIX continuó siendo y llamándose Biblioteca Real, como fundada y sostenida por los Reyes para servi- cio del público. Era aumentada constantemente con adquisiciones de libros raros y curiosos a costa del peculio real, pues para ello tenían comisión y fondos ios bibliotecarios regios, así llamados aun en tiempos de Escoiquiz (1815), y de D. Francisco Antonio Gonzá- lez (181Q). En ese mismo año se la sigue llamando Biblioteca de Su Majestad, en un folleto impreso en la Imprenta Real (1). Los variados fondos de esa Real Biblioteca, ya de suyo tan rica, fueron aumentados enormemente con los 70.000 volúmenes proce- dentes de los Conventos suprimidos en Madrid y su provincia. Y así se llega hasta el año 1858, en que, constituido el Cuerpo de Ar- chiveros-Bibliotecarios, éstos se hicieron cargo de la que empezó a llamarse Biblioteca Nacional. Quizás el Sr. Cotarelo la haya conoci- do, como yo, con este último nombre pegadizo, desde cuando se hallaba todavía en la calle de Arrieta, número 8, antes de ser trasla- dada el año 18Q2 al magnífico local que ahora ocupa (2). Para averiguar, pues, la procedencia del códice de la Nacional, habría que acudir a los libros de entrada de la Biblioteca Real, o al entre 1780 y 1800 el individuo de la misma Biblioteca, y empleado y gran cono- cedor de la sección de manuscritos, D. Juan Antonio Pellicer, pues en otro caso se hubiera referido a él al citar la obra en su Tratado del Histrionismo , impresa, como hemos dicho, en 1804, a nombre de su hijo D. Casiano. Ha- brá entrado quizás en la revuelta época de la guerra de la Independencia.»— Tampoco, tampoco. (1) Cf. Noticia de la colocación de la Real Biblioteca de Su Majestad.— Im- prenta Real. Año 1819. (2) Extracto estos datos del interesante y documentado estudio que sobre el origen de la dicha Biblioteca Nacional se publicó en !a Revista de Archivos. Año 1916. Marzo-Abril. 102 SOBRE EL VERDADERO AUTOR DEL «DIÁLOGO DE LAS LENGÜAS> índice de manuscritos que (sin duda por no haberlo hecho antes) mandó hacer el insigne Jovellanos siendo ministro el año 1788, como preparación de los códices que merecieran imprimirse. Pero es lo triste que en la Biblioteca Real no hay rastro de ese códice del Diá- logo de las lenguas, ¿Cómo se explica esto? Ni más ni menos que por la incuria (ya lamentada por jovellanos) de los Bibliotecarios regios, a pesar de los Estatuios de Felipe V y sucesivas reales órde- nes para que se hicieran índices. Según los dichos Estatutos, los bibliotecarios tenían la misión de adquirir manuscritos raros y curiosos para mejoramiento de la Bi- blioteca, a costa del Rey. Pero, desgraciadamente, con frecuencia, en vez de ingresar los códices en la Biblioteca Real, o se quedaban con ellos los bibliotecarios, o pasaban a manos de otros sujetos. De esto se lamentaba D. Juan de Santander (sucesor de Nasarre) en una carta o informe a Gados III, manifestándole entre otras cosas, lo si- guiente: Por la reducción de fondos, no sólo se ha malogrado un muy útil tiempo de enriquecer el tesoro de Manuscritos, sino que de éstos han pasado muchos a varios sujetos y aun a Reynos extraños, de quienes jamás podrán recobrarse. Baste, por ejemplo, la famosa colección que sacó de esta corte a Portugal el Conde de la Ericey- ra, en que, con otras obras singulares pertenecientes a España, llevó todo lo que se había trabajado de orden del Señor Phelipe II para la edición correctísima de las obras de S. Isidoro. Suceso tanto más sensible, cuanto hace irreparable su pérdida el último incendio de Lisboa que abrasó la Librería en que se conservaban aquellos Ma- nuscritos» (1). Nasarre era bibliotecario regio el año 1736, cuando adquirió el Diálogo de las lenguas, entre otros papeles de Zurita de que habla Dormer. ¿Los compró para sí, o para la Biblioteca Real? El señor Cotarelo (pág. i 8) responde sin vacilaciones que no los compró para la Biblioteca Real (a la que equivocadamente vuelve a llamar Na- cional). Y se apoya en lo que dice Mayáns: que éste le pidió pres- iado el manuscrito, que se lo llevó para leerie con licencia de su (1) Cf. Archivo de Alcalá. I. P. Leg. 113. Informe de D.Juan de Santander al Rey sobre el estado de la Biblioteca Real. Mayo 20 de 1761. SOBRE EL VERDADERO AUTOR DEL «DÍÁLOGO DE LAS LENGUAS» 103 dueño, y que luego se lo restituyó impreso, con ocho tratadillos más (1). Yo bien quisiera creer en la honorabilidad de Nasarre, en la afir- mación de Mayáns y en la consecuencia que deduce el Sr. Cotarelo. Pero dado el abandono en que se hallaba la Real Biblioteca y el in- cumplimiento de los Estatutos de Felipe V, mucho me temo que Nasarre cometiese un abuso de confianza, no ingresando en la Bi- blioteca ni el Diálogo ni los otros papeles de Zurita que como bi- bliotecario había mandado traer de Aragón (2). Si Nasarre hubiera sido un erudito particular, amante de las curiosidades bibliográficas, nada habría que decir de él; pero ocupando el cargo de biblioteca- rio regio, no es fácil justificar su conducta aunque comprase con fondos propios tales manuscritos. El hecho es que el famoso Diálo- go no ingresó en la Real Biblioteca, ni antes ni después de ser im- preso el año 1737, por Mayáns. Supone el Sr. Cotarelo que «sin duda agradecido Nasarre (por- que Mayáns le había dedicado la impresión) le regaló el original que conservó Mayáns hasta el fin de sus días (1782) y se vendió con ios demás libros de su excelente biblioteca, y lo compró el Museo Británico donde actuafmente se halla el tomo con el Arte de trovan^ Aunque el agradecido, en todo caso, sería Mayáns por el regalo, admitamos ese regalo de Nasarre a Mayáns, que tales consecuencias tuvo perjudiciales para España. ¿No hubiera estado mejor deposita- do en la Biblioteca Real, sin necesidad de acudir ahora a Londres a consultar lo que debía ser nuestro? Pero de cualquier modo, de lo expuesto parece que ese códice del Diálogo es el que tuvo Jeróni- mo Zurita hasta el año 1580 en que murió. Entre Zurita y López de (1) Conversación sobre el Diario de los Literatos de España. La publicó D. Plácido Veranio (pseudónimo de Mayáns). Madrid. 1737. Pág. 123. (2) En los Estatutos de Felipe V se dice; «Art. XI. Ninguno de los oficia- les de la Real Librería podrá sacar ni extraer de ella libro alguno sin licencia por escrito de S. M.; ni esto sea lícito al Director sin ella...» Art. XIll. El Bibliotecario mayor cuidará de los libros que se necesitaren comprar para la librería, y dará orden...» «Art. XX. Todos los años se emplearán en comprar libros dos rail quinien- tos pesos...» (Cf. Revista de Archivos. Año 1916. Marzo y Abril. 104 SOBRE EL VERDADERO AUTOR DEL «DIÁLOGO DE LAS LENGUAS» Velasco había cambios y consultas de libros y papeles. Las letras de ese códice, las marcas del papel, coinciden con las que se hallan entre los papeles de López de Velasco. Luego... ¿es aventurado de- cir que éste habría enviado a aquél, a modo de consulta, ese códice del Diálogo que hoy se halla en Londres? P. MlGUÉLEZ. (Concluirá.) DEL AÑO Y SUS CLASES^'^ (CONFERENCIAS DE ASTRONOMÍA VULGAR) Contamos como demostrado, sin necesidad de insistir más en ello, que la Tierra gira en torno al Sol durante un año, al mismo tiempo que sobre sí misma cada veinticuatro horas. Con el movi miento de rotación da margen a la reproducción constante periódi- ca de todos los fenómenos astronómicos numerados al estudiar el movimiento aparente de la esfera celeste durante un día. El movi- miento de traslación es la causa verdadera del aparente del Sol a través de las constelaciones; y de que éstas vayan sucediéndose, tam- bién con movimiento aparente, sobre los horizontes terrestres, pre- sentando el cielo estrellado un aspecto diverso en las noches sucesi- vas. La sucesión de las cuatro estaciones es asimismo consecuencia inmediata de la traslación de la Tierra alrededor del Sol. Definamos, desde luego, lo que se entiende por año y las clases de años que distinguen los astrónomos, que no son pocas en gracia del Señor. El año común, por el mero hecho de serlo, merece el primer puesto; sabido es que cuenta 365 días, pero como no corresponde exacta- mente al tiempo verdadero que la Tierra emplea en dar una vuelta al Sol, quedándose aquél corto en un cuarto de día próximamente, bien sabéis que cada cuatro años comunes hay uno que se llama bisiesto, con las correcciones que se estudian en el tratado del calendario. El año común se llama también civil, y se cuenta des- de media noche entre el 31 de Diciembre y 1.*^ de Enero. Esto ahora y entre nosotros, porque en algunos países y en tiempos anti- guos el principio y el fin de cada año corresponde a fechas distintas. (1) Véase la pág. 29 de este volumen. 106 DEL AÑO Y SUS CLASES Hay año solar y terrestre, lunar y sidéreo; anomalístico y trópico, etcétera, etc., como lo hay lunisolar y terrilunar, romano, musulmán, ¡sraelita, etc. El sideral es el tiempo que emplea el Sol en volver a colocarse frente por frente de una estrella dada y en línea recta, o mejor, en el mismo plano con relación a la Tierra. Su valor en tiem- po medio es de 3Ó5 días, 6^, Qm^ IQs y 7 décimas de segundo. El año trópico es el intervalo de tiempo transcurrido entre dos pasos con- secutivos del Sol por el punto vernal. Equivale a 365 días, 5^, 48™ y 47,5 segundos de tiempo medio. El sideral es mayor que el trópico en 20«í 23s,2. Y más largo que el sideral es el año anomalístico, que es el tiempo transcurrido desde que el astro pasa por el perigeo hasta que vuelve al mismo punto. Cuenta en tiempo medio 365 días, 6h, 13"^ y 54s,9 excediendo al año sideral en 4™, 44s,2; porque el perigeo que es aquel punto de la órbita terrestre en que el Sol se halla más próximo a la Tierra, allá hacia el primer día de Enero, tie- ne un movimiento directo, o sea de Oeste a Este, y cuando el Sol, a la vuelta de un año, vuelve al punto de partida, este punto se halla 11", 7 de arco más adelante; arco que el Sol tiene que andar para alcanzarlo. A la parte opuesta hay otro punto que se llama apo- geo, alcanzando la mayor separación de la Tierra, cuando el Sol, hacia primeros de Julio se encuentra en él. La recta que une los dos puntos apogeo y perigeo se llama línea de los ábsides, que no es exactamente perpendicular a la línea que ya conocemos de los equi- noccios, ni tampoco coincide con el eje mayor de la órbita terrestre. Esos dos puntos apogeo y perigeo, cuyos nombres se refieren a su distancia a la Tierra, reciben la denominación de afelio y átperihelio respectivamente, cuando se considera la distancia máxima y mínima de la Tierra con relación al Sol. Tienen, pues, en este caso, la mis- ma significación, con la diferencia de que afelio y perihelio se apli- can también a las distancias máxima y mínima de los demás astros respecto del mismo Sol. Así, pues, la órbita terrestre tiene cuatro puntos importantes, cuya posición en la misma línea interesa mucho conocer, y no olvi- darla. Los dos equinocciales con la línea correspondiente que los une. La cual, conservándose siempre perpendicular al eje de la eclíptica, va girando poco a poco, con movimiento retrógrado, de Este á Oeste, según el fenómeno ya definido de la precesión de los DEL AÑO Y SUS CLASES 107 equinoccios. Los otros dos puntos, con la línea de los ábsides que los une, apogeo y perigeo, afelio y periheiio, se mueve, aunque en menor cantidad, con movimiento contrario a la equinoccial. Hay, además, ios llamados puntos solsticiales, el uno próximo al apogeo (punto solsticial de verano), y el otro próximo al perigeo (punto solsticial de invierno). El primero es el punto medio del arco de curva o parte de la eclíptica, comprendido entre los dos puntos equinocciales y pasando por el apogeo; el otro, el punto medio del arco opuesto que pasa por el perigeo. De la misma defi- nición se deduce que los puntos solsticiales cambian de lugar en la órbita terrestre. No podemos detenernos en el análisis minucioso de esos movimientos. Los cuatro arcos principales en que la órbita terrestre queda dividida por los puntos equinocciales v solsticiales determinan las cuatro estaciones del año. Primavera, desde el 21 de Marzo al 21 de Junio. Verano, desde el 21 de Junio al 22 de Septiembre. En este medio año el sol está en el hemisferio boreal, sobre el ecuador; nos comunica más directamente, aunque desde más lejos, sus energías. El astro se halla sobre el horizonte más hoias que debajo de él; la vida terrestre se desarrolla con vigor y pujanza, brotan las flores y maduran los frutos. El otoño, desde el 22 de Septiembre al 21 de Diciembre, y des- de este día al 21 de Marzo, que es el lapso de tiempo que se llama invierno. Aunque parece retirarse desde Septiembre a Diciembre, el sol se acerca más a nosotros; pero su influe icia decrece notable- mente; la vida en este hemisferio parece reconcentrarse hacia el in- terior de la tierra; los árboles se desprenden de su follaje y adornos; el frío invade todos los organismos, y es la época del año la más a propósito para morirse las gentes. Los cuatro arcos aquellos o trozos de la órbita no son iguales: la velocidad aparente con que aparente- mente los recorre el Sol (Sabemos que es la Tierra la que marcha; pero en los efectos y en la explicación de los mismos es indiferente el suponer en movimiento a cualquiera de los dos astros.), todas estas desigualdades de distancia y de carrera traen consigo la des- igualdad en la duración de las estaciones y la inconstancia de la duración de cada una en particular por los movimientos relativos entre el perigeo y punto vernal. 108 DEL AÑO Y SUS CLASES Por término medio, pues acabo de indicar que son variables es- tos períodos, la primavera en este hemisferio y el otoño en el opues- to, cuentan noventa y un días y veintiuna horas; el verano aquí v el invierno allí, noventa y tres días y catorce horas; el otoño nuestro y la primavera de ellos, ochenta y nueve días con diez y nueve ho- ras; y, por fin, nuestro invierno y su verano ochenta y nueve días. Días medios, se entiende; porque también los hay de varias clases o duraciones: día estelar, día solar, día terrestre, etc.; día astronómi- co, civil, medio y otros. El día sidéreo y el terrestre son idénticos; es el tiempo de una rotación completa de la esfera celeste, idéntico al de una vuelta completa de la Tierra sobre su eje. Hemos dicho que es uno de los movimientos más regulares que se conocen en astronomía. Eí intervalo del paso de una estrella por un meridiano fijo, es siem- pre el mismo: el día sideral. Se toma por momento de origen cero ho- ras al en que el punto vernal cruza el meridiano. El día sidéreo, unidad de medida del tiempo, sirve sólo para los astrónomos; el res- to de los hombres, y aun los astrónomos mismos, en la mayoría de las veces se sirven del día solar, porque los movimientos de la Tie- rra con relación al Sol, son los que en las necesidades de la vida hu- mana regulan la sucesión de los tiempos. Día solar es el tiempo transcurrido entre dos pasos consecutivos del Sol por un mismo meridiano. Se llama también astronómico, y empieza y concluye cuando el centro del astro pasa por el meridia- no; a diferencia del día civil, que comienza y concluye cuando el mismo astro cruza el antimeridiano o meridiano inferior. A media noche. No son iguales el día solar y el sidéreo: éste es menor que aquél en unos 4^. La causa está en el movimiento de traslación de la Tie- rra. Supongamos, en un día dado, que una estrella y el Sol se en- cuentran a la vez en un mismo plano del meridiano terrestre en que se hace una observación: mientras la Tierra da una vuelta, ha corrido en su órbita el trozo de curva correspondiente y en apariencia el Sol hacia el Este, de modo que al día siguiente, al volver el dicho meridiano a encontrarse frente por frente de la estrella elegida, el Sol aparecerá un poco al lado de nuestra mano izquierda y la estre- lla hacia la derecha; el tiempo, pues, que dicho meridiano tiene que dp:l año y sus clases 190 emplear hasta alcanzar al centro del Sol es la diferencia en que el día solar verdadero y variable excede al sideral, que tiene una dura- ción fija. Las variaciones durante el año del dia solar verdadero tienen por causa la distinta velocidad y camino recorrido por la Tierra en su órbita. Corre unas veces más que otras, porque en aquéllas se aproxima más al Sol que en éstas; porque la fuerza de atracción solar es en el primer caso superior a la ejercida en el segundo. En consecuencia y resumen: que el día solar verdadero, siendo varia- ble, no puede servir de unidad de medida. Los astrónomos salvan perfectamente esta dificultad, no sólo para sus cálculos y medidas, sino también para dar al resto de los mor- tales una unidad módulo del tiempo rigurosamente exacta. Han in- ventado un Sol ficticio que no alumbra sino sólo a la razón: lo han dotado de un movimiento regular y unifoimey le han impuesto la ley de que marche con velocidad constante, uniforme, sin salirse del plano ecuatorial, encargándole de ahogar en su interior todo movi- miento de celos y emulaciones, y que jamás haga caso, ni pierda su serenidad, aunque vea al Sol verdadero, que unas veces se le ade- lanta, otras se queda atrás y cuatro veces al año se le monta encima, ocupando los dos el mismo meridiano. Dicho Sol ficticio, que tam- bién se llama Sol medio, cumple perfectamente su destino, y mide con exactitud vigorosa el espacio de tiempo que se llama día medios- astronómico, si empieza a contarse y termina cuando el astro medio cruza el meridiano; civil, si empieza doce horas antes, a media no- che, que es cuando, fuera de la astronomía, los mortales comenza- mos a contar y damos por terminados los días medios civiles. Todos los días se dividen en veinticuatro partes iguales que se llaman horas, cada hora en sesenta minutos, uno de éstos en sesenta segundos, etc. Pero no hay para qué decir que esas horas, minutos, segundos, del día medio, por ejemplo, no son exactamente iguales a las horas, minutos, segundos, respectivamente, de los días sidé- reos, solares, verdaderos, etc. Puesto que el día sideral tiene una du- ración uniforme, éste debe ser el tipo de comparación para apreciar o medir el valor del día solar y del día medio. Este, expresado en tiempo sideral, vale veinticuatro horas, tres minutos, cincuenta y seis segundos y cincuenta y cinco centésimas de segundo siderales. 1 10 DEL AÑO Y SUS CLASES La diferencia variable entre el día medio y el solar verdadero, es lo que se llama la ecuación del tiempo que hay que sumar o restar al tiempo verdadero cada día del año para obtener el tiempo medio, según que el sol real va, respectivamente, detrás o delante del sol ficticio; porque en el primer caso, el sol ficticio llega antes al meri- diano, y en el segundo es el sol verdadero el que se adelanta. En otros términos: Desde el 15 de Abril hasta el 15 de Junio, en Prima- vera, y desde el 1."* de Septiembre hasta el 24 de Diciembre, el Sol real pasa por el meridiano antes que el sol ficticio y medio. En los períodos restantes sucede al revés. En las fechas citadas ambos soles coinciden en un meridiano, y los días correspondientes son iguales. Como sobre ascuas vamos pasando por multitud de cuestiones importantes que merecían un estudio más detenido; pero es el caso que, además de no querer cansaros con detalles minuciosos, había pensado en que hoy mismo hiciéramos un viaje al Sol para estudiar- lo de cerca y estudiar después desde él todo el conjunto del sistema planetario y las leyes y armonías admirables que rigen y resplande- cen en sus movimientos, distancias relativas, atracciones mutuas, una vez adquiridos aquí en la Tierra los elementos más precisos y las ideas más elementales para emprender con fruto el estudio indica- do. Por esto, y aun cuando desde allí hemos de volver a verlo, quie- ro por de pronto resolver una duda que os habrá salido al paso, al oir repetir tantas veces que la órbita de la Tierra es una elipse y no una circunferencia, y, por lo mismo, que el Sol no está en el centro, sino hacia un lado. En resumen, ¿cómo se demuestra que el Sol y la Tierra unas veces están más cerca el uno de la otra y otras más se- parados? La demostración no puede ser más sencilla. Mirad, por ejemplo, dos puntos opuestos de un objeto cualquiera, lo ancho o lo alto de un edificio. A la distancia de diez metros, el ángulo que for- man las dos visuales extremas tendrá doble amplitud que si os se- paráis diez metros más; y si más os alejáis, más el ángulo se estrecha, se cierra; si volvéis a acercaros, las visuales se abren. El Sol tiene un diámetro determinado, y nuestra vista ve al disco solar según un án- gulo agudo. Ese ángulo varía de magnitud, dentro de ciertos lími- tes, en las diversas épocas del año. Si la distancia fuera la misma, el ángulo sería constante. Al cambiar de valor demuestra que la distan- cia cambia también, puesto que el diámetro o dimensiones reales del DEL AÑO Y SUS CLASES 1 1 1 astro no varían. Como en la Tierra^ así en el cielo, los objetos próxi- mos parecen más grandes que cuando están lejanos. El disco solar aparece mayor en el solsticio de invierno y menor en el de verano. Si, pues, la órbita de la Tierra en torno del Sol no tiene todos sus puntos equidistantes del astro, ella no puede ser un círculo. Todas las propiedades que presenta esa curva son las de una elipse. Pero esto ha de entenderse con relación al pequeño espacio que en el Uni- verso ocupa el sistema solar; porque con referencia al espacio total y estelar, dicha curva, así como las órbitas de los demás planetas, están muy lejos de ser elipses. Fijaos en este punto, que es suma- mente curioso. Desde el principio del mundo, en que la Tierra y de- más planetas comenzaron a girar en torno del Sol, sus órbitas jamás han llegado a cerrarse como curvas elípticas. En otros términos: la Tierra jamás ha pasado dos veces por un mismo punto del espacio. En efecto, al mismo tienipo que los planetas giran en torno al astro central, éste, arrastrándolos a todos en pos de sí, se encamina hacia su apex, hacia la constelación de Hércules, con una velocidad constante que no es inferior a 10 kilómetros por segundo. Algunos han encontrado que esa velocidad es de 17 kilómetros. Durante me- dio año, sumando el movimiento propio de nuestro globo con el de todo el sistema hacia el apex, resulta que la Tierra recorre unos 3.177.145.748 kilómetros; o mejor, que se ha separado en esa dis- tancia del punto en que se hallaba al principio del semestre. En el semestre siguiente los dos movimientos, el general hacia el apex y el de traslación de la Tierra, pueden considerarse como opuestos, y si bien el de nuestro globo es mayor, es imposible que vuelva a cerrar la curva en el punto de partida. Con lo dicho ya podíamos trasladarnos al Sol; pero ahora me ocurre que es conveniente precisar bien la distancia y aun examinar si será o no oportuno detenernos en alguna de las estaciones inter- medias, como en la Luna, en Venus o en Mercurio. Para medir la distancia entre dos puntos, aunque uno de ellos, y aun los dos, sean inaccesibles, basta, como sabéis, que se pueda contar con otro punto que no esté en línea recta con los dos prime- ros, para con los tres formar un triángulo en el cual sea posible de- terminar, ya por medidas directas, ya por cálculo, los valores de tres de sus seis elementos. 112 DEL ANO Y sus CLASES Co 1 dos puntos suficientemente separados en la superficie te- rrestre y el punto centro del Sol tenemos formado el triángulo supuesto; la distancia entre los puntos terrestres puede medirse o calcularse, lo mismo que los dos ángulos formados en esos vérti- ces, por el mismo lado y las dos visuales dirigidas al centro del Sol. Si suponemos que uno de los puntos terrestres es el centro del glo- bo, y el otro, el punto de tangencia en la superficie de la Tierra del rayo solar correspondiente al centro del Sol, el triángulo que resulta es rectángulo, cuyo ángulo recto con el vértice en el punto de tan- gencia está formado por el radio terrestre y el rayo de luz solar. El otro lado, la hipotenusa del triángulo, es la recta que une al cea- tro de la Tierra con el centro del Sol. El ángulo en el centro terres- tre tiene por medida el arco de círculo máximo comprendido entre el punto de tangencia dicho y el extremo del radio terrestre que forma parte de la hipotenusa mencionada. Y el ángulo tercero, for- mado en el centro solar, es complementario del anterior. A este án- gulo, cuyos dos lados van a parar a los dos extremos del radio terrestre, se le da el nombre de paralaje solar; y se define diciendo que es el ángulo según el cual un observador, supuesto en el centro del Sol, vería el radio terrestre ecuatorial. Para las estrellas que la tienen, ya hemos dicho que la base, en lugar del radio terrestre, es el diámetro o semidiámetro de la eclíptica, porque el radio de la Tierra es muy pequeño. Y déjase comprender que para los demás astros del sistema solar, la paralaje de cada uno se define, lo mismo que la del Sol, por el ángulo for- mado en el centro del astro respectivo con dos líneas rectas que allí se cortan, y pasa cada una por cada uno de los extremos del radio de ia Tierra. La distancia de un astro queda determinada desde el momento en que su paralaje es conocida. Pero hay que distinguir entre lo que se llama paralaje horizontal y paralaje de altura. La pri- mera, cuando el astro de que se trate se halla en el plano del hori- zonte del observador, y la segunda, cuando el astro está entre el horizonte y el punto cénit. En el horizonte la paralaje es máxima; disminuye con la altura del astro, y es cero la del punto cenital. Cuando se habla de ella sin especificar más, se sobreentiende la paralaje horizontal. El procedimiento indicado como posible para determinar la pa- DEL AÑO Y SUS CLASES 113 talaje solar, no es, sin embargo, el que utilizan los astrónomos, por la sencilla razón de que hay métodos más exactos. Demostrado que dicha paralaje está dada por el seno o por el arco de su ángulo, y sabiendo que la distancia que se busca está íntimamente relacionada con dicho seno, si hay medios de conocer la primera exactamente, el segundo queda por esto mismo exacta- mente determinado. Uno de los procedimientos para medir esa dis- tancia se funda en la velocidad de la luz; otro, en los pasos del pla- neta Venus por delante del disco del Sol; otro, en las observaciones sobre Marte o sobre alguno de los demás planetas. La circunstancia de haberse encontrado un pequeño planeta, que se le bautizó con el nombre de Eros, y cuya órbita entra, en parte, dentro de la órbita de Marte, hallándose por algún tiempo más cercano a nosotros que el dios de la guerra, ha dado margen a nuevas investigaciones y más delicados cálculos, destinados a precisar más y más el valor de que se trata, la paralaje solar. Examinados y discutidos concienzudamente todos los datos con que la Astronomía moderna cuenta para resolver el problema, los astrónomos han adoptado como valor más aproximado al verdadero de la paralaje solar, el ángulo de 8", 80 centésimas. Del cual se de- duce como distancia media entre el centro del Sol y de la Tierra, nada más que 23.439,18 radios ecuatoriales terrestres, equivalentes a 149'501.020 kilómetros y un pico de 132,5 metros y medio. Con- que ya sabéis lo que tenemos que andar. Sin duda es mucho para hoy: por lo que será prudente aplazar la marcha hasta otro día, apro- vechando el poco tiempo que nos queda en hacer una visita de ex- ploración a la Luna, sin perjuicio de que reservemos para más tarde el estudio completo de nuestro satélite, que teniéndolo tan cerca, en casa, como quien dice, nos será más fácil visitarlo con frecuencia. La Luna dista de nosotros unos 60,27 radios terrestres, o séan- se 384.446 kilómetros, por término medio; pues dicha distancia es mayor cuando el satélite está en su apogeo, y menor en el perigeo. Con lo cual queda dicho que la órbita descrita de la Luna en torno a la Tierra es también una elipse y no una circunferencia. La Tierra ocupa uno de los focos de esa elipse cuya excentricidad está ex- presada por la fracción 0,0549 y cuyo plano está inclinado so- bre el plano de la eclíptica terrestre, formando un ángulo de unos 1 14 DEL AÑO Y SUS CLASES 5 grados y 8 minutos próximamente. Los dos puntos de intersección entre la eclíptica y la órbita lunar se denominan nodos, ascendente y descendente, análogos a los puntos equinocciales, según que la Luna al llegar a ellos pase del hemisferio austral al boreal o viceversa. Nuestro satélite, y dejaría de serlo si esto no se realizase, partici- pa de todos los movimientos de la Tierra; pero está dotado además de algunos otros que le son propios, bien que le sean impuestos por su señora. Corre, en efecto, en torno de ésta con movimiento de traslación; gira en torno a su eje propio con movimiento de rota- ción, el cual ofrece la particularidad de realizarse en el mismo tiem- po que el de traslación, presentando siempre el mismo hemisferio hacia nosotros. Es tan atenta y bien educada la Luna, que jamás nos vuelve la espalda. Usa, sí, de contorneos, balanceos e inclina- ciones que reciben el nombre genérico de libraciones de la Luna. Libración en longitud por lo cual nos permite ver algo de sus cos- tados a derecha e izquierda, según el plano de la eclíptica. Libración en latitud para que la miremos un poco por la parte superior y otro poco por la inferior, balanceándose suavemente como una campana, y libración diurna que es la oscilación más pequeña e inclinación diaria que nos hace. Como consecuencia del movimiento de traslación de la Luna, relacionado no sólo con la posición de la Tierra, sino también con la del Sol y de las estrellas, se distinguen para nuestro satélite varias revoluciones lunares, a saber: revolución trópica, tiempo que emplea la Luna en volver a la misma longitud con referencia al punto ver- nal: en lo que emplea 27 días, 7 horas, 43 minutos y unos 5 segun- dos. Revolución sidérea, que es la misma anterior aumentada en la precesión de los equinoccios, durante el tiempo dicho. Revolución si- nódica: el tiempo transcurrido entre dos movimientos consecutivos; equivale a 27 días, 12^, 44^ y 3s. Es la de mayor duración, porque la Luna, para volver a colocarse exactamente en conjunción entre el Sol y la Tierra, necesita recorrer, además, lo que nuestro globo se ha adelantado girando alrededor del Sol. Revolución anomalística: y es el tiempo empleado por el satélite hasta volver al perígeo; equi- vale a 27 días, 13^, I8m y 37s,4. Finalmente, revolución draconitica, limitada por dos pasos consecutivos de la Luna por su nodo ascen- dente; tarda 27 días, 5^, 5^ y 36s en realizarla. DEL AÑO Y SUS CLASES 115 La revolución sinódica es lo que se llama mes lunar, dividido en cuatro partes, que son las fases de la Luna: Novilunio, Cuarto cre- ciente. Plenilunio y Cuarto menguante. Además, la Luna acompaña siempre a la Tierra en su traslación annua, ya marchando delante, como guía; por uno o por otro lado, como compañera; siguiéndola detrás, como sierva. De tal modo que su trayectoria, en el espacio planetario, es una línea sinuosa, ondulada a uno y otro lado de la órbita terrestre. Agregúese a todo esto la marcha general de todo el sistema planetario hacia la constelación de Hércules, con otras mo- dificaciones de estos movimientos, producidas por las oscilaciones en las distancias relativas, por las oscilaciones en latitud boreal y austral y por mil otras circunstancias que no es posible enumerar ahora, y se comprenderá algo de lo complicado que resultan los movimientos lunares. Si de ello os dais cuenta y razón y llegáis a adquirir una idea, no digo exacta, sino sólo aproximada, de lo que todo esto supone en la ciencia astronómica, admiraréis, sin duda, los trabajos ímprobos, los esfuerzos y constancia de los astrónomos, asi en observar como en calcular sobre las observaciones, hasta llegar, como han llegado, a precisar con exactitud maravillosa todos los pormenores y circuns- tancias de la constitución y movimientos de mecanismo tan perfecto por una parte y tan complicado por otra. Un ejemplo de la precisión asombrosa de los cálculos astronómicos (y lo cito porque para la mayoría de los profanos es más visible) lo tenéis en la predicción de los eclipses, de sus circunstancias más minuciosas. Volvamos a la Luna, cuyo disco se presenta siempre de forma circular, cuya superficie visible está cruzada por grandes cordilleras y altas montañss, cuyo aspecto general es de lo más curioso que pueda imaginarse. Su forma general, a juzgar por lo que se ve, pa- rece que debe ser la esférica; pero como nunca ha querido dejarnos ver desde la Tierra la parte opuesta, la esfericidad absoluta no puede afirmarse como cosa cierta y demostrada. No faltan astrónomos que suponen a la Luna como un esferoide prolongado en la dirección de los centros terrestre y lunar; y otros que admiten el hemisferio opuesto a la Tierra o muy rebajado hacia nosotros o terminado en punta como algo parecido a un sector esférico, a una pera, etc. Tampoco faltan razones para apoyar estas hipótesis. Desde luego 1 1 6 DEL AÑO Y SUS CLASES el centro de gravedad en la Luna parece que debe de hallarse más próximo a la Tierra que el centro de figura, explicándose así el que el satélite mire siempre desde un solo lado a la Tierra. Si se admite la hipótesis de una fluidez primitiva, al desprenderse un pedazo de materia terrestre para formar la Luna, y no hallándose ese peda- zo de materia dotado de un movimiento de rotación superior o más rápido que el de traslación, parece natural que al condensarse más y más, los elementos más densos, tendiesen hacia nuestro globo y que así el centro de gravedad se acercara a nosotros más que el centro de figura. Para decir algo referente a las dimensiones reales de la reina de la noche, y tomando las medidas sobre la parte visible que es un verdadero hemisferio, habremos de suponerla completamente esfé- rica. En este supuesto el diámetro lunar mide 3.482.060 metros. La superficie es equivalente a 38.090.000 kilómetros cuadrados y su vo- lumen 22.105.740.000 kilómetros cúbicos. Su masa es algo más que una centésima parte de la masa terrestre. La densidad está expresada por 3,38 con relación a la del agua; y por fin, el valor de la atracción en su superficie no llega a 0,17 centímetros de la atracción en la su- perficie de la Tierra. Los cuerpos allí pesan mucho menos que aquí abajo, de tal modo, que puestos allá y con las mismas energías mus- culares que aquí tenemos, podríamos dar saltos enormes, hasta casi poder volar como pájaros. Y basta, porque la descripción de su topografía, montañas y va- lles, la medida de sus picachos, altura de sus cordilleras, de sus gran- des y pequeños círculos crateriformes; bocas abiertas de inmensos volcanes prehistóricos, ya extinguidos, etc., alargaría demasiado esta conferencia que, sin una palabra más, aquí termina. P. Ángel Rodríguez de Prada. o. S. A. LA VENGANZA DE UN CAPELLÁN Había corrido mucha sangre por la vertiente meridional de la colina. La rabia destrozaba el pecho de los jefes; la cólera cegaba los ojos de los soldados: la piedad y la misericordia eran desconocidos de los combatientes de una y otra línea, tanto más bravos y más gue- rreros, cuanto mayor era el número de víctimas sacrificadas en el campo de batalla. Pobres muchachos tendidos en tierra, con el nombre de, la ma- dre en los labios y el alma en los umbrales de la eternidad, servían de parapeto a otros jóvenes que iban cayendo en el avance, como caen las hojas de los árboles, sacudidos por el huracán; montones informes de carne fresca, palpitando aún a impulsos del furor bélico; ayes lastimeros arrancados por el dolor de mil cuerpos deshechos; blasfemias aterradoras, maldiciendo los planes de la Providen- cia y pidiendo venganzas a los ministros de Satanás: tiernas plega- rias, oraciones fervorosas, actos de resignación, escalando los cie- los y llegando al trono del Dios de la paz: todo era sublime para las almas que, al despedirse del tiempo entre el rencor de los hombres, invocaban las misericordias del Señor; todo era espantoso y aterra- dor para los que iban del infierno de la guerra, con el odio en el alma, a la región del llanto perpetuo y de la guerra sin fin. — ¡Cobarde! —tuvo el valor de gritar el capellán al coronel del regimiento, al verle atravesar el corazón de un moribundo alemán. Entre el silbar de las balas y el estruendo de los cañones, sonó el estallido de una bofetada en el rostro venerable del ministro de Dios. —¡Toma, canalla!— blasfemó el valiente, coronando su hazaña con inmundo salibazo en la cara del sacerdote. Haré que veas pron- to al Padre Eterno y a toda la Trinidad en el hermoso edén que es- peran los necios embrutecidos por tus supercherías. 118 IjA venganza de un capellán Cesó el fuego de cuatro horas infernales. Franceses y alemanes volvieron a sepultarse en las mismas trincheras que ocupaban antes de sembrar el campo de muertos y heridos. Muchas bajaS; mucha sangre, muchos cadáveres, muchas sonri- sas del infierno y... vuelta a las entrañas de la tierra, sin ventajas para nadie y con desastres para todos: |oh felicidad de la guerra! —¡No; mil veces no; lo juro por la cruz de mi espada!— Y el ca- pitán la besó con ternura, pegando luego sus labios al santo cruci- fijo, que sacó del pecho. Oficiales y soldados sufrían tormentos que les destrozaban el alma, temiendo el mayor de los crímenes, la más ruin de las vengan- zas del coronel más indigno contra el más noble y compasivo de los sacerdotes. jSe veían tales infamias para denigrar a los «cures sac au dos!» —Si una marmita deshiciera el bandullo de esa hiena. —Mi capitán, no es lícito desear la muerte de nuestros prójimos, y menos de nuestros jefes. — ¡Padre, padre! Eso.,, ni es prójimo ni es jefe... —Es un «cochon»— agregó un soldado, con aplauso de sus com- pañeros; hay que hacerle salchicha y dárselas a los « boches > para que revienten con ella, muriendo envenenados. El capellán, triste y melancólico, rezaba con fervor el santo rosa- rio en compañía de otros valientes, que confesaban el nombre de Dios en el fragor de las batallas y en el silencio de las trincheras. Pedía con toda la ternura de su alma grande y con todo el fuego de su corazón amante una gracia especial, una merced singularísima para el coronel de su regimiento, y una muerte edificante para sí mismo, si llegaban a cumplirse los negros propósitos que todos te- mían en el masón vengativo y cruel. Los azares de la guerra y la lucha incesante en aquel pedazo de tierra, ensangrentado y cubierto de muertos y heridos, no daban tiempo a las expansiones del odio anticlerical y de la venganza miserable del jefe, ansioso de abrir nuevos cauces a la bajeza de sus pasiones desenfrenadas. Cuando el coronel se disponía a redactar el expediente criminal, y el Capellán a dar ejemplo de mansedumbre, sí llegaba la hora de imitar al Divino Maestro, los defensores de la trinchera alemana, a cien metros de la francesa, se encargaban de LA VENGANZA DE ÜN CAPELLÁN 1 19 echar tierra sobre el pliego denunciador de una «villanía contra el heroísmo de un jefe esclavo de la disciplina». — ¡Malditos «boches» que no me dejan procesar al «canalla»!— bramaba el coronel enfurecido. —Arranca, Dios mío, un acto de arrepentimiento, un suspiro cristiano de ese corazón extraviado — rezaba el sacerdote con amor creciente—. ¿Permitirás que muera en el campo de batalla, sin que su alma pueda llamarte Padre?... ¡Sí... andando! ¡A obtener la orden! — Mi coronel: los ayes de nuestros heridos piden y exigen nues- tro auxilio— dijo el capitán a las dos de la mañana, cumpliendo el mandato del cura. —No hay socorro posible. Salir de aquí y recibir el saludo de mil disparos es tan cierto como desatinado el consejo del «cura». Sólo ese imbécil ha podido mandarte con ese despropósito. Querrá, sin duda, ver mi piel agujereada y hecha una criba. —Mi coronel: los que sufren tienen derecho a nuestro socorro. Los muertos... nada... los dejaremos de parapeto hasta mejor oca- sión... Los heridos piden a gritos un sorbo de agua, una frase de consuelo, unas hilas que impidan la pérdida total de su sangre gene- rosa, y... — ¡Y los moribundos, absolución!... — interrumpió el coronel con voz de trueno. —Sí, ¡y los moribundos, absolución! — repitió el capitán en tono algo amenazador — . Y los malvados... a la orden, mi coronel. — Puede usted servir de sacristán al cura— bramó el tigre, lan- zando fuego por los ojos y hiél por la boca. —No hay más que vinagre en las venas de esa fiera — suspiró el capitán, cayendo de rodillas a los pies del sacerdote—. Confiéseme otra vez: déme la absolución, y vamos con nuestros valientes a re- coger heridos. Usted, Padre, abra las puertas del cielo a los agoni- zantes, tendidos en el campo de honor. Las sombras de la noche defenderán nuestros cuerpos, y si los alemanes nos descubren y no respetan nuestras vidas, nuestra muerte será gloriosa, la patria ensal- zará nuestra memoria y triunfaremos muriendo. Y cayó a los pies del capellán, cuando éste concluía una oración fervorosa por el coronel del batallón. 120 LA VENGANZA DE UN CAPELLÁN Esperaba contra toda esperanza; conocía la eficacia de la plega- ria; y no sería confundido. ¿Qué sucedió en el espíritu revuelto y contrariado del jefe? La pesadilla incesante del cura, las palabras del capitán, la situación angustiosa de los heridos y moribundos, abandonados entre las dos trincheras enemigas; el ¿quién sabe si podrán salvarse por el heroís- mo de unos pocos?, y hasta la idea de una cruz militar sobre el pe- cho, penetraron con fuerza irresistible en el ánimo del coronel, lle- vándole a recordar hazañas gloriosas de otro batallón, coronado de laureles y bendecido de Francia por su conducta extraordinaria en momentos de peligro supremo. Vio en los ojos y ademanes del ca- pitán una decisión rayana en esa indisciplina que salva muchas veces situaciones dificilísimas; sabía que la bravura del capellán no paraba en las fronteras de la muerte, respetuosa siempre con los héroes que la llaman principio de vida; le atormentaba la idea de verse despreciado del batallón, que idolatraba al cura y al capi- tán, porque eran padres del soldado y modelos de patriotas. ¿Sería conveniente medir el temple del batallón, diezmado pocas horas an- tes, e intentar un supremo esfuerzo que los subiera a todos a las cumbres de la gloria? Simulando una sonrisa, en pugna con su carácter avinagrado y su necio orgullo, fué en busca del capitán, muy entretenido en escuchar sabios consejos del «vil canalla >, estúpido aumónier del regimiento. -—¿Habrá suficiente número de poilus que se resigne a recibir «ciruelas> alemanas a la luz de las estrellas?— preguntó con amabi- lidad inusitada, después de correctísimo saludo militar. — Va usted a verlo, mi coronel — contestó gozoso, respondiendo al saludo. V corrió con la buena noticia al santo capellán, que estaba dan- do a besar el crucifijo a los soldados que llamaban Madre a la Reina del cielo, pensando a la vez en las madres que les lloraban en la tierra. — No espero conseguir triunfo mayor en mi vida militar— dijo gozoso el capitán — . La fiera se ha amansado algo: accede a la pe- tición de hace una hora, y... —¡Dios nos acompañe! — agregó el sacerdote, clavando sus ojos, LA VENGANZA DE ÜN CAPELLÁN 121 iluminados por los rayos del amor, en el grupo de valientes que le contemplaban como a enviado del cielo para fortalecerles en todo — . Si nos acechan para sacrificarnos, ya lo sabéis, hijos míos: al cielo se va por el sacrificio. Si perdonan nuestras vidas, salvaremos a nuestros hermanos heridos y agonizantes. Pero... ¿qué estoy dicien- do? Sin darme cuenta, os hablo de una tarea que no quiero ni puedo ni debo imponer a nadie, pues la obligación militar no llega a tanto. No obstante... si hubiera voluntarios dispuestos a pasar de la trin- chera a las playas del otro mundo... — |Yol — resonó al mismo tiempo la voz potente de los treinta soldados que formaban el grupo. La emoción arrancó lágrimas al sacerdote y luego pedazos de su mismo corazón para entregárselos a los treinta «mártires» postrados a sus pies, esperando la bendición suprema en aquellos momentos de muerte, que hicieron exclamar a dos oficiales presentes a la es- cena más sublime de su vida de campaña: — Es una locura; pero una locura propia de los héroes. ¡Bravo por el cura y sus valientes! Poco después, los gritos y lamentos de los heridos desgarraban el alma de sus nobles compatriotas que, a cielo raso y a pecho des- cubierto se atormentaban ahogando la respiración, para escuchar bien los ayes de los moribundos y dirigirse a ellos inmediatamente, aunque el corazón dejara de latir en aquel campo de muerte, testigo de proezas inmortales. A los tres minutos de salir de las trincheras, cuando algunos he- ridos procuraban incorporarse o levantar la voz pidiendo una gota de agua, un crucifijo, un sacerdote..., sonó un disparo, otro, ciento, desde la trinchera inmediata, y cesaron los lamentos, y volvió a rei- nar el silencio en aquel cementerio de cadáveres insepultos. Todos cayeron en tierra al silbido aterrador de la primera bala enemiga, pero siguieron arrastrándose por el suelo, dispuestos a de- jar allí la vida, porque se la habían ofrecido a sus compañeros des- venturados. — Nobleza obliga; el amor nos manda— susurró el ministro de Dios al capitán que mandaba la fuerza. Esta insinuación mágica, resorte poderoso de las almas grandes, llegó de boca en boca al corazón de todos, dándoles a gustar las 122 LA VENGANZA DE ÜN CAPELLÁN dulzuras del sacrificio. El instinto de conservación les impedía le- vantar la frente, el recuerdo de ayes lastimeros, ahogados también por los disparos recientes, les mandaba desplegar energías salvado- ras a las puertas de la muerte. Aquella audacia subyugadora, aquel valor inaudito, palpitando en pechos fortalecidos poco antes con la bendición del ministro de Dios, llenó de asombro a los jefes de la línea enemiga, que recibió la orden imperiosa de [alto el fuego!, en alemán y en francés, para que la entendieran también los mensajeros de la caridad y pudieran cumplir sin peligro la misión encantadora que los sacó de las entra- ñas de la tierra, para que otros escalaran por ellos las alturas del cielo. Se irguió el cuerpo del capellán. A la voz de mando se levanta- ron los treinta guerreros pacíficos, y a la luz de las estrellas se hizo una exploración del campo por soldados de ambos ejércitos, que fraternizaron durante una hora, bien aprovechada en conducir heri- dos a las trincheras respectivas y en absolver a cuantos pudieran arrancar la vida los movimientos molestos y las sacudidas irregula- res de las camillas. Los muertos... los muertos quedaron insepultos para dar fe de nuevos horrores, cuando el alba pudiera alumbrar las hazañas de los hombres. P. Julián Rodrigo. o. s. A. (Concluirá.) LA LIBRERÍA DE FELIPE II (DATOS PARA SU RECONSTITUCIÓN) (conclusión) La Ulixea de Homero, en castellano, de Gonzalo Pérez, impreso año de mil y quinientos y cincuenta y seis; encuadernado en papelón y cuero verde, dorado.— En 8 reales. (E.) Justino, histórico, impreso año de mil y quinientos y cuarenta; en cuero negro.— En un real. (E.) El sétimo y octavo libro de Plinio, en francés, año de mil y quinientos y cuarenta y tres; encuadernado en papelón y cuero negro. — En un real. (E.) Instrucción del Príncipe, en francés, del año mil y quinientos y diez y siete; en cuero negro.— No es de valor. (E.) Comentarios de la guerra de Allemaña, de D. Luis de Avila, año de mil y quinientos y cincuenta; en cuero negro o leonado.— En 2 reales. (E.) Recopilación de diversas historias y descripciones de provincias, en trances, traducido del latín, impresa año de mil y quinientos y cuarenta y uno; encuadernada en papelón y cuero negro.— En 2 reales (S. L.) Hordenanzas y Pregmáticas del Rey Enrique de Francia, impreso año de mil y quinientos y cincuenta y cuatro; en cuero colorado. — En 4 reales. (E.) Theatro de los buenos ingenios, en cien emblemas morales de Guiller- mo de la Perriere y las emblemas de Alciato y cien pinturas de proverbios, y las fábulas de Ysopo, todo en francés, en uncuerpo, desde el año de mil y quinientos y cuarenta y uno hasta cuarenta y cuatro; en cuero colorado.— En4reales. (S. L.) El Amor de los amores, de Jaques Peletier, en francés, impreso año de cincuenta y cinco; encuadernado en papelón y cuero colorado. — En un real. (E.) Epístolas familiares de Cicerón, de Aldo, impresas en pergamino; en- cuadernado en cuero azul.— En 2 reales. (E.) 124 LA LIBRERÍA DE FELIPE n Amores de Oliveros, en francés, impreso año de rail y quinientos y cincuenta y tres; con cubiertas de cuero colorado.— En un real. (E.) Obras poéticas de Carlos Fontaine, en francés; en cuero colorado.— En un real. (E.) Imaginación poética, en francés, impresa año de cincuenta y dos, en- cuadernada en papelón y cuero colorado. — En un real. (E.) Argonáutica de Valerio Flaco, impreso año de mil y quinientos y veinte y tres, del Aldo; con cubiertas de cuero colorado, dorado.— En un real. (E.) Imagines de Fierre Corista, en francés; encuadernado en papelón y cuero colorado.— En un real. (E.) Poemas de Nicolée Vergede a la muerte del Príncipe Claudio de Lore- na; encuadernado en pergamino.— No es de valor. (E.) Quinto Curcio, en latín, impreso año de mil y quinientos y treinta y ocho; en cuero colorado.— En un real. (E.) Libro del duelo, en francés, impreso año de mil y quinientos y cincuen- ta; encuadernado en pergamino.— No es de valor. (E.) Pregmática del Rey de Francia contra la secta luterana, año de mil y quinientos y cincuenta y uno; encuadernado en pergamino.— No es de valor. (E.) Deploración sobre la muerte de micer Antonio de Croy; encuadernado en pergamino.— No es de valor. (E.) En dozavo, impresos Testamento nuevo, en latín, año de mil y quinientos y cincuenta y seis, en cuero pardo.— En un real.— (E.) Psaiterio hebreo, año de mil y quinientos y treinta y dos, con cubiertas de cuero verde y letras doradas.— En 4 reales. (E.) Oraciones del Testamento viejo, en hebrayco, latín y griego, impreso año de mil y quinientos y veinte y ocho; en cuero azul con letras doradas. — En 2 reales. (E.) Paraphrasis sobre las horas de Nuestra Señora, traducidas del latín en francés, por fray Gilíes Cailleau; en cuero colorado, dorado.— Es vedado. Epístolas y Evangelios de las Dominicas del año, en francés, impreso año de cuarenta y nueve; en cuero negro, dorado.— En 2 reales. (E.) Las obras de Cicerón, en latín, del Gripho, año de mil y quinientos y cuarenta y seis, en ocho cuerpos; encuadernado en cartón y cuero colorado, dorado.— En 24 reales. (E.) Las oraciones de Cicerón, impreso en París, año de mil y quinientos y LA LIBRERÍA DE FELIPE H 125 cuarenta y tres y cuarenta y cuatro, en tres tomos; encuadernados en cuero colorado y dorado.— En 9 reales, (fi.) Las Epístolas familiares de Cicerón, en francés, impreso año de cua- renta y tres; en cuero colorado.— En 2 reales. (E.) Los oficios de Cicerón, en francés, impreso año de mil y quinientos y cuarenta y cuatro; en cuero colorado.— En 2 reales. (E.) Las questiones tusculanas de Cicerón, en francés, año de mil y qui- nientos y cuarenta y cuatro; encuadernado en papelón y cuero colorado. — En un real. Plinio, de Natural historia, en cuatro cuerpos, impreso año de mil y quinientos y sesenta; encuadernado en cuero negro.— En 12 reales. (E.) La Historia de Tucidides, en francés, en dos cuerpos, impresa año de mil y quinientos y cuarenta y cinco; encuadernada en cuero colorado y dorado.— En 4 reales. (E.) Bouclier, o Escudo de la Fe, en francés, en tres cuerpos, impreso año de cuarenta y nueve; en cuero colorado. — En un real. (E.) Alianza con Dios por el baptismo de los christianos, en francés, año de cincuenta y tres; en cuero colorado con estrellas.— En 2 reales. (E.) Fundamento de la Fe, en francés, impreso año de cincuenta y tres; en- cuadernado en cuero colorado.— En un real. (E.) Prontuario de los Concilios y cismas, impresos año de cuarenta y seis, en francés; encuadernado en cuero colorado.— En un real. (S. L.) Los seis libros en dialogo de San Juan Chrisóstomo sobre la dignidad sacerdotal, en francés, año de cincuenta y cinco; en cuero colorado.— En un real. (E.) Pasto de la oveja humana, en francés, año cuarenta y seis; encuaderna- do con cubiertas coloradas. — En un real. (E.). Paráfrasis o declaración de cincuenta y tres psalmos de David, en fran- cés, año de cuarenta y seis; con cubiertas coloradas.— En un real. (S. L.) Victoria de las tribulaciones, en francés, año de cincuenta y seis; con -cubiertas de cuero colorado: autor Fr. Pierre Doré.— En un real. (E.) La Cruz de Penitencia, en francés, año de cuarenta y cinco; con cubier- ta colorada: de Fr. Pierre Doré, autor. En un real. (E.) Thesoro de Virtudes, en italiano y en francés, impreso año de cincuen- ta y cinco; con cubierta colorada.— En un real. (E.) Institución de Virtudes, en francés, por Pierre de Habert, impreso año de mil y quinientos y cincuenta y seis; en cuero colorado.— En un real. (E.) Colactiones Reales, en francés, primera parte, que es exposición del psalmo veinticuatro y veintiséis, impreso año de cuarenta y seis; en cuero colorado.— En 2 reales. (E.) 126 LA LIBRERÍA DE FELIPE II Cosas notables de la China, enviadas a los de la Compañía, impreso año de cincuenta y seis; en cuero colorado.— En un real. (E.) Recopilación de diversas historias de discripciones de tierras y de gen- tes, en francés, año de cuarenta y tres; encuadernado en papelón y cuero negro.— En un real. (S. L.) Libro de la policía humana, en francés, impreso año de mil y quinien- tos y cincuenta y cuatro; autor maestre Gilíes de Aurigny; con cubierta colorada. — En 2 reales. (S. L.) Marco Aurelio, en francés, año de cuarenta y seis; en cuero colora- do.— En un real. (E.) Comentarios de Julio Cesar, en francés, año de cuarenta y cinco; con cubierta colorada.— En 2 reales. (E.) Salustio, en francés, año de treinta y nueve; con cubierta de cuero ne- gro.—No es de valor. Menosprecio de la corte con la vida rústica, en francés, año de mil y quinientos y cuarenta y cuatro; con cubierta colorada.— En un real. (S. L.) Sentencia de los aphorismos de Hipócrates y Galeno, en francés, año de mil y quinientos y cincuenta y cuatro; con cubierta colorada. — En un real. (E.) Veinticinco paradojas, en francés, contra la común opinión, año de cincuenta y cuatro; con cubierta colorada.— En un real. (S. L.) Historia de Troya, de Dares Frigio, en francés, año de cincuenta y tres; con cubierta colorada.— En un real. (E.) Tres libros pequeños de la historia de las Indias, en francés, del maes- tro Juan Macer; año de cincuenta y cinco; con cubierta colorada.— En un real. (S. L.) Sumario de las cosas señaladas de Plinio, en francés, año de cuarenta y seis; en cuero colorado.— En un real. (S. L.) Las contracartas amatorias de Ovidio, por Miguel de Amboise, en francés, año de cuarenta y seis; con cubierta colorada. — En un real. (E.) Pasquín de Paris respondiendo a Pasquín Romano, en francés, año de cincuenta y seis; en cuero colorado.— No es de valor. (S. L.) Disputa entre el thaur y el deshonesto, de Veroaldo, en francés, año de cincuenta y seis; en cuero colorado,— En un real. (S. L.) Tratados diferentes de poesías, en francés, año de treinta y ocho; con cubierta de cuero colorado.— En un real. (S. L.) El Dante, en italiano, impreso año de cincuenta y dos; con cubierta colorada.— En dos reales. (E.) Terencio, impreso año de cuarenta y uno; encuadernado en papelón y cuero azul, dorado.— En un real. (E.) LA LIBRERÍA DE FELIPE H 127 Almanach del año mil y quinientos y cincuenta y seis de Nostre-Damus; con cubiertas de pergamino.— No es de valor. (E.) En diez y seis y en veinte y cuatro. Petrarcha: De remediis utriusque fortunae, impreso en latín, ano de mil y quinientos y quince; con cubierta de cuero blanco, plateado.— En 2 rea- les. (E.) Otro Petrarcha, de lo mismo, impreso ano del mil y quinientos y treinta y seis; con cuero verde y dorado. — En 2 reales. (E.) El Petrarcha, en italiano, poesía, impreso antiguo, año de mil y quinientos y veinte y cinco.— En un real. (E.) Amatoria de Ovidio, año de mil quinientos y treinta; con cuero blanco, dorado.— En un real. (E.) Methamorphoseos, de Ovidio, impreso año de mil y quinientos veinte y uno; con cubierta blanca plateada.— En un real. (E.) Ovidio: Methamorphoseos, año de mil y quinientos y treinta; con cu- bierta de cuero colorado, dorado.— En un real. (E.) Virgilio, del año de mil y quinientos y treinta y siete; con cubierta ne- gra y dorada; y una manecilla de plata. — En un real. (E.) Otro Virgilio, del mismo año; en cuero negro.— En un real. (E.) Otro Virgilio, del año de treinta y siete; encuadernado en papelón cu- bierto de cuero colorado, dorado.— En un real. (E.) Epístolas familiares de Cicerón, en latín, año de veinte y siete; encua- dernado en cuero negro.— En un real. (E.) Rethorica de Cicerón, del año de treinta y siete; en cuero negro, dora- do.—En un real. (E.) Tullio: De offíciis, del año de cincuenta y tres; en cuero azul, dorado. — En 2 reales. (E.) Fastos de Ovidio, año de mil y quinientos y treinta y uno; en cuero co- lorado.- En un real. (E.) Pomponio Mela, Julio Solino, Itinerario de Antonino, Vibio Sequester, Víctor, Dionisio Afer, del año mil quinientos y veinte y uno; en cuero co- lorado.—En un real. (E.) Rethorica de Cicerón, del año veinte y uno; con cubierta de cuero blanco, plateado.— En un real. (E.) Salustio, del año de veinte y uno; en cuero blanco, plateado. — En un real. (E.) Valerio Máximo, del ano de diez y siete; con cubierta de cuero bayo.— En un real. (E.) 128 LA LIBRERÍA DE FELIPE U Otro Valerio Máximo, año de veintisiete; con cubierta colorada.— En un real. (E.) Severino Boecio: De consolatione, impreso antiguo; en cuero negro, do- rado.—En un real. (E.) Otro Severino, de la misma impresión como el precedente; en cuero blanco, dorado. — En un real. (E.) Juvenal y Persio, del año de mil quinientos y treinta; en cuero colora- do, dorado. —En un real. (E.) Catulo, Propercio y Tibulo, del año de mil y quinientos y diez y seis; con cubierta colorada y dorada.— En un real. (E.) Terencio, del año de mil y quinientos y treinta; con cubierta colorada, dorada.— En un real. (E.) Salustio, del año de veinte y uno; en cuero colorado, dorado.— En un real. (E.) Horacio, del año de mil y quinientos y veinte y uno; en cuero colorado, dorado.— En un real. (E.) Dante, impreso antiguo, sin año; con cubierta de cuero blanco, platea- do.— En un real. (E.) Catulo, Propercio y Tibulo, del año de diez y seis; con cubierta de cue- ro blanco, plateado. -En un real. (E.) La Arcadia de Sanct Nazaro, en italiano, del año de diez y seis; en cue- ro blanco, plateado.— En un real. (E.) Asolanos de micer Pietro Bembo, año de quince; con cubiertas de cue- ro plateado.— En un real. (E.) Libros de a folio. Genealogia del Emperador Maximiliano, con figuras y escudos de ne- gro, de dibujo, en folio común, de mano; encuadernado en papelón y cue- ro colorado.-xEn 4 reales. (S. L.) Un libro que comienza desde Romulo y Remo, primeros fundadores de Roma, y fenesce en Ludovico Sforce, figurado de lápiz, en folio mayor; encuadernado en tablas y cuero negro. — En 6 reales. (S. L.) Otro libro, en folio mayor, de los Caciques de México, y de los días que sacrificaban en la semana, de mano, pintado de colores con figuras re- tocadas; encuadernado en papelón cubierto de terciopelo carmesi con cin- tas coloradas.— En 12 reales. (S. L.) Un libro de tropheos y antiguallas romanas, de estampas, sin escritura, en folio mayor; encuadernado en pergamino.— En 8 reales. (S. L.) Sepulturas antiguas y epitaphios que se hallaron en Narbona debajo de LA r-IBRERÍA DE FELIPE II 129 tierra, pintados de mano, de negro, al natural, como se hallaron; encua- dernado en pergamino.— En 4 reales. (S. L.) Un libro, en folio, de maese Luis de Torrebañez, de figuras de diversas posturas, con armas para jugarlas; retocados de colores y oro, con un es- cudo de las armas de los Mendozas en la primera hoja, retocado; encua- dernado en papelón y cuero negro, dorado. — En 8 reales. (S. L.) Tres Biblias reales, en cinco lenguas, impresas en Amberes, por Plan- tino, en ocho cuerpos y trece tomos, los once en pergamino y los dos en papel; encuadernados en tablas y cuero negro. — En 600 ducados. (S. L.) Historia de la India, del tiempo que la gobernó el Vissorey D. Luis de Atayde, de mano, en papel folio pequeño; encuadernado en tablas y cuero negro; con las armas de Portugal.— En 12 reales. (3. L.) Fray Gerónimo de Guadalupe, sobre los Evangelios, impreso en latín, en Salamanca, por Domingo de Portonaris, folio pequeño; encuadernado en papelón y cuero negro, con parrillas doradas en tablas. — En 12 rea- les. (E.) Bernardino Gómez, sobre la vida y hechos de Jacobo, primer Rey de Aragón, impreso en Valencia, en latín, folio pequeño; encuadernado en papelón y cuero negro.— En 8 reales. (E.) Las ympresas con exposición y discursos de Hieronimo Rucelli, impre- so en Venecia, en italiano, en folio pequeño; encuadernado en papelón y cuero azul, dorado y labrado de diversos colores, y en medio de las tablas unos óvalos con unos títulos.— En 24 reales. (S. L.) Theodosio, impreso en Meglna, en folio pequeño, sobre la sphera y mathemática; encuadernado en pergamino blanco, con cintas de seda mo- rada.— En 4 reales. (E.) La horden que tenia el Duque Charles de Borgoña en la guerra; ilumi- nadas las márgenes de h primera hoja con las armas de las provincias que poseía, escrito de mano, en pergamino, en lengua francesa, y al principio de él hay un escrito en tudesco, que dice que se ganó el dicho libro en la batalla de Morat, a diez y seis de Junio, año de mil y cuatrocientos y se- tenta y seis, y se halló en la tienda del dicho Duque, y parece por otro, es- crito en latín, que lo presentó al Sr. D. Juan un borgoñon; encuadernado en papelón cubierto de terciopelo carmesí, con cuatro cantoneras y cinco escudetes en cada cantón, y tres escudetes para manezuelas de plata dora- da, en folio menor.— Tasado con la plata en 3 ducados. (S. L.) Otro libro, en latín, de Bartholome Valverde, que trata del Purgatorio, en cuarto, impreso en Pavía; encuadernado en pergamino blanco, con cin- tas de seda blanca. —En 4 reales. (E.) Otro libro, de Francisco Maurolico, Abad de Mesina, que trata de ma- 130 LA LIBRERÍA DE FELIPE n themáticas, en latín, impreso en Venecia, en cuarto; encuadernado en per- gamino, con cintas moradas.— En 4 reales. (E.) Otro libro, del mismo autor, intitulado: Sicanicarum rerum compen- dium, en cuarto, impreso en latín, en Mesina; encuadernado en pergami- no, con lazos y corte dorado, con cintas moradas.— En 4 reales. (E.) Otro libro, intitulado: Oratio in laude Tadei Apostoli canonicam, Petro Martínez Toletano, en cuarto, impreso en Siguenza; encuadernado en per- gamino llano, con cintas blancas.— En 4 reales. (E.) Cosmographia de Francisco Maurolico, en latín, en octavo, impreso; encuadernado en pergamino, con lazos y corte dorado y cintas moradas. — En 2 reales. (E.) Juan Antonio Viperano, que trata del Rey y del Reino, en latín, impreso en Amberes, en ocho; encuadernado en pergamino llano, con cintas en- carnadas.— En 2 reales. (E.) Jornadas para el cielo, por fray Christoval Moreno, de la Orden de San Francisco, en octavo, en romatice, impreso en Zaragoza por Domingo de Portonaris; encuadernado en pergamino, corte dorado y cintas encarna- das.—En 4 reales. (E.) Tercera jornada del libro intitulado: Jornadas para el cielo, del dicho autor, impresión y encuademación, en octavo. — En 4 reales. (E.) Las confesiones de San Agustín, traducidas del latín, en romance, por el maestro fray Sebastian Toscano, impreso en Salamanca por Andrés de Portonaris, en doce; encuadernado en cuero negro, dorado y cintas ver- des.—En 2 reales. (E.) Mística theologia, en que se muestra el verdadero camino para subir al cielo, por el dicho autor, impreso en lengua portuguesa, en doce; encua- dernado en cuero negro, corte dorado y cintas verdes. —En 2 reales. Marthirologio, por el doctor Maurolio, en diez y seis, impreso en Ve- necia por los Juntas, mil y quinientos y setenta; encuadernado en cuero negro, dorado y cintas moradas.— No es de valor. Un cuaderno de la posesión que tomó D. Fadrique Enriquez del Reino de Sicilia por el Rey, nuestro señor, a siete de Junio, año de mil y quinien- tos y cincuenta y seis, impreso en latín e italiano; encuadernado en perga- mino, con cintas moradas, en cuarto.— En un real. (S. L.) Un libro, en folio mayor, Theatrum orbis; encuadernado en pergamino, que es de las ciudades mas insignes del mundo, impreso en Amberes por Phelipe Gallen, año de mil y quinientos y setenta y dos.— En 3 ducados. (E.) Cuatro cuerpos de libros, encuadernados en papelón y cuero colorado, dorados, con cintas coloradas, con muy poca escritura y con un envoltorio de papeles, todo de receptas de Fr. A. Lorenzo.— No son de valor. (E.) LA LIBRERÍA DE FELIPE II 131 Una caxa cuadrada cubierta de cuero negro, forrada en terciopelo verde con el tapador suelto, con cerradura dorada, en que están los libros siguientes: Una Biblia, de Roberto Stephano, con escolios de Vatablo; encuader- nada en tablas con cubiertas de terciopelo negro con cantoneras, maneci- llas y dos rosas en medio con armas reales que parecen de latón dorado. — En 20 reales. (S. L) Unas horas, en cuarto, escritas de mano en pergamino, con ilumina- ción, cubiertas de raso carmesi y en el medio de las tablas dos escudos de armas de los Reyes Católicos, en unas chapas de oro y en las esquinas de cada parte cuatro manojos de saetas de plata que son ocho en todos, con manecillas de plata. —En 50 reales. (S. L.) Otras horas, en cuarto, escritas de mano en pergamino, con muchas letras doradas, iluminadas; encuadernadas en tablas cubiertas de brocado con perfiles negros, con manezuelas de plata dorada hechas de unos boto- nes.—En 20 reales. (S. L.) Otras horas, en cuarto, impresas en pergamino con muchas ilumina- ciones y viñetas de figuras a la redonda; encuadernadas en tablas cubiertas de terciopelo negro, con dos manezuelas de plata. — En 8 reales. (S. L.) Otras horas, en octavo pequeño, escritas de mano en pergamino, con iluminaciones pequeñas; encuadernadas en tablas y cuero leonado, con una manecilla de plata hecha de un lazo de bastón, con un registro de ramales de seda de colores y el tronco de que ase de oro esmaltado de rosicler y blanco.— En veinte reales. (S. L.) Un breviario, en cuarto grande, de nueve lecciones, escrito de mano en pergamino, con dos remates en las cintas que sirven de nanecillas que pa- recen de plata dorada, y un remate de registro que parece de plata dorada; rota la cubierta.—En 16 reales. (S. L.) Unas horas, en diez y seis, escritas de mano en pergamino, con algu- nas iluminaciones; encuadernadas en tablas cubiertas de terciopelo negro, con una manecilla de oro hecha de una rosa con cuatro sortijuelas de oro de que asen unas cintas coloradas. — Con el oro en 4 ducados. (S. L.) Un diurnal, escrito de mano en pergamino; con cubiertas de raso car- mesi y una manezuela de plata dorada.— En 4 reales. (S. L.) Un libro, en cuarto, que tiene quince hojas, y dentro de él un pliego de papel pintado, y en las hojas del dicho libro una carta de marear, encua- dernado en tablas y cuero dorado, con cuatro manecillas.— En 2 rea- les. (S. L.) 132 LA LIBRERÍA DE FELIPE H Un libro, en octavo, en papel, con diversas figuras de medallas antiguas algunos animales; encuadernado en tablas y cuero verde, con dos^escudos de las armas reales.— En 2 reales. (S. L.) Un misal viejo, en cuarto pequeño, con manezuelas de oro esmaltadas de negro; encuadernado en tablas y cuero negro. — Tasado el oro en 4 ducados. (S. L.) Tres libros pequeños de memoria, viejos.— No son de valor. (S. L.) Un libro en papel, escritas en él algunas memorias de otros libros y otras cosas; encuadernado en tablas y cuero negro.— No es de valor. (S.L.) Siete libros, en folio, en francés, impresos en París; encuadernados en cuero colorado y de colores, de la historia de Amadis de Gaula.— No son de valor. Papeles scriptos de mano del Doctor Paez y D. Carvajal. Los Anales de la Corona de Aragón, duplicados, en ocho cuerpos, cuatro cada uno, con los Índices, impresos en papel, en folio, en Zaragoza, por Domingo de Portonaris, año de mil y quinientos y ochenta, compues- tos por Híeronimo de Qurita; encuadernados en pergamino.— A 2 duca- dos cuerpOc (E.) La Orden e instrucción del Tusson, escrita en pergamino, en francés, con algunas figuras iluminadas de los Principes y Reyes que se han halla- do en las fiestas y capítulos de la dicha Orden, y los escudos de los dichos caballeros de la Orden que en ellas estuvieron, escrito en pergamino, en olio; encuadernado en cartón cubierto de terciopelo carmesí con mane- zuelas de plata.— No se tasa porque es cosa de Orden, que ha de estar en los Tussones. (E.). Un libro en folio: Historia de la ciudad de Cremona, por Antonio Cam- po, cremonense, impreso en Toscano, con designio de la misma ciudad y algunas cosas señaladas de ella y retratos de algunos personajes; encua- dernado en papelón y cuero negro, dorado con las armas reales. Este li- bro parece duplicado.— No se indica la tasación. (S. L.) Tasación. — En la villa de Madrid a veinte y siete de Junio de mil y seiscientos años, ante mí el dicho Cristoval Fferroche, scríbano del dicho ymbentario y aprecio, en presencia de Antonio Voto, guardajoyas de S. M., Pedro del Bosque, librero del Rey, nuestro señor, con juramento que primero hizo, tasó los libros contenidos en este cuaderno de libros de diversas facultades, como consta de la tasación que queda puesta al cabo de cada partida, y lo firmó de su nombre.— Pedro del Bosque.— Ante mí, Cristoval Fferroche. 1>A LIBRERÍA DE FELIPE II 133 Libros acrescentados, tasados en Madrid por Joan Verrillo, 28 de Mayo 1602. Un libro en folio, grande, Teatro de la tierra universal de Abraam Or- telio, en romance, impreso en Amberes por Piantino, iluminado de colo- res; encuadernado en papelón y cuero negro con cinco florones de oro. — En 400 reales. (S. L) Otro como el dicho y de la misma impresión; encuadernado en pape- lón y cuero colorado con florones de oro.— Tasado en 400 reales. (S. L.) Otro libro en folio grande. Descripción de ciudades, tierras y puertos, impreso, colorido; encuadernado en pergamino morado. — En 400 reales. (S. L.) Otro libro en folio, impreso en la ciudad de Cremona, dirigido al Rey D. Phelipe, nuestro señor, con su retrato y escudo de armas en las dos primeras hojas, con viñetas retocadas de oro; encuadernado en cartón y cuero negro con dos escudos de armas Reales en las encuademaciones. — En 100 reales. (S. L.) Otro libro en folio, de mano. Tratado de artillería, en italiano, con figu- ras iluminadas y diversas personas e instrumentos de guerra para la arti- llería; encuadernado en cartón y cuero colorado, dorado.— En 200 reales. S. L) Una Biblia, en folio, en papel, impresa en latín con virgulas doradas, historiadas e iluminadas, en un cuerpo, impresa en Amberes, por Piantino, año de ochenta y tres, con muchas hojas jaspeadas de colores al principio y al cabo; encuadernada en gapa negra con manezuelas de plata dorada.— En 150 ducados. (E.) Otro libro en folio, en papel, de los consejos y respuestas de Joan Pe- dro Bimio, milanés, impreso en Venecia año de noventa y ocho; encuader- nado en papelón y cuero colorado, dorado, con dos iluminaciones aovadas en la encuademación. — En 16 reales. (E.) Dos libros en folio, en romance, impresos en Madrid, por Luís Sán- chez, de Política de Corregidores y vasallos, en tiempo de paz y de guerra, por el Licenciado Bouadilla; encuadernados en pergamino, dorado. — En 8 ducados. (S. L.) Otro libro en folio, impreso en papel, en latín, de Joan Mariana, De rebus híspanicís, impreso en Toledo; encuadernado en pergamino, — En 3 ducados. (E.) Otro libro, de mano, en folio; encuadernado en papel, que es inventa- rio de los libros y legajos de papeles que están en el Archivo y Secretaría 134 LA LIBRERÍA DE FELIPE II de la Embajada del Rey, nuestro señor, en Roma; encuadernado en cuero azul con escudos de las armas reales.— No se tasó. (S. L.) Otro libro, en folio, impreso en papel, de Jacobo Maroto, napolitano, de metaphisica, impreso en Ñapóles, año de noventa y ocho; encuaderna- do en pergamino. — Tasado en 12 reales. (S. L.) Otro en folio, de estampas de historias de la vida, milagros y pasión de Christo, nuestro Señor, iluminadas y retocadas de oro, impreso en Antuer- pia año de noventa y tres; encuadernado en becerro colorado con cinco florones de oro por cada parte. — En 100 ducados. (S. L.) Otro libro, en folio, de Natal, de la Compañía de Jesús, impreso en Antuerpia año de noventa y tres, de estampas y con todos los Evangelios de Christo, nuestro Señor y de su pasión, en latin; encuadernado en per- gamino dorado. — En 150 reales. (E.) Otro libro en folio, e Historia eclesiástica y flores de los Santos de Es- paña, por el Padre Marieta, de la Orden de Santo Domingo, impreso en Cuenca año de noventa y cuatro; encuadernado en pergamino. — En 16 rea- les. (S. L.) Otro libro en folio, Theórica y práctica de fortificación conforme a las medidas y defensas de estos reinos, del capitán Rojas, impreso en Madrid, por Luis Sánchez; encuadernado en papelón y cuero colorado con escudos de las armas reales.--En 16 reales. (S. L.) Otro libro en folio, Coronica del Emperador D. Alonso el VII, Rey de Castilla y León, por Fr. Prudencio de Sandoval, en Madrid, por Luis Sán- chez; encuadernado en pergamino. — En 12 reales. (S. L.) Un libro escrito de mano, en pergamino, para computar con la mano la letra Dominical, y otras muchas reglas; encuadernado en cuero azul, do- rado.—En 4 ducados. (S. L.) La vida de San Hieronimo, en cuarto, impreso por Thomas Junta, he- cha por Fr. José de Siguenga; encuadernado en cuero colorado, dorado el corte.— En 16 reales. (E.) Otro libro en cuarto, del Cardenal Fauio Albergati, de Ragiones, im- preso en Roma; encuadernado en pergamino dorado.— En 6 reales. (S. L.) Otro libro de Joan Mariana, De Regis institutione, impreso en Tole- do; encuadernado en cuero negro con unas flores de oro.— En 10 rea- les. (S. L.) Otro libro en cuarto, escrito de mano; parece que se envió al Empera- dor a Flandes antes que partiese para España; encuadernado en cuero ne- gro.—En 2 reales. (S. L.) Otro libro en cuarto, de caxa y manual de cuenta de mercaderes, por Bartolomé Saluador, impreso en Madrid, por Pedro de Madrigal año de LA. LIBRERÍA DE FELIPE H Icfó quinientos y noventa; encuadernado en pergamino amarillo.— En 4 rea- les. (S. L.) Descubrimientos de Joan Alfonso de Molina, impreso en Amberes año de mil y quinientos y noventa y ocho; encuadernado en pergamino. — Ta- sado en 4 reales. (S. L.) Oficio de Semana Santa, en cuarto, de mano, en pergamino, con algu- nas viñetas iluminadas y retocadas de oro. — En 4 reales. (S. L.) Concilio tridentino, impreso en Alcalá; encuadernado en pergamino.— En 2 reales. (E.) Oraciones a la muerte del Rey D. Felipe 11, del Cardenal Colonna, al Rey D. Felipe III, impresas en romance; en cartón y cuero azul con escu- dos de armas reales. — En 4 reales. (S. L.) Discurso de Federico sobre el carro inventado, de mano; en pergami- no, que se presentó a S. M.— En 4 reales. (E.) Oraciones a la muerte del Rey D. Phelipe II, dirigidas al Rey Pheli- pe III, impreso en Ñapóles; encuadernado en cuero colorado, dorado, con armas reales.— En 4 reales. (E.) La vida de San Plácido y su martirio, en octava rima, en italiano, im- preso en Venecia; encuadernado en pergamino, dorado. — En 4 reales. (E.) Concilio tridentino, impresa en Buxia; encuadernado en pergamino. — En 3 reales. (E.) Libro de la moral de la China, el cual llaman «Los cuatro libros», tra- ducidos del original en castellano, escrito de mano; encuadernado en per- gamino, dorado. — En 4 reales. (S. L.) Discurso de la prosapia de Austria, escrito de mano; encuadernado en pergamino, dorado.— En 4 reales. (S. L.) La muerte del Rey D. Pheüpe, por Ceruera de la Torre, en Valencia año de mil y quinientos y noventa y nueve; encuadernado en pergamino.— En 3 reales. (E.) El capitán Federico Orislerio, de armas, con figuras, impreso en Parma ano de noventa y tres; encuadernado en pergamino.— En 6 duca- dos. (E.) Exposición sobre el paternóster, por el padre Lobo, de mano, en pa- pel, en octavo; encuadernado en cuero negro.— En 4 reales. (S. L.) Omelias a cuatro Arzobispos, en Antuerpia año de noventa y ocho, en latín y griego, en octavo; en papelón y cuero colorado, dorado. — En 5 rea- les. (S. L.) Quilatador de la plata, por Joan Darphe, en Madrid; encuadernado en papelón y cuero negro, dorado. — En 4 reales. (E.) La vida del Santo Raymündo de Peñafort, en Tarragona año de noven- 136 LA LIBRERÍA DE FELIPE H ta y siete, en octavo; encuadernado en pergamino amarillo.— En 3 rea- les. (S. L.) Amores de Frangoys de Villaflonis, en francés, a lo pastoril; encuader- nado en cuero negro. — En 2 reales. (E.) El Doctor Herrera, de unos proverbios; encuadernado en pergamino. — En medio real. (E.) Jácome Velasco, de cuentas; encuadernado en pergamino.— -En un real. (S. L.) Genealogias de los Reyes de Portugal, por el licenciado Duarte Nuñez, en Lisboa; encuadernado en pergamino.— En 2 reales. (E.) Relación de algunos de los martirios que han hecho los herejes de In- glaterra, en Madrid, por Pedro de Madrigal; encuadernado en pergami- no.—En 2 reales. (S. L.) Confesiones de San Agustín, en Salamanca año de setenta y nueve.— En 2 reales. (E.) Tratado de las cosas que debe hacer el cristiano, por el Obispo de Oviedo, en Salamanca año de noventa y ocho; encuadernado en cuero co- lorado, plateado.— En 2 reales. (E.) La vida de San Pablo, impreso en Venecia; encuadernado en pergami- no, dorado. — En 2 reales. (E.) , Concilio toledano, en Alcalá año de noventa y seis; encuadernado en cuero colorado, dorado. — En 2 reales. (E ) Horas de Nuestra Señora, en París año de setenta y uno; encuadernado en cuero negro, dorado.— En 4 reales. (E.) Concilio provincial, impreso en Salamanca año de mil y quinientos y sesenta y seis; encuadernado en cuero azul.— En 2 reales. (E.) Una declaración del Salmo de David, de mano, encuadernado en per- gamino.—En un real. (S. L.) Tasación.— En la villa de Madrid, a veintiocho dias del mes de Mayo de mil seiscientos y dos años, ante mí, el dicho Cristova! Fferroche, scri- baño del inventario y aprecio de los dichos bienes muebles, paresció Joan Verrillo, librero de esta villa, el qual fue llamado para tasar los libros acres- centados en este género de libros de diversas facultades, y habiendo jura- do en forma de derecho de hacer bien y fielmente la dicha tasación, tasó los dichos libros a los precios y de la manera que quedan tasados en cada partida, y lo firmó de su nombre, de que doy fe.— Joan Verrillo.— Ante mi, Cristoval Fferroche. Luego pareció Antonio Voto, Guardajoyas del Rey, nuestro señor, el cual con juramento dixo y declaró que los libros de diversas facultades contenidos en este género, son los que están a su cargo, y que no saue de LA LIBRERÍA DE FELIPE II 137 otros, que si en algún tiempo lo supiere o los tuviere, está presto de los manifestar para que se ymbentarien y apprecien con los demás, y ansí lo dixo y declaró so cargo del dicho juramento y lo firmó de su nombre.— Antonio Voto.— Ante mi, Cristoval Fferroche. Así montan los marauedís deste género, seiscientos y setenta mil y ciento y sesenta y ocho maravedises. En la villa de Madrid, en el dicho día mes y año dichos, ante mi, el dicho Cristoval Fferroche, paresció el dicho Hernando Despejo, y dixo y confesó aver recibido del dicho D. Pedro de Soto y Voto las cosas conte- nidas en este género de libros de diversas facultades, según y como en cada partida y en las glosas de las dichas rúblicas se contiene, y se obligó a tenerlo a su cargo y dar cuenta dello a quien se la pueda y deva pedir, y lo dixo y otorgó ansi según y como mas en forma queda dicho, en gé- nero reliquias, y lo firmó de su nombre, siendo testigos los dichos; e yo el dicho Cristoval Fferroche doy fe que el entrego y recibo de las dichas co- sas se hizo en mi presencia y de los dichos testigos. — Hernando Despejo.» (Publicado en el tomo LXVIII de la Colección de documentos inéditos para la Historia de España, por el Marqués de la Fuensanta del Valle, D.José Sancho Rayón y D. Francisco de Zabalburu, págs, 481 a 521. To- mado del Archivo del Palacio Real de Madrid.) P. Guillermo Antolín. o. s. A. 10 REVISTA científica El ferrocarril Dax-Hlgeciras. Entre los proyectos a que ha dado ocasión, bien que remota, la guerra europea, y que es de gran interés para España, hemos de mencionar hoy el referente a un trazado de ferrocarril directo entre la frontera francesa y el puerto de Algeciras, que haría de nuestra Península el tránsito obliga- do entre Europa, África y América, supuesta la construcción en el Conti- nente africano de otro ferrocarril que uniese el Estrecho de Gibraltar con el puerto de Dakar, el más próximo a América. No hablaríamos de este proyecto si, aparte de los bienes que trae con- sigo una obra industrial de interés común, no plantease para nuestra pa- tria un problema de no fácil resolución, y que, al llevarse a la práctica, pro- duciría hondas modificaciones en el desenvolvimiento de la vida nacional. Es de advertir que en ese proyecto se establece como pie forzado, el ancho europeo para la línea; y como en España hay dos sistemas de ferrocarril distintos, el normal y el de vía estrecha, ninguno de los cuales coincide con el ancho europeo, bien claro se ve que el proyecto resultará tan ven- tajoso para el Extranjero como casi inútil para España, si no se tienen las debidas precauciones para que con la mayor facilidad se pueda convertir en arteria principal de todo el conjunto ferroviario español. Creemos que sólo después de un examen muy detenido y resolviendo de antemano los gravísimos inconvenientes que tendría para nuestro país en diferentes ór- denes de cosas, se puede tomar la resolución del ancho europeo. En cuanto al valor comercial, salta a la vista que lo mejor es que haya una sola medida de vía; que los vagones puedan circular por todas las re- des, evitando los trastornos que ocasionan los trasbordos, etc. La línea Irún, Valladolid, Madrid, Córdoba, Sevilla, Cádiz, es como el eje de todos nuestros ferrocarriles, tanto de vía normal como de vía estrecha; todos REVISTA CIENTÍFICA 139 ellos se han trazado mirando al fin primordial de unir las distintas regio- nes con la línea antes citada; y si ahora se lleva a la práctica el nuevo pro- yecto con sujeción a distinta medida, dada la importancia que ha de tener por su carácter internacional, es indudable que la línea Irún-Cádiz quedará relegada a segundo término, perdiendo también importancia sus afluentes en el mismo o mayor grado. Otra de las condiciones que se impone en el nuevo trazado de vía es que ha de tener la trayectoria más corta posible, con el fin de disminuir las distancias; y aquí es donde ha comenzado ya el pugilato entre los mismos ingenieros y entre las diversas regiones por donde se quiere que atraviese el ferrocarril. Dos son las tendencias manifestadas: unos prefie- ren el trazado Madrid, Soria, Pamplona, Alduides, y otros, el de Madrid, Somosierra, Burgos, Irún. ¿Cuál de esas dos tendencias debe preferirse? A nuestro modo de ver, la última, por las razones que a continuación se expresan: 1.^ Si nos fijamos en la constitución geológica del terreno atravesa- do por ambos trazados, los puntos donde han de construirse los grandes túneles son: el paso del Guadarrama, el de la cordillera ibérica y los Piri- neos. En los puertos del Guadarrama y Somosierra el terreno, geológica- mente, es idéntico, esto es, el granítico, que siendo de perforación costosa, tiene las ventajas de conservarse bien y de no necesitar revestimiento ni gastos de obras accesorias de saneamiento. Los puertos de la Brújula y Oncala, en la cordillera ibérica, son del terreno cretáceo y mioceno, y es de creer que no existan entre ambos grandes diferencias, y de haber algu- na sería en favor del de la Brújula por ser menor la longitud del túnel. Mas al llegar a los Pirineos, si se hace por los Alduides, en esta región los terrenos son carbonífero, devoniano, siluriano, cambriano y triásico, re- sultando gráfica la frase del ingeniero Sr. Benavent: «Los Pirineos son un montón de escombros.» En cambio, el cruce de ésta por Irún-Hendaya se verifica por terrenos cretáceos, en todas las estribaciones, y el jurásico. Por lo tanto, aunque el túnel de Somosierra sea más largo que el de Bochones, en cambio el de Idaizábal será mucho más corto que el de Alduides y re- viste condiciones geológicas más favorables. 2.^ En el trazado Madrid-Pamplona-Alduides la pendiente o rampa máxima sería de 20 milésimas entre los dos primeros puntos, y de 25 entre los últimos. Mientras que en el Madrid-Burgos-Irún la máxima sería de 16 milésimas en Somosierra. (La actual línea del Norte no pasa de las 20 mi- 140 REVISTA CIENTÍFICA lésimas en el Guadarrama.) Es digno de notarse lo anterior, porque si a una velocidad de 46 kilómetros por hora se pueden transportar 70 u 80 vagones con rampa de 8 a 10 milésimas, lo cual supone una carga total de 910 toneladas; queda reducido a 60 el número de vagones en una ram- pa de 11 a 19 milésimas, y a 50 en rampa de 20 a 25 milésimas, con lo que la carga transportada es solamente de 650 toneladas. La limitación que su- ponen las fuertes pendientes es muy considerable, y esto ocasiona compli- caciones y gastos excesivos en la explotación. En materia ferroviaria la distancia más corta entre dos puntos, no es la línea recta, sino la que es de longitud virtual más reducida. Teniendo esto en cuenta creemos que no tiene gran importancia la diferencia total de 43 kilómetros a favor del tra- zado Madrid-Pamplona-Alduides, por tener a su favor el otro trazado la diferencia de rampa, y además porque podría utilizarse la actual línea con alguna modificación desde Burgos a írún, lo cual supondría una reversión anticipada al Estado, y, por otra parte, los gastos serían mucho menores por estar asegurado ya el interés, tratándose de una línea que tiene tráfico nacional e internacional. Véase lo que sobre la velocidad que pueden alcanzar los trenes de via- jeros en la línea Madrid-Burgos-Irún, dice la Instancia presentada recien- temente al señor ministro de Fomento por las Diputaciones y Ayuntamien- tos de Burgos, Santander, Vitoria, Bilbao y Segovia: «Entre Burgos y Hendaya, redondeando las cifras por exceso, hay 86 kilómetros en que las pendientes o rampas no alcanzan el valor de 3 milé- simas; 57 kilómetros, en los que la pendiente o rampa es de 3 a 6 milési- mas; 98 kilómetros, en los que está comprendida entre 6 y 10, y 34, en que exceden de 10 y no llegan en ningún caso a 16 milésimas. En el Génie Civil de 4 de Enero de 1919 se encuentran los siguientes datos, en un artículo referente a la electrificación de las líneas del Midi francés: expresos de 960 toneladas circulan a la velocidad sostenida de 40 kilómetros por hora en rampas de 29 mm.; en rampas de 25 mm., a 50 kilómetros por hora; en rampas de 10 mm., pasa de 70 kilómetros por hora (tracción de vapor). El expreso de Loetsberg (Suiza), con tracción eléctrica, tiene de veloci- dad efectiva 53 kilómetros con rampas de 29 mm., curvas de radios me- nores de 300 mm. y con un túnel de divisoria de 14 kilómetros. La loco- motora eléctrica supone una ganancia del 40 al 50 por 100 en la velocidad sóbrela de vapor y queda reducida al 20 por 100 la ganancia en las curvas. REVISTA CIENTÍFICA 141 Conocidos estos datos, estimamos muy prudente admitir las siguientes velocidades susceptibles de desarrollarse por la tracción de vapor: 100 ki- lómetros por hora, en las rampas o pendientes comprendidas entre 3 y 6; 70 kilómetros por hora, en las que lo están entre 6 y 10, y 60 kilómetros en Jas que son superiores a 10 e inferiores a 16, límite superior. Aplicando estos valores al trayecto Burgos-Hendaya, resulta como tiempo preciso para el recorrido sin paradas 3 horas 32 minutos. Este tiempo está exagerado notablemente, porque las pendientes se han igua- lado a las rampas a fin de obtener una sola cifra para los dos sentidos, y es claro que, aun teniendo en cuenta el sentido más desfavorable Hen- daya-Burgos, hay una bajada de Vitoria a Miranda que se ha considerado como rampa. Construyendo la línea Burgos-Madrid con pendientes menores de 10 milésimas, se puede dircular con una velocidad efectiva de 90 kilómetros por hora, aún inferior a la de los expresos París-Calais (tracción de vapor), y, por tanto, se tardaría solamente 2 horas y 36 minutos sin paradas, y con la velocidad más moderada de 80 kilómetros por hora no se tardaría más que 2,58 minutos. En el primer caso, el recorrido total Madrid-Hendaya se haría en 6 horas y 8 minutos, y en el segundo, en 6 horas y 30 minutos, sin contar las paradas. Estas en los trenes internacionales podrían ser: 1 minuto en Aranda, 2 minutos en Burgos, 1 minuto en Miranda, 2 minutos en Vitoria (empal- me de Bilbao), 1 minuto en Alsasua (empalme de Navarra) y 2 minutos en San Sebastián. En total, 9 minutos, y contando el doble para tener en cuenta el tiempo perdido al frenar y al arrancar, resultan 18 minutos, que, si se agregan a lo obtenido antes, dan 6 horas y 26 minutos, si el trayecto Madrid-Burgos se hace a 90 kilómetros por hora, y 6 horas y 48 minutos en el segundo caso; en ambos el tiempo empleado en el recorrido Madrid- París sería menor por Hendaya que por los Alduides, por dos razones: primera, por ser menor el tiempo empleado en la sección Madrid-Henda- ya, que en la de Madrid-Alduides, y segunda, por ser la distancia Hendaya- París 22 kilómetros más corta que la de Alduides-París. Esto podría conseguirse empleando la tracción de vapor; con la eléc- trica aún podría mejorarse la ganancia en tiempo por las razones dichas. Conviene insistir en que los límites de velocidad admitidos son inferiores a los que pueden conseguirse en la realidad, 142 REVISTA CIENTÍFICA La velocidad media entre Madrid y Hendaya sería de 76,40 kilómetros por hora, y este resultado se puede alcanzar haciendo la doble vía entre Alsasua y Miranda, reformando ésta en algunos puntos, estableciendo un buen sistema de señales y enclavamientos y ejecutando los demás perfec- cionamientos que son corrientes en las grandes líneas del Extranjero.» Ahora bien; ¿quién no ve la diferencia radical que existe comercial- mente en las zonas que abarca cada uno de los proyectos? Si el nuevo ferrocarril se traza por Madrid-Pamplona-Alduides, toda la parte Norte desde el centro al Oeste queda a una gran distancia, con grave perjuicio de sus zonas respectivas. Los puertos de Bilbao y Santander, la cuenca carbonífera de Asturias, etc., etc., se creerían postergadas, siendo como es sencillo y hasta ventajoso para el proyecto la aproximación a esas fuentes de riqueza que redundan en beneficio de toda la nación, y ya hemos visto que la diferencia del recorrido es poco mayor; en cambio, la velocidad puede y debe ser mayor en el trazado Madrid-Burgos-Irún por la diferen- cia de rampa. Desde los grandes centros comerciales e industriales fácilmente se construirían los ramales de empalme con la línea general, aprovechando los ya existentes y atendiendo a las necesidades de cada zona, de lo que resultaría un plan completo y uniforme y muy adaptado a las convenien- cias nacionales. Mas si llega a realizarse el trazado de la nueva línea con el ancho europeo, constituirá una zona privilegiada de Norte a Sur, donde las industrias tendrán favorables condiciones de prosperidad que aún podrían ser mejoradas por los extranjeros con rebajas de tarifas en Francia y otros países, y que arruinarían a las otras industrias del litoral y centro de Es- paña. La gran facilidad con que los extranjeros podrían instalar explota- ciones de toda clase convertiría dicha zona en algo exótico que lentamente se iría diferenciando del resto de la nación. El nuevo ferrocarril no debe ser una servidumbre para España. Bien está que se den toda clase de facilidades a los extraños y que se contribuya ai progreso internacional con toda la ayuda que permitan nuestros elemen- tos disponibles; pero ha de ser siempre con la mira puesta en el interés de la nación, que no es incompatible con el mundial. P, L Cortázar. bibliografía Ética general, por Prudencio J. Conde, canónigo magistral de la Catedral de Badajoz.— Tomo I.— Un volumen de XII-546 páginas. — Luis Gilí, librero- editor, Claris, 82, Barcelona. 1917. Ética especial, por el mismo autor. — Un volumen, de VIII-358 páginas.— Badajoz, tip. de Uceóla Hermanos, F. Pizarro, núm. 11. 1916. Se propuso el autor escribir una Ética que, según nos dice él mismo, sirviera de texto en la segunda enseñanza y a la vez fuera «un trabajo su- ficientemente amplio para vulgarizar aquellas cuestiones morales de sumo y palpitante interés>; pero, como no es cosa fácil unir esas dos tendencias en una misma obra, el segundo punto de vista es el que principalmente ha adoptado el autor en la suya. Dado el carácter de la obra, creemos que no es necesario indicar mi- nuciosamente el conjunto de materias que la completan, pues, como es natural, los asuntos tratados coinciden en cuanto al fondo con los de aquellas otras obras de índole parecida; pero hemos de advertir, en justa alabanza del autor, que sin perder de vista los principios inconmovibles de la filosofía escolástico-tomista, sobre los cuales apoya sus principales ra- zonamientos, ha sabido presentarlos con tal originalidad, tal acierto en la exposición, revestida de ese aspecto nuevo que tanto se aprecia en las pre- sentes circunstancias, tal fuerza en la argumentación y, sobre todo, tal abundancia de datos, que esta obra puede entrar de lleno en las corrientes del pensamiento moderno, satisfaciendo perfectamente a las condiciones más exigentes. Pone, además, el plausible empeño de escoger, entre las muchas teorías que han tratado de resolver el problema moral, aquellas que son más dignas de tenerse en cuenta, ya por su valor intrínseco, ya principalmente por la mayor influencia que ejercen, o la extensión del do- minio que han logrado alcanzar en las controversias actuales, estudiando y rebatiendo de un modo especial al evolucionismo, según las diversas tendencias de Darwin y Spencer, no sin haber expuesto y refutado antes el origen de las costumbres y otros conceptos que S. Reinach explica por medió de los iabús, así como también hace lo mismo respecto al error 144 BIBLIOGRAFÍA de la escuela sociológica de Durkheim. Cuestiones muy bien tratadas son las referentes al determinismo e indeterminismo, imputabilidad y respon- sabilidad, juntamente con las del trabajo, la propiedad y doctrinas sus- tentadas por el socialismo, comunismo, etc., acerca de estos puntos de actualidad. Es muy de sentir el que, a pesar de la mucha importancia y grande in- terés que despiertan hoy día las numerosas cuestiones sociales que perte- necen por completo a la Ética, sea, sin embargo, esta rama de la filosofía, una de las que menos producciones, de verdadero valor, presenta nuestra patria en los tiempos actuales, siendo de desear que se fomenten más y más tales estudios, en los que se desarrollen, conforme las circunstancias presentes lo exigen, los verdaderos principios y doctrinas saludables con los cuales hay que dar la batalla a tantos y tan variables errores. La Ética del Sr. Conde rompe esa especie de silencio a que hemos aludido, suple deficiencias y puede ser para muchos un gran aliciente que les estimule a la producción de obras sólidas en las que se hallen expuestos los funda- mentos verdaderos de la moral y del derecho tan necesarios para la acer- tada solución de las muchas cuestiones prácticas que se presentan. — f. Sánchez. Epitome Compendii Theologiae Moralis. — P. Joannis B. Ferrares, S. J.— Juxta nonam editionem, secundam post Codicem. — Eugenias Subirana, Pontif. Editor, Barcinone. 1918.— Volumen de 628 páginas. La obrita que anunciamos constituye, bajo todos los aspectos, un nue- vo éxito del sabio P. Ferreres. A pocos autores puede aplicarse con más propiedad el calificativo de oportunos. El clero todo no puede por menos de profesarle intensa y franca simpatía por el inapreciable servicio que les presta con las diversas ediciones de su Compendio de Teología Moral, y los numerosos compendios y resúmenes de estudios canónico-litúrgicos, hechos adrem y con todas las ventajas de la claridad y la actualidad. A esta clase pertenece el presente libro, verdadero Manual de bolsillo para el sacerdote, del que puede servirse, por lo mismo, con suma facili- dad para recordar y resolver en un momento preciso cualquier duda que le sobrevenga, consultando por el índice alfabético de materias. En la exposición de la doctrina y en la resolución de las respectivas cuestiones se acomoda en todo, como puede suponerse, a las prescripcio- nes del nuevo Código del Derecho Canónico, y en lo relacionado con el Derecho civil cita oportunamente los códigos español y los de las na- ciones hispanoamericanas. Todo ello, más los apéndices y notas explica- BIBLIOGRAFÍA 1 45 livas, avaloran sobremanera el mérito de esta hermosa obra, primorosa- mente editada por el afamado librero pontificio Eugenio Subirana y digna de toda recomendación.— P. V. Menéndez. De la acción social.— Los Sindicatos de Obreros, por M. Arboleya Martí- nez.—I. Las euménides del proletariado.— II. Remedios que no lo son.— III. Dónde está el remedio.— Un vol., de 13 V- X 21 cm., de 32 págs.— Luis Gili, editor; Claris, 82, Barcelona. De nuevo ha puesto sobre el tapete el Sr. Arboleya la candente cues- tión de los Sindicatos, estudiándolos en su naturaleza y apremiante nece- sidad práctica, como arma de dos filos para combatir el peligro socialista y organizar las fuerzas del proletariado católico y lanzarle a la conquista y reivindicación de sus legítimos derechos. Para llegar a esa conclusión divide su estudie en tres partes. En la pri- mera pone al descubierto las hediondeces del agitador socialista, con su carencia de ideas, sus procedimientos salvajes, su sectarismo monomania- co, cristalizado en la lucha«de clases, verdadero disolvente de la solidaridad hismana. El cuadro resulta acabado, magistral y repugnante para toda alma noble. En la parte segunda examina algunos de los remedios propugnados por sociólogos incompetentes, y los rechaza por inadaptables al medio obrero, y por lo mismo como insuficientes e ineficaces. Así son, según el Sr. Arboleya, la escuela, las obras de beneficencia y caridad, las alianzas o compadrazgos entre patronos y maneurs socialistas, la predicación de la divina palabra... El docto sociólogo fustiga las candideces de los patroci- nadores de esos remedios sociales con frase dura, con despectiva ironía, con una conmiseración rayana en el olímpico desprecio. Creo que no es prudente seguir esa conducta. La divergencia de ideas no autoriza ciertos desahogos. La tercera y última parte, la más interesante y provechosa, está dedi- cada a poner de relieve la necesidad inaplazable de fundar Sindicatos católicos puramente obreros, para inmunizar a la clase trabajadora contra la propaganda socialista.,. Ese Sindicato, defensor de los intereses y dere- chos del obrero contra el patrono, contra la sociedad, contra los atropellos de las organizaciones socialistas, es el Sindicato Católico, que es: «una sociedad de trabajadores pertenecientes a la misma o a similares profesio- nes, que se juntan para estudiar, defender y mejorar sus intereses de todo género, y particularmente los intereses económicos que les son comunes, 146 BIBLIOGRAFÍA sin salirse para ello de los dogmas y preceptos de la Religión y de la Moral católicas». El Sr. Arboleya es decidido partidario de esa clase de Sindicatos, los considera cual reconstituyente social de poderosa eficacia para la solución del problema obrero. Seguros estamos de que nadie regateará a nuestro escritor competencia científica en esta clase de lides literarias, y lo que más vale, estudio directo del asunto en su labor social, aplicando estas doctri- nas a la vida real de la clase obrera, recogiendo sus anhelos, oyendo sus quejas y reivindicaciones y encauzando todas sus aspiraciones para darlas solución acertada dentro del Sindicato católico. Es decir, que el Sr. Arbo- leya ha comprobado sus afirmaciones con el argumento irrebatible de la experiencia. Su conclusión nos parece un acierto y está pidiendo a grito herido obreros, propagandistas, apóstoles que establezcan Sindicatos cató- licos en la ciudad y en el campo, en los centros de la industria y el comer- cio, que organicen en suma al proletariado en Sindicatos conscientes, vigorosos dentro de las doctrinas del Catolicismo. Es, a nuestro juicio, la más apremiante necesidad como solución inmediata provisional del magno problema obrero. Decimos provisional (con toda la timidez de un discípulo deseoso de aprender), porque el Sindicato, por excelente que sea, lleva en su consti- tución íntima un principio de lucha que no puede ser base permanente de estabilidad social. Hoy por hoy, teniendo en cuenta las violaciones come- tidas por el liberalismo económico, el aislamiento del obrero y los atrope- llos del cerril socialismo, quizá sea el Sindicato la única organización que responda a la psicología de la clase obrera, pero sólo como solución pro- visional, porque el ideal cristiano establece por fundamento del orden, no la lucha, sino la armonía social (1). Creo que no se debiera perder de vista esa tesis cristiana, aun en el caso de señalar los medios de evitar los obstáculos que impiden su pací- fico reinado. Con este insignificante reparo, nos parece de perlas el folleto del Sr. Arboleya, y deseamos que adquiera su difusión grandes proporcio- nes, porque esperamos de su lectura copiosos frutos de bendición para la religión y la patria. — P. L. Conde. (1) El eminentísimo Cardenal Primado consigna este pensamiento en fa- mosa Carta Pastoral, yüs//c/fl y Caridad en la organización cristiana del trabajo, con estas palabras: «Si no se puede satisfacer el ideal, que es la unión en una misma entidad de todos los elementos productores, deberán constituirse urgentemente Asociaciones profesionales sólo con obreros, porque es la clase más numerosa y desvalida, porque sufren privaciones crueles, porque están expuestos a perder sus cuerpos y sus almas, y el remedio de tanto daño no sufre aplazamiento por parte de la Iglesia.» BIBLIOGRAFÍA 147 San Francisco de Asís y el Jubileo de la Porciúncula. Método práctico para ganar esta indulgencia, por D. Cipriano Nievas, Párroco del Real Sitio de Ei Escorial. — Madrid, 1919.— Un volumen en 16." m. de 72 páginas. He aquí un librito de piedad que las almas devotas leerán seguramen- te con mucho gusto y no menor aprovechamiento espiritual.. El tema no puede ser más interesante y atractivo, y su desarrollo nada deja que desear. Tras de breves palabras sobre la necesidad de la caridad, el culto y ce- loso párroco del Escorial traza con cuatro pinceladas de mano maestra la excelsa figura del Serafín de Asís; narra luego la historia del Jubileo de la Porciúncula; desde su origen hasta nuestros días, y termina exponiendo los requisitos que hay que cumplir para ganarle, y resolviendo cuantas du- das y dificultades pueden presentarse acerca del particular. Y para que nada falte, añade al fin un breve formulario de las oraciones que han de rezarse para aplicar el dicho Jubileo. En menos páginas no se puede condensar mejor todo lo referente al Jubileo de la Porciúncula. La sencillez, claridad y galanura de estilo con que está escrito, realzan el mérito de este libro y hacen agradable su lec- tura. Nuestra enhorabuena a su docto autor. — M. R. CRÓNICA GENERAL Madrid-Escorial, 15 de Julio de 1919. ROMA Han fantaseado no poco los periódicos sobre los resultados de la mi- sión encomendada por Su Santidad a monseñor Cerreti en París, dándole por lo general excesivo alcance. Desde luego se sabe que la gestión prin- cipal se refería a la modificación de ciertos artículos del tratado de paz que lesionaban los derechos de la Iglesia en las misiones católicas, y se sabe también que se obtuvo la modificación de mayor o menor importancia. De ello habló Su Santidad Benedicto XV en la alocución del Consistorio secreto de 3 de Julio, diciendo entre otras cosas: «No pasaremos en silencio las solicitudes que recientemente Nos recla- maron los intereses de las misiones católicas. Habiendo sabido, en efecto, que en la Conferencia de Versalles para la paz se habían tomado ciertas disposiciones, por las cuales parecían no haber quedado garantidos los derechos de la predicación evangélica, Nos hubimos de dirigirnos con confianza a los miembros de aquel Consejo, rogándoles que tuvieran a bien examinar este asunto con cuidado. Nos enviamos en Nuestro nom- bre a un eminente Prelado de la Curia romana con la misión de defender estos derechos en la medida de lo posible. Hoy Nos es agradable poder anunciaros que los del Consejo, después de haber examinado con aten- ción Nuestros requerimientos, les han dado satisfacción en gran parte. Así también amaños Nos esperar que una equidad semejante les guiará en la ejecución de sus decisiones. La religión católica está en ese asunto interesada, al mismo tiempo que la civilzación y la Humanidad. »Y puesto que las hostilidades han cesado por fin. Nos elevamos humildemente Nuestros votos a la divina Providencia de que sea supri- mido el bloqueo marítimo, que entraña para una multitud tan grande el hambre y toda suerte de privaciones, de que todos los prisioneros de gue- rra sean libertados inmediatamente y que, en fin, los individuos y los pue- CRÓNICA GENERAl^ 149 blos, enemigos hasta ahora, se unan de nuevo entre ellos por los lazos de la caridad cristiana que Nos no cesamos de inculcar y sin la que todo tra- tado de paz sería vano.» —El día 21 de Junio tuvo lugar en la villa de Ostia, santificada por la memoria de Santa Mónica y San Agustín, la colocación de la primera pie- dra de la iglesia dedicada a Nuestra Señora de la Paz, Regina PaciSj que habrá de levantarse por suscripción de todos los católicos del mundo. La iniciativa pertenece al eminentísimo Cardenal Vannutelli, decano del Sagrado Colegio y Obispo de Ostia, y la suscripción fué encabezada con 100.000 liras por Su Santidad Benedicto XV, que ha confiado la posesión del proyectado monumento a la Orden Agustiniana. Intervino en la ceremonia un representante del Municipio romano, M. Orlando, que hizo la siguiente declaración oficial: «En nombre del al- calde de Roma, declaro que, al colocar la primera piedra angular de este nuevo templo, la villa de Nueva Ostia queda fundada.» Pronunció también un discurso de suma inspiración el Reverendísi- mo P. O'Gorman, Comisario general de la Orden Agustiniana, después del cual habló el Emmo. Cardenal Vannutelli, quien, según leemos en La Croix, de París, tuvo delicadas frases de agradecimiento para el celo de los Padres Agustinos, para el concurso del Círculo de la Inmaculada y para la generosidad del Municipio romano que había donado el terreno en que había de construirse la iglesia. «La administración— dijo el insigne purpu- rado— ha comprendido cuan justo y oportuno es que una ciudad nueva, al levantarse en las plácidas playas tirrenas ostente en su centro la Casa de Dios. En una capilla especial de esta iglesia será ofrecido todos los días el sacrificio propiciatorio por las víctimas de la guerra.» El eminentísimo ora- dor expresó conmovido el deseo de que en las oraciones y súplicas ofre- cidas a Dios en el nuevo templo, no fuesen olvidadas las almas de los dos hermanos (^Emmos. Serafín y Vicente Vannutelli) sucesivamente decanos del Sagrado Colegio que contribuyeron a la erección de la iglesia Regina Pacis, Terminó con un elocuente homenaje a Benedicto XV, que en sus desvelos por una paz justa y duradera nunca olvidó el puerto de Ostia y quiso que fuese dedicado a la Virgen Regina Pacis. «El Cardenal Vannutelli— añade el citado periódico— ha hecho un lla- mamiento a la piedad internacional para que concurra a la erección de este santuario, habiendo respondido ya Portugal, Inglaterra, Irlanda, Malta y ios Estados Unidos.» — En cuanto a las relaciones de los Estados con la Santa Sede, se habla de que no sería difícil el establecimiento de una representación diplomática por parte del Gobierno de Berlín, además de mantenerse la Nunciatura de 150 CRÓNICA GENERAL. Baviera. Y en cuanto a Francia, el ministro de Negocios Extranjeros, mon- sieur Pichón acaba de dar una nota, que es un verdadero desafío a la opi- nión del país. Con referencia a esa actitud del Gobierno Clemenceau y la que se atribuye al de Italia, dice VAction Frangaise: «Monsieur Pichón, en nombre del Gobierno francés, ha arrojado lejos de sí como una idea humillante el proyecto de reanudar las relaciones diplo- máticas con la Santa Sede. En vano había presentado M. de Monzie las ra- zones de interés nacional y de buen sentido que militan en favor de «la polí- tica religiosa de los incrédulos». ¿Y si esta política desechada por el Gobier- no de la República, aunque la practique la protestante Inglaterra, estuviera a punto de ser adoptada por un Estado menos dogmático que el francés y que, como éste, no conoce tampoco al Papa? Raramente se habla con un italiano que no pregunte éste en un momento determinado: — ¿Qué hará Francia respecto al Vaticano? —¿Y vosotros?— se le responde.— Porque hace ya mucho tiempo que flota en el aire la idea de aproximación, y que se atribuye al Sr. Nitti, cuya hora ha llegado, proyectos de inteligencia di- recta para terminar de una vez con la anormalidad inaudita de dos pode- res que habitan juntos y a la vez se desconocen. No sabemos si el Sr. Nitti primer ministro, pensará igual que el Sr. Nitti candidato a la presidencia del Consejo. Tampoco sabemos la acogida que observaría el Vaticano ala apertura de las negociaciones. Lo indudable es que si hay un Estado a quien puedan ser difíciles los primeros pasos para una aproximación con el Papa, este Estado es Italia. Con distinta energía, es verdad, pero sin ceder en cuanto a los principios, cuatro pontificados han protestado sin cesar desde el 22 de Septiembre de 1870. Con una paciencia fundada en la eternidad de sus derechos, la Iglesia ha esperado. Ahora las cosas han cambiado; si el Gobierno italiano fuera más hábil que el francés para ha- blar con la Santa Sede por medio de la diplomacia secreta, hay situaciones que exigen remedios heroicos y medios extraordinarios.» EXTRANJERO Marcharon los supremos directores de la Conferencia de París para pre- sentar en sus respectivos Parlamentos el tratado de paz de Versalles, y se les recibió, por lo general, entre grandes manifestaciones de alegría. A Mr. Cle- menceau tributó la Cámara francesa indescriptible ovación. Para recibir a Mr. Wilson, que regresaba a su país en el George Washington, salió una es- colta de cuatro dreadnougts y 36 contratorpederos, a los que se unieron des- pués 45 navios de guerra norteamericanos, y al desembarcar en Nueva York CRÓNICA GENERAL 151 se le aclamó por una multitud inmensa que cantó el himno nacional. El presidente pronunció un discurso en el Carnegie-Hall, y al día siguiente, 2 de Julio, se trasladó a Washington, donde, reunidas las Cámaras, dio cuenta Mr. Wilson de su gestión en Europa. «El aislamiento de los Esta- dos Unidos— dijo en su discurso — cesó hace veinte años, al fin de la gue- rra con España. Está fuera de duda que nosotros no podemos dejar de ser una gran potencia; pero se trata de saber si podemos rehusar el papel de guía moral que nos ha sido ofrecido, si debemos aceptar o rechazar la confianza que el universo nos concede. La guerra y la Conferencia de la Paz han respondido por nosotros.» También a Lloyd Qeorge se le hizo una entusiasta manifestación en la Cámara de los Comunes. Todos los di- putados y el público de las tribunas, puestos en pie, aclamaron al primer ministro, entonando a continuación el himno nacional. El jefe de los libe- rales, sir Donald Mac León, dedicó al jefe del Gobierno cariñosas frases de bienvenida, y entonces el ministro habló sobre la importancia inmensa que tiene el tratado y anunció las declaraciones que luego consigna- remos. Y sin embargo, el vino de la paz sigue con mezcla de ajenjos, no sólo para los alemanes, que ratificaron ya el tratado en la Asamblea de Wei- mar, y que han visto como consecuencia levantado el bloqueo y repatria- dos parle de sus prisioneros, sino también para la mayor parte de los paí- ses vencedores. Para Italia sigue sin arreglo la cuestión del Adriático, y en estos días, una colisión entre elementos italianos y franceses en Fiume, ha sido causa para que surgiera una campaña de invectivas recíprocas entre la Prensa de uno y otro país. En los Estados Unidos, el tratado de paz, por lo que se refiere a la Liga de las Naciones, encuentra fuerte oposición en el partido republica- no. De la Conferencia de París se ha retirado Bratiano, el jefe del Gobier- no de Rumania, por no creer satisfechos los anhelos territoriales de su na- ción; y conocida es la actitud de la mayoría de los socialistas franceses, de ruda oposición al tratado de paz, habiendo propuesto como señal de pro- testa la huelga internacional de veinticuatro horas para el 21 de este mes. Un periódico francés hace notar como una excepción odiosa la ausen- cia del nombre de Dios en este tratado de Versalles, pues sabido es que los más solemnes tratados de la Historia, los de Utrechí y Westfalia, se firmaron bajo el «nombre de la Santísima Trinidad», y pregunta: «¿Por qué se ha faltado en tal forma que en esta página de la historia de la Hu- manidad no se haya inscrito el nombre sagrado de Aquél de quieti proce- de toda autoridad, todo derecho y toda justicia?» 152 CRÓNICA GENERAL Es que el derecho y la justicia sin Dios van a reirse de media Humani- dad y los frutos van a dar fe de la savia del árbol de donde proceden. Discurso de Lloyd George, — Al presentar en la Cámara de los Comu nes el proyecto de aprobación del tratado de paz, Lloyd George pronun- ció un discurso de gran importancia dirigido a poner de relieve todas las negruras de la guerra y tratando de hacer recaer todas las responsabilida- des de la misma sobre Alemania. En el razonamiento del primer ministro inglés se nota el olvido de lo que la Historia y la Geografía dicen y claman contra su propio país, pero es natural el olvido. Los periódicos publicaron la siguiente síntesis de su discurso: «Yo no quiero disminuir lo que las condiciones del tratado tienen de terribles: ¿son ellas justas? Los territorios quitados a Alemania constituyen simples restituciones. Así Alsacia y Lorena, arrancadas a la patria, a la cual son profundamente adictos sus habitantes ¿es una injusticia que vuelvan de nuevo a esta patria? ¿Y el SlesvigHolstein, este robo el más vil de los Hohenzollern que despojaron a un pobre país sin defensa contra el voto de sus poblaciones? ¿Y Polonia, descoyuntada para satisfacer los apetitos insaciables de las autocracias austríaca, rusa y prusiana?... »Yo nunca hubiera creído que una nación que se pretende civilizada y que quiere ostentar ante el mundo una refinada civilización pudiera come- ter crímenes tan monstruosos como los sufridos durante la guerra, en los que no cabe atenuación posible. »Creo interpretar el sentimiento de esta Cámara al manifestar que los oficiales y jefes, sin distinción de graduaciones, que se hicieron responsa- bles de estos delitos, serán juzgados, poniendo el Tribunal sentenciador entera imparcialidad en sus fallos. »¿Puede tacharse de injusticia, además, que los Gobiernos aliados traten de impedir que Alemania pueda aprovecharse, en cualquier forma que sea, de las odiosas destrucciones de herramienta en Francia y Bélgica?» El orador, ocupándose de las condiciones del tratado, reta a quienquie- ra que sea a demostrar que los aliados no juzgaron recta y justamente al aplicar tales condiciones a Alemania. «Alemania — añadió — tramó el complot más espantoso que registra la Historia, no para defenderse, como hipócritamente decían sus órganos de opinión, sino para engrandecerse a costa del vecino, y no puede imaginar- se un crimen peor. Si, por desgracia, la maniobra de Alemania hubiera tenido acierto, habríamos visto implantarse en todo el universo el régimen CRÓNICA GENERAL 153 de la tiranía, de la opresión y de la injusticia. Al dictar las condiciones de paz hemos querido restar a Alemania cualquier deseo de volver a comen- zar sus quimeras. Se ha pretendido también que no debe ni puede castigarse a Alemania por crímenes que cometieron sus gobernantes, puesto que es notorio que el pueblo alemán agrupóse entusiásticamente en torno a su Gobierno al declarar éste la guerra, aprobó el desarrollo de ésta y a buen seguro que hubiera aprobado con delirante alegría la paz alemana. Necesitábamos, pues, como hecho esencial, que las condiciones de paz constituyeran una ejemplaridad saludable, que demostrase a todos a lo que se expone, en caso de derrota, una nación que, sin provocación de nadie, se lance a una guerra de agresión con las naciones vecinas. Las garantías que habían de exigirse han sido objeto de profunda pre- ocupación por parte de cuantos cooperamos a la redacción del tratado; pero estábamos resueltos a concertar un escrito que no fuese un papel mo- jado, y por ello, el tratado prescribió en primer término el desarme de Alemania, para quitarle así los modos ofensivos más inmediatos.» Expuso a continuación Lloyd Qeorge el estatuto de las colonias por el sistema de los mandatos. «Estos mandatos— dijo— aumentan muchísi- mo la responsabilidad de la Gran Bretaña: algo así como 800.000 millas cuadradas han sido añadidas a la carga ya terrible del Imperio.» Ninguna de las afirmaciones del primer ministro inglés tiene desper- dicio, pues bien sabido es que jamás Inglaterra se engrandeció a costa de los demás, ni formó complots de las naciones para vencer a sus rivales, ni fomentó la piratería, ni puso su planta sobre el cuello de pueblos indepen- dientes. Es lástima que Lloyd George no se acordara en aquellos momen- tos de Irlanda y de Gibraltar. El enjuiciamiento del Kaiser y los cómplices de la guerra.— Quisieron los alemanes enmendar el tratado en el sentido de que se eligiese un Tri- bunal verdaderamente internacional que juzgase sobre los responsables de la guerra; pero por lo visto los aliados temieron el juicio de los neutrales y se negaron a la pretensión alemana. Así, pues, el ex Emperador alemán será juzgado por sus enemigos en Londres, y se dice que juntamente con él serán juzgados 71 oficiales de la marina alemana con los almirantes von Tirpitz y von Capelle a la cabeza, y además el Kronprinz, el príncipe Ru- precht de Baviera y los generales von Mackensen y von Bülow entre otros. De las gestiones cerca del Gobierno de Holanda para la extradición del Kaiser, es de lo que no se sabe nada hasta ahora. Habrá primeramente de ser aprobado el tratado de paz en todos los Parlamentos de los aliados, 11 154 CRÓNICA GENERAL y entonces llegará la hora de exigir del Gobierno de Holanda la entrega. A propósito de este juicio singular escribe A. Bunois en UHamanité, de París, reflejando el sentir de los socialistas franceses: «Cien años han trans- currido desde Waterloo y Santa Elena. Otra guerra, igualmente sangrien- ta que las de la Revolución y del Imperio, ha hecho de Europa un mata- dero. Inglaterra ha ganado esta guerra, como ganó las otras. No se creería, sin embargo, auténticamente vencedora — esa Inglaterra eternamente pare- cida a sí misma- si su victoria temporal no revistiese a los ojos del mun- do una especie de significación mística, disponiendo el castigo del venci- do. La Inglaterra de Wellington no se satisfizo con sujetar a Francia, sino que clavó a Napoleón en las duras rocas de Santa Elena. Su victoria de 1918 no le parecerá completa hasta que Guillermo II sea juzgado y condenado. Notemos, de paso, como signo de la diferencia de los tiempos, que ahora se va a «juzgar> a Guillermo II, mientras que, para Napoleón, prescindieron de toda ceremonia judicial. En rigor de la verdad, no puede verse claramente en virtud de qué tex- tos jurídicos llenará sus funciones el Tribunal ante el cual debe compare- cer el Emperador destronado. Ni esos textos existen, ni aunque los redac- taran, serían aplicables. El Tribunal, dirán algunos, juzgará equitativamente, Pero la equidad, ¿puede esperarse de jueces que en ese asunto no son más que los representantes del poder vencedor, y que, probablemente, no ve- rán en el acusado más que al enemigo? Arbitrariedad por arbitrariedad, venganza por venganza, preferible es la arbitrariedad desnuda, la venganza con la cara descubierta. La audacia de no juzgar a Bonaparte no careció de cierta grandeza. Obligando al Hohenzollern a comparecer ante un Tribunal de justicia, no hay más que hipocresía y semblante falso. En ese debate, imprudentemente abierto, sobre las responsabilidades de la guerra, debate inevitable y necesario que domina todos los demás de la guerra y de la paz, únicamente los socialistas, limpios de toda man- cha, tienen derecho a pronunciar una sentencia. Tienen el derecho, y tam- bién el deber. Desde ahora, cada partido socialista debe iniciar el proceso de las responsabilidades— pesadas o ligeras, lo mismo importa— que in- cumben a su Gobierno. Nuestros camaradas de Rusia han constituido el suyo. El ejemplo es bueno: es preciso seguirlo. La Internacional juzgará en suprema instancia. Y cuando la Internacional haya hablado, o yo me engaño mucho, o lo que va a pasar en Londres (alude el proceso del Em- perador) no aparecerá más que como una de las más cínicas comedias ju- diciales de las que la Historia está ya demasiado llena. > —Por lo pronto, el ejemplo del ex canciller alemán Bethmann Hollveg CRÓNICA GENERAL 155 ha sido imitado por el mariscal Hindenburg, que en un comunicado al presidente de la Asamblea nacional de Weimar dice que se pone a dispo- sición de los aliados para ser juzgado en lugar del Kaiser. «Las órde- nes—dice— dadas a las tropas alemanas lo fueron por iniciativa mía, y de nadie más, pues e! Emperador tenía depositada toda su absoluta confian- za en mí; y yo debo ser el responsable, pero no Guillermo II. Estoy, por tanto, a disposición del Gobierno alemán, y a disposición también de los Gobiernos aliados, para que se juzguen mis actos, y no que éstos recaigan sobre quienes no son responsables de ellos. > El príncipe Enrique de Prusia ha enviado el siguiente telegrama al Rey de Inglaterra: «En nombre de la justicia ruego a Vuestra Majestad desista de la extra- dición de su majestad el emperador Guillermo. Después de mi regreso de Londres, el 26 de Julio de 1914, donde he estado al lado de Vuestra Majestad, he sido testigo hasta la movilización de los esfuerzos realizados por el Emperador y sus consejeros para evitar a toda costa la guerra, desastrosa para la Humanidad. Deseoso de desmentir las calumnias propaladas durante años contra el Emperador alemán, estoy dispuesto a ayudar a Vuestra Majestad perso- nalmente en averiguar la verdad sobre las causas de la guerra y sus con- secuencias.» También el príncipe Eitel Federico de Prusia ha dirigido al Soberano inglés el siguiente telegrama: «A S. M. el Rey de la Gran Bretaña e Irlanda: Procediendo en cumpli- miento de mis naturales deberes, como hijo y oficial, me pongo a la dis- posición de Su Majestad con mis cuatro hermanos menores, en lugar de mi imperial señor padre en el caso de su extradición, para evitarle con nuestro sacrificio un acto deshonroso. En nombre de los príncipes Adal- berto, Augusto, Guillermo, Osear y Joaquín de Prusia, Eiiel Federico de Prusia. La ratificación del tratado por Alemania.— E\ haber unido los aliados a la ratificación del tratado por Alemania la repatriación de prisioneros y el levantamiento del bloqueo fué causa para que el tratado se aprobara en la Asamblea nacional de Weimar antes que en ningún otro Parlamento. Fué ratificado el convenio el día 9 de Julio por 208 votos contra 1 15, y en esta sesión el ministro del Exterior, Hermann Müller, hizo las declara- ciones siguientes: «Tanto la Cámara como el Gobierno ha expresado ya su criterio sobre Í56 CRÓNICA GENERAL el tratado de paz el 23 de Junio, cuando se trataba de firmar o no firmar. No quiero repetirme; pero en pie sigue nuestra protesta unáni ne de la violación, sancionada por un tratado. Pero también sigue en pie nuestra promesa de cumplir el tratado hasta el límite. Tenemos que cargar con los deberes sin reservas. Al imponérse- nos la firma indicamos lo que a nosotros nos parecía imposible cumplir. Nosotros no tendremos culpa en cuanto al límite del cumplimiento se re- fiere. Todo nuestro pueblo empieza una caminata a través del desierto, pues así pueden llamarse los tiempos futuros. El primer paso dado en el cami- no de los sufrimientos es la ratificación. La activamos, porque la última nota de Clemenceau nos ha prometido el levantamiento del bloqueo. Ya no podemos aguantar por más tiempo la agonía del pueblo ale- mán, después de haber visto morirse, día tras día, durante todos estos años, a mujeres, niños y ancianos a causa del bloqueo de hambre. Además, tenemos esperanzas de ver pronto regresar a nuestros prisio- neros. Ellos han de regresar en breve, si es que la palabra paz no quiere perder su significado. No quisiera dejar pasar la ocasión de recordar la obra humanitaria que alivió la dura suerte de nuestros prisioneros. Agradecemos a los Esta- dos neutrales el gran cuidado que dispensaron a nuestros prisioneros cu- rándolos y hospedándolos, y expresamos nuestro sentimiento de gratitud al Papa. Agradecemos a la Cruz Roja internacional la labor humanitaria realizada. Tenemos el deseo de pagar estas nuestras deudas en obras de paz. Hoy entrega el Gobierno a la Cámara un proyecto de ley sobre el con- cierto de la paz entre Alemania y las potencias aliadas y asociadas, con protocolos y convenios sobre la ocupación de los países del Rhin, para que los ratifique la Asamblea. Tan pronto como el tratado lleve la firma de tres de las principales potencias enemigas— lo cual será dentro de po- cas semanas — , surgirá una nueva Alemania despedazada. Una parte del territorio le será arrebatado con una población puramente alemana, sin que ésta tenga el derecho a regir sus destinos. No podemos impedir esta des- gracia; pero sí queremos afirmar que nunca lo olvidaremos. Creemos, ade- más, que ellos tampoco borrarán de su memoria nuestra historia y cultura comunes. Tenemos el deseo de organizar nuestro país, utilizando todas las ener- gías que nos quedaron después de estos inauditos sufrimientos, a fin de que siga vigoroso el ideal nacional entre los hermanos separados de nos- otros, hasta que en tiempos ¡ojalá no muy lejanos! por medios pacíficos una verdadera Liga de los Pueblos encuentre una solución de todos los CRÓNICA GENERAL 157 problemas nacionales litigiosos que respete la voluntad de todos los pueblos.» —En cuanto a la impresión producida por el asunto de la extradición del Emperador, numerosísimos elementos políticos y militares han envia- do telegramas colectivos a la Reina de las reinas, Guillermina de Holanda, y a su Gobierno, suplicándoles que no accedan a la petición. Un telegrama de Ñauen dice: «Las noticias procedentes de Inglaterra sobre la tenacidad con que los ingleses exigen el enjuiciamiento, tan ver- gonzoso para toda Alemania, del Kaiser, son utilizadas por ciertos elemen- tos para afirmar que Inglaterra ha sido y será siempre el peor enemigo irreconciliable de Alemania. Se ve en esto la necesidad de dirigir las miradas hacia el Oriente y bus- car una unión más estrecha con Rusia, como única salvación del porvenir alemán. El trato dado por Inglaterra a la cuestión del Emperador demuestra a I todos los compatriotas alemanes que no es posible apartarse del asunto de la culpabilidad, aun suponiendo que hubiese unión en el interior de Ale- mania sobre el particular. En vista del proceder de la Entente, el Gobierno y los partidos políti- cos de Alemania se >ven inducidos a luchar por la revisión de la cues- tión. Esta lucha ha de haderse con todas las armas intelectuales dispo- nibles. Al examinar todo el material de pruebas para la cuestión, los mismos enemigos se convencerán de que no corresponde a la verdad política la acusación lanzada contra Alemania.» —Admitida la dimisión del mariscal Hindenburg, y antes de su salida de Kolberg, residencia del Estado Mayor Central alemán, que tuvo lugar el día 3, en presencia de una considerable muchedumbre, el ministro de la Guerra, coronel Reinhardt, hizo entregar al generalísimo la siguiente carta: «Tengo el honor de entregar a V. E. e) decreto sobre la anulación de la orden de movilización, y me permito agregar la gratitud imborrable que todos nuestros corazones sienten hacia el caudillo admirable, el soldado venerado y amado por todos y el alemán fiel a la patria. Si ocurriese que surgiera de nuevo el sol de entre las nubes obscuras de hoy, estoy seguro que las grandes hazañas del pueblo alemán se repe- tirán más grandes y más heroicas, y entonces, los jefes servirán de ejem- plo a las generaciones venideras, y a la cabeza de todos, el de nuestro ma- riscal Hindenburg, Nuestro más ferviente deseo a la hora de la despedida, es que el por- 158 CRÓNICA GENERAL venir nos permita ver tiempos más tranquilos y más felices que los días agitados de la actualidad. > El Consejo de los D/e^: . — Retirados el presidente Wilson y Lloyd George de la Conferencia de París, se ha formado nuevamente, bajo la pre- sidencia de M. Clemenceau, el Consejo supremo interaliado con dos repre- sentantes de cada una de las grandes potencias para estudiar el tratado de paz con austríacos, turcos y búlgaros y arreglar las diferencias entre los mismos aliados y las nacionalidades nuevas. La Delegación turca había presentado a la Conferencia un memorán- dum en que reclamaba el mantenimiento casi íntegro del Imperio turco; pero el presidente, Clemenceau, en carta al jefe delegado Damad Ferid Pa- cha, le invitó a abandonar París hasta que de nuevo se llamase a la Dele- gación otomana. En cuanto al tratado con Austria, siguen todavía las negociaciones, y respecto con Bulgaria, se dice que ha sido convocada para que el 25 de Julio se halle en Francia la Delegación, a la cual se le ha señalado por punto de residencia la población de Enghien. Más difícil para el Consejo de París es el arreglo entre los mismos aliados como lo demuestra, después del ejemplo de China y de Italia, el haberse retirado de la Conferencia el jefe del Gobierno y de la Delegación de Rumania, Bratiano. El disgusto rumano se basa en dos motivos fundamentales: el de las adquisiciones territoriales que Rumania esperaba, y el de la garantía que quiere tener la Sociedad de Naciones respecto al trato de las minorías ét- nicas y religiosas en los países de Oriente. En Agosto de 1916 celebró Rumania un tratado con Rusia, Francia e Inglaterra, en el que eran reconocidos a aquel país, al entrar en la guerra, la orilla izquierda del Theiss y todo el Banato de Tunesvar. Ahora resulta que una parte de la orilla izquierda del Theiss se le da a Hungría; una quinta parte del Banato— el comital de Torontal— se adjudica a Servia; se entregan a Bulgaria casi todos los territorios de la Dobrudja, y se discute la cuestión de Besarabia. En cuanto al trato de las minorías étnicas y religiosas en el seno de Ru- mania, ésta ha considerado que sus esencias de soberanía quedan vulne- radas desde el momento en que tienen dentro de su seno varios millones de magiares, y centenares de millares de alemanes, y colocar éstos bajo la tutela de la Sociedad de Naciones, es crear una serie de pequeños Estados dentro de la nación rumana. CRÓNICA GENERA L 159 Se ha firmado la paz; pero queda pendiente el disgusto de Italia, el de Yugoeslavia, el de Rumania, el de Grecia... La cuestión de Fiume.—Se registró el día 6 de Julio una colisión entre franceses e italianos en Fiume, dando ello origen a que en Italia y Francia se manifestara la animadversión mutua con caracteres feos. En Francia los periódicos dan la impresión de ver mal las aspiraciones italianas, por excesivas, respecto del Adriático, y a esto responde en Italia un movimiento verdaderamente popular que se ha manifestado hasta en el Parlamento. Se confía en que el ministro Nitti sabrá resolver mejor la cuestión que el Ministerio anterior de Orlando y Sonnino. Al hablar uno de los días pasados en la Cámara el Sr. Nitti acerca de la cuestión de Fiume y de todo lo relacionado con la Conferencia de París, se vio toda la importancia que la opinión italiana da al problema del Adriá- tico. Por su parte, el Sr. Tittoni, ministro de Negocios Extranjeros, hizo las declaraciones siguientes en un discurso de invitación a la calma. «Estamos combatiendo— dijo— en terreno diplomático la más dura de las batallas. El pueblo italiano debe evitar todo acto contrario al derecho de gentes y mostrar habilidad contra los pueblos con los cuales el Gobier- no italiano está hoy negociando a fin de no debilitar la situación de Italia, pues deseamos asegurar el mantenimiento entre Francia e Italia de las re- laciones y alianzas que unieron a ambos pueblos durante la guerra. Sostendremos hasta el último extremo, con fe y firmeza, los derechos e intereses de Italia. Las negociaciones que reanudamos parecen caminar hacia una solución próxima, que creemos podrá hacerse concreta en los comienzos de la próxima semana. Todo lo que yo pudiera decir ahora, redundaría en contra nuestra y comprometería el término de las negociaciones. El Parlamento compren- derá, pues, los altos motivos que nos obligan a guardar reserva. En breve expondremos el resultado de las negociaciones, pero en mo- mento oportuno. El tratado con Austria va a ser firmado; la cuestión del Asia Menor queda en suspenso hasta que Wilson haya interrogado al pue- blo americano. Todas las cuestiones del Adriático y de las colonias y los puntos de ca- rácter económico serán resueltos al mismo tiempo.» Termina el Sr. Tittoni su discurso haciendo un llamamiento a la solida- ridad de la Cámara para que pueda firmar la paz que sólo puede ser la paz de Italia. 160 CRÓNICA GENERAL El júbilo de Bélgica. —Ningún país ha salido de la guerra con la aureola prestigiosísima de Bélgica; ninguno se ha manifestado a su altura. Una de sus primeras fiestas, prometida de antemano por el ilustre Cardenal Mer- cier, ha sido un acto de reconocimiento y gratitud de toda la nación hidal- ga al Sagrado Corazón. Se verificó la manifestación religiosa en la Basílica de Rockelberg, con asistencia de los reyes, y en ella el insigne purpurado dirigió a los fíeles la siguiente alocución: cGloria a Dios en la sublimidad de los cielos y paz a los hombres a quienes el Señor concede el beneficio de la paz. Muy queridos hermanos: estas palabras fueron pronunciadas la prime- ra vez por los ángeles sobre la gruta de Belén. Ellas se repiten en cada instante de nuestra existencia, sobre cualquier punto del globo donde el sacerdote, en unión con los fíeles, realiza el sacrificio eucarístico. Esta palabra la repite Bélgica en este momento, hora solemne de su libe- ración. Bélgica, sois vos. Señor, guardián de vuestros derechos, luchador in- domable, vencedor del Iser. Bélgica, sois vos. Señora, intrépida compañe- ra del valor de vuestro real esposo; sois vosotros, nuestros bravos, nues- tros héroes, nuestros salvadores; sois vosotros, queridos y venerables co- legas de este episcopado, nuestros presbíteros, nuestros fíeles, venidos de las parroquias martirizadas de Lieja, de Namur, de Luxemburgo y de las regiones devastadas de Dixmude, Iprés, Furnes, Nieupor; sois vosotros, magistrados, guardianes de nuestras leyes y de nuestras instituciones na- cionales; sois vosotros, todos, compatriotas ausentes y presentes de cora- zón a nuestro lado. Mientras que nuestras canrpanas, en todas las parroquias del país, a la hora en que estamos, suenan con alegría, es esta Bélgica que viene a ren- dir un homenaje supremo a su Dios. Yo siento una alegría indecible por tener el honor de traducir ante el Sagrado Corazón de Jesús vuestra fe, vuestra gratitud y vuestro amor. (Aclamaciones: Gloria al Sagrado Corazón). El opresor está aterrado, el vencido sigue adelante. Ayer, 28 de Junio, firmaba el certificado de su fra- caso definitivo. La Divina Providencia, por una delicadeza de la cual le estamos pro- fundamente reconocidos, ha querido que el acto nacional de gratitud de los belgas, se hiciese públicamente al siguiente día de la conclusión de la paz mundial. Convenía que fuese así: Bélgica fué la primera en la prueba; el mundo entero proclama que ella fué la primera en el culto del honor; era, pues, necesario que ella fuese la primera en dar gracias a Dios. CRÓNICA GENERAL 161 Hermanos míos, en vuestro nombre, a todos voy a leer en vuestras len- guas nacionales nuestro acto de reconocimiento al Sagrado Corazón de Jesús.» • « Las fiestas de la victoria en Fra/zc/a.— Comentando Le Temps las fíes- tas de la victoria, celebradas el día 14 en París, dice: «La afluencia de público en toda la capital, especialmente delante de los monumentos elevados en honor de la victoria, es tal como nunca se cono- ció en París. Considerable número de forasteros de todos los departamentos invaden desde ayer la capital. Pueden calcularse en ocho millones las personas que encierra hoy el recinto de París. Toda Francia ha enviado su Delegación a París, y por ello Francia en- tera aclama hoy a los ejércitos nacionales y aliados.» Un telegrama del día 14 describía así el brillante desfile militar: «A las siete en punto de la mañana el Estado Mayor del mariscal Foch se presentó en la Puerta Maillot. Algunos minutos después llegaba el Consejo municipal; su presidente y el prefecto del Sena se dirigieron al mariscal Foch para darle la bienveni- da y rogarle que la hiciera extensiva a las tropas. Con este motivo se cam- biaron calurosas y patrióticas alocuciones. Acto seguido los mariscales Foch, Joffre y Petain, con los representan- tes de la municipalidad de París, se dirigieron en coche al Arco del Triunfo. Por otro lado, el presidente de la República, monsieur Poincaré, que había salido del Elíseo a las ocho en punto de la mañana, llegaba, entre in- descriptibles ovaciones, a la plaza de la Estrella. En ésta las aclamaciones a Poincaré fueron formidables. El Presidente de la República fué recibido al apearse del coche por el Presidente del Consejo, los de ambas Cámaras, los mariscales Foch y Joffre y todos los ministros. Las músicas entonaron La Marsellesa y el Canto de Partida y el público enronquecía dando vivas. El Presidente de la República ocupó la tribuna en la que se encontra- ban ya los ministros y los ex presidentes de la República Fallieres y Lou- bet, así como gran número de señoras y señoritas. En las tribunas colocadas a ambos lados de la presidencia estaban los miembros del Parlamento, revestidos de sus insignias, el Cuerpo diplomá- tico y los delegados alsacianos y loreneses. Al pie de las tribunas oficiales tomaban asiento 140 inválidos graves, a los que asistían 40 enfermeras. Desde el Arco del Triunfo se veía la Avenida del Gran Ejercito y los 162 CRÓNICA GENERAL Campos Elíseos, que rebosaban de curiosos. La muchedumbre se muestra impaciente por dar rienda suelta al entusiasmo. Después de haber saludado al Presidente de la República, los marisca- les Foch y Joffre regresaron a la Puerta Maillot para ponerse al frente de las tropas. Durante ese tiempo, 1.000 inválidos, llevando al frente una música militar, desembocan en la plaza de la Estrella y desfilan bajo el Arco del Triunfo. A pesar de sus heridas y sus deformaciones; el orden de la formación es correcto y de una disciplina maravillosa. La multitud los saluda con ver- daderos gritos de amor. Las mujeres les envían besos con la punta de los dedos y casi todas lloran. Los hombres, aunque quieren disimular su emo- ción, no pueden, y la traducen en vítores estruendosos y en un inacabable aplauso. A su paso ante la tribuna presidencial, monsieur Poincaré, de pie, se inclina profundamente, y, visiblemente conmovido, les saluda en nombre de la patria reconocida. A los ocho y media, los tambores, clarines y músicas suenan a un tiem- po. Por la Puerta Maillot aparece el escuadrón de la Guardia republicana, que precede al desfile, y penetra en la Avenida del Gran Ejército. Siguen los mariscales Foch y Joffre, montados sobre soberbios caba- llos. Detrás, las Delegaciones de los ejércitos aliados. Los mariscales Foch y Joffre llevan kepis, con las insignias de mariscal, y en la mano el bastón- insignia de su alta jerarquía. Al ponerse en marcha la formación, un estremecimiento pasa por la muchedumbre, que estalla en una formidable aclamación, a la que se aso- cia el nombre de los dos grandes soldados franceses. De todos los huecos de las fachadas se arrojan flores; los pañuelos de las damas se agitan, saludando a los héroes; los hombres se descubren respetuosamente, y en todas partes, en las aceras, en balcones y en venta- nas, y hasta en los tejados, la explosión de alegría es extraordinaria y emo- cionante. Los dos mariscales, emocionadísimos, dan gracia a la multitud. Avanzan hasta el Arco del Triunfo. La muchedumbre pugna por avanzar y ganar sitio tras la doble fila de soldados que tienden la carrera. El estampido del cañón, que resuena a lo lejos, conmueve a la muchedumbre, que pretende avanzar más allá de las tropas, costando a éstas gran trabajo contenerla. Bajo el Arco del Triunfo pasan juntos los mariscales Foch y Joffre, quienes reciben el homenaje más magnífico que la patria puede rendir a sus hijos. Los mariscales aparecen ante los Campos Elíseos y saludan a su paso CRÓNICA GENERAL 163 el monumento a los muertos por la patria, acto que la muchedumbre aper- cibe y vale a los ilustres militares otra nueva entusiástica ovación. Al pasar ante las tribunas, el Presidente de la República, los de las Cá- maras, el Gobierno, las representaciones y los invitados, se ponen de pie y descienden de la tribuna para saludarlos. Detrás de los mariscales viene el cortejo triunfal de las Delegaciones que representan los gloriosos ejércitos aliados, llevando a su frente los respectivos generales, seguidos de brillantes Estados Mayores. Americanos, belgas, ingleses, italianos, japoneses, griegos, polacos, portugueses, rumanos, servios y checoeslovacos desfilan con sus banderas, recibiendo de la multitud delirantes aclamaciones. La manifestación más entusiasta dispensada hasta ahora se hizo al paso de las banderas inglesas. Al desfilar las tropas aliadas comienza el desfile de la séptima división, a cuyo frente va el mariscal Petain, seguido de los generales De Castelnau y Berdoulat. Aclamaciones ardientes e ininterrumpidas acogen su presencia. El en- tusiasmo se apodera de la multitud, que vitorea y aplaude. Los mariscales llegaron a la plaza de la República a las diez y cuarto, y ante ellos comenzó el desfile de las fuerzas, esta vez mezcladas con el pueblo, que, al fin, consiguió abrazar a sus soldados. Las banderas y los estandartes, al pasar ante los mariscales, se incli- naban, y ellos saludaban emocionados. El admirable y grandioso desfile terminó poco antes de mediodía, sin el menor incidente y en medio de un fervor patriótico del que no hay nin- gún ejemplo en la historia de la Humanidad.» « • * La travesía del Atlántico.— Hdi sido un triunfo de la aviación la trave- sía del Atlántico realizada por los ingleses capitán Alcock y teniente Brown.. que en diez y seis horas y doce minutos salvaron en un solo vuelo la dis- tancia de 3.000 kilómetros desde Terranova a Irlanda. Recientemente se habían registrado varios intentos por ingleses y nor- teamericanos. Estos no creyeron prudente aventurarse a la travesía directa, y eligieron hacer el viaje por etapas, desde Terranova a las Azores (2.000 kilómetros), desde las Azores a Lisboa (L400 kilómetros) y desde Lisba a Irlanda. En estas condiciones emprendieron el vuelo el 16 de Mayo tres hidroaviones de la Marina norteamericana, N. C. /, A'. C. 2 y N. C. 4. De éstos sólo llegó a las Azores el último, dirigido por el teniente ameri- 164 CRÓNICA GENERAL cano Read, que consiguió recorrer las distancias por escalas en Lisboa, El Ferrol, PIymouth, tardando en el viaje hasta el 30 de Mayo. Más atrevidos se mostraron los ingleses intentando la travesía directa. El 18 de Mayo salieron de Terranova el australiano Hawker y el oficial de la Marina británica, Grieve; los cuales, después de haber recorrido unas dos terceras partes del trayecto, cayeron al mar, donde los recogió el buque danés Mary. El triunfo fué para los citados aviadores Alcock y Brown, que, tripu- lando un aparato Wickers, provisto de dos motores de 350 caballos y 3.000 litros de esencia, salieron de Terranova el 14 de Junio, a las cinco y veintiocho de la tarde (Greenwich), y aterrizaron en Clifden, costa occi- dental de Irlanda, a las nueve y cuarenta y cinco de la mañana del 15, ganando el premio de 250.000 francos ofrecido por el periódico Dai- ly Mail. Según relato del capitán Alcock, publicado por The Times, la niebla fué tan densa durante el viaje, que los aviadores no distinguieron cosa alguna en casi toda la travesía; y en un período de cuatro horas el aparato estuvo recubierto por una capa de hielo, a consecuencia de la caída de granizo, aunque la temperatura no fué excesivamente baja. |En opinión de Alcock y Brown, aunque su vuelo haya demostrado la posibilidad de la travesía directa del Atlántico en aeroplano, no es práctica la travesía si se efectúa en esa clase de aparatos, y debe por ahora reservarse para los diri- gibles. La respuesta no se ha hecho esperar. Pocos días después cruzaba el Atlántico el dirigible inglés R.-34, que el día 2 de Julio salió de East Fortune (Escocia), y, con un recorrido de 4.800 kilómetros, consiguió lle- gar a Long Island, junto a Nueva York, de un solo vuelo que duró ciento ocho horas. Iba dirigido por el mayor Scott y formaban la tripulación seis oficiales y 20 soldados. Aunque la travesía significaba un verdadero triunfo de la aeronáutica, no satisfizo del todo, sin embargo, por la tardanza del viaje, originada de las graves dificultades del temporal. Un comunicado de Londres dice que al aterrizar, y tan pronto como echaron los tripulantes el ancla, salieron a tierra los mecánicos y fué menester socorrerles, pues se encontraban casi agotados por las penalidades sufridas durante la travesía, a causa de las lluvias, la niebla y el viento. Un oficial tripulante declaró que el momento más crítico del viaje fué la travesía entre dos fortísimas tormentas sobre Nueva Escocia y Te- rranova. , El viento osciló entre una velocidad de 16 kilómetros a 80 por hora, y CRÓNICA GENERAL 165 el dirigible era un verdadero papel de fumar, que se bamboleaba de un lado a otro, azotado con furia por todas partes. —Sufrimos momentos tan horribles— dice— que perdimos toda esperan- za de salvarnos; andábamos kilómetros enteros envueltos en una tromba y a velocidades inconcebibles, y un huracán más fuerte que el que nos lle- vaba nos empujaba de pronto hacia otro lado, haciéndonos casi perder el conocimiento. No debió ser tanta, sin embargo, la contrariedad cuando a pocos días el mismo dirigible emprendía el viaje de regreso, que por cierto resultó más afortunado; pues logró atravesar el Atlántico en setenta y cinco horas y tres minutos, aterrizando en Pulham Nordfork. ESPAÑA Ha corrido la noticia de que los Reyes de Bélgica proyectaban visitar a los de España en Madrid. Si el rumor se confirmara, sería para nuestra nación motivo de inmenso júbilo como lo indica ya la Prensa por la sim- ple manera de anunciar la posible visita. tDurante la guerra— dice un periódico de la corte— hubo en nuestro país, como en todos los demás neutrales; aliadófílos y germanófílos; pero lo que fuimos todos, sin excepción, es belgófílos. El rasgo que tuvo Bélgica, oponiéndose con sus débiles fuerzas, sin preparación militar, sin posibilidad de movilizar rápidamente su ejército, a la poderosa Alemania que invadía el territorio con las mejores tropas y con las más potentes máquinas de guerra; la tenacidad patriótica de todo el pueblo que no experimentó en cincuenta y un meses de lucha el más leve desmayo, pasando por las privaciones, las torturas, las destrucciones, los saqueos, los fusilamientos, siempre confiados en Dios y la Patria; el ejemplo admirable de los Reyes, permaneciendo entre sus tropas, allá en el rincón del Iser, salvado de la invasión; todo eso llevó a Bélgica la admi- ración y la simpatía de España entera. Nuestro espíritu romántico, nuestra leyenda caballeresca, encontraban similitud con ese pueblo, que a fuerza de heroísmos y martirios se iba te- jiendo una corona de gloria. Todo ese sentimiento revivirá si los Reyes belgas vienen a Madrid, y los simpáticos Soberanos del país amigo serán objeto del recibimiento más entusiasta.» — Ante la actitud obstruccionista de las izquierdas parlamentarias que juntamente con los jefes de los liberales venían dificultando la constitu- ción del Congreso con discusiones completamente estériles para el bieíi 166 CRÓNICA GENERAL nacional, había surgido un movimiento de protesta de todas la fuerzas vi- vas del país, principalmente de las entidades del comercio, industria y agricultura de todas las provincias de España, reprobando la conducta de las izquierdas entregadas a una labor inútil y perniciosa, no faltando tam- poco entre las protestas las de muchos afiliados a los partidos liberales cu- yos jefes van delante en competencia con republicanos y socialistas en la obra del desprestigio del régimen. Tan unánime era el movimiento entre las gentes del orden, tan grande el desprestigio y el aislamiento de los al- borotadores de la política, que se consideraban ya vencidas las dificultades principales para el Gobierno del Sr. Maura, de continuar el compromiso de apoyo por parte de todos los grupos de la mayoría. Pero el apoyo faltó en una votación que perdió el Gobierno por incuria y quizás por artes tristes de los primates del partido conservador; y aunque el asunto de la votación era bien mezquino, la aprobación del acta de Coria, pero se trata- ba del dictamen del Tribunal Supremo sobre dicha acta, respetado siem- pre por los Gobiernos, y contra el que votaron muchos conservadores juntamente con las izquierdas. Esta votación contra aquel alto Tribunal y contra el Gobierno fué causa para que el mismo día 15, cuando termina- mos de hacer esta reseña, el Sr. Maura presentara la dimisión de todo el Ministerio. —Organizado por la Asociación Nacional del Magisterio Primario se celebró el día 13 en el teatro del Centro (Madrid) un mitin en el que inter- vinieron varios oradores con vibrantes discursos sobre la dignificación de los maestros y la necesidad de favorecer a las escuelas por el Poder Públi- co. Se dio lectura a las adhesiones, en las que figuraban corporaciones de maestros de toda España y al final se aprobaron las conclusiones si- guientes que fueron presentadas al señor Ministro de Instrucción pública: «Primera. Construcción de locales adecuados que sustituyan a los que hoy no reúnen condiciones higiénicas o pedagógicas. Segunda. Reorganización de la enseñanza con escuelas graduadas, aceptadas por la Administración como forma más perfecta. Tercera. Equiparación de los maestros nacionales a los demás fun- cionarios del Estado a quienes se exijan las mismas o menos pruebas de aptitud que a los maestros. Cuarta. Que la enseñanza sea gratuita en sus grados; y Quinta. Que el maestro tenga representación en todos los organismos que tengan relación con la escuela y el niño.» —El día 13 de este mes hizo su entrada solemne en Huesca, la capital de su diócesis, nuestro venerado hermano el limo, y Rmo. P. Zacarías Martínez Núñez, constituyendo el acto una manifestación grandiosa de ve- CRÓNICA GENERAL 167 neración y simpatía de todos los elementos de la ciudad hacia su nuevo Prelado. Con motivo de acontecimiento tan grato para aquella diócesis, £/D/a- rio de Huesca publicó, juntamente con el retrato del Prelado, varios artícu- los históricos, entre ellos uno muy erudito del cronista de la provincia, D. Ricardo del Arco, sobre los Obispos que ilustraron la sede oséense y en particular sobre los que dio la Orden de San Agustín a dicha iglesia y sobre otras glorias agustinianas vinculadas a la historia de Huesca. El tra- bajo del señor cronista, como los otros insertados en el mencionado pe- riódico son de verdadera enjundia de erudición. La solemnidad que revistió la entrada del P. Zacarías en Huesca fué reflejada en el telegrama siguiente que tomamos de El Debate: «Huesca, 13.--A las cinco y media comenzó a organizarse en la plaza de la Catedral la comitiva para recibir al nuevo Prelado, R. P. Zacarías Martínez. Siguiendo la tradicional costumbre, formaba parte el coche de cortinillas caídas el que ocupaban los familiares del nuevo Obispo, y que iba rodeado de una escolta militar, marchando a la Ermita de Sala, funda- da en el siglo XII por dona Sancha, esposa de Alfonso II. Tras el carruaje del Obispo, en caballos, coches y automóviles, fueron al mismo Santuario que dista de Huesca dos kilómetros, el Ayuntamiento, la Diputación, los Gobernadores civil y militar, todo el elemento oficial y un enorme gentío, no obstante el intenso calor. El párroco de la ermita dio posesión al Obispo y seguidamente se or- ganizó la comitiva, marchando el Obispo en una hermosa muía blanca y tras él el alcalde, los concejales y muchas personalidades también monta- dos, resultando un desfile muy pintoresco. El camino estaba intransitable. El nuevo Prelado bendecía emocionado y sonriente a las numerosas per- sonas que presenciaban el paso de la co-nitiva. Muchas de ellas, vecinos de los pueblos comarcanos. Llegada la comitiva a la iglesia de San Lorenzo, abandonaron las mon- turas y carruajes penetrando el Obispo en la iglesia, revistiéndose de ponti- fical, y marchando después precedido de una procesión cívico-religiosa a la Catedral donde se verificó la ceremonia de la Puerta cerrada, llamando a ellas el Prelado. Después, ante el altar levantado en el atrio, ratificó el jura- mento ante el Notario eclesiástico. Terminada la ceremonia, el nuevo Obispo dio la bendición a los nu- merosísimos fíeles que presenciaron aquélla, siendo el Prelado a la salida de la Catedral objeto de numerosas aclamaciones y vivas. Seguidamente en el Palacio Episcopal tuvo lugar un lunch, al que asistieron numerosos invitados. 168 CRÓNICA GENERAL En la ceremonia representó al infante D. Carlos, el maestrante de Za- ragoza D. Luis Azara. La población presenta animado aspecto, viéndose todas las casas con colgaduras. Una rondalla a estilo del país recorre las calles, cantando la jota. El Obispo ha repartido 1.000 pesetas entre los pobres de la localidad. > Felicitamos de nuevo al venerable Prelado y al mismo tiempo le pedi- mos su bendición para nuestros trabajos en esta Revista que tanto realzó con su pluma. B. R. MISCELÁNEA Cultura y acción social. Acaba de fundarse el Grupo de la Democracia Cristiana, formado por ilustres representantes de la ciencia y acción social católica en España. Dada la importancia del asunto publicamos a continuación el manifiesto y programa de la nueva agrupación. «MANIFIESTO Hoy nace el Grupo de la Democracia Cristiana aunque hace ya algún tiempo que trabaja en el silencio. Los que constituyen el primer núcleo, forman desde hoy una estrecha confraternidad, pero hace ya muchos años que se sienten unidos por la comunidad del ideal social, por el matiz de procedimiento, por la coincidencia de esfuerzos y aun por la reciprocidad de los afectos. Si desde hoy estrechan los vínculos y buscan una coordinación sistemá- tica y consciente a su actividad, es porque sienten con mayor ímpetu la ne- cesidad de agrandarla y de darle una positiva eficacia. Es mayor hoy el peligro y mayor también el desconcierto en las inteli- gencias y el miedo en los corazones, es mayor la audacia, más violenta la agresiva y más fieros los asaltos a esta gloriosa civilización cristiana, a la que la humanidad debe tanto y de la que somos hijos y queremos ser soldados. Principios doctrinales que nuestra Escuela social y nosotros estamos glosando hace tiempo y que hemos tomado del Evangelio y de la tradi- ción cristiana, van apareciendo como normas en organizaciones que se llaman revolucionarias y hasta en constituciones bolcheviques. Lo contemplamos con regocijo porque eso significa una fatal irradia- ción de nuestro ideal y un inconsciente rendimiento a su verdad fecunda; 18 170 MISCELÁNEA pero vemos con indignación y con sorpresa que esas armas templadas y aguzadas por el cristianismo para defensa de la justicia y de la fraternidad entre los hombres, las revuelven insensatamente contra él y en daño y per- turbación de la propia Humanidad. Viejas preocupaciones nuestras por el pueblo y soluciones a problemas que nosotros nos hemos planteado, a veces antes y con más firmeza que nadie en España, aparecen en programas de partidos radicales fósiles, que las rechazaron siempre, o de organizaciones sociales que ignoran o fingen ignorar nuestro ideario y nuestro ardiente amor a la justicia y al pueblo. Vemos con alegría optimista que con retazos de nuestro programa van for- mando los suyos, pero después de eso tiene que parecemos insoportable y chocante la acusación de que vamos a remolque de ellos y de que nuestra democracia y nuestra labor popular es un truco de oportunismo habilidoso, la postura del miedo o el clavo ardiendo a que se agarra el que perece. Todo eso han sido en nosotros motivos determinantes de la unión para el trabajo que iniciamos hoy. El Grupo de la Democracia Cristiana no es un partido político; sus asociados pueden pertenecer al de sus personales preferencias, y sólo se obligan moralmente a defender dentro de él en la medida de sus fuerzas, los principios y las conclusiones sociales del Grupo, así como sus aplica- ciones a la política social de cada momento. Tampoco aspira a organizar clases ni a dirigirlas. No es un Centro de acción social, aunque mirará con simpatía y estimulará todos los que se inspiren en los principios sociales del catolicismo, con tanta más intensi- dad y decisión cuanto mayor sea la coincidencia de orientación doctrinal y de procedimiento. El Grupo de la Democracia Cristiana es un núcleo cultural, un Círcu- lo de estudios; si no parece inmodesto, una Escuela social. Hace falta la acción, pero hay que darle el soporte de la idea. Hay que utilizar la fuerza de los instintos y la energía de los sentimientos y de las pasiones, pero hay que depurar y espiritualizar todo eso en el crisol de un ideal. Nuestro ideal es el reinado de la justicia y de la caridad, la íntima y substancial cristiani- zación de la vida; nuestra aspiración es sacarlo cada vez más de la niebla, hacerlo transparente y amable, darle la popularidad que tuvo y que debió tener siempre. Para eso se necesita despertar voluntades, hacer comprender responsa- bilidades y suscitar escrúpulos e inquietudes. Se necesita sobre todo ganar MISCELÁNEA 171 el alma colectiva, convenciéndola, persuadiéndola, haciendo caer sobre su tierra sedienta una lluvia de sugestiones y propagandas fecundas. Es un error pensar que la acción lo es todo. La acción, antes de hacer- se visible, ha sido idea o sentimiento, recatados en el fondo de las concien- cias. Por cada libro que en las bibliotecas públicas hace la exposición y la propaganda del catolicismo social, hay cincuenta que hacen la exposición y defensa del socialismo, del sindicalismo rojo o de la anarquía. En las ¡deas guardadas en esos libros está la clave principal de ciertos éxitos y de cier- tos peligros que hoy ponen espanto en tantos corazones. Por eso queremos dar a nuestra Agrupación, como tareas preeminentes, el estudio, la especulación doctrinal. Por eso aspiramos a ir fijando, según nuestro leal saber y entender los principios sociales del Catolicismo, a po- pularizarlos por la propaganda oral y escrita y a procurar su aplicación a la política social del Estado y a las organizaciones de libre iniciativa en la so- ciedad. Por eso intentamos estudiar los problemas sociales que la realidad vaya planteando, y buscarles una solución, no empírica o prestada por es- cuelas extrañas u hostiles, sino inspirada en los criterios sociales y éticos de la religión cristiana. Y por eso, todo periódico o Empresa editorial que ponga en circula- ción ese caudal doctrinal, tendrá nuestra simpatía: todo partido que lo adopte como criterio para su política social, tendrá en eso nuestro aplauso; todo proyecto o proposición de ley o toda organización social que en ella se inspire, tendrá nuestra ayuda. Creyentes entusiastas, orgullosos de nuestra fe, que nos impone graves deberes, pero que nos hace concebir también indefectibles esperanzas, pensamos que hoy más que nunca necesita el pueblo recordar la fraterni- dad divina, la fraternidad de los hombres y la redención por Cristo Dios. De nada le servirían los triunfos de la fuerza si no lograra asentarlos y consolidarlos sobre los sillares de la Justicia y de un esplritualismo inten- so. La fuerza podrá darle las efímeras y siniestras satisfacciones del odio, pero no la estabilidad en la paz, ni el respeto de las nuevas generaciones, ni esa simpatía y confianza recíprocas, necesarias para la convivencia so- cial, ni el reposo de la conciencia, ni la hartura y la dicha que espera. Sus triunfos serán llamaradas que devorarán sus vidas, pero no iluminarán sus caminos ni harán más hospitalario el planeta. La luz y la paz, el respeto a su dignidad de hombre, la exaltación de su personalidad, el calmante para los dolores humanos, el derecho a lajusti- 172 MISCELÁNEA cia y aun a la abnegación de los demás, su ascensión social, su lote en la dicha de este mundo, la saciedad de las ansias infinitas que le tienen en perpetua inquietud, sólo podrá encontrarlas en la medida que las enseñan- zas de Jesús vayan filtrándose en las almas y saturando las instituciones y la vida de los pueblos. Y esto será también una suprema orientación para nuestra actividad colectiva. Albo y Martí (Ramón), doctor en Derecho y publicista; Amor (Grego- rio), canónigo de Valladolid; Arboleya (Maximiliano), canónigo apologista de Oviedo; Aznar (Severino), catedrático de la Universidad de Madrid; Boix (José María), director de Revista Sjcial; Calvo Sotelo (José), diputa- do a Cortes, profesor de la Universidad de Madrid; Castroviejo (Arman- do), catedrático de Santiago; Correas (Juan Francisco), director de la Ac- ción Social de Jaén; García Hughes (Daniel), canónigo, catedrático del Seminario de Madrid; Ibeas (Bruno), agustino, licenciado en Ciencias his- tóricas; Jiménez (Inocencio), catedrático de la Universidad de Zaragoza; Jordana (Luis), catedrático de la Universidad de Valencia; López Núñez (Alvaro), secretario general del Instituto Nacional de Previsión; Latre (José), «Le Brun», publicista; Llovera (José), publicista, catedrático del Se- minario de Gerona; Minguijón (Salvador), catedrático de la Universidad de Zaragoza; Moran (Juan Francisco), canónigo, catedrático del Seminario de Madrid; Pía y Deniel (Narciso), ex presidente de la Acción Social Popular; Sangro y Ros de Olano (Pedro), del Instituto de Reformas Sociales; Reig y Genovés (Juan), del Instituto de Reformas Sociales; Zumalacárregui (José María), catedrático de la Universidad de Valencia.» El mismo Grupo de la Democracia Cristiana ha repartido un folleto que tiene por título: Bases de organización y Programa doctrinal y de acción del Sindicalismo Obrero Católico. Lo transcribimos a continuación juntamente con la advertencia que lleva al frente: «Con fecha 10 de Febrero del corriente año de 1919, el Eminentísimo señor Cardenal Guisasola, Arzobispo de Toledo y Director general, por delegación del Papa, de la Acción social católica de España, propuso y re- comendó la celebración en Madrid de «una reunión, conferencia o asam- blea para tratar de cuestiones estrictamente obreras». Reunida esa Asamblea el día 27 del mismo mes de Febrero, con asisten- cia de un número considerable de escritores y propagandistas sociales de MISCELÁNEA 173 los diversos puntos de España, y hallándose igualmente presentes obreros de todos los matices del Sindicalismo católico, se procedió desde luego a la redacción de las Bases de una más perfecta y uniforme organización sin- dicalista obrera, habiendo sido aceptadas por unanimidad las presentadas por la Ponencia nombrada al efecto, y son las que van a continuación. Seguidamente se designó otra Ponencia para la redacción de un pro- yecto de Programa doctrinal y de acción del Sindicalismo obrero católi- co, siendo aprobado también por unanimidad el que sigue a las mencio- nadas Bases. En cumplimiento de éstas se convocó un Congreso Nacional de Sindi- catos católicos de obreros, que comenzó sus trabajos el día 20 de Abril. En este Congreso, integrado exclusivamente por obreros representantes autorizados de los Sindicatos, fueron leídos, estudiados y aprobados uná- nimemente y con gran entusiasmo lo mismo las Bases que el Programa. Finalmenre, sometidos Programa y Bases a la superior censura del señor Cardenal Primado, Su Excelencia, no habiendo hallado en ellos nada opuesto al dogma y a la moral, se ha dignado autorizar la publicación y divulgación de estos documentos, fiel reflejo del pensamiento de los cató- licos sociales españoles. Sindicalismo Obrero Católico. BASES DE ORGANIZACIÓN 1." Se reconoce que el medio más eficaz para defender los legítimos in- tereses de las clases trabajadoras es el Sindicato puro, es decir, el consti- tuido solamente por obreros de un mismo oficio. 2.* Los Sindicatos católicos de obreros no han de ser, como ocurre con los revolucionarios, armas en manos de los trabajadores para luchar siste- máticamente con los patronos, ni tampoco, como los apellidados amari- llos, armas en manos de los patronos para defender sus peculiares intere- ses, sino que deben ser medios eficaces, en manos de los obreros, para de- fender sus derechos e intereses contra quienquiera que los desconozca o atropelle, pudiendo unirse circunstancialmente con otras entidades obre- ras, siempre que estas uniones se realicen con arreglo a la justicia en los 174 MISCELÁNEA conflictos profesionales, y sin que por esto sean ni puedan ser acusados de revolucionarios. 3/ Los Sindicatos católicos de obreros han de ser confesionales y, por lo tanto, deberán usar en su título el calificativo de , lo que indica que el recuerdo acude por sí mismo, sin intervención alguna nuestra, a lo menos consciente; mientras otras veces decimos: «recuerdo tal hecho>, para significar cómo el recuerdo se debe a un esfuerzo o industria de nuestra parte. Lo que quiere decir, en otras palabras, que con frecuencia el recuer- do es espontáneo, asoma en la superficie de la conciencia, a veces hasta a pesar nuestro, como en el caso de los pensamientos impor- tunos, que no podemos desechar de ninguna manera. A todos habrá ocurrido alguna vez, que, bruscamente, en medio de preocupaciones extrañas surja en su espíritu y le arrastre de una manera irresistible una tonada que se ha oído, y habrá quedado no poco maravillado al sorprenderse cantándola en voz baja y esto no una sino muchas veces durante el mismo día. Otros recuerdos hay de tal manera in- voluntarios, que se nos imponen, se clavan, por decirlo así, en nues- tra memoria, nos persiguen largo tiempo y acaban por importunar- nos. La causa de todos estos fenómenos es que la impresión primitiva fué muy enérgica. Si las ideas se conservan en proporción a su inten- sidad primera, ellas tienden también a reproducirse según esta misma intensidad; hay allí una lucha por la vida, y tan pronto como LA ATENCIÓN Y LA MEMOIUA 179 las circunstancias lo permiten, la más fuerte se apodera en seguida de nuestro espíritu. En general, las impresiones actuales, más vivas, impiden la reviviscencia de los recuerdos y ejercen respecto de ellos una especie de muro de contención; pero se dan casos en que una impresión anterior ha sido en tal grado enérgica y fuerte que su recuerdo vence a las sensaciones presentes; por otra parte, basta que la comunicación con el mundo se interrumpa por cualquier circuns- tancia, o que se debilite y obscurezca, como en el período del sueño y en los fenómenos semejantes, para que las imágenes que viven en nosotros reaparezcan y se disputen la entrada en el campo de la conciencia. Pero lo más natural, y en consecuencia, lo más frecuente, es que el recuerdo vuelva atraído por la idea o la impresión actualmente presente en nuestro espíritu; en otros términos, que la reviviscencia de los hechos psíquicos sea debida a la asociación de que antes ha- blamos. No solamente las ideas han de ser consideradas como ele- mentos dinámicos y en manera alguna inertes, sino que tampoco están aisladas unas de otras. Por la misma razón que han estado una vez juntas en la conciencia, se asocian, forman grupos más o menos complejos; y desde el instante en que uno de los elementos que le integran se presenta de nuevo, tiende a reconstituir el grupo primi- tivo. Todo el mundo puede comprobar en sí mismo con qué exube- rancia algunas veces nos vienen a la memoria ideas y recuerdos a propósito de alguna conversación que estamos escuchando, o de al- gún lugar en que hemos pasado años de intensas emociones. «El jo- ven estudiante, escribe el Cardenal Mercier en su Psicología, que, lle- gado el día de vacaciones, vislumbra desde lejos la torre de la iglesia de su pueblo natal, se representa inmediatamente en su imaginación la casa paterna, a su padre, madre, hermanos, vecinos y amigos; una sim- ple percepción visual despierta en él todo este cortejo de recuerdos. La vista del retrato de un amigo hace revivir el recuerdo de su per- sona, evoca, además, su actitud y manera de ser general, su voz, al- guna conversación tenida con él, tal circunstancia solemne en que su abnegación nos prestó un inestimable servicio. Al oir las primeras notas de una pieza conocida, irresistiblemente se comienza a tararear la continuación», etc. Claro está que en el primer caso de la evoca- ción puramente espontánea la atención no entra para nada, puesto 180 LA ATENCIÓN Y LA MEMORIA que se verifica sin intervención nuestra consciente. En el segundo caso del recuerdo por asociación, interviene aquella facultad en la formación de éste. En el recuerdo voluntario la atención plantea, digámoslo así, una cuestión a la memoria, exigiendo a ésta bien un nombre olvidado, ya una fecha que se nos ha escapado, o el sitio donde pusimos un objeto y otras cosas semejantes. Entonces es cuando la memoria pone a nuestra disposición sus listas de recuerdos que tengan alguna rela- ción con la cuestión presentada, y el espíritu escoge, eliminando las respuestas falsas, aquel recuerdo que sea exacto. Es de notar que la evocación voluntaria implica, por una parte, un recuerdo espontá- neo parcial e incompleto y por otra el reconocimiento del mismo. En efecto: no se busca sino aquello que ya se conoce, y de lo que se tiene alguna noción, por muy vaga e imprecisa que se la su- ponga: se conoce la cosa cuyo nombre se ignora, el acontecimiento cuya fecha se trata de fijar. Todo problema lleva consigo un presen- timiento de la respuesta. Al querer recordar un nombre olvidado, la asociación propondrá toda una serie de nombres, que el pensa- miento eliminará, si son falsos, para no adoptar sino el verdadero; y habrá casos en que la energía voluntaria de la razón paralizará la energía espontánea de la asociación. Y entonces estaremos en pre- sencia de dos fenómenos muy curiosos: uno que la asociación no podrá utilizar las riquezas y tesoros de representación de que dispo- ne, hasta tanto que el pensamiento no deje de vigilarla y torturarla; un nombre olvidado aparece en la memoria cuando se ha renuncia- do por fin a encontrarle, cuando no se piensa más en él, «cuando se le ha dejado por imposible», como se dice gráficamente en expre- sión vulgar. El otro fenómeno, no menos extraño y curioso, consis- te en que al no conseguir la asociación proporcionar a la inteligen- cia lo que ésta le pide, se abre un paréntesis en nuestra vida psíquica, invadiéndonos un curioso sentimiento de vado en la conciencia. Son esos momentos en que nos preguntamos a nosotros mismos: «¿en qué estaba yo pensando?» E inmediatamente se da uno cuenta de que no se percibe absolutamente nada; esto no ocurre jamás en la evolución espontánea de la conciencia, la cual no admite vacíos. Toda curiosidad es un conocimiento parcial, no satisfecho, que tien- de a completarse; se trata, pues, de un caso de reintegración vo- LA ATENCIÓN Y LA MEMORIA 181 luntaria, bajo el esfuerzo, la dirección y la comprobación de la atención. Hemos dicho que además de la evocación espontánea, parcial e incompleta, había en el recuerdo voluntario un reconocimiento; y esto es evidente, puesto que se verifica éste por medio de la elimina- ción de los recuerdos falsos y aceptación del exacto y justo, lo que implica necesariamente otras funciones intelectuales, como la com- paración y el juicio y nos autoriza para limitar el recuerdo volunta- rio a la vida consciente del hombre. De lo anteriormente expuesto podemos deducir que la interven- ción de la voluntad en la evocación de los recuerdos no puede ser más que indirecta. Hablando con propiedad, no se puede querer re- cordar tal o cual idea, puesto que esta voluntad implicaría el que la poseemos actualmente, ya que pensamos en ella, y, por consi- guiente, no tendríamos necesidad de buscarla. La experiencia de- muestra, por otra parte, como ya hemos hecho notar, que con fre- cuencia nuestra voluntad es impotente; podemos hacer todos los esfuerzos que queramos sin que el recuerdo aparezca; hasta hay casos en que parece que una gran concentración y aplicación de nuestro espíritu, en vez de aprovechar, es contraproducente a la evocación de las ideas, y el recuerdo nos viene cuando menos pensamos. ¿Cuál es, pues, la parte de la voluntad en la restauración de las ideas? Cuando buscamos un recuerdo, es raro que no tengamos una con- ciencia más o menos vaga de algunos de sus elementos; hasta es ne- cesario que así suceda, pues si no tuviéramos ningún dato presente al espíritu, no podríamos hacer nada; así es que nos acordamos, por ejemplo, de que el nombre de aquella persona o cosa comienza por tal letra, o termina en tal otra consonante. La voluntad fija los ele- mentos en el espíritu; estos elementos, en virtud de la ley de asocia- ción, suscitan toda una serie de ideas diferentes; la voluntad contras- ta y comprueba los resultados, los rechaza si no están conformes con el recuerdo que se busca, permite que otras ideas se despierten, y así sucesivamente, hasta que hayamos conseguido lo que pretende- mos, o hasta que, desesperados por nuestros repetidos fracasos, re- nunciemos a encontrarla. La voluntad no hace más que provocar el juego de la asociación, lanzar el pensamiento en todas direcciones y comprobar los efectos, de suerte que, en último término, el recuerdo 182 LA ATENCIÓN Y LA MEMORIA voluntario no es más que un caso de evocación de las ideas por me- dio de la asociación. Pasemos ya a examinar la cuarta función de la memoria, que es el reconocimiento. Reconocer es, según la etimolqgía de la palabra, conocer de nuevo; es volver a encontrar una experiencia pasada en una experiencia presente. Así es que reconocemos nuestros recuer- dos de dos maneras: o bien volviéndoles a vivir directamente y por ellos mismos, o bien evocándolos con ocasión de una percepción ac- tual, con la cual los identificamos. Hay que distinguir, desde luego, el mecanismo del reconocimiento en la memoria y en la percepción. Tener percepciones es conocer el presente; imaginar alguna cosa es conocer el pasado, pero sin reconocerle; vivir un recuerdo es co- cocer el pasado reconociéndole, dándose cuenta de que reaparece tal y como fué. Es, pues, imposible tener conciencia de nuestros re- cuerdos como tales, sin oponerles a las percepciones y a las imáge- nes, sin encontrar en ellos nuestro pasado. Los hechos van escalo- nándose sin cesar, sin interrupción y se presentan a la mirada de nuestra conciencia en una especie de perspectiva de más obscuros tonos mientras más n'os vamos alejando del momento presente. Hacia ese horizonte retrospectivo y permanente a nuestra vida in- terna, a semejanza del horizonte visual externo, no cesamos de diri- gir nuestra mirada, porque nos permite abarcar en un momento el vasto panorama de nuestra vida y la historia de nuestro yo. La simple reproducción de los estados de conciencia anteriores no es propiamente el recuerdo, sino que lo prepara. En realidad, no nos acordamos sino cuando tenemos conciencia de que nos acorda- mos, es decir, cuando tomamos la idea actual, no como un hecho original, sino como la reproducción de un fenómeno pasado, en otros términos, cuando la reconocemos. El reconocimiento no es solamente, como algunos han pretendido, un carácter accesorio, una circunstancia añadida al recuerdo ya completo sin aquél; es, por el contrario, el elemento capital del recuerdo mismo: de manera que cuando la idea no es reconocida, no hay recuerdo sino simple remi- niscencia. Al reconocer, pues, una idea actualmente presente en la conciencia, la consideramos como ya vivida en el pasado, la proyec- tamos en el tiempo. Hay en esto alguna analogía con lo que sucede en la percepción LA ATENCIÓN Y LA MEMORIA 183 externa: en realidad no podemos percibir más que sensaciones sub- jetivas, y la percepción consiste precisamente en proyectar éstas en el espacio. De la misma manera, cuando un fenómeno reaparece en el curso de nuestra vida psíquica, nosotros no podemos encontrar allí otra cosa que un estado de conciencia presente, no habiendo en él nada que indique un estado anterior; el reconocimiento consiste precisamente en asociarle a la idea del pasado. Además exige esta función importantísima de la memoria tener presente la identidad del yo. En efecto; para poder decir que hemos ya vivido una idea o una impresión actualmente presente, es menester que, a través del tiempo mismo y de todas las vicisitudes que de él dimanan, nosotros hayamos continuado siendo substancialmente los mismos. Si hoy fuéramos un ser absolutamente diferente del que éramos en el tiem- po pasado, ya no existiría nada de éste con respecto a nosotros, y, en el estado presente, nos sería imposible percibir otra cosa que un estado actual, de ninguna manera un recuerdo. Esto nos demuestra que las dos condiciones necesarias para el reconocimiento se redu- cen en realidad a una sola; porque si nosotros cambiásemos con cada estado de conciencia, el pasado sería la nada y el vacío abso- luto para nuestra vida consciente y sólo existiría el presente; lo cual equivale a decir que nuestra idea del tiempo no es posible sino gra- cias a la identidad de nuestro ser, y ésta, por otra parte, no se com- prende sino por medio del tiempo durante el cual permanecemos los mismos. Resta explicar cómo el espíritu puede asociar la idea del pasado a una modificación presente, lo que equivaldría a exponer el meca- nismo del reconocimiento. Si estuviéramos conformes con Reid y su escuela, esta cuestión no tendría razón de ser, puesto que para él el reconocimiento es un hecho inmediato, absolutamente simple. Pero esta teoría está fundada en engañosas apariencias y la realidad es muy distinta: el reconocimiento, lo mismo que la percepción, es un acto muy complejo y exige toda una serie de operaciones. El recuerdo puede, en efecto, ser confundido con dos órdenes de fenómenos: en primer lugar con una percepción actual, como lo prueban el ensueño y la alucinación; además con una ficción de la imaginación, puesto que nos ocurre con frecuencia no saber a pun- to fijo si hemos tenido ya tal idea o visto tal fisonomía, que actual- 184 LA ATENCIÓN Y LA MEMORIA mente está presente a nuestro espíritu o a nuestros sentidos. Por consiguiente, la cuestión del reconocimiento es doble: cómo distin- guimos el recuerdo de una percepción actual y cómo podemos dis- tinguirle de la creación imaginativa. La primera distinción se explica por el contraste que separa a la percepción del recuerdo y la reducción, que la primera ejerce con frecuencia sobre el segundo. La percepción que tenemos de un ob- jeto es viva, enérgica y distinta; es, según la expresión de Spencer, «un estado fuerte>; por el contrario, su recuerdo tiene bastante menos nitidez y precisión, es «un estado débil>. Es evidente que la imagen que tengo yo ahora del Palacio Real de Madrid es mucho más pálida, más vaga que la representación que tendría si yo estu- viera en este mismo momento contemplando realmente este edificio. Por otra parte, la percepción se impone a nosotros, fuerza, por de- cirlo así, la entrada en la conciencia: cuando yo me encuentro delan- te del Palacio, me es imposible no verle en tanto tenga los ojos abiertos: el recuerdo, por el contrario, está más sometido a la de- pendencia de mi voluntad; le puedo echar fuera, volverle a admitir o reemplazarle por otro. Añádese a esto que cuando yo tengo una percepción, está siempre confirmada por otras percepciones en rela- ción con ella: tengo la percepción de mi mesa de trabajo y al mismo tiempo veo mi biblioteca, mis libros, mi habitación entera, con todo lo que en ella hay de más notable. Por el contrario, el recuerdo está con frecuencia en contradicción con las percepciones actuales: así yo tengo actualmente la imagen de una mesa de trabajo, que vi hace ya algunos años en casa de un amigo; pero al mismo tiempo estoy viendo también la de mi celda; las sensaciones que tengo a la hora presente están en contradicción con la imagen por mi concebida y la reducen, la rechazan a otro plano inferior en intensidad y viveza, hacen de ella, en una palabra, un simple recuerdo. La debilidad característica de la imagen en el recuerdo, la facili- dad con que si no siempre al menos la mayor parte de las veces po- demos eliminarla de nuestro espíritu, su oposición con las percep- ciones actuales, nos aseguran que no estamos en presencia de un objeto actual. Es el primer paso; pero ¿cómo podremos llegar a la convicción de que la imagen de que se trata es un recuerdo y no una ficción de la imaginación? Tres criterios pueden servirnos para LA ATENCIÓN Y LA MEMORIA 185 distinguir el recuerdo de la imagen simple para reconocerle e in- dividualizarle. En primer lugar, el recuerdo es reconocido como real a su ma- nera. Mientras que la simple imagen es una representación libre, de la cual puedo yo hacer lo que me plazca, el recuerdo es una re- presentación fija e invariable, a la cual he de someterme, lo mismo que me someto a las sensaciones. El recuerdo no es tal sino gracias a su inmutabilidad, lo que le confiere una objetividad y una reali- dad análogas a las de la percepción y nos da el sentimiento de vol- ver a percibir, como hemos ya percibido antes. Sin duda que este sentimiento puede engañar, y este caso se presenta con bastante frecuencia en las ilusiones del recuerdo. Pero, por lo menos, nues- tra buena fe queda a salvo al pretender ser objetivos en la exposición de nuestros propios recuerdos y al exigir que nuestros prójimos lo sean en la exposición de los suyos. En esto se funda la utilización universal del testimonio, el cual no es otra cosa que una experiencia memorial, presentada con las mismas pretensiones a la objetividad que la experiencia perceptiva. Esto nos obliga a asignar un lugar especial al mundo histórico de nuestros recuerdos entre el mundo irreal de las imágenes y el real de las percepciones. Si no es real en la proporción de éste, tampoco es tan irreal como aquél. El mundo de los recuerdos posee una semirrealidad bien propia y característica suya, que con- siste toda ella en la objetividad, en la imposibilidad en que nos en- contramos de adaptarle según nuestros deseos a los fines subjetivos. Psicológicamente, y refiriéndonos a los criterios que distinguen la imagen de la sensación, vemos que el recuerdo: primero, tiende a ser más intenso que la imagen: el esfuerzo que se hace por recordar una escena consigue hacerla ver como si de nuevo estuviéramos pre- senciándola; segundo, tiende igualmente a ser más rico, integrando la escena con muchos detalles que no se inventan, y tercero, tiende a localizarse exactamente, no en el campo sensorial, sino en el me- morial de su propia experiencia. Así sucede que el recuerdo, a me- dida que se va profundizando en él, ofrece un conjunto cada vez más coherente, en donde cada circunstancia, por nimia que sea, tiene su puesto. De esta manera la imagen queda excluida irremisi- blemente de esta localización memorial, con tanta razón como de la 186 LA ATENCIÓN Y LA MEMORIA localización perceptiva. Hay, pues, motivos para diferenciar los re- cuerdos de las imágenes por un criterio de realidad: son reales en el pasado, distintos de los presentes, pero no menos distintos de los irreales imaginarios. En segundo lugar, el recuerdo es reconocido como pasado. Mientras que la imagen no tiene relación alguna con el tiempo, pudiendo aparecer indefinidamente en la conciencia sin despertar nunca el sentimiento de una experiencia anterior, el recuerdo lleva siempre impreso en sí el sello del pasado; no se puede tener con- ciencia de él sin tenerla al mismo tiempo de haberle ya experimen- tado y volverle a vivir tal como se le experimentó. Este carácter es el que hizo definir a Reid la memoria como «una intuición inmediata del pasado», fórmula justa, pero que se presta a interpretaciones falsas. No se trata, en efecto, de una intuición del pasado, que está ya muerto y no resucita más; la experiencia del pasado es una expe- riencia presente, la de los estados de conciencia con la marca del pasado. La intuición del pasado no es más que la intuición de un estado de conciencia presente sentido como pasado, como ya visto, ya oído, etc. Se ha tratado de explicar este sentimiento de lo ya vivido por los caracteres de familiaridad y facilidad que presenta una experiencia, por el solo hecho de ser una experiencia renovada. Lo ya vivido sería, según esto, lo habitual por oposición a lo raro, lo viejo por oposición a lo nuevo. Explicación visiblemente falsa, puesto que entonces todas nuestras imágenes y todas nuestras percepciones habituales, que ofrecen el máximum de familiaridad, nos darían infaliblemente tal sentimiento, lo que es contrario a los hechos. La verdad es que se ha exagerado mucho el misterio de lo ya vivido, fenómeno fácilmente explicable por lo que hemos dicho acerca de la realidad del recuerdo. Lo vivido es siempre una porción del real empírico, lo que la experiencia nos impone como independiente de nosotros. Toda realidad empírica lleva necesariamente en sí la marca del tiempo, la del presente o la del pasado. En tercer lugar, el recuerdo es reconocido como mi pasado. No solamente lo reconozco, sino que me reconozco yo en él, por de- cirlo así. Al mismo tiempo que lo percibo como algo, lo mismo que ya percibí, yo me conozco como el mismo que viví aquel fenóme- LA ATENCIÓN Y LA MEMORIA 187 no. Soy el mismo yo que percibo y el que percibí. Encontramos, por consiguiente, aquí esa conciencia de la identidad personal que permite al yo apropiarse su pasado como se atribuye en propiedad su presente, gracias a los mismos signos de identidad afectiva y cinestésica, de calor y de intimidad inseparable de toda conciencia de la vida. Así es, que el reconocimiento de un recuerdo repre- sentativo va siempre acompañado del reconocimiento de un recuer- do afectivo y vital; lo que ha dado origen a la paradoja de Royer- Collard, citada más arriba: «No se acuerda uno de cosas; no se acuerda más que de sí mismo. > De hecho, el recuerdo sigue los pasos de la percepción; se perciben primeramente objetos y se re- cuerdan con preferencia estos mismos. Pero la percepción de un objeto va acompañada de la conciencia de su percepción, y análo- gamente el recuerdo de este objeto es inseparable del recuerdo de haberle percibido; y así es que al encontrarle de nuevo, nuestra personalidad es también encontrada en el mismo acto. En la per- cepción de la imagen no hay nada parecido; puedo escogerla y manipularla a mi capricho, indiferente a su historia propia y a las relaciones que pueda tener con la mía. Esta es la razón porqué yo no la reconozco ni me reconozco en ella: es independiente del tiempo. Ahora podremos ver cómo el reconocimiento, lejos de ser una operación simple, como opinaba Reíd, es el resultado de una serie de razonamientos, que el espíritu no advierte apenas, es verdad, pero que no por eso son menos necesarios; la prueba está en que, tan pronto como falta una u otra de esas operaciones intelectuales, el reconocimiento no se efectúa. Si, como ocurre en algunos casos, la imagen posee un relieve extraordinario, si resiste al esfuerzo de la voluntad o llega hasta a sustituirse a las sensaciones presentes, se toma entonces a la imagen como una percepción y se produce la alucinación. Si, por el contrario, podemos modificarla a voluntad, si los lazos que la unen a los otros recuerdos son demasiado flojos, si ha nacido en un momento de meditación, llegamos a creer que es un producto de nuestra facultad de invención, cuando no es más que el eco de una impresión pasada, una reminiscencia, como ha- bremos de convencernos más tarde. En cuanto a la localización de nuestros recuerdos en el tiempo, 188 LA ATENCIÓN Y LA MEMORIA quinto y último momento de la memoria, hay que advertir que no se trata propiamente de una función nueva, sino que se la puede con- siderar como un complemento de la función del reconocimiento; éste supone ya, como hemos visto, una localización cuasi sensorial de los recuerdos entre las experiencias con las cuales coincidió la primera vez de su aparición; pero es menester todavía asignarle un lugar en nuestra representación del tiempo. ¿Cómo se verifica esta operación? Si la memoria fuera absolutamente fiel, de manera que todos nuestros estados de conciencia se encadenasen los unos a los otros sin solución de continuidad y por el orden mismo en que tuvieron lugar, entonces la localización parecería tarea fácil: bastaría partir del fenómeno presente y remontarnos en la cadena de nuestras mo- dificaciones para encontrar la impresión primera. No faltan autores que sostienen que esta es la forma en que el proceso se verifica, sin caer en la cuenta de que en tales condiciones la memoria sería impo- sible, a causa de la lentitud con que se verificaría la operación; pues exigiría un tiempo tan largo por lo menos como el transcurrido en- tre el fenómeno presente y la percepción original; o más bien el es- píritu se sentiría inmovilizado en medio de esta multitud de ideas v la localización no podría efectuarse. Algunos autores, exagerando la importancia del olvido en la economía de nuestra vida psíquica, han estampado frases paradójicas como estas: «la memoria es la facultad del olvido», o «una condición de la memoria es el olvido». De todos modos esta condición se encuentra constantemente realizada, pues lejos de subsistir en toda su integridad nuestra vida anterior, una multitud innumerable de fenómenos desaparece para no volver a presentarse más. Una memoria bruta y de tenacidad absoluta, que no olvidara nada, sería el instrumento más inútil y más perjudicial para nuestra inteligencia, puesto que estaría continuamente resuci- tando todo nuestro pasado sin abreviarlo: un recuerdo de una hora tardaría una hora en desarrollarse. El olvido puede ser considera- do, según los casos, como una cualidad o como un defecto de la memoria. Tampoco sería conveniente que todos nuestros recuerdos se bo- rrasen; el vacío absoluto, exactamente como su contrario, haría impo- sible toda localización, y en este aspecto llegamos a la otra conclusión de que «la condición de la memoria es la memoria». Cada uno pue- LA ATENCIÓN Y LA MEMORIA 189 de comprobarlo en sí mismo, viendo cómo en horas de recogimien- to surgen en la conciencia los recuerdos más salientes de su vida pasada, que por ciertas circunstancias han resistido la acción des- tructora del tiempo y son verdaderamente imborrables. Se les puede considerar, según frase de Taine, como «substitutos abreviados» de nuestra vida anterior, jalones en la senda de nuestra historia, que forman una especie de calendario individual, por estar asociados a la idea de una fecha bien determinada. Para localizar el recuerdo le hacemos retroceder en la historia del pasado; oscila primero indeci- so, sin saber dónde colocarse; pero, gracias a la asociación de las ideas, va precisándose más y más; y cada vez que se enriquece con un detalle nuevo, con una circunstancia próxima al hecho que le dio lugar, vamos determinando poco a poco su fecha exacta. Después de una serie, variable según los casos, de ensayos y transposiciones, el recuerdo se fija en un punto determinado y desde este instante le po- demos considerar como exactamente localizado. Un ejemplo aclara- rá lo que acabamos de decir. Al pasar por la calle me encuentro con una persona y me convenzo de que no es la primera vez que veo su fisonomía; aquí ya hay reconocimiento, pero vago e impreciso, y me pregunto cuándo me encontré con ella la iprimera vez. Confrontada su imagen con las que poseemos como sustitutos o resúmenes de las semanas, los meses y los años, la figura de esta persona va progresi- vamente resbalando hacia atrás en el plano del tiempo pasado. Enton- ces asalta mi memoria un detalle; cuando vi por primera vez a esta persona, me encontraba en tal estado de ánimo, volvía de un viaje en que había tenido otras impresiones fuertes y ese viaje fué por mí aso- ciado a una fecha precisa con el año, el mes y quizá el día exacto de su realización; desde entonces el recuerdo de que se trata tiene su punto determinado en mi historia, está localizado. Se ve, pues, que la localización es una verdadera reconstrucción del tiempo pasado, es nuestra vida entera en sus acontecimientos más notables ordenada para nuestro uso; no es otra la razón porqué la memoria del niño difiere de la del hombre maduro. El niño, cuyo espíritu es más fresco, es también visiblemente más apto para alma- cenar y retener un número mayor de impresiones y de ideas; da pruebas algunas veces de una flexibilidad y capacidad extraordina- rias de memoria. Pero el hombre de edad, más recargado de pre- 1 QO LA ATENCIÓN Y LA MEMORIA ocupaciones y de ideas que le asedian por todas partes, con frecuen- cia agotado por el trabajo y la fatiga intelectual y moral, se muestra más refractario, más rebelde a la adquisición y conservación de no- ciones nuevas. Y como en esta vida todo está compensado, resulta que el niño tiene un sentimiento muy confuso del tiempo, sin acer- tar a localizar bien sus recuerdos, su memoria se encuentra todavía en estado de desorganización y las imágenes flotan en su espíritu sin lazos de unión, según sus caprichos, en un horizonte obscuro e im- preciso; mientras que más tarde, cuando el hombre habrá adquirido la fuerza suficiente para dominar sus recuerdos, hará desaparecer ese caos que reinaba en su espíritu y ordenará convenientemente los distintos períodos de su historia. Se adivina fácilmente el papel importantísimo que desempeña la atención en todas estas fases porque ha de pasar un hecho completo de memoria. Sin la atención prestada ya a los fenómenos originales que han de constituir el material de los recuerdos, ya a las distintas fases de la evocación, reconocimiento y localización de los mismos, esta facultad tan preciosa en la economía de nuestra vida psíquica, o desaparecería por completo o al menos sería para nosotros un ins- trumento inútil, si no perjudicial. P. V. Burgos. SOBRE EL VERDADERO MiR DEL "DIÜLOGO DE LAS LEÍDAS" '' (CONTESTACIÓN AL ACADÉMICO SR. COTARELO) SEGUNDA PARTE Semblanza de López de Velasco. (conclusión) Defensa de Mayáns, — Ya que, por desgracia, no es posible de- fenderle en cuanto a la primera edición del Diálogo, plagada de errores desde el principio hasta el fin, se le puede y debe defender por la crítica sensata y atinada que hizo del mismo Diálogo. Quizás nadie mejor que él haya dado en el hito sobre la importancia y de- fectos de la tal composición hecha sin pretensiones, como ensayo y mero pasatiempo preparatorio de otros libros. Cuando lo publicó, cayeron sobre Mayáns los Aristarcos del Dia- rio de los Liieratos de España, censurándole, entre otras cosas, por- que habla dicho que el Diálogo pecaba de inverosimilitud y falta de sólidos conocimientos filológicos, principalmente en el hebreo. Ma- yáns replicó, al primer punto, que era moralmente imposible que un escribiente, como Aurelio, se esconda para ir apuntando todo lo que habla un hombre eruditísimo con otros tres preguntadores; y sea ca- paz de oir y escribir lo que oye, atendiendo en el mismo hecho de escribir a lo que entonces están diciendo, para escribirlo después con tanta menudencia, que note más de trescientos refranes y más de tres mil cosas, muchas de las cuales piden escribirse a la letra, como los versos y palabras de que habla. ¿Es esto fingir con verosimilitud? (1) Véase la pág. 5 de este volumen. 192 SOBRE EL VERDADERO AUTOR DEL «DIÁLOGO DE LAS LENGUAS» «Tampoco es verosímil (añade) que en una sola conversación (la fingida en las cercanías de Ñapóles) se hablase tanto como vemos en el Diálogo de las lenguas. > (1). Y esto es la pura verdad. Como lo es también que el autor, cuan- do escribía el Diálogo, no tenía los profundos conocimientos lin- güísticos y filológicos que luego mostró en varios de sus escritos, cuando tuvo que prepararse más para la corrección de las obras de San Isidoro. Esos poco profundos conocimientos lingüísticos, prin- cipalmente en el hebreo, los puso de manifiesto también Mayáns al responder a los diaristas de su tiempo (2), manteniéndose en un justo medio tocante a los elogios que debían tributarse al autor del Diálogo. Y así se explica que éste no quisiera publicarlo, conocien- do las deficiencias del mismo; deficiencias que, en parte, trató de en- mendar colocando al final de dos de los tres Códices que se conocen, otras muchas palabras procedentes del hebreo; y también que en los apuntes, anteriormente mencionados, de López de Velasco, se am- plíen multitud de vocablos castellanos que tienen sus raíces en el árabe, griego, latín, italiano y francés. Todo hace creer que la com- posición del Diálogo, según se halla, no fué definitiva, y necesitaba de muchos retoques, enmiendas y adiciones del autor. ¿A qué poner, si no, al final de los Códices esos vocablos procedentes del hebreo, habiendo dicho en el cuerpo del libro que del hebreo sólo se acor- daba que venía la palabra Abad y sus derivados? Mayáns tuvo razón en sus censuras; y al tratar de lo inverosímil del Diálogo, se mostró más crítico y avisado que todos los críticos que le sucedieron. Y si el Diálogo resulta inverosímil en cuanto a la intervención del amanuense Aurelio y otras varias circunstancias, lo propio podía decirse del lugar en que la acción se coloca. Salir de Ñapóles a caballo cuatro amigos con un amanuense, para ir a Chia- ja a escribir un libro de una sentada... no cabe en los límites de la verdad que es compañera inseparable de verosimilitud. Insisto, pues, en decir que, aunque la acción se coloca en las cercanías de Ñapóles, (1) Cf. Conversación sobre el Diario de los Literatos de España. La publicó D. Plácido Veranio. En Madrid, con las licencias necesarias. En la imprenta de Juan de Zúñiga. Año 1737. Págs. 89 passim. (2) Cf. ídem id., pág. 85 y siguientes. / I SOBRE EL VERDADERO AUTOR DEL «DIÁLOGO DE LAS LENGUAS» 193 no consta que el Diálogo fuese escrito en Ñapóles como lo indican, además, todas las marcas del papel de los Códices, de procedencia es- pañola. Y si el Sr. Cotarelo, para salir al paso a este argumento, insis- tiese en afirmar, o en suponer, que tales Códices serán copias de un original primitivo del primer tercio del siglo XVI..., cuando exhiba ese supuesto manuscrito original hablaremos. Que no lo exhibirá. Mientras tanto queda demostrado que los tres Códices son de letra del último tercio del siglo XVI, y que pudiéramos apellidar de la misma familia, incluso en la supresión de la hoja que deja inte- rrumpida la lectura en la anécdota sobre el Conde de Ureña, que tal vez intencionadamente Velasco dejó sin exponer con la esperanza de perfeccionar el libro en ese y otros puntos, como el de las etimolo- gías hebreas. Ahora bien. El que haya tenido la paciencia de leer esta semblan- za de López de Velasco, árida siempre, como todo trabajo de inves- tigación, no habrá podido menos de convencerse de que Velasco, por su variada e inmensa cultura, por su preparación en esas mate- rias, fué hombre más que capaz de escribir un libro como el Diálo- go, y que todas las notas características de éste coinciden y tienden a evidenciar que el verdadero autor no pudo ser otro que aquél. Aunque las razones aducidas se considerasen aisladas unas de otras, constituirían lo que en términos jurídicos suele llamarse prueba se- miplena. Todas unidas y entrelazadas, son argumentos difíciles de destruir para terminar este viejo pleito de crítica literaria. Al resolver las objeciones que el Sr. Cotarelo ha levantado sobre esta segunda parte, quedará más evidenciada la verdad de mi pro- posición afirmativa. Objeciones del Sr, Cotarelo. —EnivQ esas objeciones hay algunas que pudieran llamarse diminutas, por no afectar a la substancia, y otras de más consistencia y seriedad. De todas me haré cargo, pues al buen pagador no le duelen prendas. Parece que el Sr. Cotarelo se ha complacido en ir desempedrando todos los caminos y formar barricadas para obstruirme el paso de avance. No se lo reprocho; antes bien, se lo agradezco; aunque destruir sea más fácil que edificar. No le ha gustado que yo diese el título de Don a Juan López de 14 194 SOBRE EL VERDADERO AUTOR DEL «DIÁLOGO DE LAS LENGUAS > Velasco. No fui yo el primero que se lo dio. Pero esas son minucias. Si al Sr. Cotarelo le disgusta, suprimámosle desde ahora el Don; pero apresurémonos a darle el título de Excelencia, que harto mere- cido se lo tiene en la categoría de los varones sabios de nuestra his- toria literaria. En mi primer estudio dije que Velasco fué Secretario de don Juan de Sarmiento, Presidente del Consejo de Indias. Fué un lapsus. Quise decir de Don Juan de Orando, como ya queda demostrado que lo fué en los documentos preinsertos. Cuando Sarmiento era Presi- dente (1563 y 64), Velasco estaba encargado por el Rey de preparar la obra magna, de la Recopilación de las leyes de Indias. Por esas fe- chas aún no había sido nombrado Velasco ni cronista ni Secretario; pero trabajaba en el Consejo a las órdenes del Presidente Sarmiento, como encargado de recopilar las famosas leyes de Indias. ¿Tiene nada de extraño que López de Velasco copiase para servicio de Sarmiento el formulario de cartas reales y otros documentos antiguos, de que exhi- bí una sola fotocopia? V porque en una de esas copias, Velasco copiase documentos en que se trata de los Reyes Católicos, de Carlos V y del Marqués de Mondéjar, etc., con la misma ortografía antigua, ¿será lícito a ningún lógico, a ningún crítico el negar que tales co- pias fuesen de López de Velasco? ¿Se podrá saber qué entiende el sabio académico por copista? ¿Será necesario que todo copista sea contemporáneo de los documentos que copia? Parece imposible, por lo tanto, que de la pluma del Sr. Cotarelo haya salido esta objeción (pág. 24): «creeríamos ofender a López de Velasco si le supusiésemos capaz de escribir conde en esta for- ma: q^, y consejo de esta: q^ ...» V más imposible parece todavía que el mismo Sr. Cotarelo (pág. 25) haya lanzado a la imprenta esta otra negativa tan rotunda: *La verdad es que ninguno de estos frag- mentos son de López de Velasco. Para convencerse de ello, bastará saber que el Marqués de Mondéjar, a quien se nombra en el prime- ro, fué Presidente de Indias solamente en el año 1547, cuando Juan López de Velasco andaba aún a la escuela.» Si andaba o no a la escuela en ese tiempo, no lo puede asegurar el docto académico que ha ignorado hasta aquí todo lo referente a la vida de Velasco, incluso el nacimiento. Pero aun cuando hubiera sido así, nada tendría que ver con que copiase un documento ante- SOBRE EL VERDADERO AUTOR DEL «DIÁLOGO DE LAS LENGUAS» 195 rior en que se cita a Mondéjar y los Reyes Católicos. La verdad es que el Sr. Cotarelo, en este punto, leyó muy de prisa, y más de prisa elaboró su réplica. A cosas mejores nos tiene acostumbrados el eru- dito escritor. Cierto que yo di especial importancia (y la sigo dando) al breve catálogo de voces castellanas procedentes del hebreo que se hallan al final del Códice Escurialense, como supletorias de las deficiencias del Diálogo que necesitaba una rectificación y amplitud en tal sen- tido. Si, como agrega el Sr. Cotarelo (aunque sin probarlo), ese mis- mo vocabulario se hallase en el Códice de Londres, mejor que me- jor. Ello demostraría que existe el ya probado parentesco entre am- bos manuscritos. Ojalá hubiese esa misma lista de palabras en el códice de la Nacional. El parentesco entre los tres sería de herma- nos gemelos de un mismo parto intelectual. Pero- la objeción más razonada y concienzuda es la que hace el Sr. Cotarelo al final de su erudito trabajo (págs. 26 y 27). Contra lo que yo afirmé, niega que existan analogías ortográficas entre los dos manuscritos del Diálogo y las reglas que Velasco da para escribir bien en su indubitado libro Ortografía y pronunciación castellana. Después de un cotejo diferencial entre algunas palabras tomadas de ambas obras, concluye el docto académico con estas frases: «De modo que en ninguno de los dos códices anduvo la mano del autor, si no es que quiso burlarse de sus propias reglas.* El argumento es fuerte, no hay para qué negarlo. A primera vista parece concluyente, tumbativo, irrefutable. Pero si el Sr. Cotarelo lee con un poquito de calma e imparcialidad lo que voy a exponer, verá que esa objeción se disuelve como un azucarillo en un vaso de agua. Yo voy más allá que el Sr. Cotarelo, y digo: No solamente exis- ten esas y otras disconformidades ortográficas entre los manuscritos del Diálogo y el libro de la Ortografía, sino que dentro de este úl- timo libro, y sin salirse de él, hay notables divergencias entre las reglas que Velasco daba y entre las que practicaba. ¿Negaremos, por eso, que el libro sea suyo? Sabido es que antes de imprimirlo, lo envió a varios amigos pidiéndoles su parecer (1). Uno de ellos vino (1) Cf. Ortografía, etc. Prólogo: «Y aunque también todo lo contenido en 196 SOBRE EL VERDADERO AUTOR DEL «DIÁLOGO DE LAS LENGUAS» a decirle en substancia: «médico, cúrate a ti mismo. Das reglas para bien escribir, y luego no las cumples.» No le dijo que se burlaba de ellas, como hace el Sr. Cotarelo; pero aquel crítico se adelantó más de tres siglos al Sr. Cotarelo. Y esto, ya constituye un timbre de glo- ria para el docto académico, que sin conocer tal censura la adivinó. Esa censura se halla manuscrita entre los papeles de López de Velasco, y entre otras cosas le dice lo siguiente: ^Censura de la Otiografía Castellana^ (1). «En este libro se ha- bía de conservar una manera de escritura y seguir las reglas q se dan en particular en él. Dígolo, porque he topado de una misma pala- bra diversas escrituras, como ariza con a pequeña y A grande y con H Hariza, y esta postrera es la mejor escritura, porque no viene de árida, sino de Fariz, nombre propio de moro, como se llamó vna que mató el Cid en un desah'o; y assi se llamaua con F la villa de Hariza en todas las escrituras antiguas (2). «También (continúa el censor) hay variedad en el verbo auer o hauer, y se hazen muchas reglas y pocas se guardan en el discurso del Libro. Y mi parecer se- ría que siempre estuviesse con /z, he dado, he de dar, y assi en todos los demás como en huue y los que de allí salen: véese en la Lengua Italiana que se dize ho fatto, ho da fare, y assi por todo el verbo; y nota Budeo que estas Lenguas tienen los pretéritos como la Lengua Griega, unos aoristos y otros no, y assi es muy diferente yo comí, o yo he comido...» Sigue afeándole otras faltas de ortografía, sobre el empleo de la y griega, de las ss dobles, mezcladas (a veces) la 5 grande con la pequeña, con otras muchas diferencias que hay tam- bién en las otras letras, y acaba con este párrafo: «En quanto a las dos figuras de la vu, bien me parece q se use de la vna en principio él se ha conferido y platicado con personas de letras, graves y curiosas, que residen en Corte y fuera della, todavía por ser la materia nueva y de pocos ad- vertida, y de ninguno tratada de propósito hasta ahora... será posible que no se haya advertido todo lo que pudiera, o que lo resuelto no sea a satisfacción de todos... Y si en esta impresión primera, por falta de original correcto, hubiese algo que no sea conforme a los preceptos del arte, en las demás se pondrá, y podrá poner más cuidado.» 1) Cf. B. Esc. L-I-13; fol. 247 y 248. (2) Cf. Ortografía, etc., págs. 157 y 258. En esas páginas trata López de Velasco de Ariza y Hariza, etc. Pero se conoce que ante la advertencia del censor suprimió la a pequeña. SOBRE EL VERDADERO AUTOR DEL «DIÁLOGO DE LAS LENGUAS» 1Q7 de palabra, no quando es vocal, sino quando tiene fuerza de conso- nante, como en Vos, V. m. La otra a parecería mejor que se ussase della quando es vocal solamente donde quiera que estuuiesse, como en uno, ayuno, y en tu y otros, aunque el uso lo confunde todo; pero a quien da reglas, está bien mejorar las cosas y no ayudar a la corru- ción del vulgo,* Si, pues, a pesar de todos estos defectos no puede negarse que la Ortografía y pronunciación castellana fué obra de Juan López de Velasco, ¿será lógico negarle la paternidad del Diálogo por esos mis- mos defectos? Ya expuse más atrás que en algunas cartas autógra- fas de Velasco, escribe una misma palabra de diversas maneras. ¿Le negaremos por eso la autenticidad de esas cartas? ¿Ni puede ello sig- nificar que López de Velasco se burlaba de sus propias reglas? Sería tonto en burlarse de sí mismo, sin provecho de nadie. Lo que hubo fué que la rutina, la costumbre, la práctica inveteradas de escribir mal, pudieron a veces en Velasco más que la teoría de la reforma ortográfica que él mismo deseaba implantar. Pero el Sr. Cotarelo, fijándose únicamente en las divergencias, hace caso omiso de las concomitancias. Y tal crítica resulta parcial, a lo menos en sentido cuantitativo. Admitidas y explicadas las dis- cordancias, expongamos algunas de las analogías entre ambas obras, y así quedará resuelta la más fundamental objeción del sabio aca- démico. Analogías entre el Diálogo y la Ortografía.— Si yo no estuviera curado de espantos y de asombros, principalmente en estas materias literarias, serían para asombrarme las siguientes frases del ilustre Sr. Cotarelo: «El Padre Miguélez hace, por último, gran hincapié en «las analogías que existen entre el Diálogo de la lengua y el Tratado sobre la Ortografía y pronunciación castellana^, obra indu- bitada de Juan López de Velasco. Estas analogías pregonan «un mismo origen en ambas obras, ya por el plan, ya por el modo de tratarlo». «Nuevas dudas e incertidumbres nos sobrecogen al leer estas afirmaciones contundentes, y no podemos eximirnos de ofre- cerles también algunos reparos, que sometemos a la discreción del autor. El plan del Diálogo de la lengua lo hemos expuesto sencilla- mente al comienzo de este artículo: orígenes del idioma, Gramática 198 SOBRE EL VERDADERO AUTOR DEL «DIÁLOGO DE LAS LENGUAS» superior, vocabulario, estilo y crítica literaria. El plan de la Ortogra- fía, de López de Velasco, es mucho más reducido; no trata más que de esta parte de la Gramática, y de un modo empírico, aunque útil hoy para nosotros, porque nos da la pronunciación exacta de su tiempo.» (1). Ese plan que del Diálogo hace a su manera el Sr. Cotarelo es un escamoteo del verdadero plan, fielmente expuesto en las primeras páginas del mismo Diálogo, donde se dice que tratará: «lo primero, del origen de la lengua; lo segundo, de la Gramática; lo tercero, de las letras, donde entra la ortografía; lo cuarto, de las sílabas; lo quinto, de los vocablos; lo sexto, del estilo; lo séptimo, de los libros; lo último, de la conformidad de las lenguas» (2). De manera que el Sr. Cotarelo, sin que se adivine la intención, ha suprimido del plan del Diálogo dos partes esenciales: la de la ortografía y la prosodia o pronunciación y acentuación, que son precisamente las partes en que está embebido todo el libro de López de Velasco sobre la Ortogiafía y pronunciación castellana, como ya lo indica su mismo título. A esas partes, y no a otras, me refería yo al hablar de analogías entre ambos libros, no a la totali- dad del plan del Diálogo, que es más vasto, y yo no traté ni siquiera de indicarlo, suponiendo sería conocido por cualquier erudito o lite- rato amante de nuestras obras clásicas, y más por un académico de la Lengua. En buena lógica, tan ilícito es tomar el todo por la parte como la parte por el todo. Conste, pues, que el Diálogo trata también de la ortografía y la pronunciación. Y no solamente trata de esas dos partes de la Gra- mática, sino que a ellas dedica nada menos que 38 páginas (desde la 42 hasta la 80), mayor número que a los otros puntos indicados en el plan. Y a veces, aun tratando de esos otros puntos, vuelve sobre la misma materia de la ortografía y pronunciación, como si quisiera remachar los clavos. Por ejemplo: al hablar de la Gramá- tica en general, y establecer una de sus reglas, dice lo siguiente: «Valdés.— La primera regla es que miréis muy atentamente si el vocablo que queréis hablat o escribir es arábigo o latino; porque (1) Cf. Cotarelo: Ob. cit., pág. 26. (2) Cf. Diálogo, pág. 16. SOBRE EL VERDADERO AUTOR DEL «DIÁLOGO DE LAS LENGÜAS> 1Q9 conocido esto, luego atinareis cómo lo habéis de pronunciar o es- cribir.* . En la misma página de la Ortografía y pronunciación, al tratar de los acentos, tampoco establece regla alguna cierta, sin duda porque, como el mismo Velasco dice, es plática nueva y no fácil de entender para los que no han estudiado latín», y así, «por los ejemplos se vendrá en conocimiento de algo de lo que se pretendo. Algunos de los ejem- plos que se ponen en el Diálogo y en la Ortografía son precisa- mente los mismos, como amo y amó, enseño y enseñó. Sólo al final de ese capítulo de los acentos, en el libro sobre la Ortografía, dice Velasco que la regla para el que quisiere usar de esta curiosidad de los acentos, será trocarles el acento en las sílabas. V aunque López de Velasco en muchos de sus autógrafos tampoco cumple con eso, se advierte que teóricamente en el Diálogo establece la misma doctrina con estas palabras: «que en la pronunciación de los vocablos miréis bien en qué sílaba ponéis el acento, porque muchas veces el acento hace variar la significación del vocablo.» ¡Pero si las analogías saltan por todas partes, aun dentro de la parte gramatical! Véase otra prueba más clara. Diálogo, (pág. 40): «También pertenece a la gramática el saber juntar el pronombre con el verbo, en lo cual veo un cierto uso, no sé de dónde sea nacido, y es que muchos dicen poneldo, envialdo, porque el poned y enviad es el verbo y el lo es pronombre. No sé qué sea la causa porque lo mezclan de'esta manera. Yo, aunque todo (1) Cf. Diálogo, págs. 33 y 34. (2) Cf. Diálogo, págs. 38 y 39. (3) Cf. Oriographia, etc., pág. 294. 200 SOBRE EL VERDADERO AUTOR DEL «DIÁLOGO DE LAS LENGUAS» se puede decir sin condenar ni reprender nada, todavía tengo por mejor que el verbo vaya por sí, y el pronombre por sí; y por esto digo: «Al mozo ma\o ponedle la mesa y enviadlo al mandado.» En la Ortografía, página 101, se reprueba igualmente el uso de esa transposición de la í/ y la /: «cuando a las segundas personas de los verbos que se acaban en d, tornad^ tened, y otras tales, se siguen artículos relativos que comienzan en /, el uso traspone los lugares a la di, y por decir tomadlo, tenedlo, dicen tomaldo, teneldo*. Si tanta similitud se advierte en la parte destinada en el Diálo- go a la gramática, veamos más en particular las analogías que exis- ten en la ortografía. Comienza el Diálogo a tratar de la Ortografía en la página 42, y pregunta Marcio: —«¿Por qué unas veces escribís a con h y otras sin ella? Valdés.— Por hacer diferencia de cuándo es verbo o cuándo preposición; y así, siempre que es verbo lo escribo con h, y digo: «Quien ha buen vecino ha buen maitino>, y también: «Quien asnos ha perdido, cencerros se le antojan», y cuando es pre- posición escríbola sin h, diciendo: *A buen callar llaman Sancho», y también: *A carne de lobo, salsa de perro», y , etc. ¿Dónde está, pues, la contradicción? Velasco se limita a decir, haciendo historia, que cuantos deseaban acomodarse al origen latino escribían b, aunque no la pronunciaban enteramente; pero que el uso la había quitado en algunos vocablos. Lo que no dice es a quiénes da la preferencia, si a los antiguos, que la escribían sin pronunciarla enteramente, o a los modernos de su tiempo, que se la quitaban. (1) Cf. ^Declaración y uso del Relox Español... romaneado por Francisco Sánchez, natural de las Brozas, Salamanca. Año de M.D.XLIX. Págs. 2 y 4: «con muy propinquo parentesco traxo a su linage...» «Assi que de la manera que el mirar estas armas truxo mi ánimo...» 202 SOBRE EL VERDADERO AUTOR DEL «DIÁLOGO DE LAS LENGUAS» Y, además, el Sr. Cotarelo no se ha fijado para nada en la similitud de los ejemplos que para unas mismas palabras se citan en ambas obras. Dos autores distintos, campando cada cual por sus respetos, no es tan fácil que coincidan tan repetidamente en unas mismas frases y palabras, aun en libros que traten de idéntico asunto. Si el docto académico no ve esas analogías, será porque no quiere. Expongamos otras más breves. El autor del Dialogó (pág. 54) reprueba, y dice que le suena mal, que algunos escriban güevo, güerto, güeso, en vez de huevo, huerto, hueso. En la Ortografía (pág. 139) reprende el mismo error que hay en el reino de Toledo, y en otras partes, en platicar y escribir con g güevo, güeso, güerto, etc., y que no se debe decir sino huevo, hueso, huerta, huerto, etc. Y vuelve a repetir esos mismos vocablos en las páginas 155 y 156. En el Diálogo (pág. 60) se aconseja el uso de las //dobles en los vocablos que claramente proceden del latín, como effeto. En la Ortografía (pág. 65) expone, que estará bien decir effeto o effecto, effectuar o effetuar, de efficere. Y en la pág. 108 defiende también ese mismo empleo de las ^dobles en las palabras derivadas del latín, affecto, affectar, affectacion, etc., etc. El autor del Diálogo (pág. 67) dice que él tiene por regla general doblar la s en todos los nombres superlativos, como son: bonissimo, prudentissimo, y en todos los nombres que acaban en essa, como huessa, condessa, abadessa, y en los que acaban en esse, como iíite- resse... etc., etc. Y lo propio, exactamente, expone Velasco en su Ortografía (pá- ginas 199 y siguientes) con estas palabras: *Assi mesmo todos los superlativos, que son palabras de encarecimiento, como de bueno bonissimo..., se han de escrivir (1) con dos ss, como las tiene en el latín y otras lenguas. > «Las que originalmente tienen dos ss en el (1) Y, a propósito del verbo escrivir, el Sr. Cotarelo afirma que López de Velasco en su Ortografía emplea siempre escreuir. Ahí tiene un ejemplo en con- trario de su afirmación. SOBRE EL VERDADERO AUTOR DEL «DIÁLOGO DE LAS LENGUAS» 203 latín, de do son tomadas las más de las que en el castellano las tie- nen, son Abbadessa Condessa, y huessa átfossa.* Y basta. Ya puede ver el Sr. Cotarelo que existen analogías en cuanto al plan y en cuanto al modo de tratarlo, pues casi siempre lo hace con las mismas palabras. Si el docto académico quiere más analogías, pídalas; que hay tela cortada. Y aun pudiera añadirle que algunas de las discordancias que él indica, no son tales, si las con- sidera con más detención. Pero, aun cuando lo fuesen, por cada una de ellas pudieran señalarse cinco o seis concordancias de fondo y forma entre ambos libros, en los cuales se advierten idénticas hue- llas marcadísimas, influencias notorias de lecturas griegas, hebreas, árabes, latinas e italianas que había tenido López de Velasco para adaptar a la lengua española algo de lo bueno que hallaba en esas lenguas tan relacionadas con la nuestra. La misma insistencia de Velasco en repetir en la Ortografía conceptos, frases, modismos y palabras de las que suele usar en el Diálogo pueden dar a entender que, necesitando éste último, escrito pocos años antes, nueva revisión, aprovechó de él para la Ortografía lo que en ese punto encontró más adaptable, juntamente con los mayores conocimientos etimológicos, adquiridos para ilustrar y pu- blicar las obras de San Isidoro. En una palabra. El Diálogo viene a ser en ese punto como un ensayo o tanteo. La Ortografía muestra más estudio y perfección, sin que deban admitirse a cierra ojos todas sus reglas, a veces con- tradictorias en la práctica. Pero sin vacilaciones se puede afirmar que ambas obras son de López de Velasco. Si el Sr. Cotarelo torna a leerlas despacio, no con afán de buscar dificultades y minucias, sino con serena conciencia académica, se verá precisado a exclamar en su fuero interno: nil possamus adversas veritatem. Conclusión.— A\ abarcar ahora con una mirada sintética todos los argumentos y pormenores de esta disquisición literaria, no pare- cerá aventurado decir que los dos puntos principales de la misma quedan suficientemente esclarecidos. Es a saber: que el protestante Juan de Valdés ni fué ni pudo ser el autor del Diálogo de las lenguas, libro escrito en pleno reinado de Felipe II; y que el autor verdadero de tan discutida obra fué el soriano Juan López de Velasco, tan eru- 204 SOBRE EL VERDADERO AUTOR DEL «DIÁLOGO DE LAS LENGUAS» dito y benemérito de las letras patrias como acaba de verse. No so- lamente las pruebas documentadas, sino hasta los más ínfimos deta- lles de su vida literaria así lo acreditan. ¿Perderá de su mérito el Diálogo al saberse que no fué escrito por un protestante, sino por un católico rancio, como lo eran los más eminentes humanistas del siglo XVI? Por nuestra parte, podemos asegurar que si las razones que militan a favor de López de Velasco pudieran aplicarse al pro- testante Valdés, con el mismo entusiasmo hubiéramos defendido a éste; porque en crítica literaria las ideas religiosas de los autores deben ocupar un lugar muy secundario. Se comprende que al Sr. Cotarelo, como secretario perpetuo de la Real Academia, le duela salirse de los moldes tradicionales de algunos de sus antepasados, que dieron por definitivamente resuelto este asunto. Pero la tradición no puede ser sinónima de petrifi- cación. Pues como dijo un académico hace más de medio siglo: «Hoy las ciencias adelantan que es una barbaridad.» Y de ese medio siglo a esta parte no pocos ídolos hemos visto caer, y otros tambalearse agrietados por sus propias bases. Dejémos- los que caigan sin llorar sobre sus ruinas. Sólo la verdad permanece eternamente. P. Migúele? O. s. A. LA VENGANZA DE UN CAPELLÁN (conclusión) A las cinco de la mañana siguiente, el tronar de los cañones y los preparativos bélicos del ejército alemán helaban la sangre en las venas de los más avezados a luchar con la muerte; los defensores del suelo francés oprimían convulsivamente las armas entre oraciones o blasfemias, presintiendo horas de lucha encarnizada y angustias de muerte cruel. ¡La muerte! ¿Qué importaba morir una sola vez, cerrando los ojos a la vida y a tantas iniquidades, cuando eran más espantosos que la muerte misma el sobresalto continuo, la agonía prolongada, las visiones aterradoras, la sed de venganza y el odio satánico de millones de hombres en acecho constante para aniquilarse como fieras en campo abierto o en las entrañas de la tierra, a la luz del sol o en las sombras de la noche? — Si venimos al mundo para ser demonios... maldito sea el mundo y malditos los ejércitos alemanes y franceses. ¿No es prefe- rible volar por los aires en los cascos de una granada a vivir mu- riendo entre los miasmas asfixiantes de la civilización de los pueblos? ¡Qué felices son los muertos, mi capellán! ¡Qué vergonzoso es revol- carse en el lodo y meterse, como puercos, en todas las charcas más cenagosas, ahogando las nobles aspiraciones de Dios y fomentando las bajezas de Lucifer!... — ¡Pobre amigo mío! Eres valiente al luchar con los hombres y cobarde al luchar contigo mismo. Las almas grandes, como la tuya, saben vencer esos negros presentimientos que oprimen ahora los latidos vigorosos de tu corazón. ¿Has olvidado que la guerra sirve para acrisolar virtudes, subiendo los anhelos del espíritu atribulado al trono del Rey de reyes? Acuérdate de tu madre, y... 206 LA VENGANZA DE ÜN CAPELLÁN — |Mi madre!... ¡Madre del alma, yo no te olvido! Vas a que- darte sin tu hijo amado. De rodillas pronuncio tu nombre y beso tu imagen. Bendíceme por última vez, y... adiós, madre del alma; ya no sentiré más el calor de tus besos; ya no te veré en este mundo; te espero en el otro para no separarme de ti... Mire usted, mi cape- llán— añadió levantándose — ; este retrato y este crucifijo me han acompañado desde que, por última vez, me estrechó en sus brazos cuando me llamó la guerra. Tan pronto como mi corazón deje de latir, arránquelo usted de mi pecho y póngalo muy adentro en el suyo para entregárselo a ella, a ella sola, diciéndole que he muerto con su pensamiento en mi alma y con la esperanza en Dios. Sí: hoy será mi último día; me lo está diciendo el corazón. El ministro de Dios, el consuelo de tantos afligidos en las triste- zas de la guerra, derramó dos lágrimas que rodaron por el uniforme del capitán, de su condiscípulo en los días venturosos de la infancia, de su amigo entrañable en los campos de batalla, y, una vez re- puesto de la emoción, logró infundirle alientos con breves pero en- cendidas frases de amor, haciéndole comprender los encantos de la cruz llevada hasta el Calvario con resignación cristiana y amor generoso. —Si le oyera el coronel, quizás llegaran a su alma las dulzuras de esas palabras confortantes y arrobadoras que me animan y esfuer- zan en estos momentos pavorosos. Vamos a salir de este agujero, vamos a entrar en lucha cruel, vamos a morir todos, sin un milagro de la Providencia divina. Hable usted a nuestros soldados, que pe- garán sus labios a la cruz antes de hundirse en el polvo para subir a la eternidad que nos espera. Hay en la guerra momentos solemnes, reñidos con las ordenan- zas militares. Con el pensamiento en Dios y en las regiones del otro mundo, el sacerdote, ayudado por el capitán, subió a una mesa que le servía de cátedra y altar. Cesó el murmullo de los guerreros más próximos, fueron apagándose todas las voces en las galerías que formaban como los radios de una circunferencia, cuyo centro ocu- paba el capellán, y con fuego en los ojos y amor creciente en el alma, el «aumónier-poilu» habló de cosas grandes, de misterios que están más allá de las contiendas locas de los hombres, de ver- dades tan altas, tan solemnes y conmovedoras, que hasta el estam- LA VENGANZA DE UN CAPELLÁN 207 pido de los cañones que seguían anunciando la muerte sonaba a los oídos de los atrincherados como eco lejano y voz de ensueño casi imperceptible. Las palabras que brotaban de labios del sacerdote cual de fuente misteriosa infundían valor y alientos sobrehumanos al ensalzar el sacrificio, haciéndole resplandecer en toda su grandeza y majestad. — ¡Soldados! — gritó al concluir su arenga patriótica y fervorosa—, los cañones de nuestros adversarios están llamando a las puertas de otra vida mejor que la presente; los que hayan de entrar en ella con la frente levantada, como deben entrar los valientes, caigan de rodi- llas para recibir la absolución sacramental que voy a daros; soy mi- nistro del Rey de los ejércitos. Y hecha la señal de la cruz sobre cuantos se inclinaron contritos, saludó militarmente a los vivos y pidió una oración por los muer- tos, y., por los que iban a morir en defensa de la patria. Los acentos conmovedores del Padrenuestro, recitado en voz alta y vigorosa, llenaron los ámbitos del subterráneo y ensancharon el seno de corazones oprimidos. — El coronel le ha escuchado detrás de la bandera. ¿Será esto un dato más, un argumento nuevo para llamarle a usted al orden e imponerle un corectivo? — No seas malicioso, hijo mío; perdona como yo perdono. Dios se vale del peligro para llegar al fin sublime de sus designios. Seguían cruzándose las bombas por encima de las trincheras. A las seis horas de fuego de cañón, los defensores de las alemanas se vieron obligados a retroceder a otras más separadas de las francesas, a la vez que de éstas salían precipitadamente grupos de soldados a la conquista de un pedazo de tierra, que había de pertenecer poco después a sus primeros ocupantes. En aquel avance impetuoso, cuando los franceses iban a posesionarse de la primera zanja aban- donada por los alemanes, surge de la segunda una serie de ametra- lladoras que cubren el suelo de víctimas. Mézclanse los ayes de los heridos, y encuéntranse en la eternidad los muertos. Un silencio imponente hace más fúnebre aún la tristeza del hos- pital de sangre, muy próximo a la línea de fuego; de vez en cuando un gemido, un grito, una palabra malsonante, el nombre de la espo- 208 LA VENGANZA DE UN CAPELLÁN sa, de la madre, del hijo; el estertor de una agonía, los pasos de ca-- muleros entrando en la sala con nuevos heridos, o de los enterrado- res saliendo con algún muerto... y el murmullo de las Hermanas que rezan, consuelan y piden misericordia. Los enfermos no pueden vagar por la región de las ilusiones; no pueden fortalecerse con ninguna esperanza, abrumados por la certidumbre de un desenlace fatal y próximo, cuando no los sepa- ran de las puertas mismas del teatro de la guerra. Con el instinto casi infalible de los que sufren, se concentran en sus propias desven- turas y piensan con dolor inevitable: «Dejarnos aquí, muy cerca del lugar en que hemos derramado nuestra sangre, es declararnos moradores del otro mundo. > Este es el pensamiento que se revela en sus caras tristes, en sus facciones azotadas, más que por el sufri- miento físico, por el martirio del alma que lucha inútilmente con la imposibilidad de animar un cuerpo destrozado. No exige la Providencia, para rescate de los pueblos, torrentes de sangre inocente o criminal que empape la tierra que les dio para ganar victorias de un orden superior, transcendental y divino, sino esa otra sangre que brota de las llagas abiertas en el alma por el dolor y el sufrimiento. Ese dolor que transforma, ese sufrimiento que ennoblece, subli- mados con los tesoros de la resignación cristiana, son notas armo- niosas en el hospital del frente, a la sombra de la cruz roja, visible desde el campo fúnebre de batalla, donde rugen de nuevo los caño- nes, con bramidos de infierno, cual si pretendieran destrozar el alma que huye de la tierra envenenada por los hombres y se agita y suspira por la región de paz, regalo de Dios misericordioso. Muy cerca de allí, los soldados corrían, cantando unos, silencio- sos los más, hacia la región pavorosa de la muerte, para recibir su beso frío y dormirse para siempre en sus brazos helados. En el hos- pital de sangre, la despedida del tiempo no tiene el mismo brillo ni ostenta la misma gloria anhelada por los valientes. En el ímpetu fogoso del combate, franceses y alemanes saludaban las balas que perforaban su corazón y los trozos de granada que deshacían su pe- cho para volar sin miedo a las playas del otro mundo. En las salas del infortunio, la muerte rondaba con pasos silenciosos el lecho de los agonizantes, saliendo traidora de la sombra y clavando anhelante LA VENGANZA DE ÜN CAPELLÁN 209 SUS garras en la presa inerme y escuálida, poco antes llena de juven- tud y vida. Pero se escuchan entre los ayes de los heridos acentos de amor, consuelo y esperanza, poco frecuentes en los campos de batalla. Hay corazones bajados del cielo, hay Hermanas de la Caridad que aman a los pobres soldados, aun antes de verlos perder la vida, que prodigan ternuras para infundirles confianza e iluminar su agonía. Dios habla a los que se van por boca de esos ángeles que multipli- can su actividad prodigiosa y su amor fecundo a medida que se multiplica la gracia en corazones arrepentidos, principalmente en aquellos que más se han manchado en el lodo de la perfidia. Hay un moribundo que gime en el rincón más apartado de la sala. Ve en los senos del alma y recuerda entre sollozos que, a los pocos días de su primera y única comunión, fué arrastrado por los azares de la vida, sin el calor vivificante de una madre que vendara las heridas mortales de una enseñanza impía. Aprendió el desventu- rado en una escuela laica primero, en una Academia militar después, y en orgías desenfrenadas más tarde, que el alma es un embuste, la vida futura un mito, el placer una verdad, la virtud una cobardía, y la existencia de un Juez rectísimo e inexorable, temor de beatas ñoñas y doctrina de «imbéciles vestidos de negro». Muy pocos días antes, en el fragor del combate, en las exploraciones nocturnas, pi- sando cadáveres y atravesando pechos o deshaciendo cráneos de agonizantes, la religión era un embrollo; sus ministros, vil canalla; Dios, recurso de necios y protector de necios. La otra vida, gran recurso de indoctos. Luego... su cuerpo magullado y los gritos de su conciencia le hacían pensar en el fin de la vida que amó y en la posibilidad de otra que negó. El recuerdo de una mujer a quien apenas dio el dulce nombre de madre, el de su priniera y fervorosa comunión, hacía cuarenta y seis años; otras comuniones de despedida en el hospital de sangre; la vista diaria de heroísmos realizados por madres vírgenes de tantos heridos; los dolores de miembros destrozados y las congojas de un alma que empezaba a temer lo invisible y problemático.., le dan fuer- zas para decir a un «ángel en forma de mujer» que se multiplica en la sala y se desvela por todos: —Hermana, quisiera hablar con un sacerdote. 16 210 LA VENGANZA DE ÜN CAPELLÁN ¡Un sacerdote!... La monja lucha por retener las lágrimas. Se in- inclina sobre el moribundo; le habla de Dios, de la contrición, de la Virgen, Madre de todos los desventurados... — Sí; soy desventurado, soy criminal... me lo dijo un cura... —¡Dios mío! — exclamó la Hermana en voz alta — . ¡Y que no haya aquí un sacerdote para estos desgraciados que se van! — Sí, hermana: hay uno allá... al extremo...; pero ¡está tan mal! Entró conmigo. La religiosa vuela al sitio indicado y se detiene desolada ante el lecho del ministro de Dios. La esperanza se disipa. Es imposible despertar la vida en aquel cuerpo de aspecto cadavérico. ¡Pobre cura! No ve, no oye; está en un síncope desde que le con- dujeron allí por la mañana. No ha muerto aún, ¡pero se halla tan próximo al desenlace!... Está en un charco de sangre... — ¡Nada puede hacerse! — había suspirado el médico al verle en- trar por la mañana. —¡Nada puede hacerse! — suspiró también la monja—. ¡Y el otro desgraciado espera un auxilio imposible. ¡Dios mío, Dios mío! Pero ¿qué divino poder otorga el cielo en ciertos momentos a la fe suplicante? Los ojos moribundos se entreabren al sonar junto a ellos el nombre de Dios: el moribundo siente el fuego último de su vida expirante. No habla, pero toda la fuerza de su alma se concen- tra y aparece en la nitidez de su mirada. La religiosa comprende que están contados los momentos; sabe que todo es posible y que hay energías sobrehumanas en el deposita- rio del poder divino; recobra todo su valor en este momento trágico y se atreve a comunicar al moribundo el deseo de otro moribundo. — Un desgraciado que muere pide la absolución. Apenas pueden distinguirse las frases apagadas del soldado sacer- dote que anhela desempeñar su misión sublime en los umbrales de la muerte. — jTrái...ga...le! —¡Imposible! —Lié., ve.. .me. Pron...to. —¡Imposible, padre, imposible! —¡Lléveme!— ordenó con voz imperiosa y enérgica. Pensando en la omnipotencia y misericordia infinita del Señor, LA VENGANZA DE UN CAPELLÁN 211 la religiosa da las órdenes oportunas, y cuatro enfermeros llevan suavemente la cama del moribundo al sitio designado. Luego, sin articular una sola palabra, en el más profundo silencio y con el res- peto debido a dos agonizantes, juntan sus cabezas y se retiran emo- cionados. El sacerdote abre los ojos y dice en voz baja, pero clara y severa: —Vamos, muchacho, date prisa, porque esto se va... Habla, hijo, ¿no dices nada...? ¡Ha muerto ya!— pensó con dolor profundo— ¡Dios te premie...! Padre nuestro, que estás en... —¡Perdón, padre, perdón! Una sacudida inesperada agitó los pocos miembros sanos del sacerdote que recobró vida nueva en aquellos trances de muerte. Con la mano izquierda, inmóvil hasta entonces, aprieta un retrato y un crucifijo que inconscientemente aprisiona en ella; vuelven a su corazón latidos vigorosos, cruzan por su espíritu recuerdos tristes y alegres: todo un mundo nuevo, todos los episodios de las trinche- ras, de los combates, de las ambulancias, de los heroísmos y cobar- días, cual si Dios se complaciera en derramar torrentes de luz es- plendorosa en una inteligencia próxima a extinguirse. — ¡Gracias, Dios mío! — exclamó con voz potente, que se oyó en toda la sala—, me has concedido más de lo que te pedí. Ya me has vengado. ¡Bendito seas! En medio de un silencio sepulcral, se incorporaron algunos mo- ribundos para dirigir sus ojos apagados hacia el rincón donde iba a descender la vida; la Hermana y los camilleros se postran en- tie- rra como heridos por fulgor de los cielos; los labios del coronel sólo pudieron articular: «¡Perdón..., padre... mío... absolución...!» Y se oyó en toda la sala el acento de una voz salvadora: Ego te absolvo in nomine Patris, et Filii et Spirítus Sancti. Cuando la monja y los enfermeros quisieron separar aquellos dos cuerpos, la cabeza del sacerdote cayó sobre el pecho del coro- nel que suspiró por última vez: — ¡Es mi vida..., dejadle! Al día siguiente dormían juntos el sueño eterno en la misma fosa, adornada con la cruz redentora. P. Julián Rodrigo. o. S. A. ANTONIO PÉREZ (aclaración a los capítulos VIII, X Y XI DEL LIBRO I DE LA «HISTORIA DE VARIOS SUCESOS», DEL P. FR. JERÓNIMO DE SEPÚLVEDA^^' ) El 3 de noviembre de 1611, un anciano de setenta y dos años, mandó escribir a su fidelísimo amigo Oil de Mesa la siguiente declaración y protesta, que firmó con mano temblorosa y débil, de- jando de existir pocas horas después. Decía así el importantísimo documento, extendido y autorizado en momento tan grave y solemne: ^Declaración hecha por mí, Antonio Pérez, a la hora de mi muerte, la cual no pude escribir de mi mano por hallarme fatigado en tal paso; y por esto rogué a Gil de Mesa la escribiese de la suya en la forma y tenor que yo le fuese diciendo. Por el paso en que estoy, y por la cuenta que voy a dar a Dios, declaro y juro que he vivido siempre y muero como fiel y católico cristiano; y de esto hago a Dios testigo. Y confieso a mi rey y señor natural, y a todas las coronas y rei- nos que posee, que jamás fui sino fiel servidor y vasallo suyo; de lo cual podrán ser buenos testigos el señor Condestable de Castilla y su sobrino el Sr. D. Baltasar de Zúñiga, que me lo oyeron decir di- versas veces en los discursos largos que tuvieron conmigo, y los ofrecimientos que muchas e infinitas veces hice de retirarme adon- de me mandase mi rey a vivir y morir como fiel y leal vasallo. Y ahora últimamente, por mano del propio Gil de Mesa y de otro mi confidente, he escrito cartas ai Supremo Consejo de la In- quisición, y al ilustrísimo cardenal de Toledo, Inquisidor general, [y] (1) Véase La Ciudad de Dios, vols. CXV, págs. 465-478; CXVI, págs. 402- 410, y CXVII, págs. 106-109. ANTONIO PÉREZ 213 al señor obispo de Canarias, ofreciéndoles que me presentaría al di- cho Santo Oficio para justificarme de la acusación que en él me había sido impuesta; y para esto les pedí salvoconducto, y que me presen- taría donde me fuese mandado y señalado, como el dicho señor Obispo podrá atestiguar. Y por ser esta la verdad, digo que si muero en este reino y am- paro desta corona, ha sido a más no poder, y por la necesidad en que me ha puesto la violencia de mis trabajos, asegurando al mun- do todo esta verdad, y suplicando a mi rey y señor natural que con su gran clemencia y piedad se acuerde de los servicios hechos por mi padre a la Majestad del suyo y a la de su abuelo, para que por ellos merezcan mi mujer e hijos, huérfanos y desamparados, que se les haga alguna merced, y que éstos, afligidos y miserables, no pier- dan, por haber acabado su padre en reinos extraños, la gracia y favor que merecen por fieles y leales vasallos, a los cuales mando que vi- van y mueran en la ley de tales. Y sin poder decir más lo firmo de mi mano y nombre, en París a 3 de noviembre de 1611. Antonio Pérez (1).» ¿Qué causas impidieron a aquel español, según su deseo, repeti- das veces manifestado, cerrar los ojos bajo el cielo patrio, de donde hacía veinte años que se hallaba desterrado? ¿Qué crímenes, desventuras o persecuciones le pusieron en situa- ción tan amarga? ¿Qué juicio han de merecer a los historiadores las afirmaciones contenidas en este documento? Preguntas que vamos a contestar brevemente. Aun cuando se ha dicho por algunos historiadores haber sido '■-Nacimiento. padres y educación cuna de Antonio Pérez la villa de Monreal, del marquesado de Ari- de Antonio Pérez. za, en el reino de Aragón (2), es ya opinión común que nació en (1) Don Salvador Bermúdez de Castro; Antonio Pérez, Secretario de Estado del Rey Felipe II. Estadios históricos... Madrid, 1841, págs. 284-286, citado por Mígnet: Antonio Pérez y Felipe II. Traducción de la Sociedad Literaria bajo la dirección de D. Wenceslao Ayguals de Izco. Madrid, 1852, págs. 91, c. 1, y Don Cesáreo Fernández Duro: Estudios históricos del reinado de Felipe II... Antonio Pérez en Inglaterra y Francia {1591-1612). Madrid, 1890, págs. 364-366. Fernán- dez Duro y Mignet no traen el encabezamiento ni la firma de la declaración. (2) Entre otros, Uztarroz: Biblioteca aragonesa, manuscritos, pág. 69, ci- tado por Gallardo: Ensayo de una Biblioteca Española de libros raros y curio- 214 ANTONIO PÉREZ Madrid, por los años de 1534, como lo acreditan documentos fide- dignos (1). Fué su padre Gonzalo Pérez, secretario de Carlos V y Felipe II, muy conocido en la república de las letras y experto en los ne- gocios de Estado (2), que le hubo, a lo que fundadamente se cree, de «María Tobar, mujer casada (3)», siendo él clérigo. Carlos V legitimó a Antonio Pérez en abril de 1542 (4). Cuidó Gonzalo Pérez de la educación de su hijo, enviándolo a Salamanca, Alcalá de Henares, Lovaina, Venecia y Padua, siendo sus preceptores Hernando de Escobar, Pedro Nanio, profesor lova- niense, «ingenio agudo y pronto, de noticias tan universales como acreditan sus escritos (5)»; y Antonio Mureto y Carlos Sigonio, «eru- ditos oradores» de Venecia (6). Con tales maestros y la ayuda de su despierto ingenio, Antonio Pérez hizo pronto notables progresos. II. -Secretario Vuclto a España, sucedió a su padre, Gonzalo Pérez, en el des- de Felipe 11. pacho, como secretario de Estado en las cosas de Italia. No entró de secretario del Rey luego que murió su padre, transcurriendo entre uno y otro hecho algún tiempo, por ver Felipe II, según afirmación de Cabrera de Córdoba, que el brillante y apuesto Pérez era «mozo derramado (7)». Afilióse Pérez en política al bando de su patrocinador, y gran pri- vado del Rey, el príncipe de Eboli, Ruy Gómez, figurando entre los sos .. III, cois. 1156-1160, y el cronista doctor Juan Francisco Andrés en el Aganipe de los Cisnes aragoneses, celebrados con el clarín de la fama. Gallardo, Ensayo, I, c. 205. (1) Alvarez Baena: Hijos de Madrid, t. I. Madrid, 1789, pág. 121. (2) Véase la «Breve noticia de Gonzalo Pérez», por el P. Esteban de Artea- ga y López, S. J., en la Colección de documentos inéditos para la Historia de Es- paña, t. XIII, págs. 531-549. (3) Información sobre los alborotos de Aragón, por Lupercio Leonardo de Argensola, dada en 1604. Cita de D. J. Fernández Montaña, Nueva Luzy Juicio verdadero sobre Felipe II, Madrid, 1882, págs. 347, nota 2. (4) Véase la Carta de legitimación, en la Colección de Documentos inédi- tos, XIll, págs. 389-93. En esta carta se llama al hijo de Gonzalo Pérez, Anto- nio Pérez del Hierro. (5) Uztarroz: Biblioteca aragonesa, en el Ensayo de Gallardo, t. III, c. 1.156. Fernández Montaña, Nueva Luz..., pág. 348. (6) Uztarroz, 1. y o. c. (7) Felipe II rey de España, t. I, lib. VII, cap. VII, págs 490-91. ANTONIO PÉREZ 215 más abiertos y decididos adversarios de la parcialidad apellidada de los Toledos, que capitaneaba el Gran Duque de Alba, a quien Pé- rez trató frecuentemente sin consideración y con altanería (1). El 3 de enero de 1567 casó el Secretario en Madrid con la noble señora doña Juana Coello y Vozmediano (2), que tan importante in- tervención tuvo en el proceso y fuga de su marido. Pronto supo la corte que el nuevo Secretario era hombre ducho y habilísimo en el manejo de los negocios; que sus modales refina- dos atraían las miradas de todos; que él daba la norma de la elegan- cia con su propio modo de vestir, el de su casa y criados; que su morada, por los objetos de arte en ella reunidos por el buen gusto que allí reinaba, y por la cortesía y afabilidad de su dueño, era el cen- tro y punto de reunión de no pocos linajudos señores del reino. Las buenas cualidades de Pérez se hallaban contrapesadas y obs- curecidas por graves defectos: era soberbio, vanidoso y fatuo, de costumbres corrompidas, de vivir vicioso y desordenado (3). Para alimentar el lujo escandaloso y la fastuosidad petulante, no dudó en recibir dádivas, vender cargos e influir cuanto pudo en la (1) La aversión que Antonio Pérez muestra siempre al gran Duque de Alba le fué inculcada con esmero cuidadoso y vengativo por su padre Gonzalo Pé- rez: «El duque de Alba - escribía a Granvela-ha querido jugarme una pieza; pero entienda que yo tengo los huesos muy duros, y él los dientes muy tiernos para quebrantármelos. Téngale prevenido un sobrino , que sabrá vengarme de to- dos los lazos que me arman: criéle con sumo cuidado, y le voy instruyendo poco a poco en el manejo de los negocios: es mozo de grande ingenio, y espero que saldrá excelente en este arte». Gonzalo Pérez llamaba sobrino al hijo, por rubor, dice el P. Arteaga, de confesar su flaqueza juvenil. Doc. inéd., XIII, página 541. También Ruy Gómez era enemigo declarado del Duque de Alba. (2) Alvarez Baena: Hijos de Madrid, t. 1, pág. 121. (3) «Antonio Pérez estaba en gran privanza, ayudado del marqués de los Vélez, y usaba mal del favor, derramado, no virtuoso, demasiadamente sun- tuoso y curioso, en el vestir rico y odorífero, y pomposo en su casa, y por su- perior trataba con los demás secretarios, fiando en la necesidad que juzgaba tenía del el Rey, por su experiencia y participación de secretos, y por la mu- cha mano que le había dado y él tomado de los negocios... Favorecía a mu- chos, usaba liberalidad con los amigos, cortés y apacible aun con los no co- nocidos en las conversaciones y cuando se ocupaba con ellos. Tenía los dotes casuales de naturaleza, gentilhombre de cuerpo, buen rostro, como a varón convenía, mas estaba muy lexos de poseer gravedad de costumbres o tem- 216 ANTONIO PÉREZ provisión de nombramientos a favor de los más espléndidos y gene- rosos donantes y postores. Al par que su influencia con unos, como suele suceder, creció la enemiga de no pocos, a quienes daba en rostro tanta ventura, arro- gancia y vanidad. En 1570, a la muerte de Francisco de Eraso, fué nombrado An- tonio Pérez su sucesor en la secretaría de Estado, que desempeñó hasta julio de 1579. III .- Asesinato £1 31 (je marzo de 1578, por la noche, en la cercanías de la igle- bedo"secretario de sia de Santa María, de la Corte, fué asesinado de una estocada Juan D. Juan de Austrii. ^^ Escobcdo, sccrctario dc don Juan de Austria, que había venido a Madrid a conseguir dinero y auxilios del Rey para don Juan, gober- nador de Flandes a la sazón. Esta muerte violenta y en persona calificada fué pronto objeto de todas las conversaciones, y el rumor público señaló como insti- gadores y autores morales de ella ai secretario de Estado y a la prin- cesa de Eboli. Lo cierto es que los asesinos fueron buscados y recompensados por Pérez, y, según varios autores contemporáneos, para animarlos y asegurarlos en el crimen les dio una cédula con la firma de Feli- pe II, en la que el Rey ordenaba la muerte de Escobedo, y después del asesinato los acogió y ocultó en su casa para librarlos de la jus- ticia. De estas cédulas solían entregarse a los secretarios en blanco con la firma real a fin de que se despachasen prontamente y con autoridad los negocios que no podían demorarse sin inconvenien- te, quedando encargado el secretario de llenarlas según las necesi- dades (1). planza en los deleites y pasatiempos, dado al regalo y magnificencia, y algu- nas veces a vicios y superfluidad, metiendo grandes y vivos aborrecimientos, aunque era aprobado de muchos, que en tanta dulzura de deleites querían el supremo imperio, no demasiado estrecho ni muy riguroso». Cabrera de Cór- doba: Felipe Segundo, II, lib. XII, cap. III» pág. 449. (1) En el diálogo que pone el P. Jerónimo de Sepúlveda en boca de Anto- nio Pérez y el capitán que, según él, mató a Escobedo, dice: «Señor Antonio Pérez: ¿cómo sabré yo que su Majestad gusta que yo le mate?» Respondió: «Porque me lo ha dicho a mi, y porque lo haga con más seguridad, yo le daré una cédula, firmada de mano de su Majestad, para que lo haga». Y como él te- ANTONIO PÉREZ 217 Prestando los historiadores excesiva fe a los escritos de Antonio Pérez no han vacilado en achacar la orden de la muerte a Felipe 11. Los motivos de este mandato, escriben, copiando al mismo Pérez, fueron para evitar que Escobedo siguiera alentando los planes ambi- ciosos y los sueños quiméricos de don Juan de Austria. Esta opinión la han seguido modernamente el marqués de Pidal, Mignet, Muro, Cánovas del Castillo y otros, siendo el último, que yo sepa, el hispa- nista inglés Martín Hume (1). Que Felipe II estaba cansado de Escobedo, de sus continuas pe- ticiones y demandas, y de la demasiada y áspera franqueza con que se expresaba, es indudable (2); pero admitir por esto, como Cabrera de Córdoba, que «no le desplació» aquella muerte violenta parece mucho afirmar (3). Ateniéndonos al relato de los historiadores contemporáneos, las nía las firmas, y lo tenía todo fué cosa muy fácil de hacer». La Ciudad de Dios, vol. CXV. 1918, pág. 470. Pero dejemos las hipótesis y examinemos la pieza principal, que iv.-ei famow ha servido de base para afirmar la participación de Felipe II en el rode*i890. asesinato de Escobedo, y se considera como alegato incontrovertible de la culpabilidad del Rey Católico. Empecemos dando las principales versiones del billete. Primera redacción: . < Decid a Antonio Pérez que ya sabe cómo yo le mandé que matase al secretario Escobedo por las causas que él sabe: que a mi servicio conviene que las declare. > Este billete no está completo, según el mismo Pérez, sino «en substancia>. Relación sumaria del Discurso de las prisiones y aventuras... Doc. inéd., XIII, pág. 373. Segunda redacción: € Discurría Rodrigo Vázquez con el Rey assy (2): Que ya que Anto. Pérez se libraua, por el congierto con Escouedo de la muerte de su padre, mirasse su Magestad, que auia corrido mucho auerse co- (1) En el ms. se pone esta signatura: Bibl. /?.' est.^ 50 caj. 5 en 4." Como es sabido, parte de los fondos de la Biblioteca Real fueron a formar la actual Nacional, de Madrid. (2) Al margen: Villete del Rodrigo Vázquez al Rey.— Lo que va con bastar- dilla en la copia del texto está del mismo modo en las Relaciones. 222 ANTONIO PÉREZ metido aquella muerte por orden suya, y que a su auctoridad conue- nia descubrir se ya y mandar a Ant. Pérez, que declarasse las cau- sas, y motiuos, que huuo para hazerse aquel castigo. Y añadía estas palabras de que me acuerdo: Dase Señor a entender a Ant, Pérez que no esta prouada (1) la muerte por el progesso (aunque para mi basta si huuiere de ser juez) V. M. me escriua vn villete, que yo se le pueda mostrar, diziendo: Dezid a Ant. Pérez, que ya sabe, como YO le mande que hiziesse matar a Escouedo por las causas que EL TIENE ENTENDIDAS, QUE A MI SERUigiO CONUIENE QUE LAS DECLA- RE: y por aquy yua diziendo» (2). Las Obras y Relaciones... Ginebra, 1644, pág. 75. Tercera y definitiva redacción: Podréis decir a Antonio Pérez de mi parte (y si fuere menester enseñarle este papel) que él sabe muy bien la noticia que yo tengo de haber él hecho matar a Escobedo, y las causas que me dixo había para ello. Y porque a mi satisfacción y la de mi conciencia conviene saber si estas causas fueron, o no bastantes, que yo le mando que las diga, y dé paticular razón de ellas, y muestre, y haga verdad los que a mí me dixo, de que vos tenéis noticia, porque yo os las he dicho particularmente, para que habiendo yo entendido las que así os dixe- re, y razón que diere de ello, mande ver lo que en todo convendrá hacer. Madrid, 4 de enero de 1590. Yo el Rey.» Proceso criminal..., págs. 154-155. Expongamos brevemente algunas consideraciones acerca del pre- cedente documento. La primera redacción, según se ha podido ver, es más lacónica que la segunda; y sin embargo, la primera fué escrita en 15Q1, o, a más tardar, en 1592; y la segunda, más extensa y particularizada, lo fué por lo menos seis años después. ¿Cómo se explica que Pérez re- cordara mejor el contenido del billete en 1598 que en 1592? ¿Y por qué en la primera relación calló el medio de que se había valido para conocer y leer el billete, y lo expuso en la segunda, aun- (1) Al margen: Y quando este prouada contra quien es la prueua? (2) Al margen: Que hambre tiene el que aguza los dientes mientras le en- tregan la vianda.— Esta llamada se refiere al billete, pero por faltar el número correlativo en el texto no sé a qué palabra o palabras. ANTONIO PÉREZ 223 que con pormenores inverosímiles? Pues decir «que vio este bille- te original de Rodrigo Vázquez en el camino, y le tuvo en sus manos a la ida y a la vuelta, con la respuesta de mano del Rey, por maña y amistad de un amigo suyo (I)», cuando estaba bien guardado en la cárcel, con doble guardia, por los repetidos intentos que había hecho de fugarse de la prisión, e incomunicado rigurosisimamente, y tra- tándose de un asunto gravísimo, y yendo verosímilmente los billetes del Rey al ministro y los del ministro al Rey sellados, conforme era costumbre; todo esto, como nota justamente un autor moderno (2), no es otra cosa sino abusar de la simplicidad y contar con el candor de los lectores. Pero aún hay más: pasa de la raya que Rodrigo Vázquez, porque así lo creía la gente, según Pérez, condene de antemano a Felipe II, al darle el patrón a que ha de ajustarse el Rey al contestar, confesán- dose autor de la muerte. Pérez confiesa que el Rey contestó a Vázquez, pero a pesar de haber visto la respuesta real, y no obstante su excelente memoria que le permitía recordar palabras textuales ocho años después de haber- las leído, no nos da la contestación de Felipe II decisiva, sin duda, si el Rey la hubiera redactado como se la exigía Rodrigo Vázquez. La respuesta de Felipe II fué, según bastantes escritores, la que he copiado antes, es decir, el famoso billete de 4 de enero de 1590 que se lee en el titulado Proceso criminal. Nadie ha podido señalar hasta ahora, ni Valladares, o quien fuera el publicador del Proceso, nos dijo dónde se halla el original, o la copia autorizada, de tal billete, y como va acompañado de otras pie- zas que evidentemente han sido trasladadas de las Relaciones de An- tonio Pérez, es muy discutible su autenticidad, obligando, por tanto, a cualquier historiador serio a suspender el juicio mientras categó- ricamente no pueda afirmarse su legítima procedencia (3). Pero admitamos, en hipótesis, que tal como ha sido publicado, (1) Las Obras y Relaciones, págs. 75-76. (2) De cómo Felipe II no mandó matar á Escobedo. Por D. José Fernández Montaña, presbitero. De la Rota Española. Madrid, 1910, pág. 260. (3) Que hubo un billete de Felipe II ordenando a Pérez declarara las causas de la muerte de Escobedo, parece indudable. Pérez se refiere a él en la cédula de defensa que presentó en Aragón en julio de 1590, con estas palabras: «Qwe 224 ANTONIO PÉREZ salió de la mano de Felipe II; ¿qué conclusiones se deducen de su contenido? En primer lugar, en él no están las gravísimas y terminantes pa- labras que Pérez cita en las que el Rey afirma que mandó matar a Escobado. De la lectura del billete sólo se saca: Felipe II tiene noticia de haber Pérez hecho matar a Escobedo. ¿Se sigue de aquí que el Rey ordenara la muerte? De ningún modo. El Rey supo de boca de Pérez las causas que él dio para justifi- car el asesinato. ¿Cuándo supo el Rey las causas, antes o después del crimen? Si fué antes, nadie lo ha probado; si fué después, se explica perfectamente que Felipe II, no satisfecho sin duda con lo dicho por Pérez, tratara empeñadamente de averiguar la verdad del caso. ^ Pérez pudo muy bien decir al Rey que Escobedo merecía la muerte; bien, ¿pero asintió a este juicio el Rey? El exigir Felipe II que Pérez judicialmente confirmara las causas que a él le había dicho, no implica complicidad, pues, como argu- menta un autor moderno, en este supuesto todos los jueces serían cómplices en los crímenes (1). Todo esto, como ya he dicho, en el caso improbable, y no pro- bado por nadie todavía, de que el billete sea auténtico, díel cual, como se ve, no se sigue nada en buena lógica contra Felipe II. En los escritos de Pérez se menciona varias veces este ponderado billete de 4 de enero de 1590, con circunstancias muy sospechosas. En la Relación del Discurso de sus aventuras, escrita a raíz de su fuga, calla Antonio Pérez que le presentaran billete del Rey, siendo así que desde Aragón, en julio de 1590, acusaba a Felipe II de hacer- se auctor de la muerte por el billete que se le mostró cuando se le dio tormento. Doc. inéd. XIII, p. 373. Tampoco dice en las Relaciones (p. 79) que le leyeran nada en el por el billete que se le mostró cuándo se le dio tormento se hace su Majestad auctor de la muerte.* (1) D. J. F. Montaña.— D¿ cómo Felipe II no mandó matar a Escobedo, pági- uas 262-267. ANTONIO PÉREZ 225 tormento, aun cuando poco más adelante se queja (p. 84) de que no se había enviado a Aragón copia del billete de Rodrigo Vázquez al Rey. En el Memorial del hecho de su causa (p. 272) dice Antonio Pé- rez que prefirió no justificarse del asesinato de Escobedo, por respe- to al Rey * aunque me mostraban billetes de su Magestad, para que declarase las tales causas» de la muerte de Escobedo, y páginas ade- lante (p. 332) los billetes se reducen otra vez a uno Esta última declaración de 20 de febrero se halla publicada, aunque con su- presiones y variantes notables, en el Proceso criminal, págs. 158-174. En las de- claraciones del Proceso no se leen las palabras capitales: que su Magestad haya consentido; que su Magestad diese consentimiento a la muerte del secretario Es- cobedo. (1) Docum. inéd. XV, págs. 541-547 .—Memorial del hecho de su causa, en Las Obras y Relaciones, págs. 302-315. ANTONIO PÉREZ 227 puso a su lado de consejero y lugarteniente al prudentísimo y ex- perimentado don Luis de Zúñiga y Requeséns. Aún no había pasado un año, y don Juan fué nombrado general en jefe de las fuerzas españolas que trataban de reducir a los moris- cos sublevados en el reino de Andalucía; siendo inmediatamente, apenas lograda la pacificación de los rebeldes, elegido General de la Armada que el Papa, Venecia y España destinaban a combatir al Turco. Después de la memorable batalla de Lepanto continuó don Juan al frente de la Armada española hasta que el año 1576 Felipe II le nombró Gobernador de Flandes, donde murió el 1 de octubre de 1578, a los treinta y tres de edad. ¿Qué hay qué decir de los planes que le achaca Antonio Pérez? 1. — Escribe Pérez: «Corriente este tiempo, y las empresas y jor- nadas gloriosas que el señor don Juan hizo y ganó, notorias al mun- do, sucedió la del reino de Túnez. Sobre esto es de advertir, que se envió orden al señor don Juan, después de muchas consultas y co- municaciones con el Consejo de Estado, y con los consejeros dél absentes, conformes todos en un parescer, que se desmantelase la cibdad de Túnez, por grandes y convenientes razones del servicio de su Majestad, de lo cual pueden tener noticia algunas personas que deben de vivir, consejeros que eran del señor don Juan en aquel tiempo... Y aunque el señor don Juan llevaba esta orden mantuvo la cibdad y reino de Túnez, y se hizo aquel fuerte... con fin y traza de sustentar aquella cibdad y reino para el señor Don Juan (1)>. Efectivamente; en 3 de agosto de 1574 escribía el mismo don Juan de Austria a don García de Toledo: «Aunque, como lo escribo al Duque (¿de Sesa?), parece recia resolución desamparar el fuerte de Túnez, al fin es la más segura cuando bien no se vea que se pue- den defender ambas partes (la Goleta y la fortaleza de Túnez), aun- que también padece excepciones que no son de pequeña considera- ción; y los que en la corte fueron de opinión que se desmantelase al principio del verano tendrán ocasión de hincarnos bien la leña (2).> (1) Memorial del hecho de su causa, en Las Obras y Relaciones, págs. 295-97. (2) Cita de Mignet: Antonio Pérez y Felipe II, pág. 20, c. 1, nota 1. 228 ANTONIO PÉREZ Se ve, pues, por la carta de don Juan, que hubo opiniones en favor y en contra de la demolición, y que él la llevó a cabo cuando juzgó imposible conservar la ciudad. Mala memoria tuvo en esta ocasión el secretario de Estado Antonio Pérez, que recordaba pala- bras textuales de billetes seis y más años después de haberlos leído. 2. — Acerca de la confederación de don Juan y los Guisas, escri- be Pérez: «Dexando aquí por un poco esta materia, sucedió que se tuvo aviso por cartas de Juan de Vargas Mexía, que servía a la sazón la embaxada de Francia, que iban y venían algunas personas despa- chadas del señor don Juan a aquella corte, y que aunque algunos días estaban en público, sucedía que después de haber hecho de lo que se volvían despachados, tornaba alguno dellos y se metía y es- taba secreto en el retrete de monsieur de Quisa, y desto avisó diver- sas veces Juan de Vargas a Antonio Pérez, como a ministro y se- cretario de Estado..., y aun llegó a lo último a escribir, que habia entendido que las tales inteligencias entre el señor don Juan y mon- sieur de Guisa habían llegado a particular confederación entre ellos con nombre de defensa de las dos Coronas. Cosa que dio muy gran cuidado y alteración a su Majestad... (1).» Según el contexto de lo que Pérez narra en el Memorial hay que poner la fecha de estos sucesos próximamente entre marzo y mayo del año 1577. Ahora bien, el embajador Vargas no llegó a París hasta el 10 de diciembre del mismo año; de modo que si dio avisos, como veremos ahora mismo, de ningún modo pueden referirse a Escobedo, que se hallaba ya en España en julio de este año. Indudablemente, hubo tratos entre don Juan y los Guisas y aun entre éstos y Vargas, para unir las fuerzas de las dos coronas, fran- cesa y española, y llevar a cabo la empresa de libertar a la reina de Escocia María Estuardo, con la cual parece que se intentó el casa- miento de don Juan, lo que no disgustó a Felipe II, antes le pareció, como él mismo dice contestando a Vargas, que serían cosas «por vía de discurso y de poco fundamento (2)>. 3. — El proyecto de conquistar a España, con razón lo juzgó Mignet, no sólo extravagante, sino imposible por parte de don Juan. (1) Memorial del hecho de su causa, en Las Obras y Relaciones, págs. 304-305. (2) M. Mignet: Antonio Pérez y Felipe II, págs. 96-98. ANTONIO PÉREZ 229 La fidelidad del hermano de Felipe II está suficientemente ates- tiguada, pues las repetidas proposiciones que se le hicieron en Bél- gica para que tomara el gobierno, haciéndose independiente, las re- chazó don Juan indignado (1). Léase la sentida carta que Andrés de Prada escribió a Felipe II al saber lo que propalaba Antonio Pérez. Es como sigue: «Señor: Por ciertas preguntas que el alcalde Pareja me ordenó, de parte de vuestra Majestad, que depusiese, he entendido el diabó- lico ánimo con que Antonio Pérez ha querido manchar la inmacula- da fidelidad y obediencia que el señor don Juan, que esté en el cie- lo, tuvo a vuestra Majestad, que me ha lastimado de manera que escribo estos renglones con dificultad, porque el dolor y las lágrimas impiden que la mano haga su oficio, y en la imaginación se revuel- ven tantas cosas que llego a pensar disparates. Y así suplico humil- demente a vuestra Majestad me perdone, si el hacer esto lo fuere, que la causa para mí (que sé quién era el señor don Juan para con vuestra Majestad) es tan terrible, que no perder el seso será gran merced de Dios. No quiero cansar a vuestra Majestad con decir lo que cerca desto podría, porque creo no es menester, y éste es el ma- yor consuelo que tengo. Sólo diré que deseo en el alma poner la vida en defensa desta verdad, y si me es licito, suplico humildemen- te a vuestra Majestad me dé licencia para hacerlo, diciendo a Anto- nio Pérez cuan mala y falsamente miente, y que se lo haré conocer de mi persona a la suya; y si desto vuestra Majestad no fuere servi- do, que a lo menos lo pueda decir donde conviniere, desengañando a los que no conocieron al señor don Juan, que a los que le cono- cieron yo sé que no es menester; y que lo será que Antonio Pérez salga del mundo y reciba en él la debida pena de su atrevimiento. Pues a nadie toca tanto volver con tantas veras por la honra del señor don Juan como a vuestra Majestad, por quien dio su vida, quedo muy confiado de que no se deservirla vuestra Majestad de que sus criados lo hagamos, y yo que soy el menor, recibiré esta merced que es la que más deseo en esta vida. Dios guarde, etc.; en Madrid, a diez y ocho de octubre, mil quinientos y noventa.» (1) Véase Montaña: De cómo Felipe II no mandó matar á Escobedo, pági ñas 361-63. 230 ANTONIO PÉREZ Felipe 11 «mostró estar muy satisfecho de ser todo ello así» y que no alzaría la mano de lo que tocaba al castigo de tan maligna invención (1). El autor de la carta que he transcrito fué secretario de don Juan de Austria, de Felipe II, y últimamente, con grande influencia, de Felipe III. Se le llamaba el Secretario santo. Volverá a salir en el presente trabajo otra carta suya referente a Antonio Pérez que no creo se haya publicado nunca. Por si no basta lo alegado, oigamos las hermosas palabras con que don Juan apremiaba por última vez, pues murió a los pocos días, a Felipe II para que le socorriera con hombres y dinero. cNo dejo— decía don Juan entre otras cosas—, por lo que a mí toca, de tener grandísimo sentimiento de que sea yo solo el desfa- vorecido y abandonado de V. M., debiendo no sólo por hermano, pero por el hombre del mundo que más de corazón le ha procu- rado servir y que con mayor fe y amor lo ha hecho, ser tenido en diferente estima y consideración; mas ya que esto no ha bastado, ni merecía que dello ni de mí se haga cuenta, ni caudal, acuér- dese V. M, de sí propio, que si a los que acá estamos nos van las vidas en este juego, con perderlas honradamente por Dios y por V. M. habremos ganado tanto que, en parte, señor, podrá tener envidia. Pero V. M. aventura tanto cuanto es más propio lo que se juega y mayor la obligación de conservarlo; y así es justo que le dé más cuidado... > (2). A esta carta, escrita en 20 de setiembre, contestó Felipe II, cuando ya su hermano había muerto: «Y primero diré que he sen- tido mucho el cuidado en que quedábades, y mucho más vuestra falta de salud, porque ésta importa a mi servicio más que todo el resto, allende de la pena que me ha dado por lo que os quiero y amo, y así estaré con la misma hasta tener aviso vuestro de que estáis libre de la indisposición con que quedábades. Yo os ruego que, pues conviene tanto vuestra salud para todo, que miréis por ella y que la procuréis de conservar sobre todo en cuanto pudiéredes.» (3). (1) Cabrera de Córdoba: Felipe Segundo, III, págs. 536-537. (2) Mignet: Antonio Pérez y Felipe II, págs, 29-30. (3) Archivo de Simancas.— Citas de Mignet: Antonio Pérez y Felipe II, página 30, c. 1; y Montaña: Nueva Luz, pág. 407. ANTONIO PÉREZ 231 Y cuando Felipe II supj la muerte de su hermano, escribió: «La mala nueva que me ha venido del ilustrísimo señor don Juan de Austria, mi hermano, he sentido en gran manera; así por lo que le quería y amaba, como por ser en tal coyuntura y ocasión.» (1). Y pocos días después mostraba el mismo sentimiento, «así por- que amaba y estimaba su persona, como por la falta que me hará para todo en esta ocasión, y particularmente para las cosas de Flan- des» (2). 1.— En 8 de marzo, no se olvide que el 31 de este mes fué el vil- otro» « asesinato, escribía Felipe ü a don Juan de Austria: «Al secretario Í17«"$c«m!i."* Escobedo tendré cuidado de mandar despachar con brevedad, y en lo demás que me escribís por él, así por esto como por lo que él merece, terne la cuenta que es razón con sus particulares.» (3). Sea cual fuere el juicio que se forme de Felipe II, estas palabras, dichas de un hombre a quien se ha condenado a muerte, encierran tan repugnante sarcasmo que nadie habrá capaz de convencerme que en el alma del fundador de El Escorial se albergaran cinismo e hipocresía semejantes. Téngase en cuenta para comprender más la fuerza de las pala- bras de Felipe II que por los mismos días en que él escribía ya ha- bía tratado Pérez de envenenar a Escobedo. 2.— Según Mignet (4j, desde el momento en que don Juan cono- ció la muerte alevosa de su secretario, dejó de cartearse con Pérez, de quien siempre había sido confiado amigo. 3. — Antonio Pérez, en su afán de buscar cómplices en el asesi- nato de Escobedo, refiere que tomada la determinación de quitar de en medio al secretario de don Juan, el marqués de los Vélez, «de tal manera juzgó ser conveniente la tal resolución, que decía: Que con el Sacramento en la boca, si le pidieran parescer, cuya vida y persona importara más quitar de por medio la de Juan de Escobedo, o cualquiera otra (5) de ¿as más perjudiciales, votara que la de Juan (1-2) Archivo de Simancas.— Citas de Mignet: Antonio Pérez y Felipe II, página 30, c. 1; y Montaña: Nueva Luz, pág. 407. (3) Archivo de Simancas. Est. Flandes, leg.° 575. Mignet: Ob. cit., pág. 27. (4) Obra cit., pág. 27, c. 2. (5) Ai margen: El Marqués nombró la otra.— La otra persona menos per- judicial que Escobedo, según recuerdo haber leído, era el príncipe de Orange. 232 ANTONIO PÉBEZ de Escobedo, con encarecimiento aún más fuerte y particular; cosa que dixo el Jueves sancto a Fernando de Escobar en Alcalá, donde a la sazón estaba Antonio Pérez, cinco días antes que matasen a Escobedo, como el mismo día lo refirió el dicho Fernando de Es- cobar.» (1). Al leer esto parece que la resolución se había tomado por aque- llos dias; pero como ya el 12 de marzo estaba enfermo Escobedo, de resultas de un veneno que le propinara Pérez, y los asesinos de Escobedo fueron comprados y traídos de Aragón, cosa imposible de realizar en tan poco tiempo, el marqués de los Vélez, caso de pronunciar las palabras que Pérez pone en su boca, no fué ni pudo ser causa influyente de la muerte de Escobedo. 4.^¿Qué parte tuvo o pudo tener Felipe II en la muerte de Es- cobedo? Según ha podido ver el lector por todo lo que antecede, Antonio Pérez ordenó la muerte violenta de Escobedo. ¿Lo hizo obedeciendo a indicaciones del Rey? Véanse las defensas con que Pérez intentaba justificarse en Aragón. En las presentadas en junio de 1590, según el resumen del fiscal de Aragón en la Junta de Madrid, decía en los descargos 26 y 27: «26. Que nunca ha dicho que ha muerto ni mandado matar por orden de S. M. al secretario Escobedo. 27. Que caso que conste haber hecho alguna diligencia en esto sería por orden de S. M., y sobre ello presentará un billete (2).> En la segunda defensa, presentada al mes siguiente, dice Pérez «que confiesa que S. M. le dio orden para matar a Escobedo.— Que por el billete que se le mostró cuando se le dio tormento se hace S. M. autor de la muerte.— Pretende probar que por un billete donde S. M. dice que conviene abreviar lo del Verdinegro, le da orden de la muerte de Escobedo (3). — Dice que lo pudiera probar (1) Memorial del hecho de su causa, en Las Obras y Relaciones, páginas 316 y 317. (2) Colección de Documentos inéditos para la Historia de España. í. XV, pá- gina 422. (3) Este billete se lee así en los manuscritos de La Haya: «Cierto conven- drá abreviar lo de la muerte del Verdinegro, antes que haga algo con que no seamos después a tiempo, que él no debe de dormir, ni descuidarse de sus costumbres. Macedlo y daos priesa, antes que nos mate". Copia de un billete ANTONIO PÉREZ 233 por otros billetes, y que pues se le tomaron sus papeles, se esté a su juramento... > (1). Felipe II no negó que los billetes que el reo presentaba fueran suyos, pero acerca de su contenido escribió estas importantísimas palabras: «Muy bien ha sido avisarme en particular de todo lo que aquí se dice, que creo yo que está todo ello muy bien mirado y muy bien considerado lo que merecen las maldades del preso y las cosas que levanta y inventa, interpretando los billetes que tiene conforme a su maldad, pues todas las cosas quél dice dependen de las que me decía a mí, tan ajenas de la verdad, aunque con las cartas que desci- fraba tan falsamente me las hacía creer, con que le respondía yo al- gunas veces a propósito de lo que me escribía, como se podría bien mostrar por los mismos billetes, si yo hubiese de hacer las interpre- taciones dellos como él las hace, que serían más verdaderas que las suyas» (2). Y respondiendo a consulta hecha en 4 de octubre de 1590, in- siste Felipe II en que Pérez sea traído de Aragón a Castilla, —Con motivo de la declaración aliada sobre el levantamiento del blo- queo, la Comisión interaliada de los territorios del Rhin acaba de enviar 252 CRÓNICA GENERAL el texto del Reglamento del 12 de Julio a la Comisión de armisticio alemana, dando los siguientes detalles sobre la aplicación del Reglamento: €l.** El bloqueo de Alemania será levantado desde el 12 de Julio. 2.^ Los Reglamentos números 5 y 6 rectificado, respecto a las facilida- des en los transportes, serán anulados. 3.° Se prohibe la exportación de armas, municiones y otros artículos destinados a fines bélicos. 4.° La exportación de carbón y cok quedará supeditada a las disposi- ciones actualmente en vigor. 5.° Queda prohibida la exportación de tintas, productos químicos, ar- tículos farmacéuticos, platino, oro, dinero metálico, así como oro y plata en barras y valores extranjeros, sin permiso especial de la Comisión inter- aliada de los territorios del Rhin. 6.° El transporte de las demás mercancías es libre. 7.° Quedarán anuladas todas las restricciones referentes a la importa- ción y exportación que respecto a Luxemburgo habían implantado el Co- mité económico interaliado y la Comisión interaliada de los territorios del Rhin. Todas estas disposiciones no afectarán en modo alguno los permisos especiales de exportación e importación en vigor en los diversos países aliados o neutrales.» Refiriéndose al levantamiento del bloqueo de Alemania, escribe la Ga- ceta de Francfort: «No debemos regocijarnos demasiado. El bloqueo desaparece, y ello significa que podremos volver a importar y exportar; a comprar y vender en todos los mercados mundiales, pero esos mercados son ya otros que antes de la guerra, y principalmente nosotros mismos no somos ya eco- nómicamente el pueblo de entonces, sino que tenemos la calidad de extran- jeros, solicitando ser admitidos en un mundo que ha establecido sin nos- otros, sus previsiones de exportación e importación y su reparto de subsis- tencias y materias primas. Tenemos una gigantesca necesidad de exportar, pero nos faltan recur- sos para pagar las materias primeras: necesitamos del crédito del mundo, que era hasta hoy nuestro enemigo.» —En una de las últimas sesiones leyó el presidente de la Asamblea Nacional alemana, Fehrenbach, el siguiente telegrama del Senado de la República Argentina: «El Senado argentino acaba de decidir unánime- mente que se envíe a la Asamblea Nacional alemana la expresión de su satisfacción más profunda por la terminación de la guerra, que significa el término de los sacrificios que la guerra impuso a los pueblos beligerantes. CRÓNICA GENERAL 253 La Argentina espera que la fírma de la paz será el comienzo de una completa reconstrucción, en la que tomará parte el mundo entero.» A propuesta del presidente de la Asamblea alemana, fué enviada la si- guiente contestación al Senado argentino: *La Asamblea Nacional Constituyente alemana expresa al Senado de la Argentina su gratitud por el manifiesto amistoso, esperando que la hora de la ratificación será al mismo tiempo la hora en que nacerá la verdadera reconciliación de los pueblos.» La Asamblea Nacional envió además otro telegrama a la Cámara de diputados argentina, en contestación a un telegrama idéntico al del Senado, diciendo: «La Asamblea Nacional alemana agradece a la Cámara argentina la prueba de simpatía, esperando que el bello ideal de la justicia y del huma- nitarismo inspirará un día a los enemigos de Alemania, a fin de que cola- boren en la obra de la paz verdadera al lado de la República alemana y de la Argentina.» ESPAÑA Lo más saliente de la quincena ha sido la caída del Gabinete que pre- sidía el Sr. Maura y la subida del partido conservador al poder no sólo con el beneplácito sino con el apoyo directo de las izquierdas unidas en bloque contra el Gobierno anterior. Ya en otro día dijimos que las dificultades creadas por la obstrucción izquierdista se consideraban vencidas y es seguro que el bloque caminaba hacia el completo fracaso si las derechas hubieran ofrecido la consistencia que requería el Sr. Maura, pero esta consistencia faltó por no ser más que artificiosa y como a remolque la unión de los conservadores que se habían negado a ocupar los más altos cargos, y en consecuencia el Sr. Maura se creyó en el caso de presentar la dimisión de todo el Ministerio. Encargado nuevamente del poder el Sr. Maura requirió la colaboración directa de los conservadores en el banco azul: única garantía del verdade- ro apoyo a la obra del Gobierno. Titubearon los primates del partido con- servador, arbitros en el caso por enfermedad del Sr. Dato, pero entretanto las izquierdas que ya columbraban el triunfo publicaron una nota de hos- tilidad irreductible hacia los elementos del Sr. Maura y La Cierva y enton- ces los ex ministros conservadores se negaron rotundamente a la concen- tración buscada con magnánima insistencia por el Sr. Maura, si bien no le negaban sus votos para gobernar. Esto no lo consideró suficiente el se- ñor Maura, y resignó definitivamente el encargo confiado por el Monarca. Luego fracasó también el general Miranda en la misma tentativa de una 254 CRÓNICA GENERAL concentración de todas las fuerzas afínes, y entonces fué llamado el señor Sánchez de Toca, que con elementos exclusivamente del partido conser- vador, presentó la siguiente lista de ministros: Presidencia, D. Joaquín Sánchez de Toca; Estado, señor Marqués de Lema; Gracia y Justicia, D. Pascual Amat; Gobernación, D. Manuel de Bur- gos y Mazo; Hacienda, señor Conde de Bugallal; Guerra, general D. An- tonio Tovar; Marina, contraalmirante Flórez; Fomento, D. Abilio Calde- rón; Instrucción Pública, D. José del Prado y Palacio; Abastecimientos, señor Marqués de Mochales. En la primera reunión celebrada por el Consejo, falleció repentina- mente el Marqués de Mochales, y entonces fué nombrado D. Carlos Ca- ñal ministro de Abastecimientos. Los resultados de la crisis fueron juzgados por las izquierdas como un triunfo suyo, y lo cierto es que las derechas han perdido la situación favo- rable en que se encontraban para hacer valer sus soluciones en los proble- mas múltiples derivados del conflicto mundial. Como un retrato de la si- tuación política consiguiente a la crisis, no puede menos de mencionarse con pena lo que dicen los periódicos izquierdistas, y véanse algunos ejem- plos. Dice La Mañana: «Los liberales mandan, porque deben mandar; porque vivimos en tiempos de libertad», y El Liberal: «En la jornada de ayer se ha demostrado una vez más que las normas de la gobernación del país están actualmente en manos de las izquierdas», y Heraldo de Madrid: «Son éstas—las izquierdas— las que han de gobernar, adueñadas del Po- der. Están gobernando ahora mismo como dominadoras del Parlamento.» —Con motivo del proyecto que tiene el Gobierno de someter a la apro- bación de las Cortes una fórmula económica para los meses próximos, se están haciendo muchas gestiones encaminadas a que en ella no sean des- atendidos los intereses del Clero. Respecto de esta cuestión, dice un perió- dico de Madrid que el eminentísimo señor Cardenal Arzobispo de Toledo, enterado del propósito que anima al Gobierno de reproducir los Presu- puestos mediante la fórmula económica que en breve discutirá el Parla-- mentó, y atento siempre a las necesidades del clero español, ha telegrafía- do desde Gijón, donde se encuentra pasando una temporada, al presiden- te del Consejo, rogándole que se consignen en la misma las cantidades necesarias para atender a las justas mejoras de la citada clase. B. R. MISCELÁNEA «Grupo de la Democracia Cristiana.» (conclusión) XII. Defendemos la religión y queremos que se haga cuanto contribu- ya a sostener y fomentar el sentimiento religioso del país, porque es indis- pensable para la reforma moral del individuo, sin la cual es penosa y es- téril toda reforma social, porque es el más fuerte de los vínculos sociales y porque es fuente de abnegación y caridad, y, por tanto, de armonía, de bondad y de paz. XIII. Defendemos la institución de la familia, porque de su vida de- pende la de la sociedad entera, y queremos, por tanto, que sea rechazado cuanto la relaje o la corrompa, como el divorcio, como la debilitación de la autoridad moral paterna, como la supresión del derecho de suce- sión, etc. XIV. Respetamos la propiedad privada, usada rectamente y con la fun- ción social que de ella requerimos, porque es estímulo del trabajo y sóli- do sostén de la dignidad e independencia personales, y porque contribuye a dar firmeza y estabilidad a la institución de la familia. XV. Reconocemos que el bienestar de los obreros en general depende en gran parte de la prosperidad de la nación, la cual no puede conseguir- se sin que los patronos, los obreros, los consumidores y el Estado, cum- plan sus deberes respectivos. XVI. He aquí una síntesis fragmentaria, pero suficiente, de nuestro ideario, de nuestro programa doctrinal y de la perspectiva que abrimos a nuestra acción. 256 MISCELÁNEA REIVINDICACIONES RElVINDICAClONifS SOCÍALES-PROFESIONALES Primera. Pedimos garantías para nuestro derecho a sindicarnos, según nuestras convicciones sociales, y reclamamos sanciones suficientes contra quienes ateníen a ese derecho, sean individuos o Sociedades, atenten con brutalidad o solapadamente. Segunda. Que se dé reconocimiento legal eficaz a los Sindicatos obre- ros y a los patronales. Tercera. Que se haga el censo de las profesiones u oficios en España, se las clasifique, tomando como base el servicio social que presten, y se agrupen las afínes o complementarias. Cuarta. Que se proceda a hacer el censo de patronos y obreros ha- bitualmente dedicados a cada profesión o grupo de profesiones afines o complementarias. Quinta. Que los obreros, lo mismo que los patronos, sean libres para elegir el tipo de Sindicato que quieran, pero que para unos y otros sea obligatorio el estar inscritos en su censo respectivo. Sexta. Que los obreros de una parte, y los patronos de otra, elijan dentro de cada censo, y por el régimen de representación proporcional sus representantes, y que éstos, presididos por personas imparciales, com- petentes y rectas, constituyan la autoridad del oficio o grupo de oficios, con el nombre de Consejo de la Corporación, Comité paritario, Jurado mixto o como quiera llamársele. Séptima, Que esos Consejos, Comités o Jurados tengan las funciones siguientes: a) Ser Instituciones públicas y tener derecho de jurisdicción profesio- nal sobre sus miembros para imponer multas, castigos y las contribucio- nes necesarias para la vida de la profesión o del grupo de profesiones por ellos representadas. b) Fijar las condiciones del trabajo conforme a las exigencias de la humanidad y de la moral cristiana, y al estado de las industrias en cada país. MISCELÁNEA 257 c) Resolver o prevenir los conflictos del trabajo, ejerciendo la conci- liación y el arbitraje y constituyendo los Tribunales industriales de la pro- fesión. d) Ser obligatoriamente consultados en la preparación de las leyes o disposiciones oficiales que las reglamenten, hacer los reglamentos de apli- cación de las mismas y velar por su cumplimiento, e) Intervenir la enseñanza oficial profesional o técnica. f) Ser base para la ordenación de los seguros sociales. g) Someter al referéndum de la profesión o grupo de profesiones que representan las disposiciones de carácter general que hubieran de tener carácter obligatorio. h) Administrar la propiedad corporativa, velar por la capacidad técni- ca de sus representados, por los prestigios y por la moral de la profesión y procurar hacerla, en fin, lo más útil posible a sus representados y a la sociedad. Octava. Mientras esta organización no sea un hecho, los Sindicatos Obreros Católicos reclamamos el derecho a tener y elegir nuestros repre- sentantes en todos los organismos oficiales en los que obreros y patronos tengan representación. Novena. Aspiramos a la representación en Cortes de las clases y de las profesiones organizadas, incluyendo entre éstas, no sólo las económi- cas, sino también las llamadas liberales. II REIVINDICACIONES ECONÓMICAS d)— Peticiones generales. Primera. Protestamos enérgicamente contra el encarecimiento artifi- cioso de la vida y pedimos el castigo severo del acaparamiento y de la confabulación para el alza de los precios. Pedimos, igualmente, la tasa de las subsistencias y con ella la de los elementos que contribuyan a su pro- ducción, excluido, naturalmente, el trabajo, y disposiciones legales que fa- ciliten y estimulen las Cooperativas de consumo que supriman el peligro y la carga de los intermediarios. Segunda. Aspiramos a que el salario mínimo sea vital famiUar, es de- is 258 MISCELÁNEA cir, el suficiente para que el trabajador pueda hacer vida decorosa, como hombre, como ciudadano y como padre de familia. Tercera. Pedimos la jornada de ocho horas y jornada menor en indus- trias pesadas e insalubres, esperando su progresiva disminución del ade- lanto en los métodos de producción, a fin de que el hombre haga efectivo, cada vez más, su señorío sobre las fuerzas naturales, como a su alta digni- dad espiritual corresponde. Cuarta. Pedimos un descanso semanal de día y medio, incluido el do- mingo. Pedimos que se cumpla con todo rigor la ley del descanso domi- nical, y, para cumplir íntegramente nuestros deberes de cristianos, recla- mamos el descanso en los días festivos, aun los no dominicales, aspirando a que ese descanso sea retribuido. Quinta. Pedimos la supresión del nocivo trabajo nocturno, en todo lo posible. Sexta. Pedimos que se promueva una enérgica campana de obras pú- blicas, encaminada, sobre todo, a reforzar rápidamente las vías de comu- nicación, la repoblación forestal y la mejor utilización de la riqueza hidráu- lica, que serían fuentes, perennes, no sólo de riqueza, sino también de trabajo seguro y de salarios altos. Séptima. Aspiramos a que el trabajo tenga fácil acceso a la propiedad, y para ello pedimos: a) Una ley que estimule a los propietarios a dar a sus obreros partici- pación en los beneficios y, sobre todo, coparticipación en las empresas. b) Una ley sobre Cooperativas de trabajo en virtud de la cual los Sin- dicatos o Sociedades obreras puedan convertirse en Empresas de servicios públicos. c) Así como se crean Bancos para el agricultor, para el exportador y para el fomento de las industrias nuevas, pedimos que se cree el Banco obrero, que facilite el ascenso de los obreros a empresarios mediante cré- ditos a las Cooperativas de producción. d) Aplicación con amplitud de la vigente ley de casas baratas, tanto en lo relativo al saneamiento de las actuales como a la construcción de otras nuevas. Que puedan contruirlas los Ayuntamientos, aun emitiendo obliga- ciones que el Estado garantice, si pasado un plazo prudencial no lo hace la iniciativa privada. Que mientras no se cree el Banco obrero se obligue al Banco hipotecario y al Banco de España a destinar todos Ios-años, hasta un máximo de 2 millones el primero y de 6 el segundo, para préstamos MISCELÁNEA 259 hipotecarios a las Cooperativas obreras dedicadas a la construcción de casas para sus socios, y a las Sociedades benéficas dedicadas a la cons- trucción de casas baratas. Que el Estado acelere la organización del segu- ro popular aplicado a dichas viviendas. e) Compensaciones a los patronos, propietarios de tierras o a las obras sociales que en usufructo o en venta a plazos faciliten a los obreros huer- tos o parcelas de tierra. f) Que se discuta cuanto antes la proposición de ley sobre «Patrimo- nio familiar». g) Que a constituir Patrimonios familiares de la clase trabajadora, o, en su defecto, de los colonos y mínimos propietarios, se destine el usu- fructo vitalicio y hereditario de la propiedad rústica del Estado, de la Pro- vincia y el Municipio, que por razones técnicas o sociales no deba conti- nuar siendo de aprovechamiento común. h) Que al mismo fm se destinen los latifundios susceptibles de un cul- tivo remunerador, y las tierras de secano que no aprovechen el riego de los pantanos y demás obras hidráulicas realizadas por el Estado o por las Corporaciones oficiales, previo el pago de su valor anterior. Octava. El Estado, la Diputación y los Ayuntamientos están obligados a conducirse con sus obreros y empleados como patronos modelos. Mien^ tras no constituyan con ellos Corporaciones y Consejos de Corporación o Comités paritarios, fijarán las más ejemplares condiciones de trabajo, so- bre todo en lo que se refiere al salario o sueldo mínimo, y a la moralidad, seguridad e higiene. Novena. Pedimos libertad de emigración espontánea y prohibición de la recluta de emigrantes; inspección eficaz de la emigración; reforma del Consejo Superior de Emigración en el sentido de dar mayor representa- ción al proletariado que emigra que a las Empresas que trafican con él; tutela de los intereses materiales y morales del emigrante en el país de emigración; seguro de repatriación y nacionalización de la flota para emi- grantes. Décima. Que se reorganice y robustezca el Cuerpo de Sanidad y se atienda de una vez con eficacia a la higiene social y a la extirpación de las enfermedades evitables, como la tuberculosis, la lepra, las fiebres palúdi- cas, la viruela y otras a las que el proletariado rinde tributo tan doloroso. 260 MISCELÁNEA b)— Sobre el seguro del trabajo. Primera. Que con la mayor urgencia se aplique el seguro obligatorio contra el riesgo vejez a los obreros del campo. Segunda. Que se encomiende al Instituto Nacional de Previsión la pre- paración de una ley especial contra el riesgo-invalidez en relación con el retiro obligatorio, y que provisionalmente se conceda crédito ampliable para las pensiones de invalidez permanente y se aprecie ésta por la canti- dad de capacidad para el trabajo que con la invalidez pierda el obrero. Tercera. Que se modifique la ley de Accidentes del trabajo en el sen- tido de asegurar el salario íntegro, y de que la indemnización por invali- dez parcial sea un capital, pero la indemnización por invalidez total o por muerte se dé en forma de pensión. Que se fomente la instauración de es- cuelas de restauración profesional de los inválidos del trabajo. Cuarta. Que se aplique inmediatamente a la agricultura un régimen legal reparador de los accidentes del trabajo. Quinta. Que se encomiende al Instituto Nacional de Previsión la pre- paración de un proyecto de ley de seguro obligatorio contra el riesgo en- fermedad sobre la base de las Sociedades de Socorros mutuos, y que pro- visionalmente se concedan subvenciones a dichas Sociedades. Sexta. Que se organice el seguro obligatorio contra el paro. Séptima. Que se facilite y se dé estímulos económicos adecuados para la conversión del capital reservado a las viudas y huérfanos en pensiones de viudedad y orfandad. Octava. Que se concedan más fuertes estímulos a la previsión infan- til y se haga obligatoria para los maestros la organización de la Mutualidad Escolar en las escuelas. c) — Sobre los impuestos. Primera. Pedimos la supresión del impuesto de Consumos y que se re- chace la petición de los mal aconsejados Ayuntamientos que piden su res- tablecimiento. Segunda. Pedimos que el Ministro de Hacienda prepare evolutiva y prácticamente leyes sobre impuestos suntuarios y sobre impuesto progre- sivo sobre la renta. MISCELÁNEA 261 Tercera. Que se exima del impuesto de utilidades a los salarios y suel- dos inferiores a 2.000 pesetas. Cuarta. Liberación o atenuación de impuestos a la pequeña pro- piedad. Quinta. Que se graven con mayores impuestos los alcoholes, el taba- co, la lotería y las corridas de toros. Sexta. Que se establezcan exenciones tributarias progresivas en pro- porción al número de los hijos y siempre que pasen de tres. Séptima. Que se persiga con nuevas sanciones severas y eficaces lo mismo la ocultación de la riqueza tributable que a los funcionarios que, pudiendo y debiendo denunciar, no lo hacen. III CULTURA DEL PROLETARIADO Primera. Que la edad escolar se extienda hasta los catorce años, y que hasta esa edad no puedan iniciar ningún aprendizaje si no es en escuela profesional o técnica o talleres habilitados para los obreros por la autori- dad competente. Segunda. Que se multipliquen las escuelas nocturnas de Artes y Ofi- cios, las escuelas experimentales prácticas de Agricultura y las escuelas ele- mentales de Comercio que sirvan para aumentar la capacidad técnica y la ascensión económica y social del proletariado. Tercera. Que para los hijos de familias pobres se creen becas numero- sas para completar su capacidad técnica de obreros en las escuelas elemen- tales de Agricultura, de Comercio y de Artes y Oficios. Cuarta. Que para los hijos de familias obreras que hubieran mostra- do aptitudes extraordinarias en la escuela primaria o en las escuelas profe- sionales, se creen becas que les permitan el acceso a las Escuelas especia- les superiores y a las Facultades universitarias. Quinta. Que el Estado, las Diputaciones provinciales, los Ayuntamien- tos, las Corporaciones locales, y sobre todo las organizaciones profesiona- les, patronales, subvencionen las escuelas técnicas organizadas por la ini- ciativa privada, dentro o fuera de los Sindicatos o Federaciones de Sindi- catos, y que ofrezcan garantías de eficacia. Sexta. Que igualmente se estimulen económicamente las escuelas noc- 262 MISCELÁNEA turnas, las escuelas dominicales privadas y las organizaciones obreras de- dicadas a aumentar la cultura general, económica, moral y social del pro- letariado. Séptima. Que se cumplan inexorablemente las disposiciones vigentes respecto a la cultura complementaria de los trabajadores menores de diez y ocho años y respecto a las escuelas nocturnas. Octava. Que se busque el procedimiento de dar eficacia a la ley so- bre el contrato de aprendizaje. IV REIVINDICACIONES DE LOS SINDICATOS CATÓLICOS DE OBRERAS Además de las peticiones y aspiraciones del Sindicalismo obrero cató- lico, aplicables a las obreras, reclamamos de un modo especial las si- guientes: 1.' Que en todos los organismos sociales en que se resuelven dere- chos, deberes e intereses de la mujer, se reserven algunos puestos que for- zosamente habrán de estar ocupados por mujeres. 2.* Que en los establecimientos donde se vendan artículos de uso de la mujer haya sólo personal femenino. 3.* Reforma de la enseñanza primaria sobre las bases siguientes: a) Que se prolongue hasta los catorce años. b) Que además de la cultura general femenina, prepare a la mujer completamente para las funciones de ama de casa, e ínicialmente para las profesiones en que ha de ser colaboradora. 4.^ Que se reprima implacablemente la pornografía, la trata de blan- cas, la seducción y corrupción de menores. 5.* Que haya separación de obreros y obreras en los talleres y fábri- cas donde claramente eso no se oponga a la técnica insustituible de la pro- ducción. 6.* Que sean mujeres las contramaestras de los talleres femeninos. 7.* Jornada de ocho horas y descanso desde el mediodía del sábado. 8.* Igual salario que el obrero en igualdad de profesión y trabajo. 9.* Cuando esté fijado el salario mínimo familiar en una profesión, que se prohiba el trabajo de la mujer casada con hijos, en los talleres o fábricas de dicha profesión. 10. Que se cumplan inexorablemente las leyes de la silla, de la jorna- MISCELÁNEA 263 da mercantil, descanso dominical, y, en general, las leyes tutelares del tra- bajo de la mujer. 11. Que para el más serio cumplimiento de estas leyes se aumente la categoría y el número de las inspectoras y puedan servir de inspección auxiliar obreras que representen a los Sindicatos femeninos. * 12. Que a los Sindicatos femeninos se les dé facilidades legales y de crédito para convertirse en Empresas para el suministro de prendas y pie- zas confeccionadas para el Ejército o para cualquier Institución o Em- presa. 13. Que se organicen Bolsas de Trabajo exclusivamente femeninas, y se supriman las Agencias mercantiles de colocaciones. 14. Que se cierren los talleres y fábricas, donde trabajen mujeres, que previa una rigurosa inspección no reúnan condiciones de higiene y mo- ralidad. 15. Aplicación rigurosa de la ley de Protección a la mujer en cinta y Seguro obligatorio de maternidad que haga viable aquella ley. 16. Que con toda urgencia se dé fuerza legal al proyecto de ley sobre el trabajo a domicilio. Que se estimulen económicamente las Cooperativas de compra de pri- meras materias y venta de los productos del trabajo a domicilio. 17. Que sean mujeres las encargadas de distribuir en las tiendas a las obreras el trabajo que han de realizar en su domicilio. Pedimos para las sirvientas: 18. Garantía para su derecho de asociación sindical. 19. Ocho horas no interrumpidas de descanso nocturno. 20. Una tarde libre entre semana, además de las salidas dominicales. 21. Que una Comisión compuesta de señoras y sirvientas, presidida por la autoridad, fije el salario mínimo, de acuerdo con la edad de las sir- vientas, preparación para su trabajo y condiciones económicas de lugar. 22. Que no se pueda despedir a ninguna sirvienta sin avisarle con ocho días de anticipación, a menos que se le entregue el salario corres- pondiente a esos ocho días, o haya cometido delitos o faltas de las pena- das en el Código. 23. Que no se pueda despedir a una sirvienta después de las cuatro de la tarde, si no es por causa muy grave. 24. Que desaparezca la costumbre insensata de tener los dormitorios de criados y criadas en un mismo piso, independientemente del piso de 264 MISCELÁNEA las personas a quienes sirven, y la costumbre cruel de dedicar a la servi- dumbre habitaciones sm aire y sin luz y sin cerradura interior. 25. Necesidad de generalizar ías instituciones de Patronato para las sirvientas donde puedan adquirir mayor capacidad y se les enseñe sus de- rechos y deberes. RELACIONES INTERNACIONALES Primera. Queremos cooperar a la iniciativa de organizar la Confede- ración Internacional Obrera de los trabajadores organizados conforme a los altos principios de la moral cristiana, y de nuestra parte no rehusare- mos esfuerzo alguno que contribuya a que sea pronto una feliz realidad. Segunda. Queremos que esa Internacional Obrera sea un poderoso agente de progreso, de justicia social y de solidaridad de clase; pero no instrumento de tiranía y de revolución social. Tercera. Queremos, igualmente, que coopere a la defensa de los prin- cipios y supremos intereses morales y religiosos, de donde toman savia nuestro principios sociales, es decir, deseamos que sea un baluarte de la civilización cristiana amenazada. Cuarta. Para que nuestra cooperación a estas relaciones internaciona- les sea más eficaz y constante, el Secretariado Nacional Obrero pondrá una sección de trabajo a disposición de la Confederación Nacional de los Sin- dicatos Obreros Católicos. FERNANDO VÁZQUEZ DE MENCHACA (1) VIII Concepto del Derecho internacional.— PsLYQcia. natural (que nues- tros escritores del siglo XVI, teólogos y jurisconsultos, después de establecer y concretar los derechos y deberes del Estado con relación al individuo, planteasen y resolviesen la importantísima cuestión re- lativa a los derechos y deberes de unas naciones respecto de otras. Si el hombre, por ser naturalmente sociable, no se bastaba a sí solo, no podía vivir aislado; si para satisfacer sus múltiples necesidades, tuvo forzosamente que asociarse a otros, formando así la sociedad política, una vez constituida y organizada ésta, ¿podría vivir aislada de las demás? Y en caso negativo, ¿no habría necesidad de un de- recho que regulase las relaciones de los diferentes Estados? Si los individuos reunidos en cuerpo de nación contaban, para regular sus relaciones pacíficas y resolver sus querellas, con un derecho común, ¿no habría también otro derecho común a las naciones por el cual fe éstas hubieran de regirse en tiempo de paz y dirimir sus litigios en ^ tiempo de guerra? Hacía falta estudiar la naturaleza de este derecho, y de tan ardua empresa se encargaron nuestros clásicos. Verdad es que no todos lo hicieron con igual fortuna; pero cábeles el honor de haber sido en esto, si no los fundadores, en el sentido estricto de la palabra, sí los precursores de la ciencia del Derecho interna- cional moderno. Hasta no hace mucho tiempo fué creencia general, ya lo indica- mos al principio de este trabajo, la de que la paternidad del Dere- cho internacional contemporáneo correspondía indiscutiblemente al (1) Véase la pág. 366 del vol. CXV. La Ciudad de Dios.— Año XXXIX.— Núm. I.IIO. 19 266 FERNANDO VÁZQUEZ DE MENCHACA sabio jurista holandés Hugo Grocio; creencia fundada en los esfuer- zos realizados por racionalistas y protestantes interesados en agran- dar sobremanera la personalidad del autor Dejare belliac pacis. Por eso aquéllos consideraban justo aplicar al «milagro de Iiolanda>, entre otros dictados, el de , «patriarca> o «fundador> del " derecho internacional. Hoy se estima esta apreciación, no sólo como discutible, sino como evidentemente injusta. Lejos de nosotros afirmar, como hizo Rousseau, que Grocio fue- ra un pedante y un plagiario. Pero es cierto que éste, al escribir sus obras, halló ya preparados casi todos los materiales en nuestros teó- logos y jurisconsultos. La más apreciable labor de Grocio ha con- sistido en sintetizar, en reducir a cuerpo de doctrina los elementos dispersos en obras anteriores. El admirable mosaico que construyó está integrado en gran parte de piezas españolas. Insistimos acerca de este punto, porque es de capital importan- cia. Todavía se hallan tratadistas, y otros que no lo son, que, al de- terminar la significación de los llamados precursores de Grocio, se contentan con citar un cierto niímero de escritores españoles y afir- mar, copiándose unos a otros para decir exactamente lo mismo, que a éstos, y no a Grocio, corresponde la prioridad en tratar cuestiones o puntos determinados de derecho internacional; juicio éste para nosotros bastante inexacto, porque no se trata sólo de la prioridad que corresponde a nuestros escritores del siglo XVI en haber plan- teado determinadas cuestiones que hoy se reputan objeto del Dere- cho internacional; se trata de ver, además, si antes de que Grocio estampara la definición de tal derecho en su obra maestra, lo habían hecho aquéllos y, si no todos, al menos alguno, con tal acierto, que hoy no se haría mejor; si antes de que Grocio dedicara unas cuan- tas líneas, y sólo incidentalmente, a la comunidad internacional, algún autor español, habíala ya descrito con todos sus caracteres esenciales. Así enfocada la cuestión, a cualquiera se le alcanza que de la solución que aquélla deba tener dependerá en gran parte el jui- cio más o menos favorable que de Grocio nos formemos. Digamos, pues, en síntesis, qué es lo que pensaron y escribieron, respecto del punto que aquí se discute, los escritores españoles llamados «precur- sores de Grocio>. La mayor parte de ellos no llegaron a definir el concepto del FERNANDO VÁZQUEZ DE MENCHACA 267 Derecho internacional en el sentido que hoy tiene. Encastillados en el texto de Gayo, que dice: Sed quod naiuralis raüo inter omnes ho- mines constifuit, quasi quo jure omnes gentes utuniur, o sea— que la razón natural establece entre todos los hombres, un derecho que casi se usa por todas las naciones — , no acertaron a ver en tal dere- cho más que una de sus notas esenciales, la universalidad, pero no la de relación entre agrupaciones o sociedades políticas indepen- dientes, dotada*, por tanto, de propia personalidad. El hecho es ex- plicable, teniendo en cuenta que este mismo concepto defectuoso campea en la definición de San Isidoro, en cuya autoridad se fundan tantas veces nuestros clásicos: Jas gentium est quod omnes aut per omnes gentes utuntur (1). Lo que no se explica fácilmente, lo que no podrán justificar los que tanto han ensalzado la figura de Orocio, es cómo éste incurrió en el mismo defecto habiendo estudiado a nues- tro Vitoria, en cuya Relección De potestate civili, que aquél cita para apoyar sus doctrinas, se sientan las bases del verdadero concepto del Derecho internacional. He aquí cómo se expresa el insigne domini- co: «De lo dicho (refiérese a la fuerza de obligar de las leyes) se si- gue este corolario: que el derecho de gentes no sólo deriva su fuerza del consentimiento y del acuerdo de los hombres, sino que, además, tiene la eficacia de verdadera ley, ya que el mundo entero, que de algún modo es una república, goza de la facultad de dictar leyes justas y convenientes a todos, cuales son las que constituyen el dere- cho de gentes. Por donde es evidente que, ya sea en tiempo de paz, ya en tiempo de guerra, pecan mortalmente todos aquellos que vio- lan el derecho de gentes, al menos en las cosas más importantes, por ejemplo, la inmunidad de los embajadores. Y no es lícito a un reino particular querer eximirse del derecho de gentes, toda vez que éste ha sido sancionado por todo el orbe» (2). He aquí dibujada con toda (1) Molina reproduce esta definición casi al pie de la letra: /í/s gentium estj'us humanum quo omnes aut f ere omnes gentes utuntur. De justitía, II, disp. V. (2) Ex ómnibus dictis infertur corolarium, quod jus gentium non solum ha- bet vim ex pacto et condicto inter homines, sed etiam habet vim legis; habet enim totus orbis, qui aliquo modo est una respublica, potestatem ferendi leges aequas et convenientes ómnibus, quales sunt in jure gentium. Ex quo patet, quod mortaliter peccant violantes jura gentium, sive in pace, sive in bello, in rebus tamen gravioribus, ut est de incolumitate legatorum; non licet uno re- 268 FERNANDO VÁZQUEZ DE MENCHACA exactitud la comunidad jurídica internacional gobernada por leyes que, a causa de hallarse dictadas por una autoridad internacional, comprenden, dentro de su esfera, a todos los pueblos y a todos los individuos. El Derecho internacional no es, por consiguiente, según el representante de la escolástica en España, el derecho universal de los romanos; es eljus inter gentes del jurisconsulto Zouch, es decir, el derecho que regula las relaciones entre agrupaciones independien- tes, derecho que éstas deben observar entre sí para^ el logro de su seguridad y bienestar común. Compárese este concepto con el expre- sado por Grocio: Jas gentium est quod gentium omniutn aut multa- rum volúntate vim oblígandi accepít—t\ derecho de gentes es aquel que recibe su fuerza de obligar de todas o de la mayor parte de las naciones — (1), y se verá qué poco afortunado estuvo el jurista holan- dés. Si éste hubiera discurrido más por cuenta propia; si para darnos esa definición no hubiera andado a caza de la que nuestros clásipos dieron, sin parar mientes, en que no todos concibieron de igual ma- nera el derecho de gentes, de seguro que no hubiera incurrido en tal defecto. El mismo Grocio, antes de definir el derecho de gentes, había escrito estas palabras: «Ninguna ciudad hay tan poderosa que no pueda en ocasiones necesitar del auxilio de algunos extraños, ya para el comercio, ya para hacer frente a las fuerzas coligadas de nu- merosas naciones extranjeras; por lo cual, aun los pueblos y reyes más poderosos desean las alianzas, las cuales hacen imposibles los que encierran el Derecho dentro de los términos de una ciudad» (2). El contenido de este pasaje hubiera servido a Grocio para dar una definición más acertada. Si no lo hizo, explícase fácilmente atendien- do a las razones indicadas. De no ser así; de haber digerido y asi- milado las doctrinas de nuestros escritores, si en Vitoria no logró ver lo que estaba bien claro y muy en consonancia con el citado pa- gno nolle tened jure gentium, est enim latum totius orbis auctoritate. Vitoria: De potestaie civili, n. 21 . (1) Grocio: Dejare belli ac pacis, lib. I., cap. I., n. XIV. (2) Nulla est tam valida civitas quae non aliquando aliorum extra se ope in- digere possit, vel ad commercia, vel etiam ad arcendas multarum externarum gentium junctas in se vires; unde etiam a potentissimis populis et regibus foe- dera appeti videmus quorum vis omnis tollitur ab his qui jus intra civitatis fines concludumt. Dejare belli ac pacis, Prolegomena. FERNANDO VÁZQUEZ DE MENCHACA 269 saje de los Prolegómenos, hubiérale bastado, para dar otra definición más perfecta, copiar al pie de la letra la definición de Suárez, cuya obra De legibus conocía, ya que la cita varias veces (1). La mayor parte de nuestros escritores del siglo XVI, al exponer y razonar el concepto del jas gentium no hacen otra cosa que am- pliar la doctrina de Soto, cuya autoridad, en ésta como en tantas otras cuestiones de derecho público, es para ellos indiscutible. Hay una excepción, la de Suárez, como luego veremos. Los antiguos jurisconsultos venían confundiendo el derecho na- tural y el derecho de gentes; porque entendiendo por naturaleza el solo y mero instinto natural no guiado por los dictados de la recta razón, atribuíanle, como nota común, a todos los seres vivientes; y así, para aquéllos era el derecho natural lo que este instinto o incli- nación enseña a todos los animales, como alimentar la prole, defen- der lí propia vida, etc. Mas lo que la recta razón dicta únicamente a los hombres, ya como cosa necesaria, ya como conveniente, lo lla- maban y'üs ^e/2/m/72. Así Ulpiano decía del derecho natural que era común a todos los animales, y el de gentes lo era tan sólo a todos los hombres: «Jus naturale ómnibus animalibus, jus autem gentium ómnibus hominibus esse communo Pomponio y Florentino expre- saban la misma idea cuando decían que «dar culto a los dioses, obe- decer a los padres, rechazar la fuerza con la fuerza, siendo de dere- cho natural, éralo también del de gentes>. Ya hemos visto que Gayo, sin embargo, no participaba de esta opinión, insinuando que el de- recho de gentes no es necesario, atendida la naturaleza de las cosas, sino que es debido al consentimiento de los hombres mediante el (1) Don Manuel Medina Olmos, en su obra titulada La obra jurídica del P. Suárez, pág. 77, después de afirmar que el tratado De legibus, por haberse publicado doce años antes que el De Jure belli ac pacis, debió ser conocido por ürocio, dice que éste no cita «a Suárez entre los innumerables nombres y fuen- tes que dice haber tenido a la vista». Permítanos el sabio canónigo del Sacro- Monte que rectifiquemos su juicio acerca de este punto. Grocio no sólo cono- cía el tratado De legibus, sino que, además, hizo uso de él repetidas veces; lo demuestran las citas que del mismo se hacen en los capítulos IV, XIV y XXI del libro II del tratado De Jure belli ac pacis. Por lo demás, del hecho de haber- se publicado el tratado de Suárez doce años antes que el de Grocio no se si- gue que éste forzosamente debiera conocerlo; hubiera sido más exacto decir simplemente que debió de conocerlo, pero sin añadir más. 270 FERNANDO VÁZQUEZ DE MENCHACA dictado de la recta razón. Hay, por tanto, que distinguir dos clases de derecho de gentes: uno necesario, impuesto por la naturaleza, tanto a los hombres como a los animales, y otro voluntario, llamado así porque tiene o recibe su fuerza de obligar de la voluntad huma- na; el primero es necesario simplemente, sin que para ello medie con- dición alguna; el segundo es igualmente necesario, pero lo es según determinada conveniencia relativa a la consecución de algún fin, por cuya razón todos los hombres convinieron en admitirlo como útilísimo para la vida de las naciones (1). Por esta razón no debe considerarse como natural, sino como positivo (2). Grande fué el empeño de nuestros escritores del siglo XVI en distinguir con toda claridad el derecho de gentes del natural. Los argumentos que emplean suelen ser los mismos. El principal queda ya indicado y su desarrollo* es el siguiente: Las cosas que son de derecho natural se derivan absolutamente de los primeros principios naturales; pero las que son de derecho de gentes dedúcense, no de un modo absoluto, sino condicional, supuestos el modo de ser y obrar de la naturaleza humana. Y así, como ejemplos declarativos de esta doctrina, están la paz y tranquilidad. Considerada en sí misma la naturaleza de los hombres, la paz y tranquilidad son de derecho natural; pero si se consideran los hombres, no como lo que debie- ran ser, sino como lo que de hecho son y tal como se conducen, su- jetos a diversas pasiones o afectos, uno de cuyos resultados es la in- juria inferida a los demás, es necesario que éstos, para defenderse, puedan usar de la fuerza; de aquí la necesidad de la guerra. Ahora bien; la razón exige que aquélla se haga, para no causar con ella más daño que el necesario, con la mayor moderación posible y has- ta no debe usarse de este medio más que en casos precisos. De aquí nace la necesidad de la institución de legados o embajadores que sean inmunes a toda injuria. Otro ejemplo aducen generalmente nuestros clásicos para hacer (1) Jus enim naturale est simpliciter necessarium, id est, quod non depen- det ex humano consensu; jus autem gentium obligat, quia videtur, id est, quia ab hominibus sic judicatur. Soto: Dejasiitia etjure, III, q. I, art. S.® (2) Cf. Soto: De Justitia, III, q. I, art. 3.°; Covarrubias, Sec. part. reí., § XI; Molina: De/ustitia, II, disp. VI; Pedro de Aragón: De justitia, quaest. de jure, art. III; Miguel Salón: Commentarium, quaest. 57, art. III. FERNANDO VÁZQUEZ DE MENCHAOA 271 ver la distinción fundamental de ambos derechos: tal es el de la ge- neración, para la cual exígese la unión del varón y la mujer por me- dio del matrimonio perpetuo e indisoluble, condiciones éstas tan esenciales, que, sin ellas, no sería posible la procreación, sustento y educación de los hijos; todo lo cual pertenece al derecho natural, considerada absolutamente la naturaleza humana. Pero considerados los hombres como son realmente y en atención al modo ordinario de conducirse en la práctica, sintiéndose tan inclinados a la perfidia y al abuso de los bienes que del matrimonio se originan; supuesta esta condición, hácese también necesario que el matrimonio se con- traiga con solemnidad; de donde se sigue que por derecho de gen- tes, y no por derecho natural, se introdujo la ley mandando que el matrimonio, para ser válido, se celebrase ante testigos y con la debi- da solemnidad; de este modo podrían ser acusados de pérfidos los hombres que faltasen a la fidelidad conyugal. La necesidad, pues, de la ley regulando los matrimonios proviene necesariamente de los principios del derecho natural, no absolutamente, sino supuesta de- terminada condición o modo de ser de la naturaleza humana. Hay, por consiguiente, según nuestros teólogos y jurisconsultos, un derecho de gentes (jas gentium naiarale, necessarium^ primae- vum) que se confunde con el natural por ser ambos comunes a todos los hombres, por no ser escritos, por no necesitar, para ser obligato- rios, del requisito de la promulgación; y hay otro derecho de gentes (jas gentium positivum, voluntariam, secandariam) que, por ser vo- luntario, se confunde con el civil, del cual, sin embargo, se diferen- cia en la extensión, ya que éste es común tan sólo a determinadas naciones, y aquél lo es a todos los pueblos o a la mayor parte de ellos (1). (1) Juan Ginés de Sepúlveda distingue también el derecho civil del derecho de gentes; pero no distingue a éste del natural: Sunt autem leges duplices, alte- rae propriae, quae civiles quoque idcirco nominantur, quia civítates suis quo- que legibus gubernantur; alterae, communes, quae quoniam jure naturali inni- tuntur, et sunt hominibus naturaliter insitae, idcirco naturale quoque jus vo- cantur, quippe quas non legumlatoris voluntas vel oppinio instituit, sed Deus et natura cordibus hominum impressit. Itáque his legibus, hoc jure gentes omnes paulo modo humaniores utuntur, et idcirco jus quoque gentium nomi- nantur. Sepúlveda: De regno, I, n. IX. 272 FERNANDO VÁZQUEZ DE MENCHACA Consecuencia de ser voluntario es qne toda república (sociedad política), si es perfecta, puede derogarlo total o parcialmente. No todos nuestros escritores enfocan la cuestión de igual modo. La ma- yor parte consideran la cuestión de hecho y de derecho. Otros atien- den principalmente a la mayor o menor importancia del contenido de algunos preceptos del derecho de gentes. Pero casi todos convie- nen en que la anulación es prácticamente imposible. Siendo el dere- cho de gentes— dicen— un derecho humano introducido por la vo- luntad de los hombres, es evidente que por esta misma voluntad puede quedar anulado, según el principio de que una cosa puede desaparecer por las mismas causas a que debe su origen. En la prác- tica, sin embargo— añaden— , no puede ser derogado, al menos to- talmente y menos por una nación determinada. En primer lugar, porque siendo el derecho de gentes común a todas las naciones, no puede serlo por esta o por la otra nación, prescindiendo de la voluntad de las demás: para ello sería necesario el convenio o con- sentimiento universal y simultáneo, lo que, moralmente hablando, en la realidad resultaría imposible. En segundo lugar, porque el derecho de gentes, aun siendo po- sitivo, mantiene con el natural tan estrechas relaciones y es tan con- veniente al bien común de la sociedad universal, que bien podría calificarse de insensatez el acto de los hombres anudándolo; y es moralmente imposible que todos los hombres caigan en tal locura. Y finalmente, porque algunos preceptos del derecho de gentes son tan útiles y tan conducentes a la convivencia humana, que aun en el supuesto de que todos los Príncipes, y lo que es más, todos los hombres convinieran entre sí en derogarlo, tal acto sería nulo, por intolerable, inicuo y conducente a la destrucción de la vida y so- ciedad humanas; a lo cual no tienen derecho ni una nación aislada, ni el Príncipe que la representa, ni todos los hombres juntos. Tal sucedería con la derogación de los preceptos relativos a los delega- dos, a la división de la propiedad, a la seguridad de las vías de comunicación, etc. (1). (1) Es la doctrina de Soto, Molina, Pedro de Aragón, Miguel Salón, etc., et- cétera. Molina defiende que la derogación del derecho de gentes en lo referente a preceptos de transcendencia, verbigracia, los que establecen la división de la FERNANDO VÁZQUEZ DE MENCHACA 273 El verdadero fundador, en nuestro concepto, del Derecho inter- nacional es el P. Suárez. Cierto que anteriormente a él, otro insigne religioso, el P. Vitoria, llegó a concebir, ya lo hemos hecho notar al comienzo de este artículo, una comunidad jurídica internacional; pero razonar el porqué de la misma, determinar el verdadero con- cepto del moderno Derecho internacional, fundando un acabado sis- tema, es gloria que corresponde exclusivamente al P. Suárez. Los límites forzosos de un artículo y el propósito que en él perseguimos nos impiden extendernos en consideraciones y cotejos. Bástanos hacer la síntesis de lo mucho y muy bueno que nos dejó escrito so- bre el particular en su obra maestra De legibas, libro II, capítu- lo XIX (1). El derecho de gentes— dice el P. Suárez — puede ser considera- do de dos modos: uno en cuanto se trata de un derecho que los di- versos pueblos y naciones deben mutuamente observar; el otro modo es en cuanto se trata de un derecho particular que cada una de las ciudades o reinos guardan dentro de su propio territorio, al cual por razón de semejanza se le denomina también derecho de gentes (2). No se contentó Suárez con definir el derecho de gentes y estable- cer la división del mismo en público y privado. Discurriendo sobre los principios de la filosofía cristiana, supo desenvolverlos y aplicar- los al derecho de gentes, fundando así un sistema de Derecho inter- nacional con verdadera originalidad y perfectamente razonado. La ra- zón de este derecho (el internacional público) está— dice Suárez— en que el género humano, aunque dividido en variedad de pueblos y de reinos, tiene siempre cierta unidad, no sólo específica, sino también propiedad, constituiría pecado mortal; pero el acto sería válido. En cambio, el P. Salón sostiene categóricamente la nulidad: falis abrogatio esset milla. (1) Los capítulos XVII y XVIII tienen por objeto exponer y criticar las opi- niones que del derecho de gentes habían expuesto los principales teólogos y juristas anteriores. (2) Addo vero ad majorem declarationem, duobus modis... dici aliquid de jure gentium, uno modo quia est jus, quod omnes populi et gentes variae ínter se servare debent, alio modo, quia est jus, quod singulae civitates vei regna Ínter se observant, per similitudinem autem et convenientiam jus gentium appelatur... Suárez: De legibus, II, cap. XIX, n. 8. En este pasaje se establece con toda claridad la división del Derecho in- ternacional en público y privado. 274 FERNANDO VÁZQUEZ DE MENCHACA cuasi política y moral, como lo indica el natural precepto del mutuo amor y misericordia, que a todos se extiende, aunque sean extran- jeros o de cualquiera condición. Por lo cual, aunque cada ciudad perfecta, república o monarquía, sea por sí misma una verdadera comunidad política, con ciudadanos propios, sin embargo, cada una de ellas es en cierto modo miembro de este universo que abarca todo el género humano; pues nunca tales comunidades se bastan a sí mismas de tal modo, que no necesiten cierto auxilio, asociación y comunicación, a veces para su bienestar y utilidad, a veces para la satisfacción de sus necesidades materiales y aun indigencias de orden moral. Por esta razón, pues, necesitan de algún derecho por el cual se dirijan y gobiernen rectamente en este género de comunicación y asociación. Y aunque en gran parte esto se obtiene por medio de la razón natural, sin embargo, su eficacia ni es suficiente ni de inme- diata aplicación para todos los casos de la vida, y por lo mismo al- gunos derechos especiales se han introducido por el uso de las mismas naciones. Porque así como en una provincia o ciudad deter- minada el uso introduce este derecho, de igual manera las costum- bres de todas las naciones pudieron introducir el derecho que liga a todo el género humano. Tanto más cuanto que la materia del de- recho de gentes es poco extensa y muy allegada al derecho natural, del que fácilmente se deduce como útil y conveniente a la naturale- za humana; y aunque tal deducción no sea tan evidente y rigurosa como se necesita para la honestidad de las costumbres, es, sin em- bargo, muy conveniente y conforme a la naturaleza, por lo cual re- sulta aceptable para todos los hombres (1). He aquí afirmado por el * eximio doctor> todo un sistema de Derecho internacional basado, no en la comitas genüum de Juan y Pablo Voet, ni en el humanitarismo de Kant, ni en el imperio de la fuerza de Hegel, sino en el principio indestructible y elevado de la caridad cristiana. «Para apreciar el mérito subido de estas pala- bras—ha dicho el Sr. Conde y Luque, refiriéndose al pasaje de Suá- rez que acabamos de citar — y explicarse la admiración y aplauso que se le viene tributando, menester es advertir que se escribieron hace trescientos cuarenta años. Por entonces la ciencia del Derecho (1) Suárez: De legibus, cap. XIX, n. 9. FERNANDO VÁZQUEZ DE MENCHACA 275 internacional daba sus primeros pasos... En esta página expresa Suá- rez por vez primera la idea completa de la sociedad de todas las naciones, y como vínculo de ella, no la fuerza bruta, sino el mutuo y necesario auxilio y conveniencia común, y mucho más que esto, el principio cristiano de amor y misericordia establecido, no a manera de excepción en el Derecho de gentes, como hizo Grocio en sus célebres Temperamentos de la guerra, sino como base normal de jus- ticia y de paz» (1). Claro está que, habiendo establecido Suárez la división del De- recho internacional en público y privado, al tratar de la cuestión de su derogación o reforma había de tener aquélla en cuent^ y así dice: «Esta mutación ha de hacerse de diverso modo, según que se trate del derecho de gentes que es común entre las naciones, en al- guna ley, o del derecho introducido por el uso universal. El prime- ro se puede modificar por cada reino o comunidad perfecta... En el derecho público la mutación resulta más difícil, por tratarse de un derecho común a las naciones, introducido por autoridad de todos, exigiéndose, por tanto, la de todas ellas. No obstante, tal mudanza no repugna, si el consentimiento de todas las naciones recayera sobre la misma, o prevaleciera la costumbre en contra de tal derecho, lo cual no parece posible en la práctica (2). Veamos ahora el juicio que merece el autor de las Controversias. El concepto que del derecho de gentes dejó expuesto en varias de sus obras el ilustre jurisconsulto no es otro que el ya indicado de la época romana: un derecho universal o cosmopolita que a veces for- ma parte del interior de cada pueblo. Menchaca resulta en esto infe- rior a Vitoria y Suárez, y en nada aventaja a sus contemporáneos. Como éstos, divide el derecho de gentes en natural (jas gentium primaevum, primordiale, naturale) y en secundario, positivo o sucesi- vo (jas gentium secundarium, successivum, positivum). El primero llámase así— dice— , porque es tan antiguo como el género humano, y se observa igualmente por todos los pueblos a los cuales es co- (1) Conde y Luque: Francisco Suárez, S. J. (Doctor Eximius). Discurso leído en el acto de su recepción en la Real Academia de Ciencias Morales y Polí- ticas. (2) Suárez: De íegibus, II, cap. XX, núm. 6. 276 FERNANDO VÁZQUEZ DE MENCHACA mún; también se llama natural, porque no es otra cosa que la misma naturaleza de los hombres, un instinto nativo o razón natural que les mueve a obrar el bien y evitar el mal. Materia propia de este de- recho es el culto debido a Dios, el respeto a la patria, la defensa propia y de nuestros intereses, etc.; todas estas cosas son innatas a la naturaleza de los hombres desde que existen. Posterior al dere- cho de gentes natural es el secundario o sucesivo, llamado así, porr que no se introdujo a la vez en todos los pueblos, sino sucesivamen- te, primero en uno, después en los demás. Cuando fué admitido por todas las naciones o la mayor parte de ellas, este derecho, que al principio fué simplemente civil, se convirtió en derecho de gen- tes (1). Puede, por el contrario, ir cayendo en desuso, de tal modo que llegue a regir únicamente en una provincia o región, y en este caso convertirse en civil (2). También se llama positivo este dere- cho (3). Consecuencia de este carácter del derecho de gentes es la posi- bilidad de su mutación en todo o en parte, del mismo modo y con igual facilidad que el derecho civil. Menchaca plantea solamente la cuestión de derecho y admite, sin vacilar, que así como una provin- cia puede anular una ley suya con otra ley contraria, puede hacer la propio cuando del derecho de gentes positivo se trate. No es preci- so, pues, para la validez del acto conducente a modificar o anular el derecho de gentes secundario, el consentimiento mutuo y simultá- neo, según sostenían otros escritores del siglo XVI, de todas las na- ciones (4). P. Ambrosio Garrido. (Continuará.) (1) Habes ergo primum esse jus gentium primaevum, quod simul cum ipso genere humano proditum fuit, et secundarium, quod postea esse coepit; deinde quod jus gentium primaevum, quod ad homines attinet, nil aliud est, quam ipsa natura hominum, aut instinctus nativus, ratioque naturalis suadens honesta, dissuadens contraria. Controversias, cap. X, núm. 18. El mismo con- cepto expone Menchaca en sus obras De successionum progressu, Prefacio nú- mero 2, y De successionum creatíone, I, § I, núm. 2. (2) Controversias, cap. X, núm. 18, y cap. LIV, núms. 4, 5 y 6. (3) Controversias, cap. LIV, núm. 3. (4) Sicque hodie quaelibet provincia posset ea quae juris gentium secunda- FERNANDO VÁZQUEZ DE MENCHACA 277 ni esse dicuntur, quoad quasdam vel forte quoad omnes partículas inmutare. Quid enim si juberet ne capti fierent servi capientium? Prefecto talis lex civi- lis valeret, et ita ajunt Galiae observari, quamvis per hoc violaretur jus gen- tium contrarium disponens...; valeretque similiter si juberet ne liominibus suae ditionis liceret testari...; valeretque si juberet omnia praedia esse commu- nia... Ergo cum jus gentium secundarium intelligatur jus positivum, indubita- tum est, eritque semper per leges positivas perimi et immutari posse, non secus quam jus civile. Controversias, cap. XLVI, núm. 12, y cap. LIV, núm. 6. EL ARTE POR EL ARTE Asombra y maravilla ver la ojeriza con que algunos miran todo lo que trae consigo algún sabor de independencia en el arte. La idea de profesión de «arte libro basta para sacar fuera de sí a muchos que en ella quieren ver menosprecio y desdén por todo lo que sea religión y moralidad o guarde con ellas estrecho parentesco. En lo cual ciertamente no llevan camino. Si, dando de mano a pasiones y prejuicios, entrasen en cuentas consigo y estudiasen con espa- cio y detenimiento qué es lo que quiere decirse con aquellas expre- siones «arte libre > e «independencia del arte», echarían de ver que nada hay tan lejos de la verdad como querer ver en ellas una doc- trina contraria a la moral y una teoría sembradora de confusión y de desorden en el campo del arte. Cierto que es empresa fácil tor- cer las palabras «arte libre > a otro sentido que no tienen realmente, cuando menos entre aquellos que estudian con la seriedad que se merecen los problemas de estética; pero también es verdad que no basta que algunos espíritus poco avisados, sacando las palabras de su asiento y natural significación, quieran hacer de ellas bandera de inmoralidad y de libertinaje, para que otros, sin examinar es- crupulosamente el valor de las mismas, metiéndolo todo a baru- llo, quieran arrimarse a los detractores de tales doctrinas, yéndose con la corriente del vulgo literario. Apena, ciertamente, el ánimo de los verdaderos amantes de las bellas letras ver a no pocos va- rones eruditos extremar sus habilidades y adelgazar sus ingenios para hilvanar un formidable alegato, mejor dicho, un sermón, pues no merecen otro nombre muchos de esos escritos, en que, dando al traste con la seriedad que pide la ciencia, se pone a los seguidores del «arte libre» cual no digan dueñas. No echan de ver que mal- gastan sus energías en empresas estériles e inútiles, como quiera que, EL ARTE POR EL ARTE 279 torciendo las palabras de su verdadero sentido, se vienen a los ojos los inconvenientes y gravísimos errores a que daría lugar la teoría de la «independencia del arte», en el cual caso sería empresa faci- lísima echar humo a los ojos de los que hacen profesión de «arte libre>. Arte naturalista, arte pagano, arte inmoral, arte sensualista, arte irreligioso e impío, estas y otras doctrinas de mayor o menor impor- tancia y gravedad se han querido hacer nacer de la inocente teoría del «arte libre». Y lo que más maravilla y asombra es ver cómo, en muchos casos, notables ingenios perdieron lastimosamente el tiem- po en sutilezas, adelgazando los conceptos, para oponer a la dicha teoría otra doctrina que, con sólo poner las cosas en su punto, acla- rando los vocablos, se venía al suelo. Como que en muchos casos era únicamente cuestión de palabras. Y palabras y expresiones ciertamente felicísimas, como aquella de Kant: «el arte es una finalidad sin fin», y aquella otra de Cousín: «el arte por el arte», tan traídas y llevadas por todos los que se dedican a estudios de arte y de literatura. Y aquí tenemos ya la principal pie- dra de escándalo en que dieron de ojos los más acérrimos impugna- dores del «arte libre». La fórmula de Kant y la otra afortunada y felicísima de Cousín, fuera de que podía fácilmente interpretárselas de manera torcida, llevaban consigo una desventaja no pequeña, nacida en aquélla de la atmósfera de escepticismo y de escándalo en que iba envuelto el nombre de Kant, y en ésta de las sospechas que ponían en los espí- ritus rectos los ribetes de panteísmo racionalista del esplritualismo de Cousín. El nombre de estos dos filósofos puede decirse que fué para muchos el único fundamento en que estribaban, unos para sa- car de madre las aguas y llevarlas al molino de sus disparatadas teo- rías y otros para condenar a bulto, como vitanda y pecaminosa, toda doctrina de arte libre. Al parecer, olvidaban éstos que nada nuevo se encerraba en aquellas fórmulas, puesto que, bien miradas las co- sas, la doctrina de independencia del arte que en ellas se enseñaba, era más vieja que Kant y que Cousín, consistiendo lo nuevo y feliz de dichas fórmulas más en la manera de expresión que en el pensa- miento, si bien, y para dar a cada uno lo suyo, es menester confesar que Cousín no trajo al arte nada nuevo, ni en el pensamiento ni en 2S0 EL ARTE POR EL ARTE el análisis del mismo, fuera de la fórmula; mientras que Kant, si en este punto no descubrió elementos nuevos, analizó con critica sagaz, originalísima y profunda el carácter y los elementos del placer es- tético. La fórmula de Kant, «el arte es una finalidad sin fin>, se da la mano, a mi entender, y viene a confundirse con la de Cousín, «el arte por el arte>. Ambas traen a la memoria la generosa doctrina de la «libertad e independencia del arte>, que cuenta con precedentes gloriosísimos entre los españoles de los siglos XVI y XVII. Asombra la valentía y claridad con que algunos de aquellos esclarecidos in- genios sembraron en sus obras gérmenes y principios de libertad artística. La fórmula de Kant, bien entendida, nace lógicamente de la doctrina de los españoles, y ambas brotan de la naturaleza y fin de la concepción artística: El arte es una forma con esfera propia, que tiene la belleza como fin primario e inmediato. V es de tal na- turaleza el carácter de esa forma pura en que hacemos consistir el arte, que su fin descansa únicamente en la representación de la be- lleza, hasta el punto de que todo aquello que no sea la representa- ción o creación de la misma belleza, no pueda tener parte entre los fines primarios que el arte busca y persigue con grandes afanes y trabajos. El arte es ajeno a cualquiera otro fin o mira inmediata que no sea la creación de la belleza pura y sin mezcla de cosas extrañas: de esta manera únicamente puede hacer nacer dentro de nosotros un placer enteramente puro y desinteresado. El placer que nace de la belleza es una suerte de placer de simpatía— como dijo muy acerta- damente Jouffroy — ; por esta razón no se compadece con ningún linaje de mezcla de otros movimientos interesados del ánimo, los cuales, si es cosa cierta y averiguada que pueden ir y de hecho van ordinariamente en compañía y se mezclan con el placer que nace de la belleza, es asimismo cierto que no pueden mirarse como fines pri- marios e inmediatos, ni siquiera como principios de la belleza. Lo agradable, lo útil y lo perfecto pueden ir mezclados en las obras de arte con el placer estético; pero ni lo agradable, ni la utilidad, ni siguiera la perfección son por sí la belleza, ni puede nacer de esos elementos separadamente el placer, pura y simplemente estético. Este nace solamente de la belleza, cuya representación constituye única y exclusivamente el fin primero o inmediato del arte puro. EL ARTE POR EL ARTE 281 Todos los otros fines que éste se proponga, al encarnar la belleza en formas sensibles, deben forzosamente estar sometidos a aquél, y no pueden ser otra cosa que fines secundarios y más distanciados de lo principal que el arte busca y pretende. La esfera propia del arte está en la belleza, y a la creación de la belleza encamina sus leyes y sus reglas. Si los seguidores del arte libre entendiesen la independencia del arte, no como limitada a otros fines relativos que se salen de su campo, sino que la extendiesen de manera que alcanzase por igual a aquel otro fin último y absoluto que comprende y abraza en sí todos los otros fines relativos, sería preciso dar de mano a la fórmula «el arte por el arte» y condenarla como equivocada y absurda. Ninguno, que yo sepa, de los verdaderos y serios amantes del arte libre e independiente, negó nunca la identificación y mutua de- pendencia de lo bello con lo bueno y con lo verdadero en una es- fera absoluta y realísima; antes bien, dejando asentada esa identifi- cación, partieron de la distinción racional que separa el concepto de belleza del concepto de bien y de verdad, considerando las cosas en este mundo de aquí abajo, para establecer la naturaleza y el fin de la concepción artística. Si se toma como medida única del arte aquel fin último y universalísimo que abraza en sí y regula y dirige todo linaje de fines particulares, hay que convenir en la necesidad de mi- rar el arte como un medio en orden a su fin supremo y perfecto, en el cual caso no puede el arte tener en sí mismo su razón de ser, como quiera que el medio guarda siempre relación con el fin del cual es medio. Y claro está que, mirando las cosas desde este punto de vista, no puede sostenerse en manera alguna la doctrina de la libertad e independencia del arte, viéndonos obligados a dar de mano a las fórmulas de Kan y de Cousín, como expresiones absur- das y heterodoxas. Pero a nadie se oculta que por este camino lle- garíamos derechamente a la necia y absurda conclusión de negar igualmente a las distintas ciencias particulares fin y objetos propios y distintos, teniendo forzosamente que legislar cada una sobre la rectitud moral de sus procedimientos como quieren algunos para el arte. Como se ve, tomar las cosas de tan lejos y por manera tan extra- ña y peregrina, para echar más fácilmente por tierra la doctrina de la independencia del arte, es echarse a sí mismo tierra a los ojos 20 282 EL ARTE POR EL ARTE y firmar por su propia mano la patente de ignorancia, como quiera que, propuesta la cuestión en esta forma, se considera el arte única- mente como medio, negando que tenga esfera propia, es decir, no reconociéndole fin particular y propio. De ésto a negar la sana y le- gítima independencia del arte, no había más que un paso, mejor dicho, esa doctrina es la negación más radical de toda libertad e independencia artísticas. Ne quid nimis. Por suerte estriba semejante doctrina— la que niega la independencia del arte— en un error crasísimo y tan claro y manifiesto, que no puede ocultarse a las personas de más cortos al- cances intelectuales y menos duchas en estudios de arte y de estéti- ca, es a saber, en una confusión verdaderamente lamentable del fin primario e inmediato del arte con otros fines secundarios más o me- nos principales y remotos del mismo. La ligereza imperdonable que se echa de ver en confundir por tan lastimosa manera dos suertes o linajes de fines tan distintos entre sí, no podía menos de traer consi- go la extensión concreta y parcial de independencia que encierrar^ las hermosas y felicísimas fórmulas de Kant y de Cousín a una ma- nera de independencia y de libertad absolutas y sin limitación algu- na, dentro y fuera del orden propio del arte. Entendiendo así la li- bertad e independencia, dando a éstas un carácter tan absoluto y universal, la exclusión de la moral y de la religión de los dominios del arte era tan clara y manifiesta que se venía a los ojos, puesto que al extender la independencia del arte a todo otro fin que se saliese de su campo y esfera, sin distinción de ninguna suerte de órdenes, abrazaba juntamente a Dios. Pero ¿puede sostenerse en el terreno científico la confusión y mezcla de dos linajes de fines tan diversos, como son el fin primario e inmediato del arte con los secundarios y remotos del mismo? ¿Por ventura se identifica la belleza con el bien y con la verdad en el or- den de cosas de aquí abajo, o, por el contrario, se distinguen entre sí en alguna manera? La respuesta está en la mano; porque ya San- to Tomás sienta en términos clarísimos que hay distinción racional entre lo bueno y lo hermoso con aquellas palabras: «bonum et pul- chrum ratione differunt», como quiera que la belleza dice relación al conocimiento y la bondad al apetito, con una diferencia grandí- sima, que mientras el bien no puede aquietar o calmar el apetito EL ARTE POR EL ARTE 283 si no es con la posesión del bien que se apetece, la hermosura agra- da con la sola vista y contemplación de la cosa hermosa. La hermo- sura no es, pues, en este mundo de aquí abajo, ni la bondad, ni la verdad; añade algo a la idea o concepto de ambas, por lo cual es preciso reconocer y otorgar al arte otra esfera propia muy distinta de la esfera de la verdad y del bien, y ésta no puede ser otra que la esfera de la belleza. Esa nota, ese distintivo que la hermosura añade al bien y a la verdad, es a manera de fuente o manantial de donde nace la diversidad de fines que dan origen a la especial manera de ser y de representarse o crearse la belleza. Animar y dar vida a la belleza y hermosura, encarnándolas en formas sensibles, es el fin propio e inmediato que se propone el arte. Es cosa cierta y averi- guada que no puede sostenerse en manera alguna la independencia de este fin propio y particular que el arte busca y persigue de aquel otro absoluto y universal que regula todos los otros fines relativos, pero es preciso dejar también asentado como cosa cierta, que el arte puede vivir con entera independencia de todos los fines y miras par- ticulares ajenos al fin propio que debe proponerse en todas sus ma- nifestaciones. Y como quiera que la vida y manera de ser del arte descansa en la creación y representación de la belleza, es menester que cuente con maneras, con medios y procedimientos particulares y propios para alcanzar esa creación de formas bellas. Y esto basta para que se venga a tierra por sí misma aquella disparatada doctri- na que mezclaba y confundía dos suertes de miras y de fines tan di- versos entre sí. ¿Qué manera de independencia es, pues, la que ha de conceder- se a las fórmulas de Kanty de Cousín, entendidas rectamente, es de- cir, como las entendieron siempre los verdaderos y sensatos aman- tes de la libertad e independencia en el arte? No puede entenderse en manera alguna aquel género de independencia que separa al arte del fin último y absoluto, sino aquella otra independencia que basta para señalar al arte fin propio y distinto. Ambos filósofos no hicie- ron otra cosa que velar por la pureza del arte, impidiendo que en la esfera artística se alzasen con la primacía otros elementos, nobles y dignos, cuanto se quiera, pero secundarios al fin y más o menos bas- tardos por lo que hace a la creación de la belleza. Todo linaje de miras que no tengan por fin encarnar la belleza en formas sensibles 284 EL ARTE POR EL ARTE por los medios y procedimientos característicos que nacen de la di - versidad de fines, y originariamente de aquella distinción racional que discierne el mundo de la hermosura del mundo de la verdad y del bien, serán siempre, por decirlo así, elementos allegadizos que tienen cabida y no pueden excluirse en absoluto como fines secun- darlos y remotos, pero que no pueden en manera alguna ser consi- derados como fines primarios del arte. Entendidas así las fórmulas de Kant y de Cousín, lejos de estar vacías de sentido, como preten- dieron algunos con ligereza manifiesta, hay que convenir en estimar- las como dos expresiones ciertamente felicísimas, como quiera que traen involuntariamente a la memoria el admirable conjunto de ideas madres en el terreno del arte, la distinción racional que separa lo bello de lo verdadero y de lo bueno, la teoría que pone a salvo las miras y fines propios del arte, en una palabra, la generosa doctrina de la independencia artística. Más allá que Kant, en esto de la independencia del arte y de sus procedimientos, van, sin duda ninguna, algunos de nuestros glorio- sos escolásticos. Y así, a la pregunta ¿depende el arte en sus proce- dimientos de conceptos intelectuales? el sutil Rodrigo de Arriaga responde con osadía casi increíble, que «el arte nunca se guía por preceptos discutidos científicamente>, señalando de paso a la ima- ginación como la primera entre las facultades del artista. Pero, ¿es verdad que el arte carezca en absoluto de doctrinas y principios ge- nerales? El mismo Rodrigo de Arriaga se da prisa a suavizar la rudeza demasiado franca que se encuentra en sus palabras anteriormente transcritas, acotándolas con la afirmación de que en el arte se dan «ciertos principios generales que parecen ser razones a priori>, aña- diendo como para aclarar las primeras palabras, que las artes, dan, en efecto, preceptos y reglas acerca del modo de ejecutar una obra bella, pero nunca las razones últimas «a priori». En lo cual no es de maravillar que Arriaga hablase de esta manera, pues es cosa cierta y averiguada que en sus días nadie miraba la ciencia estética como ciencia aparte. Verdad es que los artistas, por muy escogidos que ellos sean, frecuentemente no están al tanto de los principios meta- físicos de lo bello, y sí únicamente de los preceptos y reglas que en- señan el conocimiento y dominio de la parte técnica, siendo, por lo I EL ARTE POR EL ARTE 285 demás, clarísimo y evidente entre los artistas el predominio de la imaginación y de la fantasía. Pero el arte es el arte y los artistas son los artistas, y está bien claro y es pública voz y fama que los detrac- tores de la libertad e independencia del arte no se paraban común- mente en los artistas, sino que, dejando a éstos a un lado, iban de- rechos a los principios de lo bello, que pueden dar alguna luz sobre la independencia artística, partiendo equivocadamente de la identi- ficación absoluta del concepto de belleza con los conceptos de bien y de verdad, los cuales, como queda dicho, se identifican en una esfera realísima y absoluta, pero no en este mundo de aquí abajo. De esa equivocada identificación de conceptos en este orden inferior nació espontánea y naturalmente el empeño de querer que la belleza se sometiese a la voluntad directamente, de igual manera que si se tratase del amor. Así, echando por este camino, se venía a parar for- zosamente en la conclusión de que el artista debe proponerse en sus obras la bondad o rectitud moral como fin propio, inmediato y úni- co de su arte. Nada menos cierto; porque el artista busca en sus obras la hermosura y la manera de darla cuerpo y forma sensible, domando las rebeldías de la materia, por lo cual hay que convenir: o en negar que el arte tenga fin y objeto inmediatos propios, o en afirmar su libertad e independencia de todo otro fin inmediato y primario que no sea la encarnación de la belleza. La ley moral pue- de hacer a los artistas buenos con bondad moral; pero no puede por sí hacer grandes y perfectos artistas. ¿Por ventura puede ser consi- derada la regla moral como la regla esencial del arte? Nada menos que eso. Las reglas esenciales del arte y sus normas directoras en razón de tal deben tomarse forzosamente del fin propio del arte, y nada más que del fin del arte, el cual fin es ciertamente distinto del fin moral de las obras o actos humanos, como actos morales. La re- gla del proceder moral ha de buscarse en el fin particular que recti- fica el apetito; pero, como dice muy bien el insigne Fray Juan de Santo Tomás, «las reglas del arte son preceptos que se toman del fin del arte mismo y del artefacto que ha de hacerse». Si la hermosura estu- viese inmediatamente sujeta a la voluntad, como pretendieron algu- nos, equivocadamente, podría con razón afirmarse que la regla mo- ral era la regla esencial y directora del arte, y la intención moral de- bería presidir e imperar en la ejecución de la obra artística; pero es 286 EL ARTE POR EL ARTE error gravísimo y manifiesto querer sujetar a la voluntad inmediata- mente la hermosura. La belleza se refiere propiamente, no al apetito, sino a la facultad de conocer, y así tiene la virtud maravillosa de se- renar el ánimo, haciendo nacer en nosotros la quietud, el sosiego y el placer solamente con la vista y conocimiento de la cosa hermosa. El amor puede acompañar al placer estético, y éste puede encen- der en nuestras almas amor puro y vehementísimo; pero, ni el placer estético es el amor, ni estriba en éste el fin del arte, ni el artista bus- ca como fin principal de sus obras el amor, sino la creación de for- mas bellas. El arte busca y codicia la hermosura que es algo distinto de la bondad moral. No mira propiamente la rectitud moral de la obra, sino la rectitud que nace de la manera de producir acertada- mente obras verdaderamente bellas sin apartarse un ápice, a la dies- tra ni a la siniestra, de las reglas o normas que se encaminan a re- gular la acertada ejecución de la obra artística. Las reglas que da el arte para la dirección de la forma, son, sin duda ninguna, de gran- dísima firmeza; pero toda la fuerza y firmeza de dichas reglas ase- gura únicamente al artista la manera de proceder, nunca el resultado del procedimiento, porque puede torcerse y malearse por los estor- bos que salen al paso en la ejecución de la obra. Una cosa hay que dejar asentada como cosa cierta y averiguada, y es que, sea cual- quiera la fuerza y firmeza de las reglas y normas directoras del arte, la rectitud de la obra artística y la rectitud del procedimiento en la forma se distinguen perfectamente, y son, por lo tanto, enteramente independientes en su género de la rectitud moral, pero no contra- rias ni incompatibles, sino más bien debe mirarse la rectitud moral como una condición negativa que prohibe al arte proponerse ten- dencias inmorales. La rectitud del arte, de igual manera que la del artista, no debe ni puede confundirse con la rectitud moral, ni la perfección moral de la obra será nunca regla para medir y estimar los grados de perfección de una obra artística, como tal obra. Bien claro lo dijo Juan de Santo Tomás: «El arte no depende en sus re- glas de la rectitud de la bondad moral, y por eso atiende a la recti- tud de la obra, no a la bondad del operante. > No sé yo que se pue- da asentar de manera más clara y con palabras más terminantes la distinción e independencia entre el criterio ético y el estético. La norma de aquél es tan distinta de éste, que puede muy bien acón- EL ARTE POR EL ARTE 287 íecer que una obra acabadísima, de grandísima perfección y de su- bidos quilates, como obra de arte, sea mala si se mide con el crite- rio ético. Porque el arte, en cuanto tal, no depende inmediatamente de la voluntad; pone sus miras únicamente en conseguir que sus obras se acomoden y conformen por maravillosa manera con la idea del artista. Esta idea, trasladada a la obra artística, no es otra cosa que la forma, y no ciertamente aquella forma más material y exter- na, sino aquella otra más interior e inmaterial que anima y da vida al conjunto. Así, cuando el artista quiere encarnar su idea en las obras de arte, no hace otra cosa que producir formas bellas. Y es tan singular y de tal naturaleza esta creación de formas bellas dentro de la independencia que estudiamos que, al decir de Juan de Santo Tomás, «el artífice es digno de reprensión, si peca por ignorancia de su arte, pero no si peca a ciencia y conciencia de que lo hace», y en cambio el arte no merece «alabanzas porque el artífice proceda rectamente conforme a las leyes de la voluntad». Por donde se ve que la doctrina de la libertad e independencia del arte que por algunos se nos quiere vender como una novedad estupenda, no es tan nueva como parece, sino bastante más vieja de lo que muchos creen. La novedad de las fórmulas de Kant y de Cousín que concretan en sí por admirable manera la teoría del «arte libre», estriba en las palabras más bien que en la doctrina, como ya queda dicho; y antes que nadie sembraron los escolásticos españo- les en sus obras gérmenes de libertad e independencia artísticas, como lo puso en claro el inolvidable maestro Menéndez y Pelayo. Y ciertamente sin la contradicción de Kant, quien, después de haber- nos dado en la felicísima fórmula «el arte es una finalidad sin fin» la teoría del arte libre e independiente, como fruto de su poderoso análisis, vino finalmente a dar muerte a esta doctrina con el elemen- to ético, asentando la belleza únicamente en la expresión moral de los ideales morales del hombre. El vendaval de la razón práctica dio al traste, acaso sin pensarlo, con el análisis del juicio. Nuestros es- colásticos, sin caer en semejante contradicción, esparcieron en sus escritos los principios de esa independencia, apoyados en la diver- sidad de fines propios; pero con un límite que se imponía solamen- te en otro orden superior, subordinándola, como observa muy bien Menéndez y Pelayo, al principio de que «el fin superior determina 288 EL ARTE POR EL ARTE el inferior en su razón objetiva>. La rectitud moral podrá mirarse como una condición de la Naturaleza; pero, de ésto a asentar que el arte debe legislar sobre esa misma rectitud moral o que el artista deba buscar primera y principalmente esa rectitud, dando a sus obras una tendencia moralizadora, hay mucho trecho. El artista llena su cometido representando la belleza, sin que esto quiera decir que destierre la moral del campo del arte de una manera directa y posi- tiva. La libertad e independencia del arte, entendidas como deben entenderse, no quieren decir otra cosa que exclusión de todo otro fin primero e inmediato que no sea la belleza; nunca entendió en ellas ninguno de los defensores de la sana independencia artística la exclusión positiva y directa de la moral y de la religión de entre los fines secundarios que el artista pueda proponerse. Esta es la in- dependencia que entendieron siempre todos los varones sensatos que han hecho profesión de arte libre, y este linaje de independen- cia es, a mi entender, el que quiso Cousín significar en aquellas fa- mosas palabras de la lección XXII, en que por primera vez formuló con toda claridad la tan combatida independencia del arte: il faut de rart pour l'art*. Es decir, que al mismo tiempo que afirmaba abiertamente la necesidad de señalar esfera propia a cada uno de dichos elementos, formulaba la más terminante condenación del arte docente, del arte transcendental, de la intromisión del concepto de lo útil, y, por punto general, de cualquiera doctrina o sistema que, echando mano de elementos extraños, se empeñe en torcer y malear el verdadero concepto de arte puro, enturbiando las purísimas aguas de la belleza. El arte goza ciertamente de grandísima fuerza educa- dora; pero su misión propia no es educar. La educación religiosa y social tienen cabida entre los fines secundarios del arte, pueden acompañar a la belleza y hermosura de la obra artística, pero no so- breponerse a ellas. Cualquiera otra inteligencia de la doctrina del arte libre ha de recibirse con cautela, pues fácilmente vendrá a pa- rarse en una desviación, más o menos peligrosa, de la verdadera doctrina, de la cual es interpretación torcida y apartamiento del rec- to sentido de la fórmula de Cousín la doctrina del naturalismo, to- mando esta palabra en su significación más grosera. El carácter mismo de la doctrina naturalista, en el peor sentido de la palabra^ es el de una teoría capaz de matar en flor todas las más nobles as- EL ARTE POR EL ARTE 289 piraciones del arte. La apología y la justificación que la escuela na- turalista quiere hacer de lo inmoral y de lo repugnante, no nace, ni puede nacer de las fórmulas de Kant y de Cousín, entendidas como deben entenderse, a pesar de las argucias y sofisterías de los que sostienen lo contrario, queriendo que comulguemos con ruedas de molino. Porque como ya queda dicho, «el arte por el arte> es enteramen- te igual a «la belleza por la belleza», y se pregunta, ¿por ventura caben en la verdadera belleza lo repugnante y lo positivamente in- moral? La templanza y moderación, la quietud, sosiego y reposo que ia belleza y la hermosura hacen nacer en el ánimo no se compade- cen con la inquietud y el desequilibrio que lo inmoral y lo repug- nante engendran en la voluntad. El naturalismo no puede nacer de la doctrina del arte libre, rec- tamente entendida; y la tendencia inmoral e impía sólo puede nacer de aquel linaje de independencia universal que, traspasando la esfe- ra propia del arte, no se detiene en el orden absoluto y llega a echar a Dios de los dominios del arte. No, esta suerte de independencia no se encierra en la fórmula «el arte por el arte>, ni debe sacarse de ella la peregrina teoría que algunos de sus detractores soñaron, que- riendo ver en ella una doctrina radicalmente antiestética y antiartís- tica. Menester sería tener vista más que de lince para ver en dicha fórmula, entendida como nosotros la entendemos, una negación absoluta y radical de aquellos principios y condiciones que estable- ce la Naturaleza para la creación de la belleza. Pues qué, ¿por ven- tura puede ser de daño y perjuicio para la unidad y variedad, para la proporción y el orden, dejar asentada la necesidad de que tenga el arte finalidad propia, inmediata y exclusiva suya, cual es la encar- nación de la belleza en formas sensibles? Cabalmente, de haber con- fundido dos suertes de formas bien distintas nació lógicamente la desviación más natural y más inocente de la fórmula de Cousín de su verdadero sentido, dando lugar a esta otra «el arte por la forma», que no puede defenderse en manera alguna, entendiendo estas pa- labras de la forma externa, pero sí, si se entiende de la forma inter- na, puesto que en este sentido la belleza es una forma y el arte es creación de formas. Por lo demás, ¿quién tomará en serio el sentido violento y anár- 290 EL ARTE POR EL ARTE quico que algunos poetas y artistas, ayunos de toda noticia científica acerca del arte y de la belleza, dieron a la felicísima fórmula de Cousín, queriendo ver en ella la negación de todo linaje de reglas y preceptos? La ojeriza y mala voluntad de algunos artistas para con las reglas y preceptos de la técnica era más antigua que Cousín; ya antes que nadie examinó Lessing, con miras más elevadas, la cues- tión del valor de las reglas, abogando por la independencia del ge- nio de todo lo que sea preceptos arbitrarios e inútiles de los retóri- cos, «porque el genio, según él, es la más alta conformidad con las reglas». Como no basta que Víctor Hugo, que tenía mucho de poeta pero nada de filósofo, dijese que «en el árbol de la poesía no hay fruto prohibido», para hacer a la verdadera doctrina de la libertad e independencia del arte responsable de las obras directamente in- morales e impías de algunos ingenios que abusaron de ella o la en- tendieron torcidamente. De todos modos, la manera de combatir la teoría del arte libre no consiste en traer a cuento textos de algunos autores que la interpretaron torcidamente, sino estudiándola en los autores sensatos y con la seriedad que se merece y pide la grave- dad y transcendencia del problema, que, como dicen, la verdad adelgaza pero no quiebra. Como dijo soberanamente Schiller, en el comienzo del prólogo de Wallenstein: «la vida es seria; el arte es sereno.» DiosDADO Ibañez Garrido c. M. F. ANTONIO PÉREZ (aclaración a los capítulos VIII, X Y XI DEL LIBRO I DE LA «HISTORIA de varios sucesos», del p. fr. jerónimo de sepúlveda ^^^ ) (continuación) El 28 de julio de 1579, a las once de la noche, fué puesto en viii.-p rimen prisión Antonio Pérez (2). Poco tiempo después, habiéndose relata- 5t'ez" **• *"*•"" do falsamente al Rey que se hallaba Pérez muy enfermo y que peli- graba su vida, según informe de los médicos Enriquez y Madera, sobornados de graves y poderosos personajes, mandó S. M. que fuera trasladado a su casa con tres guardas siempre a la vista (3). (1) Véase La Ciudad de Dios, vols. CXV, págs. 465-478; CXVI, págs. 402- 410, y CXVII, págs. 106-109. (2) «Fué preso el secretario Antonio Pérez que tenía los negocios de Ita- lia, y muy privado de S. M., y al parecer muy bien quisto de todas gentes por su buena manera de negociar, el cual esa misma noche que le prendieron es- tuvo negociando con S. M. hasta las diez de la noche, y a las once horas le prendieron, y le llevaron a muy buen recaudo». Fr. Juan de San Jerónimo: Me- morias de la fundación del Monasterio de San Lorenzo el Real, en Doc. inéd., I, pág. 95, y VII, págs. 268-269. Pérez refiere (Las Obras y Relaciones^ pág. 36) que Felipe II aquella noche se estuvo paseando «en su cámara hasta las cinco de la mañana con harta al- teración del ánimo del suceso*. No se alteraba fácilmente Felipe II; ni menos era hombre que no cuidase exquisitamente de que el estado de su ánimo tras- cendiese a los demás. (3) «Agora ha venido a noticia de muchos deudos, se ha soltado a Antonio Pérez con trato de falsa relación y engaño que se hizo a V. M. de que se ad- mira el mundo haya este atrevimiento en Alvar García de Toledo, y dos médi- cos Enriquez y Madera, persuadidos según es muy notorio, de personas más graves, dando a entender tenía tabardillo, y estar a lo último de la vida, lo cual ha sido invención y fingimiento...» Memorial de Melchor de Puerta Agüe- ro—Apéndices de La Princesa de Eboli, de Muro, págs. 96-98. Cita de don J. F. Montaña: Nueva Luz, pág. 504, nota. i 292 ANTOKIO PÉREZ Lo que cuenta Pérez de que siguió despachando aun en el arresto es una de tantas invenciones como pululan en sus escritos. Los subalternos no fueron probablemente mudados, pero en el des- pacho de Guerra le sucedió Idiáquez, y para Estado vino exclusi- vamente a España desde Roma, donde se hallaba retirado, el anciano y experimentadísimo cardenal Granvela, que lo hizo con no peque- ña repugnancia y más por obedecer al Pontífice que por dar gusto al Rey. En enero del año siguiente de 1580 continuaba Pérez en su casa, sin permitírsele hablar con nadie, ni recibir visitas (1); y a fines del mismo año rogó Pazos al Rey que tuviese misericordia del preso, contestándole Felipe II, «que si fuere tan necesario el hacer ejercicio para su salud, podrá estar en su huerta, como está agora en la casa, sin entrar en el lugar ni en otra parte, sino por allí por el campo y cerca de su huerta para hacer ejercicio (2)». Dice Antonio Pérez que de casa del alcalde de corte, donde es- tuvo preso al principio, . El Rey únicamente accede a que se le permita «que pueda tratar con los que conviniere de lo que toca a su hacienda so- lamente (4).> (1) «Antonio Peres es guéri et est toujours en sa maison avecques gardes sans quil ait liberté de parler á personne, ne estre visité». Saint-Gouard á Vil- leroy. Cita de Mignet. Antonio Pérez y Felipe II, pág. 37, c. 2, nota 4. (2) La Princesa de Eboli, de Muro, apéndices, pág. 124. Cita de D. J. F.^Mon^ taña: Nueva Luz, pág. 510. (3) Relación sumaria del discurso de las prisiones... en Doc. inéd. XIII^ pág. 366. (4) Muro.— Lfl Princesa de Eboli, apéndices, pág. 136. Cita de D. J. F. Mon- taña.—A/üeva Luz, págs. 510-51 1 . ANTONIO PÉREZ 293 Por noviembre de 1583 estaba en libertad, porque el día 5 de aquel mes estuvo en la posada de don Pedro de la Mera. En el verano de 1584 se hizo contra Pérez un juicio de visita, en el que se le acusó, entre otras cosas, «de recibos de dádivas de don Juan de Austria, de la princesa de Eboli, del cardenal de Toledo, y de otras personas de cualidad;... que había descubierto secretos de su oficio; que en los despachos que venían para S. M. en cifra, aña- día y quitaba, etc. (1)>. La sentencia fué condenarle en suspensión de oficio, penas pe- cuniaria y de destierro, y a ser encerrado en una fortaleza dos o más años, a voluntad del Rey. «Al tiempo que le fueron a prender para llevarle a una fortaleza, se metió el Antonio Pérez en una iglesia de Madrid (2)», escribe el mismo Pérez; hecho que debió de ocurrir a fines de enero de 1585 o principios del mes siguiente (3). No le valió al reo acogerse a sagra- do: los oficiales reales lo sacaron de la iglesia y lo condujeron a la fortaleza de Turégano. En la prisión estuvo con grande rigor «hasta que después de vuelto su Majestad de Aragón a Castilla (4), fué traí- do a la corte, como es notorio al mundo, adonde estuvo catorce me- ses y medio preso (5)». «Nuevamente fué llevado a la fortaleza, a consecuencia de la de- claración que hizo sobre las causas de la muerte de Escobedo, tra- yéndole otra vez a la corte dentro de tres meses (6).» Esta tercera prisión debió de ser a mediados de 1589, año en que (1) Relación sumaria... Doc. inéd., Xlll, pág. 367. (2) Id., id., pág. 369. (3) El Proceso criminal, págs. 52-53, dice que fué el 20 de enero de 1585. EJ marqués de Pidal: Historia de las alteraciones de Aragón, I, pág. 345, pone el mismo día. Lo más probable es que fuera en el tiempo que yo señalo, pues no creo que se tratara de dar cumplimiento a la sentencia tres días antes de ser pronunciada, como opina el marqués de Pidal, y, además, porque el mismo Pérez escribe que estuvo en su casa hasta el último de enero del 1585. Rela- ción sumaria... Doc. inéd., XIII, pág. 366. (4) Felipe II volvió a Madrid de las cortes de Aragón en principios de mar- xo de 1586. (5) Relación sumaria... Doc. inéd., XIII, pág. 371. (6) Id., id., pág, 372. 294 ANTONIO PÉREZ Pérez, según un coetáneo, fué perdonado por Felipe II, el Jueves santo, a instancias de fray Diego de Chaves. Cuarta prisión. ^1 conoccr la familia de Escobedo la libertad de Antonio Pérez, se quejó a su Majestad y pidió se diese tormento a un criado dei Secretario. Confesó el criado la participación de su amo en la muerte de Escobedo, y Pérez fué definitivamente encarcelado (1). Pérez negó siempre durante los once años de sus prisiones en Castilla haber hecho matar al secretario de don Juan de Austria (2). Quinta prisión. £1 18 de abril de 1590 huyó Antonio Pérez al reino de Aragón, donde estuvo preso con varias alternativas, que veremos adelante, en la cárcel de los Manifestados, de la que fué libertado para siempre por los amotinados aragoneses el 24 de setiembre de 1591. iK.-procesos Don Autouio Valladares de Sotomayor, conocido editor del Se- Pérez. manado erudito, publicó, según se cree generalmente, un libriío cuya portada reza así: Proceso criminal, que se fulminó contra Antonio Pérez, Secretario de Estado del Rey Don Felipe II. y del Despacho Universal, por su mandado: Sobre la muerte de Juan de Escobedo, Criado y Secretario del Señor Don Juan de Austria, hijo del Señor Emperador Carlos Quinto, que estaba gobernando los Estados de Flandes: Juez El Li- cenciado Alvaro García de Toledo, que le prendió el día 29 de Junio de 1579 á las 11 de la noche, y le puso en la cárcel de Corte: Escri- bano de la Causa Antonio Márquez. Con Privilegio y las Licencias ne- cesarias. Madrid: Por Don Antonio Espinosa. Año de 1788. (16 m. (14 Vi X 10 cm.) 314 págs. y 3 hs. en b.) (1) «Fueron presos por indicios que hubo el Antonio y la Duquesa, y al nono año, que fué el de 1589, fué perdonado el Jueves santo a instancia del maestro fray Diego de Chaves, confesor de su Majestad, y asi comenzó a an- dar libre, de lo cual se quexaron a su Majestad la mujer de Escobedo y su hijo, el secretario Escobedo, y pidieron que diesen tormento a un escudero de Antonio Pérez, y así se lo dieron, y confesó todo el secreto, y así fué preso el Antonio Pérez.» Fr. Juan de Vitoria, O. P.-— Noticia de los Reyes de España, en La Ciudad de Dios, CXV, pág. 471, nota. (2) «El deceno (cargo) dize que... hauiendole después muerto o hecho ma- tar por medio de criados suyos y otros forasteros que lleuo deste Reyno de la Corona de Aragón a traycion y alebosamente y siendo acussado de ello y ha- biéndolo negado siempre por e^acio de onze años que estubo presso en Cas- illa...» Sumario del Proceso PrísFiscalis..., ya citado. ANTONIO PÉREZ 295 Para ver la fe que merece este titulado Proceso bastaría fijarse que en la portada se dice que la prisión de Antonio Pérez fué el 29 de junio, cuando la verdadera fecha es la del 28 de julio; pero el nú- mero de piezas dislocadas, la confusión y desorden que hay en todo él, la falta de formalidades jurídicas de que adolece y el descuido con que está impreso (1), le hacen sumamente sospechoso y. casi inútil, sin otros indicios y pruebas, para el estudio honrado y serio de este embrollado asunto. Es indudable que si no se puede afirmar que todo el contenido de este Proceso criminal sea falso, pues he visto la coincidencia de al- gunas declaraciones con las del Proceso acerca de la muerte del clé- rigo La Hera, del cual se hablará adelante, no es ciertamente nin- guno de los procesos auténticos. Conócense numerosas copias de este titulado Proceso. Una de las más citadas es «el manuscrito perteneciente al Ministerio de Ne- gocios Extranjeros (de Francia), que contiene la copia de todas las (1) En el manuscrito del siglo XVIII, que ya he citado varias veces, se dice de esta edición de Valladares: «El Proceso criminal contra Antonio Pérez so- bre la acusación de haver echo matar a Juan de Escobedo Sj^o de D." Juan de Austria, con su prisión, declaraciones de muchos testigos, sus defensas, el tor- mento cruel que le dieron y demás incidentes raros de esta causa, con su hui- da a Aragón, alborotos de Zaragoza, castigos que en esta ciudad hizo Pheli- pe 2.0 muertes y desgracias con la huida de Ant." Pérez a Francia y sentencia contra él por la Inquisición de Zaragoza todo anda ms. en varias copias que forman un vol. abultado^Una hay en la B[iblioteca] R[eal]. En 1789 se imprimió en un 12.° por el farandulero D." Antonio Valladares y Sotomaior; pero con la iniqua supresión de la revocación de la sentencia de la Inquisición contra Antonio Pérez, (f. 86 r.). —En 1789 se imprimió en Madrid en un vol. en 12. la Causa y Proceso de Antonio Pérez, por el editor del Semanario erudito D." Antonio Valladares y Sotomayor, gran bárbaro. Imprimióse como todo quanto ha manejado y dado á luz el mismo idiota, y sus más idiotas impresores; con mil yerros y dispara- tes de imprenta y de la falta de corrección del ms. de qje se sirvieron, como también de la incapacidad del rústico Valladares para leer y entender, y corre- gir los ms. que se le confian, ó le venden otros sugetos tan eruditos como él {Después de la queja por no haber Valladares impreso la 2.^ sentencia de la Inqui- sición, termina): Si el gran Valladares cree no estar obligado á restituir á los difuntos, y al mismo Público de los Lectores, este hurto sacrilego, por huma- nos respetos, influxos ó temores; si tal cree, es un bárbaro, más bárbaro aún de lo que muestran su Semanario Erudito, su Causa de Froilán y sus demás folletos (f. 89 r-v.).» 296 ANTONIO PÉREZ piezas del Proceso entablado contra Pérez en Castilla, desde su pri- mera prisión hasta su tormento y evasión >, según quiere Mignet en su libro Antonio Pérez y Felipe II (pág. 2, c. 2); pero este ponderado manuscrito no es otra cosa que el mismo publicado por Valladares, aunque algo más completo; ni contiene todas las piezas del proceso ni mucho menos, ni es formalmente lo que en técnica jurídica y fo- rense se llama proceso, sino hilván de distintos retazos, desiguales en su valor histórico, formados de diversas partes, en especial de las Relaciones de Antonio Pérez. Este manuscrito de París, tan aprovechado por Mignet y por otros, es copia que no va más allá de 1714, según testimonio del bi- bliotecario del Ministerio de Negocios Extranjeros, donde se con- serva (1). El de La Haya y la infinidad de ellos que se encuentran en pú- blicas y particulares bibliotecas son igualmente copias simples, sin autorización de ningún género, careciendo todos de la indicación acerca del sitio y lugar en que se hallan los originales en ellos co- piados. Ninguno coincide exactamente con los demás, y unos tienen más número de documentos que otros, con variantes esenciales, aun en piezas capitales, como sucede en el ya mencionado y exami- nado billete de 4 de enero de 15Q0. Basta un somero estudio para convencerse bien pronto de lo mucho que en este llamado Proceso se ha copiado más o menos literalmente de las Relaciones, Memoria- les y Carias del reo Antonio Pérez (2). Como dice con razón el Sr. Fernández Montaña, es imposible que las copias conocidas y el impreso de Valladares sean el verda- dero Proceso, por cuanto el copista, compilador o el publicador ig- noraban el fundamento de la causa. Dice así el principio: * Parece que el Proceso criminal, que actuó y causó el licenciado Rodrigo Vázquez de Arce..., fué sobre la muer- te de Juan de Escobedo... (página 3)>; y por este estilo está todo él, encontrándose a cada paso el verbo parecer, en significado de quien (1) D. J. F. Montaña: De cómo Felipe II no mandó matar á Escobedo, pá- gina 310. (2) Véase más por extenso este punto en el libro citado en la nota ante- rior, págs. 304-312 y en Nueva Luz..., del mismo autor, págs. 415-441. ANTONIO PÉREZ 297 afirma sin estar seguro de lo que dice. De donde, como el mismo señor Fernández Montaña afirma, «a mí me parece^ y debe parecer a quien no carezca de sentido, que, por confesión propia, el anónimo autor (1) que en 1788 publicó la Narrativa, ni conoció ni tuvo a mano las piezas que formaron el Proceso criminal de Castilla contra Antonio Pérez (2)»; siendo el Proceso publicado «a lo sumo, y con- cediendo demasiado, un compendio, relación narrativa, o extracto sin valor, ni fuerza autoritativa de la causa del dicho Secretario; des- conociéndose el editor, el manuscrito usado para la impresión, el copiante y el autor; y por consiguiente, libro desnudo de todo histó- rico valor y autoridad (3).» Desde luego hay que afirmar que el que compiló, extractó o arre- gló el titulado Proceso criminal no fué completamente favorable al reo secretario, porque en él se leen varias declaraciones de persona- jes, que juzgo auténticas, contrarias en todo a Pérez y demostradoras de infidelidad, altanería y otras cualidades nada buenas del procesa- do. Pero en conjunto ni es tal proceso, ni merece tanta y tan entera fe como le han dado modernos historiadores. Que hubo no uno, sino varios procesos contra Antonio Pérez, es indudable; que se tomaron muchas declaraciones, cuyo paradero se ignora, también se convence con documentos contemporáneos. Felipe lí, en la cédula de desistimiento ante los tribunales arago- neses de la prosecución del proceso contra Pérez sobre la muerte de Escobedo y otros cargos, dice: «Y en virtud de los Privilegios de Procuradores Fiscales míos en el dicho Reyno (de Aragón), se dio demanda y acusación criminal contra Antonio Pérez en la corte del Justicia de Aragón, sobre la muerte del secretario Scobedo, de cifrar falsamente y descubrir secretos del Consejo de Estado, y otros casos que se contienen en el Proceso que sobre esto pende, intitula- do: Processus, etc. (4).» La Junta de Madrid, nombrada por Felipe II para entender en la (1) Ya queda indicado que el publicador fué probabilísimamente Valla- dares. (2) Nueva Luz..., pág. 415-447. (3) ídem, id. (4) Guadalajara y Xabierr: Quarta parte de la Historia Pontifical, pági- na 8, c. 1. 21 298 ANTONIO PÉREZ prisión y castigo de los cómplices en el asesinato de Escobedo y en la fuga de Pérez, habla repetidamente del proceso hecho en Cas- tilla (1). El P. Jerónimo de Sepúlveda escribe que de todas las maldades que se imputaban al diabólico secretario, «tomósele lo más esencial, hizósele un terrible proceso y probósele delitos atrocísimos, que por el menor merecía mil muertes»; y hablando del envenenamiento de don Juan de Austria, que Pérez achacaba a Felipe II, pone estas pa- labras: « Y porque él (Pérez) había descubierto que había hecho matar a su hermano el señor don Juan, y que por esto le persigue. Y pregun- tado cómo lo sabe, dice que altercándose, etc. (2)>; palabras que pa- recen copiadas de un proceso. Y no sólo existió el proceso, sino que fué condenado Pérez a muerte y a otras penas. De las consultas y papeles tocantes al negocio de Antonio Pérez^ algunos se quemaron y otros fueron entregados al secretario Idiá- quez, como se ve por la siguiente nota: «Quemáronse muchos días ha diferentes consultas que tocaban a negocios de Antonio Pérez en que fué juez el señor Rodrigo Vázquez, y creo sin duda tuvo orden del Rey nuestro señor, o de palabra, o por fray Diego de Chaves, su confesor, para ello, y después para entregar, como se hizo, al secretario Francisco de Idiáquez gran suma de papeles del dicho Antonio Pérez, que estaban recogidos y cerrados en una casa de accesoria del dicho señor Rodrigo Vázquez (3).» x.-Acusacianes l.—Mucrtc dc Escobcdo. Es puuto Suficientemente expuesto en ti y cargos que se hi- , .... cieron contra Anto- Que no hay quc msistir. ^^^^^'^^- 2,— Descifrar falsamente. Extensamente lo trata Martín Hume en El Enigma de Antonio Pérez, probando cumplidamente cómo el per- verso e inñel secretario presentaba a Felipe II por traiciones los arre> batos y desazones de don Juan de Austria. 3.— Descubrir secretos de Estado. Este cargo está probado por la sentencia del juicio de visita que se hizo a Pérez en 1584, por pala- (1) Doc. inéd., XV, págs 406, 408, 409, 413, etc. (2) Historia de varios sucesos, 1590, en La Ciudad de Dios, vol. CXV, pág. 474. (3) Respuesta de Antonio Navarro y Larreategui, secretario de Rodriga Vázquez, dada en 13 de agosto de 1599.— Doc. inéd., XIII, pág. 388. ANTONIO PÉREZ 299 bras de Felipe II, por algunas declaraciones del Proceso criminal, y por el testimonio de autores contemporáneos (1). A.— Envenenamiento de don Juan de Austria. — Con testimonios del doctor Bavia, Vanderhamen y León, y Brantóme, he hecho no- tar en otra parte (2) que don Juan de Austria murió probablemente envenenado. Brantóme escribe que en este hecho «admite excusa la conducta de Felipe II, siendo muy reprensible la de Antonio Pérez (3). > El P. Jerónimo de Sepúlveda trae acerca de este punto un relato que conviene transcribir íntegro. «Al pobre hombre (Antonio Pé- rez)—escribe — le traían de unas partes a otras y de una cárcel en otra hasta que ultimadamente vino a la cárcel pública de Madrid. Allí le tenían entre los ladrones y salteadores, y, finalmente, tenién- dole ya convencido de mil traiciones, dio el desventurado por des- cargo que todo cuanto con él usaba el Rey era pasión, y porque él había descubierto que había hecho matar a su hermano el señor don Juan, y que por esto le persigue. Y preguntado cómo lo sabe, dice que altercándose en el Consejo áe Guerra de Flandes, en el cual se halló el mesmo Rey, y el presiden- te Padilla, y el marqués de los Vélez, y él, como secretario, todos ellos convinieron y vinieron en que muriere el señor don Juan, sino es él que lo contradijo; y atestiguaba con testigos muertos. Donde salió averiguado que él, como secretario de la cifra escribió a Flandes, porque no se descubriesen sus marañas, que mandaban los del Consejo que diesen un bocado al señor don Juan, y ansí añadió a sus muchas traiciones ésta que hizo raya a todas (4). > ¿Copió, según parece indicar el contexto de las palabras, el P. Sepúlveda del Proceso auténtico de Antonio Pérez, o puso las frases en boca del Secretario, imitando la forma de los procesos? (1) Véase La Ciudad de Dios, vol. CXV, pág. 467-69. (2) Véase La Ciudad de Dios, voL CXV, págs. 475-76, nota. (3) «II (Donjuán) mourut de peste... mais tout le monde ne dict pas cela,, et mesmes en Espaigne; car ont tient qu'il mourut empoisonné par des botti- nes parfumées...; enquoy le roy (Felipe II) est excusable; mais Anthonio Pérez tres blasmable.» Cita de Brsiíli.—Philippe II, roi d'Espagne, pág. 140, núm. 35. (4) Historia de varios sucesos, ms. de la Nacional de Madrid, t I, fo- lio 165 r. y v., en La Ciudad de Dios, vol. CXV, págs. 474-475. 300 ANTONIO PÉREZ No lo sé; pero sea de ello lo que fuere no dejan de ser dignas de toda consideración estas gravísimas acusaciones. Don Valentín Gómez creyó en el envenenamiento, aun cuando él lo achaca a enemigos extranjeros, y copia una carta del doctor Ramí- rez, médico de cabecera del hermano de Felipe II, en la que se dice que dados los accidentes ycircunstancias de la muerte llegaron a sos- pechar los médicos no le hubieran dado algo a don Juan de Austria(l). Opine el lector como le parezca en vista de los documentos ale- gados; pero si fuera cierto que Pérez, fingiendo órdenes y acuerdos del Consejo de Guerra de Flandes, mandó envenenar a don Juan, se explicaría perfectamente la implacable tenacidad con que Felipe 11 trató de hacer justicia ejemplar en el perverso Secretario. b.— Envenenamiento de don Pedro de la Hera. — Ya Cabrera de Córdoba en su historia de Felipe 11 afirmó que consultado el astró- logo don Pedro de la Hera sobre quién hizo dar muerte a Escobe - do, respondió que «un grande amigo suyo que se halló en su fune- ral. Antonio Pérez— continúa Cabrera de Córdoba — era íntimo del judiciario Hera; y porque no extendiese el juicio de la cuestión, estando enfermo le dio una medicina para su curación, por preciosa, con que murió brevemente> (2). Y Lupercio Leonardo de Argensola relata que Bartolomé de la Hera, hermano del astrólogo, entabló demanda «querellándose que teniendo Antonio Pérez muy estrecha amistad con el licenciado Pe- dro de la Hera, su hermano, que fué astrólogo muy famoso, y ha- biendo adolecido de la enfermedad de que murió, le envió con nombre de quinta esencia y remedio, veneno; veneno con que le mató, sepultando los secretos y confianzas que en el dicho Pedro de la Hera había depositado> (3). (1) Carta del doctor Ramírez. «Señor: martes 16 de octubre de 1578. A las ocho de la noche el serenísimo señor don Juan de Austria sintió una calentura lenta... En esta tierra mueren muchos de tabardillos, pero ninguno con tantos accidentes; de modo que es negocio de tal calidad, que nos paso a los médicos en alguna sospecha no le hubieran dado algo, aunque no nos determinamos a afirmarlo.» Felipe 11. Estudio histórico-critico por D. Valentín Gómez. Con una carta-prólogo de D. Marcelino Menéndez y Pelayo. Año 1879. Madrid, pági- nas 185-189. (2) Felipe Segundo, II, lib. XII, cap. III, pág. 449. (3) Información de los Sucesos del Reino de Aragón en 1590 y 1591, Ma- ANTONIO PÉREZ 301 En carta al gobernador de Aragón en octubre de 1590 decía Fe- lipe II: «Por el deseo que tengo de que en todo lo que se trata del castigo de los delictos de Antonio Pérez se acierte, y no siendo de los menores que ha cometido la muerte de Pedro de la Era, por ser tan alevosa y en sacerdote, deseo entender en qué está aquel proce- so, y dentro de cuánto tiempo poco más o menos podrá senten- ciarse> (1). En 8 de marzo de 1591 escribía el marqués de Almenara al Rey: , que la bebida, o quinta esencia que mató al astrólogo la probaron un fraile dominico y otras per- drid, 1808. Cita de D. J. Fernández Montaña: De cómo Felipe II no mandó ma- tar á Escobedo, pág. 86. (1) Doc. inéd.y XII, pág. 55. (2) ídem id., id., pág. 125. (3) ídem id., id., págs. 144-145. (4) P. Enrique Herrera y Oria, S. J.: A propósito de la muerte de Escobedo. ¿Envenenó Antonio Pérez (el secretario de Felipe 11) al clérigo D. Pedro de la Hera? Estudio histórico basado en el proceso manuscrito que se conserva en la Universidad de Deusto (Bilbao). Con las licencias necesarias. {Escadito.) Madrid, «Razón y Fe», plaza de Santo Domingo, 14, bajo, 1913. 4.°, de 46 pá- ginas + 1 h. en b. Según la descripción que hace el P. Herrera y Oria, la parte del manuscrito que contiene este proceso consta de 175 folios, en 4.», copiados hacia la pri- mera mitad del siglo XVII. Es de lamentar que el P. Herrera y Oria no lo haya publicado integro con- tentándose con una mínima parte, pues en las cosas de Antonio Pérez y Feli- pe II cuesta tanto ver claro en muchos puntos, que siempre se han de agrade- cer aun los más tenues e indirectos rayos de luz. 302 ANTONIO PÉREZ sonas que estaban presentes. Lo cierto es que La Hera desde el punto y momento que tomó el bebedizo no volvió a hablar, ex- pirando horas después. En acabando de tomar la bebida— declara doña Juana de Ribera, que se halló presente—, «antes que el dicho secretario Antonio Pérez se apartase de la dicha cama, se le había quitado la habla al dicho licenciado Pedro de La Hera, porque nun- ca respondió más ni pudo aunque le daban voces y hacían muchas preguntas, y ansí estuvo como penando y apretada la boca sin que se la pudiesen abrir hasta las doce de la noche del mismo día, que expiró, dando un grito al mismo tiempo que expiró> (1). Este crimen lo realizó Pérez, dando por su propia mano a su amigo la quinta esencia, entre cinco y seis de la tarde del 5 de no- viembre de 1583. Resultó del proceso que ni Tovar ni Ortiz estuvieron presentes en el acto de suministrar Pérez la bebida a La Hera, siendo los dos condenados por testigos falsos «a que de la cárcel y prisión en que están sean sacados caballeros en sendos asnos de albarda, con soga de esparto al pescuezo, con voz de pregonero que manifieste su de- lito, o sean traídos a la vergüenza pública por las calles acostumbra- das de esta Villa, o vueltos a la cárcel, y de allí sean llevados a las galeras, y allí sirvan a su Majestad por galeotes al remo y sin sueldo por tiempo de diez años> (2). Esta sentencia la dio el alcalde de corte Dr. Pareja de Peralta, en 24 de abril de 159L Mignet, o. c, pág. 53, escribió que Pedro de la Hera murió de muerte natural. Como se ve, estaba más en lo cierto Cabrera de Córdoba. 6.— Muerte de Rodrigo Mangado (3) y otras. — A Rodrigo Manga- do parece que le dio la quinta esencia el escritor D. Baltasar de Ala- mos Barrientos, traductor y comentador de Tácito, grande amigo e íntimo de Pérez, que pasó en prisión muchos años. No sé si se for- (1) Herrera y Oria, o. c, págs. 19 y 25. (2) Herrera y Oria, o. c, pág. 44. (3) Mignet y otros autores escriben Morgado; pero en el proceso publicado por el P. Herrera y Oria, y en los Documentos inéditos se lee como yo he puesto. ANTONIO PÉREZ 303 inalizó el proceso de la muerte de Mangado, aunque sí consta que se pensó en ello (1). Además de las muertes de La Hera y Mangado, se atribuyeron también a efectos de la quinta esencia la de tFruca (2), oficial ma- yor y muy privado> de Antonio Pérez; la de ^Miguel Pérez*, oficial y deudo del secretario, y la de ^Campos*, su capellán, si bien este últi- mo pudo morir de una operación quirúrgica que le hicieron (3). 7. — Crimen de sodomía.— "tX P. Jerónimo de Sepúlveda dice que entre otras cosas le fué probado a Pérez ser «sohomético», crimen que las leyes de entonces castigaban terriblemente, condenando a ser quemado vivo el transgresor. Esta acusación está plenamente confirmada y no hay que pararse en probarla (4). ^.— Crimen de herejía.— Por inteligencias con Enrique, príncipe de Eearn, después Enrique IV de Francia, y haber intentado huir de las cárceles de Zaragoza, «pasándose a los herejes de Francia>, y por ciertas proposiciones malsonantes, trataron los inquisidores, en marzo de 1591, de reclamar al preso y llevarlo a sus cárceles (5). Mucho se ha declamado contra Felipe II, suponiendo que hallándo- se ya sin medios para perseguir a Pérez, y en su sed de venganza, echó mano del tremendo Tribunal. Todo es patraña. La Junta de Madrid, que deseaba el pronto castigo de Pérez, puso reparos a que la Inquisición le procesara, precisamente porque sus trámites eran largos, y porque el Rey y los miembros de la Junta veían en el Santo Oficio un estorbo para traer al secretario a Castilla. Sólo cuando los demás medios resultasen demasiado lentos o ineficaces se debía acudir a la Inquisición (6). (1) «Sobre las muertes de Mangado y de Pedro de la Era que se le han de acusar a Antonio Pérez...» Doc. inéd., XV, pág. 416. Consulta de la Junta de Madrid al Rey en 7 de junio de 1590. (2) Fuica he leído en otros documentos. (3) Herrera y Oria, o. c, págs. 27-28. (4) Véanse las declaraciones, que la decencia impidió publicar íntegras, en la Colección de Doc. inéd., XII, págs. 193-94, 226-29, 256-58 y 392. (5) Carta del marqués de Almenara, en Doc. inéd., XII, pág. 138. (6) «Estando condenado a muerte en Castilla, y habiéndose de ejecutar di- cha pena en el reino de Aragón o fuera de él, se podria sospechar que, temien- do los inquisidores de caer en irregularidad por el entregalle a los ministros reales, rehusarían de hacello por la dicha irregularidad.» Doc. inéd.y XV, pá- ginas 138-140. 304 ANTONIO PÉREZ X!.- Sentencias Escribe cl P. Jerónimo de Sepúlveda: «Entre otros cargos que le Pérez. hicieron (a Pérez) fué uno que diese cuenta de trescientos mil duca- teifcia'"*^* ^*"" dos que dejó Ruy Gómez, que era público que él los había despen- dido, y ansí en la primera sentencia que le dieron le mandaron que volviese a los herederos de Ruy Gómez los trescientos mil ducados; por lo cual le confiscaron todos sus bienes y se vendían pública- mente. >En la plazuela de Santa María los tenían y allí los guardaban guardas de noche, y siendo yo seglar los vi allí mil veces, y tenían muchas joyas y preseas... Todo se vendió a menos precio» (1). ¿Cuándo se dio esta primera sentencia? Lo ignoro; pero tuvo que ser antes de agosto o setiembre del año 1583, tiempo probable de la ida del P. Sepúlveda a la Universidad de Alcalá a proseguir sus estudios, y desde donde vino, a fines de aquel año, a este Monaste- rio de San Lorenzo, tomando el hábito de Jerónimo el 24 de enero de 1584 (2). Segundasen- Eué dada en enero o febrero de 1585, y según el manuscrito del tencia. . > j t> Mmisterio de Negocios Extranjeros de Francia, decía así: *El licenciado don Tomás Salazar, del Consejo de S. M. por la Santa y General Inquisición, Comisario general de Cruzada, etc. Atendido a que deseando S. M. saber y conocer cómo le han ser- vido sus secretarios de la Corona de Castilla, así como también la fidelidad, integridad, y celo en el ejercicio de sus ministerios y cargos, ha mandado que fueran sometidos a la visita, comisionán- donos al efecto; nosotros hemos practicado primeramente diversas pruebas y diligencias, en virtud de las cuales nos ha parecido con- veniente notificar a alguno de ellos los hechos que estaban a su car- go; cuya (sic) notificación efectuada, los hemos oído en sus justifica- ciones, y llevado así a cabo el procedimiento de la visita. S. M. ha re- suelto nombrar y ha nombrado, en efecto, varios jueces, a fin de que todos reunidos examinemos y revisemos dicho procedimiento, y fa- llemos según justicia. Y habiendo considerado así los cargos y justificaciones del secre- (1) Historia de varios sucesos, ms. de la Nacional de Madrid, 1. 1, fol. 165 r.,. publicado en La Ciudad de Dios, vol. CXV, pág. 474. (2) Véase La Ciudad de Dios, vol. CXI, pág. 361. ANTONIO PÉREZ 305 tario de Estado Antonio Pérez, dicho Pérez, después de consulta ele- vada a S. M., ha sido condenado a encierro y detención en la forta- leza que S. M. se digne señalar, por espacio de dos años y más, se- gún el Rey estime conveniente; a ser formalmente desterrado a treinta leguas de distancia de la corte por diez años; y a suspensión de sus funciones por igual espacio [de tiempo?], quedando por lo demás una y otra pena a discreción de S. M. y de sus sucesores. En dicho destierro contará el tiempo de la reclusión y arresto en la for- taleza, y en caso de infracción, la pena será doble. Además, y en los nueve primeros días siguientes, pagará, entre- gará y restituirá doce millones doscientos veinticuatro mil setecien tos noventa y tres maravedís en el modo y forma siguiente: 2.070.385 que ha recibido y le fueron remitidos a Ñapóles por cuenta de la señora doña Juana (sic) de Mendoza y de la Cerda, prin- cesa de Eboli, salvo el derecho que él pueda tener a cobrar de dicha Princesa cierto censo impuesto a sus bienes y que él dice pertenecería ítem: ocho cobertores nuevos, bordados de oro y plata sobre ter- ciopelo carmesí, recibidos de dicha Princesa, tales y tan buenos como cuando le fueron entregados, si es que no prefiere pagar por cada uno de ellos 300 ducados, reservándose el expresado Pérez el recla- mar contra la citada Princesa por la compensación que él manifiesta haberla dado. ítem: dos diamantes de estima, que parece haber recibido de di- cha Princesa, a menos que pague en cambio 200 ducados. ítem: cuatro piezas de plata labrada, provinientes de la venta del conde de Gálvez, y que ha recibido de la misma Princesa, tales y tan buenas como estaban cuando se le entregaron, o en su defecto 44.370 maravedís. ítem: una sortija con un granate, que ha recibido de la expresa- da Princesa, o en su lugar 198.750 maravedís, a fin de que todas las sumas y objetos susodichos se remitan y entreguen a los hijos y he- rederos del príncipe Ruy-Gómez, o por ellos a quien corresponda. ítem: un brasero de plata que ha recibido del serenísimo señor don Juan de Austria, tal y tan bueno como le fué dado, a menos de satisfacer en cambio 700 ducados (1). (1) Debe de haber error en la copia; probablemente diría la sentencia se- Tercera sentencia. 306 ANTONIO PÉREZ Y por otros diversos cargos y trasgresiones que resultan de la sumaria y por la misma comprobados, 7.371.098 maravedís, aplicado todo a la cámara y fisco de S. M. (1)>. No creo que esté completa esta sentencia, y el estilo me hace sospechar que no ha sido copiada fielmente; pero tal como la trae Mignet la traslado a falta de otra mejor (2). . De resultas del proceso que contra Antonio Pérez siguió la cuarta sentencia. Inquisición aragonesa, en el auto de fe de 20 de octubre de 1590, se leyó la siguiente sentencia: (1). A petición de la familia de Pérez, y en vista de los documentos presentados, demostrativos de haber muerto el Secretario cristiana- mente, la Suprema de Madrid ordenó a la Inquisición de Zaragoza revisar la sentencia anterior. Hízolo así la Inquisición zaragozana y promulgó nueva sentencia anulando la de 20 de octubre de 1592. Dice así la segunda sentencia inquisitorial: «Visto por Nos los inquisidores apostólicos contra la herética pravedad y apostasía en el reino de Aragón y su districto, los pro- cesos causados en este Santo Oficio contra Antonio Pérez, secretario que fué de Estado del Rey Felipe segundo nuestro señor: el primero causado hasta veinte de octubre de mil y quinientos y noventa y dos, que se dio y se pronunció la sentencia de relajación contra él; y el otro causado desde veinte y cuatro de noviembre de mil y seis- cientos y once, en que consta por el dicho proceso haber deseado presentarse el dicho Antonio Pérez en este Santo Oficio, que des- pués se ha seguido por sus hijos y herederos que después de difunto han salido a la defensa de su memoria y fama: habiendo habido so- bre ello nuestro acuerdo y deliberación con personas de letras y rectas conciencias: Christi nomine invocato: Fallamos atento los nuevos autos del dicho proceso, que debemos de revocar y revocamos la dicha sen- tencia dada y pronunciada contra el dicho Antonio Pérez, en todo y (I) Z>oc. wécf.,Xll,págs. 558-561. 310 ANTONIO PÉREZ por todo, como en ella se contiene. Y declaramos deber ser absuelta su memoria y fama, y que no le obste a sus hijos y descendientes del dicho Antonio Pérez, el dicho proceso y sentencia de relajación para ningún oficioso honroso, ni deberles obstar a los dichos hijos y descendientes lo dicho y alegado por el fiscal desta Inquisición contra su limpieza. Y por esta nuestra sentencia definitiva juzgando^ así lo sentenciamos, pronunciamos y mandamos pro iribunali seden- do. El doctor Miguel Santos de San Pedro. El doctor don Juan Del- gado de la Canal. El licenciado don Fernando de Valdés y Llano (1).» Fué dada esta sentencia en Zaragoza a 16 de junio de 1615. P. Julián Zarco. (Continuará.) o. s. a. (1) Doc. inéd., XII, págs. 568-69; Cabrera de Córdoba: Felipe segundo, IV, págs. 292-293. CATALOGACIÓN DE CÓDICES El P. Zacarías García Villada, S. J., que ya es bien conocido como autorizado historiógrafo y competente catalogador de códices y documentos, acaba de publicar una nueva obra de indiscutible importancia, referente a los códices de la catedral de León (1). Para los que conozcan en su verdadero valer este género de estudios, que por fortuna ya van siendo muchos en España, sobra todo elogio que pudiéramos hacer de nuestra parte acerca de esta obra, pues por sí mismos pueden apreciar debidamente su valor y saben la prepara- ción que para empresas de esta índole se necesita. La publicación de esta clase de catálogos es necesaria de todo punto; es el único modo seguro de que todos puedan llegar a conocer con precisión los códices, documentos y libros que se guardan en las bibliotecas y archivos, y además son un guía para emprender con acierto estu- dios y trabajos, economizando también mucho tiempo. Sin ellos es aventurado intentar hacer algo definitivo en cualquier ramo de la historia humana. Todavia, sin embargo, se ha hecho muy pocj en España por dar a conocer los tesoros literarios que se conservan en nuestras biblio- tecas y archivos, y por eso está a medio hacer la historia interna principalmente y en gran parte la externa de nuestros antepasados. Se han desvanecido ya muchas leyendas que corrieron como histó- ricas, hasta en descrédito nuestro, j^ropaladas y fomentadas incons- ciente o malévolamente por algunos españoles y por muchos ex- tranjeros; pero todavía queda mucho que esclarecer y depurar. En (1) Catálogo de los Códices y Documentos de la Catedral de León, por Zaca- rías García Villada, S. J. Madrid, Imprenta Clásica Española, 1919. En 4.® ma- yor, de 259 páginas. 312 CATALOGACIÓN DE CÓDICES estos últimos años se ha visto más palpablemente la conveniencia y necesidad de los catálogos, dando ocasión a bastantes monografías históricas que bien pueden pasar como modelos y compararse con ventaja a las mejores que han publicado los extranjeros, y desper- tando el amor y el entusiasmo en los jóvenes por conocer y estudiar nuestras grandezas pasadas. Al conocimiento de nuestras bibliotecas y archivos se ha de atribuir en gran parte este renacimiento literario e histórico que presenciamos. Afortunadamente para todos, pronto tendremos en nuestra na- ción, es muy halagüeña esperanza, catálogos buenos de las bibliote- cas y archivos civiles encomendados al Cuerpo de Archiveros, Bi- bliotecarios y Anticuarios, cuya competencia y laboriosidad son generalmente reconocidas. En llenar con gloria esa misión está tra- bajando dicho Cuerpo con la más generosa solicitud, y bien puede asegurarse que su obra honrará a España. Las Instrucciones que ha publicado para la catalogación científica de códices, documentos e impresos, y a las que todos se ajustarán en el procedimiento, son garantía de la bondad y exactitud de su trabajo. Todos deseamos que cuanto antes podamos contar, como ocurre ya en otras nacio- nes, con catálogos que nos den a conocer la riqueza histórica, cien- tífica y literaria que aún permanece oculta y que se halla puesta bajo la administración y tutela del Estado. También la Iglesia en España, como lo ha hecho siempre, con- tribuye ahora al conocimiento y divulgación de los tesoros históri- cos, literarios y artísticos que guarda con amor en las bibliotecas y archivos de sus catedrales, parroquias y monasterios. Prueba de ello es que en todos los Cabildos figura con nombramiento oficial un canónigo archivero dedicado más especialmente a trabajos de cata- logación. Como iniciativa favorabilísima para tales estudios debe mencio- narse la preciosa circular que, con fecha 21 de Junio de 1914, diri- gió el actual dignísimo Nuncio de Su Santidad, monseñor Ragonesi, a los eminentísimos señores cardenales y a los excelentísimos y re- verendísimos arzobispos y obispos de España. Merecía la pena de reproducirla aquí íntegra, pero por no alargar este artículo, nos con- cretaremos a lo que toca más directamente con nuestro objeto. Después de indicar en síntesis lo que la Iglesia ha hecho para el CATALOGACIÓN DE CÓDICES 313 tnás espléndido florecimiento de las Bellas Artes, desde los prime- ros tiempos hasta la época del Renacimiento, dice monseñor Rago- nesi: «Pero en grado más alto, si cabe, son deudoras al Catolicis- mo las ciencias históricas; la Iglesia conservó en los subterráneos de las Catacumbas, en las bibliotecas de sus monasterios y las inscrip- ciones de sus templos el recuerdo de los más importantes suce- sos; ella iluminó el criterio de los historiadores, brindándoles es- tímulos, aplausos y magníficas recompensas; ella cuenta entre sus hijos una serie no interrumpida de varones eminentes por sus estu- dios sobre los acontecimientos humanos, desde Ensebio de Cesárea, el biógrafo de Constantino, en el siglo IV, hasta Pastor, famoso his- toriador de los Papas en nuestros días; ella inició con San Agustín y perfeccionó con Bossuet y con nuestro gran Raimes la Filosofía de la Historia, que sintetizando los acontecimientos, explica cómo la Humanidad se mueve y Dios la conduce por caminos admirables a sus providenciales destinos.» Se fija después en el diorama artístico de la Iglesia española y exclama: «¡Cuánta riqueza de pinturas, es- culturas, encajes, orfebrería y filigranas! ¡Cuánto acopio de pergami- nos, códices, incunables y vitelas! ¿No hablan con harta elocuencia todos esos tesoros artísticos y documentos históricos que son admi- ración de los doctos y legítimo orgullo vuestro?» «Ahora bien — dice después—, si el clero español, por las condi- ciones económicas en que hoy vive, no puede, sino con grandes sa- crificios, acrecentar ese espléndido regalo de la piedad cristiana, pue- de fácilmente y debe, a todo trance, conservarlo y transmitirlo avara e íntegramente a las generaciones venideras. Están en ello interesadas la religión, la patria, la ciencia y las ar- tes; en ello está interesado el Sumo Pontífice Pío X, que mira con singular complacencia cuanto exalta y ennoblece a esta católica na- ción; en ello está interesado de un modo especialísimo Su Majestad el Rey, que tanto se desvela por el brillo y engrandecimiento de su querida patria. ¿Y sería posible que a tantos intereses no correspondiesen los ministros del Santuario y diesen así pretexto a los calumniadores de la Religión para señalarlos como negligentes poseedores de los ilus- tres títulos y blasones de su grandeza?... No; el virtuoso y esclarecido Clero español, en quien es tradi- 314 CATALOGACIÓN DE CÓDICES cional el amor a todo lo que es propia y genuinamente bello, como a todo lo que es verdadero y bueno, no quedará atrás en la honrosa lid por la cultura y la civilización, y en cuanto pueda emulará los luminosos ejemplos de sus preclarísimos antecesores. Sin embargo, a fin de que para la más escrupulosa conservación de tan rico patrimonio ningún medio falte, parece oportuno sancio- nar esas naturales disposiciones del Clero con el sello de un particu- lar precepto. Por tanto, en vista de las razones que acabamos de indicar, en virtud de la autoridad que Nos ha otorgado benignamente el Sumo Pontífice, y secundando las altas aspiraciones de Su Majestad Cató- lica, hemos venido en prescribir y ordenar, como en efecto prescri- bimos y ordenamos al Clero secular y regular las normas si- guientes: 1.* Todos los objetos de valor artístico o histórico, pertenecien- tes a entidades eclesiásticas, serán custodiados con el mayor esmero, como depósito sagrado. 2.^ Ni aun los que a primera vista parecieren insignificantes po- drán ser conmutados ni vendidos bajo ningún pretexto. 3.* Si para remediar necesidades perentorias fuera preciso ven- der o conmutar alguno de esos objetos, la venta o conmutación no podrá efectuarse sino con el previo permiso escrito de la competente autoridad eclesiástica, la cual no lo dará sin plena garantía de que no han de ser exportados a territorios extranjeros. 4.^ Ni en los indicados objetos ni en los edificios eclesiásticos se practicarán restauraciones sin dictamen de personas peritas y sin la seguridad de acertada ejecución. 5.^ Los rectores y administradores de edificios eclesiásticos ha- rán exacto inventario de todos los objetos preciosos y documentos históricos confiados a su cuidado, y remitirán copia de él a sus res- pectivos Prelados. 6.^ Como los archivos capitulares y aun parroquiales poseen có- dices y documentos importantes, se facilitará en lo posible su estu- dio, pero siempre con las debidas cautela y precauciones. A fin de que todos los eclesiásticos se encuentren en las mejores condiciones de apreciar el valor de los tesoros confiados a su custo- dia, encarecemos la conveniencia de iniciarles en los estudios de ar- CATALOGACIÓN DE CÓDICES 315 queología y paleografía, como se hace ya con gran provecho en va* ríos Seminarios. Encarecemos también a los sacerdotes que, después del escrupu- loso ejercicio de su sagrado ministerio, dediquen parte de su tiempo libre y de su actividad al estudio de las curiosidades históricas y ar- tísticas de sus templos y archivos, y las transmitan oportunamente a las respectivas Curias episcopales para que, salvadas del olvido pe- ligroso con su publicación en Memorias, folletos y Boletines dioce- sanos, contribuyan al incremento de la cultura nacional. De esta manera el Clero español, tan celoso como patriota, a los insignes méritos que tiene contraídos para con su amado pueblo, añadirá el de concurrir al progreso histórico y artístico, y se hará cada día más acreedor a la estimación y afecto de sus conciudadanos y de cuantos en el mundo se precian de ilustrados, para gloria de Dios, honra de la Iglesia y lustre de la nobilísima Nación española.> Se ha de reconocer que ya antes y siempre han sido celosos en el cumplimiento de su oficio los canónigos archiveros, pero desde la comunicación de esta circular se ha trabajado más activamente en los catálogos de las bibliotecas y archivos de nuestras catedrales y parroquias. Algunos ya están terminados y acomodados a las reglas críticas que hoy se exigen para esta clase de estudios, pero hace falta publicarlos; así puede y debe llegar más fácilmente a todos el conocimiento de tales tesoros para su provecho, y servir a la vez de práctica demostración de lo que el Clero ha hecho y hace por la cul- tura contemporánea. Es de esperar que dentro de pocos años ten- dremos ya publicados los catálogos de todas las catedrales españolas a semejanza del Catálogo de los Códices y Documentos de la Catedral de León, mandado redactar por su actual ilustrísimo señor Obispo Dr. D. José Álvarez Miranda, al P. Zacarías García Villada, y de mu- chas parroquias, como lo ha hecho el Lie. Juan Albizu, en su Inven- tario del Archivo y Fundación, Reglamento y Catálogo de la Biblioteca en la Parroquia de San Pedro de Oliie (Navarra), que acaba de pu- blicar. Aunque no tanto como el Estado, la Iglesia española guarda y conserva en sus archivos una gran riqueza histórica, literaria y ar- tística. 316 CATALOGACIÓN DE CÓDICES Mucho se ha discutido entre los bibliógrafos sobre las condicio- nes que debe reunir un catálogo rigurosamente científico: «El fin de un catálogo de códices, dice el P. García Villada (Metodología, pá- gina 117), no es la publicación de los textos en ellos encerrados, sino el hacer una descripción sumaria del contenido y del estado en que se encuentran esos mismos códices». Y en otra parte (Razón y Fe, XL, 475): «El catálogo de todos estos manuscritos e incunables tiende a llenar dos fines: uno, el ayudar a su conservación, evitando el que se pierdan, sean robados o mutilados, y otro el servir de guía a los investigadores. Para que este doble fin se consiga, ha de ser lo más completo posible, pero sin exceso, absteniéndose de discusiones y notas críticas inútiles». Podíamos transcribir aquí otros testimonios de autores extranjeros acerca del actual concepto científico de un catálogo de códices y documentos. Más adelante verá el lector nues- tro parecer acerca de esto. Algunas veces hemos visto que ciertos críticos, fundándose en lo que nuestro Menéndez y Pelayo dice de lo que debe ser la Biblio- grafía, juzgan desacertadamente acerca de los catálogos de códices y documentos que en estos tiempos se publican, así como otros es- critores, creyendo seguir aquella misma inspiración, vienen a salirse de las reglas generales y comunes que han de regir científicamente los modernos estudios de catalogación. Copiaremos aquí, aunque resulte un poco larga, la nota del gran maestro: «Acúsase con fre- cuencia a la Bibliografía por los extraños a su cultivo, de ciencia ári- da e indigesta, de fechas y de nombres, superficial y pesada al mis- mo tiempo, como que sólo fija la atención en los accidentes externos del libro, en la calidad del papel y de los tipos, en el número de las hojas, y limita sus investigaciones a la portada y al colofón, sin cui- darse del interior del volumen, que para ella suele estar cerrado como el de los siete sellos. No ha de negarse que hay hartos bibliófilos (si tal nombre merecen), acreedores a ésta y aun a otras más acres y no menos fundadas censuras; y en verdad que se duda a veces entre la risa y la indignación al ver a ciertos monopolizadores de libros estimar el mérito de los trabajos por su mayor o menor escasez en el mercado, despreciando, verbigracia, los clásicos griegos y latinos porque se encuentran a todas horas, en cualquier forma y en varie- dad de ediciones, al paso que dan suma importancia a los tratados CATALOGACIÓN DE CÓDICES 317 dt Jineta, de esgrima, de cetrería, de tauromaquia, de heráldica o de arte de cocina, por raros y difíciles de encontrar en venta. Y produ- ce, ciertamente, triste impresión la lectura de muchos catálogos bibliográficos, cuyos autores para nada parecen haber tenido en cuenta el valor intrínseco de los libros, fijándose sólo en insignifican- tes pormenores, propios más de un librero que de un erudito. Pero no es ese el verdadero procedimiento del bibliógrafo ni puede lla- marse trabajo científico, sino mecánico, el descarnado índice de cen- tenares de volúmenes cuyo registro externo, arguye, a lo sumo, di- ligencia y buena fortuna, nunca dotes intelectuales ni saber crítico. Y la crítica ha de ser la primera condición del bibliógrafo, no porque deba éste formularla con todo el rigor del juicio estético y de la apre- ciación histórica diestramente combinados, sino para que sepa indi- car de pasada los libros de escaso mérito, entresacando a la par cuanto de útil contengan, y detenerse en las obras maestras, apun- tando en discretas frases su utilidad, dando alguna idea de su doc- trina, método y estilo; ofreciendo extractos si escasea el libro; repro- duciendo íntegros los opúsculos raros y de valor notable, y añadien- do sobre cada una de las obras por él leídas y examinadas, un juicio no profundo y detenido como el que nace de largo estudio y atenta comparación, sino breve, ligero y sin pretensiones, como trazado al correr de la pluma por un hombre de gusto; juicio espontáneo y fresco (si vale la expresión), como que nace del contacto inspirador de las páginas del libro; impresiones vertidas sobre el papel con can- dor e ingenuidad erudita; ¡que obra más útil a la par que delicioso, es un catálogo bibliográfico redactado de esta manera! Así concebi- da la Bibliografía es al mismo tiempo el cuerpo, la historia externa del movimiento intelectual y una preparación excelente e indispen- sable para el estudio de la historia interna. Los registros de obras hechos sin estas condiciones serán útiles como son los catálogos de editores y libreros, pero no serán trabajo de literato, sino de mozo de cordel; no llamemos a sus autores bibliógrafos, sino acarreadores y faquines de la república de las letras.^ (La Ciencia Española, pági- nas 47-49 del tomo I de la 3.^ edición.) A primera vista se comprende que este concepto del incompara- ble maestro Menéndez y Pelayo acerca de la Bibliografía no se debe ni puede aplicar hoy a los catálogos de códices y documentos. Apar- 318 CATALOGACIÓN DE CÓDICES te de que no es ese su legítimo fin, sería más fácil redactar así un catálogo, aunque siempre expuesto a equivocadas e inútiles aprecia- ciones literarias por ser personales. En nuestra opinión no debie- ran intercalarse notas cortas o amplias extraídas del contenido del códice, ni apreciaciones personales del catalogador, salvas excepcio- nes rarísimas, porque con ello se rompe la unidad y el catálogo está fuera de su justo concepto. El juicio literario toca ya al estudiante No puede el catalogador emitir un juicio acertado por la diversidad de materias, de autores, etc. Solamente se podría hacer con un corto número de códices que versaran acerca de igual o parecida materia, pero entonces más que un catálogo sería un estudio de ellos. Es ex- puesto a no acertar en la importancia objetiva del texto de los códi- ces si en unos se ponen notas críticas de su valor literario y en otros no, pues las preferencias dependen en este caso de las aficiones, del gusto, de la competencia del catalogador, quedando otros códices sin tales notas, que a juicio de muchos las merecían mejor. Ha de evitarse también ilustrar el catálogo con otra clase de notas, que a primera vista deslumbran, pero que son inútiles y a veces hasta ri- diculas. Así sucede, para poner un ejemplo con el Catálogo redacta- do por el señor Gutiérrez del Caño, en tres tomos, de los códices de varias bibliotecas de Valencia, que ha hecho una corta biografía de cada autor, y quiere registrar los códices del mismo texto que se conservan en otras bibliotecas y todas las ediciones que se han pu- blicado. Como el Catálogo es general, en él aparecen códices bíbli- cos, de los Santos Padres, de los escritores clásicos, etc., y de todos estos autores existen biografías amplísimas y completas, que en nada suplen las pocas líneas que en dicho Catálogo se les dedican. Dados los progresos a que han llegado los estudios de cataloga- ción, no basta registrar los títulos de los códices y documentos en la forma en que aparecen. Eso sería hacer un simple inventario que, aunque útil, no daría a conocer en algunos casos el verdadero tesoro de una biblioteca o de un archivo. Pocas bibliotecas y archivos ca- recerán de invéntanos de esta clase hechos ya en el tiempo de su fun- dación o poco después. La experiencia y la revisión que de algunos inventarios se ha hecho, demuestra lo que acabamos de decir. No obs- tante aquellos inventarios respondían al estado de la crítica de aque- llos tiempos, y son muy de estimar. CATALOGACIÓN DE CÓDICES 319 El catalogador ha de comprobar que el título y el autor consig- nados en el códice son verdaderos, pues ocurre en muchos casos que necesita rectificación. Por algún error del copista se cambió el nombre del autor y el titulo, o por creerlo así el director del escrito- rio le atribuyó una obra que no es suya, y después, en copias poste- riores se fué perpetuando dicho error. Esto ocurre con alguna fre- cuencia en códices de la Edad Media. Si está ya críticamente demos- trado el error, entonces el catalogador ha de poner el verdadero título y el verdadero autor en paréntesis cuadrado y dejar consignada la rúbrica del códice. Ocurre también a veces que en el códice falta el nombre del autor por no conocerle el copista, o porque era con- siderada entonces como obra bien conocida, o porque el mismo autor no le puso o por otras causas. El catalogador debe averiguar el nombre del autor, valiéndose de los Aparatos bibliográficos o de los Estudios de crítica e historia literarias, ya publicados o de otros modos y hacerle constar en el Catálogo. Más difícil es averiguar el título y autor de un códice cuando está falto de principio y de fin, como se dan varios casos; y es obligación del catalogador trabajar lo que pueda en la identificación de tales códices, y evitar así sospe- chas imaginarias a futuros investigadores. Débese hacer un cotejo con el texto mejor publicado, no para anotar variantes de más o me- nos consideración, que ese no es el fin del catalogador, sino para saber si el códice tiene lagunas o adiciones importantes, de tal modo, que pueda ser como un texto nuevo; y en este caso se debe hacer cons- tar, pues da o quita valor al códice en manera notable. También ha de consignar el catalogador si está publicado el texto del códice, citando a ser posible la edición crítica, si es que se ha hecho, o la última edición, o la edición en que se ha utilizado el mismo códice; así se da una base segura a cuantos en adelante quieran estudiar o utilizar los códices. Todo esto presupone en el catalogador una pre- paración muy amplia y profunda, y es lo que da al catálogo un ca- rácter rigurosamente científico y como hoy exige la crítica literaria. Sujetarse materialmente a lo que dan de sí los códices, es repetir más o menos extensamente los inventarios antiguos. Cuando el códice contiene una colección de sermones, epístolas, etcétera, aunque sean del mismo autor, no basta consignar sola- mente en el catálogo el ¿nc. de la primera y el expl. de la última 320 CATALOGACIÓN DE CÓDICES como dice el P. García Villada en su preciosa obrita Metodología^ página 120. Así no queda internamente descrito el códice. No ocu- rre con los códices lo que con los impresos, los cuales, siendo de una misma edición, todos tienen el mismo orden y el mismo núme- ro de sermones, epístolas, etc. En los códices hay mucha variedad^ unos contienen el mismo número de sermones y epístolas y con el mismo orden y otros no. Contribuye también el especificarlos para averiguar la familia de cada códice, además de dar a conocer con exactitud su contenido. Por eso creemos que deben registrarse indi- vidualmente los sermones y epístolas de dichas colecciones. Es muy importante también consignar en el catálogo todos los trabajos que se hayan hecho acerca de los códices para orientar y economizar tiempo a los investigadores, y aportar materiales para su historia. Más fácil es la descripción externa de los códices, y tiene tam- bién su capital importancia, porque fija e individualiza a cada uno de ellos; sobre todo, cuando no lleva suscripción, ha de indicarse el carácter de la escritura para poder conjeturar la escuela paleográfica a que pertenece, o el escritorio en que se ha ejecutado, o la nación de su origen. Por si son de alguna utilidad véanse el modo y reglas generales que hemos seguido en la redacción del Catálogo de los códices lati- nos de la Real Biblioteca del Escorial: «La descripción de los códices consta de tres partes: 1.^ En letra pequeña se consigna la materia del códice; si está a dos columnas; tiempo en que se escribió y medida en milímetros. 2.* Se pone un sumario con los nombres de los autores y obras que contiene el códice. Después, indicando los folios, se transcribe, conservando su ortografía, el título de cada obra, y se copia el inc. y des. Cuando contiene obras de distintos autores, van separadas en párrafos con números romanos; y si hay varias obras del mismo autor, van en el mismo párrafo con números árabes. Si el códice está equivocado, o no tiene nombre de autor o título de la obra, van añadidos estos entre paréntesis cuadrado. Después de cada obra, entre paréntesis circulares, se indican la edición o colección en que se encuentra publicada. 3.* En letra pequeña se consigna si el códice tiene miniaturas; CATALOGACIÓN DE CÓDICES '321 las notas del copista y del poseedor; si tiene escudo de armas; si lleva adiciones marginales o correcciones, clase de encuademación; signaturas que ha tenido en la Biblioteca del Escorial y algunas otras circunstancias dignas de tenerse en cuenta.» (Tomo I, pág. LV.) * * La autoridad de que justamente goza el sabio jesuíta P. García Villada, como dije al principio, es ya garantía de la bondad y exac- titud del Catálogo de los Códices y Documentos de la Catedral de León, que acaba de publicar. En la introducción (págs. 9 a 29) hace una precisa reseña de los trabajos de catalogación realizados con más o menos acierto desde fines del siglo XII hasta las Noticias bibliográficas y catálogo de los códices de la Sta. Iglesia Catedral de León, que redactaron y publica- ron en 1888 D. Eloy Díaz Jiménez y él austriaco D. Rodolfo Beer; y de los estudios varios, en los que se han utilizado de modo nota- ble los códices y documentos de dicha Catedral, sobresaliendo entre todos los tomos XXXIV, XXXV y XXXVI de la España Sagrada y La Iglesia de León y Monasterios antiguos y modernos de la misma ciudad, del agustino P. Risco. Da cuenta después de los trabajos materiales preparatorios hechos en el salón y estantería de la biblio- teca y archivo, y «paralelamente a estos trabajos emprendimos nos- otros la labor de reorganización que se nos había encomendado. Esta había de abarcar cuatro operaciones, a saber: clasificación, nu- meración, colocación y catalogación de los documentos». Extracta la sumaria historia de la biblioteca que publicaron los Sres. Díaz Jimé- nez y Beer, y que data del año 860, en que el rey Ordoño I conce- dió al obispo Fruminio I y demás monjes de Sta. María y S. Cipria- no ciertos lugares sagrados en Asturias con sus posesiones y bienes, entre los que se contaban ornatus Ecclesiae, libros, etc. Presenta a continuación los códices más notables y preciosos que actualmente posee la biblioteca, como el famosísimo Palimpsesto, que contiene cuatro quintas partes de la Lex Romana Wisigothorum, el Antifo- nario muzárabe con música, que hasta ahora es inédito y único; una Biblia escrita el año 920 por el diácono Juan; el Liber Comicus; el llamado Libro de las estampas, etc. 322 CATALOGACIÓN DE CÓDICES «Otra de las riquezas de la Catedral de León la constituyen los documentos del Archivo. Estos son numerosísimos. Sólo en perga- minos tiene unos 1.800... Pero si este depósito de pergaminos es valiosísimo por su número, aún lo es mas por su calidad. Aquí se encuentra la escritura en pergamino mas antigua de que se tiene noticia en España. Es la del rey Silo de Asturias del año 775... Tam- bién posee el Archivo de la Catedral de León el sello mas antiguo de los que se conocen, aunque por desgracia está roto. Es de cera y pende de un privilegio de Alfonso IV al Obispo y Canónigos de Santa María, hecho en 1098.* Cree también el P. García Villada que una Nodicia de Kesos que se encuentra al dorso de un documento perteneciente al Monasterio de S. Justo y Pastor, del año 959, sea el documento más antiguo de cuantos hay memoria en lengua ro- mance. En la descripción de los códices, que son 53 (págs. 31 a 70), si- gue el P. García Villada, en general, el mismo método de la Biblio- theca Patrum Latinorum Hlspaníensis, de Viena, cuya continuación le fué encomendada por aquella Academia, y de la que ha publicado ya el catálogo de los códices de Ripoll. No obstante, acaso por el corto número de códices o por no parecerle de importancia o por que supone en el lector su conocimiento, en varios de ellos no indi- vidualiza todos los tratados, ni los identifica, ni remite a ninguna edición. Por ejemplo, creemos que en el número 1 debían registrar- se todas las Constituciones de Obispos que contiene; en el 6, los prólogos y argumentos de cada libro de la Biblia; en el 8, las homi- lías de S. Gregorio, y así en otros códices. El núm. 16 contiene una ohidi— Liber eruditionis Principum—át Fr. Guillermo Peraldo, O. P., y no se identifica en el catálogo, y lo mismo ocurre en otros códices. Son contadísimas también las veces en que se consigna la edición impresa. Dada la reconocida competencia del P. García Villada hu- bieran quedado definitiva y científicamente catalogados todos los có- dices que posee la catedral de León si hubiera practicado con exac- titud las normas que él mismo prescribe en su Metodología para la catalogación de códices. La segunda parte del catálogo contiene la descripción de los do- cumentos (págs. 71 a 229), y está dividida en tres secciones: Fondo particular, Fondos de Monasterios y Fondo de la Catedral, que a la CATALOGACIÓN DE CÓDICES 323 vez están subdivididas en varios apartados. El procedimiento que si- gue es el corriente, a saber: Un sumario del contenido del documento y después en letra más pequeña su descripción externa. De seguro que muchos de los documentos están ya publicados, pero el P. Gar- cía Villada no lo consigna. Esta nota hubiera sido de gran utilidad. Dice en la Introducción (pág. 29): «En la documentación posterior al siglo XVI se ha suprimido la descripción externa, que a nada con- duce, salvo raras excepciones», y lo repite después al comenzar el registro de dichos documentos que están comprendidos desde el nú- mero 1.801 al 11.040. Creemos que debía haber unidad rigurosa en el catálogo. Es relativa la importancia de los documentos; para unos pueden tener mucha y para otros poca o ninguna. El catalogador debe dar de todos una descripción completa. Tampoco están bien especificados, y por eso no puede esta parte del catálogo servir de guía a los investigadores, que es uno de los fines principales que se ha de pretender. Ciertamente que hubiera engruesado algo el volu- men, pero es trabajo que debe hacerse, para que así toda la docu- mentación que posee el archivo riquísimo de la catedral de León quede también definitivamente catalogada. Después inserta tres índices útilísimos: uno de autores y de mate- rias de la primera parte (págs. 231 a 32) y dos de la segunda parte, índice de personas (págs. 233 a 241) e ináizt geográfico y de algunas materias (págs. 243 a 259). Enriquece el catálogo al fin con varias reproducciones en fotograbado del archivo y de algunos códices y documentos. Para terminar, transcribiremos lo que el mismo P. García Villada dice acerca de la importancia y valor de la biblioteca y archivo de la catedral de León: «Con esta documentación ala vista se pueden hacer estudios paleográficos sobre la escritura visigoda, su deriva- ción de la cursiva romana, su época de florecimiento y su sustitu- ción por la escritura francesa. El diplomático encuentra aquí abun- dante números de diplomas particulares y reales, pues además del rey Silo, de Asturias, están representados todos los reyes de León y de Castilla, desde Ordoño II hasta el siglo XVÍ en sus donaciones y y privilegios... Pues para las instituciones jurídicas hay en estos per- gaminos noticias que en vano se buscarían en otras partes. El nota- riado, que es una de las manifestaciones de más significación en la 324 CATALOGACIÓN DE CÓDICES vida corporativa de los pueblos, aparece ya a principios del siglo X.., Actualmente se está estudiando con ahinco el dialecto leonés, y cree- mos que difícilmente habrá una colección de documentos tan enca- denada, tan genuinamente leonesa y tan abundante como la presen- te... El archivo de la Catedral de León es también muy rico en sellos rodados, de cera y de plomo, y por lo mismo de gran interés para la sigilografía». Felicitamos cordialmente al Iltmo. Sr. Obispo de León por su iniciativa y esplendidez en secundar los deseos del Excmo. Sr. Nun- cio en España, tan amante de nuestras riquezas históricas y artísti- cas, y al P. García Villada, incansable trabajador, por dar a conocer para provecho de todos aquellas riquezas con la autoridad y com- petencia con que él puede y sabe hacerlo. Ojalá sirva de ejemplo y estímulo para que pronto tengamos parecidos catálogos de las bi- bliotecas y archivos de todas nuestras catedrales. P. Guillermo Antolín o. s. A. NOTAS DE INFORMACIÓN ñcerca de estudios chinos. Instaurare omnia ¿n Chrísto, Tal fué el lema del inmortal pontífice Pío X, de feliz recordación, y tal es y ha sido siempre el lema del misionero católico cuyos triunfos no consisten en ser coronado con guirnaldas de un mundo efímero, falaz y engañador, sino en la conversión de los pecadores y propagación del reinado del Sacratísimo Corazón de Jesús en los países infieles e idólatras. Grato, gratísimo y consolador es para la Iglesia, rodeada de continuo de mortales enemigos y de cristianos fríos e indiferentes cuya conducta acibara su maternal corazón, contemplar desde la cúpula del Vaticano esa falange de amantísimos hijos que, en alas de una fe ardiente y sin otras armas que el breviario y el santo crucifijo, caminan de un confín a otro del mundo y recorren países ignotos llevando por doquier el amor a Dios y al prójimo, la fe y la esperanza, el patriotismo y la instrucción, la cien- cia y la vida a seres desgraciados sumidos en repugnantes idolatrías. Esta es la labor del misionero católico y este es el timbre de gloria que con razón ostenta la Orden Agustiniana de cuyos floridos vergeles ha sali- do ese grupo de almas enamoradas, admiración de sus hermanos, y que, al contacto del ardentísimo corazón del gran Obispo de Hipona, San Agustín, encontraron el mundo civilizado pequeño para su celo de apósto- les, logrando abrirse paso en el inmenso territorio de China desde época muy remota, habiéndoles señalado la Iglesia por campo de acción el dilata- do de Hunan Septentrional. Es, en verdad, labor prolongadísima y heroica la del catequista, pues abarca muchos sufrimientos y privaciones, más un cultivo incesante de la viña ingrata confiada a sus cuidados; pero hay almas hermosas que, a sus trabajos de evangelización, no han vacilado en añadir otros muy meritísi- 326 NOTAS DE INFORMACIÓN mes, consagrando los frutos copiosos de su experiencia y perseverante estudio al allanamiento de la senda que han de seguir los elegidos por Dios para el ministerio de la salvación de las almas en el dilatado campo de China. En este honrosísimo número me cabe hoy la satisfacción inmensa de contar a mi muy amado maestro de chino, Rev. P. Agustín González» Veinticinco años ha que la vida del P. Agustín se desliza oculta y tranqui- la siendo luz de las almas que bogan en el proceloso mar del paganismo, amigo y padre cariñoso que tiende su mano bienhechora al infeliz necesi- tado que implora su socorro, paño de lágrimas al corazan doliente, y mi- nistro de Dios que conduce las almas al cielo, puerto anhelado de eterna salvación. La labor evangélica del P. Agustín es abundantísima; pero, a su labor de misionero ha añadido otra muy meritoria ante Dios y ante los hombres: la de facilitar los medios para la propagación de la fe en estos países, llenando el vacío inmenso que ha tiempo se venía sintiendo en China, y que era para el misionero tarea muy ardua, viéndose obligado a estudiar el idioma chino sin guía alguno o con gramáticas que no se amol- daban al lenguaje que se usa en esta provincia de Hunan, ni estaban es- critas en castellano que es la lengua propia y familiar de los misioneros agustinos. A obviar estas dificultades en la propagación del reinado de Je- sús en los corazones, consagró el P. Agustín sus desvelos y experiencia de muchos años, cuyo eficacísimo y hermoso fruto ha sido su Gramática Chino-Española, obra reconocida por los críticos como «un acontecimien- to literario de los que se ven pocos de tanta importancia durante una cen- turia» y que ha merecido los más sinceros elogios de la Santa Sede. Ya en carta fechada en Roma el 5 de Marzo de 1918, el Emo. Cardenal Prefecto de Propaganda Fide, felicitaba a nuestro actual señor Obispo R. P. Ángel Diego, por los progresos de nuestras misiones, y al R. P. Agustín Gonzá- lez por su Gramática Chino- Española] pero la carta que se acaba de reci- bir de la Sagrada Congregación de Propaganda Fide dirigida a nuestro P. Procurador en Roma, y que nos complacemos en publicar en nuestra revista La Ciudad de Dios, es la más alta recompensa al trabajo del hu- milde misionero por venir de la Santa Sede, única Madre tierna que en este mundo contempla y bendice a sus buenos hijos. El contexto de la carta con su traducción, es como sigue: NOTAS DE INFORMACIÓN 327 S. CONOREGAZIONE DE PROPAGANDA FIDE Roma, 28 Febbraio, 1919. In esecuzione degli ordini di questo Emo. Cardinale Prefeito delta S. Congregazione de Propaganda, il sottoscríto Segreiario, esterna alia P. V. i süoi seniimenii di gratitiidine per l'omaggio preséntalo nel passa- to mese di Gennaio, della grammatica Cino-Spagnola pubblicata dal P. Agosiino González, missionario nelCHanan Sett. La incarica inoltre de voler pariecipare al sunnominaio Padre che questo Emo. Cardinale Prefetio, si congratula con lui per il bel laboro compiulo e lo incoraggia a continuare a metiere a profíiio dei suoi con - nazionali le profonde cognitioni della lingua ciñese che egli ha acquista- ío vivendo in missione; con la speranza che sia anche questo un mezzo per atrarre con eficacia verso deW inmenso popólo Ciñese Vinter essamen - to della benemérita nazione spagnola. Lo scribente poi con sensi diperffeita suma si conferma De V, P. Rma. Yermo. Servo, C. Laurenti, Segr. /?. P. Giusseppe Prada, Procuratore degli Agosiiniani. TRADUCCIÓN S. CONGREGACIÓN DE PROPAGANDA FIDE Roma, 28 Febrero de 1919. En cumplimiento de las órdenes del Emo. Sr. Cardenal Prefecto de la S. Congregación de Propaganda Fide, el infrascrito Secretario le manifies- ta a V. P. sus sentimientos de gratitud por el regalo que le hizo en el pasa- do mes de Junio, de la Gramática Chino-Española, escrita por el M. Re- verendo P. Agustín González, misionero de Hunan Septentrional. Le encarga y ruega además que participe a dicho Padre misionero, que el Emo. Cardenal Prefecto se congratula con él por el hermoso trabajo que ha llevado a cabo, y le anima a continuar sus tareas y a poner a disposi- ción y provecho de sus connacionales los profundos conocimientos de la lengua china que ha adquirido viviendo en la misión; con la esperanza 328 NOTAS DE INFORMACIÓN también que sea esto un medio de atraer con más eficacia, hacia el inmen- so pueblo chino, el interés y las miradas de la benemérita nación española. El que subscribe con sentimientos de perfecta estima se confirma. De V. P. Rma. V. S. C. Laurenti, Ser. R. P. José Prada, Procurador de los Agustinos.» No dejan de ser, en verdad, las cordiales frases que dejamos consigna- das un motivo de sincera satisfacción para el R. P. Agustín González; pero no dudamos tampoco afirmar que para su corazón de misionero, sólo es consolador y recompensa muy colmada el haber empleado las energías de su inteligencia y el celo ardiente de apóstol en la causa más bella, más hermosa y más digna de las almas grandes... en la causa de Dios. P. Fr. J. Revuelta. Misionero de Hunan Septentrional. Changteh, ¡unió de 1919. bibliografía Sokol.— La cuestión del Adriático.— Yugoeslavia e Italia.— De 87 páginas en 16.**— Imp. Universal.— Travesía de San Mateo, 1. Trátase del pleito de Italia por la posesión de la costa oriental del Adriático contra los pueblos eslavos del sur (servios, croatas y eslovenos) que en la península balkánica forman un nuevo Estado de 14 millones de habitantes, al que !a conferencia de París ha reconocido la soberanía e in- dependencia. Italianos y sudeslavos han mostrado tesón irreductible en la defensa de sus respectivos puntos de vista y todo lleva a la conclusión de que el problema, sea cualquiera la solución de ahora, subsistirá y dará mu- cho que hacer en adelante. Esta impresión producen las páginas del librito que tenemos a la vista y las cuales vienen a confirmar la dificultad de la solución manifestada en las perplejidades de la conferencia de París. Nos referimos a la dificultad práctica, pues en la teoría bien claro está el pen- samiento consignado en estas páginas. Divide el autor su trabajo en tres partes: el conflicto, el irredentismo y la Dalmacia. La primera, es decir, la que se refiere al conflicto es la que mayor interés ofrece, por constituir como el nudo de la cuestión. ¿Qué ra- zones invoca el irredentismo italiano para pretender apropiarse Goriza- Gradisca, Trieste, Istria, Fiume y Dalmacia? El autor las clasifica en histó- ricas, geográficas, étnicas, estratégicas y de superioridad de civilización, etcétera, y una por una las combate con razonamientos difíciles de resumir en una breve reseña bibliográfica. Del argumento étnico, sobre el que los irredentistas insisten con ma- yor energía, dice el autor, en conclusión, que la población italiana o ita- lianizada no es más de una quinta parte de la población total de los luga- res que están en litigio. De ahí que se huya del plebiscito, por conside- rarlo anticipadamente adverso a los ideales del irredentismo italiano. Otro argumento, el de más fuerza sin duda, que invocan los irreden- tistas, es el pacto de Londres (26 de Abril de 1915), por el que Francia, In- glaterra y Rusia reconocieron para Italia como prenda de su entrada en la guerra la región julia, Trieste, Istria, Dalmacia, etc.; pero de ese pacto dice 330 bibliografía el autor que es «una monstruosidad desde cualquier punto que se le mire». Aquellas naciones «pudieron ceder a Italia Marsella, Manchester y Odessa, no pudieron cederle Trieste, Istria y Dalmacia porque no les pertenecían». El conjunto de datos consignados en esta obrita muestra la imposibi- lidad de una transacción entre italianos y yugoeslavos, pues por cima de todas las convenciones actuales el problema seguirá urgiendo con peligra de la paz en Europa, si no se le resuelve en conformidad con el principio de las nacionalidades y del derecho de los pueblos a decidir de sus desti- nos. Es la tesis del autor.— 5. /?. J. V. Baiuvel: La Divozione al S. Cuore.— Storia e Dottrina.— Un vol., de 500 páginas, en 4.o.— Societá Editrice Vita e Pensiero.— Corso Venezia, 15. Milano. Sólo aplausos merece la versión al italiano de esta obra, célebre ya en- tre todas las publicaciones que tratan de la devoción al Corazón de Jesús. Su autor, publicista de relevantes méritos, profesor de Teología en el Ins- tituto Católico de París, ha reunido en ella cuanto de más notable se ha escrito doctrinal e históricamente sobre una materia tan interesante dentro de la vida sobrenatural del Catolicismo; y por eso no es solamente de pro- vechosa lectura para fomentar la piedad, sino que además encierra un ar- senal de conocimientos para los estudiosos que desde luego se edificarán no poco con sus enseñanzas. Daremos una idea sumaria de su contenido. Habla primeramente el autor sobre la devoción al Sagrado Corazón según la B. Margarita María de Alacoque, para lo cual cita, transcribe y somete a examen los escritos de la gran sierva de Dios, y narra las céle- bres apariciones con que fué favorecida por el cielo, continuando después con otros capítulos sobre la práctica o formas varias de la devoción, sobre el espíritu de la misma devoción y sobre las promesas tan conocidas en el mundo católico. Esta es la primera parte. La segunda parte se refiere a la explicación doctrinal de la adoración al Sagrado Corazón, es toda de exposición y discusión teológica. El objeta propio de la devoción, el corazón considerado como órgano y como sím- bolo, las relaciones del corazón con el amor, la significación del corazón respecto de la vida y de los hechos de la persona, la aplicación de todo ello a la persona de Jesucristo, constituyen el asunto de un capítulo ver- daderamente substancioso, en que se compendia toda la doctrina referente a la adoración del Sagrado Corazón de Jesús. Siguen otros capítulos inte- resantes sobre los fundamentos históricos, dogmáticos y filosóficos de la devoción, con la reseña de las controversias habidas, y sobre el acto pro- BIBLIOGRAFÍA 331 pió de la devoción considerada en sí misma y con referencia a otras devo- ciones. La exposición es magistral por el método y por la claridad del pensamiento; abarca todo lo principal que se ha escrito acerca de la materia. En la tercera y última parte de la obra está diseñado con amplitud el desenvolvimiento histórico de la devoción, comenzando por sus antece- dentes en los primeros siglos del Cristianismo, hasta esbozarse en los tiempos de San Bernardo y San Buenaventura. Desde entonces la devoción va en aumento, y el autor lo demuestra citando las almas innumerables que en todas las naciones contribuyeron a su difusión, desde el siglo XH hasta el XVII, en que aparece la beata Margarita como un instrumento de Dios para organizar la devoción y el culto, dándole carácter público. Los primeros colaboradores de la Santa, como las expansiones de la devoción desde su muerte hasta nuestros días, llenan los últimos capítulos de esta obra, que podemos calificar de fundamental y soberana entre todas sus similares. La traducción italiana está hecha sobre la quinta edición francesa, y hemos de felicitar a la Sociedad Vita e Pensiero, por haber proporciona- do al público de su país y a cuantos dominen la lengua italiana una obra que es clásica entre los tratados de la devoción al Sagrado Corazón de Jesús.— R R. Algunos juicios acerca de la edición critica del «Quijote», anotada por don Francisco Rodríguez Marín. Sácalos a luz extractados y compilados un ami- go del editor. Contiene los emitidos por la señora doña Concha Espina y los señores Alonso Cortés, Casares, Cavia, Foulché-Delbosc, Gómez Ocaña, González de Amezúa, ¡caza, Julia, Moran, Ortega Munilla, Román Salame- ro y Salcedo Ruiz.— Madrid, 1918. El título copiado nos releva de dar una noticia de lo contenido en el folleto. Su lectura nos ha producido una impresión de grandeza de la obra, por aquellos juicios tan alabada, que ni tenemos palabras para formular una nueva alabanza al lado de las entonadas tan gallardamente por los autores citados, ni, afortunadamente, la necesita para brillar con luz pro- pia y potente la obra llevada a cabo por el sabio D. Francisco Rodríguez Marín. Por lo demás hemos de aplaudir la feliz idea del «Amigo del editor» al reunir en este folleto los juicios que ha merecido (todos unánimemente laudatorios, por supuesto), la gran empresa felizmente ultimada por el me- jor comentarista de Cervantes.— P. Gutiérrez, 332 BIBLIOGRAFÍA LIBROS RECIBIDOS La ciencia sociológica a la luz de los principios cristianos. Tratado de Sociología Cristiana, por Luis de Cuenca y de Pessino, con un prólogo del Excmo. y Revdmo. Sr. Dr. D. Isidoro Badía, Obispo de Tarazona.— Un vol, de 403 págs., en 8.°.— Barcelona.— Cortes, 581.— Herederos de Juan Gili, editores. 1919. —Estadística del suicidio en España (Sexenio 191 2-1917.). —Un vol., de 133 págs., en 4.° mayor.— Madrid.— Talleres del Instituto Geográfico y Estadístico, 1919. —Messages, Discours, Allocutions, Lettres ei Telégrammes de M. Ray- mond Poincaré, President de la République (31 Juillet 1914-17 Novembre 1918).— Un vol., de 316 págs., en 8.°.— Bioud et Cay, éditeurs, París, 1919. — P. Ludovicus I. Fanfani, O. P.—De ¡ndulgentiis Manuale Theorico- Practicum ad norman Juris Canonici.— Un vol., de 1 10 págs., en 8.**. — Ro- mae.— Desclée etSoccü, editores, 1919. — P. R. Ruiz Amado, S. ].— Nuestra alegría.— ConÍQrtnddiS familiares. — Un vol., de 179 págs., en 16.°— Librería Religiosa, Aviñó, 20, Barcelo- na, 1919. —Catecismo patriótico, por el P. Ramón Ruiz Amado, S. J.— Un foll., de 42 págs., en 16.°— Librería Religiosa, Avino, 20, Barcelona, 1919. — Bálsamo eficaz para sanar y precaver las heridas contra la castidad, por el V. P. Antonio María Claret.— Un foll., de 71 págs., en 16.— Barce- lona. Librería Religiosa. Aviñó, 20. —«Biblioteca Patria» Melitón Sauro, por Isidro Benito Lapena, con un prólogo del M. I. Sr. D. Froilán Perrino, Lectoral de la S. I. C. de Avila Obra laureada con el premio Angela D. de Rovera.—\Jn vol., de 172 pá- ginas, en 12.°.— Madrid, 1919. —Carta Pastoral primera que dirige a los fieles de su Diócesis el IIus- trísimo Señor Obispo de Huesca.— Tipografía de la Viuda de Leandro Pé- rez.—Huesca. CRÓNICA GENERAL Madrid'Escorial, 15 de Agosto de 1919. ROMA La noticia de haber sido designado directamente por la Santa Sede para ocupar la silla episcopal de Diakovar (Croacia) el Sr. Aksamovith, sin que precediera un acuerdo con el Gobierno de Belgrado, ha dado ocasión a comentarios sobre las circunstancias nuevas en que se encuentran aque- llas regiones en las que antes regía el concordato austrohúngaro. Un periódico católico de Italia expone la situación diciendo que, en primer lugar, dicho nombramiento no es un hecho todavía, y, por otra parte, la Santa Sede no necesita el acuerdo preventivo en el caso; y esto por muchas razones. El concordato con Austria-Hungría perdió ya su va- lor, y el concordato con Servia no ha entrado en vigor hasta ahora. Además no existe ningún concordato entre Yugoeslavia y la Santa Sede. Es natu- ral—añade el mencionado diario— que si el Gobierno de Belgrado tiene algún deseo que manifestar, éste debe ser el de procurar el establecimien- to de relaciones oficiales del nuevo Estado con la Santa Sede. Con ocasión de tales dificultades, los obispos de Yugoeslavia celebra- ron una Asamblea del 15 al 20 de Julio, presidida por Mons. Bauer, arzo- bispo de Agram, en la que aprobaron una moción por la que se solicitaba un concordato que bien podía ser el de Servia con sólo extenderlo a todas las regiones que hoy constituyen el Estado yugoeslavo. En cuanto al movimiento iniciado en relación con la liturgia eslava, la misma Asamblea determinó rodear de particular realce la fiesta de los Santos Cirilo y Metodio, apóstoles y patronos de Yugoeslavia, manifestan- do al mismo tiempo sus votos a favor de la lengua eslava como litúrgica para el nuevo Estado. Esta cuestión fué ya muy movida en el pontificado de León XIII por el célebre arzobispo de Agram, Mons. Strossmayer. —Se ha publicado en Acta Apostolicae Sedis una decisión por la cual la Congregación del Santo Oficio responde a una pregunta sobre si las doctrinas conocidas con el nombre de «teosóficas» pueden conciliarse con 334 CRÓNICA GENERAL la doctrina católica, y si es lícito a los católicos formar parte de Socieda- des teosóficas, asistir a sus reuniones y leer sus publicaciones. La Sagrada Congregación concluye por la negativa. —Durante algunos días, a consecuencia de una huelga de tipógrafos, dejó de publicarse L' Osservatore Romano, cuyos suscriptores recibieron en su lugar el diario de Florencia titulado L'Unitá Caiiolica. Este perió- dico ha publicado un artículo sobre las últimas decisiones de la Junta Central o directiva de la Acción Católica Italiana. En la reunión tenida en Roma por dicha Junta directiva, su presidente dio cuenta del éxito franco, a pesar de tantas dificultades como surgieron, de la propaganda en favor de la escuela. Se tomó en cuenta el número crecidísimo de oyentes para los cursos superiores de Acción Católica en Montecassino y Palermo, y se decidió, a ser posible, repetir dentro de este año estos cursos. Decidió, asimismo, después de examinar el movimiento económico actual, reconocer la necesidad de un vínculo cada vez más estrecho con la Unión Económica Católica. Después se aprobó la siguiente orden del día: «La Junta directiva de la Acción Católica, haciéndose eco de las pro- testas que han levantado en toda Italia las organizaciones católicas por el nombramiento del Sr. Qredaro para gobernador del Trentino, deplora vi- vamente que se envíe para representar la autoridad del Estado a una tierra donde la libertad de la escuela y la educación cristiana son un celoso pa- trimonio civil a un señor que ha unido su propio nombre a una infausta ley escolar, que, contrariando las supremas aspiraciones de los católicos italianos, ha mantenido la lucha en favor de los laicos.» EXTRANJERO Por todas partes se hace sentir la carestía de las subsistencias y prin- cipales elementos de vida de las naciones, y de ahí que en muchos países, como Inglaterra, Francia, Estados Unidos y Japón, se hayan dado leyes contra los acaparadores que se valen de las circunstancias para enrique- cerse con grave perjuicio del público. Además de la guerra que destruyó tantas fuerzas de producción, han contribuido a agravar la escasez, el aumento del consumo en los países sometidos antes al bloqueo y las per- sistentes huelgas a que se han entregado las clases obreras en la mayoría de las naciones, señalándose principalmente en este sentido las de Inglate- rra y Suiza. Con motivo de las huelgas registradas últimamente en Liverpool y CRÓNICA GENERAL 335 acompañadas de ciertos actos de bandidaje, decía recientemente The Ti- mes: «Se asegura de que la autoridad superior está convencida de que las huelgas actuales y los desórdenes a que han dado lugar, forman parte de una conspiración definida que tiene sus raíces en el Extranjero y cuyo fin es derribar el sistema actual de gobierno en la Gran Bretaña. Se cree que en el caso de que la huelga de la Policía hubiera tenido éxito, habría sido la señal de la ejecución de una acción directa en una escala tan grande como posible. Existe el convencimiento de que se ha importado aquí di- nero extranjero y que los fondos serían para provocar una agitación con la intención de echar por tierra el orden de la sociedad, tal como existe actualmente.» Desde luego, parece haberse descubierto en Londres la tra- ma de una gran conspiración de carácter bolcheviquista. Todo ello demuestra el malestar de los pueblos y el peligro universal que han traído consigo las teorías comunistas de la democracia atea. Por fortuna se ha deshecho el nido de bolcheviques que con Bela Kun impe- raban en Hungría, quedando ya solamente el de Lenine y Trotsky en Rusia; pero aun así el peligro es grande por la propaganda tenebrosa que en todas las naciones ejerce el bolcheviquismo ruso. Entretanto sigue el Consejo interaliado de París, disponiendo la nueva situación de los pueblos en Europa. En el tratado con Austria, como en el de Alemania, no se ve otro límite a las exigencias, más que la capacidad de los vencidos para poder cumplirlas. Si alguna concesión se les hace, será por conveniencia o por rivalidades entre los aliados. Las protestas de los socialistas, consignadas en los últimos Congresos de Amsterdam y Lu- cerna son completamente teóricas en lo que no se refiere al mundo obrero. Preponderó todavía en esos Congresos el sentido de nación, y peor será cuando desaparezca ese valladar qiie hoy encuentran los que piensan en una subversión completa del orden social presente. La Semandi Social de Aíéí^:.— Pertenece esta gran Asamblea católica, reunida en Metz el día 4 de Agosto a los pocos hechos consoladores que nos es dable registrar en estos días de pavorosa perspectiva. Conocida es la importancia que en la vida católica francesa tenían las reuniones celebradas anualmente con el título de Semanas sociales en di- versas poblaciones de Francia. La primera de ellas tuvo lugar en Orleáns el año 1905; la última se ve- rificó en Versalles el año 1913. La de 1914, que debía realizarse en Besan- gon, se aplazó indefinidamente, y al terminar la guerra, los católicos fran- 336 CRÓNICA GENERAL ceses han creído más oportuno celebrar en Metz, capital de Lorena, con t) fin patriótico de disipar entre sus habitantes los temores al radicalismo im- perante en la política de la vecina República y dar muestras de la vitalidad y pujanza del catolicismo francés. Muy brillante, en efecto, resultó la Asamblea celebrada del 4 al 9 de Agosto con asistencia de ilustres católicos de todas las regiones de Francia. Entre las muchas adhesiones recibidas figuraron las de numerosos repre- sentantes del catolicismo en otras naciones, y fué una de ellas muy expre- siva la del Cardenal Gasparri con la bendición de Su Santidad. En la sesión inaugural disertó los fines de la Asamblea el presidente de la Comisión organizadora, M. Eugenio Duthoit, catedrático de la Univer- sidad católica de Lila, quien dedicó sentido recuerdo a los que fallecieron beneméritos de las Semanas Sociales y entre ellos al anterior presidente^ monsieur Henri Lorin y al inolvidable Conde de Mun. Los cursos estuvie- ron a cargo de eminentes figuras del catolicismo social, que disertaron sobre muy diversos problemas de actualidad palpitante, y cuyos nombres son bien conocidos por su magnífico apostolado del bien. Señalaremos entre ellos a los abates Theiller de Poncheville, Calippe y Leleu, a los pro- fesores M. Chabrum, del Instituto Católico de París; M. Turmann, de la Universidad de Friburgo, y M. Deslandres, de la Facultad de Derecho de Dijón, al P. Danset, de la Acción Popular, y al P. Sertillanges, una de las más gloriosas lumbreras de la ciencia católica en la Francia contempo- ránea. El tratado de paz con Austria.-— E\ verdadero enemigo de la Entente, es decir, de Inglaterra, era Alemania por su competencia comercial y por la superioridad de sus industrias. De ahí las hieles que rebosaban del ar- misticio y las que rebosan del tratado de Versalles. Austria no era consi- derada como verdadera enemiga, y, sin embargo no le ha ido mejor en las condiciones de la paz, aparte de la desmembración sufrida con anteriori- dad al armisticio. Las condiciones impuestas a la nueva República austríaca fueron noti- ficadas en dos veces distintas a la Delegación que preside el canciller Renner en San Germán y de ellas insertaremos un resumen muy ge- neral. Respecto a fronteras, el sur del Tirol pasa a poder de Italia y en Corin- tia se establece una zona que se atribuirá según plebiscito de sus habitan- tes. En la frontera con Hungría, una gran parte de territorio hasta ahora húngaro, pero poblado principalmente por alemanes, pertenecerá al Aus- CRÓNICA GENERAL 337 tria alemana. En la frontera con Checoeslovaquia, la división de territo- rios queda marcada por el centro del río March. Las cláusulas militares fijan en un plazo de tres meses después de puesto en vigor el tratado los efectivos del ejército austriaco; 30.000 hom- bres entre oficiales y soldados. El servicio militar obligatorio será abolido y el ejército se empleará exclusivamente para el mantenimiento del orden interior y vigilancia de las fronteras. Austria reconoce la responsabilidad de las pérdidas y daños ocasiona- dos por la guerra e impuestos a los aliados por la agresión de Austria y sus aliados. Austria, como Alemania, adquiere el compromiso de reparar los perjuicios civiles, aunque reconociendo los aliados que los recursos de Austria son insuficientes para la reparación completa. La sección especial de reparaciones fijará el montante de los daños para ei 1 de Mayo de 1921 y establecerá las épocas y modalidades de pago de las cantidades que se carguen a Austria, repartidas en los treinta años calcula- dos según la facultad de pago íntegro de Alemania. Las modalidades serán revisadas después del 1 de Mayo de 1921, según la capacidad de Austria. Como reparación inmediata, Austria pagará hasta el 1 de Mayo de 1921 una cantidad razonable, que fijará la Comisión; y como garantía del reco- nocimiento de su deuda entregará a la Comisión bonos en coronas oro, con un interés progresivo, y la cantidad de bonos se fijará con equidad. Austria cederá su Marina mercante fluvial a los aliados, y reemplazará con fabricaciones iguales hasta el límite de lo posible el material, maqui- naría y muebles destruidos. El capítulo financiero establece un privilegio de primer rango sobre la totalidad de los recursos de Austria para la reparación y el pago del abas- tecimiento. Los Estados nacidos de lo que antes fueron territorios austríacos ase- gurarán una parte fijada por la Comisión, de la deuda austríaca, compro- metidos o no antes de la guerra; pero no tendrán parte en la deuda de guerra, salvo los títulos adquiridos por los protegidos austríacos, para los cuales no habrá recurso de alzada. La deuda en poder de los extranjeros antes del armisticio será cargada a Austria. La actitud de la Prensa austríaca, sin distinción de matices, fué desde los primeros momentos de franca hostilidad contra el tratado redactado por la Entente, calificándolo de leonino y excitando al pueblo a no aceptar condiciones que en nada se parecen a lo proclamado por Wilson en sus famosos catorce puntos. 338 CRÓNICA GENERAL «Pasaríamos— dice el Neue Wiener Pag—dL peores condiciones que los negros del África central si aceptásemos un tratado que nos convierte en esclavos de unos cuantos países. Para no poder cumplirle— añade— , vale más que no firmemos. El nom- bre de Turquía debería sernos aplicado si aceptásemos condiciones tan brutales. El tratado no tiene nada de recto ni de justo, y pudiera firmarlo Breno sin sonrojo.» Otros periódicos vieneses coinciden en que el tratado alemán ha sido mucho más benévolo, y dicen que la única salida posible para Austria es declararse insolvente, y que la Entente haga lo que mejor le plazca. «Los aliados— dice La Nueva Prensa Libre— vwen engañados en cuanto a nuestra situación angustiosa y trágica, que nos impide cumplir ninguna cláusula financiera, por muy lógica que sea.» El tratado de paz con Bulgaria.— E\ día 25 de Julio se instaló en Neuilly la Delegación búlgara, compuesta de los miembros siguientes: M. Theodoroff, presidente del Consejo; Ganeff, ministro de Justicia; Saky- soff, ministro de Comercio; Stambulusky, ministro ;del Trabajo; Sarasof, ex ministro de Hacienda, acompañando a la Delegación siete consejeros, entre ellos el ex presidente del Consejo, Guechoff, el general Lukoff, jefe del Estado Mayor búlgaro, y cierto número de peritos, secretarios y tele- grafistas. Aunque todavía no están ultimadas ni se han manifestado las condicio- nes de la paz, se sabe que en el seno de la Conferencia existen muy diver- sas opiniones respecto a las fronteras grecobúlgaras. Inglaterra, Japón y Francia parece ser que quieren dar a Grecia toda la Tracia hasta la línea Edos-Midia, facilitando a Bulgaria el acceso al mar Egeo por medio de vías férreas internacionales, mientras los americanos e italianos quisieran dejar a Bulgaria una gran parte de la Tracia occidental. Las dificultades de la cuestión parecen estar inspiradas en la diversa manera de apreciar el acrecentamiento del territorio griego que unos miran bien y otros miran mal, y por eso se ha hablado de la conveniencia de formar allí un Estado independiente, es decir, que no sea griego ni búlgaro. Lo mismo la Dele- gación búlgara que la griega, presidida por Venizelos, han presentado es- tos días al Consejo interaliado de París sus puntos de vista, opuestos com- pletamente, como es natural. Fin del régimen bolcheviquista en Hungría.— Los planes del jefe sovie- tista húngaro, Bela Kun, que estaba en connivencia con Lenin para supri- CRÓNICA GENERAL 339 mir el obstáculo de Rumania y establecer contacto con los rusos, fracasa- ron por completo. Ambos jefes del bolcheviquismo se habían puesto de acuerdo para realizar una acción simultánea en los dos frentes rumanos del Theiss y del Dniéster, y la cual operación debía comenzar el 25 de Julio; pero a consecuencia de un error del mando húngaro, la ofensiva de Hungría comenzó el día 20 con un verdadero desastre. Hasta el 23 se sos- tuvieron sangrientas batallas, y por fin el ejército húngaro se vio obligado a evacuar toda la orilla del Theiss, abandonando varios miles de heridos y muertos y dejando 8.000 prisioneros. Mientras en el frente sufría el Gobierno de Bela Kun este desastre, por el que los rumanos se acercaban a pasos agigantados sobre Budapest, del Consejo interaliado de París partía una comunicación en que se decía: « Los Gobiernos aliados y asociados abrigan el deseo de concertar la paz con el pueblo húngaro y poner fin a un estado' de cosas que hace impo- sible el renacimiento económico de Europa central, y es un obstáculo a toda tentativa de abastecimiento de la población. Es ello imposible intentar esta obra, mientras no haya en Hungría un Gobierno representante del pueblo y que ejecute, tanto en la letra como en el espíritu, los compromi- sos tomados por él con lo? Gobiernos asociados. El régimen de Bela Kun no responde a ninguna de estas condiciones; no solamente ha roto el ar- misticio firmado por Hungría, sino que en estos momentos ataca a una Potencia amiga y aliada...» Esta declaración de los aliados y sobre todo la situación desesperada del frente, hizo que se convocara una reunión del Consejo de Comisarios del pueblo y ante ella presentó la dimisión el Gobierno de Bela Kun. Este como sus compañeros huyeron a Viena, pero fueron detenidos en la fron- tera austrohúngara y se les internó, menos a Szamuelly, antiguo presi- dente del tribunal revolucionario y célebre por su crueldad, que se suicidó dejando en su cartera 280.000 coronas en billetes. Todos los demás miem- bros del Gobierno sovietista quedaron internados en el campo de Kro- sendorff del Austria alemana. En Budapest se había constituido entretanto un Gobierno compuesto exclusivamente de socialistas y representantes de los Sindicatos, en la si- guiente forma: Presidencia, Julius Beydel; Interior, Bayer; Guerra, Hau- brich; Negocios Extranjeros, Peter Acowton; Instrucción pública, Garbal; Justicia, Caramy; Agricultura, Takac; Hacienda, Miwkil; Comercio, Dove- sak, y Abastecimientos, Mittelhoffre. Comenzó el nuevo Gobierno por restablecer la propiedad privada y por intentar restablecer las relaciones con la Entente, para que ésta impi- diera la marcha de los rumanos contra Budapest. Sin embargo, parte de 340 CRÓNICA GENERAL las tropas rumanas llegaron a la capital y entregaron al Gobierno húngaro las siguientes condiciones para el concierto de un armisticio: «El ejército húngaro quedará reducido a 15.000 hombres. Deberán en- tregarse o cerrarse las fábricas de municiones y de material de guerra. En- trega de un 50 por 100 del material ferroviario. Cesión de un 30 por 100 de la maquinaria agrícola y entrega de un 30 por 100 del ganado vacuno. Suministro de 10.000 vagones de maíz y de 35.000 vagones de cereales.» El Gobierno húngaro acordó dirigirse a la Entente observando que no estaba en condiciones para cumplir tales exigencias, y rogando a los Go- biernos aliados que sean arbitros y pronuncien un fallo sobre el particular. Para oponerse a las pretensiones rumanas habían entrado en Budapest Comisiones militares de los aliados y no se sabe si con anuencia o por ins- tigación de éstos, pero el hecho fué que el día 6 de Julio, mientras los mi- nistros celebraban Consejo en el Parlamento nacional, la gendarmería húngara rodeó el Palacio y se apoderó de todo el Gobierno, tomando el Poder el archiduque José con el título de Gobernador general, que nombró un Gobierno provisionalmente hasta que se lograra uno de coalición. Informes más detallados dicen que el día 6 penetraron en la residencia del presidente del Consejo húngaro, M. Beydel, el general Schnetzer, el ex secretario del Consejo Nacional, doctor Fritz, y el ex jefe de sección del ministerio de la Guerra Franz Scillery, exigiendo que dimitieran los miembros del Gobierno que estaban allí reunidos. Alegaban para ello que no representaba a la nación entera. Tras breve deliberación dimitió todo el Gabinete. Conseguido esto, una Comisión de la Entente entregó el Poder supremo al archiduque José, el cual publicó inmediatamente la siguiente proclama al pueblo húngaro: «Impulsado por el amor inextinguible que me une al pueblo húngara, fijando la vista en estos últimos cinco años y dando satisfacción a todos los deseos que de todas partes me han llegado, he puesto mano a una situa- ción que se hacía insostenible desde hace mucho tiempo. No puedo permanecer siendo espectador inactivo cuando los políticos o los grupos y partidos de intereses diversos, luchan sobre la suerte de nuestra pobre patria derruida. Un Ministerio en funciones que nadie reconoce, así como la interrup- ción del abastecimiento, completada con la falta de alimentos, amenaza con una catástrofe si la población intelectual húngara, unida al proletaria- do razonable y al pueblo labrador, no crea el orden con mano firme. Yo confío la dirección provisional y la presidencia del Gobierno hún- garo al ministro de Negocios militares al Sr. Estephan Friedrich; la direc- ción provisional del ministerio del Interior, al Sr. Adolf Samassa; Confe- CRÓNICA GENERAL 341 rencia ministerial y dirección provisional de Negocios Extranjeros, al ge- neral Gabriel Tanezos; la dirección provisional de Cultos e Instrucción pública, al Sr. Alexandre Janre, y Subsecretario al general Franz Schaetzer; la dirección provisional interina de Comercio e Industrias, al presidente del Gobierno; la dirección provisional de Hacienda, al doctor Johan Gruenn; la dirección provisional de Higiene pública, al Sr. Andreas Osi- llery, médico. El ministerio de Abastecimientos queda por ahora sin proveer. El doctor Jacob Beyer queda encargado por el momento de la direc- ción del ministerio de las Nacionalidades, y dirigirá provisionalmente la Justicia el doctor Bela Szassy, y la Agricultura, el doctor Reland Gyory. Este Gobierno provisional ha sido formado en pocos días, después de las entrevistas celebradas con los agricultores y los obreros. ¡Abajo la des- unión! Tengamos confianza en un porvenir mejor para nuestra patria.~Fir- mado. Archiduque José, feldmariscal. > Al siguiente día, la Prensa de Budapest publica en ediciones especiales lo siguiente acerca de los antecedentes relacionados con el cambio de Go- bierno, basándose en informaciones facilitadas por el nuevo presidente del Consejo, Friedrich: «Todas las organizaciones amantes del orden, así como los funcionarios de los Ministerios, celebraron el miércoles varias conferencias, comentando la situación. Todos los reunidos declararon que sería inevitable un desas- tre si no se llegaba a encontrar una persona que salvase a Hungría. Poco después se dirigió una numerosa Delegación militar a la residen- cia del Archiduque José, pidiéndole que se encargara de la solución de la crisis. El Archiduque accedió al deseo y entabló negociaciones con la Co- misión militar de la Entente. En seguida fué dirigido un llamamiento a los antiguos miembros del Cuerpo de Seguridad, ofreciendo sus servicios unos 8.000 voluntarios armados. Entonces fué cuando una Comisión se dirigió adonde se hallaba reunido el anterior Gobierno y le invitó a que dimitiera.» Un telegrama del día 8 dice que entre los centenares de víctimas asesi- nadas por los terroristas de Bela Kun se hallan el general Fery, que fué arrojado al Danubio con una piedra al cuello. El coronel Borhy, los her- manos Olah, banqueros, y toda su familia, un consejero de la Legación de Holanda y su hijo fueron también arrojados al río. Una joven pertenecien- te a una familia muy conocida de Budapest fué detenida, acusada de diri- gir un complot contrarrevolucionario. El terrorista Cohn, que ha sido de- tenido hoy, se vanagloria de haber cometido 80 asesinatos ordenados por Szamuelly. 342 CRÓNICA GENERAL Se ha comprobado quiénes fueron los asesinos del conde de Tisza. Éste fué muerto por orden de Pigany. La banda de asesinos llevaba por jefe al capitán Zerniak, que en seguida fué hecho presidente del Consejo de solda- dos y enviado a Holanda con una misión especial. Respecto al nombramiento del Archiduque José como regente de Hun- gría, dice saber el Wiener Allgemeine Zeitung que el Gobierno inglés ne- goció primeramente con el Emperador Carlos, negándose este último a aceptar la oferta, pues no deseaba tal puesto, ya que, no obstante todos sus esfuerzos desinteresados, no había logrado impedir el desmembramiento de la Monarquía. En vista de esto, el Gobierno británico trató de confiar el Poder al Du- que de Hohenberg, hijo del Archiduque Francisco Femando; pero tam- poco tuvo éxito la gestión. Entonces empezaron las negociaciones con el Archiduque José. El corresponsal de la Agencia Reuter en Budapest ha celebrado una entrevista con el Archiduque, el cual ha manifestado que por ahora es imposible indicar si Hungría aceptará el régimen monárquico o preferirá el republicano. Esto lo decidirá la Asamblea nacional. Agregó que no será posible efectuar las elecciones mientras continúe la ocupación rumana; pero cuando se verifiquen serán por sufragio uni- versal y podrán ser elegidos todos los individuos de ambos sexos, mayo- res de veinticuatro años. Terminó diciendo que la actual situación de Hungría es crítica, pues los rumanos han detenido la circulación de ferrocarriles, paralizando to- talmente las comunicaciones telegráficas y telefónicas e impidiendo igual- mente la llegada de víveres a Budapest. Por eso el nuevo Gobierno no entablará negociaciones con los ruma- nos; pero tiene plena confianza en la Entente. Sobre las dificultades de la ocupación rumana y a fin de contener sus exigencias en Hungría, han deliberado recientemente los miembros del Consejo interaliado de París, pidiendo al Gobierno rumano que ceda en sus pretensiones extremosas perjudiciales para la paz. Juzgando sobre la posibilidad de que en Hungría sea restaurada la Monarquía, un comunicado alemán dice: «La entrega del Poder supremo de Hungría al Archiduque José, por parte de la Entente, ha causado gran sensación entre los republicanos, burgueses y socialistas de Alemania, que ven en ello un indicio del resta- blecimiento de la Monarquía en Hungría y tal vez también en el Austria alemana. El Berliner Tageblaii dice que la Entente no ha renunciado aún al pro- CRÓNICA GENERAL 343 yecto de una federación del Danubio, que deberá ocupar el lugar de la anterior Monarquía de la Casa de Hapsburgo, y servir de instrumento a la Entente para debilitar a Alemania. La Vossísche Zeiiung hace resaltar el hecho de que los colaboradores del Archiduque son todos decididos reaccionarios.» La situación en Alemania,— Ldi Asamblea Nacional de Weimar terminó el día 31 de Julio la tercera lectura del proyecto de ley sobre la Constitu- ción, el cual fué aprobado, en votación nominal, por 262 contra 75 votos y una abstención. La ley no sufrió apenas modificaciones en comparación con la segunda lectura. Fué borrado el párrafo que prohibía a los miembros de las anti- guas dinastías desempeñar el cargo de Presidente de la República. Hubo 198 votos en pro de la anulación y 141 en contra. Entre los artículos que fueron añadidas, uno se refiere al arreglo a que llegaron los social-demócratas mayoritarios y el partido católico, en la cuestión de la enseñanza de la religión en los colegios, y otro autoriza la aplicación de los consejos. Después de la votación, el presidente del Consejo, Bauer, dijo entre otras cosas: «La votación que acaba de realizarse da a la Constitución de la Repúbli- ca alemana fuerza de ley. Es un verdadero documento sobre el nacimiento de la forma política que, desde ahora en adelante, regirá al pueblo alemán. Ha comenzado la nueva era y ojalá sea más feliz que la anterior. Hoy pisamos nuevamente terreno firme, después de haber nadado du- rante cinco años en un mar de sangre, odio y privaciones.» Al terminar el Presidente del Consejo alemán su discurso con motivo de la votación del proyecto de ley sobre la Constitución, en la Asamblea nacional en Weimar, tomó la palabra el ministro del interior, señor David, diciendo entre otras cosas: «Durante la guerra, Alemania ha tenido que sufrir una ola de ataques injustos y de increpaciones. Pero el pueblo alemán ha sido el primero en aceptar, como derecho fundamental, una paz social. La nueva Constitución alemana nos da derecho asentimos orgullosos. Ella es una prueba del espíritu y de la capacidad de los alemanes. Invita- mos al mundo entero a que examine esta obra. No existe nación alguna que haya llevado a la práctica más estrictamente que nosotros los ideales de la democrocia al aprobar la nueva Constitución. 344 CRÓNICA GENERAL Tenemos el derecho electoral más democrático, en el cual las mujeres tienen igualdad de derechos como ciudadanas. La República alemana será, desde ahora en adelante, la democracia más grande del mundo. La miseria de la guerra y los graves tiempos que la siguieron no han quebrantado el deseo del pueblo alemán de seguir floreciendo. ¡Ojalá se fortalezca esta voluntad y que sea un estímulo para una labor en pro del progreso, en bien de la nación y de la Humanidad y en prove- cho de la cultura.» El último de los oradores fué el presidente de la Cámara, Fehrenbach, quien dijo lo siguiente: «Han sido fundados los cimientos para una libre actividad de todas las energías que yacen en el pueblo. El deber de la nación es dedicar sus fuerzas a una obra de paz, utili- zando las libertades a favor de una abnegación en pro del bien de todos, desarrollando en lo posible todo lo que el pueblo tenga de sano. Mi único deseo es que nuestro pueblo vuelva a los días felices, dejando tras sí las privaciones y la miseria; que, al amparo de una patria unida, disfrute de la libertad, dejándose inspirar por el amor al prójimo y concentrando todas sus fuerzas en pro de la moral y del bienestar mun- dial.» He aquí las características de la nueva Constitución alemana. Se divide en dos partes principales. La primera trata de la composición y de las fun- ciones del Imperio, y la segunda, de los derechos y de las obligaciones del pueblo alemán. La primera sección establece definitivamente la soberanía del Imperio. Antes de la revolución, la soberanía no pertenecía al Imperio, sino a la Fe- deración de los diferentes Estados. El Poder estaba confiado, no a los re- presentantes del Imperio o al Emperador, sino al Consejo federal. Desde el punto de vista constitucional, el Imperio de los Hohenzollerns era sencillamente una Liga de Estados. La nueva Constitución es contraria a esto. El primer artículo de la Constitución hace constar que la soberanía queda en manos del pueblo. Las partes constituyentes del Imperio no son llamadas «Estados», sino «países» y todos ellos deberán tener una Constitución republicana fijada por una votación equitativa directa y secreta de todos los electores varones y hembras. La idea dominante de la Constitución es la de la unidad del Imperio. Desde el 1.^ de Abril de 1921, todos los ferrocarriles, vías fluviales navega- bles y puertos quedarán bajo el dominio del Imperio. Ninguna rectifica- ción de las fronteras de la nación podrá hacerse sin el asentimiento del Im • CRÓNICA GENERAL 345 perio, necesitando también para ello las dos terceras partes del número de votos. El pueblo tiene derecho a manifestar su voluntad mediante un referén- dum. Todas las leyes que vote el Parlamento podrán ser sometidas a tal re- feréndum, caso de que lo desee la vigésima parte de la población total y la tercera parte del Parlamento. El Reichstag tiene derecho a nombrar Comisiones de investigación. Habrá una Comisión permanente para los asuntos extranjeros, la cual po- drá celebrar sesiones aunque no esté reunido el Parlamento. El presidente de la nación podrá ser destituido siempre que lo pidan las dos terceras partes del Reichstag; pero el pueblo tendrá que sancionar la decisión mediante un plebiscito. El presidente del Imperio tiene derecho a proclamar el estado de sitio. Elegirá al canciller o presidente del Consejo, pudiendo éste nombrar a los ministros. En lo que a los «Estados» o «países» se refiere, podrán tener su propia Constitución. Prusia ya no tendrá la supremacía territorial en el Imperio. Cada uno de los Estados constituyentes tendrá derecho a emitir su opinión en los asuntos del Imperio por boca de sus representantes populares. La Constitución es un promedio entre la unificación y el sistema fe- deral. —Entre los principales personajes de la política alemana, se ha suscita- do una cuestión tan enojosa como inútil sobre si fué posible la paz en 1917. Dieron ocasión a este debate unas declaraciones del ministro Sr. Erzberger, según las cuales, Inglaterra por mediación del Cardenal Secretario de Es- tado de Su Santidad y del Nuncio en Baviera, Monseñor Pacelli, presentó proposiciones que permitían ir a una paz de inteligencia de haber mani- festado al Gobierno alemán sus pretensiones respecto a Bélgica. La cuestión se ha presentado muy embrollada. Los elementos adictos al Gobierno actual culpan al Estado Mayor alemán de haber puesto obs- táculos a unas negociaciones que hubieran hecho posible la paz, mientras que los representantes del antiguo régimen afirman que no hubo proposi- ciones que hicieran ver en los enemigos una disposición de ir a la paz; es más, algunos han afirmado que si entonces se cerró el horizonte a toda gestión de concordia, fué por la indiscreción de algunos políticos alema- nes que permitió a los enemigos conocer una carta importantísima pero confidencial dirigida en 1917 por el conde de Czernin al emperador de Austria sobre las dificultades que para los Imperios centrales significaba la continuación de la guerra. Esta carta, dicen los del antiguo régimen, llegó 346 CRÓNICA GENERAL a conocimiento del enemigo y con ello se frustró todo intento de paz, si al- guno podía haber. Lo cierto es que el conde de Czernin, como otros muchos políticos de entonces, acusan a Erzberger, de haber sacado de quicio las cosas, querien- do hacer ver que había una proposición de paz donde no la había. Sobre esta cuestión y contestando a una pregunta hecha por escrito en |a Cámara inglesa, el señor Cecil Amsworth, subsecretario de los Negocios Extranjeros, ha hecho conocer que las declaraciones recientes de Erzber- ger sobre las condiciones de paz que, según se ha dicho, han sido hechas a los alemanes en 1917, no presentan los hechos bajo su aspecto verdade- ro, y los restablece como sigue: cEl 21 de Agosto de 1917 el ministro británico en el Vaticano recibió instrucciones para que informara al cardenal secretario de Estado del Va- ticano que el Gobierno británico no podía decir qué contestación se daría si se presentase el caso de que el Papa hiciese proposiciones de paz, pues no había podido aún consultar a sus aliados, y que, de todas maneras, le parecía acertado tratar de realizar un acuerdo entre los beligerantes antes de que las potencias centrales hubiesen dado algunas explicaciones sobre los fines que perseguían con la guerra. En su contestación el cardenal Gasparri restringió el campo de la dis- cusión, advirtiendo que el Gobierno alemán había hecho conocer sus in- tenciones de restaurar la independencia de Bélgica, apoyándose sobre la resolución del Reichstag en favor de una paz sin anexiones. El embajador de Inglaterra cerca del Vaticano, conde de Salis, hizo no- tar que el Gobierno británico no poseía el texto auténtico de este docu- mento, el cual, además, no era suficiente, pues el Reichstag no tenía el po- der necesario para decidir sobre ese punto. El 14 de Agosto el cardenal pidió que el telegrama siguiente fuese man- dado en costestación al telegrama del Gobierno británico: cEl cardenal secretario de Estado se reserva de contestar al telegrama, después de haber recibido de Alemania una declaración formal que le ha pedido a propósito de Bélgica.» El conde de Salis, pensando que nada se oponía a que expusiera su opinión personalj contestó que una aclaración referente a Bélgica, parecía deseable, pues la cuestión era importante, en particular para Gran Bretaña; pero el cardenal debió recordar que todo ello no era más que uno de los numerosos litigios entre los beligerantes. Cuando recibió la relación de esa conversación del conde de Salis, el Gobierno británico juzgó que era inoportuno dejarse llevar a una discu- sión fragmentaria de esa cuestión, y que si las potencias centrales estaban CRÓNICA GENERAL 347 dispuestas a negociar, debían conocer sus condiciones de paz en detalle. El conde de Salís recibió, por consiguiente, instrucciones de que no interviniera de ningún modo en las negociaciones entre el Vaticano y Ale- mania, y que si le pedían otra vez su opinión, se negase a hacerla conocer. El asunto quedó, pues, pendiente del Gobierno alemán, el cual no hizo ninguna declaración sobre Bélgica. Es, por consiguiente, claro que el Gobierno británico no hizo ninguna proposición a Alemania en esa época; pero estaba dispuesto a examinar, de acuerdo con los aliados, toda proposición sincera encaminada hacia las condiciones de paz. Por otra parte. La Croix publica el texto de las declaraciones que el corresponsal de la Agencia Havas dice haber recibido en el Vaticano. He aquí su traducción: «En Alemania se han presentado las cosas inexactamente, o han sido falsamente interpretadas; no se trata en modo alguno de proposiciones de paz hechas por Inglaterra y Francia. No podían engañarse en esto. Dados el tono y contenido de la breve comunicación escrita del minis- tro inglés al cardenal Gasparri, se ve que se trata más bien de lo contra- rio de una proposición de paz, pues esta breve comunicación, que no era sino una hojita escrita a máquina, enumeraba las razones por las que la paz se consideraba imposible, insistiendo particularmente en el caso de Bélgica. La Santa Sede transmitió una copia de esta comunicación al Nuncio, acompañada de una misiva, y eso es todo. Se ha dado demasiada impor- tancia al incidente. Por otra parte, estos días se van a publicar, para lo cual se ha autorizado al Nuncio, y entonces se verá con exactitud de lo que se trata. Una vez más no se trata de proposición alguna de paz de la Entente; decir tal es desnaturalizar las cosas. Había interés en que se conocieran en Alemania los obstáculos o las imposibilidades que existían para la paz, anunciadas en la breve comunicación inglesa. La Santa Sede no ha hecho otra cosa.» En el diario Hambarger ha publicado el Conde de Wedel un artículo en el que llega a la conclusión de que Lloyd George estuvo tan sólo una vez dispuesto a la paz, durante el verano de 1917, cuando las destruccio- nes por medio de los submarinos causaban cierta inquietud. Cuando se conocieron las Memorias del Conde Czernin, todas las probabilidades desaparecieron. En la primavera de 1918, Inglaterra, por medio del general Smuts, buscó una inteligencia con Austria; pero este intento fracasó, porque 348 CRÓNICA GENERAL el Conde Czernin pedía una paz general, mientras que el general Smuts declaró que, no obstante no creer poder vencer al ejército alemán, no ha- bía llegado aún el momento de entrar en negociaciones con Alemania. El Conde de Wedel da a continuación algunos detalles de la conver- sación que tuvo en el otoño de 1918, en un salón vienes, con un oficial inglés. Este último le declaró que la inteligencia hubiera sido posible única- mente cuando Mr. Asquith y Lord Grey estaban en el Poder; pero no des- pués, cuando Lloyd George era jefe del Gobierno británico. Este estaba decidido a llevar el combate hasta el fin, para que la Gran Bretaña ganara la guerra, puesto que a la larga debía faltarles a las potencias centrales todos los elementos. Congreso sindicalista en Amsierdam.—SQ reunió este Congreso el 28 de Julio, asistiendo 92 delegados, que representaban a los sindicalistas de catorce países. Presidió el holandés Oudegest, que culpó de la guerra al capitalismo, protestando violentamente de los norteamericanos Tobbing y Gompers, antigermanos sobre todo. Se discutió la representación de cada país en el seno de la Internacional y se convino que podía ser por grupos de nacio- nes. El delegado español, Largo Caballero, propuso que con España apa- recieran agrupadas las Repúblicas suramericanas por la similitud de len- gua, pero prevaleció Gompers con su panamericanismo. En cuanto al nú- mero de votos o de delegados, los anglosajones señalaron uno por cada 250.000 afiliados; pero como esto era desfavorable para las naciones pequeñas, el holandés Oudegest propuso: uno por cada 250.000, dos por cada 500.000, y tres por un millón. Se aprobó esta fórmula. Para la nueva Mesa resultaron elegidos: presidente, Mr. Appleton, in- glés; vicepresidentes, Jonhaux, francés, y Mertens, belga; tesorero y secre- tario, dos holandeses. Después de violentas discusiones, se convino en mandar una repre- sentación al Congreso obrero que en Octubre ha de celebrarse en Was- hington. •—El 2 de Agosto se abrió el Congreso socialista de Lucerna, en el que hubo discusiones violentas como en el de Amsterdam. Henderson, el antiguo ministro inglés, amenazó a los Gobiernos si no escuchaban al mundo socialista. El belga Vandervelde hizo discutir la cuestión de las responsabilidades. Hilferding, alemán, y Louguet, francés, se declararon a favor del bolcheviquismo contra Wells, alemán, y Broquére, belga, que CRÓNICA GENERAL 349 rechazaron toda dictadura dei proletariado. Intervinieron otros oradores, aumentando con ello la diversidad de tendencias. Tanto en Amsterdam como en Lucerna se pidió que cesara el bloqueo de Rusia y Hungría. Nuevo presidente de la República portuguesa.— Ldi elección del presi- dente de la República portuguesa se verificó el día 6 de Agosto con asis- tencia de muchos diplomáticos a la sesión del Congreso. En el primer escrutinio obtuvo D. Antonio José de Almeida 87 votos, y el Sr. Gomes Teixeira, 82; en el segundo obtuvo Almeida 93 votos, y Tei- xeira, 83, y en el tercero y último, Almeida, 123 votos, y Gomes Tei- xeira, 31. En virtud de este resultado, fué proclamado presidente de la República el señor Almeida, jefe del partido evolucionista. Don Antonio José de Almeida nació en Vale de Vinha, el 18 de Julio de 1866. Estudió Medicina en Coimbra y ha ejercido algunos años su profe- sión médica. De ideas republicanas desde su juventud, participó en muchas revuel- tas, siendo procesado varias veces por delitos de imprenta. Diputado por primera vez en 1906 y después ministro del Interior, fué reconocido como jefe del partido evolucionista, que acaba de elevarle a la suprema jerarquía del Estado. * * De los Estados Unidos.— Por más que se hayan movido mucho los re- publicanos en su oposición a ratificar el tratado de Versalles, no parece que en fin de cuentas los obstáculos sean grandes por su ratificación. En lo referente a la cuestión de Chan-Tung, en que litigan China y Japón, el presidente Wifson ha publicado declaraciones favorables a China, con lo que se mitigará no poco la campaña republicana contra el tratado. En el orden social los comunicados señalan dificultades por la carestía general que han agravado numerosas huelgas en todo el país. Por Chicago pasaron unos días de revuelta que motivó la lucha entre blancos y negros. Hubo colisiones y muertos, mas con el acordonamiento de los respectivos barrios de la ciudad por la fuerza pública, renació prontamente el orden. — Por todos los periódicos ha corrido la noticia de la muerte del mul- timillonario y célebre filántropo Andrés Carnegie, ocurrida en sus pose- siones de Lennox (Estados Unidos), a los ochenta y cuatro años de edad* 350 CRÓNICA GENERAL Era escocés de nacimiento, hijo de un humilde tejedor que se trasladó a los Estados Unidos con su familia para mejorar su fortuna. Allí comenzó Andrés CarnegiC; a los pocos años de edad, por ganar cinco dólares al mes. Fué después ordenanza en una oficina de telégrafos y luego jefe en los ferrocarriles de Pensylvania, asociándose después a Woodouff, el inventor de los sleepings-cars, en la explotación de este beneficio que le abrió el camino de su inmensa fortuna. Más adelante fundó el trust que le dio el nombre de «El rey del acero». Se distinguió por una generosidad incomparable puesta al servicio de la ciencia y de la paz de las naciones. Su primera fundación fué una biblio- teca, y luego otra y otra hasta cinco mil, repartidas por muchas poblacio- nes que enriqueció con galerías de arte, museos de historia natural, labo- ratorios de química y escuelas y salas de concierto. Su fundación principal fué el Instituto Carnegie en Washington, al que dio 140 millones, siguien- do en importancia el de Pittsburg, al que dio 124 millones. Pacifista de toda la vida, en 1910 creó una Comisión encargada del estudio de la abolición de las guerras, a la que pensionaba con 10 millo- nes. En 1913 entregó 7 millones y medio para la construcción del Palacio de la Paz en La Haya. El total de donaciones empleadas en obras de bene- ficencia llegaba en 1918 a muy cerca de los 800 millones de pesetas. En cuanto a religión era presbiteriano. (D. e. p.) ESPAÑA Al revés de lo que ocurre en otros países, reina la calma por toda la nación, sin que por eso falte el movimiento que es signo de vida, como el de que dan ejemplo las federaciones sociales católicas, ensanchando más y más sus círculos de acción. Raro es el día en que los periódicos no anun- cian la constitución de nuevos Sindicatos católicos en unas u otras de nuestras provincias, y todo ello revela actividad salvadora contra los peli- gros del socialismo anárquico de que son muestra deplorable los sinies- tros que por estos días han ocurrido, especialmente en los campos anda- luces. Por fortuna, esos casos delictivos, como el del asesinato de tres infe- lices obreros en Valencia y los que de cuando en cuando se advierten en Barcelona, aunque produzcan indignación general y constituyan un pro- blema para nuestros gobernantes, no han logrado llevar la alarma al espí- ritu público. —Se cerraron las Cortes después de aprobar la contestación al discurso CRÓNICA GENERAL 351 de la Corona y votar la fórmula económica que permitirá una mayor nor- malidad en el desarrollo de la vida política. El Gobierno acentuó la divi- sión de las derechas parlamentarias substituyendo al marqués de Figueroa por el Sr. Sánchez Guerra en la candidatura efectiva para la presidencia del Congreso y acentuó al mismo tiempo su inclinación izquierdista, por amor a la paz, entregando a las izquierdas la redacción de la mencionada fórmula. Hasta en la aprobación de un aumento en los haberes del clero rural permitió que la redacción fuese de las izquierdas, dando con ella origen a que prevaleciesen los sentimientos o el criterio de los que son una minoría en las Cámaras, con agravio al sentimiento de los más. La adición dice así: «El aumento de haberes a que se refiere el párrafo ante- rior se considerará cantidad a compensar en el arreglo pendiente con la Santa Sede. El Gobierno presentará a las Cortes, antes de que comience a regir el presupuesto 1920 21, la propuesta definitiva del de culto y clero, tomando en cuenta la compensación antes prevista.» También se aprobó en Cortes la adhesión de España a la Liga de de Naciones. —Se dice que pronto llegará a España una Comisión chilena formada por personas de la más alta representación social y política y que viene a fomentar el intercambio entre su país y el nuestro. A propósito de esa Comisión dice un diario de la corte: «Sean bien ve- nidos, y procuremos los españoles, no solamente acoger con amor esas nobles y útiles iniciativas venidas de nuestros hermanos de América, sino que se crucen con ellas en el Atlántico otras enviadas desde aquí. De esa manera se multiplicará la fuerza fomentadora de las relaciones hispano- americanas, y se verá que son recíprocos el amor y el interés entre la vieja madre y las hijas mozas. El porvenir y la grandeza futuras de España están, sin duda en nuestra unión íntima con las Repúblicas que hablan castellano. En los Estados Unidos adquieren grandes vuelos la enseñanza de nuestra lengua; no dudamos que algunos la aprendan, para saborear el Quijote en su propia habla; pero es muy cierto que la mayoría lo hacen para entenderse mejor con los hispanoamericanos en los negocios. Nada nos dice tan elocuentemente como esto la voluntad que debemos poner en estrechar las relaciones con nuestros hermanos del Nuevo Mundo.» —Está ya acordada le fecha para la celebración de la Conferencia in- 352 CRÓNICA GENERAL ternacional de la exploración científica del Mediterráneo, la cual se reunirá en Madrid el día 17 de noviembre próximo. El acuerdo de que el Congreso científico se reúna en Madrid, fué to- mado por la Asamblea internacional celebrada en Roma en 1914, y se hu- biera ya verificado, de no haberlo impedido la guerra europea. Uno de los invitados especialmente será el Príncipe de Monaco, cuyos conocimientos oceanógraficos son universalmente apreciados. B. R. EN LAS BODAS DE OñO DEL eWIO. P. TOMÁS RODRÍGUEZ PRIOR GENERAL DE LA ORDEN AQUSTINIANA El día 8 de Septiembre celebra las bodas de oro de su profesión religiosa nuestro Rmo. P. Tomás Rodríguez, Superior General de toda la Orden Agustiniana, y al universal homenaje de veneración en que se dilatarán millares y millares de corazones en ese día, salu- dando al amantísimo Padre desde todos los puntos del globo, quiere unir también el tributo de su reconocimiento y de sus ardorosas fe- licitaciones La Ciudad de Dios. Para muchos de nuestros lectores, y especialmente para los que se interesaron por nuestra publicación desde tiempos lejanos, no pa- sará inadvertido el acontecimiento que ha querido realzar con sus bondades la Santidad de Benedicto XV, sino que se asociarán tam- bién a nuestra alegría, recordando que el hoy dignísimo Superior de toda la gran familia agustiniana fué Director ilustre de La Ciudad de Dios por los años de 1893-Q4. Sus trabajos literarios de entonces, con ser muestra magnífica de su mucho saber, no ofrecían sin embargo más que un aspecto muy restringido entre las varias eminentes cualidades que exornaban su persona y que desde su celda de El Escorial irradiaban por toda la Orden, llegando hasta fijar las mira- das del inmortal Pontífice León XIII y de su egregio Secretario de Estado el Cardenal Rampolla. Así, después de haber gobernado du- rante algunos meses el gran Seminario de Vigan en Filipinas, con singular acrecentamiento del prestigio de sus virtudes, en el Capítu- lo celebrado en Roma el año 1895 le vemos elegido Procurador General, la segunda dignidad de la Corporación, y en 1898 investido por León XIII con el mando supremo de toda la Orden, siendo des- pués reelegido en todos los Capítulos Generales que desde aquella fecha se han celebrado en Roma, La Ciudad de Dios.— Año XXXIX — Núm. 1.111. 25 354 EN LAS BODAS DE ORO DEL RMO. P. TOMÁS RODRÍGUEZ Honrado con la confianza y la amistad de León XIII, Pío X y Benedicto XV, y estimado singularmente entre las Congregaciones romanas, a varias de las cuales pertenece como Consultor, no son éstas las circunstancias para referir los grandes hechos de su gobier- no. Nos basta únicamente con dejar consignado que entre las pres- tigiosas figuras que ha tenido la Orden en esta época, comparables a las de cualquier otra época de su historia, es el Rmo. P. Tomás Rodríguez en quien se concentraron todas las simpatías y todos los homenajes de la admiración a sus virtudes y talentos. Nadie le su- peró en entusiasmo por el fomento de la virtud y de los estudios en todas las provincias agustinianas; nadie le excedió en solicitudes por todas las grandes empresas de la'Corporación, por las misiones glo- riosas de la enseñanza, del cultivo de las letras, de la predicación y del apostolado entre los infieles. Ha sido un constante sembrador de estímulos y el más confiado en las grandezas del corazón humano y en las magnificencias de la gracia divina. Fatigado por el peso de tanta labor, hoy busca entre nuestros hermanos de Barcelona reposo temporal a sus quebrantadas ener gías. Allí confluirán los afectos de todos sus hijos, las dedicatorias de la más dulce ternura y de la más respetuosa veneración que ha inspirado siempre su nombre. Su Santidad Benedicto XV ha sido el primero en solemnizar el acontecimiento de sus bodas de oro ro- deándolo de las más altas gracias para provecho espiritual de todo el pueblo cristiano que se congregue bajo las bóvedas de cualquier iglesia u oratorio de la Orden de San Agustín en todos los países del mundo. Es lo que dicen los documentos que insertamos a con- tinuación. La Ciudad de Dios, campo agradecido al hálito de vida que le infundió el más egregio de sus Directores, hace suyo este homenaje de devoción universal y con la invocación de las bendiciones del cielo resume todos sus sentimientos de gratitud, felicitación y alegría en tan grata fiesta, elevando a su veneradísimo Padre General un nuevo testimonio de ferviente amor y de adhesión inquebrantable. La Redacción. GRACIA OTORGADA POR S. S. BENEDICTO XV PARA EL DÍA 8 DE SEPTIEMBRE Nos P. Fr. lOSEPH POLIGNANO S. Th. Mag. et totius Ordinis Erem. S. P. Augustini COMMISSARIUS GeNERALIS. Adm RR. PP. Superíoribus Provincíalibus et Localihus universisque Fratribüs et Monialibus O. N. saluíem ín Domino. lam omnes nostis quod amantissimus et Reverendissimus Prior noster Generalis, Fr. Thomas Rodríguez, qui tot annis pro nostri Ordinis decore ac incremento ómnibus viribus adlaboravit, potius laboribus quam infír- mitate oppressus, mense maii huius anni Hispaniam petiit ut animum a curis relaxaret et remedia potiora ad vires reficiendas quaereret: Nos pre- cibus ad Deum et votis comitati sumus ut quam citius ad pristinam valetu- dinem rediré possit. Et re quidem vera, magni animi laetitia, nuper acce- pimus ipsum aliquantulum convaluisse ita, ut festo S. lacobi Maioris prima vice, post diuturnam aegritudinem, Sacrum Deo offerre potuerit. Nunc autem pergratum Nobis est vobis nuntiare quod praesto est nobis ómnibus solemnis occasio grati animi sensus erga venerandum Patrem nostrum patefaciendi, et Deum sincero corde pro ipsius sanitate exorandi. Próximo enim mense septembri, die vni Nativitatis B. M. Virgi- nis dicata, quinquagesimus annus recurrit ab emissa eius professione reli- giosa. Ipse, antequam in Hispaniam pergeret, etsi infírmiíate debilitatus, Nobis ómnibus prospiciens, a SSmo Dno N. Pp. Benedicto XV petiit ut, hac recurrente solemnitate, in ómnibus Ecclesiis vel Oratoriis Nostri Or- dinis Benedictio Papalis cum Indulgentia Plenaria solemniter Fidelibus impertiri possit: quod Sanctitas Sua, ea qua semper ipsum prosecutus est benevolentia, libenter concessit. 356 EN LAS BODAS DE ORO DEL RMO. P. TOMÁS RODRÍGUEZ Dum haec Vobis, Ven. Fratres, ostendimus, in memoriam revocantes continuam in nos benignitatem amantissimi Patris nostri Generalis, enixe rogamus ut Omnipotenti Deo quam férvidas preces offeratis qui ipsi con- cederé dignetur ut hanc diem laetissimam solemniter celebrare possit; votaque fundamus ut, recuperata valetudine, ad multos annos nobis et Ordini nostro servetur. Hac capta occasione, libet insuper vobis notum faceré quod SSmus D. N. Benedictus XV, per rescriptum S. Poenitentiariae, cuius exemplar transcribimus, precibus Rmi Procuratoris Ordinis annuens, benigne in- dulsit ut Plenaria Indulgentia toties quoties, die Nativitatis B. M. Virginis solis Cincturatis et Tertiarns hucusque concessa, perpetuo transferretur in diem Solemnitatis B. M. Virginis de Consolatione, ómnibus Christifídeli- bus lucranda. Datum Romae, die 2 augusti 1919. Fr. lOSEPH POLIGNANO, Comm. Generalis O. E. S. A, Fr. MARIANUS RODRÍGUEZ, Ordinis Secretarias. Concesión perpetua a la Orden de San ñgustín. SACRA POENITENTIARIA Beaiissime Pater, Procurator Generalis Ordinis Eremitarum S. Augustini, ad pedes Sanctitatis Vestrae provolutus, humillime exponit: In Summario Indul- gentiarum Archiconfraternitatís Cincturae B. M. Matris Consolationis, S. Augustini et S. Monicae, per Decretum S. C. Indulgent. die 17 dec. 1902 a Leone XIII f. r. reviso et adprobato, sequens Indultum adnotatur: «So- »dales quoties veré poenitentes, confessi ac S. Synaxi refecti, a primis »Vesperis usque ad occasum solis sequentium dierum idest diei festi >Nativitatis Bmae Mariae Virg. et Dominicae festum S. Nicolai de Tolen- >tino immediate sequentis, Altare vel Cappellam Confraternitatis visitave- »rint ibique ad mentem Summi Pontificis oraverint, toties plenariam »Indulgentiam, uti illam Portiunculae, lucrabuntur». Nunc vero humilis orator, quo magis christifidelium erga Bmam Vir- ginem Matrem Consolationis devotio augescat ac pietas, Sanctitatem Ve- EN LAS BODAS DE ORO DEL RMO. P. TOMÁS RODRÍGUEZ 357 stram devotissime adprecatur, ut, firmo praefato Indulto in Dominica Fe- stiim S. Nicolai de Tolentino immediate sequenti pro iis ómnibus, quibus iam concessum est, ídem Indultum, pro die Festo Nativitatis B. M. Virgi- nis datum, transferatur ad Solemnitatem B. M. V. Matris Consolationís, quae Dominica infra Octavam Festi S. P. Augustini occurrit, et extendatur ad omnes fídeles, ita ut omnes et singuli eorum, quoties in íestivitate B. M. Y. Matris Consolationis, veré poenitentes, confessi ac S. Synaxi refecti, quamlibet ex Ecclesiis vel quodlibet ex publicis aut semipublicis Oratoriis, sive Fratrum, sive Monialium, universi Ordinis Eremitarum S. Augustini, vel aliquam Ecclesiam seu Capellam, ubi erecta sit Confra- ternitas Cincturatorum, visitaverint, ibique pias aliquas preces ad mentem Summi Pontiñcis effuderint, totics plenariam Indulgentiam, uti illam Portiunculae, defunctis quoque applicabilem, lucrari possint ac valeant. Et Deus... Die 6 iunii 1919. SSmus D. N. D. Benedictus Div. Prov. PP. XV, in audientia infrascripto Cardinali Poenitentiario Maiori impertita, benigne annuit pro gratia iuxta preces, in perpetuum, absque ulla Brevis expeditione. Contrariis quibuscumque non obstantibus. O. Card. Oiorgi, P. M, F. BoRGONGiNi DucA, 5. P, Secretaríus. ANTONIO PÉREZ (aclaración a los capítulos VIH, X y XI DEL LIBRO I DE LA «HISTORIA DE VARIOS SUCESOS >, DEL P. FR. JERÓNIMO DE SEPÚLVEDa) ^^' (conclusión) xii.-HuyeAnto- Valiéndosc Pércz de ingeniosa estratagema, huyó de la prisión de nio Pérez de la car- ,, , . , , , ,,...,« . . , , .^ , , .. cei y se refugia en Madrid, segun las mayores probabilidades, la noche del 18 de abril Aragón. ¿g 15gQ^ refugiándose en Aragón y escudando su vida y persona con nombre de los fueros de aquel nobilísimo reino. Acogióse en Cala- tayud al convento de dominicos, de donde le sacó el baile aragonés Alonso Celdrán a fines de abril, y le condujo a la cárcel de los Mani- festados de Zaragoza. En las cárceles Apcuas supo Felipe II Que SU infiel secretario se hallaba seguro de Zaragoza. ^ ^ \'.,.'ui y preso en Zaragoza, presento ante los tribunales aragoneses quere- lla criminal contra él por la muerte de Escobedo, descifrar falsa- mente y haber descubierto secretos de Estado. No se descuidó Pérez. Con papeles y billetes del Rey, más o menos alterados, escribió el Memorial del hecho de su causa, que entregó a varios nobles. Se desconoce por dónde ni cómo pudo haber a las manos tales papeles; pues en el Memorial citado y en las Declaraciones varias que a su ^ nombre corren confiesa que no puede defenderse, porque le han sido quitados los documentos en que pudiera hacer clara y manifiesta su inocencia y justificación. Lo que parece cierto es — según el testimo- nio de Bustamante, antiguo criado de Pérez y su compañero de cár- cel— que llegó a reunir cinco mazos de billetes del Rey, que redujo a dos, quemando los restantes (2). (1) Véase La Ciudad de Dios, vols. CXV, págs. 465-78; CXVI, págs. 402-10, y CXVII, págs. 106-109. (2) Dóc. inéd., XV, pág. 466. ANTONIO PÉREZ 359 Felipe II, siempre temeroso de la publicación de algunos pape- les de esta causa que— según sus mismas palabras— no era de «ca- lidad que sufriera procederse en ella por juicio público», compren- dió inmediatamente que aun los más graves secretos de Estado se divulgarían y determinó retirar la demanda criminal por la muerte de Escobedo y las otras acusaciones probadas ya en Castilla contra Pé- rez, otorgando el siguiente importantísimo documento el 18 de agosto de 1590, firmado en San Lorenzo por el Rey, ante el Proto- notario de Aragón D. Miguel Clemente, actuando de testigos Don Francisco de Sandoval y Rojas, marqués de Denia, y conde de Ler- ma, gentilhombre de la Cámara; D. Diego Fernández de Córdoba, Caballerizo mayor, y D. Alonso de Zúñiga, gentilhombre deS. M. (1) El documento, en su parte esencial, dice así: «Nos Don Felipe por la gracia de Dios, rey de Castilla, de Ara- gón, de León, etc. Atendido y considerado, que en virtud de un po- der que como rey de Castilla mandé despachar en favor del magní- fico y amado consejero el doctor micer Jerónimo de Hueros, nuestro advogado fiscal en el reino de Aragón, con facultad, etc. Y en virtud de los privilegios de Procuradores fiscales míos en el dicho reino, se dio demanda y acusación criminal contra Antonio Pérez en la. corte del Justicia de Aragón sobre la muerte del secretario Escobedo, de cifrar falsamente, y descubrir secretos del Consejo de Estado, y otros casos que se contienen en el proceso, que sobre esto pende intitula- do: Processus, etc. Y habiendo sido preso, por mi parte se hizo la probanza necesa- ria, y después por la del dicho Antonio Pérez se dio su cédula de defensiones y se procuró proballas. Y si como son públicas las de- fensas que Antonio Pérez ha dado, lo pudiera ser la réplica de ellas, fuera bien cierto que ni hubiera duda en la grandeza de sus delictos, ni dificultad en su condenación. Y aunque mi deseo en este negocio fué encaminado, como en los demás, a dar la satisfacción general que yo pretendo y procuro, y esto ha sido la causa acá de su larga prisión, y ahí de haberse llevado otras cosas por la vía ordinaria, que se ha seguido; pero porque abusando Antonio Pérez de esto, y temiendo el suceso, se defiende de manera, que para responderle se- (1) Marqués de Pidal, Historia de las Alteraciones de Aragón, I, págs. 440-41 . 360 ANTONIO PÉREZ ría necesario tratar de negocios más graves de lo que se sufre en procesos públicos, de secretos que no conviene anden en ellos, y de personas, cuya reputación y decoro se debe estimar en más que la condenación de Antonio Pérez, he tenido por menos inconveniente dexar de proseguir en la corte del Justicia de Aragón su causa que tratar de las que aquí apunto. Y pues la satisfacción con que procuro proceder es tan sabida cuanto cierta, aseguro que los delictos de Antonio Pérez son tan graves, cuanto nunca vasallo los hizo contra su rey y señor, así en las circunstancias dellos como en la coyuntura, tiempo y forma de cometerlos. De que me ha parecido es bien que conste en esta sepa- ración para que la verdad en ningún tiempo se confunda ni olvide, cumpliendo con la obligación que como rey tengo de ampararla siempre y manifestarla cuando conviene, etc. (1)>. Aun cuando el Rey desistió en lo de la muerte de Escobedo y en lo demás de que en Castilla se acusaba a Pérez, no cejó la acción de la justicia, porque inmediatamente fué presentada nueva deman- da en la corte del justicia, pidiendo el castigo de Pérez por las muer- tes de Pedro de la Hera y Rodrigo Mangado. Como ya queda referido, hallándose muy adelantadas estas cau- sas, por haberse sabido que Antonio Pérez tenía inteligencias con los calvinistas y trataba de pasarse a Francia, la Inquisición juzgó aquello caso de fe y pidió el preso para juzgarle. XIII. -Alborotos Sabía Antonio Pérez que estaba perdido si le restituían a Casti- de Aragón. Motines del 24 de mayo y Ha, como lo deseaban Felipe II y la Junta de Madrid; no ignoraba que muchos nobles eran contrarios al Rey y al conde de Chinchón; que los aragoneses sentirían a par de muerte la violación de sus fue- ros y libertades, que clérigos y frailes le defendían; y no descuidó^ por medio de escritos y pasquines, y por sus amigos Martínez, Gi- de Mesa, y especialmente por el impetuoso y decidido D. Diego de Heredia, de soliviantar los ánimos, no muy quietos a la sazón, es- parciendo que si a él le dejaban indefenso peligraban los fueros, la libertad y la seguridad de todos. Sólo faltaba un pretexto, que no (1) F. Marco de Juadalajara y Xabierr: Qvarta parte de la Historia Pontifi- cal...,págs. 8-9. ANTONIO PÉREZ 361 tardó en presentarse, para que el descontento reventara en algarada y motín. Autorizado el inquisidor de Zaragoza por la Suprema de Madrid, con asentimiento y favor del Justicia y su consejo, trasladó el 24 de mayo de 1591 a Pérez y a Juan Francisco Mayorini, genovés, desde la cárcel de los Manifestados a las secretas de la Inquisición. Apenas corrió la noticia por Zaragoza, juzgándose lo sucedido violación y atropello de los fueros, amotinóse el populacho y a los gritos de Contrafuero, Libertad, Mueran los traidores y otros, pidió la restitu- ción de los presos a la cárcel de los Manifestados. Vacilaban los in- quisidores, mas cedieron al ver que los sediciosos amontonaban leña y alquitrán para incendiar la Aljafería, residencia del Santo Oficio, y las casas del arzobispo y del marqués de Almenara. Cator- ce días después moría el marqués de Almenara de pesar y de las heridas que recibió de las turbas enfurecidas. Desde mayo a setiembre hubo en Madrid, San Lorenzo y Zara- gozauna infinidad de cartas, consultas y deliberaciones sobre lo su- cedido (1). Convínose, finalmente, en que la honra del Santo Oficio y de la autoridad exigían que Antonio Pérez y Mayorini fuesen nuevamen- te llevados a las cárceles inquisitoriales. Pérez y sus parciales, valiéndose de pasquines, con buen golpe de valentones armados, que habían reclutado para infundir terror, amenazaban de muerte a las justicias y autoridades, llegando su audacia hasta atacar y dispersar públicamente y en pleno día a la tropa encargada del sosiego de la ciudad. Rotos los frenos, y vili- pendiada la autoridad, el populacho desmandado imperaba sin con- tradicción. Mostróse el Rey mesurado y prudente, no ocultándose a su cla- ra perspicacia la importancia de los sucesos. Al momento de ente- rarse del motín, despachó once correos distintos; escribió a las Uni- versidades de Aragón, que contestaron reprobando lo ocurrido; y, por último, nombró un Consejo especial para entender en el remedio. Propuso el Consejo como primera medida la formación de un (1) Pueden verse en el Marqués de Pidal: Historia de las alteraciones de Aragón, II, págs. 49-93. 362 ANTONIO PÉREZ poderoso ejército, mandado por el reputado y veterano soldado don Alonso de Vargas, que debía situarse en la raya del reino ara- gonés, sin entrar por entonces para ver de arreglar las cosas pacífica- mente y evitar nuevos desmanes. En cuanto a la persona de Antonio Pérez, causa y fautor de los alborotos, opinaron algunos del Consejo que, puesto que jurídica- mente estaba condenado a muerte, se le pusieran vigilándole tres o cuatro personas de confianza que lo matasen a trabucazos si se in- tentaba libertarle (1). Otros creyeron mejor darle muerte secreta y publicar que había muerto de muerte natural. Algunos nobles ara- goneses escribieron al Rey ofreciéndole deshacerse del Secretario oculta o públicamente; pero Felipe H rechazó con energía estas pro- posiciones (2). Resuelto el traslado de Pérez y Mayorini a las cárceles de la In- quisición, tratóse de realizarlo con grande solemnidad y aparato el 24 de setiembre. Alteróse al saberlo nuevamente el populacho, tocóse a rebato y se echaron a la calle decididos a todo D. Juan de Torrellas, D. Diego de Heredia, D. Martín de Lanuza y Don Manuel Lope, capitaneando una turba de facinerosos armados. Al aparecer en la calle Mayor los coches que habían de recoger a los presos, el pueblo y los esbirros de los favorecedores de Pérez apedrearon, ar- cabucearon y dispersaron a los soldados del Justicia, mataron las muías de los coches, prendieron fuego a la casa donde se había re- fugiado el Gobernador, y a las voces de Libertad, Libertad, violen- taron las puertas de la cárcel de los Manifestados, donde les fué en- tregado Antonio Pérez entre gritos y algazara. Momentos después abrían la prisión de Mayorini, dándole suelta a él y a otros presos. Murieron en la refriega más de treinta, algunos personajes princi- pales, quedando heridos número considerable. Antonio Pérez, acompañado de Gil de Mesa, Francisco de Ayer- be y dos lacayos salió aquel mismo día de Zaragoza para la Monta- ña por la puerta de Santa Engracia. (1) M. de Pidal, o. c, II, págs. 104 y sigs. (2) M. de Pidal, ídem id. «Algunos le ofrecieron de matar a Antonio Pérez oculta o públicamente, y no dio facultad el Rey en razón de cristiandad, por no aventurar su alma, y en la de prudencia por no confesar falta de fuerzas en la justicia.» Cabrera de Córdoba: Felipe Segundo, III, pág. 558. ANTONIO PÉREZ 363 Lo que más indigna en este episodio luctuoso, en el que muchos perecieron cumpliendo su deber acatando las órdenes del Justicia, son— escribe el marqués de Pidal (1)— las burlas y escarnios con que Pérez insultó su honrada memoria en las Relaciones (2), y la fal- ta de generosidad y decencia con que ridiculiza las más pequeñas circunstancias de su muerte. No tardó Felipe II en conocer los sucesos, y el día 29 de setiem- xiv.-oetermi- bre, en San Lorenzo el Real donde se hallaba, nombró y reunió una te. co"n"uctVy dl- Junta de Estado que informó sobre lo ocurrido. La Junta de Madrid, ^"°"° í®' í"^^'°'' •' * "' ' mayor don Juan de con el informe de la de Estado de San Lorenzo a la vista, convino Lanuza. el día 30 en que era necesario de todo punto «hacer un ejemplar castigo en desacato tan extraordinario, con tanta brevedad, que, si fuese posible, cuando llegare a los reinos extraños la nueva de lo sucedido, llegue también la de la demostración que V. M. ha man- dado hacer y se ha hecho, porque en esto no aventura V. M. menos que la quietud y la seguridad de los demás reinos y provincias.» (3). Mientras tanto en Zaragoza, amedrentadas e impotentes las auto- ridades, sólo mandaba la petulante insolencia de forajidos y sedi- ciosos. Seis o siete días después de su fuga, convencido Antonio Pérez de que por entonces no le era posible pasarse a Francia por la persecución de los oficiales del Gobernador y de la Inquisición, volvió a Zaragoza, y celosamente oculto y guardado en casa de don Martín de Lanuza, siguió dando impulso y dirección a los rebeldes, haciéndoles creer que al entrar el ejército castellano so color de res- tablecer el orden les quitaría los fueros y libertades, que debían de- fender con las armas, pidiendo auxilio a Cataluña y Valencia, y caso de no ser atendidos en justicia por el Rey lo mejor era declararse en república independiente de Castilla. El audaz y violento don Die- go de Heredia se había erigido en señor de horca y cuchillo en Za- ragoza y sus alrededores. Resolvió la Junta de Madrid la entrada inmediata en Aragón del ejército de Vargas, pretextando paso para Francia a fin de no solí- (1) O. c, II, pág. 173. (2) Páginas 249-250. (3) M. de Pidal, o. c, II, págs. 181-182. 364 ANTONIO PÉREZ viantar a los puntillosos aragoneses; Felipe II opuso reparos a este parecer, y aunque aceptaba que entrase el ejército, creía que simul- táneamente se debían de convocar Cortes generales del reino ara- gonés y entablar negociaciones pacíficas. La Junta, con dilaciones y advertencias trató de deshacer la propuesta del Rey, y protestó el nombramiento que éste hizo del marqués de Lombay, noble arago- nés, para ver de arreglar las cosas sin procedimientos de violencia. Aceptó el Marqués, y para favorecerle en su cometido, el 15 de octubre mandó Felipe II cartas a las universidades, ciudades, títulos y personajes aragoneses, dándoles noticia del objeto de la entrada del ejército, que no era otro que restablecer el crédito de la Inqui- sición y de la Justicia, castigar a los culpados, «procediendo con el mayor cuidado— son palabras del Rey— para que no padeciese nin- guno de los que habían manifestado buen celo en cumplir sus obli- gaciones, que sabía que habían sido la mayor parte. > (1). Sintieron los aragoneses en el alma la noticia de la entrada del ejército castellano, e intimidados algunos Diputados por la presión popular y las amenazas de los parciales de Pérez, y otros por creerlo contrafuero, votaron la resistencia a Vargas. El Justicia, conformán- dose con esta declaración, proclamó solemnemente la guerra al ejército real y requirió para realizarla el auxilio del reino. El fuero que alegaba el joven y poco experimentado Justicia no estaba lo su- ficientemente claro para tomar resolución tan grave y peligrosa, y los escritores aragoneses de aquella época Villar, el P. Murillo, Blas- co de Lanuza, Argensola y otros reputaron ilegal aquella declaración publicada el 1 de noviembre. El mismo Antonio Pérez para defen- der al Justicia falsificó substancialmente el contenido de la ley y des- figuró los hechos históricos que la motivaron (2). Cuando Felipe II supo lo sucedido, escribió nuevamente a los Di- putados que no era su voluntad quitarles las libertades, ni contra- fuero la entrada del ejército; «y así — terminaba la notificación- siendo este mi intento, será en mucho cargo y culpa de los que no quisieren entender mi voluntad. Vosotros los enteraréis y satisfaréis de ella como aquí se dice, para que por ninguna parte puedan tener (1) M. de Pidal, o. c„ II, pág. 201. (2) ídem, id., II, págs. 221-222. ANTONIO PÉREZ 365 excusa los que, sabiendo esto, voluntariamente se quisieren perder». Replicaron los Diputados que harían frente al ejército real. Mientras tanto en Teruel eran bárbaramente asesinados los hermanos Novelles, por creérseles partidarios del Rey. Excepto algunas ciudades, la mayoría del reino aragonés desoyó la intimación del Justicia, quien, por fin, después de lances varios en que peligró su vida, salió, cohibido por las amenazas, al campo, el 8 de noviembre, llevando desplegado y en son de guerra el histórico y venerado pendón de San Jorge. AJÍ ^^^ siguiente llegó a Utebo, donde revistó unos dos mil hombres bisónos y sin instrucción ni práctica bélicas. El ejército castellano penetró en Aragón el mismo día que el Justicia salió de Zaragoza. Gobernóse don Alonso de Vargas con toda moderación y prudencia, siguiendo las órdenes de Felipe II, que terminaba la instrucción de lo que debía de hacer el General con estas notables y moderadas palabras, escritas de su propio puño: «Excusaréis en cuanto os fuere posible venir a las manos con los aragoneses, y si os obligaren de modo que no lo pudiereis excusar, mandaréis volar la artillería por alto de manera que los espantéis y no les hagáis daño >. Retiróse y se fortificó en Epila el Justicia, desamparando el 10 de noviembre a su gente, que se dispersó al verse sin cabeza. El mismo día por la noche abandonaba Antonio Pérez definitiva mente a Zaragoza. Gravísima temeridad cometió entonces el Justicia, que pagó con su vida. En vez de reunirse a don Alonso de Vargas, que así se lo rogaba, dio el día 11 un manifiesto al reino, afirmando que el no haber resistido al ejército castellano no había sido por flaqueza o falta de voluntad sino por el desamparo en que le dejaran; aña- diendo nuevas cartas de requerimiento a las ciudades y procurán- dose medios para guerrear contra las tropas del Rey. Últimamente, accediendo a las súplicas de su madre, se restituyó a Zaragoza y empezó a despachar en su tribunal como era ley y costumbre, sin que nadie le molestara. Las gestiones que Vargas y el marqués de Lombay hicieron para arreglarlo todo pacífica y suavemente encontraron obstinada contra- dicción en la Junta de Madrid, justificada en parte por la osadía de 366 ANTONIO PÉREZ muchos comprometidos en los alborotos y la poca prudencia de parte del clero secular y regular, exaltado defensor de los patrios fueros. Por estos alborotos y rebeldías, el Justicia mayor fué degollado en Zaragoza el 20 de diciembre; y otros nobles pagaron con la mis- ma pena y sus casas fueron derrocadas y confiscados sus bienes. Los pormenores e incidentes de estos sucesos se hallan en muchos ilbros donde podrá verlos el lector curioso. KV.- Quema de Huído Pércz a Francia, la Inquisición siguió su proceso y le con- ia estatua de Anto- , , , , - , , ., .;, nio Pérez en Zara- dcuo a la pcua dc fucgo, y por uo haber sido posible prenderle se ^°"' mandó quemar e incinerar una estatua que se le pareciera y llevara su nombre bien visible. Asi se realizó en el auto de fe de 20 de oc- tubre de 1592. . (1) Doc. inéd., XII, págs. 564*66. ANTONIO PÉREZ 367 La noche del 23 al 24 de noviembre pisó por última vez Pérez „ xvi.-Antonio Pérez en Francia e tierra española y entró en Francia, siendo acogido en Pau con favor Inglaterra, por la princesa Catalina, hermana de Enrique de Bearn, después Enrique IV de Francia. Casi no había tenido tiempo Pérez de reponerse de las fatigas y temores del viaje, cuando él, D. Diego de Heredia, D. Martín de La- nuza y otros refugiados aragoneses, con la ayuda y protección de la princesa Catalina, intentaron entrar en Aragón y sublevarlo. Efecti- vamente, todo el reino se conmovió, pero fué contra los calvinistas bearneses y los refugiados, acabando lamentablemente la expedi- ción. De este modo empezó la serie de sus hazañas contra la patria aquel «perro de fidelidad natural, que apaleado y maltratado no sa- bía apartarse de las paredes de casa de su amo (1)>. Lo que temía Felipe II, lo que le obligó a retirar la demanda en Aragón sobre la muerte de Escobedo y demás acusaciones, no tardó en ser un hecho irremediable: Enrique IV de Francia e Isabel de In- glaterra supieron muchos secretos de Estado y los puntos vulnera- bles de la más extensa y homogénea monarquía española. No hemos de seguir al pormenor el repugnante oficio que en París y en Londres desempeñó este nuevo Judas, architraidor y ejemplar típico de traidores, como le llama Hume. Repugna tanta bajeza y villanía. Un libro hay ya escrito de ello, con gran erudición y sensatez, cual acostumbró a trabajar sus obras D. Cesáreo Fer- nández Duro (2). Pérez no perdonó fatiga ni recomendación para unir contra Es- paña a Enrique ÍV e Isabel, gloriándose y teniéndose por feliz de poder hacer el oficio de sacerdote bendiciendo aquella unión. Pérez aconsejó y planeó la empresa contra Cádiz, que fué sa- queada, incendiada y asolada por su amigo el conde de Essex en 1596. Uno de los sargentos que fueron prisioneros en la derrota de la Invencible, a quien había pedido y llevado a su casa, fué mal- (1) Las Obras y Relaciones de Ani. Pérez, pág. 164. (2) Antonio Pérez en Inglaterra y Francia (1591-1612), en Estadios históricos del reinado de Felipe II, por D. Cesáreo Fernández Duro. De la R. Academia de la Historia. Madrid. Imprenta y fundición de M. Tello, Impresor de Cáma- ra de S. M., Don Evaristo, 8. 1890, págs. 247-460. Es el tomo 88 de la Colección de Escritores Castellanos. 368 ANTONIO PÉREZ tratado bárbaramente por Pérez porque se negó a servir de guía en expediciones contra su patria. Pérez propuso a la reina Isabel la expedición contra las Indias, €n la que perecieron los almirantes corsarios Drake y Hawkins. Pérez se comprometió a entregar dos puertos en Ñapóles a los ingleses, como base para guerrear contra los españoles. A expensas de la reina Isabel imprimió sus mentirosas Relaciones^ y las envió a Aragón y a los rebeldes flamencos para que no se ex- tinguiera por falta de materiales el fuego de la discordia. El escribió carta sumamente laudatoria a Enrique IV por haber recuperado Amiens, que poco antes le habían arrebatado los espa- ñoles, incitándole a proseguir adelante con frases lisonjeras (1). Pérez nunca dejó de alentar a Francia e Inglaterra contra el po- der de Nabucodonosor, Faraón y la bestia salvaje, que estos delica- dos epítetos se escapaban de su pluma cortesana, hinchada y pulida, cuando trataba de su antiguo señor Felipe II. Pérez, en el momento en que iba a vivir bajo la protección del monarca francés y a comer de su pan, ofreció a fuño, que así llama- ba a la reina Isabel, proporcionarle todas las confidencias y secretos que pudiera de su favorecedor Enrique IV, hecho que hizo ver a la poco escrupulosa señora la bajeza de alma y el villano proceder del traidor (2). Y todavía en 1600, en un libro dedicado a Enrique IV, por si los enemigos de España no habían fijado bien su atención en lo que de palabra les había enseñado, les dejó por escrito estas máximas: «9Q. — Aunque el poder de España es ahora muy grande, su go- bierno en la Flandes causa muchas inquietudes, como en Ñapóles, Portugal y Cataluña, y no desean más que una ocasión favorable para sacudir el yugo. (1) «Viva V. M. mili años, que assí recrea los ánimos de los suyos con los effectos de su valor. El parabién déstos no se ha de dar a V. M., que es dár- sele de obra propria suya, sino a los suyos, a sus reinos, a Europa, a más iba a decir. Pero adelante, diré, que con esto V. M. lo dirá con sus obras. Y si al resplandor, señor, de vuestra real presencia se han deshecho, como las nie- blas al sol, las fuerzas de un exército contrario, ¿qué obrarán los rayos?» Las Obras y Relaciones, págs. 571. (2) Todos estos hechos someramente apuntados pueden comprobarse en €l citado libro del Sr. Fernández Duro. ANTONIO PÉREZ 369 100. — Podrá vuestra Majestad prometer socorro a sus Estados, y ayudándolos con generosidad, facilitar el adquirir estos dominios que incorporados con este reino se podrá dilatar con conocidas ven- tajas del Estado. 101. — La Casa de Austria tiene un gran poder en la Europa, que le adquirió el emperador Carlos V, de gloriosa memoria. Para dis- minuir su dominación sería del caso emplear toda la política, y ga- nar algunos príncipes de Alemania.» De seguro que Richelieu y otros políticos extranjeros enemigos de la grandeza de España no olvidaron las enseñanzas de Pérez. Todos cuantos han tratado del tiempo en que fueron puestos en , xvii.-cCuindo fueron puestos en libertad doña Juana Coello y sus hijos ponen la fecha de abril y ¡itertad la mujer e agosto de 1599. El fundamento de esta afirmación se halla en Ca- ^^¡'J' ^^^^^^'^ brera de Córdoba y en Antonio Pérez. El primero escribe: «//an dado libertad a la mujer del secretario Antonio Pérez, la cual está aquí procurando la de sus hijos, que todavía quedan presos. Hase dado libertad a los hijos del secretario Antonio Pérez^ los cuales están aquí con su madre (1).» Por su parte Pérez dice lo siguiente: «Por abril siguiente del año de 99 (que todos aquellos meses se estuvieron aquellos Inocen- tes en aquel silo enterrados) vino orden del Rey que diesen libertad a la madre doñajoana, mi mujer (2). fíe tenido aviso que están en libertad doña Juanna y sus hijos, con la piedad del Rey que suena y resuena por todas partes, y con el favor del marqués de Denia, cuyos consuelos, me dicen, que han comenzado a animar mucho a aquella señora.» (3). Según puede notarse a jDrimera vista por las palabras subrayadas, las dos redacciones se parecen bastante, y como Cabrera de Córdoba leyó las obras de Pérez hasta el punto de copiar en algunos relatos palabras y frases del secretario, bien pudiera haber sucedido que en las Relaciones del uno influyeran las Cartas del otro. (1) Relaciones de las cosas sucedidas en la corte de España desde 1599 hasta 1614. Obra escrita por Don Luis Cabrera de Córdoba, criado y cronista del Rey Don Felipe II. Publicadas de Real Orden. Madrid: Imprenta de J. Mar- tín Alegría. Ancha de San Bernardo, 73, 1857, págs. 17 y 36. (2) Cartas de Antonio Pérez en Las Obras y Relaciones, pág. 473. (3) ídem id., pág. 604. 370 ANTONIO PÉREZ Los editores de las Relaciones advirtieron en el prólogo que la copia de la edición se hizo en Lisboa en 1787 y que los apuntes de Cabrera de Córdoba, escritos sin pretensión de ningún género, en estilo familiar y un tanto desaliñado, y en la forma de Relación tan común y usada entonces, *fueron hallados a su muerte, y puestos en orden por algún curioso^. En contra de Pérez y Cabrera de Córdoba se halla el relato del P. Sepúlveda, que dice de este modo: «A la mujer (de Antonio Pérez), después de haber pasado algunos años, la dio el Rey Católico (Felipe II) entera libertad...» (1); y pone en boca del alguacil que fué a soltarla a Pinto casi las mismas expresiones que Pérez le atribuye, y da tal multitud de pormenores, que no es fácil que los inventara, y que, de ser ciertos, hacen imposible la intervención de Felipe III en el asunto. También se alega que Felipe II dejó ordenado en su testamento, o sí se quiere en unos avisos a su hijo, que diese libertad a la fami- lia de Pérez y le restituyese su hacienda; pero esta noticia no tiene, al parecer, más fundamento que lo dicho por el mismo Pérez en una de sus cartas (2). Quede, pues, en suspenso el juicio en este hecho entretanto no vengan a aclararlo nuevos documentos. XVIII.- Escritos 1.— Relación sumaria del Discurso de las prisiones y aventaras de de Antonio Pérez. ^ . r^ . ....... . . . , , Antonio Pérez, desde el prmcipio de su primera prisión, hasta su sali- da de los reinos del Rey Católico. (1) Historia de varios sucesos, lib. I, cap. XI, n. 6, en La Ciudad de Dios, vol. CXVII, págs. 107-108. ^ (2) «Murió el rey de España el septemb. del anno 1598. Luego corrió voz y avisos a todas partes del testamento que dexaba. Unos mostraban en Flan- des copias del, o de parte del, otros lo que contenía. Entre aquello referían capítulo tocante al descargo de alma en las cosas de Antonio Pérez. En esto mismo había variedad. Unos lo referían en lleno, que había dexado orden que diessen luego libertad a la mujer y hijos de Antonio Pérez, y que le resti- tuyesen toda su hacienda; y aun hubo quien escribió que ocho mil ducados de renta en satisfacción de lo padescido. Otros lo contaban bien diferente. Que los recluyesen a todos en un monasterio...» Carta a un señor amigo, en Las Obras y Relaciones , págs. 469-70. En estas palabras pudo fundarse la nota que en el tomo XII, pág. 574, pu- blicaron los señores Salva y Sainz de Baranda, de la que ya hablé en La Ciu- dad DE Dios, vol. CXYII, pág. 110. ANTONIO PÉREZ 371 Publicada en la Colección de Documentos inéditos para la Histo- ria de España. Tomo XII, págs. 365-388. Madrid, 1848. Los señores Salva y Sáinz de Baranda dicen que es fragmento de un impreso que se halla en Simancas. No sé si será parte de la edi- ción siguiente, o tirada anterior. 2.^PedaQos de historia^ ó Relaciones ^ assy llamadas por sus Auc- tores de(\) Peregrinos. Retrato al vivo del natvral de la forivna. La primera Relagion contiene el discurso de las prisiones y Auenturas de Antonio Pérez, a que I secretario del Rey Phelippe II, desde su primera prisión, hasta su salida de los Reynos de España. Otra Relación de lo Sugedido en Qaragoga de Aragón a 24 de Septiembre del año de 1591 ^ por la Libertad de Antonio Pérez, y de sus Fueros y lustigia. Contie- nen de mas estas Relagiones, la Razón y Verdad del Hecho, y del De- recho del Rey, y Reyno de Aragón, y de aquella miserable confusión del Poder, y de la lustigia. De mas de esto, El Memorial, que Antonio Pérez hizo del Hecho de su causa, para presentar en el luyelo del Tri- bunal del lustigia, (que llaman de Aragón) donde respondió llamado á el de su Rey, como Parte. Impresso en León. S. a. 4.®. 4 hs. prls., 389 págs y 9 hs. para terminar una adver- tencia del impresor, las tablas y erratas. Salva, Catálogo, II, pág. 296, núm. 2.378, y Brunet, Manuel du libraire, tomo IV, cap. 496. Esta es —dice Salva— 2.^ impresión, según parece de la adver- tencia del impresor. 3.— Relaciones de Antonio Pérez. Impresso en París, M.D.XCVIII. 4.° may., 316 pp., una hoja blanca, 9 de Tablas o Memorias de las cosas principales, 2 con un emblema grabado y su explicación, una hoja blanca, y 12 con algunas cartas y las erratas (2). Salva, Catálogo, II, p. 296, n. 2.378. A.— Las Obras y relaciones de Ant, Pérez, secretario de Estado, (1) Brunet pone los Pelegrinos. (2) Las Relaciones, según Birch, fueron traducidas al latín por un español, llamado Ciprián. Al holandés lo fueron el afío 1594. Véanse Mignet, o. c, pá- gina 75, c. 2, nota, y F. Duro, o. c, pág. 270. 372 ANTONIO PÉRKZ qve fve del Rey de España Don Phelippe //, deste nombre. Geno- va (sic), Por luán de la Planche, M.DC.XXXL . Salva, Catálogo, II, p. 2Q6, n. 2.375. Cita, además. Salva otra edi- ción de ParíSy 1644, en 8.°, por loan di Fornes, y otra de Ginebra, por Pietro Chouet, 1654, también en 8.o. Es equivocación; la de Fornes, que es la que uso, fué impresa en Ginebra en 1644. Hay ediciones de París, 1624 y 1675, en 8.° — Brunet, o. c, t. IV, cois. 495-96. 5.— Las Obras y Relaciones de Ant. Pérez secretario de Estado, qve fve del Rey de España Don Phelippe II deste nombre, Illvstrat, dvm vexat (Orabadito en madera.) In Geneva, Por luán di Fornes. M.DCXLIV. 8.0 (16 Vi X 9 'U cm.). 16 hs. + 1.126 pp. y 1 h. en b. Port. v. en b. Dedicatorias a Enrique IV, al Papa y Sacro Collegio y a To- dos. Relación svmmaria de las prisiones... (pp. 1-215). Relación de lo svccedido en Qaragoga... (pp. 216-258). El Memorial... del Hecho de sv cavsa... (pp. 261-342). Memoria de las cosas pringipales... (pp. 348- 368). Varios (pp. 369-380). Las Cartas... (pp. 380-396). Aphorismos... de las Relaciones (pp. 397-442). Cartas... después de su salida de Es- paña (pp. 443-643)... Epistolarvm Centuria vna (pp. 644-723). Apho- rismos de las Cartas espannolas, y latinas (pp. 724-760). Segvndas Cartas... (pp. 761-989). Segvndas cartas para Doña loanna Coello y para sus Hijos (pp. 990-1.009). índice de las cartas segvndas (pp. 1.010-1.012). Aphorismos de las segvndas cartas (pp. 1.013-1.070). Carias a donna loanna Coello y a sus Hijos (pp. 1.071-1.126). Entre las últimas cartas hay dos advertencias, verdaderas o su- puestas, de Gil de Mesa. Esta edición es muy conocida y citada, y es la que yo uso. 6.— Las Relaciones de... secretario de Estado que fué del Rey de España Don Felipe II de este nombre. Madrid, 1849. 8.°, 2 tomos de 177 y 184 pp. Bratli, Philippe II, roi d'Espagne, p. 273. 7.— Cartas de Antonio Pérez,., para diaersas personas después de su salida de España, Impresso en París. (S. a.) ANTONIO PÉREZ 373 8.° prolong., 146 hs. foliadas, inclusos los pris., otras 19 foliadas, una blanca, 12 folios, 40 foliadas y 66 folios. Contiene las Primeras carias a diversos, las que escribió a su mu- jer e hijos, las latinas dirigidas al conde de Essex y los Aforismos de ellas. Aunque no lleva fecha (la edición) la creo de hacia 1598. He tenido otra edición s. 1. n. a. en 4.°, y parecía de Ginebra; en el fron- tis lleva un escudito orlado, y pintada en él la Fortuna. Salva, Catálogo, II, p. 296, n. 2.376. 8. — Segvndas carias de Ant. Pérez. Mas los Aphorismos deltas sa- cados por el Cvrioso que sacó los de las Primeras. Del mismo los Aphorismos del libro de las Relaciones, París, Francisco Hvby. 1603. 12.°, 263 hs. fols., inclusos los prls., una blanca, 5 de índice, una blanca, 64 de los Aforismos de las Cartas, y 48 folios de los Aforis- mos de las Relaciones. Salva, Catálogo, II, p. 296, n. 2.377. Bratli, o. c, p. 272. 9.— Cartas [castellanas]. Las publicó D. Eugenio de Ochoa en el tomo XIII, pp. 473-570, Epistolario español, de la Biblioteca de AA. EE. de Rivadeneyra. Madrid, 1856. 10.— Cartas. Morel-Fatio ha publicado una colección, que he visto citada, pero cuyo exacto título desconozco (1). También ha reimpreso buen número D. Cesáreo Fernández Duro en su estudio Antonio Pérez en Inglaterra y Francia, pp. 387- 460 (2). 11. — Aforismos de las Cartas españolas y latinas del sabio políti- co Antonio Pérez, Secretario de Estado que fue del Rey de España D. Phelipe Segundo de este nombre. Y allende de esto algunas cartas (1) Creo que las publicó en su obra VEspagne au XVI e ei au XVII' siécle. Documenís hisioriques et liitéraires publiés et annotés par Al/red Morel-Fatio. Bonn, Impr. de Charles Georgi, 1878, págs. 257-314. (2) «En Italia incluyó Bulifon, en la colección titulada Lettere memorabili, tomo I!, págs. 50 a 68, dos cartas de Antonio Pérez al Duque de Lerma». F. Duro, o. c, pág. 331, nota 1.* 374 ANTONIO PÉREZ á SUS Amigos y Hija. In Spe. Parte Primera. Madrid: 17 87. Oficina de Hernández Pacheco, calle de Tudescos, donde se hallará. 8.^ m. (19 X 13 cm.), Q4 pp. -h 1 h. en b. y otra con la port. La 2.^ y 3.» partes están impresas en la misma oficina y año, con la misma portada, variando los lemas, que son: Monstrum Foríunae (2.*) e Invidiae scopus, Inuidorum scopulus (3.^). La 2.* parte tiene 88 pp. y 108 la 3/ 12.— Pasquín del Infierno. Dialogo de lo sucedido en Zaragoza a 24 de mayo de 1591. Según Argensola es obra de Antonio Pérez. Lo publicó el mar- qués de Pidal, o. c, II, pp. 416-427. En versos muy prosaicos. Inter- locutores: Mateo Vázquez; don Juan de Ourrea, gobernador de Ara- gón; Jerónimo Blancas, cronista; el marqués de Almenara; y Pintón y Farfarelo, demonios. • 13. — Las Máximas que Antonio Pérez, Secretario de Estado que fué del Señor Rey Don Felipe 11. presentó al Rey Enrique IV el Gran- de de Francia. Se publicaron en la Continuación del Almacén de frutos literarios, ó Semanario de obras inéditas, tomo I, pp. 195-271. Madrid, Impren- ta de Repullés, 1818. Les precede una noticia histórica sobre Antonio Pérez (pp. 195- 201). Las Máximas son 294. La dedicatoria a Enrique IV la firma Pérez en París el 10 de mayo de 1600. Por tratarse de un libro importante para juzgar a los personajes del siglo XVI, transcribiré algunas máximas: *7.* — Procure V. M. que se predique la palabra divina con la mayor claridad en todos sus Estados. Haga amonestar a aquellos predicadores que glosan el Evangelio a su fantasía y modo ridículo, sobre todo a los predicadores satíricos; disponga que sean severa- mente castigados por sus prelados, y si éstos no lo hacen por sus intereses, tome V. M. la mano, castigándolos con encierro. 12."— No permita V. M. que dejen sus vasallos por herederos a las comunidades religiosas, ni que hagan donaciones pías exorbitan- tes, porque esto cede en detrimento del Real Erario y de todos sus vasallos. ANTONIO PÉREZ 375 18/— Como es tan corto el tiempo asignado para la profesión religiosa, y lo hace la mayor parte sin conocer su temperamento y no cumplen los votos, podría V. M. mandar que ninguno sea reli- gioso hasta haber servido tres años en sus tropas, o impetrar del papa que se difiriese la profesión hasta los veinte y seis años. 49.a— No se admita bula alguna ni breve de la corte de Roma sin que sea examinado por el parlamento o Consejo de Estado; acéptese, si lo merece, y si no expóngase las razones con respeto, su- plicando al Papa lo que convenga. 145.a— Para levantar tropas, no se deberá disminuir la agricul- tura ni las fábricas, que son las fuerzas del Estado, y de lo contrario la pérdida sería grande. 169.^— Como en el reino no hay hábiles pintores ni estatuarios, dispondrá el Estado de enviar a la Italia los más adelantados en el dibujo, y cuando haya un número suficiente, se dará orden para es- tablecer una academia de pintura. 200.^— Tantos navios de línea bien equipados que tenga el mo- narca, son otras tantas murallas para defender sus dominios y poner respeto a otros. El aumento que hace cada día el de Inglaterra, le sirve de plazas fuertes y de gran daño a otros monarcas. 221.^— Instruyase el monarca con gran cuidado, por la boca del ministro, de sus intenciones, y haga algunos extractos que guarde originales en caso necesario y jamás firme ninguna cosa sin haberla leído, por si acaso hay alguna cosa que no sea regular, como ha su- cedido muchas veces. > Í3.— Norte de Principes, Virreyes, Presidentes, Consejeros, y Go- vernadores. Y advertencias politicas sobre lo publico y particular de una monarquía, importantisimas a los tales: Fundadas en materia y razón de Estado, y Govierno. Escritas por Antonio Pérez, Secretario de Estado que fue del Rey Catholico Don Phelipe, segundo de este nombre. Para el uso del Duque de Lerma, gran Privado del Señor Rey Don Phelipe tercero. Con las licencias necesarias. En Madrid. En la Imprenta de Don Pedro Marin. Año de MDCCLXXXVIÍI. 16 m. (14 V, X 9 V, cm.), 10 hs. s. n. + 260 pp. Las 10 hojas primeras contienen la Carta de un gran cortesano. 376 ANTONIO PÉREZ — Caria de un gran cortesano para otro que empezaba a ser vali- do, el qual cortesano se dice ser Antonio Pérez. Se publicó el mismo año que el Norte de Príncipes, en el Sema- nario erudito, de Valladares, tomo VIH, pp. 245-249. —En las pp. 250-254 del mismo Semanario erudito hay otra carta de Pérez, A Gil de Mesa remitiéndole la antecedente, — Politiche considerationi sopra una lettera d* Antón Pérez al Duca di Lerma.., dal Sig. Gio. Francesco Grillenzoni da Carpi. Mila- no, 1625. Citada así por D. J. F. Montaña, Nueva Luz, p. 352, nota 1.a 14.— Apuntamientos militares. 15. — El Secretario. * Así las cita, sin más indicaciones, Nicolás Antonio en su Biblio- teca Hispana nova, Madrid, 1783, t. I., pp. 151, c. 2. En el ms. 1.046 (ant. Dd. 78, y luego E. 192) de la Biblioteca Nacional de Madrid, desde el folio 112 al 142 se halla El Secreta- rio. Según me comunica mi amigo don Alvaro Gil Albacete, El Secretario está escrito de tres distintas letras, de los siglos XVII y XVIII. La primera parte de la obra empieza en el folio 112 y ter- mina, incompleta, en el 124. La segunda parte empieza en el folio 126 y termina en el 142. Después del título Secretario se lee: «Es el autor Antonio Pérez>; pero esta nota es posterior al texto, y no hay más indicio en el ms. para la atribución. En el mismo ms. se hallan el Norte de Príncipes (fol. 1.° y sigs.), de Antonio Pérez, y una carta y el Conocimiento de las Naciones (fols. 57 y sigs.), de don Baltasar Alamos de Barrientos, de que se habla en el número 17 adelante. 16.— Han sido atribuidas a Pérez las dos obras siguientes: Vida interior del Rey D. Felipe I!. Atribuida comunmente al Abad de San Real, y por algunos al célebre Español Antonio Pérez, su Se- cretario de Estado. Dala a luz D. Antonio Valladares de Sotomayor. ANTONIO PÉREZ 377 Con Real privilegio. En Madrid: En la Imprenta de Andrés Ramírez. Año de 1788, 16 m. (14x9cm.), llOpp. De esta Vida abundan los manuscritos en bibliotecas públicas y particulares. Es una traducción de la Histolre de France et des choses memora- bles advenues aux provinces etrangéres durant sept années de paix... par Fierre Mathieu. Paris, 1606. 4.^ tomo I, pp. 35-148 (F. Duro, obra c, p. 327). Ya se había traducido al castellano el relato de Pedro Mathieu en 1632 con este título: Breve Compendio y Elogio de la vida y muerte de don Felipe Segando. (D. Lorenzo Vander Hammen y León— Do/z Filipe el Prvdeníe... Madrid, 1632— i4 todos.) n.—L'Art degoüverner, discours adressé au Roy Philipe III (1598), publié pour lapremiére fois en espagnol et en franjáis, suivi d'une étude sur la consultation de Melchior Cano a Philippe II (1555), parJ.-M. Guardia. Paris, H, Plon, 1867, 5.^ LXXXVIII + 398 pp. Suplément al Manuel du libraire, de Brunet, por P. Deschamps y G. Brunet. Paris, 1880, tomo II, p. 201, c. 2. Morel-Fatio creyó que era el Norte de Príncipes, pero Fernández Duro reconoce que aun cuando en divisiones, conceptos y opinio- nes son iguales ambos escritos, esta obra de Don Baltasar Alamos de Barrientos se redactó teniendo delante la de Antonio Pérez. F. Duro, obra c, pp. 354-55. Ignoro si habré dejado de anotar alguna producción importante de Antonio Pérez; pero no ha sido mi propósito apurar todos los puntos en esta materia. Todos, o casi todos los historiadores que han hablado del funes- xix.-Aigunas to secretario de Felipe II, se hallan contestes al afirmar que los es- ¡¡¡¿s importantes di critos de Antonio Pérez están redactados con habilidad calculada, '"^ •'"ritos de An- tonio Pérez, recargando las sombras cuando trata de sus enemigos, ocultando o desfigurando la verdad cuando le es contraria para el fin que se pro- puso de aparecer como víctima de las venganzas y odio de Felipe II y ponderando demasiadamente lo que puede apuntarse en su favor. Y, sin embargo, es digno de consideración que desde Cabrera de Córdoba, Vanderhammen, Quintana y otros autores, eclesiásticos 378 ANTONIO PÉREZ muchos de ellos, y defensores todos del Rey Prudente y casi con- temporáneos, hasta los modernos Mignet, Bermúdez de Castro, Muro, Valentín Gómez, el marqués de Pidal, y últimamente Hume, han dado más crédito a Pérez del que consiente el criterio histó- rico, notándose en todos ellos, sin excepción, tal influencia que llegan en ocasiones a repetir casi verbalmente modismos y párrafos enteros del secretario. Qué fe merece Pérez en las narraciones que no están comproba- das por documentos auténticos, nos lo va a decir el cotejo de los siguientes importantísimos hechos, tal como los pinta Pérez y tal como fueron en realidad. 1. — Muerte del príncipe don Cados. — Escribe Pérez: *Y el confe- sor (fray Diego de Chaves), ofendido del principe Ruigómez, por la pertinacia con que aprobaba aquella ejecución en la persona del Prín- cipe, muy digno de saberse para la parte de aquella historia y para conocer cuan rasgada consciencia era la de aquel teólogo, cuan con- certada la de aquel caballero: cómo padesció aquel Príncipe no es para aquí. A los memoriales lo tengo entregado en la parte de seme- jantes ejecuciones; allí me entenderán» (1). La acusación de haber mandado Felipe II matar a su hijo, como dice Bratli (2), no necesita refutación después de los trabajos de Ga- chard. La consciencia rasgada de fray Diego de, Chaves se halla atestigua- da por el testimonio unánime de sus contemporáneos, que le llaman a boca llena fraile muy ejemplar y digno hijo de Santo Domingo. De su entereza da fe una carta que dirigió a Felipe II, en la que le dice que «so pena de su condenación está obligado el Rey a hacer justicia, y con brevedad, a sus vasallos», negándose a «administrarle ningún sacramento, no haciendo las cosas dichas». Y termina la car- ta: «No haciendo esto, tengo por cosa constante, según la ley que profesamos, estar V. M. en el más peligroso estado que tenga nin- gún cristiano católico. De nuestra celda, 19 de marzo de 1593» (3). (1) Relaciones de Antonio Pérez, tomo I, pág. 60, Madrid, 1849.— Cita de D. J. Fernández Montaña: Nueva Luz, pág. 382. (2) PhiUppe II, roí d'Espagne, pág. 20. (3) Fernández Montaña: De cómo Felipe II no mandó matar á Escobedo, pá- ginas 280-81. ANTONIO PÉREZ 37Q AI año siguiente (1), murió el padre Chaves en Madrid, a los ochenta y cinco años. El hombre que no temió privar de sacramen- tos a Felipe 11, porque, a su parecer, no cumplía con la obligación de rey, y murió pobremente en su celda, habiendo renunciado, entre otros, el Arzobispado de Sevilla, y fué elogiado como religioso ejem- plar por sus coetáneos (2), no era, ciertamente, teólogo de rasgada conciencia. 2. — Cómo Pérez hallándose camino de Aragón vio lo que pasaba en Madrid. Oigamos su relato: «Salió de prisión con ayuda y compañía de Gil de Mesa, un hidalgo aragonés y pariente suyo y bien conocido en la corte católica, el Miércoles Santo ^ a las nueve de la noche, y corrió treinta leguas por la posta hasta meterse en Aragón.» Y continúa: «Las prisiones y rigores nuevos que se hicieron el día siguiente de su salida, /í/ev^s Santo, en las personas de su mujer e hijos, algunos de ellos de tal edad, que era menester llevarlos en brazos... fueron lastimosísimos; y lastimosísimas las lágrimas y alari- dos generales: oilos y vitos; de vista hablo. ^ (3). O lo que es igual— escribe el P. Montaña (4)—, que Antonio Pérez, hallándose ya conspirando en Aragón contra el Rey, oyó y (1) Así dice el P. Montaña en el libro que se acaba de citar. Según esto, hay que corregir la fecha que yo puse al ordenar el manuscrito del P. Sepúl- veda, colocando la muerte de fray Diego de Chaves en 1592, siguiendo al pa- dre Sigüenza. (2) «En estos días fué nuestro Señor servido de llevarse para Sí al confesor del Rey Católico, fray Diego de Chaves, fraile dominico, un fraile de muchas partes y grandes merecimientos* . Fr. Jerónimo de Sepúlveda.— ///stona de va- ríos sucesos en La Ciudad de Dios, vol. CXVII, pág. 109. «Poco antes se había muerto el confesor Chaves, religioso de Santo Do- mingo, hombre entero, de gran cabeza, a quien no turbó punto la alteza de la privanza; que fué mucho; porque fué grande y vi en aquel siervo de Dios una cosa que se ha de estimar, que nunca perdió lo que debía a la modestia y llaneza que deprendió en la religión, y como tal, que pudiera haberse levantado más si quisiera, que no es pequeña alabanza». Fr, José de Sigüenza..— Tercera par- te de la Historia de la Orden de San Jerónimo... —Níaáñá, 1605, págs. 641-642. (3) Relaciones de Antonio Pérez, tomo I, pág. 86. Madrid, 1849. Cita de D. J. Fernández Montaña: Nueva Luz, pág. 381-82. (4) Nueva Luz, pág. 382. 380 ANTONIO PÉREZ vio cuanto con su familia y otros individuos sucedía en las calles y plazas de la corte de España. 3,— De las razones para la muerte de Escobedo que da Pérez, dos son evidentemente falsas y una sumamente improbable. Ya que- da suficientemente desmentido lo que afirma Antonio Pérez en los párrafos V y VI, núms. 2 y 3, de este estudio, donde puede repa- sarlos, si gusta, el lector; así como la fidelidad de don Juan de Aus- tria, puesta en tela de juicio por el malévolo Secretario. 4.— Falsificación en la copia del fuero de Aragón. Después de adobar a su placer los antecedentes históricos que motivaron el fuero en que don Juan de Lanuza apoyó su resistencia al ejército de Felipe II, Antonio Pérez cita lo substancial del fuero, y, como si se tratara de translación de las palabras del mismo, pone las siguientes en bastardilla: * Que pudiesen y pueden tomar las armas contra cua- lesquier fuerzas extranjeras que entraren en su reino en ofensa suya, AUNQUE SEA CONTRA SU MISMO REY Y PRÍNCIPE HEREDERO SÍ en tal forma entrase,* (1). El fuero, en su parte esencial, dice textualmente: «Por cuanto algunos oficiales de algunas ciudades, villas o lugares del regno de Valencia, Principado de Catalunya, indebidamente pretienden, que en virtud de privilegios e con color de procesos de defensión e de sonmetient e en otras maneras, pueden en compañía de gentes armadas entrar en el dito regno siguiendo malfeitores y aquellos prender e otros actos y ejecuciones facer, e sacar personas e bienes y fer daños y talas a personas e bienes del dito regno e de los habi- tantes en aquel, e aquesto en gran lesión de los fueros, privilegios y libertades, usos e costumbres del dito regno; por tanto, de volun- tad de la corte statuimos y ordenamos que cualesquiere oficiales o personas extranjeras que no son del regno de Aragón en cualquiere manera entraran en el dicto regno o por ejercer jurisdiction alguna o facer alguno de los actos sobreditos, o facer danyo alguno dentro el dito regno, que ipso fado encorran en pena de muerte...» (2). (1) Las Obras y Relaciones, pág. 147. Y afíade esta nota al margen: Que contiene poder tomar las armas contra de su Rey si contra [el] los viniere armado» (2) Fueros y observancias de las costumbres scriptas del Reino de Aragón, Ley 2.a De General, privilegiis Regni Aragonum. Zaragoza, 1576, fol. 12.— Cita del Marqués de Pidal, o. c, II, págs. 222-24. ANTONIO PÉREZ 381 «Bien se ve— escribe el Marqués de Pidal (1)—, con la simple lectura del fuero en cuestión, que el objeto directo de sus disposi- ciones era impedir que los oficiales públicos de las ciudades, villas y lugares, y los somatenes de Cataluña y Valencia, traspasasen los linderos de Aragón y entrasen con gente armada en sus tierras, persiguiendo a los reos que a ella se refugiaban... Era necesario que en el nombre de oficiales de villas y ciudades se entendiese comprendido, con interpretación violenta y forzada, el Monarca mismo.» 5.— Los amores de Felipe II y la princesa de Eboli, terminante- mente negados por don Gaspar Muro; la recuesta hecha en Ve- ruela a don Alonso de Vargas, de modo tan diverso acaecida de como la relata Pérez; querer convencer a los lectores de que siguió despachando en Estado después de su prisión (2), y otras muchas inexactitudes de que se hallan plagados los escritos del Secretario, es tarea muy pesada de relatar, que nada añade para el fin que pre- tendo de probar cómo Pérez mentía a sabiendas y sin escrúpulo cuando le convenía. La acogida que en los salones de la sociedad elegante y cortesana xx.-irabajos e , instancias Inútiles de Pans y Londres encontrara Pérez por sus modales y charla amena da Antonio Póre; y divertida, especialmente cuando contaba anécdotas y episodios ^"^^ ^°'^®^ * ^^' amorosos más o menos verídicos de Felipe II, a quien se juzgaba austero y recatado, fué disminuyendo de día en día. En Francia e In- glaterra, digan lo que quieran algunos escritores modernos, acom- pañó siempre a Pérez el estigma de traidor y la tacha de vanidoso y soberbio hasta el engreimiento. Hecha la paz de España y Francia en 1598, y la de España e Inglaterra en 1604, la presencia de Pérez, aunque tolerada, se consideraba inútil, y aun perjudicial, para las (1) Hisioria de las Alteraciones de Aragón, t. II, págs. 224-25. (2) «Ya donjuán de Idiáquez ha acetado lo que os dixe el otro día, que es lo del Consejo de Guerra en propiedad, y lo de la secretaría de Estado en el entretanto que yo no ordenase otra cosa.» Carta de Felipe II a Granvela en 28 de Agosto de 1579. Muro, La Princesa de Eboli, apéndices, pág. 201.— Cita de D. J. Fernández Montaña: De cómo Felipe lino mandó matar á Escobe- do, pág. 172. «La secretaria de Estado y los negocios de Guerra eran los cargos que desempeñaba Pérez; por manera que lo que realmente sucedió fué que, aunque relevado, continuaron en los puestos los subalternos...» Muro, id. id. 382 ANTONIO PÉREZ buenas relaciones entre estos países. «El traidor— escribió el misma Pérez— es como el limón, que una vez sorbido su jugo se arroja con desprecio al muladar». La vida le enseñó, sin duda, cuánta verdad encerraba esta sentencia. El rey de Francia le regateaba la pensión que le asignara cuando aportó al suelo francés, y ya no le hacía acompañar por los suizos que destinó a la seguridad de su persona. Jacobo VI de Inglaterra, le prohibió ir a su reino y mandó ex- pulsarle de él cuando Pérez, no obstante la prohibición, se arriesgó a desembarcar en la Gran Bretaña. La falta de recursos era cada vez mayor; para ahuyentar la faz de la miseria tuvo que dedicarse a componer aguas de olor y polvos destinados al tocador de las señoras, y vendía guantes de ámbar y palillos de mondadientes. Cuanto más corrían los años le acosaba más tenazmente la nos- talgia de su patria y el deseo de ver y abrazar a su familia. Suplicó, instó oportuna e importunamente, prometió someterse de nuevo al juicio de la Inquisición; apeló a la antigua amistad con el duque de Lerma, el rey de hecho de España; prometió servicios, deshízose en lisonjas y protestas; confió, en vano, en el natural dulce y compasivo de Felipe III: las puertas de la patria se le habían cerrado inapelable e inexorablemente. Don Cesáreo Fernández Duro publicó un documento que de- muestra la pésima opinión que de Pérez se tenía en la corte de Es- paña (1), y cómo los consejeros de Estado juzgaron que de ningún modo se debía acceder a tantas y repetidas súplicas. (1) *E1 Comendador mayor (dice), que Antonio Pérez ha sido y es el que se sabe, y de ninguna prudencia y consejo, y que muchas veces se ha maravi- llado de que, tras tantos trabajos y en su edad, no se haya retirado a un rin- cón a hacer penitencia de sus pecados, y que agora que se halla desvalido y desfavorecido y desautorizado en Francia, mueve nuevas pláticas, y por ven- tura fingidas, para engañar y poder de servir mejor, como lo ha hecho siem- pre... Y que cuando se hubiese de hacer algo por él, sería entretenerle en al- guna isla remota, no para que haga algo, sino para que se salve, y aún dará cuidado que allí no haga daño. El conde de Miranda (dice), que él ha sido el que ha hecho más oficios con V. M. por la mujer y hijos de este hombre...; pero que por el hombre no pue- de interceder, siendo el que ha sido y el que es, y que si estuviera en un cala- ANTONIO PÉREZ 383 Volvía el proscripto a la carga sin temor a los desaires: siempre obtenía idéntica respuesta. A mis manos ha venido una carta posterior en tres años al docu- mento publicado por Fernández Duro, que voy a transcribir íntegra por creer que hasta hoy no se ha publicado. Es del tenor siguiente: « Caria escrita por el secretario Andrés de Prada al duque de Ler- ma en Madrid a 10 de septiembre de 1607. Don Rodrigo Calderón me escribió que V. E. mandaba que yo oyese a D. Baltasar de Zúñiga acerca de cierto negocio que tenía que comunicar, y que enterado de él avisase a V. E. de lo que fuese. Don Baltasar me ha dicho, que como V. E. sabe, Antonio Pérez trató de escribir a S. M. avisándole de lo que entendiese por medio del conde de Sueson y del condestable de Francia con quien tenía amistad; y S. M. fué servido.de mandar a don Baltasar admitiese la oferta, y le fuese acudiendo con algún dinero. Dice que Antonio Pérez le dio buenos avisos, de que fué dando cuenta a S. M., y en particular le aseguró que el exército del rey de Francia para lo de Erdan (quizá diga Sedán) no está para otra cosa; y él le fué acudiendo con algunas sumas de dinero. Juzga que es bien sacarle de Francia, y que se podría dar traza cómo se fuese a Augusta o a otra parte de Alemania, y que allí por medio de los Fúcares (1) le mandase su Majestad dar con que se pudiese sustentar. Y que pues para condenarle por el Santo Oficio no hubo la jus- tificación que convenía, como don Baltasar dice que lo ha visto por el proceso, se podría dar orden cómo volviéndose a ver su causa, se quitase el impedimento que su condenación ha causado a su hijo para no gozar de las prebendas que tenía en la iglesia de Cuenca, y bozo, por ventura se doliera del; y que lo que conviene para el ejemplo pú- blico y para todo, es que, si puede ser habido, se castigue como obligan las leyes divinas y humanas..., porque la misericordia de los reyes no ha de ser para tan malos y perversos hombres...». Información del Consejo de Estado, en Valladolid, 30 de Agosto de 1604. F. Duro, o. c, págs. 345-49. (1) En el mismo manuscrito hay esta noticia: «Los Fúcares eran unos ne- gociantes extranjeros (creo ginoveses) y muy adinerados, que chuparon con sus giros y negocios mucho oro a España.» «Era cualquiera en abundancia un Fúcar», cantó don Fernando de Guzmán en su obra en verso Vida y tiempo de Maricastaña. 384 ANTONIO PÉREZ que haciendo su Majestad merced en otra cosa a su hijo del señor conde Altamira, se volviese a reintegrar en ellas, con que podría acudir al sustento de su madre y hermanos, y en particular al remedio de dos hermanas, que tiene doncellas, que esta sería una obra muy digna de la clemencia de su Majestad y muy pía, porque pasan grande necesidad, y Antonio Pérez se sosegaría y quitaría de rui- nes ocasiones. Esto es lo que don Baltasar me ha dicho. V. E. habiéndolo visto, encaminará lo que más convenga al servicio de su Majestad. Guarde Dios a V. E. como yo deseo.» Volvió don Baltasar de Zúñiga a Paris, sin que hubiera podido alcanzar el permiso que Pérez ansiaba de volver a la madre patria. Sólo consiguió abrazar a sus hijos Gonzalo y Rafael, a quienes se autorizó visitasen al desgraciado anciano. Animado Pérez por las promesas del nuevo embajador don Pedro de Toledo y el agradecimiento que le mostró el duque de Lerma por la dedicatoria del Norte de Príncipes, oreó su frente con ráfagas de esperanza tantas veces frustrada, y se atrevió a escribir al omnipotente valido de Felipe III en 9 de agosto de 1608: «Apiá- dese V. E., yo se lo suplico muy humildemente, de mí y de los míos, que si idolatré no lo hice sino necesitado y importunado grandemente desde Rey (1), engañado él de mi poco valor y de su mucha piedad... Pero, Señor, como ningunos trabajos me pue- den quitar el deseo de morir vasallo de quien lo nací, paresce ra- zonable que tal Rey, como yo lo espero, lo permita, y que resis- ta S. M. y V. E. a los que pretendieren impedir que a este cuerpo, que ya está hecho tierra como sin alma (2), le recoja su naturaleza para acabar sus días... Ha permitido V. E. que mis hijos puedan haber visto el estado miserable en que estoy; yo le suplico que la que los parió no cierre los ojos, pues por los años que há que lloran merescen a lo menos que vean esto (3).> En España respondieron con el silencio a tan sentidos e insisten- (1) Enrique IV de Francia. (2) Las palabras subrayadas fueron añadidas en la carta por el embajador español don Pedro de Toledo, que vio la carta de Pérez antes de ser remitida al duque de Lerma. (3) F. Duro, o. c, págs. 359-60. ANTONIO PÉREZ 385 tes ruegos. El embajador don Pedro de Toledo, sin que se conozcan , a ciencia cierta las causas, (1) Bermúdez de Castro, o. c, pág. 281. Cita de F. Duro, o. c, pág. 362. (2) F. Duro, o. c, pág. 358. (3) F. Crisóstomo Enríquez: Historia de la vida,., de la ven. Ana de San Bar- 27 386 ANTONIO PÉREZ Y la misma Bienaventurada dejó escrito en su autobiografía: «Murió (Antonio Pérez) con señales muy ciertas de su salvación, re- cibiendo a menudo los sacramentos, con el confesor siempre a su lado. Y el día que murió se puso de rodillas, con un ímpetu de amor de Dios, y ansí se quedó, como digo, con señales grandes de su sal- vación (1)>. El mismo día que murió dictó Antonio Pérez y firmó el docu- mento que copié al principio de este estudio, y horas después, auxi- liado por fray Andrés Garín, de la Orden de Santo üomingo, expi- ro, cerrándole los ojos sus fidelísimos e inseparables amigos Gil de Mesa y Manuel Don Lope. Sucedió esta muerte en París el 3 de no- viembre de 1611. Fray Andrés Garín, Gil de Mesa, Manuel Don Lope y algunos mendigos con hachas, llevaron y acompañaron el cuerpo inanimado al convento de los Celestinos, última y definitiva morada de los res- tos mortales de Antonio Pérez. Su lauda rezaba así: Hic jacet illustrissimus D. Antonius Pérez, olim Philippo II, Hispaniarum regi, a secretioribus consiliis, cujus odium male auspicatum effugiens, ad Henricum IV, Galliarum regem, invictissimum se contulit, ejusque beneficentiam expertus est, demum Parisiis diem clausit extremum anno salutis MDCXI (2). tolomé, fol. 619. Bruselas, 1632. F. Duro, o. c, pág. 371. Tengo también copia de este pasaje, hecha en el siglo XVIII. (1) Autobiografía y de la B. Ana de San Bartolomé. Véase: La Beata Ana de San Bartolomé, compañera y secretaria de Santa Teresa de Jesús..., por el Pa- dre Fr. Florencio del Niño Jesús, Carmelita Descalzo, cap. XXVI, pág. 247. Burgos, 1917. (2) Mignet, o. c, pág. 91, c. I; F. Duro, o. c, pág. 366. Tengo una copia de la inscripción, del siglo XVIII, hecha sobre copia sacada por el duque de Villahermosa en París, según se ve por la siguiente carta: ANTONIO PÉREZ 387 Felipe III procuró y logró conseguir la vuelta a España de los xxii.-los pape papeles y documentos que Antonio Pérez dejara al morir. Martin Pérez. Hume creyó que en virtud de las instancias del rey de España, el de Francia mandó quemar los manuscritos que fueron de Pérez, si bien, añade, ya Pérez había sacado copia de los más importantes para que se conservaran, y son los que actualmente se guardan en La Haya (1). Y aquí cabría preguntar a Hume, caso de ser cierta su afirma- ción: ¿Quién responde de la veracidad de la copia? Porque creer que Pérez no cambiara al trasladar lo que le conviniera, sería, des- pués de lo ya demostrado, suma candidez. De ahí el poco valor de las hipótesis de Hume, fundadas precisamente en los decantados manuscritos de La Haya: ¿Y por dónde se prueba que Pérez sacó las copias? ¿Y cómo fue- ron a parar a La Haya? Cosas ambas que se calló Martín Hume. «Noticia del sepulcro de Antonio Pérez en los Celestinos de Parts. En caria del Duque de Villahermosa escrita a D. Rafael Casalbón, Bibliotecario del Rey N. S. París y Noviembre 27 de 1766. Amigo y Señor: antes de ayer reciví su carta del 13, en que me hablaba del sepulcro de Antonio Pérez; ayer fui a verla (la inscripción) y a copiarla, sin embargo de que hai cerca de una legua desde mi casa a los Celestinos, y oy la incluyo dentro de ésta, para que v. m. haga el uso que le convenga. Lo más particular del caso es, que habiéndonos dirigido Magallón y yo, al hombre q.e está destinado para mostrar los sepulcros, nos dixo que hacía quarenta años que estaba allí, y que no havía oído hablar de tal Antonio Pé- rez; pero con el socorro de un libro que por fin nos mostró, y de un frayle, lo hallamos en un ángulo del claustro con la inscripción q.e v. m. verá y que no hace mucho honor a nuestro Prudente Philipo. Las armas están poco más ó menos como van barbulladas, y no están más que ebauchées con morrión enci- ma. La piedra es blanca, no mármol, de figura de un paraleíógramo, con un medio círculo abaxo para dar lugar al escudo. Se ha observado la misma co- locación de líneas, y no se ha puesto ni una letra más ni menos q.e las que comprehende el original, con lo que esta vm. obedecido con toda exacti- tud, etc.> (Sigue el epitafio y un dibujo malo que intenta ser reproducción del escudo de armas.) (1) «Cuando murió Pérez en París en 1611, el rey Felipe III instó mucho a Enrique IV que se destruyesen los documentos del difunto, por ser «contra la reputación y autoridad» del Rey Católico. Parece que cedió el francés a las instancias, y que los papeles fueron que- mados. Pero el astuto Pérez había ya sacado copias de ellos, que sin duda son los que todavía quedan en La Haya y de que se sirvió M. Mignet.» Obra citada, pág, 172. 388 ANTONIO PÉREZ Los papeles del ex secretario de Felipe II no se quemaron; vol- vieron a España por mano de otro valido y cortesano de gran re- nombre y poder en el reinado de Felipe III: el desgraciado don Ro- drigo Calderón, a quien se hizo cargo en su proceso de haberse quedado con ellos sin entregarlos (1). Ya es hora de poner fin a estos apuntes. El tema merece más de- tenida atención que la que yo le he dedicado. Lo que intenté fuera una brevísima recopilación aclaratoria de algunos puntos que se to- can en la Historia de varios sucesos, del padre fray Jerónimo de Se- púlveda, se ha dilatado más de lo que yo pensaba. No me pesa. Creo que en este resumen de libros más extensos se encontrará algún rayo de luz que ilumine la enmarañada y tenebrosa historia del hombre que con negros y sombríos colores circundó la figura de Fe- lipe II, e hizo refulgir con resplandores siniestros algunos capítulos de la Leyenda negra de España, causando indecibles daños en vida y después de muerto a su nación y gente. P. J. Zarco Cuevas. o. 8. A. Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial, 12-V-919. (1) <^16 cargo: Que siendo embaxador particular en Francia tuvo orden de su Majestad por abril de 1612 para sacar y recoger los papeles que había de- jado Antonio Pérez en poder de Gil de Mesa, y habiéndolo hecho y vuelto a esta corte no los manifestó, antes puso en sus libros, siendo del perjuicio que se considera.» Causa de Don Rodrigo Calderón. Manuscrito de mediados del siglo XVII, de la biblioteca particular de los PP. Agustinos de El Escorial. «Entre los (papeles) que se hallaron en su casa fué un cuaderno de los ori- ginales de Antonio Pérez, y en él muchas cartas de letra del Rey nuestro se- ñor que está en el cielo, que por materias en que era indecente su publicidad al exemplo de su gran prudencia y real grandeza, lo recogimos, y habiendo V. M. librado su real cédula de 18 de abril de 612 al tiempo que D. Rodrigo fué a la embaxada de Flandes, mandándole que de poder de un Gil de Mesa recogiese en París los papeles de Antonio Pérez, por haber entendido vuestra Majestad eran muy perjudiciales, y los traxese con todo recato dando aviso dello a vuestra Majestad para que mandase lo que se había de hacer, se quedó con ellos, y los tenía entre los suyos tan públicos y comunes que con facilidad han podido ser vistos y leídos, y las materias graves reveladas.» Memoria ele- vada a Felipe III por la Junta de Jueces en la causa de D. Rodrigo Calderón. 28 de julio de 1619.— Véase en Ángel Ossorio. -Los hombres de toga en el pro- ceso de D. Rodrigo Calderón. Madrid (s. a. 1918), pág. 174. EL SOL (CONFERENCIAS DE ASTRONOMÍA VULGAR) (i) Demostrado, como queda, en anteriores conferencias que el mo- vimiento diurno del Sol y de los demás astros es tan sólo aparente y consecuencia del movimiento real de rotación terrestre; y que el de traslación, también real, de nuestro globo, recorriendo la eclíptica, produce el aparente annuo del Sol a través de las constelaciones; y que la inclinación de la eclíptica sobre el ecuador, así como la forma elíptica llevan consigo y explican satisfactoriamente, tanto las varia- ciones sucesivas de los ortos y ocasos, de la altura y declinación del astro central, como la sucesión y demás circunstancias de las esta- ciones del año, los altos y bajos generales de la temperatura y de otros fenómenos meteorológicos que determinan los caracteres de los climas diversos en las diversas zonas geográficas, no hay para qué insistir más acerca de estos puntos. No porque cada uno de ellos no ofrezca materia más que suficiente para muchas conferen- cias, sino porque, y precisamente por la abundancia excesiva, sería cosa de nunca acabar. Es el Sol el centro principal de energías que comunica el mo- vimiento y da animación a todos los individuos de su sistema, diri- giendo a cada cual por su órbita, conservando el equilibrio de las partes, con más seguridad, más orden y armonía en los movimien- tos que un piloto dirige su nave por el océano, que un general di- rige las evoluciones de un ejército bien concertado. Su calor fomen- ta y hace que la vida se desarrolle en los planetas, que las corrientes aéreas purifiquen la atmósfera, que los mares se agiten en constante (1) Véase pág, 105 de este volumen. 390 EL SOL movimiento, que las nubes se condensen y el cielo llueva, que bro- ten las fuentes y corran los ríos y se establezca ese ciclo admirable por el cual, según expresión de la Escritura, todas las aguas salen del mar y al mar vuelven sin que el mar redunde. Con su luz hermosea los espacios y matiza de colores los campos y las selvas, los montes y los valles, no sólo mediante una acción física y mecánica, sino también químicamente, por influencias eléc- tricas, magnéticas, radioactivas, etc., etc. De todos los objetos del mundo sensible, distintos de nosotros mismos, es el astro del día el más digno de nuestro estudio, hasta como objeto de contemplación mística, porque es, en pequeño, la síntesis más admirable, al menos para nosotros, de las maravillas de la creación material. Daros a conocer, siquiera someramente, lo que el Sol es y lo que en él se encierra y lo que de él participan todos los demás cuerpos del sistema planetario, ni es posible en los límites de un discurso, ni basta un día para relatarlo. Y no obstante, yo pretendo en estos momentos tocar los puntos principales para que admiréis la obra prodigiosa del Creador en ese Sol espléndido que con su bienhe- chora influencia ha dado margen a que muchos pueblos que no co- nocieron cosa mejor, le rindieran culto, como a divinidad. Comencemos por dar razón de los movimientos propios del Sol en el seno del espacio. Al hablaros del de traslación hacia la cons- telación de Hércules, punto del cielo determinado aproximada- mente por las coordinadas ecuatoriales 260° 41' de ascensión recta, y 28'' 49' de declinación boreal, según observaciones y cálculos realizados por Argelander, Struve, Boos, Koeler y otros, no he dicho cómo se demuestra este movimiento. Cuando os encontráis en el extremo de una galena de una calle larga de árboles, alineados, de un paseo, en un trozo recto de carretera, de línea de ferrocarril, etc., y miráis al extremo opuesto, os parece que los bordes laterales de éste se estrechan y tienden a unirse en ángulo, que se ensancha ha- cia vosotros. Es este un efecto de perspectiva conocido de todos. Si camináis acercándoos más y más al extremo que os parecía más es- trecho, y volvéis luego la vista al punto en que estabais antes, obser- varéis que las líneas van estrechándose por grados tanto más cuanto mayor sea la distancia a que os alejáis. Pues bien, en el cielo y con las estrellas y constelaciones sucede este mismo fenómeno. Hay un EL SOL 391 punto, d apex de que ya tenéis noticia, en derredor del cual las es- trellas y las constelaciones próximas se ensanchan, parece que se separan unas de otras. El cual fenómeno no es tan sensible, claro está, que a simple vista y de un día para otro puedan notarse esas diferencias. Se necesitan, por lo contrario, observaciones muy deli- cadas e instrumentos muy perfectos, para apreciar este hecho y des- pués de lapsos de tiempo considerables. En la dirección opuesta, en el antíapex sucede todo lo contrario: las estrellas van poco a poco estrechando sus distancias angulares, y como si tendieran a reunir- se en grupos más apretados hacia el punto celeste del cual nos ale- jamos. Sólo caben dos hipótesis que puedan explicar la causa inmedia- ta de este hecho notabilísimo, que evidentemente consiste en un cambio de distancia relativa. O nosotros nos acercamos al apex ce- leste, o es ese punto el que se acerca a nosotros; o vamos aproxi- mándonos a las estrellas de esa región del cielo, o ellas vienen hacia nosotros y de nosotros huyen las de la región opuesta. Y aquí cabe el argumento aquél, de que la Naturaleza no obra por medio de complicaciones cuando puede obrar por procedimientos más senci- llos; y más natural es que un punto del espacio se mueva dentro de ese mismo espacio que no todo el conjunto de astros se encamine hacia ese punto; porque un punto y nada más, es lo que ocupa nues- tro sistema con relación a todo el universo astronómico. Cierto que debe de haber un punto central de todo el universo, y todo nos in- duce a creer que en torno a ese centro giran todos los sistemas; pero nada nos autoriza para colocar ese centro en este rinconcito del mundo; es más, con certeza absoluta podemos afirmar que ese cen- tro no está en estas regiones solares. En resumen, los astrónomos tienen por cosa demostrada que el Sol y sus planetas marchan con movimiento, verdaderamente majestuoso, describiendo una ruta in- mensa a través de las regiones etéreas. ¿Con qué velocidad? Con velocidad muy grande, comparada con las velocidades que aquí en la Tierra conocemos; muy pequeña, si se compara con la inmensi- dad de los mundos estelares. Está comprendida entre dos límites bastante distanciados: entre 10 y 30 kilómetros por segundo. Como mínimo 864.000 kilómetros por día, más de 315 millones y medio de kilómetros por año, más de 31.000 millones en un siglo. Como 392 EL SOL máximo, 2 millones 592.000 en un día; 946 millones al año; más de 94.000 millones en un siglo. Y, sin embargo, aun esa distancia, que apenas cabe ya en la imaginación, no es bastante, ni suministra los datos necesarios para determinar, si ese interminable trozo de trayectoria solar pertenece a una línea recta o a una línea curva. Aunque atendiendo a la ley general que en todas partes se cumple, parece muy conforme a razón y es muy natural el suponer que el Sol con todo su sistema gira en torno de un centro de atracción; sin embargo, la Astronomía no puede afirmarlo, porque no conoce si- quiera la dirección del espacio hacia la cual estará ese centro, que sin duda ha de estar dotado de energías colosales, gigantescas, hoy por hoy inconcebibles por nuestra razón e incalculables con los re- cursos de que dispone la ciencia humana. Alguien ha querido seña- lar como centro de la órbita del Sol a la estrella Canopus. Es una hipótesis como cualquiera otra y nada más; pero el asunto es muy curioso. Tiene, además, el Sol su movimiento propio de rotación en de- rredor de su eje, que realiza aproximadamente en veinticinco días y medio. El eje de rotación del Sol forma con el eje de la eclíptica terrestre un ángulo de unos 7° 9' y 12'', de la misma amplitud que el ángulo formado por el ecuador solar y el plano de la misma eclíp- tica. La rotación del inmenso globo solar la comprueba constante- mente el curioso fenómeno de sus manchas, que aparecen en la su- perficie, sin obedecer, aparentemente, a reglas fijas en su nacimiento, desarrollo, movimientos particulares, extensión variable que alcan- zan, decrecimiento y extinción; pero ofrecen la particularidad de marchar siempre, como incrustadas en la superficie del astro, con movimiento directo, de Oriente a Occidente, pasando por los meri- dianos centrales, siguiendo el contorno por detrás del astro, después de ocultarse por el oeste, hasta volver muchas de ellas a presentarse por el borde oriental. Otra particularidad que presenta este fenóme- no de las manchas solares es que rarísima vez se observan en la zona ecuatorial ni en las zonas polares, apareciendo siempre con prefe- rencia en las zonas, que por esto mismo se llaman regias, compren- didas entre los 10 y 30 grados de latitud solar en el uno y en el otro hemisferio. Añádase a esto que las manchas más próximas al ecua- dor parece que corren de Oriente a Poniente con más velocidad que EL SOL 393 las situadas a mayor latitud, lo cual parece demostrar que no gira todo él en una sola pieza; y demostraría desde luego, el hecho, ad- mitido por todos los astrónomos, de que el astro se halla en un es- tado de fluidez y gaseiforme, muy lejano todavía de la condensación de los sólidos. Lo cierto es que el tiempo empleado por una man- cha desde que aparece por el borde oriental, hasta que desaparece por el occidental, es tanto mayor cuanto dicha mancha se halla a mayor latitud heliocéntrica ^ calificativo que por sí mismo dice refe- rirse al centro del Sol y no al de la Tierra, como las latitudes geo- gráficas. Este hecho, de ser tal en la realidad, y no más bien un efecto de perspectiva o de la inclinación de los meridianos solares vistos desde la Tierra, como yo creo que puede ser, daría margen a una discusión muy interesante, relacionando el estado de fluidez en que se supone al Sol, por una parte, y la mayor velocidad angular de la zona ecuatorial, por otra. Pues con el movimiento de rotación direc- ta, si bien todo el conjunto debe girar de Este a Oeste, las capas externas, y con mayor motivo las ecuatoriales, deben marchar con algún retraso respecto del movimiento total; y lejos de parecer más rápido, el correspondiente al ecuador debería, por lo contrario, pre- sentarse más retardado. En la Tierra existe un fenómeno real de la misma naturaleza en las corrientes ecuatoriales, tanto aéreas como marítimas, cuya mar- cha general es contraria a la dirección de la rotación diurna. Y si acaso en el Sol no se observa la realización del mismo fenómeno, hasta el punto de determinarse un movimiento o corriente ecuato- rial contraria a la dirección del movimiento rotatorio solar, parece indudable que las zonas ecuatoriales, fluidas como se las supone, deberían marchar algo retrasadas en su movimiento alrededor del eje central. Dejemos sin resolver la cuestión y pasemos adelante, quedándonos con lo que no admite dudas: que el Sol gira sobre sí mismo y completa una vuelta en veinticinco días y medio o algo menos, y que este fenómeno, desconocido por la Astronomía anti- gua, sólo ha podido observarse después de la invención de los ante- ojos y telescopios. En las manchas del Sol hay que distinguir varios elementos, como si dijéramos varios matices en su aspecto y coloración: un 394 EL SOL núcleo central mucho más obscuro que el resto; la penumbra de tonos más claros, formando anillos en derredor del núcleo; las líneas o fajas brillantes que a manera de puentes enlazan unos con otros diversos puntos de una mancha, y además ciertos velos delgadísi- mos y transparentes que a modo de gasas de color rosado o violá- ceo se extienden sobre todo el conjunto o parte de él. Las hay, entre las manchas solares, de todas dimensiones; desde un punto negro, apenas perceptible, hasta las que cubren inmensas superficies del astro, en las cuales puede caber centenares de veces la superficie de la Tierra. En su nacimiento, formación, desarrollo y extinción presentan las manchas solares variadísimos detalles y modificaciones; unas comienzan por un punto pequeño de los que se llaman poros, y lentamente se van ensanchando; llegan a su extensión máxima y vuelven a decrecer; a veces se dividen en partes formando diversos núcleos, se debilitan y desaparecen. Otras, al contrario, se presentan de improviso, de un día para otro, y agitadas por movimientos in- ternos violentos, tumultuosos y complejos, se transforman rápida y totalmente, perdiendo el aspecto primitivo, y se nota como caracte- rística que estas manchas, cuyo nacimiento y desarrollo es muy agitado, duran menos y se deshacen con más rapidez que las otras. Independientemente del movimiento general de las manchas llevadas de Oriente a Poniente por la rotación del Sol, ellas, en sí mismas y en sus partes, están dotadas, por regla general, de movi- mientos propios, de rotación o ciclónico sobre sí mismas, de sepa- ración o concentración de las partes de que constan, de cambios de intensidad en la coloración, etc. La imagen más parecida con que podemos comparar estos curiosos fenómenos de la superficie del Sol, salvo las proporciones extensivas de los mismos, pues allí son verdaderamente gigantescas, es lo que observamos frecuentemente en las nubes de la atmósfera terrestre, con sus cambios de forma y magnitud, con sus movimientos particulares, diferentes de los que llevan hacia el Este a causa de la rotación diurna de nuestro globo. Como aquí en la Tierra, hay en el Sol épocas y días de atmósfera despejada y más o menos nubosa. Y si bien las manchas solares se presentan en un día cualquiera y desaparecen cuando les viene en talante, obsérvase, sin embargo, que hay períodos de escasez y de EL SOL 3Q5 abundancia, como en la Tierra hay épocas del año de cielo limpio y cielo muy encapotado. La observación continuada durante muchos años, ha venido a demostrar que en el fenómeno de las manchas solares existe una ley de periodicidad, según la cual los máximos y mínimos principales en la aparición de las manchas, están separados por un intervalo de unos once años y medio, si bien este período no es tan exacto que no deje campo a numerosas excepciones, ya que dicho período se alarga y se estrecha entre los nueve y diez y seis años. También se observa que una fase cualquiera, máxima o mínima, no corresponde exactamente al punto medio entre los dos mínimos o los dos máxi- mos respectivos. Así que, por regla general, un máximo se aproxima más al mínimo anterior que al mínimo sig^uiente. En la actualidad, se concede por los astrónomos grandísima importancia al estudio metódico de estas oscilaciones en la actividad del Sol; guiados por los indicios, que parecen indudables, de la relación íntima entre los períodos de mayor o menor agitación del astro central y los fenó- menos y perturbaciones magnéticas comprobadas en el globo terres- tre, en donde las grandes tempestades magnéticas, así se llaman, coinciden frecuentemente con la presencia de grandes manchas o numerosos grupos de ellas en el astro del día. ¿Qué son, en qué consisten, cuál es la causa productora de las manchas solares? Hablando en plata: no se sabe, por más que, y, por lo mismo, las hipótesis para explicar el fenómeno sean abundan- tes. Algunos defendieron que eran verdaderas montañas, lo cual ya nadie defiende. Otros que eran cavidades o simas formadas en los estratos superficiales del astro; por las cuales, rasgándose en cierto modo la cubierta luminosa del Sol, dejaba al descubierto partes del núcleo central obscuro. Otros han visto en ellas verdaderos ciclones de la materia solar, semejantes a los ciclones de la atmósfera terres- tre. Para otros han sido como el resultado de lluvias o granizadas meteóricas que caen sobre el astro de los aerolitos y restos de mate- ria, desperdigados en los espacios, y que, arrastrados por la fuerza atractiva del Sol, tienden a reunirse en el centro del sistema plane- tario. Para otros, en fin, las manchas solares son efecto y consecuen- cia inmediata de las erupciones internas, verdaderos volcanes, pare- cidos a los terrestres, cuyas inmensas bocas se abren para dar des- 396 EL SOL ahogo a la fuerza expansiva de los gases interiores, con las demás materias en ignición, y se cierran después, y con celeridad relativa,, por el estado no sólido de los materiales de que constan los estratos ardientes del Sol. La teoría más moderna para explicar la formación, color y des- arrollo sucesivo de las manchas solares, es debida al Abate Moreux, especialista en estudios acerca de la constitución físico-química del Sol. Supone, desde luego, que la masa interna del astro, por efecto de la elevada temperatura en que se encuentra, hállase en estado de disociación, muy lejano, por exceso, del punto critico de combina- ción química necesario para que se produzca la luz. Se comprenderá esto mejor recordando lo que sucede en los llamados puntos críti- cos del cambio de estado de las substancias corpóreas. Así, por ejem- plo, para que el oxígeno y el hidrógeno puedan combinarse y for- mar agua, se necesita una temperatura y presión fijas y determina- das, de tal manera, que si la temperatura es inferior o superior a ese punto crítico, la combinación no se realiza. En todas las combus- tiones sucede lo mismo, y si se intenta que en ellas la luz se produz- ca, es necesario que el grado de calor ni falte ni exceda del límite exigido por la combinación de que se trata. Así en el Sol, si la tem- peratura, en su superficie, fuera inferior o superior al grado límite, en que las combinaciones de los elementos allí flotantes deben rea- lizarse, para que, como resultado inmediato, aparezca la luz, el Sol sería un cuerpo obscuro, por más que su calor fuese muy grande; es decir, el mismo exceso de calor sería la causa de la obscu- ridad. Ahora bien, fuera de los límites externos del astro y en sus pro- ximidades, la luz no se engendra, ya porque no hay materia combi- nable o en condiciones de combinarse, ya porque la temperatura es inferior a la necesaria: en lo interior del sol no hay luz precisamente, porque la temperatura es excesiva. El hecho de las erupciones solares por las que la materia interna es lanzada al exterior con violencia extraordinaria, hasta alturas enormes que no se creerían sino se viesen, está demostrado por la observación cotidiana; y hay que contar, desde luego, con él para relacionario con los demás fe- nómenos que en el Sol se observan. Lo estudiaremos con más deteni- miento cuando más adelante nos toque hablar de las protuberancias EL SOL 3Q7 y de las fáculas, tan merecedoras de atención y estudio como las manchas en que ahora andamos. Estos materiales que del Sol han salido y otros que en la atmós- fera solar flotan, perdida la fuerza y el movimiento que los alejare del centro, vuelven naturalmente por su propio peso determinado por una atracción poderosa a precipitarse como lluvia torrencial sobre la superficie del astro con velocidad extraordinaria, llevando consigo una cantidad enorme de fuerza viva, que al chocar y rozar con las capas de la fotoesfera, se transforma en calor tan intenso, que sobre- pasa los limites de la combinación lumínica. Así se determina, según el abate citado, un punto, una región del Sol que él llama hipertér- mica; es decir, con exceso de temperatura; y por lo tanto, un punto, una extensión oscura, el germen, el principio de una mancha, con todas sus consecuencias, hasta que por la ley del equilibrio térmico, la temperatura vuelve a nivelarse y las manchas se disipan. Baste lo dicho para que tengáis una idea de la teoría hipertérmíca de las man- chas solares que si como todo lo que se funda en hipótesis no puede por menos de tener sus puntos flacos, no deja, por otra parte, de ser ingeniosa y aceptable, mientras otra más perfecta no se presente. Se distinguen en el Sol, además del núcleo del cual sólo por hipótesis puede hablarse, la fotosfera o fotoesfera, que es la zona o estrato solar en que la luz se produce y tiene su asiento; la cromos- fera, compuesta de las materias eruptivas del Sol, en que abunda especialmente el hidrógeno inflamado; y es el estrato sobrepuesto a la fotosfera: ésta irradia la luz blanca; aquélla, la cromoesfera, luz coloreada, roja, violeta, etc. Por último, la cubierta o zona más ex- ierna denominada atmósfera del Sol propiamente dicha, y que sólo es visible en los eclipses totales, en la corona radiante con que apa- rece circundado el disco negro de la luna. Examinando la superficie del Sol mediante anteojos de gran potencia o en las fotografías de gran tamaño, suficientemente agran- dadas para distanciar los detalles, se advierte que dicha superficie no es lisa ni uniforme, aun en las regiones donde no haya manchas ni protuberancias, ^sino más bien ondulada con puntos obscuros y espacios brillantes de forma ovalada. El aspecto que presenta el conjunto se puede comparar al que ofrece un plano cubierto con una capa de granos de arroz, que, por lo mismo, se ha denominado 3-98 EL SOL este fenómeno granulación fotoesférica del Sol. Los puntos obscuros se llaman poros y también lúcalos, y las partes más brillantes, granos y fáculas, bien que esta última denominación se aplica más particu- larmente a manchas más brillantes que los contornos y que aparecen también por grupos, como las manchas, y singularmente en los contornos e intersticios de éstas en los puentes, lenguas, bandas, etcétera. El análisis espectral ha demostrado que en la fotosfera solar arden los cuerpos siguientes, idénticos, claro está, a los que con iguales nombres conocemos en la Tierra: hierro, níquel, calcio, cro- mo, bario, zinc, cobalto, hidrógeno, manganeso, titano, aluminio, estroncio, plomo, cadmio, ceno, uranio, vanadio, paladio, molibde- no, etc. Es dudosa la existencia en el Sol de los metales: indio, litio, rubidio, cesio, bismuto, estaño, plata y de otros, así como la de los metaloides carbono, oxígeno, nitrógeno y azufre. Hay un cuerpo extraño desconocido en la Tierra, señalado en el espectro por una raya próxima a la del sodio; se ha dado el nombre helíum; y otro cuya existencia no está bien comprobada, denominado coro/zm/n, por creerse que es la substancia principal de que se compone la corona solar y cuyo índice espectroscópico es una raya verde, no vista con. certeza en los últimos eclipses. La cubierta cromoesférica del Sol sobrepuesta a la fotoesfera, tie- ne un espesor medio de 10.000 kilómetros. En ella abunda el hidró- geno candente, dándole un color rojo brillante; es sumamente mo- vible y variable en su espesor y la forma ondulada, dentada o ase- rrada, ha hecho que se llame por algunos astrónomos sierras olas, etcétera, en los bordes del astro, y nubes o cúmulos brillantes en las demás regiones del disco. A veces se extiende en forrfia de pena- chos, abanicos, arborescentes, haces, rayos, llamas y nubes, etc., dan- do margen al fenómeno de las protuberancias, apéndices de expan- siones más o menos difusas, que con frecuencia se elevan a grandí- sima altura con velocidad vertiginosa, hasta los 500.000 y 600.000 kilómetros, para desaparecer al poco rato, como disueltas en el espa- cio o caer después nuevamente sobre el Sol como lluvia abundante. Hasta el año 1868 estas protuberancias solares sólo habían podido observarse durante los eclipses, cuando cubierto el Sol por el disco de la Luna, aparecían como montañas gigantescas, encendidas en la EL SOL 399 base de la corona. Desde entonces, y actualmente, produciendo en el mismo campo del anteojo un eclipse artificial de la imagen del disco solar, se pueden ver y examinar las dichas protuberancias y analizarlas espectrográficamente. Envolviendo con una gasa vaporosa a la cromoesfera y fotoesfera del Sol, están las regiones o espacios coronales del astro. Constitu- yen lo que propiamente se llama atmósfera solar, de dimensiones extensas, pero no bien definidas, y probablemente variables. La exis- tencia de una atmósfera solar es indudable, aun prescindiendo de que la corona, que se observa durante los eclipses con todos sus di- versos aspectos, tenga o no origen, al menos en parte, en fenóme- nos de difracción al pasar los rayos luminosos tocando los bordes de la Luna. En el espectro solar hay líneas de absorción, cuya exis- tencia sólo se explica por la presencia de gases no candentes y dis- tintos de los de la atmósfera terrestre, a través de los cuales pasa el rayo luminoso antes de llegar al prisma que lo descompone. La co- rrelación entre las expansiones coronales durante los eclipses y la mayor o menor actividad solar, patentizada entonces por la abundan- cia o escasez de manchas, fáculas y protuberancias, constituye un argumento de mucha fuerza para probar que la corona solar tiene su asiento principal en el mismo Sol, y, por tanto, que la atmósfera de que se trata es real y efectiva. Esto no impide, por otra parte, que muchos de los detalles observados en la corona sean producidos por la difracción de la luz, especialmente ciertas expansiones de los ra- yos coronales y la dirección de algunos más o menos inclinados res- pecto de los normales. En resumen; aparece, por lo que someramente queda expuesto, que el Sol es un foco potentísimo de energías diversas, acerca de las cuales y de su magnitud sólo una mínima parte podemos apreciar. ¿Cómo se mantienen en vigor constante? Si acaso disminuyen, es cierto que el hombre, desde que vive sobre la Tierra, no ha podido apreciar una disminución sensible en la energía solar, ni en su calor ni en su luz. Radiaciones luminosas, caloríficas, eléctricas, magnéti- cas, y acaso en otras muchas formas que no conocemos, vienen des- de el Sol hasta la Tierra, y llegan desde el mismo centro hasta todos los planetas y satélites; y se extienden y difunden por todo el espa- cio y el foco central parece intacto, no disminuye en su poder, no 400 ' EL SOL decrece, ni deja de irradiar fuerza, calor, luz, vida. La Tierra es bien poca cosa dentro del sistema: sólo puede interceptar una mínima parte de las radiaciones solares. Sin embargo, observad que, pres- cindiendo del ser y operaciones de lo que llamamos vida, cuya causa no puede ser el Sol; todo lo que significa movimiento, el mismo desarrollo de las energías vitales, todo lo que significa fuerza, trans- íormaciones de la materia, bellezas físicas, etc., todo en la Tierra es producido directa o indirectamente por el Sol (1). Lo que sucede con la Tierra, acontece, ni más ni menos, con los demás planetas y satélites, y asteroides y cometas... Todos reciben del astro central el movimiento y las energías de que disponen, y por consiguiente, las actividades todas que para producir tan varia- dos fenómenos han de obrar como causas inmediatas. No es esto sólo: todos los individuos del sistema solar en masa, extensión y volumen, aunque los supongamos reunidos en un solo cuerpo, por una parte, y el Sol por sí solo en otra; aquéllos y a la distancia media de los confines del espacio planetario vendrían a formar un cuerpo muy pequeño con relación al astro central, y pro- porcionalmente a la pequenez de ese cuerpo será la cantidad de energías, influencias y radiaciones recibida del Sol. Y éste en todos los momentos incesantemente las irradia, las manda con poderoso empuje en todas direcciones, hacia todas partes. Calculad ahora, si podéis, la magnitud de todas esas energías, que, arrancando del Sol, parece que van perdidas por los espacios indefinidos. Y no obstan- te, todos admitimos como principio inconcuso, como base de todas las ciencias físicas y naturales que de energía, de fuerza y de materia nada se pierde, nada se aniquila en el depósito universal del mundo sensible. ¿Qué se hace de tanta energía aparentemente perdida? La ciencia humana lo ignora y al llegar a este punto, como al llegar a otros muchos, se encuentra con un muro tan sólido y espeso que no puede penetrar, tan elevado que por mucho que sube no puede salvar. Lo dicho es simplemente un pálido reflejo, un imperfecto esbo- (1) Véase la conferencia de Mr. Veronnet y los comentarios a la misma, que publicamos no hace muchos meses en esta misma Revista, sobre la «Constitu- ción física del Sol: su evolución y la nuestra».— Vols. CXV y CXVI. EL 80L 401 zo de lo que es el Sol, mirado por su aspecto físico. Por el astro- nómico, propiamente dicho, resta todavia hablar de su potencia me- cánica, su fuerza colosal con la que dirige y gobierna como señor absoluto los movimientos, marchas y contramarchas de todos y de cada uno de los cuerpos celestes sometidos a su imperio. Por esto, por la importancia que tiene y por el prolongado estudio que exige, merece capítulo aparte, cuyo título, y nada más, quedará hoy escrito para desarrollarlo otro día, en que trataremos de las leyes de atrac- ción planetaria y de sus principales consecuencias en el movimiento de los planetas y satélites, conocidas por el nombre de leyes de Ke- pler, primer astrónomo que, al formularlas, dio al traste con los siste- mas astronómicos antiguos y estableció las bases sólidas en que se apoya el grandioso edificio de la Astronomía moderna. P. Ángel Rodríguez de Prada. o. s. A. REAL BIBLIOTECA DE EL ESCORIAL CÓDICES LATINOS PROCEDENTES DE VENECIA Venecia, en el siglo XVÍ, fué uno de los principales mercados del mundo en códices y libros de todo género, y por eso Felipe II la consideró como el lugar más a propósito para realizar y enriquecer la famosa «junta de libros» que entonces estaba reuniendo para la librería que fundaba en San Lorenzo de El Escorial. Los documentos que conocemos referentes a las negociaciones que para ello practi- caron el embajador D. Diego Guzmán de Silva, el Dr. Rasarlo y otros constituyen, como se verá, un capítulo importante de la histo- ria de la Biblioteca de El Escorial (1). Nosotros nos concretaremos a la adquisición de códices latinos. Véase en la obra Essai sur les origines du fonds Grec de tEscurial, páginas 102 a 129, de Char- les Oraux, el capítulo que dedica a la adquisición de códices griegos en aquella ciudad. «EL REV Diego Guzman de sylva, del nuestro consejo y nuestro Embaxa- dor. Porque desseo juntar una copiosa librería de todo género de buenos libros, en todas lenguas y facultades y la principal parte della (como tengo entendido) ha de ser de los escriptos de mano y raros, principalmente de alguna antigüedad, assi griegos como latinos, y de otras lenguas, de los quales es de creer que se hallarán muchos (1) Fueron reunidos estos documentos en su mayor parte por el reverendí- simo P. Eustasio Esteban, agustino y bibliotecario de El Escorial. REAL BIBLIOTECA DE EL ESCORIAL 403 en essa ciudad, o en otras partes de su Señoría, de que vos podréis tener mejor noticia, os encargo que informándoos de personas prác- ticas de lo que en esto hay, o puede hauer, me aviseys de todo muy particularmente, y de la manera que a vos os pareciere se puede tener para aver de ay algunos de los dichos libros raros y exquisitos que sean de estima y valor, originales o tresladados, haziendo sobre esto las diligencias, que os paresciere, con el secreto y dissimulación que veeys se debe tener para que mejor se consiga lo que se pre- tende que en ello me hareys seruicio. De Madrid a XX de abril de MDLXXIL— Yo el Rey.— Por mandado de su Mag.^ — Antonio Gracian.» (Simancas. —Estado. —Legajo 1.503.) A la anterior Real Cédula de Felipe II contestó el Embajador D. Diego Ouzmán de Silva con la siguiente carta: t *S. C R. M.d La carta de V. M ^ de los 20 del pasado en que V. M. La primera compra que hizo Guzmán de Silva fué a Miguel Epar- cho de 64 códices griegos (Eparcho en el recibo dice que eran 64). De ella habla a Felipe II y al Secretario Gracián en las cartas ante- riores. Costaron 300 escudos de oro. También dice a Felipe II que envía a Gracián la «memoria dellos y de otros latinos de mano tam- bién antiguos». Les compró el 2 de junio a Juan Barileto y Mostafa ^ libreros, por 12 escudos, y los latinos fueron los siguientes: «Biblia tota. Lact'antius Firmianus. Valerius Maximus. Ciceronis orationes. Epistolae S. Hieronimi. Terentius. Ciceronis epistolae familiares. Lucanus. Ovidii metamorphosis. Angélica hierarchia Scoti. Iliados liber primus versibus latinis conscriptus. Eutropius de Romana historia. Dialogi beati Gregorii. Cicero de amicitia, senectute et paradoxa. Ciceronis tusculanae disputationes. Rhetorica ad Herennium (dos códices). Cicero de amicitia. Plutarchi vitae aliquot latine. Omnes in pergameno. Strabo latinus. Plautus. Terentius. Horatius. REAL BIBLIOTECA DE EL ESCORIAL 407 Ovidius de arte amandi. Statii thebais. Cicero de officiis. Cicero de oratore. Ciceronis tusculanae. Cicero de amicitia. Cicero de officiis (dos códices). Leonardus Aretinus de ortographia. Macrobius saturnaliorum libri. Lactantius Firmianus. Contemplationes de vita eterna. Commentarii in Statium. Poggii epistolae. Petrarca de otio religioso. Thucydides latinus. Juvenalis. Martialis. Festus Pompeius, Orationes quaedam Patavii habitae. Omnes in papyro Tutu questi costana scuti 12. > Véase la relación de Rasarlo que envió adjunta Guzmán de Sil- va a Felipe II: € Relación que ha dado el Doctor Rasarlo de la forma en qué se puede hazer Junta de libros. El orden que parece, que se deue tener para hazer una buena y copiosa librería de libros raros y tales qual conuiene que sean para ella es el siguiente: Primeramente que se tenga auiso de los libros, que se han traido de Leuante a esta ciudad de Venecia o a otra parte para auerlos. E yr preguntando diestramente a los griegos, que aquí se hallan, para tener intelligentia dellos y procurar auer los libros, que tuuieren al presente y hacer lo mesmo con algunos gentiles hombres, cuyos pa- 408 REAL BIBLIOTECA DE EL ESCORIAL sados han tenido cuidado de comprar y tener en sus casas semejan- tes libros y ver si se pueden auer dellos. Pues muchas vezes los hi- jos no tienen la mesma afficion que los padres en estas cosas. En esta ciudad hay tres librerías, y en ellas muchos libros y bue- nos, griegos, latinos, hebreos y arábigos en todas scientias de las quales se podran auer para copiar, y auiéndose corregido con dili- gentia y puestoles fe de notario de que son tresladados y corregi- dos al pie de la letra de los mesmos, parece que tendrán la autori- dad de la antigüedad de los otros. Las librerías son: La de S. Marcos, que fué del Car.*i Bessarion. La de S. Antonio, que fué del Car.ai Qrimani. La de S. Ju.o y Paulo, que es un monasterio de frailes dominicos. En Florencia en la librería del Duque hay assimesmo muchos libros raros y buenos en todas scientias y lenguas. Será necessario auer el Índice dellos, y hazer copiar aquellos, que parecerán neces- sarios. Y para esto haré yo aquí diligentia con el Secret.o del Duque o con el Abbad Brazerio, que ha sido alli Nuncio de su SA y lo es agora. Y porque el Duque, según soy informado, no dexa sacar fue- ra de la ciudad los libros se podrá después de escritos encomendar que se vea la copia nueua con la vieja para que vaya muy justa a un Pedro Victorio hombre muy docto que reside alli. En Roma en la librería de S. Pedro hay assimesmo algunos li- bros muy buenos y raros, y después de escritos, dizen, que seria bueno para corregir la copia con el original, Ju.o Baptista Gabia lec- tor pu.co de aquella ciudad. En la librería de Urbino hay algunos libros buenos y raros, que se podrán assimesmo copiar, y estando escritos se podrán corregir por Federico Comandino gentilhombre de allí. Pero no hay lugar por acá mas acomodado para auer libros an- tiguos y buenos, según entiendo, especialmente griegos, que en Ve- necia y para esto ayudará mucho el doctor Ju.o Baptista Rasarlo, que es persona, que hará muy bien y cautamente la diligencia, y en las compras se tendrá cuenta, que sean con la ventaja possible. Tendrase cuidado, que en el copiar de los libros no se escriua alguno de los que se aurán comprado, sino solamente los que no se podrán auer por otra vía, como son la Catena sobre los psalmos, que está en librería de S. Marcos; y la Catena sobre los cinco libros de REEAL BIBLIOTECA DE EL ESCORIAL 409 Moysen, que está en la librería de S. Ju.o y Paulo, y estos libros no se podrán auer de otra parte, y son bonissimos, y compuestos por treinta y dos escriptores ecclesiásticos griegos, entre los quales fue- ron, Chrysostomo, Athanasio, Cyrillo, Gregorio Niceno, Basilio, Da- masceno y otros de los principales. (Al margen anota Gradan: De aqui se embiará el Catalogo de los que ay en sant Lorengo para que aquellos no se copien y aun de los que Montano ha comprado en flandes y el Obispo de Segouia, tiene para ser de V. N[A después de sus días.) Quanto al orden, que se tendrá para que la librería sea bien tra- tada y forma de hallarse con facilidad lo que en ella se buscare, se verá lo que acá se haze en estas partes, que las hay, y se embiará para que cotejada con la de allá se tome el mejor que parecerá.» Felipe II contestó a Guzmán de Silva con la siguiente Real Cédula: cEL REY Diego Guzman de sylva del nro. consejo y nro. embajador. He visto por la carta que me escriuísteis, a catorce del passado, la dili- gencia que haueis hecho para hauer ay libros antiguos y raros, y el cathalogo de los que aueis comprado, que me mostró Antonio Gra cían con lo demás que le escrivis; que todo me ha parecido muy bien, y la compra muy acertada, y assi os agradezco, y tengo en ser- vicio el que en esto me haueis hecho, y en procurar los demás de Nicolo Barellí, al qual lo podréis también agradecer de mi parte, y dar orden que los unos y los otros se envíen a recaudo, asi como están, pues venidos acá se podrá atender en su aderezo y enquader- nacion. Fué bien hauer escripto a D. Juan mi hermano que ofreciéndose ocasión tenga quenta con este particular, y vos le terneys de acor- dárselo quando viéredes que lo ay, y de proceder en lo de adelante en conformidad de la relación que embiasteis del Doctor Rasarlo que ha parecido bien, y asi os podréis aprouechar de su consejo en ello pues es persona de las partes que decís, dándome aviso de lo que se hiciere. Aunque en lo que toca a tresladar libros de^ librerías 410 REAL BIBLIOTECA DE EL ESCORIAL que en la relación se nombran, podréis por agora dejarlo de hacer hasta que otra cosa se os avise, por lo que Oracian os escriuirá, y procurar solamente por agora los antiguos griegos, o latinos, que se pudieren hallar. De Madrid XVI de Julio de MDLXXII.— Yo el Rey. — Por mandado de S. Mag.^ Antonio Gracian». (Simancas. — Secre- taría de Estado. Legajo 1,503.) Carta de Antonio Gracián a D. Diego Guzmán de Silva. t «Muy Ill.e señor: En XIIII deste recibi ambos duplicados de V. S.a de los mismos del passado sobre el negocio de la libreria y otro dia los mostré a su Mag d el qual lo leyó todo con mucho contentamiento, y cierto le queda del buen principio que V. S.a ha dado a esto, como de la carta que ha firmado entenderá V. S.a, y ha sido muy acertado in- terponer en las compras el nombre de V. S.a y no en el de su Mag.^, porque con esto se ahorrará mucho. Lo que toca a los libros que se han de tresladar, acá andamos tratando de tomar dos librerías para su Mag.d, la una de don Diego de Mendoza, de que V. S.» hizo mención en su primera carta, y la otra del Cardenal de Burgos don Francisco de Mendoza, en las qua- ies entiendo que ay todo lo que se podrá tresladar de las librerías que contiene la relación del Doctor Rasarlo porque sé yo que las an andado, y aun otras, y assi aunque de los originales antiguos que- remos quantos se pudieren hallar, aunque acá los tengamos, porque por mas que aya nunca sobran, en los tresladados no ay para que gastar dinero hasta saber si los tenemos juntándose estas dos minas tan ricas y otra que está comprada en Flandes. Pero podrase por agora tener cuenta con los que se pudiere tresladar para que a su tiempo se haga si fuere menester, y con todo eso haré tresladar y embiaré a V. S.a el catalogo de todas estas librerías, y de la nuestra de S. Lorenzo, que no es menor digo de los manuscritos, que lo de- más es infinito, asi para que V. S.* las tenga para su curiosidad, como para que si algunos libros huuiese que no estuuiesen en algu- na dellas se tresladasen sin esperar a mas, y será bien que el Doctor Rasarlo aya los catálogos de las mas librerías que pudiere para que REAL BIBLIOTECA DE EL ESCORIAL 41 1 veamos lo que nos falta, y se coteje con los nuestros, yo bien creo que estas dos librerias que digo serán de S, Mag.^ aunque nos va- mos poco a poco en comprarlas estando seguros de contralicitar, y por tomar mejor me dio en auerlas. A Nicolo Barelli conozco muy bien y creo que él me dixo aqui desta librería, aunque V. S.a no escriue si la embia vendida, o en que forma, ni de los libros latinos si se han comprado o no, de todo supplico a V. S."* me avise con el primero. En lo que toca a traerlos aqui me dijo ayer su Mag.^ quando firmaua la carta para V. S.^ que escriuiese yo a V. S.^ que los podria embiar hasta Genoua, y de alli embiarse aqui en las primeras gale- ras, y que assi lo escribiese también al Señor don Sancho de Padilla para que estuuiese prevenido de ello, como lo ha hecho y V. S.^ me avisará de quando y como se embiaren para que lo entienda su Mag.d la divina guarde y prospere muy Ill.e persona, V. S.^ de ma- drid a XVII de Julio de 1572.— B. L. M. de V. S.^ su serui.or-Qra- cian> (Simancas-Estado 'Legajo 1.504). t Carta de D. Diego Guzmán de Silva a Antonio Gradan. «Ill.e Señor. A los 12 deste tuue la carta de V. m. de los 17 del pasado con la que vino de su Mag.^ y ámela hecho V. mrd. mayor de lo que podría encarescer en auerme escrito que su Mag.d auia tenido por acertada la primera compra que se hizo de los libros, porque demás de no desear otra cosa sino acertar a seruirle, es para mi el mayor gusto que puedo ^tener emplearme en seruicio del glorioso y bien- auenturado S. Lorenzo, de cuya admirable pasión he sido siempre deuotissimo, y assi toda mi recreación es en un monasterio adonde ay dos huesos suyos grandes y un retablo de mano del Ticiano, en que está harto ayudada la forma de su martirio, en cuyo altar suelo dezir parte de mis misas. Encaminarse han los libros por la uia de Genoua, como su Mag.d manda. Hanse comprado otros pocos, de los quales embio a a V. m. la memoria, y aunque los latinos son de mano, y algunos 412 REAL BIBLIOTECA DE EL ESCORIAL dellos con un poco de yluminacion, su dueño los tenia en mucho, pero ha sido bueno que nos auemos dado tan buena maña que se huuieron por seis escudos, porque uea V. m. si soy buen menagero. Tampoco creo que en los demás griegos nos han engañado. (Al margen: No auisa lo que le costaron estos). Teníanlos sus dueños como joyas preciosas, y eles desecho este pensamiento con darles a entender que no compro por codicia ni apetito sino por razón. Pareceme muy bien el sobreseer en los treslados hasta saber lo que hay en las librerías del Car.i y don Diego de Mendoza, porque sé que hicieron ambos diligencia, y el Doctor Rasarlo a dicho que él ayudó a hacer parte dello. Los originales antiguos se procurarán. Arias Montano me ha escrito que los que compró en Flandes ayu darán bien. Hanme traído unos libros latinos de mano que me dizen que se anduuíeron buscando aquí con diligencia para el Duque de Bauíera. Alos visto Rasado y diceme que son muy buenos, aunque entiende como yo la substancia desta ciencia. (Al margen: No dice que ciencia. — Eran de alchymia como después parescíó por la re- lación del gasto que embio a su Mag.^ y eran 26 y se compraron por 30 escudos); pero siendo cosa rara y no común y conueniente que en las librerías grandes aya de todo, estoy persuadido de to- marlos especialmente que de dozientos escudos los tengo ya en 30, Los libros- de Nicolo Barellí son buenos, y antes que me uiniese el auiso de que eran necesarios, los auia traydo a mi posada, para que le diese parecer si los embiaria, como lo ha hecho sin otro fin que de seruir a su Mag.^ que es hombre de bien y desea hacerlo y assi se le a hecho y hará aquí todo placer en lo que se le a offrecido y offreciere. Los catálogos se harán y con esta en cambio el de S. Marcos, anuque se está haciendo otro que será más corregido, y si vinieran los de allá, como V. m. díze, reciuiré muy gran mrd. con ellos, por- que se acierte mejor lo que se a de hazer y por uerlos, que he sido siempre muy tahúr deste juego; y pensé que en Venecia pudiera exercitarme en él, y assiguro a V. m. que difficilmente hay tiempo para rezar, y que si tomo algún rato yendo en barca a Polinio por las cossas que corren, quando se lee una hoja pienso auer ganado una ciudad, y el mal es que se oluida lo leydo, mas quien está al cabo de la vida de todo se puede consolar, especialmente pasándose en ser- REAL BIBLIOTECA DE EL ESCORIAL 413 uicio de nuestro amo. V. m. es mozo, ha trabajado y sé que no per- derá tiempo. Nro. S.or se le dé para seruirle y prospere la lll.e fami- lia y estado de V. m. como desseo. De Venecia 16 de Agosto 1572.— Seruidor de V. m.— Guzman de Silua.» (Publicada en la Revista de Archivos, II, pág. 320). Los códices latinos a que se refiere en la carta anterior y que fueron comprados por Guzmán de Silva el 24 de Julio son los si- guientes: Venecia 1572. Memoria de algunos libros griegos y latinos que agora últimamente ha comprado en Venecia Guzman de Sylua, para la librería de S. Lorenzo. Libri Graeci. Libri Latini. Valerius Maximus, in 4.*^, in pergameno. Horatii poética et epistolae, in 4.°, in perg. Cicero de Officiis, in 4.°, in perg. Priscianus, in 4.°, in perg. Catullus, in 4.o, papyro. Virgilius, in folio, in perg. Rhetorica ad Herennium, in 4.®, in perg. Liuii prima decas, foL, perg. Leonardus aretinus de primo bel. púnico, in 4.°, pap. Caesaris comment., in 4.o, pap. Lactantius Firmianus, fol., perg. Salustius, 4.^ perg. Valerius Max., fol., pap. et Senecae epistolae. Senecae declamationes, fol., perg. Ciceronis orationes in Verrem, fol., perg. Juuenalis et Persius, in 4.^, perg. Horatius, in 4.°, perg. Julius Solinus, in 4.», perg. Ditis Cretensis, in 4.o, perg. TerentiuS) in 4.°, perg. Lactantius Firmianus, in 4.", perg. 414 REAL. BIBLIOTECA DE EL ESCORIAL Tibullus, Catulius et Propertius, m 4."*, perg. Rhetorica ad Heren. et alia, 4.°, perg. Salustii Catilinarium, in S."", perg. Ciceronis Tusculanae, in 4.°, papy. Marcianus Capelia, in 4.*', perg. Los códices de Alquimia comprados por 30 escudos a Vicencio Valgrisi fueron los siguientes: «Líber lapidarii, qui dicitur practica lapidum, Raymundus Lul- líus de lapide Phylo. Geber practica super scientia et arte diuina. Idea Salomonis. Bernardus de Auernio de probatione verae transmutationis. Clauis sapientiae. Raymundi LuUii quintarum essentiarum liber. Raymundi Codicillus super artem Alchimiae. Tractatus qui dicitur aurora consurgens. Morienus de lapide Philosophorum. Arnaldus de Villanova testamentum de arte diuina. Christophorus Parisiensis de magno lapide. Raymundus LuUius de virtutibus aquae vitae. Quartum Platonis de arte chimica. Raymundus Lullius de figura elementali. Thesaurus mundí de transmutatione metallorum et de auro po- tabili. Liber diuersorum experimentorun in arte Alchí. Guillelmus de monadi Alchimica. Compendium aureum Artis. Liber secretorum Floridii. Sedacina totius artis Alchimicae. Doctrina philosophica de Alchimia. Opus excellens in Alchimia incerti auctoris. ' Opus de lapide minerali Christophori Veneti, et ex rosa Joan. Anglici. Modus reducendi argentum viuum in pristinam substantiam». REAL BIBLIOTECA DE KL aSCOEIAL 415 Felipe II al embajador D. Diego Guzman de Silva. t «EL REY Diego Guzman de Silua del nro. consejo y nro. Embaxador. Por vuestra carta XVÍ de agosto entendí la orden que auiades dado cer- ca de embiar aqui los libros que teneys comprados y lo demás que en este negocio aueys hecho lo cual está muy bien. También me hizo relación Antonio Oracian de los libros que últimamente aueys comprado, cuya memoria le embiastes y de la calidad de ellos, que han parescido muy buenos, y assi os lo agradezco y holgaré conti- nueys en tener desto el cuydado que hasta aqui, y me deys siempre auiso de lo que hicieredes. De Madrid a diez de octubre MDLXXII. — Yo el Rey. — Por mandado de su Mag.** —Antonio Gracian.» (Si- mancas.— Estado.— Legajo 1.503). Caria de Gradan a Guzman de Silva. t »Muy Ill.« Señor: Esta será solo para acompañar la de su Mag.^ y yo responderé a la de V. S.^ en teniendo mas salud, si place a Dios, porque agora quedo con unas tercianas que es la fruta de esta tierra. No ha ydo antes la respuesta de su Mag.^ porque aunque vio luego las cartas de V. S.* aguardé a darle relación de los libros, y de la calidad de- llos en buena razón. N. S. guarde la muy Ill.« persona y estado de V. S.a como puede. De Madrid a XI de otubre 1572.—B. L. M. de V. S.* su serv.o"^ — Antonio Gracian». (Ibidem.) Carta de Antonio Gracian al embajador D. Diego Gazmán de Silva. t *Muy Ill.^S.^ Recibi la de 10 de Enero con el libro de Heron y beso a V. S.a muchas vezes las manos por el cuydado que tuuo de ha- 416 REAL BIBLIOTECA DE EL ESCORIAL zermer mrd. y la que recibo con sus cartas y con la cuenta que me dá de lo que trata cerca deja librería, que no solamente me anima a mi mucho a hazer acá otro tanto, pero me da ocasión de poder yo con tan buen exemplo el forzar a los que tratan de esto, que nego- cios de letras y virtud suelen resfriarse, aunque este no lo hazen en su Mag.*^ sino que cada dia veo que recibe mas gusto dello y esta semana passada me mandó desde el Pardo embiasse aqui por unos libros que se han tomado del almoneda del Conde de Luna en León, en que hay algunos curiosos y se holgó y se entretuuo allí algunos ratos con ellos. El Obispo de Plasencia le dejó la mejor parte de su librería por manda en su testamento, y lo demás embiamos a com- prar, era muy copiosa y rara cosa. Montano me auisó de los libros Hebreos que compró ay aunque por embiarme la memoria dellos, me embió por error la de los que dexó en Roma, y desta también tenemos mas en la libreria del s.° Zurita que será presto nuestra y es muy buena y curiosa y crea V. S.^ que antes de mucho será la de S. Lorenzo de las mejores de la christiandad. Guárdenos nro. señor a su Mag.*^ muchos años para que por todas vias fauoresca la virtud. El libro de Heron aunque es muy bueno y curioso y le estimo yo en mucho, no es el que embié a pedir y yo tengo traducido en castellano, porque es de machinis bellicis y el mió es de machinis Pneumatícís siue spirítalibus quae ex atractione aerís fiant. Llamase en griego rjptovcc aXp ^avípE^ TtepixiívTrvevxaXfxov, SU mag.** Ic tiene en grie- go dos o tres veces y en español de mi mano, y yo de la misma en griego, si acaso ay se ha impreso en latin o en griego holgaría infi- nito de tenerle porque fué deleyte de mi mocedad lo que trabajé en esta niñería y gusto della. V. S.a me haga merced de encargarlo al D. Rasarlo y perdonar mi atreuimiento. Nro. S/ guarde y prospere la muy illustre persona y estado V. S.^ como puede. De Madrid a XXV de Hebrero de 1573.-B. 1. m. de V. S.* su muy cierto seruí- dor.— Antonio Gracián.» (Simancas.— Estado, —Legajo 1.509. Pu- blicada en la Revista de Arcíiivos, V, pág. 314). P. Guillermo Antolín (Concluirá.) REVISTA CANÓNICA I. Duda resuelta sobre el uso de la bolsa de ios corporales.— II. Decreto sobre la concurrencia de dos responsorios de tiempo con otros dos de Apóstoles y Evangelistas o de Mártires, en tiempo pascual.— III. Sobre competencia de asuntos de las sagradas Congregaciones.— IV. Participación de los cató- licos en la sociedad «ad procurandam Christianitatis unitatem>.— V. Duda sobre el teosofismo.— Vi. Aclaraciones sobre el decreto «ínter reliquas».— VII. Rito que se ha de observar en la profesión de las religiosas. I Proposito dubio: «An usus bursae, corporalibus includendis destina- tae, permitti possit pro colligendis eleemosynis?», Sacra Rituum Congre- gatio, audito specialis Commissionis suffragio, respondendum censuit: Negative, Atque ita rescripsit, et servan mandavit. Die2 maii 1919.—^ A. Card. Vico, Ep. Portuen. et S. Rufínae, S. R. C Praefectus.—L, ^ S. Alexander Verde, Secretarias. II A Sacra Rituum Congregatione pro opporíuna declaratione postula- tum fuit: «Quaenam norma sit habenda quoties, infra Hebdomadam I et II post »Octavam Paschae, in Communi Apostolorum et Evangelistarum vel Mar- »tyrum, Témpora Paschali, in II et III Nocturno recurrant ea Responsoria, »quae iam fuerint in primo Nocturno recitata, cum Lectionibus de Scriptu- »ra occurrente.> Et Sacra eadem Congregatio, audito specialis Commissionis suffragio, ómnibus sedulo perpensis, ita rescribendum censuit: «I. Tum in Communi Apostolorum et Evangelistarum, tum in Com- »muni Martyrum, Tempore Paschali, loco septimi Responsorii Ego sam 418 REVISTA CANÓNICA *víiíSf dicatur Responsorium: Tristitia vestra, quoties in I Nocturno reci- »tatae sint Lectiones de Scriptura occurrente cum suis Responsoriis de »Tempore, Feria III et VI infra hebdomadam I et II post Octavam Paschae. »II. In communi autem Aposíolorum et Evangelistarum, Tempore Pa- »schali, loco Responsorii quinti: Virtute magna, dicatur Responsorium *PretíOsa in conspecta Domini, quoties in I Nocturno Lectiones fuerint »de Scriptura occurrente cum suis Responsoriis de Tempore, Feria IV et V »infra hebdomadam I et II post Octavam Paschae. >III. Futuris autem editionibus Breviarii Romani, in Communi Aposto- >lorum et Evangelistarum, Tempore Paschali, post Responsorium quin- >tum, inseratur sequens Rubrica: «Feria II et V infra hebdomadam I et ÍI »post Octavam Paschae, quoties in I Nocturno Lectiones fuerint de »Scriptura occurrente cum suis Responsoriis de Tempore, loco praece- >dentis Responsorii de Tempore, dicitur sequens: i^. Preüosa in conspe- *ctü Domini, alleluja, * Mors]sanciorum ejus, alleluja. f. Custodit Domi- *nüs omnia ossa eorum, unum ex fiís non contereiur. * Mors.* «ítem in Communi Apostolorum et Evangelistarum et in Communi »Martyrum, Tempore Paschali, post septimum Responsorium inscribatur >haec Rubrica: «Sicubi, Feria III et VI infra hebdomadam I et II post Octa- »vam Paschae, quoties in I Nocturno Lectiones fuerint de Scriptura occur- »rente cum suis Responsoriis de Tempore, loco praecedentis Responsorii » dicitur sequens: H- Trisiiiia vestra, alleluja, * Convertetur in gaudium, *alleluja, alleluja. f. Mundus antem gaudebit, vos vero contristabimini, *sed irisiitia vestra. Convertetur.^^ Atque ita rescripsit, declaravit et servari mandavit. Die 16 maii 1919.— ^ A. Card. Vico, Ep. Portuen. et S. Rufinae, S. R. C. Praefecíus.— L. ^ S. Alexander Verde, Secretarias, ni In peculiari coetu Emorum Patrum iuxta canonem 245 Cod. luris Canonici a Beatissimo Patre designatorum, propositis dubiis: L Utrum omnes quaestiones, seu instantiae, quae attingunt aliquod ius, aut commodum (seu interesse) alicuius familiae religiosae, aut soda- lium religiosorum, spectent privative ad S. C. de Religiosis. 2. Utrum concederé, servatis consuetis normis, sanationes et condona- tiones quoad praeteritum, et reductiones quoad futurum relate ad capella- REVISTA CANÓNICA 419 nias et alia legata, quae, licet concredita non sint Ordini aut familiae reli- giosae, qua tali, erecta tamen aut translata reperiuntur in ecclesiis religio- sorum, spectet ad S. C. Concilii, an potius ad S. C. de Reiigiosis. 3. Cuinam Congregationi competentia tribuenda sit quoad dispensa- tionem ad Ordines sacros recipiendos a Reiigiosis sive ex defectu aetatis sive ab irregularitate, sive quoad alias conditiones quae ad conferendos Ordines requiruntur, sive quod ad studia pertinent quae sacris ordinatio- nibus sunt praemittenda. 4. Cuinam Congregationi competentia tribuenda sit quoad religiosos dispensandos, qui propter morbum vel alia de causa a Missae celebratione physice vel moraliter impediuntur, veluti si pedibus consistere non valeant. Emi Patres Cardinales, quibus a SSmo. D. N. Benedicto PP. XV re- solutio commisa fuit, respondendum censuerunt: Ad 1. Affírmaüve: in sensu tamen canonis 251 Codicis luris Canonici. Ad 2. Privative ad S. C. de Reiigiosis, quoadusque legatorum adminis- tratio et adimplementum coacredita sint Reiigiosis. Ad 3. Ad S. C. de Reiigiosis. Ad 4. Ad S. C. de Reiigiosis. Quae omnia SSmus D. N. rata habuit et confírmavit. Romae, die 24 martii 1919.~í< C. Card. De Lai, Episc. Sabinen., Se- cretarias. IV In genefali consessu Supremae Sacrae Congregationis Sancti Offícii, habito feria IV, 2 julii 1919, proposito dubio: «Utrum instructiones hujus ejusdem Supremae Sacrae Congregationis, latae die 16 septembris 1864, circa participationem catholicorum cuidamsocietati Londini erectae adpro- curandam^ ut aiebant christianitatis unitaiem, applicandae sint, et a fíde- libus servandae etiam quoad eorundem participationem conventibus qui- buscumque, comitiisque publicis vel privatis ab acatholicis indictis, qui fínem sibi praestituunt unionem procurandi omnium coetum christiano- rum nomen sibi vindicantium»; Emi ac Rmi Dñi Cardinales in rebus fídei et morum Inquisitores Generales respondendum mandarunt: ^Affirmative, et iterum evulgandas esse in ephemeride officiali Sanctae Sedis supra me- móralas litteras, una cum alus ad quosdam Puseistas anglicos datis, die 8 Novembris 1865». SSmus D. N. D. Benedictus Div. Prov. Papa XV sequenti feria V, die 3 420 REVISTA CANÓNICA ejusdem mensis et anni; in sólita audientia R. P. D. Adsessori S. O. im<- pertita, relatam sibi Emorum Patrum resolutionem approbare et confirmare dignatus est. Contrariis quibuscumque non obstantíbus. Datum Romae, ex aedibus S. Offícii, die 4 julii 1919.— Aloisius Castel- lano, Supremae S. C. S. Off. Notarías, Fería IV die Wjulü 1919.— In plenario conventu habito ab Emis. ac Rmis. Dominis Cardinalibus in rebus fídei et morum Inquisitoribus Gene- ralibus, proposito dubio: «An doctrinae, quas odie theosophicas dicunt componi possint cum doctrina eatholica; ideoque an liceat nomen daré so- cietatibus theosophicis, earum conventibus interesse, ipsarumque libros^ ephemerides, diaria, scripta legere». Eidem Emi. ac Rmi. Domini, praehabito DD. Consultorum voto, res- pondendum decreverunt: Negaiive in ómnibus. Et feria V die 17 ejusdem mensis, Ssmus. D. N. D. Benedictus Div. Prov. PP. XV, in sólita audientia R. P. D. Assessori S. O. impertita, rela- tam sibi Emorum. Patrum resolutionem approbavit et publicari mandavit. Datum Romae, ex aedibus S. Officii, die 18 julii 1919.— A. Castella-^ NO, Supremae S. C. S. Off, Notarías, VI Cum in Códice Juris Conocini nihil habeatur circa ea quae continen- tur in Decreto de Religiosis servitio militari adstrictis^ a S. Congregatione de Religiosis, sub die 1." ianuarii 1911 dato, dubium nonnullis exortum est utrum adhuc praedictum Decretum vigeat post Codicis promulgatio- nera. Haec autem S. Congregatio, attenta negotii gravitate, animadverten- dum censet in Códice Juris Canonici nullam haberi potuisse rationem praefati Decreti inier reliquaSf nec ejusdem praescripta Canonibus inserta fuisse, cum idem Decretum, natura sua, ad circunstantias temporum et locorum habeat relationem, nec generalis legis eclesiasticae rationem indi- care possit. Etenim juxta can. 614: «Religiosi, etiam laici ac novitii, fruun- tur privilegium clericorum de quibus in can. 119-123»; quae inter canon 121 absolute edicit: «Clerici omnes a servitio militari... immunes sunt». Cum autem causae ob quas datum fuerit Decretum Inier reliquas, REVISTA CANÓNICA * 421 diffíciiltate temporum porseverent, et viri rel¡p:iosi, etiam professi, ad ser- vitium militare, pluribus in regionibus, cogantur, nullo habito respectu ad eorum statum, quo Dei servitio jam fuerint mancipati consequens et praescripta ejusdem Decreti in suo robore esse servanda. Propositis igitur dubiis: 1) utrum Decretum ínter reliquasS. Congregationis Religiosorum, diei l.a« ianuarü 1911, de Religiosis servitio militari adstrictis ad huc vi- geat; et quatenus affirmative: 2) utrum Novitii servitio militari adstricti, absoluto Novitiatu, vota religiosa temporánea emittere debeant ad trien- nium juxta modum in can. 574 expressum; haec S. Congregatio, re matare perpensa, respondendum censuit prout respondit: ad primum affirmriive; ad secundum negative; et vota temporánea emitantur volitara asque ad serviiiam militare, Quapropter statuit S. Congregatio ut: 1) vota praedicta cessent eo die quo Religiosus militiae adscriptus et disciplinae militari subjectus evadit, vel inhabilis ad militiam absolute et in perpetuum decla- ratur; 2) perduranti militari servitio, alumnus, quamvis votis religiosis non sit ligatus, tamen membrum religionis esse perseverat sub auctoritate suo- rum Superiorum, qui de eo curam habere debent forma praescripta in Decreto ínter reliqaas, nn. IV et V. Attamen, ad norman can. 637, alum- nus potest libere religionem desserere, praemonitis Superioribus per de- clarationem in scriptis vel coram testibus, quae declaratio caute in Archivo Ordinis vel Instituti servetur; Religio pariter potest eum, ob justas et ratio- nabiles causas, dimissum declarare; 3) ad praecavendam autem dubitatio- nem omnem circa professiones, quae forte post promulgationem Codicis bona fide emissae sunt contra praescriptum Decreti ínter reliqaas, S. Con- gregatio facúltales tribuit Superioribus eas sanandi, dummodo accedat con- sensus Religiosi, in scriptis declarandus ac in Archivis serv.andus. Facta autem de his relatione SSmo. D. N. Benedicto PP. XV in audientia diei 15 iulii 1919 ab infrascripto Card. Praefecto, Sanctitas Sua praedicta omnia approbavit et publici juris fieri mandavit. Datum Romae, die et anno praedictis.— R. Card. Scapinnelli, Prae- fectus. L. ^ S. Maurus M. Scrafini, Ab. O. S. B., Secretarias, VII «An resolutiones S. C. EE. et RR., sub die 18 iulii 1902 ad I, et 15 ianuarü 1903 ad I et II, circa modum servandum in emittenda simplici et sollemni Monialium professione post editum Decretum Perpensis diei 2 422 REVISTA CANÓNICA maii 1902, vigeat post inductam a Códice luris Canonici professionem vo- torum temporaneorum, quae votis sollemnibus praemitti debeat?» S. Congregaíio, ómnibus mature perpensis, respondendum censuit: Negaüve, et ad mentem. «Mens est ut professioni sollemni reserventur ritus illi omnes et ceremoniae quae ad perpetuitatem status referuntur; ad professionem vero temporaneam sufficit ut, ad normam canonis 577, § I, n. 6, a legitimo Superiore secundum Constitutiones per se vel per alium recipiatur», Datum ex Secretaria S. Congregationis de Religiosis, die 10 iulii 1919 — L, fb S. Maurus M Serafini, Ab. O. S. B., Secretarias. bibliografía Cuestionario teológico, por el M. I. Sr. D. Francisco Salvador Ramón, canó- nigo de la S. í. C. de Guadix.— Tomo IV.— De Gracia y Virtudes.— Un vo- lumen de 294 págs. en 4." menor.— Quadix.—Imprenta de la «Divina Infan- tita», 1919. Ya en otra ocasión, al hablar del tomo II de esta obra, dijimos el aplau- so que merece el autor, tanto por su laboriosidad como por su inteligen- cia en reducir a compendio las cuestiones más graves de la Teología. El presente volumen, concretado a las cuestiones de la gracia y de las virtudes, reúne todas las cualidades de sus hermanos, publicados anterior- mente: concisión en la doctrina, claridad en la exposición, la suficiente am- plitud en las materias que abarca, de suerte que no sólo de lo que es doc- trinal y dogmático, sino hasta de lo que es discutible y ha sido discutido en la historia ofrece muy compendioso resumen. Los que conozcan de ante- mano el desarrollo de las cuestiones teológicas y se hayan dado cuenta de la doctrina y de la discusión entre los autores graves, encontrarán en estas páginas un excitante de ideas y recuerdos que quizás dormían en el olvi- do, podrán con facilidad hacer revivir en su pensamiento los frutos adqui- ridos a costa de muchos trabajos. Por eso se recomienda, sobre todo a los que desean una preparación rápida para tomar parte en oposiciones o concursos. También hicimos notar ciertos defectos que afeaban el tomo II, y que por lo visto son comunes a los demás, pertinentes desde luego más bien a la forma que al fondo de la obra. En un compendio es donde menos pue- de disculparse el desaliño y la incorrección, originados del apresuramien- to excesivo en revisar la labor propia y ajena. Y justo es que el vaso sea digno del exquisito licor que contiene. Por lo demás, el autor muestra una gran comprensión de los panora- mas que encierra la reina de las ciencias y guía por ellos con seguridad y mucho provecho del lector, inspirando anhelos de ver pronto los tomos ulteriores. — B. R. 424 BIBLIOGRAFÍA P. Ludovicus Fanfani O. P. Prof. Theolog. Moralis in Pont. CoUegio Angélico de Urbe,— Dé Indulgentiis.— Manuale teorico-practicum ad normam Codicis Juris Canonici.— Romae, Desclée et Socii Editores, 1919.— Un vol., de 110 páginas, en 8.^ En este pequeño volumen nos ofrece el autor un prontuario muy her- mosamente dispuesto con todo lo que hay de más fundamental en el tra- tado de las Indulgencias, y que al mismo tiempo es de verdadera utilidad práctica por los múltiples detalles a que desciende. Las enseñanzas de la Iglesia sobre la materia y las condiciones que para ganar las Indulgencias se requieren es lo que constituye la primera parte del libro. A ella sigue la exposición de ciertas Indulgencias en particular, como las del Jubileo, Bendición Papal, in articulo mortis, Altar privilegia- do, Víacrucis, Rosarios, Escapularios y Acto heroico de caridad, en que se esclarece todo lo relativo a la aplicación de los grandes tesoros de la Igle- sia y se resuelven las dudas que son más ordinarias en la práctica, siempre teniendo en cuenta las últimas decisiones de la Iglesia. Para todos los sacerdotes, pero especialmente para los párrocos, encie- rran verdadero interés las páginas de esta obrita.— P. B. El deber del cristiano.— Amarás al S Anunció la presentación de proyectos creando Consejos de obreros y patronos y estableciendo la semana de cuarenta y ocho horas. «El Go- bierno—siguió diciendo— acepta el principio de la compra por el Estado de los derechos mineros que tienen los propietarios de tierras, y que consagrará una parte de la suma necesaria para esta compra a la crea- ción de fondos, cuyo fin será mejorar las condiciones de existencia de los mineros.» «La balanza comercial es fuertemente contraria al país, y si el exceso de importaciones sobre las exportaciones manifestado en Julio se mantie- ne, esta balanza ascenderá a 25.000 millones contra el Reino durante el año corriente. La Gran Bretaña vendió 25.000 millones de valores extran- jeros para poder pagar su parte de material de guerra, e hizo empréstitos en los Estados Unidos que suman cerca de 30.000 millones. La deuda na- cional antes de la guerra ascendía a 13.125 millones, y ahora sube a 195.000 millones. No hay más que un medio para hacer frente a estos formidables gastos del presupuesto— dijo Lloy George—, y este medio es el aumento de pro- ducción.> —En política exterior el Gobierno inglés no pierde el tiempo. Desde Noviembre elaboraba a la chita callando una inteligencia con Persia para procurarse una situación privilegiada en aquel país. El tratado hecho pú- blico recientemente ha motivado protestas en Francia y los Estados Unidos. Las cuestiones de Irlanda y de Egipto permanecen vivas y candentes por su resonancia universal. 430 CRÓNICA GENERAL Francia. —Conúnmn los procesos por inteligencia con el enemigo. Ahora se agita el entablado contra Esnesto Judet, antiguo director de UEclair. —Los parlamentarios, después de unos días de asueto, consagrados a las tareas de los Consejos generales, han entrado nuevamente en la discu- sión del Tratado de paz. Sin embargo, parecen más bien dispuestos a dis- cutir de política interior que de exterior. Monsieur Briand ha denunciado la «unión sagrada» en su discurso de Saint-Etienne, porque no tiene razón de ser, después de pasado el peligro nacional. Quiere una concentración republicana contra lo que él llama «anarquía de la derecha» y «anarquía de la izquierdat. —Aunque con grandes obstáculos por las dificultades de los transpor- tes, la peregrinación nacional a Lourdes se verificó en Agosto con magní- fico esplendor. La dirigió el P. Maubon y predicó el elocuente obispo de Chalons, M. Tissier, asistiendo a los ejercicios durante los cinco días más de 15.000 peregrinos, entre ellos numerosos prelados. Nuevo Gobierno húngaro.— E\ archiduque José, que acababa de redi- mir a Hungría del desorden bolcheviquista, se ha visto en la precisión de retirarse ante la presión de los aliados que por tratarse de un representante de la dinastía austríaca le pusieron el veto y así lo notificaron al jefe del Gobierno, Friedrich, imponiéndole la formación de un Ministerio de coa- lición de todos los partidos para presidir las próximas elecciones. Ante tal imposición, el Archiduque se retiró y Friedrich formó un Mi- nisterio con muchas dificultades, debidas a que la opinión general es de tendencia cristiana y los socialistas mimados por los aliados son una insig- nificante minoría que se pasó al bolcheviquismo y dominaba anteriormen- te por el terror. En unas declaraciones sobre la situación ha dicho el cita- do presidente: «Aunque hayamos sacrificado al símbolo de la Hungría cristiana en la persona del archiduque José, no estamos dispuestos a más sacrificios.» Véase la nota que dirigió el presidente de la Conferencia de la paz, monsieur Clemenceau, al Gobierno húngaro: «Las potencias aliadas y asociadas han examinado nuevamente los in- formes contenidos en la información de la misión de generales de la En- tente en Budapest y los recibidos por otros conductos concernientes a los acontecimientos recientes que se han producido en Budapest. Sus conclusiones son las siguientes: Las potencias aliadas y asociadas tienen el mayor deseo de concluir con CRÓNICA GENERAL 431 el pueblo húngaro una paz duradera; pero estiman que no pueden hacerlo en tanto que el Gobierno húngaro actual siga en el Poder. Ese Gobierno ha sido establecido, no por la voluntad del pueblo, sino por un golpe de Estado ejecutado por un pequeño grupo de Policía, bajo la protección de un ejército extranjero, y tiene por jefe un miembro de la familia de los Habsburgos, los que, por su política y su ambición, son en gran parte responsables de las calamidades que el mundo ha sufrido y su- frirá aún durante mucho tiempo. Una paz negociada por un Gobierno de ese género no podría ser du- radera, y, por otra parte, los Gobiernos aliados y asociados no pueden concederle la ayuda económica, de que Hungría tanta necesidad tiene. Si el archiduque José responde que está dispuesto antes de entrar en relaciones con los Gobiernos aliados y asociados a someterse a la prueba de una consulta popular, nosotros le contestamos que eso no puede satis- facernos, puesto que las elecciones se harían bajo los auspicios de una ad- ministración al frente de la cual se encuentra el mismo Archiduque. En la desgraciada situación actual de Hungría es muy difícil obtener por medio de elecciones una expresión de la voluntad popular. Habría dificultades insuperables si las elecciones se hicieran bajo la in- vestigación de un Habsburgo, y hasta si la misma Asamblea elegida en esas condiciones representase verdaderamente al país, nadie la admitiría. Así, pues, en el interés de la paz europea, los Gobiernos aliados y aso- ciados se ven obligados a insistir para que el actual pretendiente al Poder supremo del Estado húngaro presente su dimisión y en que un Gobierno, en el cual estén representados todos los partidos, consulte al pueblo húngaro. Las potencias aliadas y asociadas estarán dispuestas a negociar con todo Gobierno que goce de la confianza de una Asamblea elegida de ese modo. Rogamos a la Misión se sirva publicar este telegrama en todos los dis- tritos.—Firmado: Clemenceau.» La Misión visitó en seguida al presidente del Consejo, Friedrich. Inmediatamente los ministros se reunieron en Consejo, y después de corta deliberación se decidió, por unanimidad, que el archiduque José debía retirarse y dimitir el Gobierno en pleno. Después se ocupó en preparar la contestación al telegrama del presi- dente de la Conferencia de la paz. Al recibir la Misión de la Entente la contestación llamó al presidente del Consejo, señor Friedrich, al que hizo saber que la Entente no quiere en ningún caso inmiscuirse en los asuntos interiores de Hungría, sino que se limita a declarar que considera como deseable la constitución de un Ministerio en el cual estén representados todos los partidos. 432 CRÓNICA GENERAL La Misión militar interaliada rogó al Gobierno actual que siga interi- ñámente hasta la formación de un nuevo Gabinete. El señor Friedrich declaró que el Ministerio se transformaría en el pla- zo de dos días, y que pondrían a disposición de los socialistas dos carteras y una subsecretaría. Dijo también que los partidos burgueses están dispuestos a aceptar los ministros que escojan los obreros; pero esperan que los trabajadores no influyan en la elección de los representantes de los partidos bur- gueses. Después los ministros fueron recibidos por el archiduque José, quien les declaró que acataba la orden de la Entente^ y se retiraba. El ministro de Negocios Extranjeros le dio las gracias en nombre de todo el Ministerio por la actividad desinteresada de que ha dado pruebas. El archiduque José, profundamente conmovido, contestó que su acti- vidad no merecía ningún agradecimiento, y que si había venido a Buda- pest es porque se le llamó y quería ayudar a su patria querida. Añadió que se retiraba con la conciencia tranquila de que había cum- plido con su deber hacia la nación. — Ante las ambiciones de Rumania sobre el país húngaro, en donde los tropas rumanas llevaron a Budapest, imponiendo condiciones extremo- sas, el presidente de la conferencia de París, M. Clemenceau, mandó una nota en la cual, después de recordar todos los compromisos contraídos por Rumania en la Conferencia de la paz, pide al Gobierno rumano que haga, sin equívocos de ninguna clase, la siguiente declaración: Primero. Que el Gobierno rumano reconoce el principio de que los bienes de los Estados enemigos constituyen una garantía común para todas las potencias aliadas y asociadas. Segundo. Que reconoce a la Comisión de Reparaciones o a su exclusi- vo representante para recoger, a título de reparación, los bienes enemigos y hacerse cargo de ellos. Tercero. Los activos húngaros recibidos por Rumania a partir del ar- misticio del día 3 de Noviembre de 1918 serán puestos a disposición de la Comisión de Reparaciones o del organismo interino que la Conferencia de la paz pueda designar, esperando el estatuto definitivo de dicha Co- misión. Rumania conservará el derecho a disponer nada más que de los bienes que puedan ser actualmente identificados como antiguas propiedades ru- manas que habían sido tomadas por el enemigo, y esto, de acuerdo con la Comisión de Reparaciones. Cuarto. Todas las nuevas expediciones de bienes húngaros a Rumania CRÓNICA GENERAL 433 cesarán inmediatamente, a menos que sea de acuerdo con la Conferencia de la paz o con sus representantes. Quinto. El Gobierno rumano ratificará el acuerdo del 27 de Junio fir- mado por Antonesco. La Conferencia de la paz autorizará a los generales aliados de Budapest para designar los agentes que han de representar a la Conferencia de la paz en todo procedimiento que pudiera ser entablado. La situación en Alemania.— Terminó sus sesiones la Asamblea Nacio- nal de Weimar después de aprobar la nueva Constitución alemana que juró ya el presidente Ebert. Al jefe del Gobierno, Bauer, se le nombró Canciller del Imperio, y el Parlamento seguirá llamándose Reichstag. Entre los proyectos de ley que tiene el Gobierno figura, especialmente, el de impuesto sobre las fortunas o sacrificio por las necesidades del Im- perio que se impone a todo alemán y a los extranjeros domiciliados en Alemania. Hasta los primeros 50.000 marcos el contribuyente tiene que pag«r el 10 por 100 de su fortuna; por los siguientes 50.000 pagará el 12 por 100; por los siguientes 100.000, el 15; por los siguientes 200.000, el 20; por los siguientes 200.000, el 25; por los siguientes 200.000, el 30; por los siguientes 200.000, el 35; por los siguientes 500.000, el 40; por los siguien- tes 500.000 el 45; por el siguiente millón el 50; por los siguientes 2 millo- nes, el 55; por los siguientes 2 millones, el 60; por las fortunas superiores, el 65 por 100. El pago de este tributo no será satisfecho de una sola vez, sino que será hecho en forma de renta en el transcurso de treinta años. — Bajo la presidencia del cardenal Hartmanc se reunieron los Obispos alemanes en Fulda para celebrar la anual Conferencia, que es ya de tradi- ción y de muy simpática historia. El punto primero fué un mensaje al Papa agradeciéndole la beneficiosa labor realizada durante la guerra y jurándole fidelidad inquebrantable. Después pusieron los Prelados a discusión diferentes medidas sobre los intereses del catolicismo en todo el país y publicaron el siguiente Mani- fiesto contra la retención de los prisioneros alemanes: «La Entente, Francia ante todo, se niega a poner fin a los sufrimientos corporales y espirituales y a la miseria de 800.000 prisioneros de guerra alemanes, en contra de todos los principios de la civilización. Los obispos reunidos en Fulda expresan públicamente su indignación sobre esta injusticia que clama al Cielo. A nuestros hermanos alemanes que, en contra de todo derecho, siguen 434 CRÓNICA GENERAL en el cautiverio, les prometemos solemnemente que seguiremos dedicando todos nuestros esfuerzos a su pronta liberación. Con ayuda de nuestra «institución eclesiástica para el socorro de los prisioneros» de Paderborn, seguiremos prestando ayuda material y espiri- tual a todos los prisioneros. Los parientes de los prisioneros; atormentados por la tristeza y la pre- ocupación, pueden estar seguros de que nosotros haremos todo lo que en nuestro poder esté para que la Entente cese tratando inhumana y anticris- tianamente a las pobres víctimas del cautiverio.» El Consejo central de la República alemana ha dirigido a los Consejos de obreros alemanes el llamamiento siguiente, firmado por Cohén: «La reconstrucción de las regiones destruidas en Francia y Bélgica constituye la disposición capital del tratado de paz. Alemania debe, sobre todo, proporcionar trabajadores apropiados. La otra forma de la colabora- ción, o sea la entrega de primeras materias o un pago, tendría para Alema- nia consecuencias terribles. Numerosos huelguistas vienen a ofrecerse volutariamente, mediante la protección de los intereses obreros; pero sin pretensiones exageradas. En la cuestión de la reconstrucción dependemos de la Entente y es necesario llegar a un previo acuerdo con Francia. Lo mejor sería una acción común de los Sindicatos franceses y alemanes para obtener condiciones de traba- jo apropiadas. La reconstrucción constituye un interés común francoale- mán y hasta europeo. Si los obreros alemanes lo comprenden, resultará de ello una aproximación francoalemana.> «El Comité constitucional de la Asamblea Nacional alemana acordó proponer a la Asamblea la creación de un Comité investigador de 28 miem- bros, cuya misión será investigar cuáles han sido los acontecimientos que originaron la guerra, su prolongación y su pérdida; si hubo momentos en que hubiera sido posible entablar negociaciones preliminares para una paz; si obróse de buena fe por parte del Gobierno entre sí, por la direc- ción política y militar, y si fueron tomadas o toleradas medidas en el orden militar y económico contrarias al derecho de gentes o que resultaban ser excesivamente duras, rebasando las necesidades militares y económicas. Un Subcomité fué encargado, además, de la redacción de un proyecto de ley sobre la creación de un Tribunal nacional. El príncipe Ruperto de Baviera acaba de dirigir una carta al presidente de la Dieta Bávara en Bamberg, diciendo, entre otras cosas: «He esperado hasta hoy que se constituyera un Tribunal nacional alemán para depurar las responsabilidades de .todos los gobernantes del pueblo alemán respecto a la dirección política y militar durante los últimos anos. CRÓNICA GENERAL 435 La creación de este Tribunal sería, por lo demás, síntoma de la res- ponsablidad común de todos los Estados alemanes, y con ello de la unión nacional. > A continuación alude el príncipe Ruperto a la situación forzada en que el Gobierno alemán se encontraría al tener que consentir en la entrega de ciertas personas a los aliados. Dice: «Si se exigiera mí extradición, protestaría ya hoy solemnemente, hacien- do constar que no reconozco a un tribunal en que el acusador es juez al mismo tiempo. Las condiciones de paz faltan al derecho de autodecisión en más de un punto esencial, y los vencedores dieron prueba de este modo de que no son portavoces de ideas morales, sino defensores del dominio plutocrático. No me doblegaré voluntariamente ante semejante tiranía, ni obedeceré a la invitación de presentarme ante un Tribunal extranjero.» El príncipe heredero está, sin embargo, dispuesto a comparecer ante el pueblo y ante un Tribunal nacional de Baviera. «Me entrego, pues — dice el 'príncipe Ruperto finalmente — , a la Dieta bávara, actual portavoz de la soberanía bávara. Si dicha Dieta considerara necesaria mi extradición, obedecería, libre de toda responsabilidad, de haber despreciado la soberanía del pueblo bávaro.» ESPAÑA Frente a la actitud revolucionaria del elemento obrero manejado por el sindicalismo anárquico, la Federación Patronal de Barcelona declaró el lock-out o cierre de sus fábricas, despidiendo a todo su personal hasta que los díscolos entraran en razón. La medida se consideró por muchos ex- tremosa, y en fin de cuentas ineficaz y contraproducente; pero la firmeza manifestada por los patronos, a quienes secundaron los de algunas otras poblaciones, produjo los requeridos efectos, llevando al ánimo de los per- judicados la persuasión de la conveniencia de un arreglo favorable a los intereses de todos. Parece en vías de solución este conflicto, así como el planteado por la huelga del personal marítimo en Barcelona y el de los panaderos de Madrid. — En el tejer y destejer sobre el asendereado art. 21 de la ley de casas baratas, se dictó un Real decreto el 3 de Julio pasado que modificaba no- tablemente lo establecido en dicho artículo. Contra esta innovación sur- gieron protestas, en especial desde las Cooperativas de la Prensa, cuyos intereses perjudicaba gravemente; y en vista de tal actitud de los periodis- tas y de la de otras Cooperativas, el señor ministro de la Gobernación ha 436 CRÓNICA GEXERAL publicado el 20 de Agosto otro Real decreto intentando corregir las cosas, pero lo ha hecho mal, pues dicho Real decreto, en su disposición segun- da, es contrario a la ley de Casas baratas y perjudica a las modestas Coope- rativas obreras de habitaciones económicas. Lo procedente hubiera sido anular por completo la disposición del 3 de Julio, que, además de anti- constitucional, era inútil para el remedio que se pretendía. — El día 20 de Agosto se inauguró en el Instituto general y técnico de Santander el curso de conferencias organizadas en homenaje a la memoria de Menéndez y Pelayo por la Sociedad que lleva su nombre. Presidió el acto S. M. el Rey, a quien acompañaban, entre otros ilustres personajes, D. Antonio Maura y el señor Nuncio de Su Santidad. Consistió el acto en una conferencia del sabio profesor de la Univer- sidad de San Francisco de California D. Rodolfo Schewill, uno de los más eximios representantes de la cultura hispánica en los Estados Unidos, y que presentado al auditorio por el Sr. Bonilla San Martín, profesor de la Universidad Central, disertó sobre el tema «Menéndez y Pelayo y su in- fluencia en la cultura norteamericana». Habló el doctor Schewill del interés extraordinario que despierta en los Estados Unidos todo lo concerniente a España y, sobre todo, lo refe- rente a su vida intelectual, de cualquier época que sea; elogió la importan- cia excepcional de la biblioteca de Menéndez y Pelayo, cuyos tesoros constituyen el mejor elemento de difusión de la cultura hispánica por América del Norte y abogó porque se establezca allí un Centro titulado Casa Española, que esté siempre en relación con otros establecidos en nuestra Península. Después del ilustre conferenciante norteamericano, D. Enrique Menén- dez y Pelayo pronunció un breve discurso de gratitud al Rey por haberse dignado presidir la inauguración de las conferencias, y el Monarca felicitó efusivamente a ambos oradores. Al doctor Schewill se le tributó una ova- ción cual correspondía a sus manifestaciones hispanófilas. —En respuesta al decreto de autonomía universitaria publicado por el anterior ministro de Instrucción Pública, Sr. Silió, han presentado ya sus anteproyectos las Universidades de Valladolid, Granada y Sevilla, redacta- dos por las Ponencias respectivas y pendientes de aprobación por los Claustros ordinarios. Todos ellos demuestran que nuestras Universidades están capacitadas para regirse autonómicamente. B. R. MISCELÁNEA Exposición de los obreros católicos al Gobierno. «Excelentísimo señor presidente del Consejo de ministros. Excelentísimo señor: La Confederación Nacional de Sindicatos Católi- cos de Obreros, por su Comité, con residencia en la corte, y en represen- tación de 35.000 obreros industriales, a V. E. se dirige, y por su mediación a las Cortes, en súplica de que nuestra voz sea oída, como en justicia co- rresponde. Entendiendo que la obligación del Gobierno es proveer al bien de sus administrados, sin olvidar a ninguno, y una vez que las clases necesitadas, las más numerosas, que hoy dispersas se mueven sin representación, la mayoría que llamaremos neutra, en los organismos oficiales, y aquellas otras, como las nuestras, que depende de asociaciones llamadas sindicatos católicos, donde en uso de una hermosa libertad hay muchos trabajadores que se acercan al amor de sus santas creencias, que por todos deben ser respetadas, hoy suplican y exigen su representación en los organismos oficiales creados y que se creen en lo sucesivo, tales como el Instituto de Reformas Sociales y otros, y piden la inmediata constitución de los Comi- tés paritarios que ya debían en justicia estar rigiendo, todo esto en contra de lo dicho por algún diputado de la nación en pleno Parlamento que no concede a nuestras organizaciones la pureza que tienen como obreras, sin ingerencias patronales, y no hace falta demostración cuando nuestros pro- cedimientos lo dicen en el orden económico, y nuestros reglamentos, apro- bados por la autoridad, lo expresan, y nuestro programa lo confirma en todas sus partes; que otra cosa es querer que impere el odioso privilegio para las agrupaciones socialistas, que todo lo acaparan y monopolizan, con detrimento que raya en absolutismo, que perjudica a gran parte de obre- ros españoles, los cuales no desean más que el paso progresivo para cl ejercicio de la soberanía de un pueblo que siempre se llamó libre. 438 MISCELÁNEA Con un régimen corrompido y desacreditado como el actual, en donde se ahoga la voz de una minoría tan noble y honrada como la nuestra, no se pueden resolver en justicia todos los asuntos administrativos y sociales. Ante lo ingrato del modo de vivir y lo caro de los artículos de primordial consumo, se clama mucho por la necesidad que se deja sentir; se ofrece y se halaga la satisfacción de las más puras aspiraciones; pero no se cum- plen jamás los ofrecimientos, y el desengaño llega, hasta el punto de que el espíritu político se convierte en escéptico, y el sentido moral, que ha de informar el cuerpo sano de la nación, se encuentra decaído y enervado, llegando al abatimiento cuando se mira al templo de las leyes. Por eso también pedimos que el manejo de la administración pública sea transpa- rente, ya que a las cargas contribuímos todos los españoles, y muchos con grandes trabajos y sacrificios. Hace falta, señor presidente del Consejo de ministros, que el ramo de Beneficencia sea estrella tutelar del pobre y no se dé el caso de las cons- tantes denuncias que nos hace a diario la Prensa por al abandono en que encuentran los establecimientos públicos, y, por tanto, la caridad oficial. En cuanto a Instrucción pública, pedimos la apertura de nuevos cen- tros de enseñanza en España, ya que la regeneración social se obtiene re- generando al hombre, y el obrero está sin instrucción. La ignorancia en el trabajador le hace un ser degradado, inconsciente de sus acciones y fácil instrumento de los malos instintos de los demás. El pueblo trabajador es- pañol es por temperamento sobrio, prudente y sufrido: un gran cambio se operaría con la instalación de Escuelas de Artes y Oficios y talleres de aprendizaje, con becas dadas por cualquier instituto oficial, sin olvidar la buena retribución a maestros o profesores. En cuanto a los haberes del clero, vemos ridículo lo votado en su be- neficio, después de tantos años de espera, sin tener en cuenta a los pobres curas rurales, que viven peor que el último de los empleados, y, sin em- bargo, se les exigen múltiples sacrificios. Lo que más nos tiene con cuidado es el pavoroso problema del paro en España, y aquí sí que es donde ponemos todo nuestro empeño en soli- citar una y mil veces un vasto plan de obras públicas, dando impulso a la construcción de carreteras y ferrocarriles, fomentando la canalización de ríos, la desecación de lagunas y pantanos, convirtiendo en productivas tie- rras los extensos eriales, y promoviendo las construcciones urbanas que han de proporcionar trabajo a los obreros de talleres y fábricas. MISCELÁNEA 439 El progjreso del siglo exige que los Gobiernos y los capitalistas empleen su actividad y los elementos disponibles al fomento y desarrollo de la in- dustria y de la riqueza en general, base del bienestar de los trabajadores. Así pensamos los obreros católicos, hoy abandonados de Gobiernos y particulares; pero con la esperanza de vencer y ser correspondidos como es de justicia. Dios guarde a V. E. muchos años, así como a los actuales señores mi- nistros de la Corona, para bien del país y prosperidad de nuestra amada España. — El Comité. Madrid, 11 de Agosto de 1Q19.» Segundo concurso del himno agrario Copia del fallo del Jurado.— En Madrid a 6 de Agosto de 1919 reunié- ronse en el domicilio social de la Confederación Nacional Católico Agraria los señores D. Antonio Monedero, D. Juan Francisco Moran, D. David Marina, D. Norberto Torcal y D. José María Bosch, nombrados por la Re- vista Social y Agraria para constituir el Jurado Calificador de los trabajos presentados al concurso abierto, en segunda convocatoria, por dicha Re- vista para premiar el mejor himno nacional agrario. Examinados atentamente los 46 trabajos presentados al concurso, el Ju- rado Calificador falló, por unanimidad, que procedía conceder y otorgar el premio de 500 pesetas al himno que lleva por lema «Dios y Patria», seña- lado con el número 36 del concurso. Abierta la plica resultó ser autor de dicho trabajo el Sr. D. José Monje Martínez, residente en Astorga (León). El Jurado en atención al mérito literario de las composiciones señala- das con los lemas «El Pan nuestro», Justicia y Amor> y «Justicia y Caridad» han acordado declararlas dignas de especial recomendación. Y para que conste firmamos la presente acta en Madrid a seis de Agosto de mil novecientos diez y nueve. Juan Francisco Moraría Norberto Torcal, Antonio Monedero Martin, José Marta Bosch. 440 MISCELÁNEA CERTAMEN MUSICAL.— BASES 1.* La Confederación Nacional Católico Agraria concede un premio de 500 pesetas a la mejor composición musical que se presente, adaptada a la poesía que ha sido objeto del premio concedido a la letra del Himno Agrario. 2.* El plazo para la presentación de las composiciones concluirá el día 10 de Septiembre de 1919. 3.* La presentación de originales puede hacerse a mano en las ofici- nas de la Revista Social y Agraria, Amor de Dios, 4, o por correo certifica- do. Al que personalmente entregue los trabajos o a la dirección que se indique por correo, se entregarán o remitirán los resguardos oportunos, que servirán para retirar luego los originales no premiados, los cuales esta- rán a disposición de sus autores respectivos durante un plazo de treinta días, a contar desde el fallo del Jurado. Pasado este plazo, la dirección de la Revista inutilizará los trabajos que no se hayan retirado. 4.* En el sobre que contenga el original, debe cada autor escribir un lema y en otro sobre aparte y con el mismo lema, deberá incluir su nombre y domicilio. 5.^ La música premiada quedará en propiedad de la Confederación Nacional Católico Agraria y correrá a su cuenta la edición y ensayo del himno. 6.^ De no reunir ninguna de las composiciones presentadas méritos bastantes, el premio se declarará desierto. El nombre de las personas que. formen el Jurado calificador, se hará público cuando haya expirado el respectivo plazo de presentación de los originales. 7.* Los originales deben ser remitidos a nombre de D. José Gallo de Renovales; director de la Revista Social Agraria. (Amor de Dios, 4, Madrid.) SISTEMAS ASTRONÓMICOS (CONFERENCIAS DE ASTRONOMÍA VULGAR) (D Con lo dicho hasta ahora tenemos algunos puntos de apoyo, para asentar las bases de un examen más completo acerca de los diversos sistemas astronómicos, según los cuales, y en los períodos sucesivos de la Historia, han tratado los sabios de explicarse el con- junto de fenómenos a que dan margen los complicados movimien- tos de los astros. Dos son, como sabéis, los principales sistemas, que se han dis- putado el campo de la Astronomía y la aprobación de los astróno- mos: el geocéntrico y el heliocéntrico; el que, suponiendo a la tie- rra fija en el espacio, hace girar a todos los astros en torno suyo; y el que colocando al sol en el centro de un grupo de cuerpos celes- tes, como a un patriarca en el seno de numerosa familia, o un rey en su trono, hace que sus subditos le obedezcan y presten homena- je, al mismo tiempo que esos subditos y ese rey forman como un estado particular entre los innumerables reinos pertenecientes al im- perio universal de los espacios estrellados. El primero, venerable, si se quiere, por su antigüedad; pero falto de base científica, no puede exigir de nosotros más que el recuerdo puramente histórico, como tantos otros sistemas que acreditan los esfuerzos y la labor constan- te con que la mente humana ha procurado en todo tiempo ir desci- frando los enigmas encerrados por Dios en la creación, aspirando siempre a la posesión de la ciencia de las cosas. El segundo, funda- do en la realidad de los fenómenos, y apoyado, por tanto, sobre bases sólidas, merece desde luego nuestra consideración atenta; porque muy digno es de nuestras atenciones y de la facultad de dis- (1) Véase pág. 389 de este volumen. La Civoao db Dios.— Año XXXIX.— Núm. 1.U3. 31 442 SISTEMAS ASTRONÓMICOS currir que Dios nos ha dado, el que procuremos darnos cuenta exacta de los mundos que nos rodean, hasta saber apreciar de algún modo las armonías y bellezas incontables del universo sensible; no para reposar en ellas, sino para por ellas, como por escalones, subir a mayores alturas y contemplar el foco mismo desde donde irradian la belleza, la armonía y el concierto absolutos. Aunque van transcurridas bastantes semanas, supongo que no habéis olvidado por completo el contenido de aquella sucinta rela- ción, en que os hablé de la Astronomía de los antiguos caldeos, egipcios, griegos y chinos hasta llegar a Hiparco, uno de los más grandes astrónomos de los antiguos tiempos. Había nacido Hiparco unos ciento cincuenta años antes de Jesucristo, en Nicea de la Biti- nia, y puede decirse que sus ideas astronómicas apenas sufrieron variaciones importantes, hasta el siglo segundo de nuestra era en que Claudio Tolomeo, rey de Egipto, sintetizó los conocimientos astronómicos hasta entonces adquiridos, y profesados especialmente por la escuela de Alejandría, construyó sus tablas y redujo a sistema los materiales en cuatro mil años reunidos. El sistema tolomaico supone a la Tierra inmóvil en el centro del universo: en su derredor se mueven la Luna, Mercurio, Venus, el Sol, Marte, Júpiter y Saturno: Urano y Neptuno eran entonces des- conocidos. Por encima y envolviendo las órbitas, llamadas esferas, de estos astros errantes, giraba el cielo estrellado, la esfera celeste tachonada de brillantes como incrustados en su concavidad inmen- sa. Exceptuados la Luna y el Sol que giraban, describiendo un círcu- lo en torno a la Tierra, los demás planetas, además del movimiento diurno general, estaban sometidos a moverse, cada uno sobre un círculo peculiar y propio, llamado epiciclo. Los centros de esos epici- clos eran los que propiamente describían círculos en torno a nuestro globo. Si queréis formaros una idea de las trayectorias trazadas en el espacio por los planetas, en el sistema Tolomeo, fijaos en un punto determinado de la parte externa o periferia de la rueda de un coche que marcha sobre una carretera, y suponed, además, esta carretera de superficie curva, en vez de plana. El punto dicho va trazando curvas en forma de arcos que no son de circunferencia. Son curvas que en Geometría y en Mecánica se llaman epicicloides, que tienen propie- dades muy curiosas. SISTEMAS ASTRONÓMICOS 443 A cada irregularidad y cambio de dirección observados en los movimientos de los planetas, el sistema de Tolomeo señalaba un epiciclo, con los epicicloides correspondientes; y como aquellas irregularidades son muchas aparentemente y vistas desde la Tierra, la confusión de epiciclos y epicicloides resultaba casi indescifrable, sin contar, por otro lado, razón científica que explicara la causa o las causas de semejantes fenómenos astronómicos. Por infundado y anticientífico que se le suponga, el sistema de Tolomeo no deja de ser un monumento grandioso levantado por la veneranda^antigüedad a la ciencia astronómica, todavía incipiente, de aquellos siglos. Si después ésta ha caminado con pie más firme y por vías mejor trazadas, hay que reconocer que los materiales acu- mulados sirvieron, en gran parte, para trazar esas vías y afirmar su construcción. El Almagesto de Tolomeo, que así llamaron los árabes a la obra, cálculos y tablas del astrónomo de Egipto fué durante catorce siglos el libro de texto y manual obligado de cuantos intentaron entablar relaciones con Urania. Los árabes tradujeron más tarde el Almages- to. Con él por guía cultivaron la ciencia de los astros; ellos la culti- varon intensamente en nuestra Península, fundaron observatorios, y España llegó a ser la nación más adelantada en esta clase de estu- dios. El contacto de los cristianos con los moros hizo comunes las afirmaciones astronómicas. Alfonso el Sabio mandó traducir o tra- dujo él mismo el célebre Almagesto, reformó algunas teorías, corrí- gió errores y publicó sus célebres Tablas Alfonsinas; y la Astrono- mía se estudió en nuestras Universidades, acaso con más interés que ahora se estudia, preparándose poco a poco, con estos y otros estu- dios nacionales, aquel siglo de oro en que España, por su cultura científica, por sus hombres ilustres en el saber, por sus hazañas glo- riosas, figuró en primera línea entre las naciones civilizadas (1). No se ocultaron al sabio Rey español las deficiencias ni acaso la misma falsedad del sistema astronómico, por todos seguido. Acaso con más sosiego en su reinado y con menos empresas de las que (1) En artículos anteriores creemos haber'demostrado que los españoles no tuvieron necesidad de aprender de los árabes la Astronomía de Tolomeo, pues ya sabían mucho de ella, cuando los árabes vinieron a España. 444 SISTEMAS ASTRONÓMICOS acometió, y dedicado con más vagar al estudio de la Astronomía, su poderosa inteligencia le hubiera abierto las puertas del arcano side- ral. Se hubiera adelantado así en algunos siglos al gran Copérnico que fué más tarde quien dio al traste con la Astronomía cincuenta veces secular, que había empezado con los albores de la civilización humana. La conseja con que autores extranjeros han querido deni- grar la gloria de Alfonso el Sabio, descartada de lo que tiene de in- jurioso para la piedad cristiana del Monarca español, prueba lo que antes he indicado. Cuentan que el Rey de Castilla, ante la contem- plación de las maravillas celestes y la complicación con que trataba de explicarlas el sistema tolemaico, había dicho en sentido blasfemo: que si Dios al crear el mundo lo hubiese llamado a su consejo, le ha- bría propuesto el hacerlo de otra manera más sencilla y menos intrin- cada. Dado que sea cierta la anécdota, no hay para qué interpretar- la, porque ni es necesario ni se prueba, en sentido de blasfemia. Sin embargo, autor francés conozco que afirma con el mayor aplomo que ello fué causa de que el hijo de San Fernando perdiese el Tro- no. Estas insinuaciones malévolas han logrado los mismos extranje- ros introducirlas hasta en el cerebro de algunos españoles. Recuerdo que visitando una vez el Alcázar de Segovia, el cicerone me llamó la atención hacia el ángulo del techo de una sala y me dijo muy serio: «Por esa esquina penetró el rayo con que Dios castigó (o amenazó por lo menos) a Alfonso X por la impiedad cometida cuando dijo que el mundo no estaba bien hecho». Yo me quedé dudando acerca de si aquella habitación existía ya cuando Alfonso X reinó: el Alcá- zar sí existía. Hecha esta excursión semihistórica o lo que sea, es ya tiempo de que nos coloquemos en otro punto de vista, parte histórico y parte científico, para ver mejor y con más claridad el verdadero sistema astronómico que desde Copérnico ha sustituido al sistema antiguo. La revolución operada en este punto es inmensa. Los hombres inconscientemente habían destronado de su solio al astro central, y Copérnico, luchando como un gigante, volvió a reponerlo en su trono. Vivió Copérnico desde el año 1473 al 1543, setenta años de vida laboriosa y útilmente empleada, desde que tuvo edad para ello, en el ministerio eclesiástico, como sacerdote y canónigo, y en sus SISTEMAS ASTRONÓMICOS 445 estudios favoritos de la ciencia de los astros. El examen detenido de las obras antiguas referentes a la Astronomía; las ideas de la escuela pitagórica publicadas por Aristarco de Samos acerca del movi- miento de la Tierra; las tentativas por cambiar de sistema astro- nómico realizadas por el Cardenal Nicolás de Cusa, por Jorge Pur- bach y Regiomontano; la complicación innecesaria del sistema de Tolomeo, notada antes por Alfonso el Emperador, según queda referido; sus propias observaciones, en fin, decidieron a Copérnico a colocar al Sol en el centro del sistema planetario y a hacer que en torno a ese centro girasen Mercurio, Venus, la Tierra, Marte, Júpiter y Saturno. La Luna descendió desde la categoría de planeta a la de satélite de la Tierra, y ésta, de centro inmóvil de todo el universo pasó a ser uno de los seis planetas entonces conocidos. Las órbitas de éstos en torno al Sol eran, según Copérnico, circulares; pero el Sol no ocupaba el centro de esos círculos, sino un punto intermedio, más cercano a un lado de la circunferencia. Esto por lo que se refiere a los movimientos de traslación, pues en cuanto a la Tierra en par- ticular, Copérnico admitió desde luego otros dos movimientos: el de rotación diurna y el del eje terrestre, conservándose paralelo a sí mismo, y como consecuencia de la precesión de los equinoc- cios. Como sabéis, y volveremos a repetirlo, no es exacto ni conforme a la realidad de las cosas eso de que las órbitas planetarias sean circulares; pero, así y todo, la empresa acometida y realizada por el eminente astrónomo era de una transcendencia tal en el orden científico, que difícilmente puede señalarse más grande en el des- arrollo de los conocimientos humanos. No se ocultaba a Copérnico ni esa transcendencia, ni la magni- tud de su obra, ni, por lo mismo, las dificultades que ella había de suscitar hasta que las nuevas ideas fuesen acogidas por los que al estudio de la Naturaleza se dedicaban. Preocupaciones añejas, creen- cias muy arraigadas y doctrinas reinantes de escuelas diversas, ha- bían de oponer resistencias sólo vencibles y sólo vencidas cuando la luz de la verdad resplandeciese con todo su esplendor, pues hay que advertir que se pasó mucho tiempo aún hasta que se pudiesen dar pruebas directas y argumentos sólidos de la verdad del nuevo 446 SISTEMAS ASTRONÓMICOS sistema. Todos los que entonces podían admitirse no rebasaban los límites, en fuerza demostrativa, de argumentos de congruencia, ma- yor facilidad en la explicación de los fenómenos y simplicidad nota- ble contrapuesta a la complicación del sistema tolemaico. A las dificultades previstas obedeció sin duda el temor de Copér- nico de que su obra no fuera bien recibida y que difiriese la publi- cación de la misma durante largos años, hasta el último de su vida; de tal modo, que ya en la última enfermedad y en el lecho de muerte fué cuando recibió los primeros pliegos impresos de su libro titu- lado De Revolütionibüs orbium ccelestium, dedicado al Papa Pau- lo III. Los protestantes, con sus mismos corifeos, Lutero y Melanchthon a la cabeza, fueron los que más y por entonces se opusieron al siste- ma copernicano, invocando la tradición y algunos malamente traídos testimonios de la Escritura. El Papa, al contrario, y con él los cató- licos, ningún peligro vieron en la transcendental reforma astro- nómica. Conviene que nos fijemos en una circunstancia que se relaciona con este punto, y que para nosotros no carece de interés. Más tarde, un siglo después, se suscitó la famosa cuestión de Galileo, partida- rio decidido del nuevo sistema astronómico. No el Papa, ni la Igle- sia, que nada determinó dogmáticamente en este punto, pero sí al- gunos de sus hijos, individuos de la Inquisición Romana, y quizá no tanto porque vieran la falsedad de la doctrina, sino más bien por intrigas personales de algunos, y porque el autor, faltando a su pa- labra, quiso erigirse en intérprete de la Sagrada Escritura, reproba- ron las enseñanzas de Galileo, lo sometieron a proceso y le obliga- ron a retractarse. Todo esto es, sin duda, un punto negro por parte de algunos católicos en la historia de la Astronomía; pero las som- bras de ese punto quedan desvanecidas por cuanto a la infalibilidad de la Iglesia y del Papa se refiere, desde el momento en que consta que el Romano Pontífice nada definió en contra de lo que Galileo Galilei sustentaba; antes bien, se prueba que el Papa entonces rei- nante lo trató con distinción y con honor. Pues bien; los enemigos de la Iglesia han vociferado a los cuatro vientos con trompetas y clarines, con fábulas e invenciones, en con- tra de la infalibilidad de la Iglesia, contra la ignorancia y obscuran- SISTEMAS ASTRONÓMICOS 447 tismo de los católicos, tomando por pretexto el célebre proceso de Galileo; mientras que nada dicen para encomiar lo mucho y bueno que en el mismo terreno se debe a los católicos, que fueron los ver- daderos inventores del sistema. Porque católico fué Copérnico y católico el mismo Galileo, que tanto hizo progresar a la ciencia de los astros con el anteojo por él inventado. El mérito positivo de esos inventos y de esos" progresos científicos debidos a los católicos compensa con creces la obcecación pasajera de los que acusaron y condenaron a Galileo, mucho más si se tiene en cuenta que la sen- tencia de aquel Tribunal, no dada ni confirmada por el Papa, ni era infalible ni tampoco irreformable. Con gusto me detendría a tratar más despacio acerca de los pormenores y peripecias del proceso galileano que tanto ha dado que hablar. Mas el tiempo nos hace falta para otras cosas. Baste lo dicho para que sepáis, como en síntesis, el resultado definitivo de la controversia. Los verdaderamente eruditos saben bien a qué atenerse en la cuestión principal, pues los documentos puntualizados del proceso son del dominio público. De entre los eruditos a medias, acaso llegue el tiempo en que topéis con alguno o con algunos de sus escritos en que se invoque esa cuestión como argumento en contra de la Iglesia y de sus doctrinas. Desde ahora para entonces podéis responder que el argumento, por inservible, es de mal gusto, y el que lo invoque puede pasar a la categoría de los necios. Tycho-Brahe, posterior en unos sesenta y siete años a Copérni- co, y afiliado al protestantismo, trató de dar gusto a los de su secta, contrarios, como se ha dicho, al sistema copernicano, e inventó otro sistema mixto que no agradó ni a los unos ni a los otros. Dejó a la Tierra inmóvil en el centro del universo y estableció en el Sol otro centro planetario. En torno a éste giraban todos los planetas menos la Tierra, y en derredor de ésta, todo el sistema llevado por el Sol; y además, el conjunto de todas las estrellas del firmamento que te- niendo el eje del mundo por eje común de rotación, completaban un giro en veinticuatro horas. Tycho-Brahe no tuvo secuaces de su sistema, como era natural, pues no resolvía las dificultades, ni relle- naba las lagunas del sistema antiguo. Auxiliar muy eficaz de los trabajos astronómicos de Tycho-Brahe fué, sin duda, el gran Kepler. Juntos se dedicaron a las observado- 448 SISTEMAS ASTRONÓMICOS nes y a los cálculos durante varios años, aunque Kepler, encariñado con el sistema de Copérnico, veía las cosas de diferente modo que Tycho, cuya autoridad fué respetada por Kepler que era más joven. A la muerte de Tycho- Brahe quedó Kepler en posesión de un te- soro riquísimo de observaciones y de datos, cuyo estudio le condu- jo más tarde a formular las leyes que rigen en el movimiento de los astros. Con ellas el sistema de Copérnico quedó sólidamente afian- zado sobre bases inconmovibles. Así puede decirse que si Copérni- co fué el fundador de la Astronomía moderna, Kepler fué el legisla- dor de la misma. Las leyes de que se ha hecho mérito están concebidas en los si- guientes términos: Primera: Las órbitas descritas por los planetas en torno del Sol son curvas elípticas planas, uno de cuyos focos, y en los momentos sucesivos, está ocupado por el astro central. Sabemos que éste, con todo el cor- tejo de planetas y satélites, marcha incesantemente a través del es- pacio, y os hice notar que en este sentido y por esta causa, dichas órbitas no podían considerarse como verdaderas elipses cerradas y fijas en un plano; sino que a lo largo de la trayectoria solar iban trazando anillos elípticos. Sin embargo, esto no impide el que en cada momento del período de revolución respectiva a cada cuerpo celeste, el trozo infinitesimal de la curva que describe pertenezca a una verdadera elipse. No estará demás que recordemos la definición y los principales elementos geométricos de esta curva de segundo grado. En su eje mayor se consideran cinco puntos característicos; los dos extremos, el punto central en que se cortan perpendicularmente el eje mayor y el eje menor; y además, otros dos puntos equidistantes del centro, a uno y otro lado del mismo, los cuales se llaman focos de la elipse. Si desde un punto cualquiera de la curva se trazan dos rectas una a cada uno de los dos focos, la propiedad fundamental que define la curva dice: que la suma de esas dos rectas, las dos distancias del punto dado a los focos, es constante, cualquiera que sea el punto de la cutva. Esas dos rectas se llaman radios vectores; y radio vector se denomina, por lo mismo, en Astronomía la recta que une al centro de un planeta cualquiera con el centro del Sol situado siempre en uno de los focos de la curva. SISTEMAS ASTRONÓMICOS 449 Con estas nociones elementales os será más fácil comprender el sentido de la segunda ley de Kepler, que dice: Las áreas planas des- critas por el radio vector de un planeta en su movimiento de trasla- ción en torno al Sol, son proporcionales a los tiempos empleados en describirlos. La misma forma elíptica de las órbitas nos dice que la distancia entre los dos astros, medida en cada momento por el radio vector es variable; luego para que la ley de las áreas se cumpla es preciso que proporcionalmente varíe el ángulo formado por las di- recciones sucesivas del radio vector, y por lo mismo el arco o parte de curva recorrida por el planeta; lo cual lleva consigo la aceleración o retardación del movimiento, según que respectivamente el radio vector se acorte o se alargue, según que la distancia entre los dos astros disminuye o aumenta. La tercera ley kepleriana, dice, por otra parte, que los cuadrados de los tiempos periódicos de las revoluciones de los diversos planetas, son entre sí como los cubos de los ejes mayores de las órbitas respecti- vas. Presentemos un ejemplo para mejor comprender el significado y el alcance de esta tercera' ley: suponed conocidos el tiempo que la Tierra tarda en completar un giro, es el año; y la longitud del eje mayor de la elíptica, ambos datos perfectamente conocidos: la ob- servación directa puede darnos el tiempo que otro planeta cualquie- ra necesita para volver al mismo punto del espacio, después de una revolución alrededor del Sol. Con esto tenemos los elementos su- ficientes para determinar el eje mayor de la órbita del planeta ele- gido, de Marte, por ejemplo, sin más trabajo que hallar el valor del cuarto término de una proporción. Las distancias planetarias al astro central se determinan por esta regla, quedando poco que hacer, teó- ricamente se entiende, para calcular los demás elementos de todos y de cada una de las órbitas de los planetas y de los satélites, etc. Como no hay regla sin excepción, las magnificas leyes descu- biertas y formuladas por Kepler resultan modificadas por las per- turbaciones planetarias; y si no contase la Astronomía con recursos para calcularlas, es claro que la aplicación de dichas leyes, tal como se han enunciado, al cálculo de los fenómenos astronómicos, sólo darían resultados aproximados, nunca la exactitud rigurosa que en esta materia se necesita. Pero muy pronto llegó el poderoso talento de Newton a coronar 450 SISTEMAS ASTRONÓMICOS la obra astronómica con el descubrimiento grandioso de la ley de la atracción universal y el problema de las perturbaciones quedó com- pletamente resuelto. Los cuerpos, los asiros del firmamento se atraen mutuamente entre Sí con una fuerza que es directamente proporcional a las masas e in- versamente proporcional al cuadrado de las distancias. Síntesis admi- rable de todas las leyes naturales que en sus operaciones supongan de algún modo fuerza, materia y movimiento. El descubrimiento de Newton inundó de luz intensa los horizontes de la ciencia astronó- mica, explicó satisfactoriamente no sólo las leyes mecánicas del mo- vimiento de los astros, deducidas por Kepler de la consideración y análisis de los hechos de observación, sino también aquellos fenó- menos que por la influencia mutua de los cuerpos celestes, parece que se apartan en algún modo de la ley general. Aun sin mirar a la causa que pudiéramos llamar inmediatamente productora de los movimientos planetarios, realizados según las le- yes de Kepler, el sistema de Copérnico así perfeccionado con el des- cubrimiento de esas leyes, causaba tanto entusiasmo y elevaba tanto el alma generosa del mismo Kepler, que su espíritu, verdaderamente cristiano, a pesar de ser protestante, se desbordaba en arranques místicos de piedad intensa. «Restat — exclama él en su obra Har- monices mundi—, ut tándem oculis et manibus de tabula demons- trationum ablatis, inque in coelum sublatis, Patrem luminum devo- tus et suplex comprecer: ¡Oh! qui lumine naturae desiderium in no- bis promoves luminis gratiae, ut per id transferas nos in lumen glo- riae; gratias ago tibi, Creator Domine, qui delectasti me in factura tua, et in operibus manuum tuarum exultavi... Magnus Dominus Noster et magna virtus ejus et sapientiae ejus non est numerus: Laú- date eum coeli, laúdate eum Sol et Luna... namque ex ipso et per ipsum et in ipso sunt omnia... tam ea quae ignoramus penitus, quam ea quae scimus, mínima illorum pars; quia adhuc plus ultra est...> Así hablan y así se expresan los que entienden la verdadera ciencia. Kepler encontró en el Sol un foco de energía inmensa, dominadora y reguladora de todos los movimientos del sistema planetario; pero encontró también el último, el verdadero origen de esa energía en el Autor infinito de todas ellas. Reconcentrando ahora vuestro pensamiento en ese foco de fuer- SISTEMAS ASTRONÓMICOS 451 za, de luz y calor, que llamamos Sol, no os será difícil contemplar desde ese punto céntrico el orden y la armonía con que los diver- sos planetas y satélites del sistema solar, se mueven acompasada- mente, cada cual en su órbita, en torno al astro rey, conservando las distancias y sin que los unos se estorben a los otros; bien que todos mutuamente enlazados por influencias recíprocas que contribuyen a dar más belleza al conjunto. Extended más la mirada de vuestra mente y apoyados en las mismas leyes y obedeciendo a fuerzas aná- logas podréis contemplar, allá en el fondo de los espacios siderales, otros sistemas y otros conjuntos de astros igualmente armoniosos y equilibrados, igualmente magníficos y sublimes y comprenderéis el sentido profundo en que David exclamó: «coeli enarrant gloriam Dei.» Visto así en conjunto el mecanismo del sistema planetario, sería la ocasión oportuna de estudiar por separado las particulares cir- cunstancias en que existe y se mueve cada uno de los planetas, ha- ciendo las monografías respectivas. El campo de investigación se ensancha cada vez más, y, hoy por lo menos, ya no es posible inten- tar recorrerlo. Dejemos indicado el asunto y esperemos hasta tiem- po más oportuno. P. Ángel Rodríguez de Prada. o. s. A, REAL BIBLIOTECA DE EL ESCORIAL CÓDICES LATINOS PROCEDENTES DE VENECIA í^) (CONTINUACIÓN) Caria del embajador D. Diego Guzmán de Silva a Felipe 11. t «S. C R. M.d AI secretario Antonio Gracian escreui en dias passados, que auia hecho diligencia por auer algunos libros griegos y latinos escri- tos de mano, que un gentil hombre desta república que se llamaua el Dandalo auia dexado a dos hospitales los principales deste lugar. Y quando estaua esperando el dia que auia de ser la venta, los auian dado a otro gentil hombre pariente del difunto. Pero atento a que era herencia para obras pías, se trató de manera, que aquello se tornó a deshazer, y los libros se han auido, de que quedo con gran contentamiento, porque son muy buenos, en especial los griegos, y de muy buena letra, y que muchos dellos no se han impresso, y que estos solos podrían hazer una librería buena. Y sacados otros algu- nos que se han comprado con ellos de molde porque se vendieron todos juntos, creo, que no llegaran estos manuscriptos a ciento y cinquenta escudos. Y con el Doctor Rassano, que ha sido el que entendió en esto, y puesto harto cuidado, se han embiado a offrecer cien escudos por solas las obras de S. Juan Chnsostomo. La memo- ria de ellos se embia a Antonio Gracian para que la tenga y pueda (1) Véase la pág. 402 de este volumen. I REAL BIBLIOTECA DE EL ESCORIAL 453 mostrar a V. N[A Y los demás libros, que aquí están no se han embiado pensando de dia en dia auer estos. Los unos y los otros embiaré a Genoua a mucho recaudo, Nro. S.or la S. C. y Real per- sona de V. M.d guarde con acrecentamiento de mas reynos y señó- nos, como sus vassallos y criados deseamos. De Venecia 13 de Marzo 1573.— De V. mg. muy humilde criado y vassallo que sus Reales manos besa— Guzman de Silua.» (Tiene al margen la siguiente advertencia de Felipe II:) Según esto no deben de ser los suyos los que han llegado por mar aunque yo vi una carta en que decia que en una nabe abian llegado los libros y vidrios que embiaba. No sé si fué por via de Antonio Pérez, sauedlo del porque se sepa lo cierto. > (Archivo del Conde de Valencia Donjuán.) < Memoria de los libros escriptos de mano en Griego y Latin que ha comprado agora últimamente Guzman de Sylua.> Son los códices griegos y latinos que fueron de Mateo Dándolo, Senador de Venecia. Fueron 87 griegos y 41 latinos. Costaron 128 escudos de oro y seis libras de moneda de Venecia. Solamente transcribo aquí los títulos de los latinos. , y Obispo, sucesivamente, de Huesca, Barcelona y Tortosa. Alma nacida para empresas grandes, ad magna natas, ya se le considere cual hombre sabio y virtuoso, ya se le estudie como hom- bre de acción y de gobierno, el Maestro Oliver es una de las figuras (1) En 1797. (2) 1671-1674. (3) 1738-1743. LA PRIMERA PASTORAL DEL SEÑOR OBISPO DE HUESCA 467 más prestigiosas y venerables con que se honra la historia de la co- rona de Aragón. Su fama de orador era tan grande, que Su Santidad el Papa, que entonces residía en Aviñón, le llamó a predicar en su presencia, y era sabido de todos que iba a darle el nombramiento de Cardenal, que la muerte interrumpió en 1348. Todos los historia- dores estiman al P. Oliver como a uno de los prelados más benemé- ritos e ilustres de la Iglesia de Huesca, cuyos derechos y prestigios supo defender con entereza y energía en los años que la regentó —1337 a 1345— . En todas partes dejó huellas luminosas de su trán- sito: consejos, leyes, constituciones para el régimen de sus iglesias; libros teológicos, canónicos y ascéticos, caldeados por el fuego del amor divino, entre ellos, el Speculum animae y el Excitatorium men- tís adDeum (1), que deben leer, no solamente los Sacerdotes de la Diócesis de Huesca, sino todos los Sacerdotes españoles, porque es lo más sugestivo y sabroso de la Mística y Ascética medioevales. II. Ved aquí, venerables Hermanos y amados Hijos, las razones históricas que tenemos para no considerarnos como extraños entre vosotros y los motivos suficientes para amar a Huesca. Más os diré: para amarla, basta ser español, porque su historia gloriosa es la histo- ria de España y conviene recordarla en breve síntesis, en estos días en que hijos insensatos o locos quieren descuartizar a la Patria grande, o por lo menos repartirse sus vestiduras como se repartieron los ex- tranjeros enemigos las espléndidas de nuestros imperios coloniales. Osea victrix! porque Huesca es una ciudad histórica por exce- lencia. AI visitador ilustrado que la recorra, le asaltarán en tropel los recuerdos innumerables de aquella antigua y grande y hermosa Osea victrix que llegó a acuñar monedas propias, y a ser municipio de Roma. Todos los grandes generales romanos y árabes visitaron este suelo fértil, que lo mismo produjo con inagotable generosidad minas y robles, que héroes y sabios y santos. Huesca venció a los árabes y fué baluarte de los iberos: los planes de Carlomagno y las huestes de Napoleón, fracasaron en Huesca; y al viajero caminante le pare- cerá ver la antigua ciudad con las noventa y nueve torres en sus mu- rallas, y a Quinto Sertorio, fundando la primera Universidad españo- (1) Publicado recientemente por el que fué Bibliotecario de El Escorial, nuestro liermano y amigo P. Benigno Fernández. 468 LA PRIMERA PASTORAL DEL «EÑOR OBISPO DE HUESCA la, rival de la de Roma, cuyo Centenario hemos de celebrar, si Dios nos da vida y salud, con más motivo que se celebran otros Cente- narios; le parecerá escuchar el rumor estudiantil y bullicioso, desbor- dándose por sus calles y sus plazas como oleadas de una primavera de la vida. Fué la segunda Covadonga en la reconquista de España por la reconquista de Aragón, pues cuando la mayor parte de la Península Ibérica era esclava de los agarenos, Huesca era libre por la virtud y el poder de su Rey Pedro I. ¿Quién podrá describir sus glorias en tiempos de este Rey, y del Rey Batallador y de don Rami- ro el Monje? Sus sombras venerandas parecen aún vagar por los claustros de San Pedro el Viejo, augusto panteón— con San Juan de la Peña— de la epopeya aragonesa, y el nombre del segundo, que arrebató mil templos de Mahoma para Cristo y rompió las cadenas de servidumbre en que gemía más de un millón de cristianos, con- quistador de Tudela, Zaragoza, Calatayud, Daroca y Bayona, basta para enorgullecer a un gran Imperio. No es ocasión ésta de enumerar una por una todas las glorias pasadas que se contienen en la provincia de Huesca. Vuestros Ar- chivos, que deben de ser minas inagotables para el historiador futu- ro, encierran los datos suficientes para conocer y describir aquéllas. Los nombres de San Juan de la Peña, de Montearagón, de Alqué- zar y del formidable Castillo de Loarre, pueden servir de inspira- ción poética a las fantasías más fecundas. Prescindiremos de citar vuestras Cortes, vuestros Reyes, Embajadas y Parlamentos, y a los varones insignes que salieran de las aulas de vuestra Universidad sertoriana (en tiempo de Pedro IV, la única, con la de Lérida, donde podía estudiarse la ciencia); de vuestros Colegios célebres como el de Santa Orosia, el de San Vicente Mártir, el de Santiago, en donde se formaron cincuenta y tres varones insignes. Arzobispos y Obispos, Consejeros de la Corona de Aragón, Magistrados y Cancilleres; ca- llaremos los nombres de sabios matemáticos como D. Francisco Ar- tigas; de Canonistas, como el Obispo Vidal de Cañellas (1), que hizo la compilación foral de Aragón; de D. Domingo Ram, Obispo tam- bién de Huesca, que fué elector del Rey D. Fernando en el Com- promiso de Caspe, y le ungió por su mano; de poetas, como los (1) 14101415. LA PRIMERA PASTORAL DEL SEÑOR OBISPO DE HUESCA 46Q Argensolas; de Arqueólogos, como Lastanosa; de D. Pedro Agustín, Obispo de Huesca, que fué prez y ornamento del Concilio Triden- tino (1); de historiadores, como Aynsay el P. Ramón de Huesca, y otros cien; pasaremos en silencio vuestros monumentos religiosos, como el antiquísimo, y ya citado, de San Pedro el Viejo; de Nuestra Señora de Salas, a quien consagra diez y siete Cantigas Alfonso el Sabio; las Iglesias de Loreto, Los Mártires, San Lorenzo y San Vi- cente el Real; Santa Lucía y San Jorge, Cillas y Jara; San Miguel y San Agustín; San Martín y San Cipriano (las dos últimas ya no exis- ten); y dominándolas a todas, señalaremos vuestra hermosa Catedral, cuyo retablo de alabastro puede quizá competir con los mejores de Europa, y coronándolo todo y santificándolo todo, las excelsas y benditas figuras de San Orencio y Santa Paciencia, Nunilo y Alodia y las reliquias de los Santos Justo y Pastor y los innumerables már- tires de Santa Engracia, y principalmente, como una constelación excelsa que siempre brillará en el firmamento de la Iglesia Católica Apostólica Romana, recordaremos dos nombres únicos que la for- man y que valen por mil: el de San Vicente y el de San Lorenzo. Baste deciros que los tormentos de San Vicente fueron cantados en estrofas de «hierro celtibérico > por el gran poeta Aurelio Prudencio y por cinco panegíricos sublimes de mi gran Padre San Agustín, que le proclama victorioso en el fuego y en el agua, en la vida y en la muerte; y del segundo, más antiguo y de fama más universal ¿qué os diré, después de lo que dijeron de él casi todos los Santos Padres de la Iglesia? San Agustín exclama: «las ascuas radiantes que consumieron el cuerpo de San Lorenzo, iluminaron al mundo y en- cendieron la chispa del amor divino en todos los corazones cristia- nos. > San León asegura que «del Oriente al Ocaso brilla la gloria del mártir>; y si Jerusalén fué glorificada con la muerte de San Este- ban, Roma lo fué con el fulgor de las luces levíticas de San Loren- zo, difundidas por todo el orbe. ¡Oh Huesca, Huesca inmortal! ¡Ni sombra eres hoy de lo que fuiste! ¡V fuiste grande, grande, más que por la abundancia de los campos fértiles de la provincia que bañan el Cinca, el Ésera y el Gallego, por la magnitud excelsa de tus hijos y la nobleza prover- (1) 1545-1572. 470 LA PRIMERA PASTORAL DEL SEÑOR OBISPO DE HUESCA bial de tus moradores! |Porción escogida de la tierra de Aragón, donde el viento de los Pirineos cría sanos y robustos los robles se- culares y la Virgen Santa del Pilar puso sus plantas sagradas y está como atalaya y vigilante centinela de los territorios españoles para que ni el tirano invasor los conquiste ni la impiedad los devaste con su soplo maldito! ¡En tu suelo, ¡oh ciudad de Huesca!, oreado por las brisas del Isuela y el Flumen, guardas tesoros inagotables de glo- rias inmarchitas; por tus calles discurrió un día la ciencia de la Uni- versidad sertoriana; en tus templos fulguraron las artes; en tus plazas palpitó el heroísmo de la segunda Covadonga de la Reconquista; y en las noventa y nueve torres de tus murallas ondearon al viento las banderas de la virtud y la santidad, sostenidas por las manos robus- tas de tus dos esforzados hijos, San Lorenzo y San Vicente, capaces por sí solos de demostrar al más incrédulo el origen divino de la fe por la cual derramaron su sangre generosa y fecunda!» Los párrafos siguientes de la Pastoral son enseñanzas del Prela- do a sus diocesanos, reproducción de aquellas efusiones del cora- zón de San Agustín que fueron el encanto de los fieles de Hipona. Con pena las omitimos aquí, limitándonos a dejar consignado que el lema preferido por el P. Zacarías para su escudo episcopal son aquellas palabras del Águila de los Doctores: Non tam praesse quam prodesse, B. R. REGIONES QUE SE TRANSFORMAN EL BIERZO Señor Director de La Ciudad de Dios: La casualidad me ha devuelto a esta mi patria chica y bellísimo país del Bierzo, de que tanto hemos ha- blado con motivo de El señor de Bembibre, La esfinge Maragata, de Concha Espina, las espléndidas y deliciosas descripciones de Quadrado, etcétera, y últimamente a causa de la célebre metalurgia de Ponferrada, aún no nacida y ya tan famosa como los talleres de Creussot. Ya se sabe usted de memoria el disco de los comentarios de Plinio, los datos y docu- mentos del P. Flórez, las referencias de Ambrosio de Morales y hasta las brevísimas y substanciosas indicaciones que García Berlanga toma de un doctor alemán, al par que los estudios de Enrique Gil y demás. Así, pues, no he de repetir lo sabido ni he de comunicar a esto el empa- que serio de un discurso o tratado histórico doctrinal, sino más bien he de relatar a usted al desgaire, tal como se me ocurran, las impresiones que me causan los mil proyectos que aquí se anuncian y discuten, los que son ya un hecho y la algarabía que se está armando en esto que fué no ha mucho apacible rincón de musas, soledad rumorosa de anacoretas, solar de nobles caballeros y albergue de covachuelistas y picapleitos y de otros mil personajes tan singulares y típicos por lo menos como los trazados por la mano vigorosa y realista de Pereda o de Galdós. Al contemplar el bullicio de ahora, por contraste surge la memoria de tiempos que son recientes y que, por el atropellado correr de los moder- nos, parecen antiquísimos. Todavía recuerdo los tiempos famosos de la diligencia, en que antes de emprender un viaje un poquito largo era pre- ciso recibir los auxilios espirituales, hacer testamento y disponerse a todo, pues allá en los puertos de Manzanares y Fuencebadón había apostada siempre una partida de bandoleros, en los mesones hacia Galicia se des- valijaba a todo el mundo y hacia Asturias no se podía caminar. Entonces nadie viajaba, nadie salía más allá de su distrito. Si alguno llegaba a León o a Astorga, se consideraba un superhomo, y cuando algún muchacho 472 REGUONES QUE SE TRANSFORMAN retornaba del servicio con su pantalón rojo y su kepis de dos picos, todo el pueblo en masa acudía a recibirlo, se comentaba por muchos días el suceso, se celebraban los dichos del militar y los niños nos agrupábamos en grandes corros para contemplar a nuestro sabor aquella maravilla de hombre. El escasísimo comercio que había era monopolizado por maragatos y campesinos (así se llamaban los de Campos y Zamora), y las escasas nece- sidades de los aldeanos se cubrían con productos caseros o de la región. Sembraban lino para sábanas y camisas, tejían mantas y mantones y se fa- bricaban unos panos burdos para chaquetas, pantalones y capas que se tenían de pie y ostentaban unos pelos tan duros, tiesos y largos como cri- nes de caballo. Las prendas hechas de ese paño ni perdían su color inde- finido ni se acababan nunca. Había chaquetas y capas que estaban tan perennes y campechanas como si tal cosa, después de haber cubierto y abrigado a cuatro generaciones. Se ha considerado a los impermeables como prendas de nueva invención; pero es porque se ignora que los aldeanos del Bierzo conocían todo eso de muy antiguo. Una chaqueta de paño fabricado en el país, a la vuelta de algunos años y previamente cala- fateada, como una gabarra, de remiendos, de mugre y de polvo, resultaba tan impermeable como el mejor impermeable del mundo, y además irrom- pible. Debido a este aislamiento, se conservaban unas costumbres puras, esencialmente cristianas, características del país y de un candor y un espí- ritu de encogimiento y sumisión tan grandes como no es posible imaginar ni describir. Había además tipos y familias representativas de la clase rica, tan perfectamente definidos, que hubiesen figurado sin aliño ninguno muy dignamente en una novela; había ricos advenedizos, pardillos como Ri- quelta, capaces de todo, e hidalgos de gotera, como en el siglo XVIII. Desde hace veinte años todo ha cambiado. El ferrocarril, la emigración y la^ Prensa han convertido al Bierzo en una región, si no cosmopolita, al menos muy semejante a otras mucha^. La civilización por lo mismo que es esencialmente racional, lo uniforma todo. Han desaparecido los trajes típicos y con ellos han desaparecido también las personas típicas, los ca- racteres singulares. Además se ha desarrollado una afición loca al negocio, se toma café, se fuma, se juega, se pescan borracheras y se cometen asesi- natos. Durante la guerra se han acrecentado los negocios de un modo tan inverosímil, que no es fácil apreciar la rapidísima transformación que se está operando. Desde Brañuelas hasta los confines de Asturias, en una extensión de 15 ó 20 leguas de largo, por 10 ó 12 de ancho, comenzaron a explotarse minas de carbón y a afluir por todas las carreteras y caminos carros de REGIONES QUE SK TRANSFORMAN 473 carbón a Brañuelas, La Granja, Torre, Bembibre, Ponferrada y Toral de los Vados. En todo ese trayecto del ferrocarril se ven montañas de carbón almacenado y un verdadero ejército de obreros que trabajan en la carga y descarga de carros y vagones. Es indudable que la mayor parte de las ga- nancias ha sido para los contratistas y propietarios de minas; alguno hay que de 200.000 pesetas ha pasado a 20 millones en los cinco años; pero también es verdad que una gran parte de ese río de oro se ha quedado en el país. Se llegó a pagar el transporte de una tonelada y por día a 49 pe- setas, y como los vehículos podían transportar dos toneladas y media en poco más de un día y una noche, los carreros sacaban el jornal inverosí- mil de 122 pesetas. Así es que todo el mundo se echó a la calle con sus carros y parejas, con machos y mul^s, borriquillos y caballejos a transpor- tar carbón, y, si el tren hubiese dado transportes suficientes, del Bierzo solo hubiera salido carbón para toda España. Sin embargo, los que tenían que pagar piensos para los ganados, jornales de carreros y alquileres de cuadras, no ganaban mucho; porque si el precio de la tonelada subía, los piensos se hallaban por las nubes y los jornales de carreros más allá toda- vía, y así la mayor parte se quedaba en el camino. Los que realmente sa- lieron ganando fueron los pequeños propietarios rurales, aquellos que podían mantener su pareja sin comprar alimentos; para esos la guerra sig- nificó una sobrerrenta de 10 a 12.000 reales como llovida del cielo. Para los pequeños labradores, para los que trabajan por sus manos las hacien- das propias y viven de los productos obtenidos en sus campos, los benefi- cios han sido múltiples, pues además del carbón, los precios de las cose- chas han subido de un modo extraordinario, y la recría de ganados repre- senta un negocio pingüe. He podido observar que en las casitas más mo- destas se trabaja con gran actividad en la recría de ganado de cerda, con lo cual obtienen carne salada para todo el año sin desembolsos y aún les da para vender y hacer dinero. Este bienestar económico se refleja de un modo ostensible en la pro- piedad. Antes de la guerra la cuarta parte de una hectárea regadía valía 25 duros, se verificaban entonces numerosísimas ventas y se podía afirmar que una parte de las heredades se hallaba en continuo trasiego. El que hace ocho años hubiese ido al Bierzo con un capital de 5.000 duros se ha- bría hecho con magníficas posesiones. Hoy todo ha cambiado. Desde los comienzos de la guerra se han paralizado completamente las venías, y la cuarta parte de una hectárea cuesta 80 ó 90 duros y en conjunto una hec- tárea no se compra por menos de 2.500 a 3.000 pesetas. Y esto en los pue- blecillos más pequeños y apartados del Bierzo. Es un asombro el ver cómo repentinamente se ha desarrollado el espíritu de negocio y de empresa 38 474 REGIONES QUE SE TRANSFORMAN cómo sin preparación ni transiciones toda una región ha dado un salto brusco del aislamiento, la desconfianza, la apatía y la dejadez al bullir cla- moroso de las sociedades modernas. Pardillos que antes guardaban en sus chalecos roñosos una peseta en perras y no cambiaban un duro, aunque los desollaran vivos, ahora manejan fajos de billetes; los que antes no sa- bían ni se imaginaban otra cosa que tirar todo el año de una esteva, ahora resultan inteligentísimos arbitristas, y los que no aparecían en los merca- dos de la villa más que de higos a brevas, con un borriquillo sarnoso, aho- ra, de día y de noche, trajinan por caminos y carreteras con el mismo aplo- mo que si hubieran sido caminantes de toda la vida. Ese bienestar económico se refleja en el vestir y en el menaje domésti- co, en la alimentación y en la construcción e higiene de las casas. Han desaparecido los paños burdos y grasicntos, las barracas de un solo piso y los utensilios miserables; en las casas más pobres se ven catres de hierro, colchas afelpadas y una marcada propensión a la comodidad y la limpieza, y con ello mayor robustez y agilidad para el trabajo. No hace muchos anos que el Bierzo bajo, por su excesiva humedad, por la miseria y el abando- no de las clases pobres, en que tenían no pequeña parte usureros y pica- pleitos, daba un contingente grandísimo a la leucociiemia y a todas las en- fermedades que se derivan de la pobreza de sangre. Hoy todo eso tiende a desaparecer por sí mismo, sin campañas higienistas, ni garambainas de periódicos, por la abundancia y mayor facilidad de la vida. Pero en donde el salto ha sido más brusco y repentino es en la villa de Ponferrada, convertida hoy con gran empaque de sus habitantes en ciudad. Esta villa tenía antes de la guerra unos 3.000 ó 4.000 habitantes. Hoy este número se ha duplicado, y tiende a aumentar de una manera in- cesante por la afluencia extraordinaria de traficantes. Desde hace treinta años se habían construido alguna que otra fonda cerca de la estación, y en estos dos últimos ha surgido todo un barrio populoso de casas nuevas y se están construyendo a toda prisa muchísimas más, porque la villa es in- suficiente para contener el río humano que sobre ella continuamente se precipita. Baste para comprender la enormidad del movimiento el siguien- te dato: el sitio donde ahora se construye el ensanche de Ponferrada, donde está la estación del ferrocarril de Villablino, los muelles enormes para el embarque del carbón y donde se espera que sean instalados los altos hornos, era un erial improductivo, en que el precio de la hectárea no pasaría de 5 a 6 duros; pues bien, la cuarta parte de una hectárea vale ahora allí 3.000 ó 4.000 pesetas, y más según la proximidad a las princi- pales arterias de circulación. Ha llegado a valer la arroba de patatas nue- vas 50 reales, al pormenor claro está; un cesto de uvas de 2 arrobas, próxi- REGIONES QUE SE TRANSFORMAN 475 mámente 9 duros, y así todo lo demás. Aunque no se instalaran allí los altos hornos, el ferrocarril de Villablino sería suficiente para convertir a Ponferradaen un foco de intensísima vida comercial, y esto aun prescin- diendo del tráfico de carbones que promete ser extraordinario. El ferrocarril de Villablino pone en comunicación con la línea general de Madrid a La Coruña los países de Laciana y valles del Sil, países muy ricos en ganado vacuno, lanar, cabrío y caballar, donde se producen las carnes y mantecas más sabrosas de España, abundantísima caza y pesca, y cuyos habitantes son inteligentísimos, ágiles como gamos, y activos y des- piertos para toda clase de negocios y empresas. Ahora bien; todo ese nue- vo mundo se precipitará sobre Ponferrada como punto de enlace con la vía general y ello bastaría para que no decayese la villa. Si a esto se añade el negocio de carbones y los altos hornos en perspectiva, si a todo ello se le da amplia salida para el océano por Asturias y Galicia y para el interior, resulta difícil imaginarse lo que habrá de ser Ponferrada dentro de pocos años. Todavía el ferrocarril no ha salido de su forma embrionaria, apenas tiene máquinas, coches y vagones; todavía está la línea sin afirmar y sin el desahogo necesario, y los trenes van ya completamente llenos de viajeros, de turistas que van a contemplar aquellos países desconocidos, aquellas montañas gigantescas, y de comerciantes que suben en busca del negocio. ¿Qué será el día en que todo esté organizado y completo? Los muelles de Ponferrada tienen ya un kilómetro de extensión, se han levantado fábricas de brigueta y de cok; los almacenes, que habrán de ser enormes, están cru- zados en todos sentidos, y el embarque se hará mecánicamente y con suma facilidad. El carbón se extrae principalmente de una mina que está 11 ki- lómetros más arriba de Villablino, en Villaseca; y hasta aquel punto llega ya el ferrocarril hullero. El carbón es de hulla crasa inmejorable; pero hasta 11 ó 12 kilómetros de Ponferrada hay minas de carbón, algunas muy importantes, como la de Matarrosa. Se han encontrado, además, minas de mármol, de pizarra y de piedra excelente de construcción, y, en fin, es tan grande el horizonte que aquí se abre al comercio y a la industria, que las conversaciones de estas gentes versan todas acerca de proyectos gran- diosos. Ahora se habla de otra línea férrea que descenderá por el valle del Cúa a Cacabelos y Ponferrada, de un tranvía que unirá a Ponferrada con Villafranca y Cacabelos y de otra línea que saldrá al mar por Asturias o Rivadeo. Yo no sé lo que hay de exageración en todo esto; pero si llegan a verificarse tales proyectos, juntamente con los altos hornos, el Bierzo bajo se convertiría todo él en una inmensa ciudad. No he dicho a usted casi nada de los altos hornos, y en realidad, de verdad, poco hay que decir, pues aunque en el Bierzo no se habla de otra 476 REGIONES QUE SE TRANSFORMAN cosa, y por los periódicos ha rodado la noticia de la siderúrgica de Pon- ferrada, nadie me ha sabido precisar dónde se han de establecer los hor- nos, ni aun siquiera si han comenzado los trabajos. Sé que está constituida la Sociedad y que ésta es muy fuerte, que hay nombrados ingenieros com- petentísimos y que la Empresa sigue con entusiasmo los trabajos prelimi- nares. Algunas noticias más tengo; pero son de carácter confidencial y temo ser indiscreto si las consigno aquí. Los hornos serán eléctricos, según los últimos adelantos de la industria, y se abriga la esperanza de producir aquí los aceros más duros y compactos, hoy solicitadísimos por la industria de motores, blindajes y demás. Para comprender que el negocio es viable no se necesita ser un técnico. A simple vista se comprende que una Em- presa fuerte puede establecer aquí una industria formidable, pues tiene a la mano todo el carbón que necesite; hay nada menos que cinco ríos de corriente continua y de gran desnivel en un cerro, pues todos ellos se ori- ginan en las moatañas colindantes con Asturias. Me dicen que en las in- mediaciones de un pueblecito llamado Congosto piensa la Compañía aprovechar un salto de agua extraordinario. Según referencias, pasa allí el río Sil por un boquete abierto entre dos peñascos enormes; ahora bien, tapando aquel boquete con un paredón de sesenta metros de altura por treinta de ancho, se produce allí un embalse que dará cuanta energía eléc- trica se quiera y podrá servir además para regar una gran extensión de terreno. Es decir, que si la Compañía se decide a construir el embalse y luego después vende las aguas sobrantes a los propietarios de fincas, la producción eléctrica le resultaría completamente de balde, y eso que pro- bablemente no tienen los ingenieros noticia de un pantano regulador y subterráneo, construido por los romanos en los orígenes del Cúa, pues según mis cálculos, limpiando aquello, que no ha de ser de mucho coste, y aprovechando la altura se produciría allí cuanta energía eléctrica se qui- siera y daría también agua suficiente para regar grandes extentensiones del Bierzo alto. Según noticias, una Compañía alemana está estudiando las gigantescas obras romanas de las Médulas; pero yo creo que debían hacerse los estudios todo a lo largo de la cuenca del Sil, y aun del Cúa, del Burbia y del Valcárcel, donde seguramente se encontraría todo un sis tema de canalizaciones y de riegos, hoy sepultado entre cascotes y arras- tres, y que por muy poco dinero daría un gran contingente a la produc- ción de energía eléctrica. Ejemplo el Castro de Pieros que posee un canal abundante de más de cien metros de altura, las explotaciones de las Mé- dulas, etc. ¿Y el hierro, se me dirá? Tenemos carbón, agua abundante y energía eléctrica a poco coste; ¿pero si no hay hierro? De eso no hay que hablar. REGIONES QUE SE TRANSFORMAN 477 Según mis noticias, se pueden extraer del Bierzo cantidades enormes de mineral sin que se agote por espacio de muchos siglos. La siderúrgica de Ponferrada tiene en propiedad, según creo, el coto Wagner, de unos 17 kilómetros de largo por no sé cuantos de ancho y la proporción de la gan- ga, o como se llame, es de un 20 por 100. Los filones parten de norte a sur, a la izquierda de la estación de San Miguel de las Dueñas, en un pue- blo que se llama Calamocos. He visitado aquellos parajes y he visto el arranque de los filones a flor de tierra y bloques enormes, tan grandes como casas, de hierro casi puro. Su explotación requiere la construcción de unos 7 kilómetros de ferrocarril, que enlazará en la estación de Cubillos con el hullero de Ponferrada Villablino. La construcción es fácil, pues no tendrá túneles ni grandes trincheras y terraplenes y únicamente habrán de construir un puente. Creo que la Compañía tiene hecho el trazado. No es sólo el coto Wagner, pues el hierro abunda a lo largo de la cordillera Aquilona, según lo prueban las antiguas herrerías en la cuenca del Cúa por las alturas de Fresnedelo, etc. Parece ser que sin grande esfuerzo se pueden producir unas 700.000 toneladas al año, 300.000 más que en Bilbao. Ya sabe usted, señor Director, que soy un profano en todas estas cosas; mis impresiones podrían llevar el rótulo de visto y oído; pero si quiere usted datos precisos, también se los puedo dar, pues si el Bierzo ha sido por muchos años un rincón apartado y de ensueño, remembranza de poe- tas y retiro de monjes y penitentes, hoy llueven sobre él ingenieros, contra- tistas, viajantes e industriales que todo lo curiosean, analizan y pesan, des- garrando el velo de lo impreciso y misterioso. Por ellos, y sobre todo por un libro notable de D. Julio Lazúrtegui, titulado Una nueva Vizcaya a crear en el Bierzo, Altos Hornos y Acerería en Ponferrada, y publicado en Septiembre de 1918, he sabido que la minería de carbón se divide en dos ramas: la una de antracitas o carbones secos, que afloran desde Toreno por Matarrosa y Corbón, Sil arriba, y pasan a los Tombrios, Langre, Fa- bero, de un lado, y Folgoso, Bembibre, Igüiña, Almagarinos, Tremor de Abajo, Torre y Brañuelas, del otro, subiendo hasta Tremor de Arriba y la Espina, donde comienzan los carbones semigrasos; la otra es de carbones grasos o hullas en la cuenca de Villablino, y comprende el valle de Villa- seca, Río Obscuro, Villablino, San Miguel, Villager, Caboalles de Abajo y Caboalles de Arriba y Cerredo, que ya pertenece a Asturias. El ferrocarril Pon ferrada- Villablino, que hoy termina en Villaseca, 11 kilómetros más arriba de Villablino, se remontará por el curso del río Caboalles, y atravesando por un túnel en el puerto de Leitariegos, se enla- zará en Cangas de Tineo con los ferrocarriles asturianos. La cantidad de 478 REGIONES QUE SE TRANSFORMAN carbón existente en el Bierzo está evaluada, muy por lo corto, en 240 millones de toneladas. Las ninas de hierro circundan el valle por la parte sur, desde el punto de Manzanal hasta los confines de Orense, y por el oeste llegan hasta la provincia de Lugo, más allá de Villafranca. Las denuncias hechas abarcan ya 36 kilómetros, desde el monte Teleno, próximo a Astorga, hasta las úl- timas estribaciones de Sierra Cabrera, cercanas al puente de; Domingo Flórez; otras, comprenden las montañas al norte de Bembibre; en Sierra de Noceda, y en el partido de Villafranca, hay también denunciadas grandes porciones de terreno, especialmente en la Sierra de Sobrado, y en los Ayun- tamientos de Paradaseca y Cervantes (Lugo). También se han hecho algu- nas denuncias en la cuenca del Cúa, y nos consta que en la Escrita de San Juan de la Mata se ha encontrado una de Wolfran. Sin embargo, de lo que se habla con más entusiasmo es del coto Wagner. Este yacimiento fué ha- llado y denunciado por D. Julio Lazúrtegui en 1897. De su mineral se han hecho 500 análisis en los mejores laboratorios del mundo. El primero que estudió el yacimiento fué el ingeniero francés Pablo Benoist en 1899, y aunque no pudo terminar los trabajos, ya cubicó 42.296.000 metros cúbi- cos, y calculando por metro cúbico 2,50 toneladas, le resultaban 104.740.000 toneladas; pero analizado más detenidamente en el laboratorio Creussot, dio 3,83 por metro cúbico, de lo cual resultan 160 millones de toneladas. En 1900 visitó los yacimientos el ingeniero Leopoldo Babú y calculó que sólo a la vista afloraban 25 millones de toneladas. Se realizaron otros estudios en 1905 y 1906 por la Sociedad parisiense Mokta-el-Hadid, y de 1907 a 1912 visitaron los criaderos dos ingenieros ingleses y cuatro alema- nes. Por fin en 1913 publicó el ingeniero Herr Dórphinaus el siguiente informe: Longitud de los yacimientos, 21.500 metros; anchura media, 195 me- tros; profundidad media, 175 metros, resultando en metros cúbicos un total de 71.487.500 metros cúbicos, que por una densidad media de 3,83, o por lo menos 3,75, arroja un total de 250.206.250 toneladas de hierro. En el reciente y primoroso artículo del general de Artillería, D. Severo Gómez Núñez, publicado en Nuestro Tiempo, se dan otros mil detalles históricos y técnicos de lo que ha sido y será el Bierzo; mas a nuestro ob- jeto de una impresión al vuelo, basta y sobra con lo dicho. Al terminar estas líneas viene a mi recuerdo una conversación que sos- tuve con unos humildes labriegos hará unos quince años. Nos hallábamos sentados en las márgenes frondosas del Cúa, contemplando el bellísimo paisaje que se extiende entre Cacabelos y Toral de los Vados. Referíanme ellos sus penalidades, sus estrecheces, los destrozos que les causaban las I REGIONES QUE SE TRANSFORMAN 479 crecidas del río, el peso de gabelas y tributos, la rapacidad de los usureros y el hambre insaciable de procuradores, abogados y covachuelistas resi- dentes en las villas, y trataba yo, a mi manera, de inculcarles los beneficios inmediatos que podían resultarles del trabajo en común para contener las crecidas del río, de las obras que ellos mismos podían realizar, de la con- veniencia de limpiar y ahondar todos los veranos el cauce del río, de cómo podrían levantar contrafuertes en diversos puntos estratégicos, de lo útil que era plantar mimbres y zarzas en las inmediaciones de la corriente. La conversación se animaba y hube de decirles que no era imposible ni aun siquiera dih'cil libertarse de la inmensa mayoría de las penalidades que sobre ellos descargaban; les hablé de sindicatos, cajas de ahorros y coope- rativas, les dije que el universo mundo era muy ancho y que para todo ataque y toda miseria había siempre una defensa y un remedio, mas que era precisa la agrupación, la honradez y la tenacidad. Aquellos humildes paisanos escuchaban con atención y sorpresa mis palabras; pero me con- vencí de que les sonaban como un canto lírico irrealizable. — Todo eso está muy bien, señor; pero... En aquel pero había un arrastre milenario de encogimiento, suspicacias, abandonos, ignorancias que era necesario barrer a costa de muchísimos trabajos que yo no podía realizar, y terminé diciéndoles: *¡ Desdichados!, tenéis en vuestras manos, en vuestras posesiones, en todo el país del Bierzo un tesoro incalculable de prosperidad y de riqueza: mas por las sombras espesísimas de vuestro pensamiento, por la inercia imponderable de vuestro espíritu, por la ausencia de ideal, de iniciativas, de ánimo emprendedor en las clases di- rectoras del país, los tesoros del Bierzo pasarán a manos extrañas... Y las cosas se están cumpliendo en gran parte. Es verdad que los aldeanos se han redimido de muchas miserias, que hoy circula el dinero, desapare- cen los usureros y los covachuelistas se transforman en negociantes; pero la gran riqueza, el tesoro escondido en las entrañas del valle legendario, vuela fuera de la comarca, arrancado por las manos titánicas de opulentos bilbaínos. No es esto una censura. Yo me alegro de que sean Compañías españolas quienes van a explotar aquellas riquezas; es más, creo digno de alabanza y de admiración ese noble patriotismo con que se arroja el dine- ro sobre la tierra para que germine y se transforme en prósperas indus- trias, pero me hubiese gustado más que los ingenieros y accionistas hubie- sen brotado de la misma comarca. Mi última impresión es de alegría y de tristeza: de alegría, por todo lo que llevo dicho, por las casitas blancas, higiénicas y limpias que veo sur- gir por todas partes, por el bienestar y la vida fácil de las clases humildes y trabajadoras, por el esplendor creciente de la región y porque induda- 480 REGIONES QUE SE TRANSFORMAN blemente es grandioso el ver cómo se transforma en actividad vertiginosa toda aquella masa inerte de las cosas y los pueblos; mas también siento tristeza porque todo eso lleva consigo la pérdida de la religión y las bue- nas costumbres. El Bierzo era profundamente religioso y de una extraor- dinaria severidad de costumbres; hoy la emigración ha traído la indiferen- cia religiosa, y la abundancia y prosperidad han introducido el juego y la francachela, y no tardando llegará la rebeldía y el crimen sangriento, epí- logo de la civilización materialista. No hace muchos años se asistía en el Bierzo a grandes reuniones y romerías sin escuchar ni una palabra mal sonante; hoy al chirriar de los carros y al zumbido de las vagonetas, res- tallan en los aires los juramentos como relámpagos precursores de una tempestad. ¿Es que la industria no puede ser más que obra de demonios? Las Empresas del Marqués de Comillas demuestran claramente que el progreso, la actividad y el trabajo no son incompatibles con la honradez. Todo pende de la mano previsora y abnegada que las dirige. P. B. G. A. Cacabelos, 17 de Agosto de 1919. LA MUERTE DEL ASNO (Inierpreiación de Ases Tod, de Grieg.) No puede más; le rinde la fatiga, Y se siente morir... Cual si temiera Ofender las miradas de los hombres Con el trágico horror de sus angustias, Allá; en el hondo barrancal desploma, Todo a la vez, la carga de sus años, Sus lacerias, sus penas, sus oprobios. El tedio inmenso que le abruma el alma Y el pesado armatoste de sus huesos... «¿Para qué vivir más? Quizá en la muerte Halle el amor que me negó la vida.» Así dice; y humilde y resignado Reclina mansamente su cabeza, Acomoda el cuadril, tiende sus ancas Que escarban temblorosas en el suelo, Y acezando en profundos resoplidos, Con grave reflexión (aprended hombres). Se entrega a meditar. «¡Cuan cierto, exclama. Que el mundo es vanidad de vanidades Y todo es vanidad! ¿Quién me dijera. Cuando el rucho gentil era el encanto De opulenta familia, y los. chicuelos Corrían en tropel por regalarme Mendruguillos de pan y golosinas. Que había yo de verme en tal miseria? ¿Cómo pensar, cuando estrené por Pascua^ Silla de baticola con estribos, Cabezada con borlas y caireles 34 482 LA MUERTE DEL ASNO De todos los colores, y llevando Al hijo del alcalde a la jineta, Oí estallar un viva clamoroso, Digno de todo un rey; cómo soñara Que de las cimas de tan alta gloria Cayera al barrancal en que agonizo...? ' Así va el mundo.» Y enarcando el cuello, Yergue lento su trémula cabeza Y hunde en el sol los moribundos ojos. Implorando piedad. ¡Ay!, impasibles Por la ancha esfera azul giran los cielos, Rompe la vida en cánticos de amores, Y sobre su dolor cruzan volando Las aves en parejas... ¡Oh, ironía, Ver con los ojos que la muerte anubla La ebullición universal y el gozo Con que vibra la tierra, como un alma! Mas al revés de Job, que sus congojas ' Desató en un raudal de imprecaciones. Maldiciendo sin culpa hasta del vientre Que le llevó en su seno, el asno humilde Ni se siente un instante pesimista. Ni se acoge a los sabios que indagaron Que el amor es un juego de membranas, El mismo rosicler de la hermosura Fluxión de melanina y de pigmento, Y el beso en que dos almas se transfunden No es más que un intercambio de bacterias. «Bello es vivir— exclama al sumergirse En los misterios de la eterna sombra—; Y nada hay en los cielos ni en la tierra Más grande que el amor. ¿Qué importa, añade. Que acreciente mis penas recordando Las horas del placer en la amargura? Oh, sí, también yo amé; bendito el día En que la borriquilla más galana. Trémula de pasión, llegó a decirme: «Rucho mío, mi amor, cuánto te quiero.» Creí morir de gozo, al agolparse LA MUERTE DEL ASNO 433 La sangre en mi cerebro, y que en la altura Se entreabrían los cielos, desbordando Cataratas de gloria sobre el mundo...» Aquí llegaba el asno, cuando un cuervo, Viéndole hacer ridículos visajes Con la boca y los ojos, desde un árbol Le gritó con voz ronca: «Burro amigo, Loco estás de remate; tú la entregas.» Como la fría punta de una daga, Se hundió en el corazón del moribundo El escarnio cruel; volvió su rostro. Sin rencor y con dulce mansedumbre, Mas, oh rigor de su implacable suerte. Tal como la honradez entre malvados. Por escapar de Escila, dio en Caribdis. Cuesta abajo, ligero y orgulloso, Flácido can, del hampa de los perros, Se le acerca husmeando; le olfatea Todo, parte por parte; y sin melindres Le escupe este saludo: «¿Cuándo acabas? Ya que te empeñas, a morir se ha dicho; Pero hazlo pronto y mondaré tus huesos.» No pudo sufrir más; cerró sus ojos, Con la aflicción de la suprema angustia; Siguió arañando con los pies la tierra, Encorvó el rabo, suspiró anhelante, Y boqueando en señal de despedida. En un largo sollozo entregó el alma... El fué: todo acabó. La muerte misma Que con ímpetu igual derriba y troncha, Sin mirarlos, las briznas y los cedros; La que pesa en la palma de su mano El polvo a que reduce las grandezas, 484 LA MUERTE DEL ASNO Tembló al herirle y, consternada y muda^ Contempló sus inmóviles despojos. Allí, cual se entremezclan en la plana Del chicuelo más torpe de la clase Garabatos, borrones y palotes, Signos y alardes de inventiva ruda, Allí vio los sangrientos caracteres Que en ronchas, verdugones, cicatrices,^ Imprimió con asombro de las fieras, Sobre su piel la crueldad del hombre; Alegando en razón de su barbarie La sinrazón de que para eso es burro. ¡Asno infeliz! Madrastra sin entrañas Fué la vida contigo, y sus enconos En tropel y sin treguas te acosaron; Sobre ti descargó toda desdicha • En forma de aluvión, y en tu paciencia Se hizo fuerte el furor de los cobardes. Que te juzgaron burro por ser bueno. Válgame el recordar que no estás solo; Y que el supremo artista la pezuña De los burros auténticos convierte En plectro o en cincel con que en sus obras Hace surgir la espléndida belleza. Descansa en paz sobre la tierra ingrata Que te arroja de sí, como un oprobio; Mas quien nunca aduló con vil lisonja Los triunfos de los necios y malvados, Cantando los blasones de tu alcurnia. Hoy levanta su voz, diciendo a gritos: «Este que veis aquí fué aquel que un dia Hurtó al hambre las pajas y granzones Que sirvieron de cuna al Rey del Cielo. Fué el que, al verle temblar sobre un pesebre. Del frío de la noche y de las almas Calentó de su aliento con el vaho Los arrecidos miembros del Dios niño. Vosotros, serafines, le envidiasteis, Y vosotros también, astros lucientes. Cuando, como en un trono, conducía LA MUERTE DEL ASNO 4ll6 A la Virgen purísima en sus hombros Y al Autor de la vida en brazos de Ella. ¡Oh suerte sin igual! Con la sagrada Veneración que embarga al sacerdote, Al alzar el viril, el pobre asnillo Proseguía su ruta, ante el asombro De los cielos abiertos y los besos De amores que llovían las estrellas, Y entre el inmenso hervor con que a sus plantas Poblando el aire en polvareda vida. Se agolpaban enjambres de querubes... ¿Qué más? Cuando con palmas y laureles Abrió a su rey Jerusalén las puertas. No en solio real, ni en cátedra de sabios, No bajo palio o en pavés de triunfo. Sobre manso y humilde borriquillo Le vio escuchar el cántico de hosanna Que entonaron al par cielos y tierra... ¡Oh, gloria! ¿Quién como él? Vanas efigies De la infinita vanidad del todo, Faranduleros de la eterna farsa Caed ante él de hinojos y adoradle. Y Tú, Dios de bondad, que has prometido Que salvarás al hombre y al jumento, Juez vengador de la virtud que gime Bajo los pies de la maldad triunfante... El que amaste, Señor: aquel que siempre , Fué todo para ti, y el que abrumado De hambres y desamor, golpes y afrentas. Cruzó su larga calle de amarguras. Fiel y leal al mismo que le hería, Sin proferir jamás las palabrotas Con que ultrajó tu honor el rey del mundo... Mírale en el barranco del oprobio, Mostrando al sol sus descarnados huesos. Y ya ni la mitad; de su osamenta Queda un sartal de vértebras mordidas Y un hueco cráneo de entreabierta boca. Cual de orador de club que en roncos gritos Falla el reparto universal de haciendas. 486 LA MUERTE DEL ASNO Dios de justicia y de verdad, ¿qué aguardas? Alza, Señor, tu diestra bendiciendo > Las mudas penas del dolor humilde Y derroque tu rayo la soberbia De tantos, como a coces y rebuznos, Declaran ser más burros que los asnos. P. Restituto del Valle Rüiz. Agustino. REVISTA científica I. Tempestad electro-telürica y magnética— II. Telefonía secreta. Gran parte de la Prensa consignó un fenómeno anormal de carácter cósmico observado en la mañana del día 1 1 de Agosto. Las comunicacio- nes telegráficas quedaron interrumpidas durante unas horas con no poca sorpresa de nuestro Cuerpo de Telégrafos, sintiéndose el mismo fenóme- no no sólo en España, sino también en Francia, Inglaterra y otros países. Se trataba de una verdadera tempestad electro-telúrica, cuya corriente al- canzó a los cables impidiendo toda comunicación, y a la que acompañaba otra tempestad magnética delatada por numerosos indicios experimen- tales. Comunicados de todos los observatorios hicieron notar la coinciden- cia del fenómeno indicado con una exhibición más pronunciada de las manchas solares, pero las experiencias mejores de tal perturbación fueron las del Observatorio del Ebro, único que en España se dedica a esta clase de estudios y dispone de los convenientes aparatos de experimentación y de cuyas observaciones se publicó en la acreditada revista Ibérica una va- liosa nota con los pormenores de dicha tempestad electro-magnética y la explicación que de la misma puede darse, dentro de ios conocimientos ac- tuales. Cuantos lectores se interesen por el examen de este curioso fenó- meno, harán bien en consultar el número 291 de la citada publicación, ór- gano del Observatorio del Ebro; pues allí encontrarán reproducidas las curvas registradas fotográficamente y las fotografías de las manchas sola- res y los flocculi que guardan relación con las perturbaciones electro-mag- néticas terrestres. En la imposibilidad de dar idea gráfica del fenómeno según aparece en Ibérica, nos limitaremos a transcribir lo que a su explicación se re- fiere. 488 REVISTA CIENTÍFICA «¿Dónde encontrar la causa de estas perturbaciones? Es un hecho per- fectamente confirmado con multitud de estadísticas, a partir desde media- dos del siglo pasado, la estricta concordancia entre el período de las va- riaciones magnéticas y el ciclo de la actividad solar, y de ello no duda nin- guno de los hombres de ciencia dedicados a estos estudios. De ahí, el que al ocurrir una de estas tempestades telúricas, la pri- mera mirada sea hacia el astro rey en demanda de algún indicio de pertur- bación que pueda reconocerse co ¡no causa de lo ocurrido en la Tierra. Con- viene, sin embargo, tener presente que no es tan cierto que la causa de las perturbaciones terrestres resida en el Sol, pues si bien es muy probable que la relación mencionada sea de verdadera causalidad, no está tan probado como la existencia de la relación misma; mucho más dista de ser cierta ora la naturaleza de la susodicha causalidad, ora la manera de ejercer su influ- jo, acerca de lo cual andamos guiados solamente por hipótesis que se dis- putan la primacía. Sabido es que en el Sol existe continua circulación de materias ascendentes a gran teaiperatura y de otras frías que descienden. Si por una causa cualquiera esta circulación se hace más rápida y de ma- nera más violenta, claro está que tendremos un aumento de actividad solar. Así cuando por razones que nos son todavía desconocidas se determina extraordinario movimiento ascensional en una enorme masa de vapores desde el interior del núcleo hacia el exterior, no pudiendo esta masa tener salida por los canales de la actividad ordinaria, ha de producirse un modo de ser extremadamente violento, trastornándose la circulación ordinaria que constituye el régimen normal. Formidables explosiones, proyección de gigantescas masas de vapores a una temperatura inconcebible, espanr tosas dislocaciones de la superficie fotosférica, y finalmente fenómenos eléctricos de una violencia tal que no tiene idea alguna de ellos el habi- tante de nuestro planeta, han de ser las consecuencias necesarias de seme- jantes fenómenos, que bien podrían llamarse crisis o paroxismos de la ac- tividad solar. Desgraciadamente, no le es dado al astrónomo contemplar en su tota- lidad espectáculos de tan sublime belleza, y se ve forzado a estudiarlos solamente en algunas de sus partes y de sus efectos. *úvii^o\^ Hasta hace medio siglo, sólo era dable seguir el curso de la actividad solar por medio de las manchas, las únicas que en la fotografía directa aparecen donde quiera que se hallen en el hemisferio visible; pero éstas, generalmente, son más bien el resultado de una perturbación pasada, ya REVISTA CIENTÍFICA 489 que, según la opinión corriente, están formadas por materias que, con- densadas por enfriamiento después de haber sido lanzadas a gran distan- cia del núcleo solar, caen de nuevo, produciendo cierta opacidad, aunque sin carecer de luz propia. Mas las fáculas o elevaciones de la fotoesfera (las más de las veces sin mancha alguna) que constituyen el indicio más claro de actual perturbación solar, no aparecen en la fotografía sino cuando se hallan cerca de los bordes del disco. Solamente el invento de un aparato especial, el espectroheliógrafo, que permite sacar fotografía monocromática del Sol, ha puesto en nuestras manos un medio de descu- brir indirectamente las fáculas en cualquiera parte del disco, valiéndose de otro elemento, los flóculi o nubes de calcio (en su mayor parte), situa- dos en la cromosfera o atmósfera gaseosa, los cuales se corresponden de algún modo con las fáculas que tienen debajo en la fotoesfera o atmósfera líquida. También son indicios de perturbación solar las protuberancias (Ibéri- ca, vol. V, pág. 394), y las expansiones coronales; pero éstas son observa- bles solamente en los eclipses, y tanto éstas como aquéllas se ocultan a nuestras miradas fuera de los bordes del disco solar. Otra dificultad nos sale al paso, y es que casi siempre aparece en el Sol algún indicio de actividad, y, sin embargo, no siempre ocurren en la tierra perturbaciones electro-magnéticas, aun comprendiendo las de menor cuantía que se notan con alguna frecuencia. Este es otro aspecto del pro- blema, en el que se dividen los pareceres, opinando unos que una zona de actividad solar tendrá su resonancia en la Tierra al asomar por el borde oriental del Sol (W. del globo solar), y otros (hoy los más) al pasar por el meridiano central, o sea el que contiene la recta de los centros Sol- Tierra. Esta última opinión parece confirmada en el caso presente, pues ni el día 10 ni el 11 aparece indicio alguno de actividad extraordinaria en el borde oriental (aunque asoman el día 1 1 algunas fáculas y flócculi segui- dos más tarde de gruesas manchas como aparecen en las fotografías de los días siguientes), y sí en las inmediaciones del meridiano central. Pero to- davía nos hallamos ante otra duda, a saber: si lo que produjo la perturba- ción terrestre fué el paso por el meridiano central de la gruesa mancha que pasó por éste a 5 ^ del día 9, o sea unas 50 horas antes de la pertur- bación telúrica (lo cual abonaría la hipótesis de Arrheuius, según el cual la influencia solar se transmite por emisión de pequeños iones impulsados 4^0 REVISTA CIENTÍFICA por la presión de la luz, los cuales tardarían 45,9 horas en llegar a la Tie- rra; o si se debió al paso de una zona, en que el día 1 1 se ven manifesta- ciones de nueva actividad con la aparición de manchas, y sobre todo de flócculi, como puede verse en las fotografías de esta página. En este se- gundo caso, aunque bien pudiera el hecho compaginarse con la teoría anterior, podría servir de apoyo a la teoría de la emisión de electrones de Deslandres o de la emisión de hondas hertzianas de Nordmann o de in- ducción eléctrica de Nodon. Sea de ello lo que fuere, no es este el lugar de la discusión técnica de los resultados, además de que sería aventurada toda afirmación fundada en un hecho aislado. Probabilísimamente esta conmoción de la electricidad y magnetismo terrestre ha ido acompañada, como suele, de las vistosas fulguraciones de auroras boreales, las cuales, conforme a las teorías más probables, son producidas por rayos catódicos que, provocados por el Sol en las altas regiones de la atmósfera donde reinan los gases a muy baja presión, siguen la dirección de las líneas de fuerza del campo magnético o forman hélices alrededor de las mismas inclinándose hacia la Tierra hasta ser ver- ticales cerca del polo. Pero en la actualidad el exceso de luz que inunda nuestro polo hace que estemos a obscuras sobre este punto, como ha ocurrido otras veces.» —Bajo la dirección del general francés Ferrié, los radiotelegrafistas mi- litares han construido un aparato de telefonía secreta, tal que si un espía o un indiscreto intercala un aparato en la línea un receptor telefónico, oirá hablar, pero las palabras serán para él ininteligibles y como pronunciadas en lengua extraña. De ello se ha hecho experiencias hasta distancia de 600 kilómetros. He aquí, según una nota de M. E. Poirson a la Academia de Ciencias de París, cómo se procede para desformar la voz telefónica. Accionado por un motor eléctrico, se instala entre los dos hilos de la es- tación transmisora un conmutador de rotación que invierte las conexiones periódicamente algunos centenares o millares de veces por segundo. Si el número de inversiones no pasa de mil, la voz es perceptible, aunque muy ronca; pero si pasa de 1.050, las palabras se transforman y no son inteligibles. La estación receptora es completamente semejante a la de transmisión; el conmutador, exactamente del mismo modelo, está accionado por un motor eléctrico de velocidad rigurosamente igual, e invierte la corriente REVÍSTA CIENTÍFICA 491 el mismo número de veces, rehaciendo así lo que el otro había deshecho y dejando oír la voz como en el teléfono normal. Cada uno de los motores eléctricos de corriente continua está alimenta- do por una batería local de acumuladores y el hacerlos girar exactamente con la misma velocidad, o sea su sincronización, se obtiene fácilmente to- mando la corriente en dos puntos opuestos de la armadura de giro, ligados a los bornes de contacto; los motores se tranforman así en conmutatrices monofásicas, y acoplando sus bornes alternos, las velocidades resultan so- lidarias y por tanto iguales. Una misma corriente alterna, llamada corriente de sincronización, atraviesa los dos motores, estando formado su circuito por los dos hilos en bloque del teléfono y la tierra. S. A. bibliografía Enciclopedia universal ilustrada Europeo- Americana.— Etimologías sánscri- to, hebreo, griego, latín, árabe, lenguas indígenas, americanas, etc. — Ver- siones de la mayoría de las voces en francés, italiano, inglés, alemán, por- tugués, catalán, esperanto.— Tomo XXXIX. —Barcelona, Hijos de J. Espasa, editores, calle de las Cortes, 479.— Un vol., en 4.» mayor, de 1.552 págs., a dos columnas, con numerosísimos grabados, dibujos, láminas en color, tri- cromías, etc. Con la regularidad que se impuso desde un principio la Casa Espasa, hizo su aparición el tomo XXXIX de la magnífica Enciclopedia, ostentan- do igual esplendidez que los anteriores. Las dificultades consiguientes a la guerra y los conflictos de orden social que más o menos han afligido a todas las publicaciones entorpeciéndolas de muchos modos, no dejan huella ninguna en el gran Diccionario Espasa, monumento de laboriosi- dad perseverante, de gusto exquisito y de espléndida munificencia que no podríamos encarecer bastante, por la gloria que para el arte nacional sig- nifica. En cuanto al contenido de sus 1.552 páginas — desde la palabra Numa hasta Oquendo—, con toda la flora de erudición que indica el epígrafe arriba transcrito, no es posible decir su desarrollo ni aun en compendio. Aparte la variedad inmensa de los temas, en cada uno de ellos la Empresa editorial ha hecho presidir la concisión, el lenguaje ceñido a los asuntos, que en inteligencias maestras no perjudica en nada a la claridad ni se opo- ne a la amplitud de exposición, tal como puede exigirse al mejor de los Diccionarios enciclopédicos. Sólo por vía de ejemplo haremos mención de algunos artículos entre los muchos que a todas las aficiones responden. De la inmensa galería de personajes historiados en este volumen, en- tresacamos: Nüñez, apellido que honraron muchos varones famosos, es- pecialmente de España, Portugal y Repúblicas de América del Sur, y cada uno de los cuales queda registrado en estas páginas con su biografía, hechos célebres y las obras de los escritores; Nüñez Cabeza de Vaca (Al- varo) y Nüñez de Balboa (Vasco), famosos descubridores de nuestro BIBLIOGRAFÍA 4P3 siglo XVI y de los que más contribuyeron con su heroísmo legendario al engrandecimiento de España; Nüñez de Arce, el ilustre poeta contempo- ráneo; Núñez Coronel (Gregorio), agustino, teólogo de mucha autoridad y grave historiador de las controversias De auxiliis; Núñez de Reinoso, Núñez de Toledo; Nys, uno de los actuales representantes de la escuela de Filosofía de Lovaina; Obermaier (Hugo), paleontólogo alemán de nues- tros días, de celebridad universal por sus trabajos de investigación, y de quien todavía espera mucho la ciencia; Ocampo (Florián de), el afamado cronista perteneciente a nuestro siglo de oro; Occam (Guillermo), el re- nombrado jefe de los nominalistas y de historia infausta en sus relaciones con el poder eclesiástico; O'Connell, acérrimo paladín de la causa irlande- sa; O'Donnell, Ojeda (Alonso de) y 0/ííí (Cristóbal de), famosos estos dos últimos entre nuestros conquistadores del siglo XVI, etc., etc. Sobre materias filosóficas encontramos Ocasionalismo, Oniologia, Ontologismo, Opinión, Optimismo, entre otros temas dignos de mención, como lo son también los relativos a ciencias abstractas, físicas y naturales; Numeración, con los diversos sistemas conocidos en la Historia; Número, exposición elemental, pero completísima, de todo el contenido de la Aritmé- tica hasta las teorías de Fermat y Gauss, cuadros mágicos y otras curiosi- dades; Nutrición, estudio muy comprensivo desde el punto de vista de la Botánica, Fisiología y Zoología; Objetivo y Óptica, tratados magistrales de excepcional extensión; Observatorio, historia del mismo y descripción de los más importantes del mundo, con la enumeración de su respectivo mate- rial y mención de los sabios que más los glorificaron. Citemos también Odontología, Oidium, la conocida enfermedad de la vid, con su tratamiento; Oído, Ojo, Ola, estudio analítico muy amplio de las olas trocoidales; Oli- vo, sus especies, su simbolismo, su cultivo, enfermedades y tratamiento, etcétera. Acerca de literatura y de arte en su acepción más genérica, no hemos de citar sino los artículos Numismática, Obelisco, Oda, Odisea, Óleo (pin- tura al). Ópera; todos ellos sumamente instructivos, con otros que la bre- vedad de una nota bibliográfica no permite enumerar. Señalemos, por último, en historia y geografía: Numancia, donde se relata la heroica defensa de la famosa ciudad celtíbera y el descubrimiento de sus ruinas en tiempos recientes; Numidia, Nuremberg (tn Baviera), con la relación de sus monumentos religiosos y civiles, gimnasios, musíios, y un resumen de su historia con los nombres que la enaltecieron, como Al- berto Durero. El mismo lujo descriptivo llevan, entre otras ciudades, Odesa y Oporto y los Estados o provincias de América; Nuble (Chile), Oaxaca (Méjico), Ohio (Unión Americana), y Oldemburgo, el gran Duca- 494 BIBLIOGRAFÍA do alemán. Oceanía y Océano son temas esclarecidos con el interés que merece materia tan vasta y a ellos sigue Oceanografía, con el relato exten- so de las exploraciones y descubrimientos graduales hechos por el hom- bre en los misterios del mar. Como en los tomos anteriores, constituye un realce soberano de la obra, para mayor estimación de todos los doctos, la bibliografía cuidado- samente reunida al final de los artículos, como lo son también para el pú- blico en general los trabajos de ilustración gráfica diseminados por todas sus páginas, iluminando el fondo variadísimo de la lectura. Los numero- sos retratos de cuantos han alcanzado alguna celebridad por sus hechos o escritos, los mapas etnográficos, geológicos o de la flora y fauna descritas en el texto, las reproducciones por el grabado de toda clase de monumen- tos y las láminas en varios colores, no sólo fijan el interés y facilitan la comprensión de la lectura, sino que dan a la Enciclopedia Espasa un su- premo ornato con el que no encontramos nada comparable en ninguna de las enciclopedias conocidas, y que revela todo el tesón puesto por la Casa editora en esta empresa glorifícadora del saber al mismo tiempo que hon- rosísima para España. Reciban los editores nuestro mejor aplauso, que quisiéramos fuera un estímulo más para proseguir su obra monumental, y desde todos los puntos de vista merecedora del apoyo que viene prestándole el púbü- co.-B. R. G. Lárraga-Saralegui.— Prontuario de Teología Moral, al tenor de las últimas disposiciones de la Iglesia y de los Códigos de España, de América latina y de Filipinas, con los últimos privilegios de América y de Filipinas y sus respectivos Concilios.— Tercera edición, corregida y aumentada en confor- midad al nuevo Código de Derecho Canónico y posteriores resoluciones de la Santa Sede, por el F. Lect. y Dr. Fr. Juan Sánchez, del sagrado Orden de Predicadores.— Con las debidas licencias. -Madrid, establecimiento tipo- gráfico de Jaime Ratés. Conocidísimas son, no sólo de párrocos y confesores, sino de cuantos gustan buscar en los principios de la Moral Teológica soluciones aquie- tantes para los problemas de la conciencia cristiana, las brillantes excelen- cias que de un modo singular adornan al «Prontuario de Teología Moral» — Lárraga-Saralegui — , sobre los demás prontuarios, tanto nacionales como extranjeros, a los que, según juicio del V. P. Claret, debe sobrepo- nerse, «no sólo por la abundancia de doctrina que trae en tan pequeño vo- lumen, sino también por ser en nuestro idioma y formado para los espa- ñoles». Suben de punto los indicados méritos en la magnífica tercera edición de BIBLIOGRAFÍA 495 dicha obra que tenemos a la vista, corregida y aumentada con arreglo al nuevo Código de Derecho Canónico y resoluciones posteriores de la San- ta Sede, por el P. Juan Sánchez, del mismo sagrado Orden de Predica- dores. Conocedor profundo el P. Sánchez de las fuentes, tanto racionales como positivas de la Moral Cristiana, e inteligente y hábil en la exposición e interpretación de principios, nos ha dado con claridad de expresión y concisión de doctrinas en un volumen de más de 1.100 páginas, en 4.° ma- yor y esmeradamente impreso, una excelente obra de Moral, más científica que casuística; y si no acabada y perfecta, sí útilísima y provechosa y lo su- ficientemente amplia «para ejercer con fruto el ministerio santo de la salva- ción de las almas». Criterio independiente el del P. Sánchez, aunque no ligero, ni mucho menos contradictor sistemático de otros criterios moralizadores, sostiene con valor hondamente lógico la propia opinión en puntos controvertibles, teniendo, sin duda, muy en cuenta la máxima de que en lo moral una opi- nión tiene tanta fuerza cuanta tiene la razón intrínseca que la abona, sin que sobre ella pese demasiado la autoridad o prestigio del moralista que la patrocina. Buena prueba de la virtud que apuntamos, la tenemos en la razonada solución que da, por ejemplo, a las cuestiones contenidas en los números 593, 1.365 y 1.632 de la obra, y que respectivamente se refieren a las penas en que incurren los que procuran el aborto, a los confesores de religio- sas y a la facultad de absolver de las censuras en virtud del Indulto de Cruzada. Y sin que ello sea mostrar conformidad absoluta sobre todos los extremos en que el P. Sánchez fundamenta su doctrina, hemos de decir que, no habiendo tampoco pruebas concluyentes en contrario, juzgamos sus opiniones como muy sólidamente probables. Por todo lo cual, y para no alargar más la extensión de este modesto juicio, creemos que el P. Sánchez ha prestado con la nueva publicación del «Lárraga-Saralegui» un grande y preciadísimo servicio a los párrocos y confesores, principalmente de nuestra lengua; y a la misma ciencia moral, que también tiene su legítima evolución y verdadero progreso. Reciba por ello el culto e inteligente Dominico nuestros plácemes y entusiasta enhorabuena.— P. Anselmo Moreno, 496 BIBLIOGRAFÍA Estampas «Monserrat» y «Nuria».— Luis Gilí, Claris, 82. Barcelona. Gratamente nos ha sorprendido la casa editorial de Luis Gilí, de Bar- celona, con el envío de dos nuevas series de estampas, presentadas con ex- celente gusto artístico, y que no podemos menos de recomendar con el mayor interés a nuestros lectores. La serie Montserrat consta de 27 modelos de estampas en heliotipia, tiradas sobre papel «Japón>, bien presentadas, con sobriedad y elegancia sumas. Con razón la denomina el editor verdadera serie de arte. La serie Nuria consta de 36 modelos tn fotografía, color sepia, dorados los cortes con oro fino y cincelados, lo que las embellece y enriquece. Pueden adqui- rirse en todas las librerías y estamperías religiosas, y en casa del editor. LIBROS RECIBIDOS Aritmética teórico práctico, por el P. Evaristo Cornet, S. J.— Un volu- men, de 206 págs., en 4.° menor.— Tipografía Católica Casáis, calle Cas- pe, 108.— Barcelona. — Giusseppe 1 oxúo\o. —Memorie religiose, con prefazione di Antonio Boggiano Pico, professore nella R. Universitá di Genova.— Un vol., de 1 12 págs., en 8.^.— Milano.— Societá editrize «Vita e Pensiero». Corso Vene- zia, 15.— 1919. —Novelas selectas de D. Manuel Polo y Peyrolón.— Tomo II.— Un vol., de 302 págs., en 4.^ menor.— Tipografía Católica Casáis. Caspe, 108. Barcelona.— 1919. —Catecismo de la Consagración de las familias al Sagrado Corazón de Jesús. — Traducido del francés por el P. Alfredo de Bonadona Williams, S. J.— Folleto, de 24 págs., en 16.*".— Barcelona.— Tipografía Católica Pon- tificia. Caspe, 108. —Le Bou Combat, par l'abbé Eugéne Griselle.— Publication du «Co- mité Catholique de Propaganda frangaise á l'Efranger. — Un vol., de 258 págs., en 8.^— Bloud et Gay, éditeurs.— Barcelone.— Bruch, 35. 1918. —La gaerre et la vie de PEsprit, par Maurice Legendre.— Un vol., de 194 págs., en 8.°.-Bloud et Gay, éditeurs.— Barcelone.— Bruch, 35. 1918. CRÓNICA GENERAL Madrid-Escorial, 15 de Septiembre de 1919. ROMA Persistiendo el Padre Santo en sus ideales favorables al desenvolvi- miento y prosperidad de la Iglesia oriental, acaba de fundar en Roma un nuevo colegio destinado a reclutar e instruir al clero para la iglesia copta. —La huelga de tipógrafos en Roma se ha mantenido con tesón impi- diendo durante algunas semanas la publicación de periódicos con no pe- queño perjuicio del público. Hace pocos días ha reanudado su publica- ción L'Osservaiore Romano, en cuyo primer número figura una protesta del presidente de la Unión Popular al ministro del Interior contra las ofen- sas de algunos periódicos de Milán que al injuriar a la augusta persona del Papa, deshonran a la nación que los cobija. El mismo número publica la contestación del presidente del Consejo de ministros reconociendo la justicia de la reclamación y prometiendo que se procederá contra los que han quebrantado las leyes. — El cardenal Secretario de Estado de la Santa Sede ha dirigido una carta al cardenal Lugon, arzobispo de Reims, en apoyo de la pastoral co- lectiva del Episcopado francés y en la que se hacen indicaciones de muy saludable aplicación no sólo a los católicos de Francia, sino a los de todos los países del mundo para que no se extravíen en las luchas enconadas de la política. Por eso creemos conveniente insertarla a continuación. Dice así el documento: «Eminencia: El Padre Santo ha recibido la copia que V. E. le ha envia- do de la carta colectiva por la cual el Episcopado francés recuerda a los católicos de Francia los principios que deben gobernar a las familias, a las sociedades y a los Estados. Al expresar en la persona de V. E. su gratitud por esta comunicación a los cardenales, arzobispos y obispos franceses, el Soberano Pontífice, no sólo aprueba la exposición de tales principios, que tendrán su desarrollo según precisen las circunstancias, sino que, ademási 498 CRÓNICA GENERAL alaba la oportunidad del momento elegido para recordárselos al pueblo francés. Efectivamente— como dice muy bien la carta episcopal—, después de la victoria de las armas, obtenida a costa de una lucha de que no hay ejem- plo en la Historia, se trata únicamente de restaurar las ruinas materiales y morales de la guerra. Mas, si las primeras han de ser reparadas por una vuelta a la actividad económica, con el concurso financiero del Estado, no se puede ir al reme- dio de las segundas mas que volviendo los pueblos a los principios de la fe y de la moral cristiana. De aquí se deduce cuan importante es para la sal- vación de la patria la influencia de la Iglesia católica, asistida constante- mente por el Espíritu Santo. Y si quisiéramos particularizar, ¿quién no ve para lo sucesivo y por todos lados una corriente cada día más fuerte hacia la democracia? Las clases proletarias— como ahora se las llama—, que han tomado una parte tan considerable en la guerra, quieren en cada país sacar el mayor partido posible de ella. Desgraciadamente, con frecuencia están engañadas y se en- tregan a excesos que, al derribar el orden social establecido por la natura- leza humana, se volverán en contra de todos y afectarán principalmente a los trabajadores y a los necesitados. Esto es lo sucedido en otras naciones, prósperas aún en época reciente, y en la actualidad reducidas a la extrema miseria que se quiere extender a toda Europa, y aun al mundo entero. ¿No es, pues, prueba evidente de lo que acabamos de decir? La Iglesia católica ha sido siempre la amiga de los atribulados, y ha ensenado siempre a los Poderes públicos establecidos, para bien de la co- lectividad, que deben trabajar especialmente por mejorar la condición de los que sufren. Por esto— como dicen muy bien los obispos—, el clero y los católicos, en lugar de oponerse a las reivindicaciones del proletariado, deben favorecerlas, siempre que se encierren en los límites de lo justo y de lo honrado, trazados netamente en la inmortal Encíclica Rerum nova- rum, de León XIII. Y con el fin de que estos límites se respeten y se eviten los funestos excesos aludidos más arriba, los obispos aconsejan muy oportunamente a los católicos de Francia la unión entre ellos y con otros ciudadanos de buena voluntad, siguiendo las direcciones pontificias dadas para lo pasa- do, y jamás revocadas. El Padre Santo está segurísimo de que los católicos franceses demos- trarán interés especial en permanecer fieles a las exhortaciones, a los con- sejos y a las prescripciones de sus celosos pastores. Así trabajarán por el bien general de su querida patria y por la paz y armonía de todas las cía- CRÓNICA GENERAL 4QQ ses sociales; condiciones esenciales para la felicidad de los pueblos y para llevar a Jesucristo a los que, por desgracia, se han separado del Adorable Maestro. En tan dulce confianza, Su Santidad renueva con paternal corazón sus bendiciones al venerable Episcopado francés, y yo aprovecho la ocasión para ofrecer a V. E., etc., etc.» —Como signo de importancia para las relaciones entre el Vaticano y el Quirinal se cita el hecho de que el cardenal Richelmi, arzobispo deTu- rín, y el cardenal Mafñ, arzobispo de Pisa, han sido agraciados por el Rey con la gran cruz de la Orden Muriciana. Es la primera vez desde 1870 que los cardenales reciben condecoraciones italianas. Además, el cardenal Giustini, que marcha a Palestina, hará el viaje a bordo de un crucero que el Gobierno italiano ha puesto a su disposición. EXTRANJERO Aunque el tratado de paz con Alemania no ha sido ratificado todavía por todos los Parlamentos de las naciones signatarias, sin embargo, los aliados han accedido a la repatriación de los prisioneros, medida que no puede menos de influir poderosamente en el afianzamiento de la paz, y que por lo mismo merece saludarse con simpatía. Por lo demás, la ratificación está pendiente en los Estados Unidos de graves dificultades, y en Italia y Francia viene discutiéndose desde hace tiempo, con lentitud, sí, pero sin que encuentre grandes obstáculos la perspectiva de la aprobación. Se ha publicado el texto definitivo del tratado con Austria, pero se han negado a firmarlo Rumania y Sudeslavia, por contener ciertas cláusulas respecto de las minorías étnicas que dichas naciones consideran contra- rias a su soberanía. El disgusto ha motivado una crisis política en Servia y la dimisión de Bratiano en Rumania, pero siguen las negociaciones aliadas en la empresa de concertar intereses. Aun no se esclarece el horizonte en los pueblos limítrofes de Rusia. Polacos, lithuanos, ukranianos y demás fronterizos siguen en armas, y den- tro de Rusia luchan contra el bolcheviquismo los diferentes ejércitos man- dados por generales amigos de la Entente. Es decir, que la paz dista mucho de ser completa, y que todos los horizontes se presentan obscuros, lo mismo en el orden social que en el de las relaciones de unos pueblos con otros. * * • 500 CRÓNICA GENERAL El tratado de paz con Austria. — El día 1.° de Septiembre fué entregada en Saint-Germain por el secretario general de la Conferencia de la paz, monsieur Dutasta, al delegado austríaco Renner, el texto definitivo del tratado de paz acompañado de una carta de envío de M. Clemenceau que, al igual de la que en ocasión semejante se dio al Gobierno alemán, es una requisitoria innoble contra el pueblo austríaco, haciéndole participar de la responsabilidad de sus gobernantes, con mayor culpa que todos los demás pueblos de la antigua doble monarquía. Las cláusulas definitivas del tra- tado no se diferencian de las ya conocidas, sino en puntos muy secunda- rios. La enmienda principal tiende, barrenando las teorías de Wilson, a impedir todo intento de reunión con Alemania, aunque la desee la pobla- ción entera. El delegado Renner presentó en la Asamblea nacional de Austria el texto del tratado, y aunque las condiciones eran insoportables, a fuerza mayor la Asamblea convino en la necesidad de firmar, como se hizo el día 10 en Saint Germaint, con los detalles siguientes: La ceremonia de la firma de la paz fué presidida por M. Clemenceau^ quien tenía a su izquierda a Mr. Balfour, con los delegados británicos y ja- poneses, y a su derecha a Mr. Polk, con los delegados americanos, france^ ses e italianos. Los demás plenipotenciarios se colocaron alrededor de la mesa, dispuesta en forma de herradura. El jefe del protocolo entró en la sala a las diez con el Sr. Renner y los representantes de Austria, y tomó con ellos asiento ante la chimenea mo- numental. En este momento M. Clemenceau declaró abierta la sesión. «Han terminado— dijo— las negociaciones que tuvieron por objeto establecer un acuerdo entre los aliados y Austria para la conclusión de la paz. En nombre de las potencias aliadas y asociadas, invito al canciller señor Ren- ner para que se digne firmar el tratado.» Precedido por el jefe del protocolo, M. Fouquieres, el Sr. Renner se dirigió a la mesa colocada en medio de la sala, donde estada el tratado; se sentó sin desmostrar la menor emoción y firmó sucesivamente el trata- do, el protocolo y las dos declaraciones relativas al sostenimiento del blo- queo de Hungría y la declaración de los buques hundidos por Austria. Firmaron después los aliados. Los delegados rumanos y yugoeslavo no asistieron al acto. Acerca de la actitud de Rumania y Yugoeslavia, se sabe que es de protesta contra la cláusula del tratado de paz referente a la protección de las minorías nacionales. En cuanto a Rumania, el ministro rumano Sr. Antonesco ha declara- CRÓNICA GENERAL 501 do a un redactor de Le Temps que las divergencias entre Rumania y las potencias aliadas y asociadas, concernientes al tratado con Austria, se re- fieren sólo al artículo sobre la protección de las minorías en el tránsito y los tratados de comercio. «Rumania estima que por disposiciones legislativas ya adoptadas, los derechos de las minorías quedan salvaguardados por completo; pero la inmixtión extranjera, que llevaría a diferentes minorías a constituir un grupo separado del interior del Estado rumano, es peligrosa. Las minorías austríacas están actualmente dominadas por una fuerte corriente que las empuja a aproximarse a Alemania. Las minorías húngaras la imitarán probablemente, y en el día de ma- ñana los Estados húngaro y austríaco ejercerán una influencia interna en esos grupos, y serían su portavoz ante la Sociedad de Naciones contra Rumania. Las diferencias entre Rumania y las grandes potencias tienen, pues, origen en el deseo de los rumanos de salvaguardar su soberanía y evitar la intervención en sus asuntos interiores por parte de sus enemigos. Nuestra causa es justa, y esto es lo que nos permite esperar que acabará por ser escuchada y se encontrará una fórmula que dé satifacción a nuestras justas preocupaciones.» A consecuencia de esos disgustos, el jefe rumano, Bratiano, presentó su dimisión fundándola en que aceptó ser delegado de la Conferencia de la Paz sobre las bases del tratado de 1916, que aseguraban a Rumania el Bá- ñalo entero. Además, el Gobierno servio se declaró también en crisis por la nega- tiva del Consejo supremo aliado de modificar el artículo relativo a las mi- norías étnicas. En otro sentido, el Gobierno de Montenegro, que se niega a formar parte del nuevo Estado sudeslavo y quiere mantener en independencia ín- tegra, ha dirigido a la Conferencia de la Paz y a los Gobiernos de las gran- des Potencias una protesta contra la no participación de Montenegro en la firma del tratado con Austria, siendo así que desde los primeros instan- tes se puso Montenegro voluntariamente al lado de los aliados y perdió en los campos de batalla el 40 por 100 de sus soldados, o sea más de la ter- cera parte de su población. Francia. — Continúa en la Cámara francesa la discusión del tratado de Versalles, con aclaraciones muy luminosas sobre sus principales cláusulas cuya gravedad no conocemos más que muy superficialmente. Así, del re- 502 CRÓNICA GENERAL cíente discurso de M. Klotz, dedúcese que lo que Francia ha de obtener de Alemania es, aparte del material ferroviario y agrícola e independiente- mente de las restituciones, lo siguiente: Una parte a determinar sobre una entrega de 20.000 millones de mar- cos oro; otra parte a determinar sobre una emisión de bonos por valor de 40.000 millones marcos oro, con interés del 2 por 100; una tercera parte sobre una porción a determinar del tonelaje alemán, así como los stocks alemanes de materias colorantes; 7 millones de toneladas de carbón durante diez años, seguidas durante varios años posteriores de otras can- tidades menores; el reembolso de los gastos de ocupación; una parte de los intereses alemanes en Rusia, especialmente el pago de los créditos an- teriores de la guerra. En Marruecos pasa a tener Francia el derecho de liquidar los bienes alemanes, transferencia de acciones que representan la parte de Alemania en el Banco de Marruecos, y a todo esto se agrega el mandato francés ejercido en una buena parte de las colonias alem.anas, libres y francas de toda deuda. Esto anteriormente a 1.° de Mayo de 1921. Con posterioridad a esta fecha, Francia tendrá la reparación íntegra de los daños causados por la guerra, el pago de las pensiones militares, el de las indemnizaciones, el reconocimiento de una deuda de 40.000 millones y una participación en los bienes alemanes. Debe advertirse que el impuesto de las indemnizacio- nes asciende a 13.000 millones, el de las pensiones, a 60.000; los" socorros a las viudas, a 2.000, los daños causados, a 134,000. En junto, 200.000 mi- llones. Como Francia tiene derecho a un 55 por 100 de los daños, el total para la cuenta alemana será 375.000 millones de francos. Durante treinta y seis años las anualidades que Alemania pagará a Francia serán de 13.610 millo- nes y el conjunto de lo satisfecho al ñn de ese período será de 463.000 mi- llones de francos. —En cuanto a la política interior, las principales energías están hoy puestas en los preparativos para las próximas elecciones, siendo el eje del movimiento el duelo político entre el tornadizo Briand, partidario de una concentración republicana contra izquierdas y derechas, y M. Clemenceau, que no se resigna a perder el papel de su representación prestigiosa en toda Francia. Para organizar las campañas de las elecciones generales y municipales se ha reunido un Congreso socialista en París, tratándose de si el partido debe ¿ir a las elecciones completamente solo y si deben exigirse responsa- bilidades a ciertos diputados que pertenecen a la extrema derecha del par- CRÓNICA GENERAL 503 tido. El principal discurso fué el de Cachiri que pidió al Congreso la con- firmación de la moción Bracke; es decir, que el partido vaya a las elec- ciones sin coaliciones de ningún género. Predominó esta opinión, y en cuanto a la materia de las responsabilidades se convino en que la decisión se limitara a un voto de censura contra los socialistas que de un modo o de otro manifestaron su apoyo a la burguesía. Puesta a discusión la táctica electoral, en que el informe decía que la cuestión está en elegir entre el método revolucionario y el reformista, entre el procedimiento de Lenin o Noske, las opiniones se dividieron hablando unos en pro de otros en con- tra del comunismo. —Sigue dando mucho que decir el proceso contra Judet, a quien se acusa de haber recibido en Suiza, por mediación de un individuo lla- mado Bossard, dinero alemán del Sr. Romberg, ministro de Alemania en Berna. Del proceso de M. Caillaux se dijo que sería sobreseído, pero la noti- cia no se ha confirmado, y lo único es que el ex presidente del Consejo ha sido trasladado el 13 de Agosto a una casa de salud en Neuilly donde re- sidirá bajo la vigilancia de los agentes de Policía. — Desde el punto de vista internacional, la cuestión más candente hoy en la vecina República es la que se refiere al mandato en Siria, de difícil so- lución por hallarse en relación con compromisos de Inglaterra. Los intere- ses de unos y otros se han resuelto en referencias contradictorias sobre la opinión del país; y de ello escribe Bainville en L'Actíon Fra/ipa/s^— retra- tando la competencia— que el fracaso moral de Inglaterra en Palestina está demostrado con el hecho de que, a pesar de cerca de dos años de ocupa- ción, las escuelas francesas de Galilea y Judea cuentan con 15.000 discípu- los, mientras que las anglosajonas no llegan a 1.400. De aquí las medidas violentas a que apelan contra los amigos de Francia, cuando no contra los representantes de esta nación investidos de uniforme francés. El hecho de no poder separar de la cuestión de Siria la de Palestina es lo que hace que la imposibilidad sea absoluta. Esto da lugar a las veleida- des que los ingleses tienen en sus tratos con Francia. Inglaterra que se ha equivocado dos veces— prosigue Bainville— jugan- do sus cartas primero con el Rey del ^Hedjaz y después con el sionismo, se equivoca la tercera con la introducción de los americanos en el Asia Menor. — Para celebrar la fraternidad francoamericana se han organizado va- rios festejos, como el verificado en Burdeos el día 6 de Agosto, al que asis- tió el presidente Poincaré con objeto de asistir al acto de la colocación de la primera piedra del monumento que ha de levantarse en Pointe 504 CRÓNICA GENERAL de Grave para conmemorar la intervención de los Estados Unidos en la guerra. En la estación esperaban al presidente de la República el presidente del Comité organizador, el embajador de los Estados Unidos, Mr. Walla- ce, y numerosas personalidades americanas y francesas. En seguida se organizó el cortejo, marchando a colocar la primera piedra del monu- mento. El acto fué sencillo. Debajo de la piedra se colocó una medalla de plata represetando a Francia agradecida. El croquis de esta medalla figurará en el monumento. Monsieur Poincaré pronunció un elocuente discurso glorificando la amistad francoamericana. Ensalzó la figura de Lafayette, elogió a Inglate- rra, que acudió al comenzar la guerra para evitar el aplastamiento de Fran- cia, y dijo que a este acto siguieron los conmovedores testimonios y los inmensos auxilios materiales de Norteamérica. Después comprendieron Wilson y el pueblo americano la necesidad de prestar ayuda a Francia, que defendía la causa de la civilización frente al poderoso y enfurecido enemigo. Por eso se decidió la intervención armada de los Estados Unidos en la horrorosa contienda, no sólo porque consideraron que peligraban también sus propios intereses, sino igual- mente el derecho de todos, en particular el de Bélgica, violentada por Alemania, y el de Francia, de esa Francia que antaño sostuviera los prime- ros pasos de América y que jamás se olvidará de sus tradiciones de honor y lealtad. El presidente terminó su discurso diciendo que por la fraternidad de las armas que tan estrechamente unía a los hijos de Francia y América, por la feliz inteligencia que unió a los Gobiernos aliados y asociados y por la unidad en el mando, se logró la victoria y se alcanzó la paz. A continuación habló Mr. Wallace, recordando la participación francesa en la Revolución americana por medio de la misión del general Lafayette, hecho que demuestra que Francia, en los días de peligro, ha sido siempre la muralla de la civilización. Declaró que entre las numerosas glorias de Francia ninguna es compa- rable a la que le valió la batalla del Marne, que fué la victoria que salvó al mundo. Terminó afirmando que América está orgullosa de haber tenido ocasión de montar la guardia en el Océano y de que el general Pershing haya tenido el honor de servir a las órdenes de un Foch. Por su parte, los Caballeros de Colón han dirigido a M. Poincaré, al Gobierno francés y a la Municipalidad de Metz un telegrama, anuncian- CRÓNICA GENERAL 505 doles haberse abierto una suscripción con objeto de erigir un monumento a Lafayette. A la inauguración asistirán dos mil Caballeros de Colón, quienes des- pués recorrerán los que fueron campos de batalla en Francia. * Inglaterra.— Sq ha publicado el Libro Blanco referente a la correspon- dencia cambiada con motivo de las proposiciones pontificias para la paz en Agosto de 1917. Comienza por un comunicado del Cardenal Qasparri a Lloyd George, diciéndole las proposiciones del Papa que fueron publica- das a la sazón. Inserta la respuesta de Mr. Balfour, llamando la atención so- bre el silencio de Alemania respecto de Bélgica; y en cuanto a la actitud del Gobierno francés, se reproduce un memorándum del encargado de Nego- cios de Francia en Londres, del 26 de Agosto de 1917, que dice: «Mi Gobierno se había asociado a la comunicación hecha al Vaticano por M. de Salis acerca de la nota del Papa, porque debía ser verbal y por- que tenía la probabilidad de hacer inútil una respuesta más explícita. Lue- go, el requerimiento llevado a cabo ha tenido por consecuencia la remi- sión al Cardenal Gasparri de un documento escrito, y ha traído consigo una discusión acerca de la suerte de Bélgica. Esto no es lo que deseábamos, y es de temer que nos veamos en el asunto mucho más lejos de lo que creíamos. Monsieur Ribot me encarga poner en vuestro conocimiento sus temores y que él no sabía dejarse llevar por el camino a que el Vaticano parecía querer llevarle. El espara que el Gobierno británico compartirá los mismos sentimientos y que dará instrucciones a M. de Salis encaminadas a desalentar toda tentativa ulterior del Cardenal secretario de Estado, en- caminada a una intervención oficiosa entre los beligerantes.» Contiene también un despacho del cardenal Gasparri a Lloyd Ceorge del 28 de Agosto, transmitiéndole las respuestas alemana y austríaca a las cuestiones suscitadas, y en que el eminentísimo purpurado se hace cargo de que la contestación, aunque no del todo explícita, deja margen para un cambio de ideas. Termina el Libro Blanco por un telegrama de Mr, Balfour al conde de Salis rogándole acusar recibo de los mencionados documentos ante el Cardenal secretario de Estado. — Han celebrado un Congreso los tradeunionisías en Glasgow apro- bando las dos resoluciones siguientes: 1.*, establecimiento por el Gobierno de un impuesto directo sobre el capital con el objeto de liquidar la enor- me deuda de la guerra; 2.*, nacionalización de todo el sistema bancarió del 506 CRÓNICA GENERAL país. Se rechazó una moción en que se pretendía fundir todas las indus- trias de la Gran Breiaña en una sola grande asociación. Algunos congresistas propusieron que la Asamblea expusiera su dic- tamen sobre la grave y alarmante situación de Irlanda, donde toda peti- ción de libertad se estrella contra el reglamento militar; y el Congreso se declaró nuevamente en el sentido de que la única solución es la de dejar a Irlanda gozar de su derecho a disponer de sí misma, y pide al Gobierno que reemplace los reglamentos militares por ese derecho. — Un despacho de Londres ha dado cuenta del fallecimiento del almi- rante Beresford, irlandés y de la más rancia aristocracia. — También en los últimos días de Agosto se anunció, desde Pretoria, la muerte del famoso general Luis Botha, que con Dewet y el presidente Kruger, fué una de las grandes figuras de la guerra angloboer. Nacido en Grevtown (Natal), el año 1863, llegó a ser uno de los jefes más distinguidos del ejército boer. En la guerra contra los ingleses, les venció en no pocas ocasiones con fuerzas muy inferiores en número, y con- tribuyó con sus hazañas a retardar la dominación completa en Inglaterra sobre las heroicas Repúblicas sudafricanas. Resignado ya al infortunio, su gran instinto político le hizo comprender la necesidad de adaptarse al nue- vo estado de cosas para beneficiar todo lo posible al África del Sur. De 1907 a 1910 fué primer ministro del Transvaal, y en 1911 asumió las funciones de primer ministro de la Unión sudafricana, asistiendo como primer delegado de ésta o la Conferencia de París del presente año. Personificaba últimamente Luis Botha la política del partido unionista y era apoyado por el partido inglés, contra el partido boer del general Herzog, que reclama la independencia total del África del Sur. Italia,— Anie el problema de las economías que ha impuesto la guerra en Italia, como en todos los países, y que constituye una cuestión social de suma gravedad, ha sido el primero en el ejemplo el monarca italiano, cediendo gran parte de su patrimonio y de la lista civil en beneficio de la nación. Al comunicar a la Cámara el presidente del Consejo, Sr. Nitti, la cesión del Rey, los diputados y el público que llenaba las tribunas vitorearon fre- néticamente al Monarca y a Italia. Los periódicos se mostraron también unánimes en el elogio por el rasgo del Rey. En el preámbulo del proyecto de ley sobre la lista civil del Rey se dice: 1.° Que esa lista sea rebajada de 14.200.000 liras a 11.250.000, ¡nclu- CRÓNICA GENERAL 507 yendo en esta última cantidad el millón de liras con que estaba dotada la Reina madre, y que seguirá devolviéndose al Tesoro; y 2.° Que se reviertan al patrimonio nacional todos los bienes de la Co- rona, excepto los palacios de Roma y Turín. Los bienes devueltos por el Rey, son: los palacios de Genova, Venecia, Milán, Florencia, Ñapóles, Caserta y Palermo; los castillos de Montalieri y Stupinisi; las Villas de Monza, Milán, Boggio, Cartello, Metrapa( próxi- mo a Florencia), Capodomonte (cerca de Ñapóles), Favorita (próximo a Palermo), y algunos más de menos importancia, y las fincas rústicas y de- hesas de Castaño, Carvitello, Lícola y Poggio (en Capano), las cuales pro- ducen grandes ingresos. Por el decreto queda creada en el ministerio de Instrucción una sub- secretaría de Bellas Artes, la cual administrará los bienes devueltos. En cuanto a los bienes productores, pasarán a ser propiedad de la Obra Na- cional de los combatientes. — Entre los debates habidos en la Cámara, fué de mucha sensación el referente al desastre de Caporetío. Comenzó el presidente del Consejo, Sr. Nitti, por decir que, como con- secuencia de las conclusiones de la Comisión de encuesta, han sido retira- dos del servicio activo, por haber cumplido la edad reglamentaria, los ge- nerales Cadorna, Porro, Capello y Cavaciocchi, y han pasado a la reserva los generales Montuori, Bongiovanni y Beccacci. También se adoptaron otras medidas respecto a varios oficiales supe- riores, y agregó que cree que las medidas tomadas son suficientes. En cuanto a la retirada del Piave, manifestó que episodios de este gé- nero se producen en todos los ejércitos; pero ninguua nación puso empe- ño en averiguar con tanta rapidez las causas de la desgracia para exigir responsabilidades. Terminó diciendo que la nación debe inmensa gratitud al ejército, que salvó la integridad de la patria y la dignidad nacional. — Grave contratiempo para el Gobierno italiano ha sido la aventura del famoso poeta D'Annunzio, erigiéndose en conquistador de Fiume, tan disputada por italianos y sudeslavos en la Conferencia de París. Parece ser que el poeta logró reunir unos 2.500 hombres, entre grana- deros y alpinos, armados de ametralladoras, y puesto al frente de sus vo- luntarios marchó sobre la ciudad, apoderándose de ella y proclamando por su cuenta la anexión de Fiume a Italia. La noticia ha causado gran revuelo en todas partes, y en el Parlamento itaHano ha pronunciado un discurso el Sr. Nitti, estigmatizando la aventu- ra que tanto puede comprometer a la nación. 508 CRÓNICA GENERAL «Intervenir — dijo el presidente del Consejo entre el asentimiento y aplauso de toda la Cámara— en actos de violencia cuando la suerte de Ita- lia está en juego, es muy triste, y no sin grave peligro para nuestra nación. Aquellos que ayer preconizaban las protestas de actos de locura contra Francia y los Estados Unidos, nuestros aliados, y sin los cuales Italia no podría resistir en esta lucha ni renovarse, excitan los espíritus en nombre de la patria, son locos y traicionan los intereses de la nación. » Italia debe reorganizarse, y tiene necesidad de serenidad, trabajo y paz interior; es necesario dar pruebas al Extranjero de que merece el cré- dito de que tiene necesidad. Aquel que hable un lenguaje distinto cual- quiera que excite a Italia contra los países amigos, es un envenenador de la vida nacional entera. > Hablo con profunda y sincera emoción, porque veo todo el daño que se ha hecho a Italia, puesto que ésta siente ya el sonrojo de la humillación con las excusas sinceras que debe dar a nuestros aliados. Creo que nues- tras democracias deben combatir juntas en nuevas luchas en pro de la ci- vilización y de la justicia; pero ninguna, ni aun de sentimientos, debe exis- tir entre nosotros. »Hoy más que nunca dirijo frases de simpatía y confianza a nuestros aliados, sea cual fuere nuestra suerte. »No debo tener disculpa alguna; no debo defender ningún error pasa- do. Hablo siempre al pueblo con el lenguaje de la verdad, y no le pinto ni ilusiones ni quimeras fuera de la realidad; pero sí hago resaltar, sí quiero que se compenetre esta noble Italia, con sus 500.000 muertos en la guerra, que no debemos perderla por nuestras locuras o nuestros odios. >jBien podéis telegrafiar al Extranjero que el Gobierno de Italia ni ha alentado esa aventura ni la tolerará! »Es un incidente doloroso, del que el Gobierno no es culpable en modo alguno. El Gobierno había llamado ya la atención a la autoridad militar respecto a la intentona, y había recibo la seguridad de que no existían mo- tivos de preocupación. Por tanto, iremos hasta el fondo respecto a esta afirmación, puesto que no hay derecho a comprometer la tranquilidad y el porvenir de la nación. Hemos adoptado medidas con objeto de que se organice el mando, de tal forma, que no pueda tener debilidad alguna. » Italia, por su situación, no podría resistir una política de aventuras sin caer en una profunda anarquía. Aquellos que hacen lo contrario empujan a sus hermanos, que aún sufren, a la ruina, y, por ende, la ruina de Italia. Hace falta, pues, reaccionar y dar a nuestro pueblo la consciencia de su responsabilidad. » Mientras yo esté en el Gobierno no he de tolerar esos casos aislados, CRÓNICA GENERAL 509 y si ha surgido una aventura más allá de la frontera, sorprendiendo al Go- bierno, otra cualquiera que se intente será reprimida. >La conexión que tienen entre sí actos de la naturaleza del que conde- namos, es extremadamente peligrosa. »Así, pues, desde el Parlamento hago al pueblo italiano un llamamien- to y envío a nuestros aliados una expresión de solidaridad con la decla- ración de que esos acontecimientos no serán aprobados por ninguno de nosotros. >Ya se ha abierto una investigación en Roma para depurar las respon- sabilidades civiles y militares. Los soldados cuya buena fe ha sido sorpren- dida, serán sometidos a la aplicación de los artículos del Código penal; pero a los militares se les considerará como desertores si dentro del plazo de cinco días no se presentaran. »Hago un llamamiento a nuestros hijos en filas con el fin de quevuel- vuelvan a sus puestos, de donde no debieron apartarse. Italia tiene necesi- dad de paz y de unión. ¡Ojalá mi voz, que es la del pueblo, llegue a todo el mundo, llevándole por el camino del deber y del renunciamiento.» Alemania.— Aprobada ya por la Asamblea Nacional de Weimar la Constitución porque ha de regirse Alemania, el Consejo supremo de los aliados en París acordó enviar al Gobierno alemán una nota concebida en términos muy enérgicos para hacer resaltar la contradicción existente entre el artículo 61 de la Constitución alemana, por una parte, y el tratado de Versalles por otra, que en el artículo 80 prohibe a Alemania inmiscuir- se en los asuntos del Austria. El artículo 61 de la Constitución alemana— que prevé la representa- ción de Austria en el Reichstag— es una violación flagrante de los com- promisos adquiridos por Alemania el 28 de Junio, según el Consejo su- premo. Este, pues, ha exigido del Gobierno alemán el respeto ai tratado de Versalles, dándole un plazo para que hiciera suprimir el artículo 61 de la Constitución. Pocos días después se publicaba en Berlín el informe siguiente: «El Gobierno alemán ha contestado a la nota de los aliados en la que se exige la anulación del artículo 61, párrafo segundo, de la Constitución alemana, relativo a las futuras relaciones políticas entre Alemania y el Austria germana. Aunque en el aludido documento se demuestra que tal artículo no se halla en pugna con las condiciones del tratado de paz, el Gobierno ale- 510 CRÓNICA GENERAL man, en vista de la actitud de la Entente, declara que las estipulaciones del citado artículo 61, párrafo segundo, de la Constitución, quedarán anuladas por ahora, y que será imposible la admisión de los representantes del Austria alemana en el Consejo nacional alemán hasta que la Liga de Na- ciones permita una modificación de la situación constitucional del Austria alemana, de acuerdo con el artículo 80 del tratado de paz. Termina la nota alemana protestando contra la forma brusca en que está hecha la petición de los aliados.» La contestación no satisfizo, pues posteriormente la Delegación alema- na telegrafió al Gobierno de Berlín, dándole cuenta de una nueva nota de M. Clemenceau, en la que pretendía demostrar que la contestación ale- mana relativa a la supresión del artículo 61 de su Constitución era un ar- tificio ingenioso que permitiría a Alemania insertar en dicha Constitución estipulaciones contrarias a todos los artículos del tratado, bajo el pretexto de que un artículo de aquélla expresa que nada puede alcanzar el tratado por parte de la referida Constitución. El artículo 112 de ésta dice, según añade la nota: «Ningún alemán po- drá ser entregado a Tribunal alguno extranjero.» Pero como el tratado prevé expresamente que ciertas personas acusa- das de haber contravenido las leyes y los usos de la guerra deben ser en- tregadas a un Tribunal extranjero, se ve la contradicción. El artículo 178 constituye una excelente intención cuando preceden contradicciones imprevistas, que los juristas podrían descubrir en docu- mentos complejos y extensos; pero nadie creerá que los autores de los ar- tículos 61 y 112 ignorasen que esas estipulaciones eran incompatibles con las obligaciones y compromisos contraídos por Alemania algunas semanas antes. Este estado de cosas no puede prolongarse, puesto que el Gobierno alemán reconoce que si el tratado y la Constitución son contradictorios el tratado tiene prioridad. Por tanto, las naciones aliadas y asociadas esperan que el Gobierno alemán haga firmar sin más retraso por los plenipotenciarios debidamente autorizados, y ante los representantes aliados, un documento reconocien- do y declarando que todas las prescripciones de la Constitución alemana contrarias a las estipulaciones del tratado de Versalles quedan sin valor, y que especialmente la admisión de representantes austríacos en el Reichstag no puede tener lugar más que si la Liga de las Naciones se adhiere a esta modificación del estatuto de Austria. Esta declaración debe ser ratificada en el plazo de catorce días, a con- CRÓNICA GENERAL 511 tar desde el en que entre en vigencia el tratado por las autoridades legis- lativas correspondientes. Esta cuestión se halla todavía en trámite, y desde luego la Entente dirá la última palabra sobre dicha modificación. —Las noticias relativas a la población de los territorios alemanes ocu- pados son todas muy confusas por las influencias encontradas a que aque- llos países están sometidos. Acerca del Palatinado dice una información de Ñauen: «Con la aprobación de las autoridades francesas, tuvo lugar en Lud- wigshafen una reunión, en la que quedó claramente expresada la fidelidad de ios habitantes del Palatinado hacia Alemania. Unos 2.000 hombres de todos los partidos, entre ellos, los jefes de to- dos los Sindicatos, participaron en la asamblea. Los oradores atacaron duramente a los afrancesados de origen alemán y a sus protectores. Con franqueza fué estigmatizada la actitud arbitraria de que es objetivo el Palatinado, y al final de la sesión fué votada unánim.ente la siguiente re- solución: «El elemento obrero de Ludwigshafen reanudará el trabajo el lunes; esperando, sin embargo, que las autoridades francesas pongan inmediata- mente en libertad a las personas que hayan sido detenidas sin haber co- metido delito alguno. Si esta condición no se cumple hasta el lunes, cesará el trabajo en todo el Palatinado. Cualquier medida que las autoridades francesas tomen contra la liber- tad personal traerá consigo una contramedida correspondiente por parte de los obreros y burgueses. Debe implantarse de nuevo en el acto la libertad de Prensa y de re- unión, y las autoridades gubernamentales y administrativas deberán poder obrar sin limitación alguna.» Esta asamblea significa que el vecindario fiel a Alemania ha tenido un completo éxito, incluso el elemento obrero, el cual, hasta los socialistas in- dependientes, defiende enérgicamente el punto de vista de sus jefes que es la fidelidad hacia Alemania.» La confusión de noticias que hay acerca de lo que pasa en el occidente de Alemania, es igual en el oriente, y sobre todo en el territorio de la Alta Silesia, donde polacos y alemanes andan a la greña y mutuamente se echan la culpa de los disturbios ocurridos recientemente. Parece ser que a fin de imponer el orden se ha presentado allí una Comisión aliada que ha de pre- sidir el plebiscito sobre la pertenencia de aquel territorio. 512 CRÓNICA GENERAL —La Prensa alemana publica, a base de comunicaciones estadísticas, detalles sobre la situación del trabajo en Alemania a fines de agosto, de los cuales se desprende que sigue la crisis. En 140 ciudades, de las cuales se tienen estadísticas, el número de los sin trabajo socorridos oficialmente asciende a 410.000 personas, o sean 33.000 menos que el mes anterior. Pero esta disminución es debida principalmente al hecho de que las autoridades proceden con más escrúpulo en la concesión de los socorros mientras que gran número de personas sin trabajo han abandonado las ciudades, dirigiéndose a las comarcas agrícolas, en las que no se han hecho estadísticas. Puede suponerse, pues, con justificado motivo que el número de los sin trabajo es en realidad mucho más elevado que el citado. Las causas de la crisis son la falta de carbones y de primeras materias y la paralización de muchas industrias. En cambio, en la agricultura, las mi- nas, empresas siderúrgicas, salinas y turberas, escasea la mano de obra; mientras que en las industrias las ofertas no pueden ser atendidas todas. Esto es lo que se refiere, sobre todo, a la industria de metales, de ma- quinaria, instrumentos, aparatos, papel, cuero, tejidos, víveres y las profe- siones liberales. Hay, además, numerosas obreras sin trabajo. Subsiste la situación desfavorable también en el comercio. Respecto a Berlín y arrabales, parece que la situación empeorará aún, ya que diversas industrias, de la guerra sobre todo, quieren cerrar. El impuesto para el pago de los derechos aduaneros alemanes en bille- tes en lugar de oro, ha sido fijado en 385 para la semana del 14 al 20 de septiembre; antes era de 365. Estados Unidos.— Conimúdi en crisis la ratificación del tratado de paz de Versalles por la oposición violenta que encuentra entre los republica- nos y algunos demócratas y, sobre todo, lo que se refiere a la Sociedad de las Naciones y a la cuestión de Chan-tung. El periódico Chicago Tribune dice que los votos de los senadores se repartirían en esta forma: 44 en fa- vor del tratado con enmiendas, o sea, en contra del presidente Wilson; 40 en favor del tratado puro y simple y 12 dudosos. En vista de tanta oposición, Mr. Wilson ha emprendido un viaje de propaganda a favor del tratado por diversas ciudades de la Unión ameri- cana, siguiéndole varios diputados de los recalcitrantes, que en los mismos puntos que el Presidente, defienden la opinión adversa y explican al pue- blo las razones por las que no conviene a los Estados Unidos la ratifica- ción pura y simple. CRÓNICA GENERAL 513 Los argumentos del Presidente vienen a esclarecer su actitud de clau- dicación ante la Conferencia de París, dejando a la espalda sus famosas catorce cláusulas de paz y entregándose por completo al imperialismo de sus colegas de Inglaterra y Francia. ESPAÑA Con gran satisfacción consignamos el éxito brillante del Congreso de las Ciencias inaugurado el día 7 en la industriosa villa de Bilbao y al que concurrieron las personalidades más ilustres de la ciencia en España, hon- rándola también otras extranjeras. La sesión inaugural fué presidida por S. M. el Rey D. Alfonso XIII que pronunció un discurso de muy expresivas felicitaciones a los cultiva- dores de la ciencia en todas sus ramas, y notas de gran simpatía fueron también los discursos pronunciados por el rector de la Universidad de Oporto, señor Gómez Teixeira, y por el representante de la Association FrariQaise pour Vavancement des Sciences, M. Arthur Cherin. Se presentaron muchos estudios en cada una de las secciones, los cua- les por su multitud no hemos de citar aquí, pero ellos y los magníficos discursos pronunciados en las sucesivas sesiones de la Asamblea por per- sonas eminentes así como la enorme concurrencia que presenció en aque- llos días la villa de Bilbao, constituyen un suceso del que pueden estar orgullosos los organizadores de la Asamblea. — Entre las disposiciones oficiales dictadas por el Gobierno durante la quincena, se hallan algunas de mucha importancia, como el Real decreto del señor Ministro de Fomento sobre la organización y funcionamiento de las Cámaras Agrícolas en todas las capitales de provincia, decreto que ha sido muy discutido y hasta censurado por una gran parte de los periódi- cos, la Real orden de Hacienda poniendo en vigor las plantillas del señor Cierva para dicho Ministerio, el Real decreto de indulto general como ce- lebración de la paz del mundo, y el relativo a la implantación, con carác- ter oficial, del seguro mutuo agropecuario. Todo ello es indicio de activi- dad y de buen deseo en las esferas de la política. —El día 4 de este mes falleció en Vigo el dignísimo Arzobispo de Va- lencia, D. José María Salvador y Barrera, tan estimado por sus dotes y por sus obras, no sólo en las diócesis que estuvieren bajo su gobierno, sino en toda España. Había nacido en Marchena el año 1851 y fué Canónigo en la metropolitana de Granada y Rector de la Universidad libre del